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Fiesta de la Sagrada Familia Jesús, María y José - Comentarios de Sabios y Santos II : Preparemos con ellos la Acogida de la Palabra Dios durante la celebración eucarística parroquial de la Fiesta

Páginas relacionadas con la Fiesta

 

A su disposicion

Comentario Teológico: P. José A. Marcone, I.V.E.  - Jesús perdido y hallado en el Templo (Lc.2,41-50)

Aplicacion: P. José A. Marcone, I.V.E. - La Alianza matrimonial y las Amenazas del Mundo moderno

Aplicacion: Benedicto XVI - Fiesta de la Sagrada Familia

Aplicación: P. Gustavo Pascual, I.V.E. - El niño asombroso

Directorio Homilético: Sagrada Familia

 

¿Cómo acoger la Palabra de Dios?
La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

Comentarios a Las Lecturas de la Fiesta



Comentario Teológico: P. José A. Marcone, I.V.E. - Jesús perdido y hallado en el Templo (Lc.2,41-50)

En marzo o abril del año 761 de la fundación de Roma, es decir, cuando tenía doce años, Jesús permanece en el Templo de Jerusalén después de una fiesta de Pascua, mientras sus padres se vuelven a Nazaret, sin saber que su hijo no iba en la caravana. Este episodio de Jesús a los doce años es de un valor incalculable para empezar a conocerlo tal como Jesús es, dado que es la primera acción que se narra de Jesús en uso de razón. Y no sólo su primera acción, sino también las primeras palabras de Jesús que narra el evangelio.

Lo primero de lo que nos habla este episodio es de la forma en que Jesús vivía la religión de Israel. La vivía intensamente. Durante todos los años de su infancia fue conducido por sus padres a Jerusalén para festejar la Pascua. Parte importante de la piedad judía era la peregrinación al Templo, como lo mandaba la ley: “Tres veces al año me celebrarás fiesta. Guardarás la fiesta de los Ázimos (Pascua). (…). También guardarás la fiesta de la Siega, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo; y la fiesta de la Recolección al término del año, al recoger del campo los frutos de tu trabajo. Tres veces al año se presentarán tus varones delante de Yahveh, el Señor” (Ex.23,14-17). La sagrada familia hacía más de lo que exigía la ley. En efecto, también María hacía la peregrinación, aunque ésta no obligaba a las mujeres. Según la prescripción de los doctores de la ley, el muchacho que había cumplido los doce o trece años estaba obligado a cumplir con todos los preceptos de la ley.

El hecho sucedió así: la fiesta de la Pascua, también llamada de los Ázimos, duraba siete días. La vuelta sólo se podía emprender pasado el segundo día de la fiesta. La Sagrada Familia se quedó allí la semana entera, lo cual es claro porque el evangelio dice que retornaron a Nazaret ‘consumados los días de la fiesta’ (en griego teleiosánton tàs heméras, v.43). Al final de la fiesta las familias emprendieron la vuelta. Se viajaba en una caravana. La columna de caminantes no era compacta: iba dividida en grupos de parientes y conocidos. Esta manera de peregrinar juntos aumentaba la seguridad y daba a la vez cierta libertad de movimientos. El niño Jesús se desprendió de la guía y solicitud materna con que María lo rodeaba durante la infancia. Se quedó en Jerusalén. Cuando había terminado la primera jornada de viaje, las familias se reunieron, y entonces echaron de menos a Jesús. Y allí comenzó la búsqueda.

El evangelio dice: “Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles” (Lc.2,46). Esto se entiende porque los pórticos del atrio exterior del templo eran utilizados por los doctores de la ley para dar lecciones. El método didáctico de los rabinos era la discusión. Había un dicho judío que decía que se llega al conocimiento de la ley por medio de la enseñanza de los maestros y la discusión entre los discípulos. El método era el siguiente: el discípulo preguntaba y el maestro respondía; el discípulo escuchaba la respuesta y debía añadir algo que comente la respuesta del maestro. Por eso es que en Lc.2,46 se dice que estaba “sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles”, y en 2,47 se dicen que todos “estaban asombrados (…) de sus respuestas”. Jesús preguntaba y también respondía.

Luego viene el encuentro con su Madre y la pregunta de ésta, donde destaca la angustia con que lo buscaban: “Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando»” (Lc.2,48). La respuesta de Jesús son las primeras palabras suyas reportadas en los evangelios: “Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»” (Lc.2,49). María y José no comprendieron estas palabras.

Hay en este hecho de la vida de Cristo un misterio muy hondo, que puede ser expuesto de la siguiente manera, con el estilo tan particular del P. Castellani: “El misterio se puede formular así, hablando simple y rápido: “¿Por qué diablos el Niño Jesús no pidió permiso a sus padres, o les avisó a menos, que se quedaba en el Templo de Jerusalén?”. ¡Bonito ejemplo de obediencia para los muchachos, darles un disgusto bárbaro a sus padres sin la menor necesidad!
“(…)
“¿Es creíble que la Virgen hubiera negado el permiso de quedarse a su Hijo, si éste le hubiese dicho antes y no después, que era servicio de su Padre? No es posible. (…) ¿No debía haberle avisado por lo menos que se quedaba, por piedad filial; o aunque sea por caridad humana?
“(…) Los insensatos han deducido de estos pasajes varias consecuencias insensatas”.

Trataremos de deducir de estos pasajes algunas consecuencias… sensatas, con la ayuda del Espíritu Santo y a pesar de nuestra insensatez.

Creemos que debemos interpretar todo el misterio a partir de aquello que es el principio de interpretación de todo, es decir, las palabras, en este caso, las palabras de Cristo. Y lo primero que surge de las palabras de Cristo es una contraposición entre el ‘tu padre’ de la Virgen y el ‘mi Padre’ de Jesús: “Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos”, dice María; “debo ocuparme de las cosas de mi Padre”, responde Jesús. Jesucristo establece una diferenciación clara entre su padre humano putativo, y el Padre del cual Él es engendrado desde toda la eternidad. Por lo tanto, lo central en este misterio es que Jesucristo revela a sus padres, y por intermedio del evangelio a todos nosotros, que Él es Dios como el Padre, que Él es el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad hecha hombre, el Verbo Encarnado. Por eso dice Juan Pablo II: “Con esa expresión, Jesús revela a María y a José, de modo inesperado e imprevisto, el misterio de su Persona, invitándolos a superar las apariencias y abriéndoles perspectivas nuevas sobre su futuro”.

Por esto, la palabra clave para interpretar este hecho de la vida de Cristo es la palabra ‘Padre’. La primera frase de Jesús reportada por los evangelios está dedicada enteramente al Padre. Y de esa manera Jesús, de doce años, manifiesta su identidad: Él es el Hijo de Dios, con mayúsculas. Por lo tanto, la finalidad de este misterio de la vida de Jesús es mostrar su divinidad. Y junto con su divinidad, por supuesto, su mesianidad, es decir, el rey-sacerdote esperado por Israel. Además, cuando Jesús le respondió a su Madre lo debe haber hecho en su lengua materna, es decir, en arameo, y habrá empleado para decir ‘Padre’ aquella palabra aramea (y hebrea) tan llena de cariño y confianza: ‘Abba’. Esa palabra debe haber tenido en los labios de aquel Jesús de doce años resonancias celestiales: ‘Abba’, ‘Papá’, ‘Papito’.

Se nos presenta aquí una faceta hermosa de Cristo a los doce años: la conciencia plena que tenía de su identidad y de su misión. Hay una corriente muy fuerte dentro de la teología incluso católica que dice que Jesús no tuvo conciencia de su divinidad sino hasta después de su resurrección. Sin entrar en discusiones inútiles digamos simplemente como dijo otro teólogo católico: “Si Cristo no sabía que era Dios, entonces… no era Dios”.

Pero Jesús dice algo más en relación con su Padre; dice que debe ocuparse ‘de las cosas’ de su Padre. ¿Cuáles son esas cosas de su Padre? ¿A qué se refiere? Jesucristo se quedó en el templo preguntando, escuchando y respondiendo a los maestros de la Ley. Por lo tanto, al decir ‘las cosas de mi Padre’ Jesús se refiere en primer lugar a la Sagrada Escritura, el lugar donde está la verdad sobre su Padre y donde está expresada la voluntad del Padre respecto al hombre. Las ‘cosas de mi Padre’ son, fundamentalmente, la verdad sobre el Padre y la voluntad del Padre, expresadas en las Sagradas Escrituras.

Pero al mismo tiempo, ‘las cosas de mi Padre’ son la ocupación concreta de estar con los maestros aprendiendo a través del diálogo. Es decir, el hecho particular y concreto de quedarse tres días en el Templo para compartir conocimientos con los maestros de la Ley. Y eso no lo pudo haber hecho sin el consentimiento y la calificación moral positiva por parte de los maestros de la Ley. Incluso más, no lo pudo haber hecho sin una orden explícita por parte de los maestros y sacerdotes que enseñaban en el Templo. Y por eso se quedó en Jerusalén sin avisar a sus padres, porque la orden fue perentoria y no tuvo ni el tiempo ni la oportunidad de avisar a sus padres. Y así empalmamos con la opinión del P. Castellani: “¿Por qué Cristo no avisó a su Madre que se quedaba en el templo y le dio un “gran dolor”, como ella atestigua, poniendo modestamente por delante a San José: “Tu padre y yo te buscamos [tres días] con gran dolor”?
“Simplemente porque no pudo. Los sacerdotes le dieron la orden de quedarse y él se quedó, obedeció a la letra y a ciegas a la autoridad religiosa, que desde aquel día para él estaba por encima de todo”.

Jesucristo vio con claridad que era voluntad del Padre quedarse allí con los maestros para vacar en las cosas de Dios, su Padre, y conoció que esa voluntad del Padre no admitía dilaciones, previa orden de los maestros y sacerdotes. Y por lo tanto concluimos con el P. Castellani: “Por tanto, Cristo lejos de dar un ejemplo de inobediencia dio un ejemplo de obediencia; pero de obediencia religiosa o perfecta, como la de Abraham. Existe un “misterio de las virtudes perfectas” (San Alfonso Rodríguez) que no alcanza la moral común. Según la moral común, Abraham, el padre de los creyentes, fue un criminal”. “Jesús, al aludir a su ascendencia divina, (…) lo que quiere dejar claro es que él debe ocuparse de todo lo que atañe al Padre y a su designio. Desea reafirmar que sólo la voluntad del Padre es para él norma que vincula su obediencia. (…) Afirma que asume como norma de su comportamiento sólo su pertenencia al Padre, y no los vínculos familiares terrenos”.

Pero hay más. La voluntad del Padre no se goza en el sufrimiento de María y José. La voluntad del Padre fue que Jesús se quedara en el Templo por un designio bien determinado, un designio de amor. Jesucristo no sólo cumple la voluntad del Padre sino que también prepara a la Madre (como la llama San Lucas) para los dolores de la Pasión. En efecto, la Fiesta de la Pascua y la mención de los tres días perdido, remiten con claridad a la muerte de Cristo en la última Pascua y su resurrección al tercer día.

También es un claro referimiento a la pasión la necesidad con que Jesús presenta su obediencia al Padre: “¿No sabíais que era necesario que yo me ocupara de las cosas de mi Padre?”. Esa necesidad significa que hay una voluntad superior y un designio especial del Padre que no puede dejar de cumplirse. Con esa misma necesidad se va a presentar la pasión y muerte de Jesús: “Es necesario que el hijo del Hombre padezca mucho y sea reprobado por esta generación” (Lc.17,25).

Por eso dice Juan Pablo II: “A través de este episodio, Jesús prepara a su madre para el misterio de la Redención. María, al igual que José, vive en esos tres dramáticos días, en que su Hijo se separa de ellos para permanecer en el templo, la anticipación del triduo de su pasión, muerte y resurrección.
“Al dejar partir a su madre y a José hacia Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los introduce en el misterio del sufrimiento que lleva a la alegría, anticipando lo que realizaría más tarde con los discípulos mediante el anuncio de su Pascua”. Por lo tanto, hay también en este misterio una mención a su muerte y resurrección.

Respecto a esto dice también muy hermosamente Juan Pablo II: “También es significativa la pregunta, dirigida por Jesús a sus padres que, después de haberlo buscado durante tres días, lo habían encontrado en el templo en medio de aquellos doctores. María se había quejado afectuosamente, diciéndole: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. Jesús respondió con otra pregunta serena: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc 2, 48-49). En aquel “no sabíais” se puede tal vez entrever una referencia a lo que Simeón había predicho a María durante la presentación del niño Jesús en el templo, y que era la explicación de aquel anticipo de la futura separación, de aquel primer golpe de espada para el corazón de la madre. Se puede decir que las palabras del santo anciano Simeón, inspiradas por el Espíritu Santo, resonaban en aquel momento sobre el grupo reunido en el templo, donde habían sido pronunciadas doce años antes”.

Con lo dicho hasta ahora tenemos ya explicado el aspecto central de este misterio: Jesús se revela como Hijo de Dios, manifestando que “sólo la voluntad del Padre es para él norma que vincula su obediencia”, y revela que su misión de Verbo Encarnado y Mesías es la de salvar el mundo a través de su sufrimiento y el de su Madre.

Jesús, adolescente consagrado a Dios. Hay un aspecto más que interesa mucho para conocer a Jesús adolescente. Dice Juan Pablo II: “En esa ocasión Jesús revela, con su fuerte personalidad, la conciencia de su misión, confiriendo a este segundo «ingreso » en la «casa del Padre» el significado de una entrega completa a Dios, que ya había caracterizado su presentación en el templo”. Esto quiere decir que Jesús se quedó en el Templo para manifestar su consagración absoluta a Dios. Y por esta razón este misterio está en relación con la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada de aquellos que todavía son adolescentes. En efecto, San Ignacio de Loyola lo pone como un ejemplo de Cristo de “perfección evangélica”: (…) el ejemplo que Cristo nuestro Señor nos ha dado (…) que es de perfección evangélica, cuando se quedó en el templo, dejando a su padre adoptivo y a su madre natural, por vacar en puro servicio de su Padre eternal”.

Juan Pablo II hace la misma aplicación: “Jesús a los doce años ya da a conocer que ha venido a cumplir la divina Voluntad. María y José le habían buscado con angustia, y en aquel momento no comprendieron la respuesta que Jesús les dio (...). ¡Qué dolor tan profundo en el corazón de los padres! ¡Cuántas madres conocen dolores semejantes! A veces porque no se entiende que un hijo joven siga la llamada de Dios (...); una llamada que los mismos padres, con su generosidad y espíritu de sacrificio, seguramente contribuyeron a suscitar. Ese dolor, ofrecido a Dios por medio de María, será después fuente de un gozo incomparable para los padres y para los hijos”..

Jesús maestro. También hay que notar que “Jesús asume el papel de maestro, como hará más tarde en la vida pública, pronunciando palabras que despiertan admiración: «Todos los que lo oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc.2,47). Manifestando una sabiduría que asombra a los oyentes, comienza a practicar el arte del diálogo, que será una característica de su misión salvífica”.

Respecto a este misterio dice el Directorio de Espiritualidad de la Familia del Verbo Encarnado: “De la pérdida y el hallazgo de Jesús queremos aprender a ser firmes y fieles al llamado, a la vocación, por sobre cualquier otro reclamo de esta tierra: ... es preciso que me ocupe de las cosas de mi Padre (Lc 2,49). A cumplir la voluntad de Dios cada vez mejor, es decir, de una manera: -más universal en su objeto, cumpliéndola en todas las formas en que pueda manifestarse, sea cuando Dios manda -mandamientos, preceptos, leyes, etc.-, sea cuando aconseja -inspiraciones, vocación, consejos evangélicos, etc.-, sea cuando se manifiesta por los acontecimientos -voluntad significada-; -más exacta en su ejecución, no contentándonos tan sólo con lo sustancial sino también con los pormenores (Dios tiene finezas de amor y hay que responder a esas finezas); -más sobrenatural en sus motivos, siendo más pura nuestra intención haciendo las cosas sólo porque Dios lo quiere; -más perfecta en las disposiciones con que la cumplimos, no haciendo la voluntad de Dios ni por temor mundano ni por interés egoísta o temporal, sino por puro amor, demostrándole de esta manera que lo amamos y que no queremos sino complacerle”.


Notas
Castellani, L., El Evangelio de Jesucristo, p. 123.124.
Dice Juan Pablo II: “En la respuesta a su madre angustiada, el Hijo revela enseguida el motivo de su comportamiento. María había dicho: «Tu padre», designando a José; Jesús responde: «Mi Padre», refiriéndose al Padre celestial” (B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 3).
B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 3.
Dice Juan Pablo II: “En la respuesta de Jesús había también una manifestación de su conciencia de ser “el Hijo de Dios” (cf. Lc 1, 35) y de deber, por ello, estar “en la casa de su Padre”, el templo, para “ocuparse de las cosas de su Padre” (según otra posible traducción de la expresión evangélica). Así, Jesús declaraba públicamente, quizá por primera vez, su vocación mesiánica y su identidad divina” (B. Juan Pablo II, El Espíritu Santo en la relación del joven Jesús con su madre, Audiencia general del día miércoles 4 de julio de 1990, nº 2)
“Jesús llama Padre a Dios, en su lengua materna Abba. Así llaman los niños pequeños a su padre carnal. También más tarde conservará Jesús esta designación de Dios. De esta expresión filial hace el fundamento de sus relaciones, y de las de los suyos, con Dios (Cf. Rom_8:15; Gal_4:6).” (Stöger)
Cf. De La Potterie, I., La preghiera di Gesù, Edizioni ADP, Roma, 1992, p.11.
Castellani, L., Idem, p. 124.
Castellani, L., Idem, p. 125.
B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 3.1
Dice Juan Pablo II: “El texto evangélico subraya esa referencia a la entrega total al proyecto de Dios mediante la expresión verbal «debía », que volverá a aparecer en el anuncio de la Pasión (cf. Mc 8, 31)” (B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 3). Y Stöger: “Sobre la vida de Jesús se cierne una necesidad que rige su actuación (Lc.4:43), que lo lleva al sufrimiento y a la muerte y por tanto a su gloria (Lc.9:22; Lc.17:25). Esta necesidad tiene su razón de ser en la voluntad de Dios consignada en la Sagrada Escritura, voluntad que él sigue incondicionalmente”. Se refiere al deî = es necesario con que Jesús responde a María.
B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 2.
B. Juan Pablo II, El Espíritu Santo en la relación del joven Jesús con su madre, Audiencia general del día miércoles 4 de julio de 1990, nº 2.
B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 1.
San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 135.
B. Juan Pablo II, en La Paz, Bolivia, 10.V.1988.
B. Juan Pablo II, Audiencia General día miércoles 15 de enero de 1997, nº 2.
Directorio de Espiritualidad, nº 88.


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Aplicacion: P. José A. Marcone, I.V.E. -  La Alianza matrimonial y las Amenazas del Mundo moderno

Introducción

Es notable el papel central que Dios ha dado al matrimonio en su plan de salvación. Podemos decir que toda la Sagrada Escritura, fuente de la verdad revelada, está como encerrada, incluida en la realidad del matrimonio. Efectivamente, la Sagrada Escritura se abre, en la primera página del Génesis (1,26-27), con la creación del hombre y la mujer llamados después a ser ‘una sola carne’; y se cierra con la visión de las ‘bodas del Cordero’ en el Apocalipsis (19,7.9), las bodas que toda la Iglesia celebrará con Cristo: “Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado” (19,7).

Aún más, la realidad del matrimonio y su ‘misterio’ atraviesa de un extremo a otro la Sagrada Escritura. A pesar del desorden y la enemistad que el pecado introduce entre el varón y la mujer unidos en matrimonio, el AT presenta el amor conyugal exclusivo y fiel como imagen de la Alianza de Dios con Israel (cf Os.1-3; Is.54.62; Jr.2-3; 31; Ez.16,62;23). Por eso en el libro del profeta Oseas los actos de idolatría del pueblo de Israel son comparados con la infidelidad matrimonial (Os.2,4ss). Y el Cantar de los Cantares expresa el punto culminante de la unión del alma con Dios usando la simbología del amor conyugal más fiel, más tierno y más fuerte, amor “fuerte como la muerte” que “las aguas torrenciales no pueden ahogar” (Ct 8,6-7).

Todo esto irá preparando la restauración y renovación que Cristo hará del matrimonio herido por el pecado. Él lo elevará a la categoría de algo sagrado, algo santo y no sólo santo, sino también santificante, que produce la gracia, que hace sagrados a los hombres, es decir, lo eleva a la categoría de sacramento. Por eso en el NT el matrimonio entre el varón y la mujer pasará a significar esa unión intimísima que se realizará entre el alma santificada por el Bautismo y Cristo. Son las ‘bodas del Cordero’ con su Esposa la Iglesia, de las que habla el Apocalipsis. Esta analogía entre el matrimonio cristiano y la unión de Cristo con su Iglesia está desarrollada en el cap. 5 de la Carta de San Pablo a los Efesios. En esta analogía se manifiesta la grandeza del matrimonio: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef.5,25-27). Y por eso San Pablo terminará diciendo: “Gran sacramento es éste” (Ef.5,32).

1. Fundamento bíblico del matrimonio y la familia

Desde el inicio de la creación se deja ver la grandeza con la que Dios ha dotado al matrimonio entre el varón y la mujer. Esto se nota en el modo en que Dios crea al ser humano. Si miramos cómo Dios crea todas las cosas nos daremos cuenta que al crear al resto de los seres (cosmos, plantas, animales) Dios dice: “¡Hágase!” “¡Fiat!”. “Hágase la luz...”, “Hágase el cielo...”, “Háganse las estrellas...” (1,3.6.14). Pero cuando va a crear al hombre usa una fórmula muy distinta; dice así: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Llama la atención ese “hagamos” en plural; y “a nuestra (otra vez plural) imagen y semejanza”. ¿Qué significa este “hagamos”? En primer lugar, ese “hagamos” es ya una cierta revelación de que Dios no es un Dios solitario, sino que siendo un único Dios, es también una comunidad de personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero además, dice Juan Pablo II, “antes de crear al hombre parece como si el Creador entrara dentro de sí mismo para buscar el modelo y la inspiración en el misterio de su Ser”.

¿Y cual es el ‘misterio’ del Ser de Dios, cuál es la realidad de su Ser? Nos responde San Juan en su primera carta: “Dios es Amor” (4,8.16). En la relación de las tres personas de Dios todo se explica por el amor: el Padre engendra al Hijo por Amor; el Padre y el Hijo se aman de tal manera, que engendran una tercera persona, que es el Espíritu Santo, que es la ‘persona-Amor’. Por lo tanto lo que indica la expresión “imagen y semejanza de Dios” es que el hombre fue creado por amor y para el amor. La vocación primigenia y más profunda del ser humano es ser ‘para el amor’.

El texto bíblico insiste mucho sobre la imagen y semejanza divina que con que Dios creó al hombre y hace notar que dentro de esa imagen y semejanza divina entra el hecho de que sean de sexos diferenciados, varón y mujer: “Y creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; lo creó varón y mujer”.

Por lo tanto el hecho de ser varón y mujer expresa el amor de Dios, el amor que es Dios, expresa a Dios-Amor. Aquí se expresa la primera realidad del matrimonio: se trata de comunión de personas, un varón y una mujer, llamados a amarse y entregarse mutuamente a semejanza de cómo se aman y se entregan entre sí las personas divinas dentro de la Trinidad.

Pero inmediatamente Dios les dice: “Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla” (1,28). La comunión se convierte en comunidad. Si Dios hizo el matrimonio para que sea una profunda comunión de amor entre un varón y una mujer, esa comunión no estaba pensada por Dios para que se cerrara en sí misma, sino para que se abriera a la creación de una comunidad, que a su vez engendrara nuevas comuniones. Esa comunidad que nace de la comunión del matrimonio es la familia, formada por los padres y los hijos: “Creó Dios al hombre a imagen suya, lo creó varón y mujer; multiplicaos”. “La ‘comunión’ de los cónyuges da origen a la ‘comunidad’ familiar”. Y da origen a nuevas comuniones porque genera las comuniones entre la madre y el hijo, el hijo y el padre, el hermano con el otro hermano.

Esta unión indisoluble del varón y la mujer quedan confirmadas por Dios cuando dice el capítulo 2 del Génesis: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne” (2,24) ). “En el evangelio, Cristo, polemizando con los fariseos, cita esas mismas palabras y añade: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre» (Mt.19,6). Él revela de nuevo el contenido normativo de una realidad que existe desde «el principio» (Mt.19,8) y que conserva siempre en sí misma dicho contenido. Si el Maestro lo confirma «ahora», en el umbral de la nueva alianza, lo hace para que sea claro e inequívoco el carácter indisoluble del matrimonio, como fundamento del bien común de la familia.”

De este pequeño análisis de lo que la Palabra de Dios nos dice acerca del matrimonio y la familia se deduce claramente que estas realidades, el matrimonio y la familia, han sido fundadas por el Creador y Él las ha provisto de leyes propias, que no dependen del arbitrio humano. Dios mismo es el autor del matrimonio y la familia. A pesar de las variaciones que la institución del matrimonio pudo haber sufrido en culturas o tiempos diferentes, queda claro que no es una institución puramente humana. Y a pesar de las diversidades que puedan encontrarse en los diferentes lugares, culturas o épocas, el matrimonio y la familia tienen rasgos comunes y permanentes que han sido dados por Dios y que no cambian, aunque cambien los lugares, las culturas y las épocas. Y como colofón de la gran dignidad que Dios dio al matrimonio al crear al varón y a la mujer, lo elevó a una dignidad todavía mayor, a la categoría de sacramento, es decir, algo que es sagrado, santo y que santifica a los que se unen ‘en el Señor’, como dice San Pablo.

2. Definición de matrimonio

¿Cuáles son concretamente estas leyes inalterables con las que Dios ha dotado al matrimonio, que es el fundamento de la familia? ¿Cómo podemos definir al matrimonio católico tal como lo creó Dios y lo restauró Jesucristo? De las palabras del Génesis completadas por las palabras de Jesucristo en el NT comprendemos perfectamente cuál es la naturaleza o esencia del matrimonio y cuál es su finalidad. Podemos definirlo así: “es la sociedad formada por el mutuo consentimiento ante Dios, de uno con una para siempre, con la finalidad de procrearse, de tener hijos”.

La esencia o naturaleza del matrimonio es que sea “uno con una, para siempre, ante Dios”.

¿Porqué la primera ley es que es uno con una, y no uno con uno o una con una? Porque ‘los hizo varón y mujer’.

¿Porqué para siempre? Porque cuando Jesús dice que ‘no separe el hombre lo que Dios ha unido’ se está refiriendo al orden de la creación, es decir, anterior incluso al orden del matrimonio como sacramento. Esto lo reafirma San Pablo: “En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido, mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida a su mujer” (1Cor.7,10-11).

¿Porqué ante Dios? Porque es Dios el que debe unir al matrimonio y San Pablo dice que deben casarse ‘en el Señor’ (1Cor.7,39). Jesucristo lo elevó a sacramento para los que están bautizados. Y Jesucristo es Dios y es el Sumo Legislador.

El fin primario del matrimonio es la procreación, tener hijos.

¿Porqué el fin primario es tener hijos, procrearse? Porque es la orden primera y principal que les da Dios cuando los hace varón y mujer: “Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra”.

Ciertamente que este ‘tener hijos’, esta procreación está íntimamente ligada a la unión de amor entre el varón y la mujer unidos en matrimonio. Y por eso el fin secundario y subordinado del matrimonio es el aumento del amor entre los esposos, la ayuda mutua y la sedación de la concupiscencia.


3. Errores respecto a la esencia del matrimonio

A partir de ahora vamos a ir explicando lo que es el matrimonio, los fundamentos de la alianza matrimonial y al mismo tiempo vamos a ir mencionando las amenazas que sobre él se ciernen y los ataques a los que ya se ve sometido.

Si el matrimonio es uno con una para siempre ante Dios, podemos verificar seis desviaciones:

1. uno con muchas: poligamia
2. muchos con una: poliandria y prostitución
3. uno con uno o una con una: homosexualidad
4. muchos con muchas: matrimonio grupal
5. uno con una por un tiempo: matrimonio a prueba
6. uno con una ante sí: convivencia o concubinato


1. Uno con muchas: poligamia

“En primer lugar están quienes militan para que la relación sea de uno con muchas, es decir, que sostienen la poligamia practicada abiertamente por los mahometanos y pueblos orientales primitivos y, solapadamente, por gran número de los que se llaman a sí mismos cristianos y que, a veces, hasta se creen grandes defensores del Occidente cristiano. O sea: son cristianos de nombre, pero auténticos musulmanes en la práctica.
La poligamia puede ser simultánea -el caso de los harenes- o sucesiva -por ejemplo, los divorcistas (como es el caso de tantos artistas corrompidos y corruptores) y los Casanovas, Don Juanes y picaflores. Vale la pena recordar, y sobre todo hacer conocer entre los jóvenes, que el ilustre médico y endocrinólogo español, Dr. Gregorio Marañón, en un brillante estudio ("Don Juan"), ha demostrado, contra la creencia común, que los Don Juanes son, en el fondo, homosexuales, ya que en ninguna mujer encuentran acabada satisfacción.” (PB)

2. Muchos con una: Prostitución

“En segundo lugar encontramos a quienes consideran que la relación debe ser de muchos con una. Tal es el caso de la poliandria, practicada abiertamente en algunas zonas de Asia y, encubiertamente, en todos los prostíbulos de Occidente, en donde jóvenes y viejos pagan a una pobre mujer para que los masturbe. Porque otra cosa no es esa relación sino un acto del más degradante egoísmo y de ningún modo expresión de amor. Y esto ocurre no sólo en los prostíbulos. En los hoteles de lujo de las grandes ciudades, se ofrecen ciertos "servicios" para las mujeres -generalmente turistas extranjeras de dinero- quienes, previa elección por medio de un álbum fotográfico, pagan por el hombre elegido... Esto ya está sucediendo en Buenos Aires.”

3. Uno con uno o una con una: homosexualidad

“Otra forma de subversión del contrato matrimonial es la que intentan realizar uno con uno o una con una, como es el caso de las prácticas homosexuales que "claman al cielo" (cf. Gen. 18, 20-21: “El clamor de Sodoma y Gomorra es grande; y su pecado gravísimo” v.20).

La doctrina revelada respecto a esto es clara: “¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales (...) heredarán el Reino de los Cielos” (1Cor.6,9; también Rm.1,24-27). Y el libro del Levítico: “No te acostarás con varón, como con mujer: es abominación” (18,22) .

Y la Iglesia se hace eco. El CEC: “Es una depravación grave” (2357).

También: “Los actos de homosexualidad son intrínsecamente desordenados y no pueden recibir aprobación en ningún caso” (Congregación para la Doctrina de la Fe)

“Existe toda una campaña perfectamente orquestada en favor de la homosexualidad y promovida por el cine, libros pseudocientíficos y numerosas revistas.” (PB)

Hay dos convenciones internacionales en las que participaron la totalidad de las naciones del mundo que tienen entre sus presupuestos la eliminación del concepto de sexo masculino o femenino (perspectiva de género) y por lo tanto la licitud de la homosexualidad, y la libertad de la mujer para decidir respecto a su cuerpo, entendiendo por cuerpo también al feto formado en ella.

Una es la Convención de Eliminación de Toda Forma de Discriminación de la Mujer (CEDAW, Protocolo, ONU, 2000), y otra es la Convención Interamericana para Erradicar la Violencia contra la Mujer -Belem do Pará (Brasil, OEA, 1994). Ambas tienen un comité de seguimiento.
Volveremos a hablar de estas dos convenciones cuando tratemos el tema del aborto.
En Chile, un proyecto de ley de aprobación de matrimonio homosexual, firmado por los siguientes legisladores.: Enrique Accorsi, Gabriel Ascencio,Víctor Barrueto, Patricio Hales, Antonio Leal, Osvaldo Palma, Fulvio Rossi, María Antonieta Saa, Carolina Tohá.

Entrevista al Cardenal Alfonso López Trujillo
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede
por Gian Guido Vecchi,
Il Corriere della Sera, 22-04-05.
(Traducción de Noticias Globales):
«Sexo homosexual»
Objeción de conciencia para decir que no a las leyes inicuas.
La obligación de oponerse: No es una opción facultativa: todos los cristianos deben oponerse. La discriminación: la Iglesia no discrimina a los homosexuales; merecen ayuda.

Eminencia, en España la Cámara (el Congreso de Diputados) acaba de aprobar la ley que autoriza los matrimonios entre gays. ¿Cuál es su juicio?:

“Que yo sepa son tres los países que han sancionado este tipo de ley inhumana e inicua:
Bélgica, Holanda y ahora España. Ud. me puede explicar, ¿estaban equivocados todos los hombres de todos los tiempos, de todas las culturas y de todas las religiones que han concebido la familia como la unión de un hombre y una mujer?. ¿Cómo se puede caer en
tanta deshumanización?. El hombre se deshumaniza si pierde el sentido de los valores esenciales que tienen su origen en la Revelación y también en la razón (...). Insisto: ¿todos se han equivocado durante milenios?”.
“Hace pocos meses, el entonces cardenal Ratzinger, habló de una ley ‘destructiva’”.


¿Qué destruye?:
"Lo que están haciendo en España, con una mayoría (parlamentaria) bastante exigua, es la destrucción, ladrillo a ladrillo de la familia. ¿Se ha preguntado a las familias, qué es lo que quieren?. ¿Han hecho una investigación en profundidad? La familia es un regalo recíproco
total entre hombre y mujer que exige fidelidad en el tiempo, exclusividad y la apertura a la nueva vida, a los hijos".


¿Cuándo comenzó esto?:
“Con una extraña idea de modernidad, de progreso sin límites, se empezó a modificar la definición de matrimonio en varias naciones de Europa, y con las así llamadas ‘parejas de hecho’ comenzó a circular una moneda falsa, una ficción jurídica: considerar como matrimonios a parejas que no quieren el matrimonio!”. (...) “Después se puso de moda
hablar de “gender”, género, como si el ser varón o mujer no fuese debido a la naturaleza sino a una especie de convicción adquirida con el tiempo, un producto de la sociedad. Y así se preparaba el camino a las parejas homosexuales”. (...) “Y ahora parece que cualquier
modelo de asociación, como un club, puede ser una familia. Y se preguntan, ¿por qué no puede ser? Y miran a la Iglesia como si fuese retrógada, sin entender que la Iglesia no inventa nada, sino que es fiel a lo que ha dicho el Señor, principios que por otro lado son comunes a toda la humanidad”. (...)
“Una ley enormemente inicua como ésta no obliga, no puede obligar. (...) No se pueden imponer cosas injustas a los pueblos, justamente, porque son inicuas. La Iglesia llama con urgencia a la libertad de conciencia y al deber de oponerse”.

-¿Qué le responde a los que acusan a la Iglesia de discriminación?
-¡Que la Iglesia no discrimina! La Iglesia no acepta que los homosexuales sean objeto de burlas, insultos o expresiones inhumanas. Son personas que merecen todo nuestro amor, acompañamiento y ayuda. Un creyente sabe que no es un problema de la Iglesia o del
Papa, sino de oir lo que ha dicho el Señor. Ninguno de nosotros inventó nuevas teorías: no estamos acá en sustitución de Jesús, sino al servicio de la verdad y de la ley natural”

4. Muchos con muchas: matrimonio grupal

“Pero aún hay más. En este mundo moderno disoluto y decadente están quienes sostienen que las relaciones deben ser de muchos con muchas.
Es la llamada MULTIRRELACIÓN o "CAMAS REDONDAS". Esta relación grupal -"Gruppensex" en alemán- puede ser simultánea -las "comunas" de hippies- o sucesiva -los intercambios de parejas.” (PB)


5. Uno con una, por un tiempo

“Otra desviación es la de quienes pretenden que el matrimonio es de uno con una, pero por un tiempo, y no hasta que la muerte los separe. Defienden esta posición los divorcistas; los que piden "la prueba de amor"; los que hablan de "un tiempo de prueba", etc.

La Iglesia Católica se opuso, se opone y se opondrá siempre a tales prácticas. No nos olvidemos que no trepidó en perder Inglaterra, antes que conceder un solo divorcio que pedía nada menos que el rey Enrique VIII. Perdió un reino terrenal, pero se mantuvo firme en su fidelidad a Dios y en la defensa del orden natural, fundamento de la civilización cristiana.” (PB)

6. Uno con una, ante sí

Es el concubinato o convivencia. Esto va contra la voluntad de Jesucristo que requiere que el consentimiento mutuo entre un varón y una mujer que se unen para siempre en matrimonio, sea dado ante Dios, es decir, ante el ministro de la Iglesia que está en nombre de Dios.

Aquellos que consideran que el matrimonio por la Iglesia es un trámite burócrático más y que lo que importa es el amor entre los esposos, están alterando la voluntad del mismo Jesucristo y se están privando de todas las gracias propias del sacramento del matrimonio y de todas las gracias que Dios envía a los que son fieles a su palabra.

Por otro lado viven en estado de pecado y no pueden acceder al sacramento de la comunión, e incluso no pueden recibir el sacramento de la confesión, no pueden confesarse.

Éste es también el caso de los que se han casado por la Iglesia, se han divorciado y se han vuelto a casar. Así lo dice claramente el CEC: “Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia.”


4. Errores respecto a los fines del matrimonio

Como dijimos, los fines esenciales y complementarios del matrimonio son:

- la procreación y educación de los hijos
- la manifestación del amor mutuo.

“Que ambos sean esenciales, no quiere decir que no deba darse una subordinación entre ellos, ya que una sola cosa es imposible que tenga varios fines últimos. El fin esencial primario es la procreación y educación de la prole, y los fines esenciales secundarios “son la ayuda mutua, el fomento del amor recíproco y la sedación de la concupiscencia” (Pio XI, Casti Connubi).” (PB)

“Pío Xll enseña con claridad que los fines secundarios “...aún siendo intentados por la naturaleza, no se hallan al mismo nivel que el primario, y menos aún le son superiores; antes bien, le están esencialmente subordinados”.” (PB)

“Al alterar y subvertir de este modo los fines del matrimonio -haciendo del segundo primero y viceversa-, en la institución familiar se produce un descalabro simplemente catastrófico.” (PB)

4.a Cuando se niega el fin primario de la procreación

Si el fin primario es el amor (y éste reducido a pura sensibilidad), no se ve cómo no se ha de cohonestar, por ejemplo:
- el adulterio, siempre que un hombre sea infiel a su propia esposa por amor a otra;
- el concubinato, siempre que sea por amor;
- las relaciones prematrimoniales, siempre que sean por amor, como con descaro y sin vergüenza se afirma en una revista;

“Si el fin primario es el amor, pierde el matrimonio aquello que lo constituye y distingue singularmente de todo otro tipo de sociedad. Si el fin primario es el amor, ¿en qué se diferencia el matrimonio de la simple sociedad amical, o de las sociedades filantrópicas?”

Pero las consecuencias más nefastas de poner el fin secundario por sobre el fin primario las pagan...los hijos, los hijos que no van a nacer. Porque si el fin primario es el amor ¿por qué no “lavarse las manos” cuándo se trata de algo tan engorroso como es engendrar, dar a luz y educar un hijo?

Por eso las consecuencias más nefastas y los pecados más graves en nombre del amor son el recurso al aborto y la utilización de métodos anticonceptivos antinaturales.

Al primero la Iglesia lo llama “crimen abominable”.

Y los segundos distorsionan totalmente el plan de Dios sobre el matrimonio y, muchas veces, producen la muerte de seres humanos vivos, como en el caso de aquellos métodos que matan al óvulo femenino ya fecundado o impiden que se implante en el útero. Es el caso de todos los dispositivos intrauterinos, la píldora del día después, y otros parecidos.

El aborto es uno de los signos de los tiempos más negativos y un pecado que clama al cielo.

Estamos en favor de la paz. Está muy bien lo de protestar contra la guerra. Pero aquí hay una falsedad. ¿Qué hay de la guerra solapada que mata a los inocentes? ¿Por qué nadie marcha para defender su derecho a la existencia?

En Londres 779 000 defensores de la vida salieron a la calle para protestar contra la guerra.
La Nación de Gran Bretaña ha matado - están registrados - a 5,175,000 inocentes. Probablemente son muchos más. ¡Imágínense marchando estos por las calles de Londres! (El cardenal Murphy-O’Connor volvió al tema con un artículo de opinión publicado el 27 de marzo. Hay actualmente cerca de 180.000 abortos al año en Gran Bretaña, observaba, y cerca de 6 millones en total desde que se legalizó la práctica en 1967. Un caso que recibió mucha atención es el aborto de un feto de 28 semanas (7 meses) en el 2001, debido al hecho de que el niño tenía el defecto de tener el labio leporino.)

En Madrid marcharon contra la guerra más de 660 000 defensores de la paz.  La Nación española ha matado - están registrados - a 629,000 Inocentes, casi tantos como han marchado. Probablemente son muchos más. Imagínense marchando estos por las calles de Madrid.

En Roma han protestado contra la matanza de la guerra más de 1 000 000 defensores de la paz y de la vida.
La Nación Italiana ha matado - están registrados - 3,679,000 Inocentes. Probablemente son muchos más. Imágínense marchando estos por las calles de Roma.

A nivel mundial están matando mensualmente 1,594,000 Inocentes.

Dice la M. Teresa de Calcuta: “A menudo he arfimado, y estoy segura de ello, que el mayor destructor de la paz en el mundo de hoy es el aborto. Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué podrá impedirnos a ti y a mí matarnos recíprocamente? (...) Me aterra el pensamiento de todos los que matan su propia conciencia, para poder cometer el aborto.”

Hay un gran complot mundial para imponer el aborto en los países, que como Chile, todavía no tienen aprobado el aborto.

Hay dos convenciones internacionales en las que participaron la totalidad de las naciones del mundo que tienen entre sus presupuestos la eliminación del concepto de sexo masculino o femenino (perspectiva de género) y por lo tanto la licitud de la homosexualidad, y la libertad de la mujer para decidir respecto a su cuerpo, entendiendo por cuerpo también al feto formado en ella.

Una es la Convención de Eliminación de Toda Forma de Discriminación de la Mujer (CEDAW), y otra es la Convención Interamericana para Erradicar la Violencia contra la Mujer -Belem do Pará (Brasil). Ambas tienen un comité de seguimiento.

“El Comité de seguimiento
“A semejanza del CEDAW, la Convención tiene su Comité de Seguimiento. La función específica de las “expertas” de Belem do Pará es recibir y evaluar “técnicamente” los Informes de los Estados Parte y emitir recomendaciones.
“Aborto por imposición internacional
“Al ratificarla los Estados se comprometen a aceptar esas recomendaciones e incluirlas en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (art. 7c) y, en el mismo sentido, a modificar o abolir leyes y reglamentos vigentes (art. 7e). Es decir, a adoptar las disposiciones legislativas o de otra índole que sean necesarias para hacer efectiva esta Convención (art. 7h).
“Bien se puede decir que la Convención es un instrumento para legalizar el aborto por imposición internacional (vid. Notivida 306)
“Anticatolicismo declarado
“En el Comité de seguimiento cuya primera reunión se realizó en agosto en la OEA, tienen mayoría los miembros de la organización abortista CLADEM, que se caracteriza por su sectarismo anticatólico

“Recordemos además que CLADEM acudió, el 30 de noviembre de 2001, al Comité de Seguimiento de la Convención de Eliminación de Toda Forma de Discriminación de la Mujer (CEDAW) denunciando a la Conferencia Episcopal Argentina por aceptar la propuesta de algunos senadores de ratificar el Protocolo Opcional de la Convención añadiéndole una declaración interpretativa para preservar el derecho a la vida.” (Notivida,323, 15 Nov 2005)

4.b Cuando se deja de lado el significado unitivo del matrimonio

“Curiosamente la misma mentalidad que pide sexo si hijos es la que ha terminado pidiendo hijos sin sexo. En nuetro tiempo han aumentad de modo alarmanta las parejas que no pueden tener hijos de modo natural. Son estériles. En muchos casos la esterilidad se debe al uso y abuso de los anticonceptivos, espirales y abortos; otros han recurrido a la esterilización voluntaria sin preveer que algún día se arrepentirían de su esterilidad. Muchos otros, en cambio, sufren su esterilidad sin nninguan culpa moral, a causa de problemas físicos, hereditarios odebido a accidentes fortuitos, etc.

“Está bien tratar de corregir los defectos de la naturaleza y ayudar a los esposos que quieren tener hijos. Pero sólo es moralmente lícito el ‘ayudar’ a la naturaleza, mientras que es inmoral el ‘suplantar’ lo que sólo los esposos deben hacer. ¿Qué decir concretamete de las distintas intervenciones qeu se dan yhoy en día dentro de un matrimonio estéril? Tres son las principales acciones: fecundación ‘in vitro’, ‘inseminación artificial estrictamente dicha’ e ‘inseminación artificial impropiamente dicha’”.

a. Fecundación artificial ‘in vitro’ con posterior transferencia del embrión al útero (FIVET)

Homóloga: óvulo y semen de los mismos esposos

Heteróloga: óvulo o semen de donantes

Ambas inaceptables: aún la homóloga “aún considerada en el contexto de las relaciones conyugales de hecho existentes, la generación de la persona humana queda objetivamente privada de su perfección propia: es decir, la de ser el término y el fruto de un acto conyugal, en el cual los esposos se hacen cooperadores con Dios para donar la vida a una nueva persona”.

Problema más grave: la cantidad de embriones que deben morir hasta lograr que alguno se desarrolle. También la cantidad de embriones congelados, muchos de los cuales son destruidos porque sus padres ya no los quieren.

Problemas sociológicos y jurídicos: dos padres que ‘tienen’ un hijo con FIVET heteróloga, se divorcian. El óvulo era de la mujer pero el semen era de un donante. Entonces el papá dice: no es hijo mío, no lo reconozco, no le doy de comer.

Además, FIVET heteróloga es un caso singular de adulterio.

b. Inseminación artificial

Homóloga: mujer recibe el semen del esposo. Ilegítima: falta el acto unitivo sexual, signo de su amor.

Heteróloga: semen del donante. Con mayor razón.

(ver otras en Manual de Bioética)


c. Experimentos sobre el comienzo de la vida humana

I. EXPERIMENTOS SOBRE EL COMIENZO DE LA VIDA HUMANA
1. Algunos intentos experimentales
(a) La ectogénesis
(b) Clonación
(c) Las células madre embrionales
(d) Reproducción en mosaico
(e) Hibridización y otras quimeras

d. Eutanasia

Médicos católicos: Holanda permite matar sin consentimiento (a niños y a adultos)
Reacción a la aprobación de la eutanasia sobre menores de doce años

ROMA, viernes, 3 septiembre 2004 (ZENIT.org).- La eutanasia, en particular de niños, en Holanda acabará con vidas humanas sin su consentimiento, advierten médicos católicos.

La Federación Internacional de las Asociaciones Médicas Católicas ha publicado un comunicado en respuesta a la decisión de permitir la eutanasia en niños menores de doce años.

La Justicia de ese país ha permitido al Hospital Universitario de Groningen inducir la muerte a niños de corta edad cuando padezcan una enfermedad incurable y un sufrimiento insoportable.

Los obispos católicos y anglicanos contra un proyecto de ley de eutanasia en Inglaterra
Al que califican de «desacertado» e «innecesario»

LONDRES/WESTMINSTER, jueves, 9 septiembre 2004 (ZENIT.org).- La Iglesia de Inglaterra y la Conferencia de los Obispos Católicos de Inglaterra y Gales han unido sus fuerzas para pedir al Parlamento que no modifique la ley en materia de eutanasia, porque permitiendo un suicidio asistido se minaría la protección de los más débiles.

En una declaración conjunta –fechada el 2 de septiembre de 2004—, enviada al Comité de la Cámara de los Lores para el proyecto de ley sobre muerte asistida para enfermos terminales («Assisted Dying for the Terminally Ill Bill»), los representantes de las dos Iglesias califican el texto de «desacertado» e «innecesario».


Conclusión

Alrededor de 10 frentes de lucha

“Respecto a lo primero, digamos que el frente de lucha de la Iglesia en defensa del amor humano es muy variado, alrededor de una decena, como los cuernos de la Bestia del Apocalipsis, y se articula así:

La anticoncepción es hacer el ‘amor’ sin hacer un hijo;
la fecundación en probeta y la clonación es hacer un hijo sin hacer el amor;
el aborto es deshacer al hijo;
la eutanasia es deshacerse de los padres;
la pornografía es deshacer el amor;
la homosexualidad (y análogamente la transexualidad y el travestismo) es, en nombre del ‘amor’, no querer tener hijos de su carne y de su sangre (sino, en algunos casos, adoptar a otros para ayuda en la vejez);
el divorcio es deshacer definitivamente el amor y, muchas veces, no amar a los hijos. (Castrillón Hoyos, citado por PB)


“Anticoncepción, fecundación in vitro, clonación, aborto, eutanasia, pornografía, homosexualidad, transex, divorcio... ¡son contrarios a la naturaleza del auténtico amor humano, porque son todas formas de separar los significados creativo y unitivo del mismo!” (PB)

“Debemos decidirnos, sin ningún temor, a convertir nuestras familias en bastiones inexpugnables. En general, no depende directamente de nosotros limpiar la patria y la Iglesia de las lacras que las afean, pero sí depende de nosotros el defender a capa y espada, contra todos los embates, esa trinchera vital que es cada uno de nuestros hogares católicos.”

Los enemigos

1. El ambiente de descreimiento generalizado, llamado laicismo
2. El concepto de eficiencia y utilitarismo: lo que no produce no sirve
3. Los grandes centros de poder mundiales, que son los que precisamente generan estos conceptos para la sociedad, porque solamente tienen como objetivo el manejo del poder mundial. Así entonces, países preponderantes que temen la multiplicación de los pueblos que buscan dominar (JPII, EVitae, como el faraón con los israelitas); las grandes organizaciones mundiales como ONU, OEA y dependientes (FAO, UNESCO, etc.)
4. Los organismo no gubernamentales (ONG) al servicio de estos
5. El feminismo
6. El ecologismo mal entendido: mentiras sobre demografía.
7. La masonería
8. El cine: “en cuya pantalla no pocas películas se presentan de acuerdo con la ironía y el escepticismo hacia la institución tradicional de la familia, exaltando sus extravios y, sobre todo, lanzando sutiles y frívolos desprecios a la dignidad de los esposos y de los padres presentando una concepción inmoral del matrimonio que, "ha quitado al hombre el respeto por la mujer y a la mujer el respeto por sí misma” (PB)
9. La televisión: “¿habrá algo que exalte más la codicia, la ira, la comodidad, el mundanismo, la venganza, la impureza y la violencia -vicios todos diametralmente opuestos al espíritu de las bienaventuranzas evangélicas- que la televisión en particular y los medios de comunicación social en general? Hoy, muchos hijos ven y oyen más a la TV que a sus padres. Así saldrán: serán hijos... de la TV.”


¿Qué hacer?

1. Vivir los sacramentos y rezar
2. Hacerse amigos los matrimonios que piensan igual, cristianamente
3. Juntarse con un sacerdote o persona preparada periódicamente y recibir formación
4. Formar grupos como el Cideprof, para actuar ya positivamente con actitud de propuesta y no simplemente defensiva (ej. Autoconvocadas)
5. Hacer cosas como las de hoy: Jornadas de Familia


La Virgnidad

Quiero terminar con algo que puede parecer opuesto o al menos paradójico respecto al matrimonio y es la relación que hay entre virginidad y matrimonio.

El CEC introduce el tema de la virginidad por el Reino de los Cielos precisamente cuando habla del matrimonio.

(cf.CEC,1618-1620): Ante la grandeza del matrimonio cobra un relieve particular la virginidad por el reino de Dios. “Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya (cf Ap 14,4), para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de agradarle (cf 1 Co 7,32)” (1618).

Aquí se nota la grandeza de la virginidad en oposición a la grandeza del matrimonio, en cuanto renuncia a algo grande. Pero la virginidad tiene un valor en sí misma, porque en la virginidad (sacerdotes, religiosas) tenemos la significación plena del matrimonio como símbolo de la unión con Cristo, porque la virginidad es el matrimonio mismo con Cristo.

La virginidad es “un signo que recuerda también que el matrimonio es una realidad que manifiesta el carácter pasajero de este mundo (cf 1 Co 7,31; Mc 12,25)” (1619). Porque la unión que se da entre el profesa la virginidad-celibato es algo que permanece en el cielo, en cambio el matrimonio entre un varón y una mujer termina con la muerte. Por eso responde Jesús a los saduceos: “Serán como ángeles en el cielo, no se casarán”.

“La estima de la virginidad por el Reino (cf LG 42; PC 12; OT 10) y el sentido cristiano del Matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente: ‘Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad’ (S. Juan Crisóstomo).” (1620)


Notas
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1602
Carta a las Familias, 6.
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1604.
“A la luz del Nuevo Testamento es posible descubrir que el modelo originario de la familia hay que buscarlo en Dios mismo, en el misterio trinitario de su vida. El «Nosotros» divino constituye el modelo eterno del «nosotros» humano; ante todo, de aquel «nosotros» que está formado por el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza divina.” (Juan Pablo II, Carta a las Familias, 6)
“Me he referido a dos conceptos afines entre sí, pero no idénticos: «comunión» y «comunidad». La «comunión» se refiere a la relación personal entre el «yo» y el «tú». La «comunidad», en cambio, supera este esquema apuntando hacia una «sociedad», un «nosotros». La familia, comunidad de personas, es, por consiguiente, la primera «sociedad» humana. Surge cuando se realiza la alianza del matrimonio, que abre a los esposos a una perenne comunión de amor y de vida, y se completa plenamente y de manera específica al engendrar los hijos: la «comunión» de los cónyuges da origen a la «comunidad» familiar.” (Juan Pablo II, Carta a las Familias, 7)
Juan Pablo II, Carta a las Familias, 7.
Este párrafo es una glosa del nº 1603 del Catecismo de la Iglesia Católica, que copiamos aquí para que se vea su relación: “ ‘La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio... un vínculo sagrado... no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio’ (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. ‘La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar’ (GS 47,1)”. Esta última frase que hemos subrayado ayuda a ver que la familia es también una gracia de Dios ordenada a la salvación eterna de las personas; esta salvación depende, en cierta manera, de la familia en que se crece…o no se crece.
Tener en cuenta que en el capítulo 7 de la Primera Carta a los Corintios, San Pablo nos deja muchas indicaciones sobre el matrimonio.
“Los hizo varón y mujer”, p. 67
“Donum Vitae”, Congregación para la Doctr. de la Fe, 1987; “Los hizo...”, p. 68.


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Aplicacion; Benedicto XVI - El domingo de la Sagrada Familia

Queridos hermanos y hermanas:
Se celebra hoy el domingo de la Sagrada Familia. Podemos seguir identificándonos con los pastores de Belén que, en cuanto recibieron el anuncio del ángel, acudieron a toda prisa, y encontraron "a María y a José, y al niño acostado en el pesebre" (Lc 2, 16).

Detengámonos también nosotros a contemplar esta escena, y reflexionemos en su significado. Los primeros testigos del nacimiento de Cristo, los pastores, no sólo encontraron al Niño Jesús, sino también a una pequeña familia: madre, padre e hijo recién nacido. Dios quiso revelarse naciendo en una familia humana y, por eso, la familia humana se ha convertido en icono de Dios. Dios es Trinidad, es comunión de amor, y la familia es, con toda la diferencia que existe entre el Misterio de Dios y su criatura humana, una expresión que refleja el Misterio insondable del Dios amor. El hombre y la mujer, creados a imagen de Dios, en el matrimonio llegan a ser en "una sola carne" (Gn 2, 24), es decir, una comunión de amor que engendra nueva vida.

En cierto sentido, la familia humana es icono de la Trinidad por el amor interpersonal y por la fecundidad del amor. La liturgia de hoy propone el célebre episodio evangélico de Jesús, que a los doce años se queda en el templo, en Jerusalén, sin saberlo sus padres, quienes, sorprendidos y preocupados, lo encuentran después de tres días discutiendo con los doctores. A su madre, que le pide explicaciones, Jesús le responde que debe "estar en la propiedad", en la casa de su Padre, es decir, de Dios (cf. Lc 2, 49). En este episodio el adolescente Jesús se nos presenta lleno de celo por Dios y por el templo.

Preguntémonos: ¿de quién había aprendido Jesús el amor a las "cosas" de su Padre? Ciertamente, como hijo tenía un conocimiento íntimo de su Padre, de Dios, una profunda relación personal y permanente con él, pero, en su cultura concreta, seguro que aprendió de sus padres las oraciones, el amor al templo y a las instituciones de Israel. Así pues, podemos afirmar que la decisión de Jesús de quedarse en el templo era fruto sobre todo de su íntima relación con el Padre, pero también de la educación recibida de María y de José. Aquí podemos vislumbrar el sentido auténtico de la educación cristiana: es el fruto de una colaboración que siempre se ha de buscar entre los educadores y Dios.

La familia cristiana es consciente de que los hijos son don y proyecto de Dios. Por lo tanto, no pueden considerarse como una posesión propia, sino que, sirviendo en ellos al plan de Dios, está llamada a educarlos en la mayor libertad, que es precisamente la de decir "sí" a Dios para hacer su voluntad. La Virgen María es el ejemplo perfecto de este "sí". A ella le encomendamos todas las familias, rezando en particular por su preciosa misión educativa.

Y ahora me dirijo, en lengua española, a quienes participan en la fiesta de la Sagrada Familia en Madrid. Saludo cordialmente a los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de Nazaret. ¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios, habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor. De ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad.

En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser miembros de la misma familia. Pido a Dios que en vuestros hogares se respire siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto mutuo. Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María santísima, Reina de las familias, y en la poderosa protección de san José, su esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más necesitados o que pasan dificultades. Os bendigo a todos de corazón.
(Plaza de San Pedro, Domingo 27 de diciembre de 2009)


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Aplicación; P. Gustavo Pascual, I.V.E. - El niño asombroso

“¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahveh! ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies en tus puertas, Jerusalén!”.
La Sagrada Familia subía todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años subieron a la fiesta. Terminada esta se vuelven a Nazaret y el Niño no está en la caravana de retorno. Vuelven a Jerusalén y allí lo encuentran.
Al entrar en el Templo María ve a su Hijo rodeado por los Doctores. Estaban admirados de la sabiduría de Jesús. Nuevamente la luz sobre el misterio la hace ver en su Niño la Sabiduría Encarnada.
Pero al llegar junto a Él le reprocha el disgusto. Dios les había encargado custodiarlo, en primer lugar a su esposo pero también a ella “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. El reclamo de María es siguiendo la ley “honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te va a dar”. Jesús le responde: “Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. No está mal la respuesta de Jesús. Responde desde el plano religioso. Jesús es el modelo de hombre religioso, Dios-hombre. La religión en un hombre. Dios y el hombre unidos hipostáticamente, es decir, es la unión más perfecta que puede existir entre Dios y el hombre. San Ignacio pone este misterio de la vida de Jesús como modelo de los que abrazan la vida religiosa. Jesús se queda en el Templo para unirse con Dios. Jesús como modelo de hombre religioso se queda en el templo para dedicarse enteramente a las cosas de su Padre que es el fin del hombre religioso: vivir con y para Dios.
María comprende que su Jesús es su Hijo verdaderamente pero que primero es Hijo de Dios y que su Hijo tiene una misión divina en la cual está incluida su maternidad divina pero sólo como medio para cumplir el plan de Dios. Ella ha aceptado voluntariamente este plan. Jesús viene a salvar a los hombres porque así es el querer del Padre.
Un Niño asombroso para los Doctores, un Niño asombroso para sus mismos padres.

* * *

 UNA FAMILIA ATÍPICA

Una madre, un padre, un Hijo. ¿Qué tiene de atípico?
Tiene de atípico que:

El hijo

El Hijo es concebido en el seno de una virgen y es Hijo antes de nacer.
El Hijo creó a su madre y a su padre.
El Hijo es Hijo engendrado e Hijo nacido. Es Hijo eternamente e hijo en el tiempo.
El Hijo es concebido de madre, sin padre y es engendrado de Padre, sin madre. Es Hijo dos veces y ha nacido sólo una. Es Hijo dos veces pero sólo una vez engendrado.
Es Hijo de mujer para cumplir la ley y ha dado la ley para que la cumplan los nacidos de mujer.
Un Hijo que es concebido y dado a luz por una virgen, que no tiene padre según su naturaleza humana y que no tiene madre según su naturaleza divina.
Un Hijo que tiene padre en la tierra para criarlo, cuidarlo y educarlo y tiene Padre en el cielo sólo para engendrarlo.
Es Hijo de una madre a la cual creó y de un Padre con el cual creó.
Es Hijo de padre que no intervino en su concepción y de un Padre que lo engendró eternamente sin concepción terrena.
El Hijo se llama Jesús.

El padre y el esposo

Un padre que es padre pero que no ha intervenido en la concepción de su Hijo.
Un padre que es esposo y tiene un Hijo sin llegarse a su esposa.
Un padre que no ha intervenido cuando el Hijo fue engendrado, ni cuando el Hijo fue concebido.
Un padre que es hijo de su Hijo y que fue creado por su Hijo.
Un esposo que deja a otro Esposo que intervenga en la concepción de su Hijo y sin cometer ningún pecado.
Un Esposo que no es el padre del Hijo y que le revela al esposo de la madre que El intervendrá en la concepción de su Hijo.
Un esposo que es feliz porque su desposada ha concebido y va a tener un Hijo que no es de él sino que concibe de otro Esposo.
Un padre que cuidará y educará del Hijo que le ha nacido a su esposa y en cuya concepción él no intervino.
Un modelo de padre que cuida de un Hijo que no es su Hijo natural y que es esposo de su madre, la cual, concibió estando desposada con él, sin vivir juntos y sin intervención de él. Un padre feliz por el Hijo que su esposa concibió y dio a luz.
Modelo de esposo que cuida a su Hijo y a su esposa que es madre y virgen.
El nombre del padre y del esposo es José.

La madre

La madre es virgen. Concibe a su Hijo sin concurso de varón, lo da a luz y sigue siendo virgen.
Una madre que es casada y tiene un Hijo que no es concebido con su esposo sino con otro Esposo, el Espíritu Santo.
Una madre que concibe por obra de un Esposo con el cual no está ni siquiera desposada.
Una madre que concibe y da a luz un Hijo, el cual existía antes de ser concebido y antes que naciese su madre.
Una madre que es madre de su Creador que ante la admiración de cielo y tierra engendró a su Creador y permanece siempre virgen.
Una madre que concibió antes de vivir con su esposo y sin cometer pecado alguno.
Una madre que tendrá solo un Hijo y será virgen perpetua.
Una madre con muchos hijos pero uno solo natural.
La mejor de las madres es virgen, concibe sin varón, concibe antes del matrimonio y concibe de uno que no es su esposo.
La madre se llama María.

Jesús, José y María, Sagrada Familia, sed la salvación del alma mía.


Notas
Sal 121
Lc 2, 48
Ex 20, 12
Lc 2, 49
Cf. E.E. nº 135.272
Cf. Lc 2, 47-48
Cf. Mt 1, 20.23 ; Lc 1, 30
Cf. Lc 1, 32.35
Cf. Jn 1, 3
Dz. 39.54
Cf. Mt 1, 16.25; Lc 2, 7
Cf. Jn 1, 1
Cf. Mt 2, 1; Lc 2, 1-7; Ga 4, 4
Cf. Mt 1, 18; Lc 1, 34
Cf. Ga 4, 4
Ex 20, 1 ss.; 24, 12; Ex 31, 18
Cf. Mt 1, 20; Lc 1, 35
Cf. Jn 1 1-3.10
Mt 1, 16.21; Lc 1, 31
Cf. Mt 1, 6; Lc 2, 16.23.33.48
Cf. Mt 1, 18.20
Cf. Jn 1, 3.10
Cf. Mt 1, 20; Lc 1, 35
Mt 1, 20
Cf. Mt 1, 20
Cf. Mt 1, 24
Cf. Mt 1, 13.20; Lc 2, 16.22.48.51
Cf. Mt 1, 16.18; Lc 1, 26; 2, 33.48
Cf. Mt 1, 21-23.25; Lc 1, 31.34-35
Cf. Mt 1, 16.19-20.24; Cf. Lc 2, 1-6
Cf. Mt 1, 18.25; Lc 1, 34
Cf. Mt 1, 18.20; Lc 1, 35
Cf. Jn 8, 58
Cf. Jn 1, 3
Cf. Antífona final de Completas, Alma Redemptoris Mater.
Cf. Mt 1, 18-19
Cf. Lc 2, 7
Dz. 256; 993.
Cf. Jn 19, 26-27
Cf. Mt 1, 16.25; Lc 2, 7
Cf. Mt 1, 16.25; 2, 11.14.21


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Directorio Homilético - Sagrada Familia

CEC 531-534: la Sagrada Familia
CEC 1655-1658, 2204-2206: la familia cristiana, una Iglesia doméstica
CEC 2214-2233: las obligaciones de los miembros de la familia
CEC 534, 583, 2599: Jesús es hallado en el Templo
CEC 64, 489, 2578: Ana y Samuel
CEC 1, 104, 239, 1692, 1709, 2009, 2736: todos somos ahora hijos adoptivos de Dios
CEC 163, 1023, 1161, 2519, 2772: veremos a Dios “cara a cara” “así como Él es”

Los misterios de la vida oculta de Jesús

531 Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios (cf. Ga 4, 4), vida en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba "sometido" a sus padres y que "progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres" (Lc 2, 51-52).

532 Con la sumisión a su madre, y a su padre legal, Jesús cumple con perfección el cuarto mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial. La sumisión cotidiana de Jesús a José y a María anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves Santo: "No se haga mi voluntad ..."(Lc 22, 42). La obediencia de Cristo en lo cotidiano de la vida oculta inaugurada ya la obra de restauración de lo que la desobediencia de Adán había destruido (cf. Rm 5, 19).

533 La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:

Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio ...Una lección de silencio ante todo. Que nazca en nosotros la estima del silencio, esta condición del espíritu admirable e inestimable ... Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable ... Una lección de trabajo. Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero", aquí es donde querríamos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano ...; cómo querríamos, en fin, saludar aquí a todos los trabajadores del mundo entero y enseñarles su gran modelo, su hermano divino (Pablo VI, discurso 5 enero 1964 en Nazaret).

534 El hallazgo de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 41-52) es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?" María y José "no comprendieron" esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón", a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.

VI LA IGLESIA DOMESTICA

1655 Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase "toda su casa" (cf Hch 16,31 y 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.

1656 En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, "Ecclesia domestica" (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11).

1657 Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG 10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo" (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.

1658 Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, "iglesias domésticas" y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. "Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están `fatigados y agobiados' (Mt 11,28)" (FC 85).

La familia cristiana

2204 "La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas de la comunión eclesial; por eso...puede y debe decirse iglesia doméstica" (FC 21, cf LG 11). Es una comunidad de fe, esperanza y caridad, posee en la Iglesia una importancia singular como aparece en el Nuevo Testamento (cf Ef 5,21-6,4; Col 3,18-21; 1 P 3, 1-7).

2205 La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.

2206 Las relaciones en el seno de la familia entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen sobre todo del mutuo respeto de las personas. La familia es una "comunidad privilegiada" llamada a realizar un "propósito común de los esposos y una cooperación diligente de los padres en la educación de los hijos" (GS 52,1).

II DEBERES DE LOS MIEMBROS DE LA FAMILIA

Deberes de los hijos

2214 La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cf. Ef 3,14); es el fundamento del honor de los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (cf Pr 1,8; Tb 4,3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (cf Ex 20,12).

2215 El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia. "Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?" (Si 7,27-28).

2216 El respeto filial se revela en la docilidad y la obediencia verdaderas. "Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre...en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar" (Pr 6,20-22). "El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión" (Pr 13,1).

2217 Mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que estos dispongan para su bien o el de la familia. "Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor" (Col 3,20; cf Ef 6,1). Los hijos deben obedecer también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el hijo está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla.

Cuando sean mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prever sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas. La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que permanece para siempre. Este, en efecto, tiene su raíz en el temor de Dios, uno de los dones del Espíritu Santo.

2218 El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En cuanto puedan deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante los tiempos de enfermedad, de soledad o de abatimiento. Jesús recuerda este deber de gratitud (cf Mc 7,10-12).

El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre (Si 3,12-13.16).

Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, se indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor...Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre (Si 3,12.16).

2219 El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar. "Corona de los ancianos son los hijos de los hijos" (Pr 17,6). "Soportaos unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia" (Ef 4,2).

2220 Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos. "Evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti" (2 Tm 1,5).


Deberes de los padres

2221 La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El papel de los padres en la educación "tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse" (GE 3). El derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales e inalienables (cf FC 36).

2222 Los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como a personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de Dios, mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre del cielo.

2223 Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones "materiales e instintivas a las interiores y espirituales" (CA 36). Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos:

El que ama a su hijo, le azota sin cesar...el que enseña a su hijo, sacará provecho de él (Si 30, 1-2).

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor (Ef 6,4).

2224 El hogar constituye un medio natural para la iniciación del ser humano en la solidaridad y en las responsabilidades comunitarias. Los padres deben enseñar a los hijos a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas.

2225 Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe de los que ellos son para sus hijos los "primeros anunciadores de la fe" (LG 11). Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la Iglesia. La forma de vida en la familia puede alimentar las disposiciones afectivas que, durante la vida entera, serán auténticos preámbulos y apoyos de una fe viva.

2226 La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (cf LG 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres.

2227 Los hijos, a su vez, contribuyen al crecimiento de sus padres en la santidad (cf GS 48,4). Todos y cada uno se concederán generosamente y sin cansarse los perdones mutuos exigidos por las ofensas, las querellas, las injusticias, y las omisiones. El afecto mutuo lo sugiere. La caridad de Cristo lo exige (cf Mt 18,21-22; Lc 17,4).

2228 Durante la infancia, el respeto y el afecto de los padres se traducen ante todo por el cuidado y la atención que consagran en educar a sus hijos, en proveer a sus necesidades físicas y espirituales. En el transcurso del crecimiento, el mismo respeto y la misma dedicación llevan a los padres a enseñar a sus hijos a usar rectamente de su razón y de su libertad.

2229 Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos (cf GE 6). Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio.

2230 Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho de elegir su profesión y su estado de vida. Estas nuevas responsabilidades deberán asumirlas en una relación confiada con sus padres, cuyo parecer y consejo pedirán y recibirán dócilmente. Los padres deben cuidar no violentar a sus hijos ni en la elección de una profesión ni en la de su futuro cónyuge. Este deber de no inmiscuirse no les impide, sino al contrario, ayudarles con consejos juiciosos, particularmente cuando se proponen fundar un hogar.

2231 Hay quienes no se casan para poder cuidar a sus padres, o sus hermanos y hermanas, para dedicarse más exclusivamente a una profesión o por otros motivos dignos. Estas personas pueden contribuir grandemente al bien de la familia humana.


IV LA FAMILIA Y EL REINO DE DIOS

2232 Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par el hijo crece, hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús (cf Mt 16,25): "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi" (Mt 10,37).

2233 Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir: "El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mt 12,49).

Los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el llamamiento del Señor a uno de sus hijos para que le siga en la virginidad por el Reino, en la vida consagrada o en el ministerio sacerdotal.

(cortesía iveargentina)

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