Un testimonio de amor a la Eucaristía, en Uganda
Soy yo quien te lleva a Ti
Una carta enviada desde Kitgum. Los distritos de Kitgum y Gulu están en
una zona remota de Uganda, cerca de Sudán, azotada por más de 15
años de
guerrilla, que aterroriza a los habitantes y roba niños para unirlos a la
guerrilla. La carta la escriben dos médicos italianos del movimiento eclesial
Comunión y Liberación, que trabajan en el hospital de San José.
Queridos amigos: hemos tenido este fin de semana, aquí en Kitgum, unos días de
celebraciones y encuentros muy importantes que quiero compartir. Pero el hecho
más significativo y grandioso nos llegó de fuera de nuestra comunidad, un hecho
que nos ha impactado y conmovido a todos de un modo inesperado y espectacular.
El sábado llegó aquí monseñor Odama, arzobispo de Gulu, con motivo de la
celebración de la Eucaristía que iniciaba el nuevo Año Eucarístico. Lo que nos
refirió nuestro obispo, monseñor Mattew Ojara, y el encuentro con el señor
arzobispo, han sido dos cosas verdaderamente asombrosas. Ante todo, monseñor
Ojara nos contó que, durante los seis meses que pasó en Gulu después de su
arresto (fue expulsado de su diócesis durante ese tiempo), la cercanía y la
amistad con monseñor Odama le abrieron un nuevo horizonte y cambiaron
profundamente su vida.
El arzobispo, tan activo y comprometido en toda la diócesis, no sólo desde el
punto de vista pastoral sino también social (se ha implicado muchísimo en las
conversaciones de paz), vive una pasión y una dedicación tan grande a Jesucristo
que le ha llevado a consagrar un día entero de cada semana a la adoración de la
Eucaristía. Monseñor Ojara quedó tan impresionado al ver esto, que no sólo ha
cambiado su vida, sino que, al regresar a Kitgum, ha instituido en la parroquia
de Cristo Rey un día a la semana de exposición del Santísimo Sacramento,
invitando a todos, sobre todo a los jóvenes y a las familias, a dedicar un poco
de su tiempo a la adoración.
El testimonio de monseñor Ojara se confirmó a la llegada del señor arzobispo,
quien, con la gran celebración del domingo por la mañana en la parroquia, y
sobre todo con la procesión desde el templo hasta la misión, nos mostró cómo es
posible pertenecer a Cristo de un modo total. Después de tres horas de Misa,
todos los fieles recorrimos las calles de la ciudad durante cerca de dos horas,
cantando y rezando, acompañando al Santísimo Sacramento llevado por el arzobispo
hasta la iglesia de la misión. El calor y el sol de mediodía no desanimaban a
los fieles.
Uno solo con Jesús
Nosotros seguíamos junto a nuestro consiliario, el padre Tiboni, quien, a sus 80
años, incluso marcaba de cuando en cuando los pasos de baile con la muchedumbre
que nos precedía. Nuestra mirada permanecía fija en nuestro arzobispo, que ni un
momento dejó de mirar la custodia mientras caminaba. Más tarde, nos reveló que
el cansancio era tan grande que se encontró preguntando a Jesús: «Pero, ¿soy yo
quien te lleva a Ti, o eres Tú quien me lleva a mí?» Y ésa era precisamente
nuestra impresión: que él era una sola cosa con Jesús.
Al llegar a la misión de los combonianos, la multitud era inmensa, y todos
recibimos la bendición final. Creo que todos habíamos perdido algunos kilos por
el sudor, pero la alegría por lo vivido superaba todo cansancio. Esa tarde
fuimos a saludar al señor arzobispo, que estaba sentado con el padre Tiboni. Nos
acogió calurosamente, y, tras darle las gracias, Giorgio le preguntó cómo había
nacido su gran devoción a la Eucaristía.
Con toda sencillez empezó a contarnos el camino de fe que, a lo largo de los
años, le ha llevado a profundizar cada vez más en el asombro por la presencia de
Cristo entre su gente tan probada, hasta el punto de dedicar un año a la
Eucaristía, en 2004; luego otro año con Juan Pablo II, el 2005; y ahora ha
convocado un tercer año: Eucaristía y familia. Durante la oración de los jueves
pide por todas las situaciones del mundo, y las situaciones que conoce
directamente. Volvimos a casa profundamente agradecidos al Señor porque nos da
sacerdotes santos, y conscientes de lo importante que es mirar a quien muestra
su novedad y su presencia.
Giorgio y Pupa
Estar ante Jesús
Cuando estaba en el seminario comencé a dedicar una hora al día a la adoración.
Luego, al ser obispo, programé las tareas de la semana, y decidí dedicar 4 horas
los viernes, a Jesús en la Eucaristía. Pero esto no respondía plenamente a mis
deseos. Me preguntaba: ¿para qué me encuentro con las personas? Sólo por Cristo.
¿Por qué no paso más tiempo con Él? Al ser nombrado arzobispo de Gulu, señalé el
jueves como el día dedicado totalmente a la Eucaristía, desde la mañana, después
de la Misa, hasta las seis de la tarde, sin interrumpir ni para desayunar ni
para comer. Estoy ante Jesús, a veces leo algún texto, o bien hablo con el
Señor, que me dice: No eres tú quien tienes que hablarme, soy yo quien hablo
contigo. No hubiera podido hacer lo que estoy haciendo si no dedicara, un día
entero a la semana, exclusivamente a la adoración de Jesús en la Eucaristía.
Monseñor Odama