Disfruten de  la Palabra Divina de los Domingos

tomados de la mano de los Padres de la Iglesia, de los Santos y Sabios de todos los tiempos y del Catecismo de la Iglesia Católica

(Nota Bene: Los números consignados entre paréntesis ( ) hacen referencia a los números del Catecismo).También puede saltar a:

 


 

NATIVIDAD DEL SEÑOR B

(Misa del día)

 

Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”

 

* Is 52,7-10: “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios”

 

* Sal 97,1.2-3ab.3cd-4.5-6: “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”

 

* Hb 1,1-6: “Dios nos ha hablado por el Hijo”

 

* Jn 1,1-18: “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

 

La vieja fórmula de la proclamación de un rey en Sión, “Tu Dios es Rey”, es la que aplica Isaías a su anuncio. El pueblo, a punto de volver del exilio, escucha complacido a los anunciadores de la paz y del reino nuevo. Eran los centinelas de Jerusalén que veían el regreso de los deportados. El hoy del “Dios es Rey” representa la presencia de Dios entre nosotros, el mejor augurio de un Reino nuevo.

La solemnidad del comienzo del texto a los Hebreos es comparable a la del prólogo de Juan que se lee en el Evangelio. No se dicen sencillamente cosas: se proclaman, se pregonan. En ambos casos hay una mirada hacia atrás. Para que el lector descubra lo relativo del tiempo anterior y el carácter definitivo del instante en el que el Verbo se hace carne.

La Encarnación definitiva del Hijo de Dios ha tenido para Juan etapas previas. El acontecimiento cósmico de la Creación (“sin ella ;obla Palabra;cb no se hizo nada de lo que se ha hecho”); los sucesos de la historia de Salvación (“surgió un hombre... no era él la luz sino testigo de la luz”), todo apunta a  la “etapa final”, la del Verbo hecho carne como culminación de la (toda la) historia.

 

Si el hombre se diera cuenta de lo que pasa cada Navidad, al actualizar este misterio, tal vez sería capaz de mirar con ojos nuevos de cercanía y solidaridad a quien Dios ama.

 

_ “Volviendo a tomar la frase de san Juan (``El Verbo se encarnó'': Jn 1,14) la Iglesia llama ``Encarnación'' al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación. En un himno citado por san Pablo la Iglesia canta el misterio de la Encarnación: ``Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual siendo de condición divina, no retuvo ávidamente ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte  y muerte de cruz'' (Flp 2,5-8)” (461).

_ “La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: ``Podéis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios'' (1Jn 4,2). Ésa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta ``el gran misterio de la piedad'': ``El ha sido manifestado en la carne'' (1Tm 3,16)” (463).

 

_ “(Jesús) lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre ofreciéndose a sí mismo. Él, el Verbo que ``ha asumido la carne'', comparte en su oración humana todo lo que viven ``sus hermanos'' (Hb 2,1-12), comparte sus debilidades para librarnos de ellas. Para eso le ha enviado el Padre. Sus palabras y sus obras aparecen entonces como la manifestación visible de su oración ``en lo secreto''” (2602).

 

_ “!Oh Hijo único y Verbo de Dios!, siendo inmortal te has dignado por nuestra salvación encarnarte en la Santa Madre de Dios, y siempre Virgen María; sin mutación te has hecho hombre, y has sido crucificado. !Oh Cristo Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte, que eres Uno de la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, sálvanos!” (Liturgia bizantina, Tropario “O monoghenis”) (469).

 

 

Ha venido el que “ilumina a todo hombre que viene a este mundo” y nos ha hecho luz; el Hijo ha puesto su casa entre nosotros y nos ha hecho hijos.

 

 

 

 

vea: clerus.org

 

 

 

(volver arriba)