El Amor de Dios hecho Corazon
domingo, enero 31
 
La Palabra es alimento que da vigor, ilumina la mente, confirma la voluntad, enciende un ardor renovado, renueva la vida.
La Palabra
Pero es Jesús la Palabra por excelencia. "Jesucristo, Palabra hecha carne, hombre enviado a los hombres (Cf. A Diogneto VII, 4, en Padres apostólicos, Ciudad Nueva, Madrid 2000, p. 564) -afirma la Dei Verbum-, habla las-palabras de Dios" (cf. Jn 3, 34), y lleva a cumplimiento la obra de salvación que el Padre le ha confiado (cf. Jn 5, 36; 17, 4).
Para comprender la importancia que tiene la Palabra de Dios para la Iglesia no hay más que remontarse a la actitud bimilenaria de la Iglesia, que "siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el Pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo" (DV21).

A lo largo de toda la tradición cristiana se puede subrayar constantemente este vínculo entre Palabra y Eucaristía, ambas alimento del cristiano. "Nosotros bebernos la sangre de Cristo -escribe Orígenes- no sólo cuando lo recibimos según el rito de los misterios, sino también cuando recibimos sus palabras, en las cuales reside la vida" (In Numeros Homilia, 16, 9: PG 12, 701). Y san Jerónimo: "El conocimiento de las Escrituras es un alimento verdadero y una verdadera bebida que se asume por la Palabra de Dios" (Commentarius in Ecclesiasten, III, 8, 12-13: CC1, 72, 278.). Por su parte, san Ambrosio dice: "Se bebe la sangre de Cristo, que nos ha redimido, como se beben las palabras de la Escritura, las cuales pasan a nuestras venas y, asimiladas, entran en nuestra vida" (Enarrationes in XII psalmos davidicos, Salmo 1, 33: PL 14, 984).

San Jerónimo afirma también: "Yo considero que el Evangelio es el cuerpo de Jesús y las Escrituras son su enseñanza. Las palabras de Jesús: "Quien come mi carne y bebe mi sangre" (Jn 6, 54), pueden entenderse tanto referidas al misterio [eucarístico] como al verdadero cuerpo y sangre de Cristo, que es la palabra de las Escrituras. a Palabra de Dios es esa carne y sangre de Cristo que entra en nosotros a través de la escucha"(Cf. Breviarium in psalmos, Salmo 147: PL 26, 1334.).

El pan de la Palabra -recuerda además la Dei Verbum- es alimento que da vigor, ilumina la mente, confirma la voluntad, enciende
un ardor renovado, renueva la vida (cf. n. 23).

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