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Domingo 2° de Cuaresma A - 'Se transfiguró' - Comentarios de Sabios y Santos I: con ellos preparamos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical

Recursos adicionales para la prepración

 


A SU DISPOSICIÓN
Introducción: Pere Tena - Gloria, Cruz, Kenosis

Comentario Teológico: Bruno Maggioni - Transfiguación, progresiva revelación del misterio de Cristo

Santos Padres: San Agustín - Desciende, Pedro, a trabajar a la tierra, a servir en la tierra

Aplicación: P. Raniero Cantalamessa - ¡Para enamorarse hay que frecuentarse!... También con Cristo

Aplicación: Alessandor Pronzato - El camino de Jesús, nuestro camino

Aplicación: Emiliana Löhr - La tentación quiere acortar el camino hacia la transfiguación

Aplicación: Caritas - El Tabor de nuestro tiempo

Aplicación: NBCD - La transfiguración y la oración

Ejemplos

 

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

comentarios a Las Lecturas del Domingo

 


Introducción: Pere Tena - Gloria, Cruz, Kenosis

-Sentido global

El segundo domingo de Cuaresma no es la fiesta de la Transfiguración del Señor, pero este misterio está íntimamente vinculado en la liturgia romana a esta etapa del itinerario hacia la Pascua desde la formación de esta preparación de cuarenta días. El conjunto de las lecturas de este domingo del ciclo A se puede presentar como explicación de un doble itinerario: el del hombre hacia Dios y el de Dios hacia el hombre. La iniciativa, no obstante, en ambos itinerarios, pertenece a Dios: él es quien llama al hombre -Abrahán (1a lectura) y a nosotros (2a lectura)- con una vocación santa, hacia una bendición misteriosa. Él es, ahora, quien presenta a los hombres a JC, su Hijo, el amado, su predilecto, para que le escuchen y le sigan, y sean así partícipes de su gloria. El salmo es una súplica serena que contempla ambos aspectos del itinerario: el amor de Dios que acompaña al hombre en su itinerario de búsqueda, y la acción de Dios hacia el hombre liberándole de la muerte, fundamento de nuestra esperanza.

En el contexto cuaresmal, el itinerario del hombre subraya la continuidad con el tema del domingo anterior: estamos en el "tiempo" especialmente dedicado a rehacer nuestra vida cristiana; el itinerario de Dios hacia el hombre subraya la condición salvífica del misterio pascual.

-Análisis doctrinal del prefacio

Como en el domingo anterior, escogemos el prefacio como texto sintético. La interpretación que hace el prefacio de la transfiguración del Señor se encuentra vinculada estrechamente al nexo pasión-resurrección. En efecto, en los evangelios, la narración forma unidad con el bloque confesión de Pedro-anuncio de la pasión-transfiguración. Sería una visión banal interpretar la transfiguración como una compensación dada por Jesús a los discípulos ante el anuncio de la pasión. Como quien al leer una narración angustiosa, pasa directamente a las últimas páginas para ver si "acaba bien"... O como el seguro de un final feliz para un film de suspense. La transfiguración de Jesús es algo más profundo y salvífico.

El prefacio subraya dos cuestiones: una la revelación de la gloria de Jesús como clave de comprensión de su muerte; la otra, el carácter pascual, es decir, transitivo, del misterio de la salvación. Y ambas, además, encuadradas en el testimonio del A.T. y destinadas a los discípulos.

J/MU/SV.El hecho de la encarnación tiene su momento de máxima concreción en la muerte en la cruz. Es la "kénosis: "...actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (/Flp/02/07-08). Contemplando al Crucificado nadie diría que es el Hijo de Dios. Es este, precisamente, el escarnio que recibe Jesús en la cruz, anunciado en las tentaciones del desierto: "Si eres Hijo de Dios..." A esta insidia da respuesta la transfiguración: Sí, "¡éste es mi Hijo!". Es el anuncio de la respuesta que será la resurrección. A pesar que después de la transfiguración los discípulos continuaron con "Jesús, solo" pudieron contemplar, no obstante, algo de la realidad profunda de Jesús: su "claritas", su gloria. No es simplemente un hombre como los demás, Jesús; es el Hijo de Dios a quien hay que escuchar, porque el Padre lo ha enviado para revelarnos que nos ama. Si sólo fuera un hombre, su mensaje acabaría con una muerte injusta; pero porque es el Hijo, esta muerte es el acto supremo de fidelidad al Padre, la explosión del amor teándrico (divino-humano) que salva a los hombres.

Aquí encontramos igualmente el carácter pascual. La resurrección no es un premio por una "buena conducta" realizada por JC, hasta la muerte. Es la otra cara de la muerte en la cruz. "Se rebajó... por eso Dios lo levantó sobre todo...". Cuando el Hijo de Dios hecho hombre muere, la filiación divina resplandece en la humanidad asumida, y se convierte en comunicativa para todos los que creen en Él, y se incorporan a su tránsito: les concede "poder ser hijos de Dios".

-Aplicaciones

Una primera aplicación puede consistir en la comprensión misma de la persona de Cristo. La transfiguración nos indica el camino para hablar de Jesús: este camino nunca es perfecto mientras no llegue el anuncio de la condición de Jesús como Hijo de Dios. Una presentación de Jesús que quede centrada en su predicación, en el tiempo de su ministerio terreno, que no llegue a levantar el velo de la visibilidad para contemplarlo en su gloria, no sigue la pedagogía querida por el mismo Jesús en la transfiguración. Una predicación que se acaba al pie de la cruz de Jesús de Nazaret, no es plenamente cristiana.

Una segunda aplicación, útil para iluminar nuestro camino de renovación cristiana: ¿qué sentido tiene la penitencia cristiana si no es el de hacer crecer en nosotros, por la acción de Dios, nuestra condición de hijos de Dios que es la "gloria" que llevamos "escondida" en nuestra vida mortal? ¿Y cómo hacer crecer esta condición, si no es potenciando nuestra comunión con el Hijo, por la Palabra y los sacramentos? Véase la oración colecta y la postcomunión, y el prefacio I de Cuaresma.

-Introducción a la Eucaristía La oración postcomunión, en el texto latino, habla de "gloriosa mysteria" refiriéndose a la eucaristía. La celebración eucarística de este domingo constituye una oportunidad para entrar a fondo en todo lo que significa la transfiguración en el camino cuaresmal de renovación cristiana: lugar privilegiado para escuchar al Hijo, toma de conciencia en la fe de nuestra condición de hijos de Dios por vocación santa, entrada real en la participación de la resurrección de Cristo por la participación de su Cuerpo glorioso...
(PERE TENA, MISA DOMINICAL 1990/06)

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 Comentario Teológico: Bruno Maggioni - Transfiguación, progresiva revelación del misterio de Cristo

El relato de la transfiguración habría que leerlo junto con la página precedente (16. 13-28); efectivamente es la otra cara del misterio de Cristo: la cruz y la gloria. Leyendo las dos páginas juntas nos damos cuenta de que se convoca en torno al misterio de Jesús que se va precisando a todos los principales personajes en orden creciente: la multitud (16. 13), los discípulos (16. 16), Jesús (16. 21) y la voz celestial (17. 5). Y cada uno expresa su opinión: un profeta, el Hijo de Dios vivo, el Hijo del hombre que debe sufrir mucho, el Hijo amado.

Como en Marcos, también para Mateo la transfiguración cumple una función bien precisa en la progresiva revelación del misterio de Cristo y en el itinerario de fe del discípulo. Los discípulos ya han comprendido que Jesús es el Mesías y están persuadidos de que su camino conduce a la cruz. Mas todavía no consiguen comprender que su cruz (y la de ellos) pueda encubrir la gloria. Por eso Dios les concede por un instante anticipar la Pascua. Pero se trata de un anticipo fugaz y provisional; el camino que hay que recorrer sigue siendo el de la cruz. De hecho, los tres discípulos predilectos (Pedro, Santiago y Juan), llamados a ver por anticipado la gloria de Cristo son los mismos que dentro de poco, en Getsemaní, serán llamados a ver su debilidad. Todo esto es muy importante; sin embargo tenemos la impresión de que no es todavía el punto central, que se encuentra, en cambio, en las palabras de la voz ("Este es mi Hijo amado") y en el mandato: "Escuchadle". Todo el resto sirve de algún modo de marco. De hecho la escucha es lo que define al discípulo.

La palabra de Dios se ha hecho manifiesta en las palabras y en la existencia de este Jesús que va camino de la cruz. No es una palabra que transmita nociones de cualquier tipo. Cuenta quién es Dios, quiénes somos nosotros y cuál es el sentido de la historia en la cual vivimos. Por tanto una palabra que indica lo que debemos hacer, la regla a seguir. Sólo queda escucharla con el corazón atento, con obediencia y conversión.

Habiendo visto a Elías y a Moisés al lado de Jesús, los discípulos se preguntan qué puede significar aquello en relación con la concepción popular de la vuelta de Elías (17. 10). En realidad, los rabinos hablaban, probablemente basándose en algunos textos del A.T. (cf. Ml 3. 23-24; Si 48. 10-11), de la vuelta de Elías. La respuesta de Jesús llama la atención sobre dos cosas: la primera es que, ciertamente, Elías debe volver, pero que su vuelta se ha realizado ya con la venida del Bautista; y la segunda, que el Bautista fue tratado "como han querido" tratamiento que prefigura la suerte que a él mismo le espera.
(BRUNO MAGGIONI, EL RELATO DE MATEO, EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 177)

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Santos Padres: San Agustín - Desciende, Pedro, a trabajar a la tierra, a servir en la tierra

Ve esto Pedro y, juzgando de lo humano a lo humano, dice: Señor, bueno es estarnos aquí (Mt 17,4). Sufría el tedio de la turba, había encontrado la soledad de la montaña. Allí tenía a Cristo, pan del alma. ¿Para qué salir de aquel lugar hacia las fatigas y los dolores, teniendo los santos amores de Dios y, por tanto, las buenas costumbres? Quería que le fuera bien, por lo que añadió: Si quieres, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías (ib.). Nada respondió a esto el Señor, pero Pedro recibió, no obstante, una respuesta, pues mientras decía esto, vino una nube refulgente y los cubrió. Él buscaba tres tiendas. La respuesta del cielo manifestó que para nosotros es una sola cosa lo que el sentido humano quería dividir. Cristo es la Palabra de Dios, Palabra de Dios en la ley, Palabra de Dios en los profetas. ¿Por qué quieres dividir, Pedro? Más te conviene unir. Busca tres, pero comprende también la unidad.

Al cubrirlos a todos la nube y hacer en cierto modo una sola tienda, sonó desde ella una voz que decía: Éste es mi Hijo amado (ib., 5). Allí estaba Moisés, allí estaba Elías. No se dijo: «Éstos son mis amados». Una cosa es, en efecto, el único, y otra los adoptados. Se recomienda a aquél de donde procedía la gloria a la ley y a los profetas. Éste es, dice, mi Hijo amado, en quien me he complacido; escuchadle (ib.), puesto que en los profetas fue a él a quien escuchasteis y lo mismo en la ley. Y ¿dónde no le oísteis a él? Oído esto, cayeron a tierra. Ya se nos manifiesta en la Iglesia el reino de Dios. En ella está el Señor, la ley y los profetas; pero el Señor como Señor; la ley en Moisés, la profecía en Elías, en condición de servidores, de ministros. Ellos, como vasos; él, como fuente. Moisés y los profetas hablaban y escribían, pero cuanto fluía de ellos, de él lo tomaban.

El Señor extendió su mano y levantó a los caídos. A continuación no vieron a nadie más que a Jesús solo (ib., 8). ¿Qué significa esto? Cuando se leía el Apóstol, oísteis que ahora vemos en un espejo, en misterio, pero entonces veremos cara a cara. Hasta las lenguas desaparecerán cuando llegue lo que ahora esperamos y creemos. En el caer a tierra simbolizaron la mortalidad, puesto que se dijo a la carne: Tierra eres y a la tierra volverás (Gn 3,19). Y cuando el Señor los levantó, indicaba la resurrección. Después de ésta, ¿para qué la ley, para qué la profecía? Por esto no aparecen ya ni Elías ni Moisés. Te queda sólo: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios (Jn 1 ,1). Te queda el que Dios es todo en todo. Allí estará Moisés, pero no ya la ley. Veremos allí a Elías, pero no ya al profeta. La ley y los profetas dieron testimonio de Cristo, de que convenía que padeciese, resucitase al tercer día de entre los muertos y entrase en su gloria. Así se cumple lo que Dios prometió a los que lo aman: El que me ama será amado por mi Padre y yo también lo amaré. Y como si le preguntase: «Dado que le amas, ¿qué le vas a dar?». Y me mostraré a él (Jn 14,21). ¡Gran don y gran promesa! El premio que Dios te reserva no es algo suyo, sino él mismo. ¿Por qué no te basta, ¡oh avaro!, lo que Cristo prometió? Te crees rico, pero si no tienes a Dios ¿qué tienes? Otro puede ser pobre, pero si tiene a Dios, ¿qué no tiene?

Desciende, Pedro. Querías descansar en la montaña, pero desciende, predica la palabra, insta oportuna e importunamente, arguye, exhorta, increpa con toda longanimidad y doctrina. Trabaja, suda, sufre algunos tormentos para poseer en la caridad, por el candor y la belleza de las buenas obras, lo simbolizado en las blancas vestiduras del Señor. Cuando se lee al Apóstol, oímos que dice en elogio de la caridad: No busca lo propio (I Cor 13,5). No busca lo propio, porque entrega lo que tiene. Y en otro lugar dijo algo, que si no lo entiendes bien, puede ser peligroso; siempre con referencia a la caridad, el Apóstol ordena a los miembros fieles de Cristo: Nadie busque lo suyo, sino lo ajeno (1 Cor 10,24). Oído esto, la avaricia, como buscando lo ajeno a modo de negocio, maquina fraudes para embaucar a alguien y conseguir, no lo propio, sino lo ajeno. Reprímase la avaricia y salga adelante la justicia.

Escuchemos y comprendamos. Se dijo a la caridad: Nadie busque lo propio, sino lo ajeno. Pero a ti, avaro, que ofreces resistencia y te amparas en este precepto para desear lo ajeno, hay que decirte: «Pierde lo tuyo». En la medida en que te conozco, quieres poseer lo tuyo y lo ajeno. Cometes fraudes para poseer lo ajeno; sufre un robo que te haga perder lo tuyo, tú que no quieres buscar lo tuyo, sino que quitas lo ajeno. Si haces esto, no obras bien. Oye, avaro; escucha. En otro lugar te expone el Apóstol con más claridad estas palabras: Nadie busque lo suyo, sino lo ajeno. Dice de sí mismo: Pues no busco mi utilidad, sino la de muchos, para que se salven (ib., 33). Pedro aún no entendía esto cuando deseaba vivir con Cristo en el monte. Esto, ¡oh Pedro!, te lo reservaba para después de su muerte. Ahora, no obstante, dice: «Desciende a trabajar a la tierra, a servir en la tierra, a ser despreciado, a ser crucificado en la tierra. Descendió la Vida para encontrar la muerte; bajó el Pan para sentir hambre; bajó el Camino para cansarse en el camino; descendió el Manantial para sentir sed, y ¿rehúsas trabajar tú? No busques tus cosas. Ten caridad, predica la verdad; entonces llegarás a la eternidad, donde encontrarás seguridad».
(San Agustín, Sermón 78,3-6)

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Aplicación: P. Raniero Cantalamessa - ¡Para enamorarse hay que frecuentarse!... También con Cristo

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: "Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle".

¿Por qué la fe, las prácticas religiosas están en declive y no parecen constituir, al menos para la mayoría, el punto de fuerza en la vida? ¿Por qué el tedio, el cansancio, la molestia al cumplir los propios deberes de creyentes? ¿Por qué los jóvenes no se sienten atraídos? ¿Por qué, en resumen, este abatimiento y esta falta de gozo entre los creyentes en Cristo? El episodio de la transfiguración nos ayuda a dar una respuesta a estos interrogantes.

¿Qué significó la transfiguración para los tres discípulos que la presenciaron? Hasta entonces habían conocido a Jesús en su apariencia externa, un hombre no distinto a los demás, de quien conocían la procedencia, las costumbres, el tono de voz... Ahora conocen a otro Jesús, al verdadero, que no se consigue ver con los ojos de todos los días, a la luz normal del sol, sino que es fruto de una revelación imprevista, de un cambio, de un don. Para que las cosas cambien también para nosotros, como para aquellos tres discípulos en el Tabor, es necesario que suceda en nuestra vida algo semejante a lo que ocurre a un joven o a una muchacha cuando se enamoran. En el enamoramiento el otro, que antes era uno de tantos, o tal vez un desconocido, de golpe se hace único, el único que interesa en el mundo. Todo lo demás retrocede y se sitúa en un fondo neutro. No se es capaz de pensar en otra cosa. Sucede una verdadera transfiguración. La persona amada es vista como en un halo luminoso. Todo aparece bello en ella, hasta los defectos. Si acaso, se siente indigno de ella. El amor verdadero genera humildad.

Concretamente cambia algo incluso en los hábitos de vida. He conocido chicos a los que por la mañana no lograban sacar de la cama sus padres para ir al colegio; si se les encontraba un trabajo, en poco tiempo lo abandonaban; o bien se descuidaban en los estudios sin licenciarse jamás... Después, cuando se han enamorado de alguien y se han hecho novios, por la mañana saltan de la cama, están impacientes por acabar los estudios, si tienen un trabajo lo cuidan mucho. ¿Qué ha ocurrido? Nada, sencillamente lo que antes hacían por constricción ahora lo hacen por atracción. Y la atracción es capaz e hacer cosas que ninguna constricción logra; pone alas a los pies. "Cada uno", decía el poeta Ovidio, "es atraído por el objeto del propio placer".

Algo por el estilo, decía, debería suceder una vez en la vida para ser verdaderos cristianos, convencidos, gozosos. "¡Pero la joven o el chico se ve, se toca!". También Jesús se ve y se toca, pero con otros ojos y con otras manos: los del corazón, de la fe. Él está resucitado y está vivo. Es un ser concreto, no una abstracción, para quien tiene esta experiencia y este conocimiento. Más aún, con Jesús las cosas van aún mejor. En el enamoramiento humano hay artificio, atribuyendo al amado dotes que tal vez no tiene y con el tiempo frecuentemente se está obligado a cambiar de opinión. En el caso de Jesús, cuanto más se le conoce y se está juntos, más se descubren nuevos motivos para estar orgullosos de Él y confirmados en la propia elección.

Esto no quiere decir que hay que estar tranquilos y esperar, también con Cristo, el clásico "flechazo". Si un chico, o una chica, se queda todo el tiempo encerrado en casa sin ver a nadie, nunca sucederá nada en su vida. ¡Para enamorarse hay que frecuentarse! Si uno está convencido, o sencillamente comienza a pensar que tal vez conocer a Jesús de este modo distinto, trasfigurado, es bello y vale la pena, entonces es necesario que empiece a "frecuentarlo", a leer sus escritos. Sus cartas de amor son el Evangelio: ahí Él se revela, se "transfigura". Su casa es la Iglesia: ahí se le encuentra.


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Aplicación: Alessandor Pronzato - El camino de Jesús, nuestro camino

El episodio de la transfiguración se coloca inmediatamente después del primer anuncio de la pasión.

El "programa de viaje" en dirección a Jerusalén, en dirección a la cruz, ha dejado sin aliento a los discípulos. Estos han llegado a descubrir la identidad de Jesús, a reconocer en él al Mesías, pero encuentran dificultad extrema para seguir su camino. Quedan como amilanados frente a la perspectiva del Calvario.

"Enviado por el Padre", está bien. Pero debería ser, según su mentalidad, un viaje triunfal. Sin embargo, la perspectiva desvelada por las palabras de Jesús está muy lejos de ser sublime.

En este contexto de miedo, incertidumbre, duda, Jesús introduce una "pausa luminosa". Para ayudarles a superar el escándalo de la cruz, hace gustar a tres apóstoles un anticipo de la resurrección. Para animarles a "soportar" las tinieblas amenazadoras hace brillar ante sus ojos un resplandor deslumbrador de la luz futura. En una palabra hace atisbar a sus amigos "el más allá" de la prueba inminente. Intentemos captar, en la riqueza de este episodio, algunos elementos significativos para nuestra aventura cristiana.

-El misterio de Cristo

Es un misterio que tiene, por decirlo de alguna manera, dos caras, una luminosa y otra oscura: cruz y gloria, abajamiento y exaltación, debilidad y poder, fracaso y triunfo. Toda la pedagogía de Jesús frente a sus discípulos ha consistido en hacerles aceptar el "paso" obligado. A la gloria a través de la cruz, a la luz de la pascua a través de las tinieblas del viernes santo, a la exaltación a través de la derrota y de la humillación. También para nosotros, hay que admitirlo honestamente, es difícil aceptar este "paso". Estamos de acuerdo respecto al punto final, pero tenemos mucho que decir respecto al camino elegido por Jesús para llegar hasta allí. Tendríamos mejores cosas que proponer... (...). El cristiano sabe reconocer tanto en el "transfigurado" como en el "desfigurado" al Hijo de Dios que pide que nos fiemos de él, que no dudemos recorrer su camino, afrontando también los "pasos" menos agradables.

-La montaña:MONTE/REVELACION

Es el símbolo por excelencia de la cercanía de Dios. Es el lugar habitual de las revelaciones divinas (...). La montaña para nosotros significa la necesidad de distanciarnos -una distancia interior- de nuestro universo cotidiano, de nuestros afanes, de nuestra agitación. (...) "Escuchadle". Es importante este precepto. El discípulo no es el hombre de las visiones, sino de la escucha. No se trata de ver, de tocar al Señor. Es esencial escuchar su voz, tomar en serio su mensaje, dejarse poner en discusión por sus palabras. Escuchar, no para saber más de él, para satisfacer la curiosidad, sino para obedecer, tomar conciencia de las obligaciones que se nos asignan, realizar el proyecto de Dios sobre nosotros y sobre el mundo. Cuando se escucha, no se ensancha el campo de nuestros conocimientos teóricos. Se ensancha el campo de nuestro compromiso. (...)

-Las chozas "Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres haré tres chozas..." La propuesta de Pedro expresa un doble equívoco. Es el torpe intento de acaparar a Cristo, doblegarlo a las propias exigencias y comodidades, limitarlo en su misión; apropiárselo de una manera egoísta, bloquearlo en su movimiento hacia el cumplimiento del proyecto del Padre para ventaja de todos los hombres. Por otra parte, Pedro confunde la pausa con el final. Quisiera prolongar indefinidamente ese instante que, por el contrario debería servir para ponerse en camino. También nosotros, como Pedro, quisiéramos "eternizar" el reposo, la contemplación. Es hermoso permanecer sumergidos en la luz. Es bonito permanecer ausentes de la lucha que se libra allá abajo... Sin embargo, es necesario bajar de nuevo. La montaña es bella. Pero el lugar de nuestro vivir cotidiano es el asfalto, con su aburrimiento, banalidad, fatiga, contradicciones, el peso fastidioso de ciertos encuentros.

FE/LUCHA:La fe está amasada de luz y de oscuridad. De certezas y de dudas. De seguridades e incertidumbres. De consuelos y tormentos. De paz y de asperezas. El cristiano es alguien que tiene necesidad de ausentarse, de subir a la montaña. Pero es alguien que tiene, sobre todo, el coraje de ganar de nuevo la llanura, de afrontar nuevamente el asfalto.
(ALESSANDRO PRONZATO, EL PAN DEL DOMINGO CICLO A, EDIT. SIGUEME SALAMANCA 1986.Pág. 56)

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Aplicación: Emiliana Löhr - La tentación quiere acortar el camino hacia la transfiguación

El domingo de la transfiguración sigue al de la tentación. Esto es muy significativo... La tentación viene a colocarse al comienzo del camino del sufrimiento y acecha todo a lo largo de él. Trata de desviar al alma del camino de sus sufrimientos saludables. Si el alma logra superarla, consigue la salvación, que no es otra cosa que la contemplación del Señor transfigurado y la propia divinización unida a El. La tentación pretende esencialmente acortar el camino, alcanzar una transfiguración prematura apoyándose en las propias fuerzas; quiere pasar por encima de las etapas fijadas en dicho camino, quiere rehuir la cruz. Si cede a todo esto, viene la muerte y el abismo. En último término, la caída de nuestros primeros padres no fue otra cosa, y la misma tentación de Cristo no apuntaba sino a que manifestase prematuramente y de modo arbitrario la gloria divina que en El residía.
(EMILIANA LÖHR, EL AÑO DEL SEÑOR, EL MISTERIO DE CRISTO EN EL AÑO LITURGICO I EDIC.GUADARRAMA MADRID 1962.Pág. 265)

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Aplicación: Caritas - El Tabor de nuestro tiempo

Pero, ¿dónde, en qué país de la tierra se encuentra hoy este monte bendito? No es ya un lugar geográfico. Es un lugar humano. Donde quiera se reúne la comunidad creyente, hay un Tabor. La Iglesia es el Tabor de nuestro tiempo. En la Iglesia, en la comunidad puedes encontrar a Jesús y escuchar su palabra; puedes relacionarte con los profetas y los santos; puedes dejarte envolver y transfigurar por la nube del Espíritu y puedes encontrar energía para transformarlo todo.

No se trata sólo de remotas posibilidades. Son experiencias que se dan constantemente. Vemos cada día cuántos se convierten y transfiguran en el Señor. Encontraron la fuerza para dejar sus viejas costumbres y llegar a ser hombres nuevos. Encontraron multitud de hermanos. Encontraron la paz que buscaban y la fuerza para ser testigos de esta luz santa, «hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana» (2P 1,19).

«Nuevos Tabores»

Hay también otra clase de montes santos. Son los miembros dolientes de la humanidad, los pobres y pequeños, en quienes Cristo te espera para transformarte y para transfigurarlos. Y con los grupos humanos que luchan por la paz y la justicia. La Escritura Santa

Y monte santo son también las Sagradas Escrituras. Hasta ellos has de acércate si quieres alcanzar la transfiguración.
(CARITAS, PASTOR DE TU HERMANO, CUARESMA 1986.Págs. 35 s.)


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Aplicación: NBCD - La transfiguración y la oración

Al leer este texto del evangelio, siento la impresión de estar ante un paradigma de oración. La primera es llevárselos aparte. Este retirarse de la actividad ordinaria lo hace Jesús en el Evangelio varias veces. Parece la clave de su transparentar a Dios. Si miramos a Jesús hombre como nosotros, nos daremos cuenta de la necesidad del tiempo y espacio de oración. En el momento de encontrar a Dios en gratuidad. Otros serán los tiempos de encontrarlo activamente.

Y se los llevó a una montaña alta. Subir es el proceso simbólico de acercamiento a Dios. En la montada surgen las Teofanías. Subir el monte Carmelo, nos decia Juan de la Cruz. Y subir es costoso, hace falta ascesis, dejar la impedimenta. Pedro, Santiago y Juan suben con Jesús. En esta soledad amigable, Jesús se transfigura. El que ora descubre quién es de verdad Jesús. El ámbito de la divinidad -lo blanco, la luz- inunda al hombre. Descubre cómo culmina la ley y los profetas en Él. El gozo del Espíritu trastorna a Pedro -al orante-. ¡Qué hermoso! A uno le gustaría estar siempre así. La tentación de evadirse del mundo acecha.

EI momento crucial de la oración esta en el escuchar a Dios. Él ya sabe qué nos apremia. No intentemos marearle con nuestras voces. Más bien es para escucharle, para afinar nuestro oído. Elías lo oyó en la brisa que apenas movía las hojas. En la oración vamos percibiendo la voluntad de Dios, crecemos en ganas de construir el Reino, logramos dar pa so a los gritos de los pobres, como Moisés.

Menos mal que Jesús se acercó, y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Las palabras de ánimo en el coloquio final son necesarias en toda nuestra vida. Ten confianza, no temas.

Si el movimiento primero fue subir, el que cierra el tiempo de oración es bajar del monte. Bajar a la vida a encontrarnos con el epiléptico, con el enfermo, el necesitado, el compañero que sufre de soledad o que, sin más, quiere pasar un rato charlando con alguien.
(NBCD)

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Ejemplos

MIRANDO POR EL OJO DE LA CERRADURA

 



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