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Cuestiones prácticas en materia de relaciones sexuales
durante las primeras semanas del matrimonio

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 Sexo durante las primeras semanas del matrimonio



Consulta

Estimados Misioneros:
Quisiéramos saber sobre cuestiones "prácticas" en materia de relaciones sexuales durante las primeras semanas del matrimonio. Si bien mi novia y yo realizamos el curso pre-matrimonial nos gustaría "escuchar" un consejo a la luz de la fe. Ya que por todos lados se trastocan y degradan valores tan importantes.
Rezando por Uds. y vuestra obra.
Le saludamos atte en Cristo y Ma. Ssma.
Jaquelina y Carlos



Respuesta
Estimados hermanos en Cristo.

La alegría del Señor resucitado esté en su corazón.

Pensamos que ustedes deberían recibir estos consejos "prácticos" de viva voz. Miren alrededor y seguramente encontrarán una pareja firmemente cristiana - y con varios hijos - que aún después de una vivencia matrimonial de años reflejan la unión y el amor de una pareja cada vez más feliz. Este matrimonio les podrá ayudar contestando sus preguntas "prácticas" y ofreciéndoles sugerencias para su felicidad. Su párroco, que conoce a mucha gente, quizás les podrá encaminar hacia tal o cual pareja. Pero tengan cuidado. Pedir consejos de cómo iniciar el matrimonio en el campo sexual no es lo mismo como pedir consejos respecto al manejo un nuevo carro. Lo que es beneficioso para unos no lo es para otros. Y suponemos que sus propios padres les han hablado y han compartido con ustedes su acervo de experiencias.

Con todo, quisiéramos ofrecer nuestro propio aporte para que ustedes descubran unas dimensiones que a lo mejor no han considerado. Quisiéramos animarles a descubrir horizontes y dimensiones que muy pocas veces se toman en cuenta y que Dios ha previsto para felicidad de los esposos. Esto es en fe. Ya lo verán.

Ustedes son los protagonistas.
Primero queremos asentar una premisa: Ustedes son los protagonistas y están plenamente capacitados para iniciar el matrimonio sin que les indiquen trucos y técnicas. Por tanto, cuestiones prácticas en materia de relaciones sexuales durante las primeras semanas del matrimonio las han de contestar ustedes mismos. Ustedes están preparados para ello. Se supone que Dios les ha hecho el regalo de un hogar cristiano a cada uno y que han recibido una formación sexual cristiana y en la vivencia familiar han asimilado lo qué es el amor verdadero. Ténganlo por muy seguro, todo esfuerzo para crecer en el amor, el respeto mutuo, las sensiblidad y la castidad que invierten ahora durante su noviazgo incidirá muchísimo en su futuro matrimonio, también en el área de la sexualidad conyugal.

Y entonces están ustedes perfectamente capacitados para entrar en esta misión maravillosa que Dios les ha regalado. Pensamos que sólo necesitan consultar a los expertos en la materia cuando se encuentran con algo que no pueden resolver entre ustedes mismos por medio del diálogo paciente y el esfuerzo incansable de querer comprender al otro en plenitud.
Nosotros queremos darles unas sugerencias para ayudar a encontrar el camino a un matrimonio pleno. Al comienzo les podrá parecer que nos alejamos de su pregunta. Pero luego se darán cuenta que existen dimensiones insospechadas que abren nuevas perspectivas.

¿Cuál es la finalidad del matrimonio?
Pensamos que es necesario preguntarnos ante todo acerca de lo que es lo más importante en el matrimonio. ¿El amor? No. ¿La fidelidad? No. Ustedes se preguntarán asombrados hacia dónde estamos apuntando nosotros. Pues, ¿cuál es el designio de Dios sobre el matrimonio? Lean la Biblia. Cuando Dios creó al hombre según su imagen y semejanza, es decir, quiso que sea signo visible de Él en medio de la creación. Los creó hombre y mujer, es decir, los creó matrimonio. La imagen de Dios no es la persona, sea varón sea mujer. No, la imagen de Dios es la pareja. Y luego dice que dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne, uno sólo igual que Dios es uno solo como lo proclama el Shemá., el credo judío: "Escucha Israel, nuestro Dios es uno...".

Si seguimos leyendo encontraremos que se comienza a destruir la unidad cuando Adán le echa la culpa a Eva: "La mujer que me diste, ella me dio de comer…". Como quien dice: "Ella tiene la culpa y tú, Señor, también". La unión está destruida cuando uno ya no se considera parte de esta unidad. ¿Se dan cuenta? Regresar a ser "solo" - "no está bien que hombre esté solo" - significa en el matrimonio destruir la imagen y semejanza, significa rechazar la misión de la pareja en medio de la creación, significa querer realizar un designio de vida distinto del que ha pensado regalar el Creador. El Señor le hace ver dónde está la raíz del mal y que no vale echarle la culpa al otro. Por eso le aclara su responsabilidad: "Por haber escuchado a tu mujer... maldito... volverás al polvo...".

La culpa es de Adán porque no tenía que pecar. A lo mejor, al no hacerle caso cuando sugería algo que no estaba bien, hubiera salvado a su mujer también. Pero el matrimonio estaba partido. No saquen de esta parte de la Biblia la conclusión que más culpa tiene la Eva. Para demostrar lo contrario, es importantísimo darse cuenta que a misión de la mujer es sublime. Para demostrarlo Dios ha regalado a la humanidad, en lugar de Eva, otra mujer, la Virgen María, para que toda mujer refleje algo de ella en su vida. Tengan lo bien seguro, en los errores de la pareja la cosa anda siempre mitad mitad. Tengan esto presente en sus futuras discusiones y peleas.

En la plenitud de los tiempos el Hijo de Dios se hizo hombre para recapitular en su historia vital la historia del mundo y de cada uno para poder dárnosla curada gratuitamente. No es casualidad que Jesús realizó su primer milagro en al ambiente de unas bodas. San Juan habla de signo. Y el signo encierra lo que significa: Jesús quiere cambiar el agua del amor humano en el vino del amor divino derramado en los corazones de los hombres, de la pareja. Ya en ese momento habla de “su hora”, habla de la Pascua que unirá de nuevo en una vida nueva lo que estaba mortalmente separado.

San Pablo en la carta a los efesios explicita el designio de Cristo sobre el matrimonio. No solamente restablece el matrimonio para sea nuevamente uno y vuelva así a su misión prístina de ser imagen del Dios uno. Es que Dios nunca se limita a reconstruir lo que estaba destruido para que adquiera nuevamente las mismas características que había perdido. Siempre crea algo mejor, algo superior. Jesús quiere que el matrimonio sea signo de una nueva unidad sacramental, sea signo de la unión entre Cristo y su Iglesia.

Esperamos que no les hayan aguado este pasaje porque muchos tienen problemas con lo de la "cabeza de la mujer" y comienzan a armar sus teorías chatas a la dimensión humana y, de paso, le quitan el sentido profundo que Dios ha encerrado en estas palabras. Seguramente les habrán introducido en las maravillas que Dios quiere significar por medio de las palabras de San Pablo. A nosotros nos interesa ahora sólo subrayar una cosa: el designio de Dios sobre el matrimonio es la unidad, la unión proyectada desde el comienzo y luego renovada por el misterio pascual y por la Iglesia que es el fruto de este misterio pascual.

Madre mía, parece que les estamos dando un curso acelerado de teología matrimonial. Paciencia...

Se habrán preguntado: ¿Qué tiene esto que ver con nuestro pedido inicial? Mucho..., todo... . Sus preocupaciones deberían estar animadas y dirigidas por el deseo de llevar adelante esa unión de signo sacramental que Dios desea que se refleje en su matrimonio. Y esto a todos los niveles de su vida. Ahora bien, el signo y la cumbre de esta unión consisten en ser "uno sola carne" como dice la Escritura. Por eso pensamos que su preocupación, de "hacerlo bien" desde el comienzo de su vida en común, es muy importante. Porque de alguna manera resume en un acto lo que es el designio de Dios sobre ustedes. Y Cristo quiere actuar y manifestarse sacramentalmente. ¿Cómo es eso? Vamos a ver.

El acto matrimonial es algo similar como cuando el sacerdote celebra la Misa.

Les queremos ofrecer un ejemplo. Un sacerdote puede haber sido ordenado desde hace años. Es sacerdote "para siempre". Nunca dejará de ser sacerdote. Con todo, hay momentos cumbres cuando Cristo quiere actuar sacramentalmente y de manera especial a través del sacerdocio de ese hombre ordenado por la imposición de las manos del obispo. Uno de esos momentos cumbres es la celebración de la eucaristía.

Deberían haber leído lo que dice Juan Pablo II a los sacerdotes en sus cartas del jueves santo o en su última encíclica sobre la eucaristía. La eucaristía es un momento cumbre cuando el sacerdote actúa "en la persona de Cristo", es decir, se vuelve instrumento transparente a la fe porque su persona hace presente a Jesucristo. Es la actualización del sacramento del orden. Es que como si se resumiera todo su sacerdocio en esta celebración eucarística. Y la fe abre los ojos y ve el cielo abierto.

De manera similar el matrimonio está consagrado por el sacramento desde el día de sus bodas hasta que la muerte los separe. Se han donado el uno al otro sin reservas en Jesucristo. Esta entrega mutua fue el sacramento porque significa sacramentalmente la presencia de Cristo que se entrega a su Iglesia. Ahora bien, el momento cumbre de esta donación mutua impregna todo lo que harán en el futuro como esposos y como padres.

Pero, como para el sacerdote también para los esposos unidos en sacramento, hay momentos cumbres que resumen esta realidad esponsal de siempre en un solo acto, el de la unión matrimonial de ser "una carne". Se realiza, se re-actualiza, cuando los esposos se entregan el uno al otro "en el Señor". En ese momento se vuelven instrumento transparente a la fe como personas que hacen presente a Jesucristo que se entrega de nuevo a su esposa la Iglesia para hacerla santa e inmaculada en su presencia. Y la fe abre los ojos y ve el cielo abierto.

La consagración de la Santa Misa es uno de los momentos que más reclama el recogimiento profundo del creyente. ¿Por qué? Porque en ese momento Cristo se inmola, se dona, se entrega. Algo semejante, bajo otro signo, lo realiza Jesucristo cuando los dos esposos se unen. Cristo se entrega a su Iglesia para hacerla santa e inmaculada en su presencia. Es la actualización del sacramento matrimonial. Es un momento cumbre del designio de Cristo sobre el amor de los esposos. ¿Acaso esto no reclama una honda atención a la presencia del Señor en medio del acto matrimonial?

Ahora podrán ustedes entender porque los esposos cristianos antes de “hacerse uno en la carne” se ponen de rodillas ante Dios y le agradecen el amor que les ha regalado y le piden poder amarse el uno al otro cómo Cristo los ha amado. Se están aprestando a celebrar su sacramento. Convocan a Cristo y a la Iglesia y se convierten en signo de la entrega de Cristo a su Iglesia. Cuando se celebra la Misa Cristo muerto y resucitado se hace presente bajo los signos de pan y vino que ya no son pan y vino. Cuando la pareja celebra su matrimonio la entrega de Cristo a su Iglesia se hace presente bajo el signo de la unión de los esposos.

Demos un paso más para descubrir las maravillas que Dios ha pensado dar al matrimonio.

Los antiguos hablan de tres altares en el matrimonio cristiano. El primer altar es el altar de la Iglesia donde se nos sirve el pan de la palabra de Dios y de la eucaristía para vida eterna. El segundo altar es la mesa familiar donde se comparten los alimentos, donde la familia ora, donde se educan los hijos. El tercer altar es el tálamo nupcial, es decir, la cama matrimonial. Es un altar. No es para menos porque es lugar donde Cristo se entrega a su esposa la Iglesia. Es un monumento, es un lugar sagrado.

Bajemos al llano y veamos qué consecuencias tiene esto. Es evidente que esta realidad sacramemtal requiere de una estética muy particular y esmerada. El marco exterior favorece o destruye esa conciencia de sacralidad. Igual que el altar de la Iglesia la mesa familiar debe ser siempre un lugar digno y hermoso, especialmente cuando la familia se reúne. También el tálamo nupcial ha de ser un lugar digno, bien dispuesto. Es un santuario, es un altar. Los hijos no deben entrar allí sin permiso expreso.

¿Acaso no creen que esta realidad de fe ha de iluminar todo lo que hacen los esposos especialmente en los momentos cumbre de su matrimonio? ¿Se dan cuenta de la tragedia de los matrimonios que no tienen fe o de los que han entrado en una rutina mortal porque todo se realiza por costumbre y ya no hay corazón ni presencia divina porque no hay conciencia de ella? Todo se vuelve búsqueda egoísta del placer. Miren, la rutina sin fe, sin amor no es sólo problema de los casados. También los sacerdotes estamos en peligro de celebrar el misterio eucarístico rutinariamente y ya no hay amor ni fe. Siempre de nuevo hay que recuperar el primer amor

Las expresiones de hoy que describen lo que hacen los esposos en el dormitorio denuncian la pobreza de la concepción que se tiene del momento de realizar la unión: “tener relaciones”, “realizar al acto matrimonial”, etc. La más aceptable podría ser “hacer el amor”. Pero también esta expresión es pobre, muy pobre.

De todo lo que hemos dicho anteriormente pueden ustedes deducir que el acto matrimonial no “se hace”, sino "se celebra”. Ya lo indica la estética y el decoro que debe rodearlo. ¿Cómo se celebra? Pues, hombre, ustedes saben cuáles son los ingredientes para que haya una verdadera y auténtica celebración, para que haya una verdadera y auténtica fiesta. Todo se ha preparado con ilusión, es un encuentro gozoso, se procede con alegría, lo más importante son las personas que participan, y se le da tiempo al tiempo, se disfruta sin acelerar la fiesta, ¿verdad? Por si acaso, también hay que aprender a celebrar. ¿Y cómo se aprende? Celebrando una y otra vez el amor de Dios presente en la pareja. Y poco a poco desarrollarán ustedes su manera inconfundible de celebrar.

¿Puede haber técnicas de cómo celebrar? Imposible porque cada pareja es distinta y celebrará su matrimonio de manera distinta.

Será el cometido y el deleite de los primeros meses (¡no semanas, por favor!) del matrimonio el descubrir el cómo celebrar el acto matrimonial. Es evidente que tienen que descubrir los dones peculiares que Dios le ha dado a cada uno de los dos para que haya fiesta, para que haya celebración. Es importante en este sentido el conversar mucho sobre la fiesta pasada porque hace revivir las alegrías experimentadas y prepara a celebrar mejor la siguiente.

Esta es la clave. ¿Pueden creer que todavía después de años de casados los esposos encuentran nuevas delicadezas para brindarse el uno al otro simplemente porque escuchan realmente al otro? Si están dispuestos a digerir lo que dice muy acertadamente un profesor de filosofía sobre la donación mutua, vayan a la siguiente página: Engendrar en la belleza según el cuerpo y el alma. Vale la pena.

Anticipar el acto matrimonial destruye la fiesta.
Imagínense un momento que un seminarista que no ha recibido el orden sagrado se atreva a celebrar la Santa Misa . Sería un sacrilegio. Porque, enicma de una falta grave de cara a la santidad de Dios, no realiza lo que intenta. Se trata de una grotesca pantomima vacía. Los bautizados que se unen sexualmente, encima de cometer una falta grave de cara a la santidad de Dios que quiere manifestarse en ellos, en realidad actuan una pantomima vacía porque su unión no contiene los altìsimos dones que el Señor tiene reservado a los unidos en santo matrimonio.

Contrariamente a los que piensan que por lo menos el hombre debería tener experiencias previas, la castidad de ambos contribuye a la unidad del matrimonio. Los que piensan que se trata de una técnica, pues, no saben lo que se pierden. Por eso aconsejan la fornicación. Nosotros afirmamos que el descubrir juntos y avanzar juntos en este aprendizaje de cómo celebrar el matrimonio es la mejor escuela para poder celebrar la unión matrimonial cada vez mejor. En el futuro sabrán resistir mucho mejor las tentaciones de infidelidad porque ya han sido fieles antes del matrimonio.

Queda claro entonces, que una prostituta nunca podrá aconsejar ni adiestrar para el matrimonio. Sólo puede dar lo que tiene. Además del Sida trasmitirá solamente la capacidad de continuar en el pecado, de hacer negocio con la sexualidad y venderse, .
Repetimos, no es aconsejable que alguno de los dos tenga experiencias previas. No tienen razón los que piensan así. Estos han hecho de la sexualidad un proceso de autosatisfacción donde se aprende a apretar botones para que funcione la máquina. Mientras que el amor es para siempre; y sólo ese amor puede donarse realmente porque lo da todo.

Y, ¿qué hay de malo que al comienzo la pareja sea algo torpe en la celebración? El ayudarse mutuamente será un ingrediente adicional que los asemejará al significado de su unión. Procediendo con delicadeza, estando atentos a lo que siente el otro descubrirán delicias que los "avezados" ni siquiera pueden soñar.

Están en ventaja los que acceden al matrimonio vírgenes, sin experiencias previas. Es superior el inicio del matrimonio para los que no han fornicado antes y no han tenido múltiples experiencias.

Los que no han sabido esperar, ¿qué es lo que han hecho? Ellos han expulsado a Dios del acto que debe ser expresión cumbre de la unión del hombre con la mujer y que al mismo tiempo hace presente la acción sacramental de Jesucristo. Han dicho al Señor, por lo menos implícitamente: “Tú no tienes nada que ver aquí”. Es como querer expulsar a Dios del paraíso cuando es Él que es y que da la felicidad.

Cuando Adán y Eva estaban unidos a Dios entonces la desnudez era natural, santa y bella. Pero luego del pecado, luego de alejarse de Dios, la desnudez gozosa de inocencia se convirtió en signo lúgubre de muerte, como lo es la pornografía. Nadie niega que el pecado sea agradable. Pero pronto se vuelve soso. Pero nosotros somos templos del Espíritu Santo (cf. 1 Cor 6, 15 ss).

Para utilizar otra comparación. Imagínense que Israel antiguo ofreciera sacrificios de animales - era lo más importante que tenía por ofrecer - exclusivamente para poder comer carne cuando en realidad debía ser la expresión máxima del culto al Dios vivo. Por eso es tan importante de cuidar la virtud del pudor.

¿Hay remedio por los que han fornicado?
Los que acceden al matrimonio con experiencias previas necesitan urgentemente recuperar ese sentido del misterio, esa sensibilidad por la presencia de Dios que la fornicación ha aniquilado en sus corazones. Los que han sabido esperar hasta el matrimonio acceden sin esa hipoteca. Si ustedes se han dejado engañar por los que dicen que el amor lo justifica todo, les podemos consolar. Dios devuelve la inocencia a los que se arrepienten (recen el salmo 51/50) y, si se lo piden, les devolverá también la sensibilidad de la fe que ha de impregnar todo acto humano y, con mayor razón, la unión celebrada entre el hombre y la mujer. La pareja de hecho está llamada a vivir el misterio divino a realizarse en el hombre. Sólo la inocencia prístina (o recuperada) permitirá vislumbrar la presencia de Dios.

Dios ha planeado que la unión matrimonial sea íntegra y plena.
Permítannos agregar otra consideración más. Hemos hablado sobre el designio de Dios que es la unión de los esposos. Pues, el acto matrimonial es una expresión cumbre de este designio. “Los dos se harán una sola carne”. Ahora bien, en el lenguaje de la Biblia la palabra “carne”, cuando es utilizada en el sentido positivo, significa la persona humana en toda su realidad física, psicofísica, emocional, intelectual y espiritual.

Ahora: Consideren cómo ve San Pablo al hombre. Descubre en la persona humana cuatro elementos o niveles: el cuerpo, el alma, la mente y el espíritu. Y el espíritu es el lugar especial en la persona donde Dios se encuentra con el hombre, donde mora el Espíritu Santo, desde donde actúa sobre los demás elementos. Esta parte frecuentemente recibe el nombre de "corazón" que es a la vez más profundo y más sublime de la persona. Por algo dice San Agustín, que Dios está más cerca al hombre que el hombre a sí mismo.

Estábamos diciendo que los primeros meses serán preciosos porque juntos descubrirán lo que Dios les ha preparado para que puedan donárselo el uno al otro. Y el “ser o hacerse uno” será tanto más intenso cuanto más buscan ustedes la unión en los cuatro elementos o niveles. Perdonen que hablemos un tanto esquemáticamente. Es para subrayar el punto en el que queremos insistir. En realidad los cuatro elementos o niveles forman un solo ser humano, ¿de acuerdo? Son entremezclados y no se distinguen tan nítidamente. Pero ya a primera vista, ¿acaso no se dan cuenta de lo que pierden las parejas que buscan sólo la unión a nivel sexual físico o, a lo más, emocional?

Y la inmensa mayoría no sabe mejor. Para sentirse bien necesitan estímulos afrodisíacos cuando existen realidades gozosas muy superiores que Dios ha preparado para llevar a la pareja a una unión total y maravillosa. Hablamos un poco torpemente, pero es verdad: Aquellas parejas que no saben nada de la unión que incluye el espíritu y la mente - San Pablo dice por alguna parte "nosotros tenemos la mente de Cristo" - realizan su unión de forma incompleta. Es que se unen sólo parcialmente.

Su donación mutua entraña sólo lo físico y algo de lo emocional. Su unión no representa ni la mitad de lo que son y de lo que les ha dado Dios para la celebración unitiva. Es como celebrar la fiesta sólo con agua. Unirse sólo a nivel de cuerpo y de emociones es como cantar las canciones de la Misa, prender las velas, poner flores sin proclamar la palabra de Dios ni consagrar el pan y el vino. En el fondo no hay Misa, ni siquiera celebración de la palabra.

Ustedes preguntarán: “¿Cómo podemos hacer para lograr esa unión de cuerpo, alma, mente y espíritu?" He aquí la maravillosa aventura que los espera y que iniciarán con los primeros meses y que, ojalá, durará toda su vida. Aquí no valen trucos, ni métodos, ni técnicas. Esto es evidente, si es cierto lo que venimos diciendo. Ni a Dios ni a sus designiso maravillos se le puede encerrar en una categoría, nos se le puede manipular con técnicas o métodos. Es que lleva en sus entrañas una estética y una ética.

Ahora bien, Dios les ha dado el cuerpo, el alma, la mente y el espíritu para que los puedan donar, para que puedan donarse el uno al otro, para que alcancen una unión que sólo Dios puede dar. Si el espíritu del hombre es el lugar del encuentro de Dios con el hombre, Dios está involucrado en todo. Todo recibe una nueva dimensión, la dimensión divina. Por eso, San Pablo dice que hagamos todo para gloria de Dios, es decir, que resplandezca la presencia de Dios en lo que hace el creyente. Ustedes verán a Dios presente con los ojos de la fe. Ahora, díganme, ¿como pueden descubrirlo presente en el acto matrimonial si no lo ven presente en su vida diaria? ¿Ustedes creen que esto es posible sin la oración diaria, sin participar en la eucaristía, sin escuchar la Palabra de Dios? Es ahí donde el cristiano aprende a mirar con los ojos de la fe, adquiere unos nuevos anteojos, los anteojos de la fe que le permiten descubrir la maravillosa presencia actuante del Señor en la vida diaria. No es para después de la muerte sino para hoy que Jesús nos ha prometido:"Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios". Sí, se puede "ver" a Dios en todo cuando hay fe.

En la unión conyugal Dios quiere estar presente sacramentalmente. ¿Qué quiere decir? Que actúa realmente por medio del signo aunque sea de manera escondida. ¡La unión de los esposos es santa y santificadora! Lean un poco más abajo en las palabras de Tertuliano, un escritor cristiano del comienzo del siglo III, como la pareja cristiana expresa esta union.

No puedo dejar de colocar aquí una referencia de matrimonios que resisten a vientos y mareas ¿Existen todavía? ¡Existirán siempre! Entérense acerca de la espiritualidad que les da un fundamente firme y duradero y cura todo tipo de infantilismos y egoísmos que ponen en peligro la unión provista por Dios.

¿Se dan cuenta como no sólo debería haber en ustedes una pasión de cuerpo y alma del uno para con el otro? Debería haber también una pasión de mente y de espíritu. Dios ha inventado el matrimonio para la unión del hombre y de la mujer y como ingrediente lo ha dotado de gozo y deleite. Y junto con el deleite físico y emocionalmente sensible debe de haber un deleite en la unión de mentes y de espíritus.

¿Cómo lograrlo? Si han sido educadas sanamente según Dios en lo que se refiere a la sexualidad, también podrán ustedes contar con la ayuda del Espíritu Santo en este mutuo descubrimiento. Tienen un maestro interior no sólo para cosas del espíritu sino también para todos los ámbitos de su ser. Además les ayudarán magníficamente las catequesis he ha dado Juan Pablo II en su momento. Pueden bajar el archivo e imprimirlo. Y cada día lean una catequesis y en tres meses tomados de la mano firme del Papa serán introducidos, si el Señor quiere, a profundidades insospechadas. ¿Acaso el descubrimiento de estas maravillas no los dispondrá mucho mejor a celebrar con amor y reverencia la unión matrimonial? Las expectativas se alzarán hasta el cielo y Dios responderá. ¿Qué no se podrá esperar del Señor?

Algunas cuestiones concretas.
Hablemos de cosas que experimentarán en el transcurso de su matrimonio. ¿Que a veces no coinciden la disposición de ambos para unirse el uno al otro? Pues, una vez cede el uno y otra vez cede el otro. Recuerden que Cristo se dona, se inmola, se sacrifica. Esto significa que el varón quizás más proclive sabe esperar porque su esposa no está dispuesta ni física ni anímicamente. (Conocemos también casos donde la esposa es la que más está inclinada a una mayor frecuencia que el marido).

¿Qué hará el marido? Pues, el marido comenzará a enamorarla pacientemente para que ella se sienta querida pero no presionada. Ella sabe que las expresiones de afecto no necesitan llevar automáticamente a la unión de cuerpos sino queda a nivel de unión de espíritus. Significará tambien que la esposa a veces cede a los avances del esposo aunque no sienta tanto entusiasmo. Y no hay hipocresía ahí porque lo hace por amor al esposo.

Precisamente los primeros meses les ayudarán a conocerse y a disponerse cada vez más a esa donación, a encontrar su ritmo que se acomode a los dos. Porque también hay momentos cuando el esposo no está con la disposición correspondiente. ¿Por qué la esposa no lo embelesa pacientemente para que se sienta amado y no presionado? También en esta realidad resplandece la disposición de Cristo en los bautizados. ¿Se dan cuenta como en este campo nadie les puede dar indicaciones porque cada pareja es especial y cada pareja debe encontrar lo que les permita mejor celebrar su amor? Por eso es tan importante el conversar sobre las fiestas celebradas y comparar impresiones. Les ayudará a ayudarse mutuamente.

A lo mejor ustedes son de los que viven en la ilusión de conocer "al hombre", de conocer "a la mujer". ¡Ilusos! La mujer tiene que explicar mil veces al marido cómo siente, reacciona y procede la mujer. El hombre ha de intenar lo mismo. Es verdad, la mujer tiene un caudal superior de sensibilidad e intuiciones y puede creerse superior al hombre porque "el pobrecito" no entiende lo que otra mujer hubiese entendido ya desde la primera insinuación. Si él no la entiende a usted, ¡la culpa es suya, señora! No se ha sabido explicar a su marido para que tenga una idea de lo que está pasando en esta intricada psicología femenina. Y además funcionan los dos a diversos niveles de intuición y racionalidad. Esta diferencia puede ser - si se rinden en la incercia - ocasión de tregua, tú aquí y yo allá. Puede ser también la ocasión de una siempre renovada exploración de estos continentes desconocidos del sentir y del reaccionar de cada uno.

Otra cosa más: No utilicen nunca la unión matrimonial para manipular al otro, para extorsionarlo, para premiarlo o para castigarlo. Dios se lo ha dado para donación gratuita.

Y nunca se olvidarán de la pregunta: "¿Cómo podemos hacer para que el Señor se manifieste cada vez con más fuerza durante nuestra celebración unitiva?"

¿Qué tienen a veces el deseo de realizar la unión en un brevísimo tiempo porque tienen otras urgencias? Nadie se lo impide, pero “comprimir” una celebración a un acto de 10 minutos es como celebrar la misa en este lapso de tiempo. La Misa será válida pero ya no tendrá mucho o nada de las características de una fiesta, ¿verdad?

¿Que a veces quisieran realizar la unión en el lugar donde se encuentran? Nadie se lo impide de realizarla en la ducha, en la mesa de la cocina, en el suelo, en el carro, en el sótano, en el techo o donde sea. Así lo aconsejan algunos consejeros matrimoniales como remedio contra la rutina. ¡Cómo si una verdadera fiesta pudiera degenerar en rutina! ¡Imposible! Pues, para que vean, también se puede celebrar la Misa en una ducha o en una cocina, en el suelo, en el techo, en el carro o donde sea. ¿Dónde estará la fiesta? ¿Dónde estará la celebración? La fiesta requiere un marco festivo y requiere de la paciencia hasta que se den las condiciones perfectas de este marco festivo. Esperar un poco no es nada más que respetar lo que hace de la fiesta una fiesta.

Si celebramos la Misa en cualquier lugar que no representa un ambiente festivo, la Misa perderá de categoría, se trivializa, no se le da el realce requerido para que también la mente y el espíritu entren en la fiesta. Pensamos que ya se dan cuenta que la preparación de cuerpo y alma, la estética y el esplendor que rodean la celebración de los misterios son medios importantes de cómo involucrar la mente y el espíritu.

Lo mismo vale para la unión entre el marido y su esposa. Una estética cuidada, un respeto reverencial a lo que Dios quiere realizar por el acto humano, garantiza de alguna manera que mente y espíritu estén implicados para que se dé la unión también a ese nivel. Tú, banaliza el acto y banalizas al otro. Tú, banaliza la Misa y banalizas la presencia actuante de Dios. ¿Se dan cuenta cómo las cosas hechas sin pensar, sin aquilatar las implicancias, denigran lo que se está haciendo?

El aspecto unitivo y el aspecto procreativo.
Y ahora vamos a tocar un punto neurálgico. ¿Que desean evitar la concepción de un niño porque es más cómodo, porque quieren viajar, o porque no hay dinero o porque tienen otros planes? Allá ustedes. Dios ha querido que el acto matrimonial sea unitivo y potencialmente procreativo. Luego de crearlos según su imagen y semejanza les encarga una misión sobrecogedora, la de colaborar con Él en dar vida a este mundo. A ustedes, los invita a acompañarlo en el acto creador de un nuevo ser, ciudadano del cielo destinado a vivir eternamente en la presencia de Dios.

Claro, pueden dejar que el mundo “les coma el coco” con la mentira de la superpoblación, con el cuento de la parejita y el dogma antinatalista la libertad a decidir sobre la vida y la muerte de un ser. Es fácil perder el respeto al santuario de la vida. Hasta en la prepración al matrimonio ofrecen en las parroquias muchas veces cursos extensos sobre los métodos naturales de evitar a los hijos. Es decir, consciente o inconscientemente les instilan la idea de limitar el número de los hijos. Vayan a ver el testimonio de una esposa que desde su experiencia dice que el estilo de vida matrimonial según Billings no es congruente con la Fe católica. Miren no más, algunos países antinatalistas han comenzado a pagarles dinero a las parejas para que tengan hijos porque se están volviendo países de puros ancianos y están aterrados que nadie los vaya a cuidar de viejos.

Sean muy cuidadosos en elegir al médico de cabecera. Los médicos ateos les aconsejarán procedimientos ateos. Por favor, no vayan nunca donde un ginecólogo que no viva su fe cristiana. Hará ensombrecer su vida con el pecado porque no tendrá reparo en recomendar algo que va contra la moral, es decir, contra la voluntad de Dios. E IR CONTRA LA VOLUNTAD DE DIOS LLEVA A LA INFELICIDAD.

Tengan también presente esto: ustedes pueden estar cerrados a la vida aunque piensan que actúan de acuerdo con los medios naturales permitidos por la Iglesia. El egocentrismo de querer evitar a los hijos hará que su amor se vuelva egoísta. Lo va a malear. Les invitamos a contemplar el milagro de la vida que la ciencia moderna nos permite vislumbrar en el seno de la mujer que ha concebido.

Y no se amedrenten ante una situación difícil durante su matrimonio. Los de sin fe buscan la salida fácil que el mundo proclama razonable porque es cómodo. Los que dialogan con Dios saben que habrá soluciones insospechadas. Tenemos el privilegio de ofrecer en nuestro sitio Web el testimonio y las fotos de una pareja con diez hijos que todos han nacido por cesárea. Y ahí está llena de vida y guapa la madre. Es que Dios es Dios. También pueden ir a mirar las fotos de unas parejas cristianas. ¿Saben lo que han hecho? Se han puesto de cara a Dios y le han dicho: “Señor, cuándo quieras y cuántos quieras”. Ahí están felices en la batalla de todos los días. Estamos felices poder ofrecerles no sólo sus fotos sino también algunos de sus testimonios. También podemos ofrecerles más testigos de la fe.

Todo lo anterior no significa que en ciertos momentos alguna pareja a causa de problemas de salud por medio de métodos naturales no haya tenido que espaciar el nacimiento de los hijos. Pero fue por autocontrol y respeto al otro y no por medio del DIU, ni el condón, ni la píldora o cosas peores. Estas parejas están abiertas a la vida y caminan con su Dios. Eso mismo les deseo a ustedes. Nos resuena todavía en los oídos la observación de un padre familia de 11 hijos: “Desde que por razón de nuestra edad ya no hay una cuna en nuestro dormitorio matrimonial parece como que falta algo importante”.
 
Quitar el aspecto procreativo del unitivo en el acto matrimonial no puede dejar de destruir la dimensión trascendente y el disfrute de la unión porque sólo estará lo físico (disminuido) y lo psicofísico. La mente y el espíritu estarán dañados y no podrán tener unión porque se cierran a la presencia de Dios. La presencia amorosa de Dios la podrán experimentar solamente aquellas parejas que han sabido donarse el uno al otro sin condiciones y en todas las dimensiones de su persona o, después de arrepentirse de su pecado, vuelven a la donación sin condiciones ni tapujos.

Cultura de la muerte o de la vida
Vemos que nuestra respuesta a su pregunta se ha convertido en una denuncia de la unidimensionalidad de muchos matrimonios de nuestros días porque han perdido el norte o porque simplemente nunca se han enterado de lo que es un matrimonio cristiano. Algunos hasta recurren al asesinato de los inocentes en el seno de la mujer. Además de una insensibilidad monstruosa esas parejas no serán capaces ni de vislumbrar de lejos lo que significa unirse en el Señor. Pero hay también para ellas una nueva oportunidad: Arrepentirse y volver a Dios y a su Iglesia que les absolverá también de la excomunión que automáticamente incurren los que cometen aborto.

Dios ha dotado a la pareja de tantas riquezas para que se los donen el uno al otro. Ustedes se darán cuenta que el matrimonio cristiano disfruta mucho más que los paganos. Es que muchos de aquellos se quedan sólo a nivel físico, algunos alcanzan la unión de lo emocional, muy pocos la unión a nivel de mente. Y la inmensa mayoría ni siquiera es consciente que existe algo tan maravilloso como la unión a nivel espiritual. Por eso, recuerden siempre que Dios está ahí cuando se unen ustedes. Abrirse a esta realidad es el estimulante más potente para celebrar la unión porque hace dejar atrás todo egoísmo y sus veleidades, porque se mueve en la dimensión del Cordero y de la novia del Cordero (vea Apc 21, 2).

¿Pueden imaginarse que el aspirar a celebrar y a percibir esta realidad en la celebración de la unión matrimonial los puede acercar a experiencias extraordinarias que no son nada más ni nada menos el resultado de la presencia y del amor de Dios en su donación mutua? Los ojos de la fe verán los cielos abiertos. Es como cuando se celebra una liturgia: El Señor se hace presente. Y cuando se hace presente viene con sus dones de amor, de santidad y de misericordia. Las experiencias de la santidad de Dios que se manifiesta en la donación del hombre y de la mujer son indescriptiblemente sublimes y transformadoras al mismo tiempo.

Somos conscientes que lo que hemos explicado puede resultarles un poco arduo de entender y aun más difícil de aplicar. Con todo, pensamos que no hay por qué tener temor al respecto. Es que no se trata de unas verdades teóricas para entenderlas con la inteligencia, sino se trata de un designio divino que ustedes han de verificar en su propia vida. Ustedes entenderán perfectamente cuando lo experimenten. Nuevamente, esto necesitan ustedes aprender a descubrir juntos y poco a poco.

Además, Roma no se ha construido en un día y la otra persona es un misterio a descubrir diariamente en todas las dimensiones que Dios ha prodigado. Tienen ustedes toda la vida por delante para avanzar en el descubrimiento de las maravillas que Dios les ha dado. Confíen en su amor. Tampoco tengan miedo si sienten que el poder de la sexualidad parece sumergir todo lo demás en el olvido. Cuando preparan y "celebran" la unión, cuando cuidan la estética también espiritual, cuando están unidos al Señor en la gracia y en la oración, cuando conversan siempre de nuevo sobre las fiestas que Dios les permite celebrar, el Señor les inspirará y les ayudará a percibirlo presente. Les aseguramos, cuando se da esa experiencia entonces todo lo demás encaja en el plan de Dios y todo entra en armonía porque la fiesta es según Dios. Y cuando la fiesta es según Dios entonces depara gozos y alegrías que sólo Dios puede dar.

Que Dios los bendiga
Se lo desean y por ello rezan
Los MSC del Perú

PS. Añadimos unas palabras que escribió Tertuliano a su esposa hace 1800 años y que valen también para hoy:

Felicidad del matrimonio cristiano (A la mujer, 9)
¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la Iglesia, reforzado por la oblación eucarística, sellado por la bendición, anunciado por los ángeles y ratificado por el Padre? Porque, en efecto, tampoco en la tierra los hijos se casan recta y justamente sin el consentimiento del padre. ¡Qué yugo el que une a dos fieles en una sola esperanza, en la misma observancia, en idéntica servidumbre! Son como hermanos y colaboradores, no hay distinción entre carne y espíritu. Más aún, son verdaderamente dos en una sola carne, y donde la carne es única, único es el espíritu. Juntos rezan, juntos se arrodillan, juntos practican el ayuno. Uno enseña al otro, uno honra al otro, uno sostiene al otro.

Unidos en la Iglesia de Dios, se encuentran también unidos en el banquete divino, unidos en las angustias, en las persecuciones, en los gozos. Ninguno tiene secretos con el otro, ninguno esquiva al otro, ninguno es gravoso para el otro. Libremente hacen visitas a los necesitados y sostienen a los indigentes. Las limosnas que reparten, no les son reprochadas por el otro; los sacrificios que cumplen no se les echan en cara, ni se les ponen dificultades para servir a Dios cada día con diligencia. No hacen furtivamente la señal de la cruz, ni las acciones de gracias son temerosas ni las bendiciones han de permanecer mudas. El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz.


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