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Domingo II de Navidad A-B-C: Preparemos en Familia, como Iglesia doméstica, la Acogida de la Palabra de Dios durante la Celebración Dominical Parroquial

 

 

 

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

1. Introducción a la Palabra

1. 1 Primera lectura: Ecli 24, 1-4. 12-16

¿Ha visto alguna vez esos aparatos para abrevar a los pollos? Tienen una especie de botella cabeza abajo que deja pasar el agua desde su interior para que haya lo suficiente agua en el recipiente. Cumple su función y al mismo tiempo no desperdicia nada porque deja pasar el agua necesaria y nada más. Nuestros días contienen lo suficiente para mantenerlos con una visión global de la vida. ¿Contienen qué? Los antiguos llamaron eso sabiduría, los cristianos lo llaman Espíritu Santo. Un antiguo filósofo solía utilizar la imagen de la luz. Dijo que cada cosa está como iluminada desde adentro para que el hombre pueda descubrir su finalidad en el concierto de la creación. San Pablo expresa lo mismo de una manera distinta cuando dice que hasta los paganos hubieran podido conocer a Dios a través de la creación. No estoy hablando de pruebas de la existencia de Dios. Estoy hablando al de la manera muy especial de mirar las cosas, manera que debe ser la del cristiano. Es como si tuviera los ojos de rayos X de ciertos personajes del circo o de la televisión. Puede ver las cosas desde adentro porque la fe le hace ver la meta, la utilidad que le ha otorgado el amor de Dios en relación con uno mismo. Para expresar lo de una manera menos complicada: Dios se esconde detrás de las cosas, personas, situaciones para que le encontremos siempre de nuevo. Esta lectura describe la dinámica esa cuando nos habla de la sabiduría. Pregunta: ¿Toma usted cada día tiempo para pensar, para descubrir a Dios? ¿También en los momentos difíciles? Eso es imposible sin la oración y la meditación.

1. 2 Segunda lectura: Ef 1, 3-6. 15-18

¿Desea conocer su futuro? Contemple esta lectura. Esto es lo que Dios ha pensado para usted. Él es poderoso y lo puede llevar a cabo, no lo dude. Existe sólo una fuerza que puede desbaratar todo el plan de Dios pensado desde toda la eternidad: su propia voluntad que usted. Si usted no quiere, Dios tiene que dejarlo ir a usted a donde quiera. Él lo ha creado libre y respeta su voluntad. ¿Sin embargo, puede creer en serio que su proyecto de vida pensado por usted, le va a salir mejor porque es suyo? Infierno es eso: ir por su propio camino fuera del amor de Dios. Después de esta lectura debería darle las gracias a Dios por todo lo que le ha preparado. Pídale también que a todos nosotros nos quite ese maldito orgullo que tantas veces nos hace pensar que por decidirlo nosotros solos seremos como Dios.

1. 3 Evangelio: Jn 1, 1-18 (abreviado: 1, 1-5.9-14)

Cuando jugábamos a los naipes, siempre tratábamos de atisbar las cartas de los demás. Sabiendo cuáles eran las cartas del otro uno podría prever sus jugadas y reaccionar de manera adecuada. La consecuencia: manteníamos siempre los naipes tan cerca del cuerpo que casi no podríamos ver nuestras propias cartas. Dios es distinto. El pone sus cartas sobre la mesa para que cada uno pueda ver con toda tranquilidad las cartas que va a servir y hasta nos anuncia lo que piensa hacer. Los marxistas y los de cualquier ideología están seguros como va a ser el futuro porque creen conocer las leyes, la dialéctica de nuestro universo y de nuestra sociedad. Y muchas veces se dejan guiar por lo que dicen los periódicos y la televisión que piensa y desea la mayoría. Los cristianos, en cambio, ¿temblamos, dudamos y buscamos nuestro seguro de vida porque uno nunca sabe? Leamos con calma este prólogo del Evangelio de San Juan. Éste es el juego de Dios y todas sus jugadas sirven para hacernos ganar. Este es nuestro seguro de de vida, de “vida eterna”.

 

2. Reflexionemos

2. 1 Los padres

¿Qué es la verdad? ¿Lo que dice el uno al otro? ¿Lo que enseñan los científicos? ¿El producto de las máquinas de una fábrica de renombre? ¿Qué es la verdad?

Verdad es lo que nos hace más persona. Verdad es lo que nos hace libres. Verdad es el amor de Dios. Verdad es Dios, la absoluta fidelidad a sí mismo, la fidelidad inquebrantable en sus designios, la misericordia inagotable frente a nuestro pecado. ¿Qué significa esto para nosotros? Me parece en primer lugar que podemos gozar de una libertad de las circunstancias y de lo que nos condiciona y nos obliga a ser esclavos del yo, del capricho, del vicio. Si es verdad que Dios es nuestro Padre, entonces no necesito preocuparme realmente. Nada más me toca cumplir con lo mío. Si es que Dios ha enviado a su Hijo, entonces no necesito tener miedo de mis debilidades porque él me rescata. Si es verdad que el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones, entonces hasta los sufrimientos tienen sentido y valor. Verdad es Dios que me ama. Verdad es el plan perfecto que se realiza en mi vida porque Dios quiere lo mejor para mí. Verdad es que junto con los míos estoy destinado a realizar y a vivir la felicidad perfecta que ya ha comenzado aunque de manera imperfecta todavía. Cuando vivimos esta verdad, nos decimos que nos amamos. Cuando esta verdad que rige en nuestra vida entonces comienzo a compartir lo mío con los que no tienen. La verdad tiene un rostro: el rostro de Cristo.

2. 2 Con los hijos

El nieto del rabí Baruc, el niño Ezequiel, estaba jugando con su amigo. Decidieron jugar al escondite. Ezequiel se escondió muy bien. Habiendo esperado un tiempo muy largo, salió de su escondite para encontrarse con su compañero. Se dio cuenta que el otro ni siquiera se había molestado mucho tiempo en buscar lo sino que se había ido. Llorando se fue donde su abuelo Baruc y le dijo quejándose: “Me he escondido muy bien pero mi amigo no me ha buscado”. El rabí Baruc comenzó a llorar también y dijo: “Esto es lo que dice Dios también a nosotros: me escondo pero nadie me busca”. ¿Acaso hay cosas o circunstancias cuando Dios no está?… Dios está presente hasta cuando las personas obran maldad. Es cierto, la amistad está rota pero el malhechor no puede llegar a un sitio donde no esté Dios, corra lo que quiera. Dios se esconde detrás de las cosas y de las personas para que nosotros lo busquemos. Es relativamente fácil encontrarlo en la persona de un pobre. Es también fácil encontrarlo cuando tenemos que decidir entre el bien y el mal. Es más difícil encontrarlo en las personas de la propia familia porque vivimos con ellas a diario y parece que Dios se esconde demasiado bien. Por eso se aconseja hacer en la noche un examen de conciencia aunque sea breve. No solamente se trata de recordar las faltas cometidas y pedir perdón. Se trata también de recordar los acontecimientos del día y descubrir que quiso Dios con ellos. Nos entrenamos así a ver a Dios, buscarlo con los ojos de la fe y encontrarlo. ¿En qué circunstancias, por ejemplo, creen ustedes que sea difícil encontrarle a Dios?

 

3. Conexión eucarística

En la eucaristía tenemos una garantía palpable que la verdad de Dios no es una realidad abstracta, imaginaria, intelectual. Cuando celebramos en comunidad la Santa Misa podemos experimentar cada vez que la verdad de Dios. Es el Hijo unigénito que nos une con el Padre y los hermanos y que continúa siempre obrando nuestra salvación.

 

4. Vivencia familiar

De niño me gustaba mucho la montaña rusa. Pero me daba miedo y me mareaba. Comencé a gozar de verdad cuando me revelaron un truco: “Debes mirar fijamente un punto y ya no te marearás”. ¡Es verdad! La vida familiar trae tanto ajetreo de manera que fácilmente uno puede marearse y perder el sentido de dirección. Ya no se piensa lo que es arriba y lo que es abajo. Por eso en la familia debe haber momentos cuando todos los miembros se entrenan para tener la mirada fija en un punto, en el Señor. Por lo menos una vez a la semana la familia debería reunirse para orar, leer la Biblia y meditarla. Entonces sabremos lo que es derecho lo que viene de arriba y lo que viene de abajo.

5. Nos habla la Iglesia

El mensaje de Jesús tiene su centro en la proclamación del Reino que en El mismo se hace presente y viene. Este Reino, sin ser una realidad desligable de la Iglesia (LG 8) trasciende sus límites visibles. Porque se da en cierto modo dondequiera Dios esté reinando mediante su gracia y amor, venciendo el pecado y ayudando a los hombres a crecer a ser la gran comunión que los espera en Cristo. Tal acción de Dios se da también en el corazón de los hombres que viven fuera del ambiente perceptible de la Iglesia. Lo cual no significa en modo alguno, que la pertenencia a la Iglesia sea indiferente.

De ahí que la Iglesia haya recibido la misión de anunciar e instaurar el Reino en todos los pueblos. Ella es su signo. En ella se manifiesta como de modo visible lo que Dios está llevando a cabo, silenciosamente en el mundo entero. Es el lugar donde se encuentra al máximo la acción del Padre, que en la fuerza del Espíritu de Amor, busca solicito a los hombres, para compartir con ellos - en gesto de indecible ternura - su propia vida trinitaria. La Iglesia es también el instrumento que introduce el Reino entre los hombres para impulsarlos hacia su meta definitiva (Puebla 226-7).

 

6. Leamos la Biblia con la Iglesia

Vea solemnidad de María madre de Dios

 

7. Oraciones

Mi mejor invento es mi madre.

Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre. Me faltaba una madre y me la hice. Hice yo a mi madre antes de que ella me hiciese. Así era más seguro. Ahora sí soy hombre como todos los hombres. Ya no tengo nada que envidiarles, porque tengo una madre, una madre de veras. Sí, eso me faltaba. Mi madre se llama María, dice Dios. Su alma es absolutamente pura y llena de gracia. Su cuerpo es virginal y habitado de una luz tan espléndida, que cuando yo estaba en el mundo no me cansaba nunca de mirarla, de escucharla, de admirarla.

¡Qué bonita es mi madre! Tanto, que dejando las maravillas del cielo nunca me sentí desterrado junto a ella. Y fíjense si sabré lo que es eso de ser llevado por los ángeles… Pues bien: eso no es nada junto a los brazos de una madre, créanme.

Mi madre ha muerto, dice Dios. Cuando me fui al cielo yo la echaba de menos. Y ella a mí. Ahora me la he traído a casa, con su alma, con su cuerpo, bien entera. Yo no podía portarme de otro modo. Debía hacerlo así, era lo lógico. ¿Cómo iban a secarse los dedos que habían tocado a Dios? ¿Cómo iban a cerrarse los ojos que lo vieron? ¿Y los labios que lo besaron?

No, aquel cuerpo purísimo, que dio a Dios un cuerpo, no podía pudrirse entre la tierra. Habría sido horrible para mí. ¿Acaso no soy yo el que manda? Además, dice Dios, también lo hice por mis hermanos los hombres para que tengan una madre en el cielo, una madre de veras, como las suyas, con cuerpo y alma. La mía.

Bien. Hecho esta. La tengo aquí, conmigo desde el día de su muerte. Su asunción, como dicen los hombres. La madre ha vuelto a encontrar a su Hijo, y el Hijo a la madre, en cuerpo y alma, el uno junto al otro, eternamente.

Ah, si los hombres adivinasen la belleza de este misterio… Ellos lo han reconocido al fin oficialmente. Mi representante en la tierra, el Papa, lo ha pronunciado solemnemente. Da gusto, dice Dios, ver que se aprecian los dones que uno hace. Aunque la verdad es que el buen pueblo cristiano ya había presentido este misterio de amor de hijo y de hermano…

Y ahora: que aprovechen, dice Dios. En el cielo tienen una madre que les sigue con sus ojos, con sus ojos de carne. En el cielo tienen una madre que los ama con todo su corazón, con su corazón de carne. Y esa madre es mía, y me mira a mí con los mismos ojos que a ellos, me ama con el mismo corazón. Ah, si los hombres fueran pícaros… Bien aprovecharían. ¿Cómo no se darán cuenta de que yo a ella no puedo negarle nada? ¡Qué quieren! ¡Es mi madre! Yo la quise así. Y bien… No me arrepiento. Uno junto al otro, cuerpo y alma, eternamente Madre e Hijo… (Oraciones a rezar por la calle, Quoist).

 




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