[ Atrás ] [ Principal ] [ Arriba ] [ Siguiente ]
«Proposiciones» del Sínodo sobre la Eucaristía (1-10)
El Papa ha permitido la publicación de una versión provisional en italiano,
oficiosa y no oficial,
en la que se basa esta traducción de trabajo.
Introducción
Proposición 1
Documentos que se presentan al Sumo Pontífice
Se quiere presentar a la consideración del Sumo Pontífice, además de los
documentos sobre la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de
la Iglesia, relativos a este Sínodo, o sea los «Lineamenta», el «Instrumentum
laboris», las ponencias «ante y post disceptationem» y los textos de las
intervenciones, tanto los presentados en el aula por escrito, como las
ponencias de los círculos menores y sus discusiones, sobre todo algunas
propuestas específicas que los padres han considerado de especial relieve.
Los padres sinodales piden humildemente al Santo Padre que valore la
oportunidad de publicar un documento sobre el sublime misterio de la
Eucaristía en la vida y en la misión de la Iglesia.
Proposición 2
La reforma litúrgica del Vaticano II
La Asamblea Sinodal recordó con gratitud el influjo benéfico que la reforma
litúrgica realizada a partir del Concilio Vaticano II ha tenido para la vida
de la Iglesia. Ésta ha puesto de relieve la belleza de la acción eucarística
que resplandece en el rito litúrgico. En el pasado se verificaron abusos, no
faltan ni siquiera hoy, aunque han disminuido mucho. Sin embargo, tales
episodios no pueden oscurecer la bondad y la validez de la reforma, que
contiene todavía riquezas que no están totalmente exploradas; más bien
interpelan a una mayor atención respecto al «ars celebrandi», el cual favorece
la «actuosa participatio».
Primera parte
El pueblo de Dios educado en la fe en la Eucaristía
La fe en la Eucaristía
Proposición 3
La novedad del misterio pascual
Al instituir la Eucaristía, Jesús creó una novedad radical: cumplió en sí
mismo la nueva y eterna alianza. Jesús inscribe, en el contexto de la cena
ritual judía, que concentra en el memorial el acontecimiento pasado de la
liberación de Egipto, su importancia presente y la promesa futura, su entrega
total. El verdadero Cordero inmolado se sacrificó de una vez por todas en el
misterio pascual y es capaz de liberar para siempre al hombre del pecado y de
las tinieblas de la muerte. El Señor mismo nos ofreció los elementos
esenciales del «culto nuevo». La Iglesia, en cuanto esposa y guiada por el
Espíritu Santo, está llamada a celebrar el convite eucarístico, día tras día,
«en su memoria». Inscribe el sacrificio redentor de su Esposo en la historia y
lo hace presente sacramentalmente en todas las culturas. Este «gran misterio»
se celebra en las formas litúrgicas que la Iglesia, iluminada por el Espíritu
Santo, desarrolla en el tiempo y en el espacio.
En la celebración de la Eucaristía, Jesús, sustancialmente presente, nos
introduce mediante su Espíritu en la pascua: pasamos de la muerte a la vida,
de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría. La celebración de
la Eucaristía refuerza en nosotros este dinamismo pascual y consolida nuestra
identidad. Con Cristo, podemos vencer el odio con el amor, la violencia con la
paz, la soberbia con la humildad, el egoísmo con la generosidad, la discordia
con la reconciliación, la desesperación con la esperanza. Unidos a Jesucristo,
muerto y resucitado, podemos llevar cada día su cruz y seguirlo, con vistas a
la resurrección de la carne, siguiendo el ejemplo de los mártires de la
antigüedad y de nuestros días. La Eucaristía, como misterio pascual es prenda
de la gloria futura y de ella nace ya la transformación escatológica del
mundo. Celebrando la Eucaristía, anticipamos esta alegría en la gran comunión
de los santos.
Proposición 4
La Eucaristía es un don que brota del amor del Padre, de la obediencia filial
de Jesús llevada hasta el sacrificio de la cruz, hecho presente para nosotros
en el sacramento, de la potencia del Espíritu Santo que, llamado sobre los
dones por la oración de la Iglesia, los transforma en el Cuerpo y en la Sangre
de Jesús. En ella se desvela plenamente el misterio del amor de Dios por la
humanidad y se cumple Su designio de salvación marcado por una gratuidad
absoluta, que responde sólo a Sus promesas, cumplidas más allá de toda medida.
La Iglesia acoge, adora, celebra este don con trémula y fiel obediencia, sin
arrogarse ningún poder de disponibilidad que no sean los que Jesús le ha
confiado para que el rito sacramental se realice en la historia.
Bajo la cruz, la Santísima Virgen se une plenamente al don sacrificial del
Salvador. Por su inmaculada concepción y plenitud de gracia, María inaugura la
participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor.
Los fieles «tienen derecho a recibir abundantemente de los sagrados pastores
los bienes espirituales de la Iglesia, sobre todo las ayudas de la Palabra de
Dios y los sacramentos» (LG 37; cf. CIC can. 213; CCEO can. 16), cuando el
derecho no lo prohíba.
A tal derecho, corresponde el deber de los pastores de hacer todo lo posible
para que el acceso a la Eucaristía no sea impedido en la práctica, mostrando a
este respecto solicitud inteligente y gran generosidad. El Sínodo aprecia y
agradece a los sacerdotes que, incluso a costa de sacrificios a veces grandes
y arriesgados, aseguran a las comunidades cristianas este don de vida y las
educan a celebrarlo en verdad y plenitud.
Proposición 5
Eucaristía e Iglesia
La relación entre la Eucaristía y la Iglesia se entiende en la gran tradición
cristiana como constitutiva del ser y del actuar de la misma Iglesia, hasta el
punto de que la antigüedad cristiana designaba con las mismas palabras,
«Corpus Christi», el cuerpo nacido de la Virgen María, el cuerpo eucarístico y
el cuerpo eclesial de Cristo.
Esta unidad del cuerpo se manifiesta en las comunidades cristianas y se
renueva en el acto eucarístico que las une y las diferencia en Iglesias
particulares, «in quibus et ex quibus una et unica Ecclesia catholica existit»
(LG 23). El término «católico» expresa la universalidad proveniente de la
unidad que la Eucaristía, celebrada en cada Iglesia, favorece y edifica.
Las Iglesias particulares en la Iglesia universal tienen así, en la
Eucaristía, la tarea de hacer visible su propia unidad y su diversidad. Este
lazo de amor fraterno transparenta la comunión trinitaria. Los concilios y los
sínodos expresan en la historia este aspecto fraterno de la Iglesia. Por esta
propia dimensión eclesial, la Eucaristía establece un fuerte lazo de unidad de
la Iglesia católica con las Iglesias ortodoxas, que han conservado la genuina
e íntegra naturaleza del misterio de la Eucaristía. El carácter eclesial de la
Eucaristía podría ser también un punto privilegiado en el diálogo con las
comunidades nacidas con la Reforma.
Proposición 6
La adoración eucarística
El Sínodo de los Obispos, reconociendo los múltiples frutos de la adoración
eucarística en la vida del pueblo de Dios, en gran parte del mundo, anima con
fuerza a que esta forma de oración --tan frecuentemente recomendada por el
venerable siervo de Dios Juan Pablo II--, sea mantenida y promovida, según las
tradiciones, tanto de la Iglesia latina como de las Iglesias orientales.
Reconoce que esta práctica brota de la acción eucarística la cual, en sí
misma, es el mayor acto de adoración de la Iglesia, que habilita a los fieles
a participar plena, consciente, activa y fructíferamente, en el sacrificio de
Cristo, según el deseo del Concilio Vaticano II, y a la misma remite.
Concebida así, la adoración eucarística mantiene a los fieles en su amor y
servicio cristiano hacia los demás, y promueve una mayor santidad personal y
de las comunidades cristianas. En este sentido, el reflorecimiento de la
adoración eucarística, incluso entre los jóvenes, se manifiesta hoy como
característica prometedora de muchas comunidades. Por esta razón, con el fin
de favorecer la visita al Santísimo Sacramento, hay que tener cuidado, siempre
que sea posible, de que las iglesias en las que está presente el Santísimo
Sacramento permanezcan abiertas.
Que la pastoral ayude a las comunidades y movimientos a conocer el puesto
adecuado de la adoración eucarística con el fin de cultivar la actitud de
maravilla ante el gran don de la presencia real de Cristo. En este sentido, se
anima a la adoración eucarística incluso en el itinerario de preparación a la
Primera Comunión.
Para promover la adoración, es conveniente hacer un reconocimiento especial de
los institutos de vida consagrada y a las asociaciones de fieles que se
dedican de modo esencial a ella de varias formas, y ayudarles para que la
devoción eucarística sea más bíblica, litúrgica y misionera.
Eucaristía y sacramentos
Proposición 7
Eucaristía y Sacramento de la Reconciliación
El amor a la Eucaristía lleva a apreciar cada vez más el sacramento de la
Reconciliación, en el que la bondad misericordiosa de Dios hace posible un
nuevo inicio de la vida cristiana y muestra una relación intrínseca entre
Bautismo, pecado y sacramento de la Reconciliación. La digna recepción de la
Eucaristía pide el estado de gracia.
Es tarea de gran importancia pastoral que el obispo promueva en la diócesis
una decidida recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la
Eucaristía y favorezca por esto la confesión individual frecuente. Los
sacerdotes, por su parte, han de dedicarse generosamente a la administración
del sacramento de la Penitencia.
El Sínodo recomienda vivamente a los obispos que no permitan en sus diócesis
el recurso a absoluciones colectivas si no es en situaciones objetivamente
excepcionales, establecidas en el «motu proprio» «Misericordia Dei», de 7 de
abril de 2002, del Papa Juan Pablo II. Los obispos deben procurar, además, que
en cada iglesia haya lugares idóneos para las confesiones (cf. CIC 964 § 2).
Se recomienda que el obispo nombre al penitenciario.
En esta perspectiva, sería necesario también profundizar en la dimensión de
reconciliación ya presente en la celebración eucarística (cf. CCC 1436), en
concreto en el rito penitencial, para que se puedan vivir verdaderos momentos
de reconciliación en la misma. Las celebraciones penitenciales no
sacramentales, mencionadas en el ritual del sacramento de la Penitencia y de
la Reconciliación, pueden despertar el sentido de pecado y formar un espíritu
de penitencia y de comunión en las comunidades cristianas, preparando así los
corazones a la celebración del sacramento.
La renovación de la espiritualidad eucarística puede ser ocasión para
profundizar la comprensión y la práctica de las indulgencias. Este Sínodo
recuerda que los obispos y los párrocos pueden pedir a la Penitenciaría
Apostólica la indulgencia plenaria para diversas celebraciones y aniversarios.
El Sínodo anima a una catequesis renovada sobre las indulgencias.
Proposición 8
Eucaristía y Sacramento del Matrimonio
En la Eucaristía, se expresa el amor de Jesucristo que ama a la Iglesia como
su esposa hasta dar su vida por ella. La Eucaristía corrobora de modo
inagotable la unidad y el amor indisoluble de cada matrimonio cristiano.
Queremos expresar una especial cercanía espiritual a todos aquellos que han
basado sus familias en el sacramento del matrimonio. El Sínodo reconoce la
misión singular de la mujer en la familia y en la sociedad y anima a los
cónyuges a que, integrados en sus parroquias, o en pequeñas comunidades,
movimientos, asociaciones eclesiales, recorran caminos de espiritualidad
matrimonial, nutrida por la Eucaristía.
La santificación del domingo se pone en práctica también en la vida familiar.
Por esto, la familia, como «Iglesia doméstica», debe ser considerada un ámbito
primario por parte de la comunidad cristiana. La familia inicia a los niños en
la fe eclesial y en la liturgia, sobre todo en la santa Misa.
Proposición 9
Eucaristía y poligamia
La naturaleza del matrimonio exige que el hombre se una definitivamente a una
sola mujer y viceversa. En esta perspectiva, hay que ayudar a los polígamos
que se abren a la fe cristiana a integrar su proyecto humano en la novedad y
radicalidad del mensaje de Cristo. En cuanto catecúmenos, Cristo llega hasta
ellos en su situación concreta y los llama a las renuncias y a las rupturas
que exige la comunión, que un día podrán celebrar mediante los sacramentos,
sobre todo la Eucaristía.
Mientras tanto, la Iglesia los acompañará con una pastoral llena de dulzura y
firmeza.
Proposición 10
Modalidad de las Asambleas dominicales en espera del sacerdote
En los países en los que la penuria de sacerdotes y las grandes distancias
hacen prácticamente imposible la participación en la Eucaristía dominical, es
importante que las comunidades cristianas se reúnan para alabar al Señor y
hacer memoria del Día dedicado a É, en comunión con el obispo, con toda la
Iglesia particular y con la Iglesia universal. Tiene también mucha importancia
precisar la naturaleza del compromiso de los fieles en la participación en
estas asambleas dominicales.
Hay que vigilar para la que la liturgia de la Palabra, organizada bajo el
seguimiento de un diácono o de un responsable de la comunidad al que la
autoridad competente ha confiado este ministerio regularmente, se cumpla según
un ritual específico aprobado a este fin. Para no privar a los fieles por
mucho tiempo de la Comunión eucarística, los sacerdotes deben esforzarse por
visitar frecuentemente a estas comunidades. Corresponde a los ordinarios y a
las conferencias episcopales regular la posibilidad de distribuir la Comunión.
Se deberá evitar cualquier confusión entre celebración de la santa misa y la
asamblea dominical en espera de sacerdote. Por esto no se deberá dejar de
animar a los fieles a que acudan, cuando sea posible, a donde se celebra la
santa Misa.
Las conferencias episcopales deben preparar materiales adecuados que expliquen
el significado de la celebración de la Palabra de Dios con distribución de la
Comunión, y las normas que la regulan.
«Proposiciones» del Sínodo sobre la Eucaristía (11-20)
Proposición 11
Escasez de sacerdotes
La centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia hace sentir, con
agudo dolor, el problema de la grave falta de clero en algunas partes del
mundo. Muchos fieles se ven de esta manera privados del Pan de vida. Para
salir al encuentro del hambre eucarística del pueblo de Dios, que
frecuentemente y en periodos largos debe prescindir de la celebración
eucarística, es necesario recurrir a iniciativas pastorales eficaces. En este
contexto, los padres sinodales han afirmado la importancia del don inestimable
del celibato eclesiástico en la praxis de la Iglesia Latina.
Refiriéndose al magisterio, en especial al Concilio Vaticano II y al
magisterio de los últimos pontífices, los padres han pedido explicar
adecuadamente a los fieles las razones de la relación entre el celibato y la
ordenación sacerdotal, en el pleno respeto de la tradición de las Iglesias
orientales. Algunos han aludido a los «viri probati» [ordenación sacerdotal de
varones casados de probada virtud, ndt.], pero esta hipótesis ha sido
considerada como un camino que no se debe recorrer.
Además, hay que tener en cuenta que la calidad cristiana de la comunidad y su
fuerza de atracción, tienen un peso decisivo a la hora de ofrecer el don
eucarístico a todos los fieles. Se trata en concreto de:
--urgir a los pastores a promover las vocaciones sacerdotales; a descubrirlas
y a convertirse en sus «heraldos», empezando por los adolescentes y prestando
atención a los acólitos;
--no tener miedo de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de
Cristo;
--sensibilizar a las familias, que en algunos casos son indiferentes o incluso
contrarias;
--cultivar la oración por las vocaciones en todas las comunidades y en todos
los ámbitos eclesiales;
--que los obispos procuren, implicando también a las familias religiosas,
respetando el carisma que les es propio, una distribución más equitativa del
clero y que urjan al mismo clero a una gran disponibilidad para servir a la
Iglesia donde hay necesidad, incluso a costa de sacrificio.
Proposición 12
Pastoral vocacional
Como respuesta al deber urgente de la Iglesia de ofrecer el don de la
Eucaristía de manera habitual a todos los fieles, y dada la escasez de
sacerdotes en diversos lugares, dirigimos la mirada al Señor y le pedimos
insistentemente que envíe obreros a su mies.
Por nuestra parte, proponemos reforzar la pastoral vocacional y la dimensión
vocacional de toda la pastoral, especialmente la juvenil y familiar. Pedimos
por ello:
--constituir grupos de monaguillos y procurarles el acompañamiento espiritual;
--difundir la adoración eucarística por las vocaciones, en las parroquias, en
los colegios y en los movimientos eclesiales;
--estimular a los párrocos y a todos los sacerdotes para que acompañen
espiritualmente y formen a los jóvenes, invitándoles a seguir a Cristo en el
sacerdocio con su testimonio;
--organizar, según las posibilidades, un centro vocacional o un seminario
menor en las Iglesias particulares.
Obispos y sacerdotes queremos empeñarnos en primera persona en este género de
pastoral, dando ejemplo de entusiasmo y de piedad.
Catequesis y Mistagogía
Proposición 13
La secuencia de los sacramentos de la iniciación cristiana
No es percibida suficientemente la estrecha conexión entre Bautismo,
Confirmación y Eucaristía. Es oportuno, por tanto, explicar que somos
bautizados y confirmados en función de la Eucaristía. Se ha de favorecer, por
tanto, una mejor inserción de la relación entre los tres sacramentos de la
iniciación cristiana en la celebración de cada uno de estos sacramentos,
independientemente del orden cronológico o de la edad de la celebración de la
Confirmación y de la Primera Comunión. En este sentido, una profundización
teológica y pastoral de la Confirmación podría ser muy valiosa. Todo esto
tendría además un valor positivo en el diálogo ecuménico.
Se podría reflexionar de nuevo sobre la edad adecuada para la Confirmación.
Habría que considerar también si en la Iglesia latina la secuencia Bautismo,
Confirmación, Primera Comunión deba ser observada sólo para los adultos y no
para los niños. La tradición latina, que se diferencia de la tradición
oriental por la separación de la celebración de la Confirmación de la del
Bautismo, tiene una razón de ser y un peso. Por otra parte, las diferencias
entre las dos tradiciones no son de naturaleza dogmática. Ambas tradiciones,
de hecho, dan una respuesta práctica diferente a la idéntica situación del
gran número de bautismos de niños.
Proposición 14
Eucaristía, catequesis y formación
La Eucaristía, «mysterium fidei», inscrito en la alianza de Dios con su
pueblo, es la fuente de inspiración de toda propuesta de formación pastoral.
Ésta debe presentar la íntima relación de la Eucaristía con todos los demás
sacramentos, conduciendo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo hacia una
vida nueva en Cristo. Con este objetivo, habrá que desarrollar itinerarios
catecumenales bien inculturados, en los que se sitúe la presentación del
contenido doctrinal y la introducción en la vida espiritual, moral, y en el
compromiso social.
Todo el pueblo de Dios --obispos y párrocos, según su responsabilidad
específica-- debe implicarse en esta formación permanente promovida en cada
Iglesia particular, especialmente los fieles que actúan en las parroquias y en
las comunidades, como los catequistas y los evangelizadores.
A los seminaristas especialmente se dará una sólida formación sobre los
fundamentos teológicos, litúrgicos y pastorales de una auténtica
espiritualidad eucarística. Éstos deben comprender lo mejor posible el sentido
de cada norma litúrgica.
Las parroquias y las pequeñas comunidades que forman parte de ellas deben ser
escuelas de mistagogía eucarística. En este contexto, se buscará la
cooperación de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y de los
grupos que revalorizan, según sus propios carismas, la formación cristiana.
En el marco de la nueva evangelización, reconocemos la necesidad de
desarrollar nuevas formas de catequesis adecuadas a las diversas situaciones y
culturas. En este contexto, el Catecismo de la Iglesia Católica y las
recientes enseñanzas del Magisterio deberán ser puntos de referencia
privilegiados.
Proposición 15
Familia e iniciación sacramental
Es necesario asociar la familia cristiana con la iniciación sacramental de los
niños. No se debe limitar sin motivo el acceso de los niños a la mesa
eucarística. La Primera Comunión, sobre todo, es un paso de gran importancia
para una vida empeñada en el camino de la santidad, llena de caridad, de
alegría y de paz. Cada familia, apoyada por la parroquia, por los sacerdotes,
por las personas consagradas, por colaboradores laicos y, en especial, por la
escuela católica, debe favorecer un proceso de educación eucarística.
La Iglesia, familia de Dios, crece y se nutre en la mesa de la Palabra de Dios
y del Cuerpo y Sangre de Cristo. La celebración de la Eucaristía debe promover
cada vez más a todos los niveles la toma de conciencia y la realización de una
«Iglesia familia» a través de la solidaridad, las relaciones familiares y la
comunión entre todos los miembros de la comunidad.
Proposición 16
Catequesis mistagógica
La tradición antigua de la Iglesia recuerda que el camino cristiano, sin
descuidar la comprensión sistemática de los contenidos de la fe, es
experiencia que nace del anuncio, se profundiza en la catequesis, y encuentra
su fuente y su cumbre en la celebración litúrgica.
Fe y sacramentos son dos aspectos complementarios de la actividad
santificadora de la Iglesia. Suscitada por el anuncio de la Palabra de Dios,
la fe se nutre y crece en el encuentro de gracia con el Señor resucitado en
los sacramentos. La fe se expresa en el rito, y el rito refuerza y fortifica
la fe.
De aquí la exigencia de un itinerario mistagógico vivido en la comunidad y con
su ayuda, y que se funda en tres elementos esenciales:
--la interpretación de los ritos a la luz de los eventos bíblicos, en
conformidad con la tradición de la Iglesia;
--la valorización de los signos sacramentales;
--el significado de los ritos respecto al compromiso cristiano en la vida.
Sería deseable desarrollar el método mistagógico sobre todo con los niños de
Primera Comunión y con los confirmandos.
Proposición 17
Compendio sobre la Eucaristía
Los departamentos competentes de la Santa Sede y/o de las conferencias
episcopales deberían considerar un proyecto de Compendio Eucarístico o un
instrumento de ayuda pastoral que recoja a la vez elementos litúrgicos,
doctrinales, catequísticos y de devoción sobre la Eucaristía para ayudar a
desarrollar la fe y la piedad eucarística.
Este Compendio podría proponer lo mejor de la enseñanza patrística, la
experiencia de la Iglesia latina y de las Iglesias orientales, y oraciones de
devoción. Debería incluir una catequesis apropiada sobre la naturaleza y la
estructura de las oraciones eucarísticas.
Segunda Parte
La participación del Pueblo de Dios en la celebración eucarística
La estructura de la celebración eucarística
Proposición 18
De los dos banquetes, el de la Palabra de Dios y el del Cuerpo de Cristo, la
Iglesia recibe y ofrece a los fieles el Pan de Vida, especialmente en la santa
liturgia. La Palabra de Dios, como todo el misterio eucarístico, no es
accesible sino en la fe. Conviene por tanto que las Lecturas sean proclamadas
con cuidado, si es posible por lectores instituidos.
Debe darse el justo peso a la Liturgia de la Palabra en la celebración
eucarística. Existe un lazo intrínseco entre Palabra de Dios y Eucaristía. En
la Eucaristía, el Verbo hecho carne se nos entrega como alimento espiritual.
Escuchando la Palabra de Dios nace la fe (Cf. Romanos 10,17).
Para apreciar, celebrar y vivir mejor la Eucaristía, hace falta un
conocimiento profundo de las Sagradas Escrituras proclamadas. «La ignorancia
de la Escritura es ignorancia de Cristo» (Cf. «Dei Verbum» 25). El fiel debe
ser ayudado a apreciar los tesoros de la Escritura en el Leccionario, mediante
el desarrollo del apostolado bíblico, el impulso de grupos parroquiales que
preparen la misa dominical con el estudio orante de las mismas lecturas y
prácticas litúrgicas como el silencio o unas pocas palabras de introducción
que ayuden a una mejor comprensión. Además el pueblo de Dios debe ser educado
a través de una catequesis fundada en la Palabra de Dios. Amar, leer,
estudiar, meditar y orar la Palabra de Dios es un fruto precioso de la
práctica de la «lectio divina», de los grupos de estudio y de oración bíblicos
en familia y en las pequeñas comunidades eclesiales.
A causa de la intrínseca relación entre la liturgia de la Palabra y la
eucarística, la Palabra de Dios debe ser venerada y honrada (cf. «Dei Verbum»
21), en especial los Evangelios, como signo de la presencia del Verbo
encarnado en la asamblea de los fieles (Cf. «Instrumentum Laboris» 46).
Ha de buscarse una expresión para la oración de los fieles que se relacione
mejor con la Palabra de Dios, con las necesidades de la asamblea y más
ampliamente con las de toda la humanidad.
Proposición 19
La homilía
La mejor catequesis sobre la Eucaristía es la misma Eucaristía bien celebrada.
Por esto se pide a los ministros ordenados que consideren la celebración como
su principal deber. En especial deben preparar con cuidado la homilía,
basándose en un conocimiento adecuado de la Sagrada Escritura.
Que la homilía ponga la Palabra de Dios, proclama en la celebración, en
estrecha relación con la celebración sacramental (Cf. «Sacrosanctum Concilium»
52) y con la vida de la comunidad, de modo que la Palabra de Dios sea base y
vida de la Iglesia («Dei Verbum» 21) y se transforme en alimento por la
oración y la vida cotidiana.
La homilía conformada por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia es una
verdadera mistagogía, o sea una verdadera iniciación a los misterios
celebrados y vividos.
Ha sido además sugerida la posibilidad de recurrir, partiendo del leccionario
trienal, a homilías «temáticas» que, a lo largo del año litúrgico, puedan
tratar los grandes temas de la fe cristiana: el Credo, el Padre Nuestro, las
partes de la Misa, los Diez Mandamientos y otros argumentos.
Estas homilías temáticas corresponderán a lo que ha sido de nuevo
autorizadamente propuesto por el Magisterio de la Iglesia en los cuatro
«pilares» del Catecismo de la Iglesia Católica y en el reciente Compendio. Con
este objetivo, se ha propuesto también elaborar un material pastoral, basado
en el leccionario trienal, que ponga en relación la proclamación de las
Escrituras con las doctrinas de la fe que brotan de las mismas.
Proposición 20
El ofrecimiento del trabajo humano
El pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, que ponemos
sobre el altar como expresión de la ofrenda de la vida de la familia humana,
significan que toda la creación es asumida por Cristo Redentor para ser
transformada en su amor recapitulador, y ser presentada al Padre. Subráyese
cada vez más que la dignidad del trabajo de los hombres y de las mujeres de
todo el mundo, a través de la celebración eucarística, está estrechamente
unida al sacrificio redentor de Cristo Señor.
«Proposiciones» del Sínodo sobre la Eucaristía (21-30)
Proposición 21
Aclamaciones en la oración eucarística
Las oraciones eucarísticas podrían enriquecerse con aclamaciones, no sólo
después de la consagración sino en otros momentos, como está previsto en las
oraciones eucarísticas para las celebraciones con los niños y como se hace en
varios países.
Proposición 22
Epíclesis
Ya que la «lex orandi» expresa la «lex credendi», es esencial vivir y
profundizar la fe en la Eucaristía a partir de la oración con la que la
Iglesia desde siempre la celebra, es decir la Oración Eucarística.
En especial, la espiritualidad eucarística cobra fuerza reconociendo la
importancia del Espíritu Santo, que transforma las obleas, y hace que la
comunidad entera se convierta cada vez más en cuerpo de Cristo. El Sínodo
auspicia que se muestre con mayor claridad el lazo entre la epíclesis y el
relato de la institución. De este modo, resultaría más evidente que toda la
vida de los fieles es, en el Espíritu Santo y en el sacrificio de Cristo, una
oferta espiritual agradable al Padre.
En este marco, el Sínodo advierte la necesidad de que se precise mejor el
carácter diferente de la causalidad que se da en la fórmula: «La Iglesia hace
la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia».
Proposición 23
El signo de la paz
El saludo de paz en la santa misa es un signo expresivo de gran valor y
profundidad (Cf. Juan 14,27). Sin embargo, en ciertos casos, asume una
dimensión que puede resultar problemática, cuando se prolonga demasiado o
incluso cuando suscita confusión, justo antes de recibir la Comunión.
Quizá sería útil valorar si el signo de la paz no debería situarse en otro
momento de la celebración, teniendo en cuenta costumbres antiguas y
venerables.
Proposición 24
«Ite misa est»
Para hacer más explícita la relación entre Eucaristía y misión, que pertenece
al corazón de este Sínodo, se sugiere preparar nuevas fórmulas de despedida
(bendiciones solemnes, oraciones sobre el pueblo u otras) que subrayen la
misión en el mundo de los fieles que han participado en la Eucaristía.
«Ars celebrandi»
Proposición 25
La dignidad de la celebración
Todos los participantes en la Eucaristía están llamados a vivir la celebración
con la certeza de ser pueblo de Dios, sacerdocio real, nación santa (Cf. 1
Pedro 2,4-5.9). En ella, cada uno expresa la propia vocación cristiana
específica. Quienes entre ellos han recibido un ministerio ordenado lo ejercen
según su grado: el obispo, los presbíteros y los diáconos. En especial, el
papel de los diáconos y el servicio de lectores y de acólitos merece una mayor
atención.
Los obispos sobre todo, como moderadores de la vida litúrgica, deben promover
una digna celebración de los sacramentos en la propia diócesis, corregir los
abusos y proponer el culto de la iglesia catedral como ejemplo.
Este Sínodo renueva su aprecio por la atención que los presbíteros ponen en
celebrar la liturgia de manera dignas, «attente ac devote», para el mayor
beneficio del pueblo de Dios. De este modo ponen de relieve la importancia de
la fe, la santidad, el espíritu de sacrificio y la oración personal para
celebrar la Eucaristía. Ha de evitarse el exceso de intervenciones, que puede
conducir a una manipulación de la santa misa, como por ejemplo cuando se
sustituyen los textos litúrgicos con textos ajenos o cuando se da a la
celebración una connotación que no es litúrgica.
Una auténtica acción litúrgica expresa el carácter sagrado del misterio
eucarístico. Ésta debería reflejarse en las palabras y en las acciones del
sacerdote celebrante mientras intercede, con los fieles o por ellos, ante Dios
Padre.
Al igual que todas las expresiones artísticas, también el canto deber estar en
íntima armonía con la liturgia, contribuir eficazmente a su fin, o sea debe
expresar la fe, la oración, la maravilla, el amor por Jesús presente en la
Eucaristía.
Se ha de subrayar el valor, la importancia y la necesidad de la observancia de
las normas litúrgicas. Que la celebración eucarística respete la sobriedad y
la fidelidad al rito querido por la Iglesia, con un sentido de lo sagrado que
ayude a vivir el encuentro con Dios y con formas incluso sensibles que lo
favorezcan (armonía del rito, de las vestimentas litúrgicas, de los adornos y
del lugar sagrado). Es importante que los sacerdotes y los responsables de la
pastoral litúrgica den a conocer los vigentes libros litúrgicos (Misal,
Leccionario) y la correspondiente normativa.
Para orientar a los fieles sobre el misterio celebrado, es necesaria una
previa catequesis que favorezca su activa participación impregnada de
auténtica piedad. Los ministros deben ayudar a esta plena participación con la
proclamación de los textos y recomendando tiempos de silencio, gestos y
actitudes adecuadas.
Proposición 26
Inculturación y celebración
Para una más eficaz participación de los fieles en la Eucaristía, este Sínodo
auspicia la promoción de una mayor inculturación en el ámbito de la
celebración eucarística, teniendo en cuenta las posibilidades de adaptación
ofrecidas por la «Institución General» del Misal romano, los criterios fijados
por la IV Instrucción de la Congregación para el Culto Divino para una
adecuada aplicación de las constituciones conciliares sobre la liturgia, de
1994, y las directivas contenidas en las Exhortaciones postsinodales «Ecclesia
in Africa» , «Ecclesia in Asia», «Ecclesia in Oceania» y «Ecclesia in
America». Con este objetivo, las Conferencias Episcopales asuman plena
responsabilidad en aumentar los intentos de inculturación, favoreciendo el
adecuado equilibrio entre criterios y directivas ya emanadas y las nuevas
adaptaciones.
Proposición 27
El arte al servicio de la celebración Eucarística
En la historia de la celebración de la santa misa y de la adoración
eucarística, reviste una función de gran importancia el arte sagrado en sus
diferentes expresiones, empezando por la arquitectura. Ésta traduce el
significado espiritual de los ritos de la Iglesia en formas comprensibles y
concretas, que iluminan la mente, tocan el corazón y forman la voluntad.
Además, el estudio de la historia de la arquitectura litúrgica y del arte
sagrado en general por parte de los laicos, seminaristas y sobre todo los
sacerdotes, puede iluminar la reflexión teológica, enriquecer la catequesis y
despertar ese gusto por el lenguaje simbólico que facilita la mistagogía
sacramental.
Por último, un conocimiento profundo de las formas que el arte sagrado ha
sabido producir a través de los siglos, puede ayudar a quienes están llamados
a colaborar con los arquitectos y los artistas a diseñar adecuadamente, al
servicio de la vida eucarística y de las comunidades actuales, tanto los
espacios de celebración como la iconografía.
En el caso de conflicto entre aspecto artístico y celebrativo, ha de darse
prioridad a las necesidades litúrgicas de la celebración, según la reforma
aprobada por la Iglesia.
Proposición 28
El tabernáculo y su colocación
En conformidad con la Introducción General del Misal Romano (cf n. 314), el
Sínodo recuerda que el tabernáculo para la custodia del Santísimo Sacramento
debe tener en la iglesia una colocación noble, de consideración, bien visible,
cuidada bajo el aspecto artístico, y adecuada a la oración. Con este objetivo,
consúltese al Obispo.
Proposición 29
Eucaristía y medios de comunicación social
Los medios de comunicación, incluido Internet, prestan un buen servicio a
quienes no pueden participar en la misa, por ejemplo por motivos de edad o
salud. Pueden además llegar a bautizados que se han alejado e incluso a no
creyentes. Cuando se usan los medios de comunicación, es importante celebrar
la Eucaristía en lugares dignos, apropiados y bien preparados. Recuérdese que,
en condiciones normales, para cumplir el precepto es necesaria la presencia
física en la celebración de la Eucaristía, y que no basta seguir el rito a
través de los medios de comunicación. El lenguaje de la imagen es
representación y no la realidad en sí misma.
La liturgia debe ser devota e invitar a la oración porque celebra el misterio
pascual. Obsérvense siempre las normas litúrgicas de la Iglesia, otórguese
valor a los signos sagrados, préstese atención a la expresión artística del
espacio, de los objetos y de las vestiduras litúrgicas. Es necesario velar
para que el canto y la música correspondan al misterio celebrado y al tiempo
litúrgico.
«Actuosa participatio»
Proposición 30
«Dies Domini»
Como fruto del año de la Eucaristía, el Sínodo recomienda vivamente que se
hagan esfuerzos significativos para dar valor y vivir el «Dies Domini» en toda
la Iglesia. Es necesario volver a afirmar el carácter central del domingo y de
la celebración de la Eucaristía dominical en las diferentes comunidades de la
diócesis, en especial en las parroquias (cf. «Sacrosanctum Concilium» 42). El
domingo es verdaderamente el día en el que se celebra con los demás a Cristo
resucitado, día santificado y consagrado al Creador, día de reposo y de
disponibilidad. La celebración eucarística dominical es una gracia humanizante
para el individuo y la familia, porque nutre la identidad cristiana con el
contacto con el Resucitado. Por ello el deber de participar es triple: con
Dios, consigo mismo y con la comunidad.
Se propone ayudar a los fieles a considerar como paradigmática la experiencia
de la comunidad primitiva y la de las generaciones de los primeros siglos.
Ofrézcase a los cristianos la oportunidad, a través de la catequesis y la
predicación, de meditar sobre el «Dies Christi» como día de la resurrección
del Señor y, por ello, como fiesta de liberación, día regalado para gustar los
bienes del Reino de Dios, día de la alegría por el encuentro con el Viviente,
presente entre nosotros.
Auguramos por tanto que el Día del Señor se convierta también en el día de los
cristianos, respetado por toda la sociedad con el descanso del trabajo. Que en
torno a la celebración eucarística del domingo se organicen manifestaciones
propias de la comunidad cristiana, como encuentros amistosos, formación de la
fe de los niños, jóvenes y adultos, peregrinaciones, obras de caridad y
diversos momentos de oración.
Aunque el sábado por la tarde pertenece ya al domingo (primeras vísperas), y
está permitido cumplir el precepto dominical con la misa prefestiva, es
necesario recordar que es el día del domingo en sí mismo el que merece ser
santificado para que no haya «vacío de Dios».
«Proposiciones» del Sínodo sobre la Eucaristía (31-40)
Proposición 31
La Palabra de Dios en la oración cristiana
La celebración eucarística es la celebración central de la Iglesia pero, para
la vida espiritual de una comunidad, son de gran importancia también las
celebraciones de la Palabra de Dios.
Tales celebraciones ofrecen a la comunidad la posibilidad de profundizar en la
Palabra de Dios. Pueden ser también utilizadas aquellas formas de acceso a la
Palabra de Dios que se han demostrado válidas en la experiencia catequística y
pastoral, como el diálogo, el silencio u otros elementos creativos como los
gestos y la música.
Además deberían recomendarse a las comunidades las formas, confirmadas por la
tradición, de la Liturgia de las Horas, sobre todo la Laudes, Vísperas,
Completas e incluso las celebraciones de vigilias. Las introducciones a los
salmos y las lecturas del Oficio pueden llevar a una experiencia más profunda
del acontecimiento de Cristo y de la economía de la salvación que, a su vez,
puede enriquecer la comprensión del misterio eucarístico.
Será decisivo que quien guía tales celebraciones no tenga sólo una buena
formación teológica sino que, a partir de la propia experiencia espiritual,
pueda también acercar al corazón de la Palabra de Dios.
Proposición 32
La celebración Eucarística en pequeños grupos
Las santas misas celebradas en pequeños grupos, deben favorecer una
participación más consciente, activa y fructífera en la Eucaristía. Han sido
propuestos los siguientes criterios:
--los pequeños grupos deben servir para unir la comunidad parroquial, no para
fragmentarla;
--deben respetar las exigencias de los distintos tipos de fieles, de manera
que favorezcan la participación fructífera de toda la asamblea;
--deben ser guiados por directivas claras y precisas;
--deben tener presente que, en la medida de lo posible, hay que preservar la
unidad de la familia.
Proposición 33
El presbiterio y los ministerios litúrgicos
Deben aclararse mejor las tareas del sacerdote y de los demás ministerios
litúrgicos.
El sujeto verdadero que actúa en la liturgia es Cristo resucitado y
glorificado en el Espíritu Santo. Cristo sin embargo incluye a la Iglesia en
su acción y en su entrega. El sacerdote es insustituiblemente quien preside
toda la celebración eucarística, desde el saludo inicial hasta la bendición
final. Porque, en la celebración eucarística, él, en virtud de su ordenación
sacerdotal, representa a Jesucristo, cabeza de la Iglesia, y propiamente
también a la misma Iglesia.
El diácono, educando a los fieles en la escucha de la Palabra de Dios, en la
alabanza y en la oración, puede inculcar el amor a la Eucaristía.
La colaboración de los laicos en el servicio litúrgico y, especialmente, en la
celebración de la Eucaristía, ha existido siempre. Con el Concilio Vaticano II
(Cf. «Apostolicam Actuositatem» 24) y la consiguiente reforma litúrgica, ha
sido urgida ulteriormente (Cf. «Institución General» del Misal Romano
publicada el 25 de enero de 2004, números 103-107).
En estos ministerios, se refleja la Iglesia como unidad en la pluralidad de
formas y se expresa también de manera representativa una forma propia de la
«actuosa participatio» de los fieles. Estos ministerios deben ser introducidos
según su específico mandato y según las reales exigencias de la comunidad que
celebra.
Las personas encargadas de estos servicios litúrgicos laicales deben ser
elegidas cuidadosamente, bien preparadas y acompañadas con una formación
permanente. Su nombramiento debe ser temporal. Estas personas deben ser
conocidas por la comunidad y deben recibir de la misma un agradecido
reconocimiento. Las normas y reglamentaciones litúrgicas sirven para dar una
clara orientación sobre la economía de la salvación, la «communio» y la unidad
de la Iglesia.
Proposición 34
Reverencia a la santa Eucaristía
Obsérvese ante la Hostia consagrada la práctica de la genuflexión u otros
gestos de adoración, según las diversas culturas. Se recomienda la importancia
de arrodillarse durante los momentos destacados de la oración eucarística, con
sentido de adoración y de alabanza al Señor presente en la Eucaristía.
Promuévase además la acción de gracias después de la Comunión, incluso con un
tiempo de silencio.
Proposición 35
La recepción de la santa Comunión
En nuestra sociedad plural y multicultural, conviene que el significado de la
santa Comunión se explique también a los no bautizados o a otras personas
pertenecientes a Iglesias y a comunidades no católicas, presentes en la santa
Misa con motivo, por ejemplo, de bautismos, confirmaciones, primeras
comuniones, bodas, funerales.
En muchas metrópolis y ciudades, sobre todo ricas en arte, asisten con
frecuencia a la Eucaristía visitantes de otras religiones y confesiones, y no
creyentes.
Se debe explicar a estas personas, de manera delicada pero clara, que la no
admisión a la santa Comunión no significa una falta de estima. También los
fieles católicos que, permanentemente u ocasionalmente, no cumplen los
requisitos necesarios, deben tomar conciencia de que la celebración de la
santa misa, incluso sin la participación personal en la Comunión sacramental,
sigue siendo válida y significativa. Nadie debe tener miedo de suscitar una
impresión negativa si no se acerca a la Comunión.
En algunas situaciones, es recomendable una celebración de la Palabra de Dios
en lugar de la santa misa. Preocúpense los pastores de almas de conducir al
mayor número posible de hombres a Cristo, el cual llama a todos hacia sí --y
no sólo en la santa Comunión--, para que tengan la vida eterna.
Proposición 36
El uso del latín en las celebraciones litúrgicas
En la celebración de la Eucaristía, durante los encuentros internacionales,
hoy cada vez más frecuentes, para expresar mejor la unidad y la universalidad
de la Iglesia, se propone:
--sugerir que la concelebración de la santa misa sea en latín (excepto
lecturas, homilía y oración de los fieles). Así también recítense en latín las
oraciones de la tradición de la Iglesia y cántense eventualmente composiciones
musicales de canto gregoriano;
--recomendar que los sacerdotes, desde el seminario, se preparen para
comprender y celebrar la santa misa en latín, así como a usar oraciones
latinas y saber dar valor al canto gregoriano;
--no descuidar la posibilidad de que los mismos fieles se eduquen en este
sentido.
Proposición 37
Las grandes concelebraciones
Los padres sinodales reconocen el alto valor de las concelebraciones,
especialmente las presididas por el obispo con su presbiterio, los diáconos y
los fieles. Se pide, sin embargo, a los organismos competentes que estudien
mejor la práctica de la concelebración, cuando el número de celebrantes es muy
elevado.
Parte tercera
La misión del pueblo de Dios nutrido por la Eucaristía
Proposición 38
Gratitud por los sacerdotes, diáconos y los demás ministros y colaboradores
litúrgicos
La Asamblea Sinodal expresa intensa gratitud, aprecio y voluntad de animar a
los sacerdotes, en especial a los presbíteros «fidei donum», ministros de la
Eucaristía, que con competencia y generosa dedicación edifican la comunidad
con el anuncio de la Palabra de Dios y del Pan de Vida.
Se recomienda vivamente a los sacerdotes la celebración diaria de la Santa
Misa, incluso cuando no haya participación de los fieles.
Asimismo, el Sínodo da las gracias a los diáconos permanentes que colaboran
con los presbíteros en la obra de evangelización mediante la proclamación de
la Palabra de Dios y la distribución de la santa Comunión. Sería conveniente
promover este ministerio, según las indicaciones conciliares. Del mismo modo,
es importante dar las gracias a los ministros instituidos, a los consagrados y
consagradas, a los ministros extraordinarios de la santa Comunión, a los
catequistas y otros colaboradores, que ayudan a preparar y a celebrar la
Eucaristía y la distribuyen con dignidad, y especialmente a los animadores que
comunican la Palabra de Dios y dan la Comunión en las celebraciones
comunitarias en espera de sacerdote.
Los padres sinodales aprecian mucho el testimonio de los fieles cristianos que
participan con frecuencia en la celebración eucarística diaria, sobre todo el
de quienes afrontan notables dificultades debidas a la edad y las distancias.
Proposición 39
Espiritualidad eucarística y vida cotidiana
Los fieles cristianos necesitan una mayor comprensión de la relación entre la
Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no consiste sólo
en la participación en la misa y la devoción al santísimo Sacramento.
Comprende toda la vida.
Animamos sobre todo a los fieles laicos a que sigan su búsqueda de un sentido
más alto de la Eucaristía en su vida y a sentir hambre de Dios. Pedimos a los
teólogos laicos que expresen su experiencia de vivir la existencia cotidiana
con espíritu eucarístico. Animamos especialmente a las familias a que se
inspiren y obtengan vida de la Eucaristía. De este modo, participan en la
transformación de su vocación bautismal que les destina a llevar la Buena
Noticia a sus prójimos.
En este contexto resplandece el testimonio profético de las consagradas y los
consagrados, que encuentran en la celebración Eucarística y en la Adoración la
fuerza para un seguimiento radical de Cristo, obediente, casto y pobre. La
vida consagrada tiene aquí la fuente de la contemplación, la luz para la
acción apostólica y misionera, el sentido último del propio compromiso por los
pobres y los marginados, y la prenda de las realidades del Reino.
Proposición 40
Los divorciados vueltos a casar y la Eucaristía
En sintonía con los numerosos pronunciamientos del Magisterio de la Iglesia, y
compartiendo la dolorosa preocupación expresada por muchos padres, el Sínodo
de los obispos reafirma la importancia de una postura y de una acción pastoral
de atención y de acogida a los fieles divorciados vueltos a casar.
Según la Tradición de la Iglesia católica, no pueden ser admitidos a la santa
Comunión, encontrándose en condición de objetivo contraste con la Palabra del
Señor que restituyó al matrimonio el valor originario de la indisolubilidad
(Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 1640), testimoniado por su entrega
esponsalicia en la cruz y comunicado a los bautizados a través de la gracia
del sacramento.
Los divorciados vueltos a casar sin embargo pertenecen a la Iglesia, que los
acoge y los sigue con especial atención para que cultiven un estilo cristiano
de vida a través de la participación en la santa misa --aunque no reciban la
santa Comunión--, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística,
la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo confidencial
con un sacerdote o un maestro de vida espiritual, la dedicación a la caridad
vivida, las obras de penitencia, y el compromiso de educar a los hijos.
Si luego no se reconoce la nulidad del vínculo matrimonial, y se dan
condiciones objetivas que de hecho hacen la convivencia irreversible, la
Iglesia les anima a empeñarse en vivir su relación según las exigencias de la
ley de Dios, transformándola en una amistad leal y solidaria; así podrán
volver a acercarse al banquete eucarístico, con las atenciones previstas por
la probada práctica eclesial, pero evítese la bendición de estas relaciones
para que no surja confusión entre los fieles sobre el valor del matrimonio.
Al mismo tiempo, el Sínodo auspicia que se hagan todos los esfuerzos posibles
para asegurar el carácter pastoral, la presencia y la correcta y solícita
actividad de los tribunales eclesiásticos respecto a las causas de nulidad
matrimonial (Cf. «Dignitas connubii»), tanto profundizando ulteriormente los
elementos esenciales para la validez del matrimonio, como teniendo en cuenta
también los problemas emergentes del contexto de profunda transformación
antropológica de nuestro tiempo, por el que los mismos fieles corren el riesgo
de ser condicionados, especialmente si carecen de una sólida formación
cristiana.
El Sínodo considera que, en todo caso, hay que asegurar gran atención a la
formación de los novios y a la previa constatación de que comparten
efectivamente las convicciones y los compromisos irrenunciables para la
validez del sacramento del matrimonio, y pide a los obispos y a los párrocos
valentía para un serio discernimiento, evitando que impulsos emotivos o
razones superficiales conduzcan a los novios a la asunción de una gran
responsabilidad consigo mismos, con la Iglesia y con la sociedad, a la que no
sabrán luego responder.
«Proposiciones» del Sínodo sobre la Eucaristía (41-50)
Proposición 41
Admisión de los fieles no católicos a la Comunión
Basándose en la comunión de todos los cristianos, que el único Bautismo ya
mantiene activa, aunque no sea todavía de forma completa, la separación ante
el banquete del Señor es experimentada justamente como algo doloroso. Tanto de
dentro de la Iglesia católica como por parte de nuestros hermanos y hermanas
no católicos, surge en consecuencia muy a menudo la petición urgente de la
posibilidad de Comunión eucarística entre los cristianos católicos y los
demás. Se debe aclarar que la Eucaristía no significa ni actúa sólo nuestra
comunión personal con Jesucristo, sino sobre todo la plena comunión de la
Iglesia.
Por esto pedimos que los cristianos no católicos comprendan y respeten el
hecho de que para nosotros, según toda la tradición bíblicamente fundada, la
Comunión eucarística y la comunión eclesial están estrechamente ligadas, y por
tanto la Comunión eucarística con los cristianos no católicos no es
generalmente posible. Todavía más hay que excluir una concelebración
ecuménica. Igualmente debería aclararse que, mirando a la salvación personal,
la admisión de los cristianos no católicos a la Eucaristía, al sacramento de
la Penitencia y a la Unción de los enfermos, en determinadas situaciones
individuales, bajo precisas condiciones, es posible e incluso se recomienda
(«Unitatis Redintegratio» 8, 15; Directorio Ecuménico 129-131; Código de
Derecho Canónico 844 § 3 e 4; Código de las Iglesias Orientales 671 §4; carta
encíclica «Ut Unum Sint» 46; carta enciclica «Ecclesia de Eucharistia» 46).
El Sínodo insiste en que se observen las condiciones expresadas en el
Catecismo de la Iglesia Católica (1398-1401) y en su Compendio (293).
La Eucaristía para el mundo
Proposición 42
Eucaristía y Misión
Los fieles son invitados a tomar conciencia de que una Iglesia auténticamente
eucarística es una Iglesia misionera. De hecho, la Eucaristía es fuente de
misión. En la Eucaristía, nos hacemos cada vez más discípulos de Cristo,
escuchando la Palabra de Dios, que nos lleva a un encuentro comunitario con el
Señor, mediante la celebración del memorial de su muerte y resurrección, y a
través de la comunión sacramental con El. Este encuentro eucarístico se
realiza en el Espíritu Santo que nos transforma y santifica. Despierta en el
discípulo la voluntad decidida de anunciar a los demás, con audacia, lo que se
ha oído y vivido, para guiarles también a ellos al mismo encuentro con Cristo.
De este modo, el discípulo, enviado por la Iglesia, se abre a una misión sin
fronteras.
Al mismo tiempo que damos las gracias a todos los misioneros cristianos
activos en el mundo, recordamos la necesidad de reconocer a Cristo como el
único salvador.
En la educación misionera, la centralidad de la afirmación de la unicidad debe
ser manifestada de todas las maneras posibles. Esto impedirá que se reduzca a
una clave meramente sociológica la decisiva obra de promoción humana implícita
en la evangelización.
Los padres han subrayado las graves dificultades que afectan a la misión de
aquellas comunidades cristianas que viven en condiciones de minoría o incluso
en contextos privados de libertad religiosa.
Proposición 43
Espiritualidad eucarística y santificación del mundo
La Eucaristía está en el origen de toda forma de santidad. Para desarrollar
una espiritualidad eucarística profunda, es necesario que el pueblo cristiano,
que da gracias por medio de la Eucaristía, sea consciente de hacerlo en nombre
de toda la creación, aspirando a la santificación del mundo y trabajando por
la misma. La vida cristiana encuentra en la celebración eucarística la propia
senda: el propio ofrecimiento, la comunión y la solidaridad son aspectos de la
«logiké latreia» (Cf. Romanos 12,1).
La promoción de la participación diaria en la celebración de la santa Misa es,
en los ritos latinos, un medio eficaz de desarrollo de esta espiritualidad,
núcleo de la vida familiar, profesional, social y política.
El ofrecimiento diario (enseñado por ejemplo en el Apostolado de la Oración,
practicado por millones de católicos de todo el mundo) puede ayudar a cada uno
a convertirse en «figura eucarística» siguiendo el ejemplo de María, uniendo
la propia vida a la de Cristo que se ofrece por la humanidad.
Proposición 44
Eucaristía y enfermos
Consideramos de primera importancia favorecer la celebración eucarística para
los enfermos, mediante una catequesis adecuada sobre la activa participación
en la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Un significado especial de la
Eucaristía, como cumbre de la vida cristiana, encierra su recepción como santo
Viático. Dado que abre al enfermo la plenitud pascual, se recomienda
intensificar su práctica.
En especial se pide que se asegure la comunión eucarística a las personas con
minusvalía mental, bautizadas y confirmadas: éstas reciben la comunión en la
fe de la familia y de la comunidad que les acompaña.
La imposibilidad de conocer la sensibilidad efectiva propia de ciertos tipos
de enfermos no es una razón suficiente para no darles todos los apoyos
sacramentales de que dispone la Iglesia. Es importante que quienes sufren por
minusvalía puedan ser reconocidos como miembros de la Iglesia a todos los
efectos y tengan en ella su justo lugar.
Es deseable, además, que la funcionalidad arquitectónica de las iglesias
facilite su participación en las celebraciones.
Proposición 45
Eucaristía y emigrantes
El Sínodo, dando las gracias a todos los que trabajan en este campo, invita a
todos los obispos a ejercer su cuidado pastoral hacia los emigrantes.
Estos fieles deben ser acogidos como miembros del mismo Cuerpo de Cristo,
prescindiendo de su raza, estatus o condición, especialmente en la celebración
eucarística. La caridad de Cristo urge a que las otras Iglesias locales y los
institutos de vida consagrada ayuden generosamente a las diócesis que acogen a
un gran número de emigrantes.
Además, concédase a los emigrantes de rito oriental, en la medida de lo
posible, el que puedan ser asistidos por sus sacerdotes. Establézcase en los
seminarios el «Dies orientalis» para que las liturgias orientales sean
conocidas mejor.
Proposición 46
Coherencia eucarística de políticos y legisladores católicos
Los políticos y legisladores católicos deben sentirse especialmente
interpelados en su conciencia, rectamente formada, sobre la grave
responsabilidad social de presentar y apoyar leyes inicuas. No hay coherencia
eucarística cuando se promueven leyes que van contra el bien integral del
hombre, contra la justicia y el derecho natural. No se puede separar la opción
privada y la pública, poniéndose en contradicción con la ley de Dios y la
enseñanza de la Iglesia, y esto debe ser considerado también respecto a la
realidad eucarística. (Cf. 1 Corintios 11, 27-29).
Al aplicar esta orientación, los obispos deben ejercer las virtudes de la
fortaleza y la prudencia, teniendo en cuenta las situaciones locales
concretas.
Proposición 47
Eucaristía y ecología
Los cristianos, reforzados por el sacramento de la Eucaristía
Los cristianos, reforzados por el sacramento de la Eucaristía, empéñense más
decididamente en testimoniar la presencia de Dios en el mundo. Que la Iglesia
promueva un cambio de mentalidad y de corazón para facilitar una relación
armónica y responsable del ser humano con la creación.
La contemplación y la gratitud por la creación, regalo del amor de Dios, puede
ser un medio de evangelización para la gente de hoy, cuya preocupación
ecológica puede recibir un nuevo significado religioso por el reconocimiento
de la llamada de Dios a la humanidad a que ejerza un servicio responsable ante
su obra de Creador, conforme a la esperanza cristiana.
Esta reflexión puede además ayudar a los cristianos a relacionar la doctrina
sobre la creación con la de la «nueva creación», inaugurada en la resurrección
de Cristo, nuevo Adán, que ha dado a la Iglesia la tarea de preparar la
transformación de la creación en los «nuevos cielos y la tierra nueva».
Proposición 48
Dimensión social de la Eucaristía
El sacrificio de Cristo es misterio de liberación que nos interpela
El sacrificio di Cristo es misterio de liberación que nos interpela. La
Eucaristía --en el compromiso por transformar las estructuras injustas para
restablecer la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios--, se
transforma en la vida en lo que ella significa en la celebración. Este
movimiento dinámico se abre al mundo: cuestiona el proceso de globalización
que no pocas veces aumenta el desnivel entre países ricos y países pobres;
denuncia a aquellas potencias políticas y económicas que dilapidan las
riquezas de la tierra; recuerda las graves exigencias de la justicia
distributiva ante las desigualdades que gritan al cielo; anima a los
cristianos a comprometerse y a actuar en la vida política y en la acción
social.
Preocupan especialmente la pandemia del VIH/SIDA, la droga y el alcoholismo.
Especial cuidado pastoral merecen los presos para que puedan participar en la
Eucaristía y recibir la Santa Comunión.
Quien participa en la Eucaristía debe comprometerse a construir la paz en
nuestro mundo, marcado por muchas violencias y guerras, y hoy en modo especial
por el terrorismo, la corrupción económica y la explotación sexual. Son
condiciones para construir una verdadera paz la restauración de la justicia,
la reconciliación y el perdón.
Para educarse en la caridad y en la justicia, aprovechen los fieles el
Magisterio social, que acaba de presentarse en el «Compendio de la doctrina
social de la Iglesia».
Proposición 49
Eucaristía y reconciliación de pueblos en conflicto
La Eucaristía es el sacramento de comunión entre los hermanos que aceptan
reconciliarse en Cristo, que ha hecho de judíos y griegos un solo pueblo,
abatiendo el muro de odio que los separaba (Cf. Efesios 2,14). Durante este
Sínodo, varios testimonios han informado que gracias a las celebraciones
eucarísticas, pueblos en conflicto han podido reunirse en torno a la Palabra
de Dios, escuchar su anuncio profético de reconciliación a través del perdón
gratuito y recibir la gracia de la conversión que permite la comunión con el
mismo pan y el mismo cáliz. Jesucristo, que se ofrece en la Eucaristía,
refuerza la comunión entre los hermanos y, en especial, urge a quienes se
encuentran en conflicto a apresurar su reconciliación, a través del diálogo y
la justicia. Esto consiente comulgar dignamente el Cuerpo y la Sangre de
Cristo (Cf. Mateo 5,23-24).
Conclusión
Proposición 50
«Verum Corpus natum de Maria Virgine»
La Iglesia ve en María, «Mujer Eucarística», sobre todo a los pies de la cruz,
la propia figura y la contempla como modelo insustituible de vida eucarística;
en el altar, en presencia del «verum Corpus natum de Maria Virgine» [verdadero
Cuerpo nacido de María Virgen, ndt.], la Iglesia venera a través del
sacerdote, con especial agradecimiento, a la Santísima Virgen.
Los cristianos encomiendan a María, Madre de la Iglesia, su existencia y su
trabajo. Esforzándose por tener los mismos sentimientos de María, ayudan a
toda la comunidad a vivir como ofrenda viva, agradable al Padre.
Volver al Inicio del
Documento