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Domingo 26 del Tiempo Ordinario A - 'Los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios' - Comentarios de Sabios y Santos I: con ellos preparamos la Acogida de la Palabra de Dios proclamada durante la celebración de la Misa dominical

 

Recursos adicionales para la preparación

 

 

A su servicio
Exégesis: José María Solé Roma, C.F.M. - Sobre las tres lecturas

Comentario: Maertens-Frisque - "Sí" y "No"

Comentario Teológico: P. Leonardo Castellani - Los hijos diferentes

Comentario: Hans Urs von Balthasar - Jesucristo dijo e hizo

Santos Padres: San Juan Crisóstomo - Parábola de los dos hijos

Aplicación: P. Ervens Mengelle, I.V.E. - ¿De la viña? Sí, quiero

Aplicación: Benjamín Oltra - El amor se expresa en obediencia

Aplicación: Raniero Cantalamessa - Las prostitutas en el Reino

Aplicación: Padre Jesús Marti Ballester - El Señor espera nuestra conversión

Ejemplos:

 

 

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

Comentarios a Las Lecturas del Domingo

Exégesis: José María Solé Roma, C.F.M. - Sobre las tres lecturas

EZEQUIEL 18, 25-28:
En el presente contexto Ezequiel pone de relieve el principio de la responsabilidad personal:
- Los desterrados de Babilonia sumergidos en el más negro pesimismo creen que su situación es irremediable en virtud del principio de solidaridad: "Los padres comieron los agraces y los hijos sufren la dentera" (2). Es decir: Los padres pecaron y nosotros sufrimos el castigo. Ezequiel les expone cómo no obra así la justicia divina. Decir a Dios que castiga al inocente por el pecador sería acusarle de injusticia (25).

- Las relaciones con Dios son ante todo personales; la responsabilidad moral es primariamente personal. Tanto, que una vida sana no puede quedar manchada por los pecados de los padres ni siquiera por los propios cometidos antes de la conversión personal a Dios. E igualmente el perverso no puede escudarse en la virtud de los antepasados ni en las obras buenas ejercitadas antes de pervertirse. De ahí que lo interesante y urgente es la conversión personal (26-27). Quien es personalmente bueno atrae la mirada bondadosa de Dios. Quienes personalmente perverso atrae la justicia punitiva de Dios. No se niega el influjo solidario que une las vidas y las acciones humanas. Pero se pone todo el énfasis en la responsabilidad personal, que es siempre la que da el verdadero valor moral y religioso a nuestra vida y conducta.

- Asimismo Ezequiel nos advierte el sentido trascendente que tienen en la Biblia los conceptos "vida" y "muerte". No se refieren meramente a la vida o muerte física y corporal, sino también, y principalmente, a la vida del alma; a la que llamamos vida espiritual o vida eterna. Quien comete el pecado se entra él mismo en la zona de la muerte. Y quien, dócil a la gracia de Dios, se convierte del pecado y retorna a Dios, se entra por eso mismo en la zona de la vida: "Si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá" (28). Adán con el pecado se entró en la zona de la muerte. Abrió las puertas al pecado y, con ello, a la muerte. Desde entonces el Pecado y la Muerte reinan entre los hombres.


FILIPENSES 2, 1-11:
Pablo encarece a los Filipenses con las expresiones más eficaces la unidad y caridad:
- Apela a cuantos motivos pueden conmover a los Filipenses. Especialmente al amor que le profesan y al mismo Espíritu de Cristo que a todos nos une (1). Y quiere de ellos que vivan: "concordes, unidos en caridad" (2). ¿Osaremos sin caridad participar en aquel Sacramento que es su signo, su exigencia, su garantía, su vínculo, su fuente?

- La raíz de las divisiones en la comunidad cristiana proceden de vanagloria y de egoísmo. El remedio y medicina serán la humildad y la generosidad. Por la humildad dejarán que otros pasen delante y sean superiores; y aun se gozarán de ello (3). Por la generosidad pospondrán el propio interés y las propias conveniencias para mirar antes por el interés y conveniencia del prójimo (4). El orgullo y egoísmo atávicos nos ponen siempre en peligro de romper la unidad y caridad.

- Pero todavía tiene Pablo un argumento más poderoso para exigir a sus neófitos la humildad, salvaguarda de la caridad: es el ejemplo de Cristo. Nosotros nos enzarzamos en rivalidades por cosas de poca monta. Cristo, por nuestro amor y redención, ha renunciado todos los privilegios de su condición divina. En efecto, Cristo preexistente en naturaleza divina (6-7a), se anonadó en la encarnación, muerte, crucifixión y sepultura (7b-8), renunciando al derecho de la gloria y goce que le competía. En premio de esta renuncia ha entrado con su naturaleza humana en la gloria del Padre (9). En el trasfondo de este himno a Cristo se ve al "Siervo de Yahvé" de Isaías humillado y glorificado (Is 52, 13-53). Como también al primer Adán que por orgullo quiere ser igual a Dios (Gén 3, 5. 22). El Adán Nuevo, Cristo, con su humildad, redime a los que el primero perdió. El nombre de gloria que recibe Cristo (9) es el de "SEÑOR" exclusivo de Yahvé (Is 45, 23). Desde la Resurrección, Jesús es el Mesías-Señor (Act 2, 23), el Hijo de Dios en gloria (Rom 1, 4).


MATEO 21, 28-32:
Esta parábola, propia de Mateo, propone la necesidad y urgencia de aceptar el mensaje de Cristo:
- El hijo mayor, que tiene buenas palabras, pero las desmiente con las obras, representa a Israel, a sus dirigentes religiosos, escribas, fariseos y sacerdotes. El hijo menor representa a los pecadores, y sobre todo a los gentiles.

- Los fariseos y escribas desoyeron el mensaje de penitencia de Juan y han rechazado a Cristo. En cambio, los pecadores y gentiles (31), más conscientes de su pecado y más humildes, se convierten y aceptan la salvación que trae Cristo.

- Insiste Jesús con esta parábola en su enseñanza del Sermón del Monte: "No todo el que me dice: " ¡Señor! ¡Señor! " entrará en el Reino, sino quien haga la voluntad de mi Padre" (Mt 7, 21). Y nos muestra cuán grande obstáculo es siempre el orgullo para la conversión y para aceptar el mensaje y la salvación que Cristo nos trae. Quien no admite que es pecador, ¿cómo podrá aceptar de Cristo-Redentor la salvación? La humildad: "Amor Dei usque ad contempturn sui", construye la Ciudad de Dios, el Reino de Cristo. El orgullo: "Amor sui usque ad contemptum Dei", construye la ciudad terrena, el reino de Satanás, nos dirá San Agustín.

- La Iglesia es esta "Viña" de Dios que nunca dejará de producir frutos de santidad. Pero, puede esta vid tener sarmientos estériles (In 15, 1-6). Puede haber cristianos o grupos de cristianos infieles a la gracia de la fe y a las amonestaciones de los mensajeros y ministros de Cristo: "Por donde, carísimos míos, esforzaos con temor y temblor en la obra de vuestra salvación" (Flp 2, 12).
SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo A, Herder, Barcelona, 1979, pp. 248-251
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Comentario: Maertens-Frisque - "Sí" y "No".

En el pasaje que comentamos, Cristo quiere convencer a todos los que se escandalizan de su predilección por los pecadores, de que éstos están más cerca de la salvación, si hacen penitencia, que aquellos otros de tan buena reputación que se creen justos (Mt 9. 10-13). Los pecadores, es cierto, se han opuesto a la voluntad de Dios, pero se han arrepentido, como el hijo pródigo, mientras que los que se consideran a sí mismos piadosos servidores de Dios se olvidan de su obligación de amar a los hombres.

Esta parábola va dirigida, por consiguiente, a los que se cierran a la Buena Nueva en nombre de la justicia. En ella se pone de manifiesto el amor de Dios a los que, siendo objeto del desprecio de todos, son capaces de hacer penitencia y de obedecer los mandatos de Dios con más ardor y entusiasmo que los orgullosos y los que se bastan a sí mismos. La parábola es, pues, una apología de la actitud de Cristo hacia los pecadores. (...).

Dios no ha decidido, en un momento determinado de la historia, rechazar a Israel y adoptar a los gentiles, ya que su plan de salvación es, en todo momento, universal. Ni siquiera los escribas y las autoridades judías son excluidas de la salvación, pero el comportamiento de éstos con respecto al Mesías les ha hecho perder la función que hasta entonces desempeñaban en el orden de la mediación. El modo de vivir su "sí" a la Ley les ha hecho decir "no" al Evangelio.

Esto mismo puede aplicarse también a los cristianos. Un "sí" pregonado a los cuatro vientos y que, en realidad, oculta alguna negativa, encierra con frecuencia a los "otros" en un "no", que ya no es lo mismo. Y los profesionales del "sí" dan la sensación a veces de estar tan aferrados a su sistema, que los que dijeron "no" no están dispuestos a cambiar de parecer. Sin embargo, el acceso al Reino sólo es posible en la medida en que los que comenzaron diciendo "no", con el tiempo llegan a descubrir que pueden decir "sí" sin necesidad de renegar del todo de sus anteriores opiniones.
(MAERTENS-FRISQUE, NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII, MAROVA MADRID 1969.Pág. 113 s.)

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Comentario Teológico: P. Leonardo Castellani - Los hijos diferentes

"Mas ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero le dijo:Hijo, anda a trabajar a mi viña; a lo cual respondió: No quiero; mas luego recapacitó y fue. Llegándose al otro le mandó lo mismo; y respondió: Voy, padre, y no fue. ¿Quién de los dos guardó la voluntad del padre? Respondieron (los príncipes de la curia y ancianos del pueblo): el primero... (Mt. XXI, 28).

La exégesis antigua unánime interpretó esta sencilla parábola del pueblo Gentil y del Judío (excepto el anónimo autor del Opus Imperfectum); que es, cierto, el significado de la Parábola siguiente (1os Viñadores Homicidas) en Mateo; mas no de ésta. Pues no se puede mantener esa interpretación y ningún moderno la sostiene. Cristo mismo explicó la comparación aplicándola no a Gentiles y Judíos, sino a dos clases en el mismo pueblo judío; justos y pecadores: no cualesquiera justos sino "los que se tenían a sí mismos por justos" (Lc. XVIII, 9); no cualesquiera pecadores, sino los que se arrepentían.
Inesperadamente santo Tomás después de proponer la exégesis antigua, introduce una propia de "los Laicos y el Clero", identificando a los laicos con el hijo que primero puteó y al fin hizo el trabajo; y al clero con el que no hizo nada sino buenas palabras. Parece demasiado anticlerical.

Los Santos Padres antiguos estaban demasiado entusiasmados con la construcción de la Cristiandad, en la que los Gentiles habían sido preferidos a los Judíos reprobados, de modo que todas las sobrehumanas promesas proféticas del Antiguo Testamento se trasladaban a ellos mismos, y a nosotros cuitadillos; tanto que para poder acomodarlas a la realidad fáctica de la Iglesia, hacen a veces unas distorsiones alegóricas que ya, ya... Mucha más luz y sobre todo espíritu de sobriedad ha entrado desde entonces, aunque no en todos. Quedan aunescrituristas que continúan aplicando las desmesuradas profecías parusíacas de Isaías por ejemplo al estado actual de la Iglesia: lo cual constituye un grotesco.

La devoción de los Doctores antiguos es comprensible ante el medro continuo y los triunfos de la fe creciente en Europa; hoy día ya no es devoción, sino devaneo. Cristo aplicó por sí mismo la parábola y eso (además de su contexto) excluye toda duda o discusión: "De verdad os digo que los publicanos y meretrices os preceden hacia el Reino de Dios; pues vino a vosotros Juan en el camino de la justicia, y no lo creísteis;mas los publicanos y las meretrices creyeron; y vosotros, ni siquiera después de verlos, os convertisteis a creer... Al decir "os preceden" no significa que los Príncipes de los sacerdotes (o funcionarios de la Curia) y los Masviejos del Pueblo (o miembros del Sanedrín) también iban por la vía de la justicia aunque un poco más atrás; significa que los pecadores habían entrado (la frase griega dice "hacia", y no "en" el Reino de Dios) y los "justos" no todavía; y eran exhortados a hacerlo con su ejemplo -aunque sin esperanza. La expresión griega traducida por "os preceden" equivale a nuestra expresión vulgar: "os han ganado de mano".

El contexto confirma todo: la parábola está precedida por la discusión sobre la autoridad del Bautista y de Cristo (Evang. de Jes., pág. 336) y seguida por la terrible parábola de los Viñadores Homicidas en que Cristo concluye solemnemente que "será quitado de vosotros el Reino de Dios y dado a otra gente que haga fruto", por lo cual lo quisieron matar (tercera tentativa de asesinarlo en tumulto), mas se retrajeron de miedo al pueblo "que lo tenía por profeta". Y de hecho allí les hizo una amenaza profética, que se cumplió por cierto: "La piedra que los albañiles desecharon, se hará el sillar angular. Dios lo hizo y es admirable en nuestros ojos. Y el que caiga sobre esta piedra se descalabrará, y al que le caiga la piedra encima, lo hará trizas". Él era la piedra desechada por la Sinagoga: "Petra autemeratChristus", dice san Pablo. Y la Sinagoga fue hecha trizas.

Y las otras piedras con que estaba edificada su Iglesia, también era gente "desechada", e incluso desechos humanos, por regla general. ¿Por qué dice justamente "publicanos y prostitutas"?

Toma los extremos más despreciados, pues de hecho con la predicación de Juan se convertía "toda clase de gente" nos dice el Evangelio; y lo mismo sucedía con la propia, la cual Él no nombra aquí, pero continuaba la de Juan: de hecho el "entrar hacia el Reino de Dios" de esa pobre gente, era ir hacia Él, buscarlo a Él, como les mandaba el Bautista. Cristo no nombró justamente a las prostitutas y publicanos por sentimentalismo morboso; por el romanticismo, resentimiento y demagogia de hoy en día. No existía entonces, ni era propia de Cristo, la tendencia enfermiza actual, creada a mi parecer por los románticos franceses del XIX, a preferir la "traviata" a la mujer honrada (comoDumas, Verdi; y también Tolstoy ... y Dostoiewsky) o el ladrón y asesino al juez (como Víctor Hugo, Galsworthy y también más inocentemente O. Henry y Steinveck); es decir, a romper los cuadros sociales y los dictámenes de la moral común: eso es "democrassia": es obra del liberalismo que predicó una "igualdad" imposible y creó la desigualdad mayor que ha existido en la historia del mundo.

Hay muchos autores (Sholem, Ludwig) que pintan hoy día a Cristo como un demagogo y un sentimental ruso que andaba recogiendo los desechos de la sociedad por el hecho de ser desechos, no por ser pecadores arrepentidos; y la misma gran cabeza de Nietzsche cayó en esta trampa y denunció con furor la "subversión de la tabla de valores" como obra del Cristianismo y del resentimiento social. Tiene razón en creerla hoy día un hecho; también tiene razón en creerla obra del cristianismo... corrompido. El cristianismo corrompido en los países latinos es el liberalismo con sus secuelas, falsa democracia y comunismo; en los países nórdicos es el protestantismo: el único cristianismo éste que conoció de cerca Nietzsche, descendiente de una fila de "pastores" calvinistas. Nietzsche es a la vez curiosamente un profeta del Anticristo y un profeta del cristianismo puro y profundo, con el cual nunca topó. ¡y pensar que vivió en Turín cuando andaba por allí Don Bosco! Pero el cabezote alemán andaba entonces ya medio enloquecido.
El liberalismo es una cosa pegajosa y viscosa, como una rana, propia de seres blandengues. Puede que denuncie una degeneración de la raza; a osadas sintomatiza una degeneración de la inteligencia.

Él produjo esta gran confusión y farsa, que es al mismo tiempo una religión (herética) que llaman democrassia. "Cuá, cua" cantaba la rana -"Cuá, cua", debajo del río". "Democracia, democracia y democracia": el que no repita ese shibolete es "nazi". Sí, yo la repito en todos mis discursos y audiciones radiales; pero hay verdadera y falsa democracia, señor, y yo estoy con la verdadera. -Exactamente; ¿y cual es la falsa? -"La democracia niveladora, aspirando (un gerundio mal usado) al monótono imperio de las medianías iguales, la democracia mal entendida, la que combatió Rodó..." Espléndido, ¿y cual sería la verdadera? ¡Ay, no es fácil de definir, tendría que copiar una página para eso,la que escribí en mi prólogo a la versión española de Los Héroes de Carlyle ... Eche y no se derrame: que disponemos de papel y tinta. Ahí va, pues:

"La democracia es ya un hecho vencedor, es algo definitivo y además, BIEN INTERPRETADA, es legítima, es lo que piden el progreso y la justicia; se puede y se debe pues conciliarla con la idea de Carlyle, con la misión providencial del heroísmo impulsando la marcha de la vida. La democracia debe ser: igualdad de condiciones, igualdad de medios para todos, a fin de que la desigualdad que después determina la vida, nazca de la diferencia de las facultades, no del artificio social; de otro modo: la sociedad debe ser igualitaria, pero respetando la obra de la naturaleza que no lo es. Mas no se crea que la desigualdad, que después determinan las diferencias de méritos y energías, supone en los privilegiados por la Naturaleza el goce de ventajas egoístas, no: los superiores tienencura de almas, y su superioridad (cacofonía, "cuá, cuá") debe significar sacrificio.

Los mejores deben predominar para mejor servir a TODOS..."
¿Les gusta esa prosa? Supongo que la han acribillado de signos de interrogación... y admiración. Es de Clarín (Leopoldo Alas) en el prólogo del libro Ariel de Rodó. Clarín fue un liberal de talento; no me atrevo a decir inteligente. El librito Ariel es mediocre y viscoso; temo ofender a algún uruguayo con esto, pero seguramente no a todos. Muchos uruguayos saben ya qué cosa fue Rodó: un escritor que está bastante bien como "alumno aplicado" de los autores franceses (no los mejores) e ingleses (traducidos) de cuyas citas está atiborrado el libro -comenzando y acabando naturalmente con Renán; en suma, un "fot-en thème'' (que dirían sus maestros) como fueron casi todos los "maestros" (discípulos) de su generación, en Uruguay y aquí. Tanto él como Clarín exponen bastante bien el ideal rusoniano de "la democracia bien entendida". Es en el fondo un disparate de gente flaca, aunque bienintencionada.

"No se puede hacer" -esa es la brevísima respuesta; y los hechos nos han mostrado que "no se hace"; como apriori se podría predecir. ¿Con qué consigue usted que sus "privilegiados por la naturaleza" se conviertan de golpe en "curas de almas", hambrientos de "sacrificio" con el fin de "mejor servir a todos"? ¿Lo ha visto usted en su pueblo? ¿Lo ha visto en todo el mundo una vez sola, y en toda la extensión de la historia?¿Es usted así por si acaso? ¿Lo fue Rodó? Esa especie de completa santidad, que el liberalismo llamó "fraternidad", solo lo puede conseguir la más ardiente fe y caridad de Cristo (que usted combate como ateo y anticlerical); sólo lo puede conseguir la santidad heroica y HASTA AHORA NUNCA LO CONSIGUIÓ, Ni en sus épocas de más auge y esplendor, el Evangelio pudo hacer de los "privilegiados por la naturaleza" esos sacerdotes del bien común que usted sueña: salieron algunos tipos buenísimos y otros muy malos, Luis IX de Francia por un lado y Ricardo III por otro. ¡No se puede hacer! Usted ignora la naturaleza humana, ¡incluso la propia! ¡Y la ignora de blandengue que es! "¡Hermoso ideal!" Un ideal que es irrealizable no es hermoso... ni feo: es nada. El ideal liberal es el ideal de la isla de Jauja, donde se atan los perros con longaniza y las viñas crecen solas y producen el vino ya embotellado, y la uva de mesa en cajones... para los liberales.

Es la idea rusoniana de que "el hombre es naturalmente bueno" y solamente dándole libertad "se vuelven todos buenitos, "iguales" y fraternos". Pero si a mí me dan libertad, si suprimen la policía y la Ley de Dios, le encajo un garrotazo en la cabeza a Rodó que lo hago morir antes de tiempo, Murió en Nápoles el pobre, a los 45 años, tísico y entontecido, un endeble; sobre todo de inteligencia.
Faguet, un liberal más talentudo que estos dos, pero liberal al fin, escribió: "El ideal verdadero del liberalismo es llegar a la Igualdad, Pero si se da Libertad a los hombres, crece la desigualdad; por tanto tiene que entrar a tallar la "Fraternidad", es decir, esa santidad extraordinaria que ni el cristianismo logró infundir en todos; un supercristianismo. ¿Cómo se crea ese supercristianismo? Diciendo macanas. Si examinan la limpia página de Clarín, como cualquier página de otro liberal, incluso del Pontífice Rousseau, verán las macanas y empezarán a poner signos de admiración -o no creer a sus ojos. Todos tenemos que tener "igualdad de condiciones" a fin de que "la desigualdad que después determina la vida" no haga daño. Pues bien, eso tenemos ¿acaso al nacer no somos todos iguales? Después viene "la vida" y nos "desiguala"; sea que naciéramos en cuna de raso o de rosa, cosa que al bebé no le importa o que naciéramos en un pesebre. Bueno, pero ahora entra a tallar la "fraternidad": los"privilegiados" por la vida tienen que ser santos. Lindo; ¿lo son ahora todos los que gobiernan en virtud de la "democracia bien entendida"? Ah, es que no se ha dado a todos "igualdad de medios... " "Igualdad de medios" en concreto significaría que todos los obreros de la bodega Colón deberían tener título de ingenieros y una bodega cada uno; pero entonces yo no tendría "igualdad de medios": tienen que darme una bodega a mí también... y yo la fundo (de fundir no de fundar) en tres meses con toda mi literatura. La fundo sin querer.

"Entonces usted no está por la república como Clarín, sino en contra; y está por la Monarquía o más bien (¡qué horror!) por la dictadura de Franco". Y yo estoy solamente en contra de las macanas; por ejemplo, esa que dice allí sobre la "república española": que "es legítima, y es lo que piden el progreso y la justicia". El sistema democrático es legítimo, lo han dicho todos los filósofos políticos; aunque es el más flojo de los tres sistemas legítimos; pero no es ni necesario, ni el más excelente; como implica eso de que "lo pide el progreso y la justicia"; lo pide a veces la "circunstancia" y nada más. Aquí ha mostrado la oreja la "religiosidad" liberal: la democracia es un "dogma", es lo mejor, lo necesario, lo santo. El que se le oponga es un malvado, un monstruo. Aquí está el error filosófico y teológico, que a mí me concierne como doctor sacro.

Estos liberales que abominan tanto la Inquisición lo hacen porque ellos se la han apropiado: el que no es "democrático", es hereje; y debe morir. Por esa razón se ha fusilado en la Argentína a muchísima gente desde 1853 a 1890 (y también... después) porque resistían al liberalismo, por tener ellos otro sistema político... que era el verdadero. La Inquisición al fin castigaba por "fractura contumaz de la fe religiosa con daño desorden o peligro del orden social". Estos castigan por fractura de una opinión política -que es falsa. ¿Dije yo que eran blandengues? Para sus adversarios políticos no lo son, Cristo. La vieja fe en Cristo se les ha transformado en fe en Rousseau y son más herejes que los que quemaba la Inquisición; e incluso que los mismos quemadores; a los cuales yo no amo, porque he sentido sus garras en carne propia. Pero en aquellos tiempos eran necesarios, según dicen; al menos eso se puede defender. Ahora basta, Bastián, Lanza del Vasto.

El liberalismo ha desolado a este país y es la causa de su actual atraso político -y económico; e incluso religioso y cultural. La "fraternidad" liberal lejos de producir la santidad heroica, produjo lo contrario: actualmente en la Argentina ninguno puede tener éxito en política si no es un degradado. Los antiguos decían que "los virtuosos deben gobernar"; el liberalismo, sin dejar de invocar siempre la virtud, ha creado de hecho una selección al revés, que se formula así: "de hecho sólo pueden gobernar los pícaros". Hagan la prueba si quieren, traten de llegar a los tronos y a las cumbres (y al Tesoro Público) por medio de la veracidad, el honor, la honradez y la justicia; después me dicen. Me avisan rápido.

Para poner un ejemplo en lo menor. Un viejo político me dijo cuando yo tenía 23 años: "¡Qué manera de robar ahora! Todavía si robaran como en nuestro tiempos, ¡pase!" Yo me reí; pero ahora pienso que tan mala era aquella semilla de hurto y coima que sembraron nuestros gigantes padres, como su actual floración exuberante: la semilla tenía naturalmente que hacerse árbol. Es casi imposible que un gobernante actual se abstenga de robar: lo empujan a ello con una fuerza casi irresistible. ¿Quién lo empuja? Siete motivos que son siete caracteres necesarios de la "democrassia mal entendida", tal como existe entre nosotros."El gobernante que no roba es un sonso"; este juicio moral que tiene ahora expresión y vigencia en Buenos Aires, a los ojos de Dios será falso, pero a los ojos de los porteños es verdad. Y a mis ojos, que son santafecinos, es semiverdad. A esto nos ha conducido "los superiores que tienen cura de almas, cuya superioridad debe significar sacrificio para mejor servir a todos" del ingenuo Clarín. La democrassia es un régimen... alimenticio.

Un amigo que es burócrata me dijo cuales eran las siete tentaciones de san Burocracio, a las cuales él heroicamente (aunque con caídas) resistía: 1a no trabajar; 2 a, charlar de política; 3a chismear; 4a, murmurar del jefe; 5a, tratar guarangamente al público; 6a, coimear; 7a y 1a, robar. Cuanto más alto esté el burócrata, más fácil satisfacer la tentación; y si está a la cabeza y por encima del organismo burocrático, ayúdeme a pensar. No; la democrassia con su burocrassia, su plutocrassia y su idiosincrassia, (incluso la democrassia "bien entendida") no es el mejor de los regímenes políticos posibles. Es el más flojo... y el más caro. Obras y no palabras, caballeros. Vuestro "ideal"se ha realizado al revés; en vez de gobernar los "mejores" y "sacrificarse" por el "procomún", gobiernan los bueno buenoy no se sacrifican un rábano; por suerte (y porque las leyes morales son inexorables) casi todos acaban mal.

La "verdadera democracia" es la de Cristo, a saber: hacer justicia a todos y decir la verdad a todos, sean sacerdotes o prostitutas; y ayudar a los desechos humanos a volverse seres humanos, sin pintarlos para eso románticamente como seres sobrehumanos. El verdadero demócrata es el hijo que lanzó una puteada cuando su padre lo mandó trabajar, y trabajó; no el otro que desobedeció después de decir: "Con mucho gusto, Papi"; y si me hablan de filosofía política, existe una" democracia buena" -o sea lícita- que es "el peor entre los sistemas buenos y el mejor entre los sistemas malos" -dijo Platón. A ese yo pertenezco, pues soy republicano (no español) hasta los huesos, puesto que no tengo más remedio. Si hubiese nacido en Inglaterra sería monárquico; y me iría igual de mal que aquí. Pero esa "democracia lícita" que santo Tomás denomina "república" (dejando el nombre técnico "democracia" para la demagogia, o sea, su corrupción) debe ser reforzada para dar un buen gobierno, con elemento aristocrático y elemento monárquico, "régimen mixto" como fue la República Romana, la más exitosa que ha existido. Que es lo que hay que hacer en la Argentina, hoy políticamente invertebrada (o peor, quebrada como culebra tundida); pero yo no lo voy a ver.

Mas esto que tenemos ahora no es ni democracia ni república ni liberalismo siquiera: es una desintegración política, herencia de grandes pecados nacionales que han hecho crisis; la cual Dios puede arreglar pero yo no, anoser que Dios me ayudara con un milagro: pues Dios y yo juntos podemos casi tanto como Dios solo. Los molinos de Dios muelen despacio; Dios castiga pero no con palo; Dios no paga el Sábado sino cuando quiere, y ahora ha querido "pagar" los pecados nuestros y de nuestros padres todos juntos con algo que es indudablemente castigo suyo. No tenemos más remedio que putear un poco, y después ir y hacer su Voluntad.
(Castellani, L., Las parábolas de Cristo, Edicones Jauja, Mendoza (Argentina), 1994, p. 285 - 293)


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Comentario: Hans Urs von Balthasar - Jesucristo dijo e hizo

1. Decir y hacer.

La parábola de los dos hijos el primero de los cuales se niega a obedecer a su padre, pero luego se arrepiente y cumple su voluntad, mientras que el segundo promete obedecerle, pero no cumple su promesa -contiene en el fondo, si se la contempla a la luz de todo el evangelio (con su conclusión sobre los fariseos y los pecadores), dos enseñanzas. La primera es que una conversión tardía es mejor que el fariseísmo que cree erróneamente no tener necesidad de conversión: Jesús no ha venido a invitar y a curar a los que creen tener buena salud, sino a los enfermos (Mt 9,12s). La segunda distingue claramente entre decir y hacer, entre los piadosos deseos con respecto a Dios, con los que uno puede engañarse a sí mismo porque piensa haber hecho ya bastante, y las obras efectivas que a menudo realizan personas cuyo comportamiento externo no permitiría sospechar que son capaces de realizar tales obras. Volvemos a encontrar aquí la enseñanza de Jesús a propósito de los que dicen «Señor, Señor» (al final del sermón de la montaña) y de la casa construida sobre arena y no sobre roca. Estas dos enseñanzas del evangelio se explican muy bien en las lecturas.

2. Conversión tardía.

La primera lectura, del profeta Ezequiel, se refiere a la conversión tardía. Los caminos de la vida son confusos y no pocas veces inextricables. El hombre puede perderse primero en los dominios del pecado, lejos de Dios. Quizá dice, como el primer hijo del evangelio, un claro no al Padre. Pero para poder pronunciar este no es preciso haber oído antes la exigencia divina, y como ésta deja siempre un eco en el alma, el pecador se siente incómodo con su conducta. La mala conciencia le persigue y por así decirlo le estropea el placer que proporciona el pecado: murmura como Israel contra el Dios aguafiestas: «No es justo el proceder del Señor» (Ez 18,2S), pero sabe que Dios no puede ser injusto. Es lo que le sucedió a la pecadora arrepentida que regó con sus lágrimas los pies de Jesús en casa del fariseo (Lc 7). Una conversión, aunque sea tardía -piénsese por ejemplo en la conversión del buen ladrón en la cruz-, es un acontecimiento tan esencial para Dios que éste lava todos los pecados anteriores en silencio y comienza una contabilidad totalmente nueva en la vida del pecador convertido. Los datos de esta vida no son agregados o sumados al final, en el juicio, sino que, cuando comienza la nueva vida, se produce un borrón y cuenta nueva. Por eso los publicanos y las prostitutas pueden llegar al reino de los cielos antes que los fariseos.

3. Lo importante es hacer.

La segunda lectura muestra que lo realmente importante no es decir sino hacer. El ejemplo más eminente es el propio Jesucristo, que se despojó de su rango, tomó la condición de esclavo y se hizo obediente a Dios hasta la muerte de cruz. Aquí no se habla para nada de sus enseñanzas, sino únicamente de su acción, aunque ciertamente Cristo pronunciara ya todas sus palabras en obediencia al Padre. Y la gran exhortación de Pablo a la comunidad pretende únicamente lograr que todos sus miembros tengan los sentimientos que corresponden a una vida en Cristo Jesús. Al igual que Cristo no hizo alarde de su categoría divina, sino que murió en la cruz por todos sus hermanos y hermanas, así también el cristiano no debe pensar primero en sí mismo, sino considerar «superiores a los demás», algo que sólo es posible teniendo la humildad de Cristo, que se pone en último lugar y no hace nada por «envidia ni por ostentación». El sí del segundo hijo del evangelio era pura ostentación: quería aparecer como el hijo modelo, con lo que se convierte automáticamente en un falso miembro de la comunidad de Cristo.
(HANS URS von BALTHASAR, LUZ DE LA PALABRA, Comentarios a las lecturas dominicales A-B-C, Ediciones ENCUENTRO.MADRID-1994.Pág. 106 s.)

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Santos Padres: San Juan Crisóstomo - Parábola de los dos hijos

Nuevamente les arguye el Señor por medio de parábolas, para darles a entender, por un lado, la ingratitud de ellos y por otro, la docilidad de aquellos mismos que tan absolutamente condenaban. Porque estos dos hijos ponen bien de manifiesto lo que sucedió con losjudíos y con los gentiles. Porque fue así que los gentiles, que no habían prometido obedecer y no habían oído jamás la ley, en sus obras mostraron su obediencia; y losjudíos, que habían dicho: Todo cuanto dijere el Señor lo haremos y obedeceremos, en sus obras le desobedecieron. Justamente porque no pensaran que la ley había de servirles para algo, Él les hace ver que ella había de ser motivo de mayor condenación. Que es lo mismo que Pablo afirma cuando dice: No los que oyen la ley son justos delante de Dios, sino los que cumplen la ley serán justificados. Y notemos que, para que sean ellos mismos quienes se condenen, les obliga el Señor a responder a su pregunta, que era como pronunciar su propia sentencia. Lo mismo hace luego en la parábola siguiente de la viña.

Publicanos y rameras van delante
Para conseguirlo, pone la culpa en otra persona. Como directamente no lo hubieran querido confesar, los va llevando a donde quiere por medio de la parábola. Mas ya que ellos mismos sin entender lo que decían, pronuncian su sentencia, el Señor pasa a revelarles lo que estaba como en la penumbra y les dice: Los publicanos y las rameras se adelantan a vosotros camino del reino de los cielos. Porque vino Juan a vosotros en camino de justicia, y no le creísteis, pero los publicanos y las rameras le creyeron. Y vosotros, a pesar de verlos, no os arrepentisteis luego para creer en él. Si les hubiera, sin más, dicho: 'Las rameras se os adelantarán', su palabra hubiera parecido dura; ahora, en cambio, cuando han sido ellos mismos los que han dado su sentencia, aquella dureza desaparece. De ahí que añade también la causa. -¿Y qué causa era ésa?-Vino Juan-dice-a vosotros, y no a ellos. Más aún: Vino en camino de justicia. Porque no vais a acusar a Juan de haber sido un hombre negligente e inútil. No, su vida fue irreprochable, y su celo extraordinario; y, sin embargo, no le prestasteis atención. Y, junto con ésta, otra culpa: que los publicanos se la prestaron. Y otra más todavía: que ni aun después de ellos creísteis vosotros. Porque su deber era haber creído antes; mas el no haber creído ni aun después, es pecado que no tiene ya perdón posible. Grande alabanza de los publicanos y mayor condenación de fariseos: 'A vosotros vino y no le atendisteis; a los publicanos no vino y lo recibieron. Y ni aun a éstos queréis por maestros. Mirad por cuántos modos alaba a los unos y condena a los otros: 'A vosotros vino, no a ellos. Vosotros no creísteis, y esto no les escandalizó a ellos. Ellos creyeron, y esto no os aprovechó a vosotros. Por lo demás, decir: Os preceden, no quiere decir que ellos sigan, sino que, si quieren, tienen esperanza de seguirlos.

Nada, en efecto, como la emulación despierta a la gente grosera. De ahí que el Señor repita a cada paso: Los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos. Y por eso, para excitar su emulación, les pone delante a publicanos y rameras. En realidad, éstos son los dos extremos del pecado; los dos engendrados de un mal amor: la concupiscencia de la carne y la codicia de la riqueza. Pero con ello les prueba también que creer a Juan es, sobre todo, obedecer a la ley de Dios. El que las rameras, pues, entraran en el reino de los cielos no fue obra de sola gracia, sino también de justicia. Porque no entraron siguiendo en su mala vida, sino obedientes y creyentes, purificadas y transformadas. Ya veis, pues, cómo con la parábola y luego con el ejemplo de las rameras quitó dureza, a par que añadió viveza a su palabra. Porque no les dijo a bocajarro: '¿Por qué no creísteis a Juan Bautista?' Su procedimiento es más enérgico. Primero les pone el ejemplo de las rameras y luego añade lo de la fe, convenciéndolos por la evidencia misma de los hechos de lo imperdonable de su conducta y haciéndoles ver de paso cómo todo o hacían portemor a los hombres y por vanagloria. Porque si no confesaban a Cristo, era por temor de ser excomulgados de la sinagoga; y si de Juan no se atrevían a hablar mal, no era por respeto a su santidad, sino por temor al pueblo.

De todo lo cual los arguyó con lo dicho, y todavía les asestó más duro golpe diciendo: Y vosotros, a pesar de saberlo, no os arrepentisteis después para creer en él. Malo es ya no decidirse por el bien desde el principio, pero mucho peor no cambiar tampoco después. Esto es lo que señaladamente hace perversos a muchos y esto es lo que veo pasarles ahora a algunos por su extremo endurecimiento.


Exhortación a la confianza: una conversión notable
Pero que nadie sea de ésos. Aun cuando hubiereis caído en lo más hondo de la maldad, nadie desespere de poderse convertir y mejorar. ¿No habéis oído la historia de la célebre pecadora pública, que dejó primero atrás a todos en disolución y a todos también oscureció luego por su piedad? No me refiero a la pecadora de que nos habla el Evangelio, sino a la de nuestros mismos días, procedente de una de las más corrompidas ciudades de Fenicia. El caso es que esta mala mujer se hallaba entre nosotros; era la primera actriz del teatro, su nombre corría de boca en boca por todas partes, no sólo en nuestra ciudad, sino también en la Cilicia y Capadocia. ¡Cuántas fortunas hizo dilapidar, a cuántos huérfanos quitó la vida! Muchos la acusaban hasta de magia, de modo que tendía sus redes no sólo con la belleza de su cuerpo, sino también con sus maleficios.

Entre sus redes llegó a prender esta mala mujer no menos que al hermano de la emperatriz. Tal era la tiranía de su belleza. Mas de pronto, no se sabe cómo, o, mejor dicho, yo lo sé perfectamente; con decidida voluntad, por su cambio de vida y por la gracia de Dios, que a sí se atrajera, despreció cuanto antes había amado, tiró por tierra todos los embustes del diablo y emprendió su carrera hacia el cielo. Realmente, nadie le había ganado en torpeza cuando actuaba en el teatro; y, sin embargo, a muchas sobrepujó, luego por su castidad más rigurosa, vestida de saco, y sin dejar ya en toda su vida este atuendo. Se acudió por causa de ella al prefecto de la ciudad, fueron soldados bien armados, y no fueron capaces de hacerla volver a la escena ni sacarla de entre las vírgenes que la habían recogido.

Ella se hizo merecedora de los misterios inefables, mostró un fervor digno de la gracia que se le había concedido y así terminó su vida, después de haber lavado por la gracia todos sus pecados y haber practicado después del bautismo la más alta filosofía. Porque, después de encerrarse a sí misma y viviendo todo el resto de su vida como en una cárcel, no consintió ni la más leve mirada a sus antiguos amantes que a ello venían. Así se cumplió aquí que los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos. Tan necesaria nos es en todo momento un alma inflamada de fervor, y nada hay entonces que nos impida llegar a ser grandes y admirables.

El que está en pie puede caer, y el que ha caído, levantarse
Nadie, por ende, de los que se hallan en pecado, desespere; nadie tampoco, de los que practican la virtud, se adormezca ni se fíe de su virtud, pues muchas veces le pasará delante una ramera. Ni tampoco el pecador desespere, pues muy posible es que también él pase delante a los primeros. Escuchad lo que dice Diosa Jerusalén: Díjele después de cometer todas estas impurezas: Conviértete, y no se convirtió. Lo que quiere decir que, por lo menos cuando nos volvemos al ardiente amor de Dios, Dios no nos echa ya en cara lo pasado. No es Dios como los hombres. Dios, si nos arrepentimos, no nos reprocha lo pasado ni nos dice: ¿Cómo te descuidaste durante tanto tiempo? Si nos volvemos a Él, nos ama. Lo que cumple es que nos volvamos debidamente. Unámonos, pues, con Él ardientemente, clavemos nuestros corazones con su temor. Conversiones así no sólo se han dado en el Antiguo, sino también en el Nuevo Testamento. ¿Quién fue peor que Manasés? Y, sin embargo, pudo hacerse a Dios propicio. ¿Quién más afortunado que Salomón? Y, sin embargo, por haberse adormecido, cayó.

Mas aún, en una sola persona os puedo hacerver lo uno y lo otro: en el padre mismo de Salomón, Porque David fue en ocasiones bueno y en ocasiones malo.

¿Quién más feliz que Judas? Y, sin embargo, vino a parar en traidor, ¿Quién más miserable que Pablo? Y, sin embargo, se convirtió en apóstol. ¿Quién peor que Mateo? Y vino a ser evangelista. ¿Quién más envidiable que Simón? Y también éste vino a ser el más miserable de todos. ¡Cuántas otras transformaciones semejantes no cabe citar, ora de antiguo sucedidas, ya de las que aun ahora suceden diariamente! De ahí que os repito: ni el que está en el teatro desconfíe ni el que está en la iglesia tenga temeraria confianza. A éste se le dice: El que crea estar en pie, tema no caiga; y a aquél: ¿El que cae, no se levanta? Y: Enderezad las manos flojas y las rodillas desatadas. Nuevamente a los unos les dice: Vigilad. Y a los otros: Levántate tú que duermes y resucita de entre los muertos. Los unos han de vigilar por guardar lo que tienen; los otros esforzarse por ser lo que no son. Aquellos han de guardar la salud; éstos, librarse de su enfermedad.

Porque están ciertamente muy enfermos; y sin embargo, muchos enfermos se curan, y muchos sanos, si son negligentes, enferman. A los unos se les dice: Mira que ya estás curado, no peques más, no sea te suceda algo peor. Y a los otros: ¿Quieres curarte? Pues toma tu camastro y echa a andar y vete a tu casa.

Porque terrible, terrible parálisis es el pecado, o, por mejor decir, no sólo parálisis, sino algo más grave. Porque el pecador no sólo es impotente para el bien, sino muy activo para el mal. Y, sin embargo, aun cuando tal sea tu situación, con un poco que quieras levantarte, todos tus males pueden desaparecer. Aun cuando lleves treinta y ocho años enfermo, con un poco de empeño que pongas en curarte, nadie te lo podrá impedir. También ahora se presenta delante de ti Cristo y te dice: Toma tu camilla. Basta que quieras: levántate. No desesperes. No tienes hombre, pero tienes a Dios. No tienes quien te arroje en la piscina, pero tienes quien hará que no tengas necesidad alguna de piscina. No tienes quien te meta en ella, pero tienes quien te manda que tomes tu camilla y camines. Aquí no cabe decir: Mientras yo bajo, otro se me adelanta. Porque, si tú quieres bajar, nadie hay que te lo estorbe. Es ésta una gracia que no se gasta ni consume, una fuente que mana perennemente y de su plenitud nos curamos todos en el cuerpo y en el alma. Acerquémonos pues, también ahora.

Rahab, mala mujer era, y se salvó. El ladrón, asesino sería, y se convirtió en ciudadano del paraíso. Judas que estuvo con el Maestro, se hizo traidor; y el ladrón, estando en la cruz, se hizo discípulo. Tales son las sorpresas de Dios. De este modo fueron los Magos gloriosos; así el publicano se convirtió en evangelista; así el blasfemo en apóstol.

El trabajo es breve; el premio, eterno
Mira estos ejemplos y no desesperes jamás. Anímate más bien y levántate a ti mismo. Basta sólo conque entres por el camino que allí lleva y adelantarás rápidamente. No te cierres las puertas, no obstruyas la entrada. Breve es el tiempo presente, escaso el trabajo. Mas aun cuando fuera mucho, ni aun así habría que desalentarse. Porque, aun cuando no tuvieres este trabajo, el más bello trabajo que existe, de la penitencia y la virtud, en el mundo, irremediablemente, tendrás de otro modo trabajos también y fatigas. Si, pues, en uno y otro caso hay trabajo, ¿por qué no escoger el que lleva aparejado tan gran fruto y recompensa? Y, a decir verdad, tampoco es igual uno y otro trabajo. Porque, en los negocios terrenos, los peligros son continuos, los daños se suceden unos a otros, la esperanza es incierta, la servidumbre mucha, y el gasto de dinero, de cuerpo y de alma, constante. Y luego, el fruto y recompensa está siempre muy por bajo de la esperanza, si es que llegan; pues no siempre dan fruto tantas fatigas en las cosas de la vida.

Mas aun cuando los negocios no fracasen, sino que den mucho fruto, ése permanece poco tiempo. Allá cuando viejo, cuando tu capacidad de gozar será poco menos que nula, te rendirá provecho tu trabajo. Y es de advertir que el trabajo lo pones en todo el vigor de tu cuerpo; el fruto, en cambio, y el goce te llega cuando tu cuerpo está ya viejo y agotado, cuando el tiempo ha marchitado tu sensibilidad y, aun cuando no la hubiere marchitado, la perspectiva de la muerte no te ha de dejar gozar. No así en la virtud. El trabajo es en el tiempo de la corrupción y en el cuerpo mortal; la corona, empero, en cuerpo inmortal y exento de vejez y que no ha de tener fin. El trabajo es lo primero y breve; la recompensa, posterior y sin término, a fin de que puedas ya descansar tranquilamente, sin perspectiva de molestia alguna. Porque allí no hay que temer ya cambio ni decadencia, como aquí.

¿Qué bienes, pues, son éstos, que no son ni seguros, que son breves y de barro, que antes de aparecer desaparecen, y que se ganan a costa de tantas fatigas? ¿Y qué bienes hay semejantes a aquéllos, que no se cambian, que no envejecen, que no nos producen fatiga alguna, y que en el momento mismo de los combates te traen la corona? Porque el que desprecia las riquezas, aquí mismo recibe ya su recompensa, libre que se ve de preocupaciones de envidias, de denuncias, de insidias y de malquerencia. El que vive casta y moderadamente, aun antes de salir de este mundo, es también coronado y vive entre delicias, libre igualmente que está de toda indecencia, ridiculez, peligros, acusaciones y de tantos otros inconvenientes. Y, por modo semejante, todas las otras virtudes nos dan ya desde aquí su recompensa.

Exhortación final: huyamos del mal, sigamos la virtud
A fin, pues de alcanzar los bienes presentes y venideros, huyamos la maldad y abracémonos con la virtud. Porque de este modo no sólo viviremos felices en este mundo, sino que alcanzaremos los bienes eternos, que os deseo a todos por la gracia y misericordia de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea gloria y poder por los siglos de los siglos. Amén.
(San Juan Crisóstomo, Homilía 67 Obras, BAC (Madrid 1956) 376-385)

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Aplicación: P. Ervens Mengelle, I.V.E. - ¿De la viña? Sí, quiero

El domingo pasado, queridos hermanos, vimos cómo Jesucristo empleaba la imagen de la viña de tan rico contenido en la tradición judía. Acabamos de escuchar cómo Nuestro Señor vuelve a emplear la misma imagen, pero ahora para ilustrar un nuevo elemento en relación con la Iglesia (que eso significa la viña).

1 - La Obediencia de la Fe
La enseñanza del evangelio es clara, pero no deja de ser sorprendente... sobre todo para los mismos judíos. Afirmar, como lo hace Jesucristo, que las prostitutas y los publicanos (las dos categorías de pecadores públicos más rechazadas del momento) le estaban sacando ventaja a quienes eran las máximas autoridades religiosas, era un afirmación osada, por decirlo suave. Lo peor es que los mismos líderes judíos habían dado la razón de ello. Jesucristo simplemente toma nota de lo que pasaba: unos creyeron y otros no. ¿Cómo es el proceso?

Ya lo conocemos: "Por su revelación, Dios invisible habla a los hombres como a amigos, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunión consigo y en ella recibirlos" (142). Hermosa imagen de lo hecho por Jesús.

¿Qué debería hacertodo hombre que toma conciencia de esto? "La respuesta adecuada a esta invitación es la fe... La Sagrada Escritura llama obediencia de la fe a esta respuesta del hombre a Dios que revela. Obedecer (ob-audire) en la fe, es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma" (142-144). Pensémoslo bien, someterse libremente, como pasa en el matrimonio (para ambos, cf. Ef 5,21). Por eso usamos la misma palabra, alianza, para referirnos a ambas relaciones, la de Dios con el hombre y la del esposo con la esposa.
"De esa obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma" (144). Si queremos entender qué significa eso de someterse libremente acá están los dos casos que tenemos que mirar detenidamente.

Abraham: salió de entre su familia, su clan, para ir adonde no sabía a ciencia cierta; jamás llegó a poseer como propia la Tierra Prometida; y llegó a ofrecer a su propio hijo, Isaac, en sacrificio, hijo que había sido concebido por fe. No por nada, san Pablo lo llama el padre de todos los creyentes (cf. 145-146).

Pero la que realiza de la manera más perfecta esa obediencia de la fe, lo sabemos muy bien, es la Virgen María. Hasta la Escritura lo dice: bienaventurada tú que has creído. "Durante toda su vida, y hasta su última prueba, cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló" (cf. 148-149): al pie de la cruz, de pie, como reza el antiguo himno Stabat Mater.

2 - ¿Obediencia Libre?
Ahora ¿qué es lo que nos revela la parábola que Cristo enseña? Sencillamente saca a la luz cuál es la actitud real que los hombres tienen frente a él, o sea si realmente existe la fe. ¿En qué se ve? En la acción. El que hace la voluntad del padre es el hijo que primero rechaza hacer lo que el padre le pide pero finalmente lo hace. Muéstrame tu fe sin obras que yo por las obras te mostraré mi fe, dice Santiago (2,18).

Recordemos la imagen usada por Cristo: la viña. Ya el domingo pasado dimos a entender todo el significado que esa imagen encierra. Con la parábola de hoy, Jesús nos lleva a considerar un elemento capital de nuestra relación con la viña y nuestra acción respecto de ella.

Dijimos el domingo pasado que cada sociedad tiene un fin determinado; incluso más, es ese fin, al cual se lo llama bien común, lo que distingue una sociedad de otra. Bien común es "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (1906). Pues bien, todos hemos de colaborar en ello: "es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común. Este deber es inherente a la dignidad de la persona humana." (1913), porque "la sociedad es indispensable para la realización de la vocación humana" (1886).

Yendo a lo profundo de la cuestión, el Beato Juan XXIII decía así: "La sociedad humana... tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu; a disfrutaren común del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; a asimilar con afán, en provecho propio, los bienes espirituales del prójimo. Todos estos valores informan, y al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo" (en 1886).

Esto que se dice de la sociedad natural (o sea la familia, el barrio, la ciudad, la nación, etc.), también se aplica, y con mayor razón, a la sociedad sobrenatural (es decir el Reino de Dios, la Iglesia), puesto que con el orden sobrenatural Dios no destruye cuanto de bueno Él mismo había puesto en la naturaleza. La condición social de la naturaleza del hombre también es redimida por Cristo.
Dicho sencillamente, todos y cada uno estamos llamados a colaborar en la viña. Recordemos el reproche que escuchamos en el evangelio del domingo pasado, hecho al último grupo de trabajadores: ¿Qué hacéis ahí sentados? Venid también vosotros a trabajar a mi viña.

¿Cómo se hace concretamente esto? "la participación se realiza ante todo con la dedicación a las tareas cuya responsabilidad personal se asume: por la atención prestada a la educación de su familia, por la responsabilidad en su trabajo..." (1914). De nuevo, esto vale tanto para el orden natural como para el sobrenatural. Y observemos que dice "ante todo", pero no la única manera. San Juan lo señala claramente: En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos (1Jn 3:16).

3 - Vivir en sociedad es vivir en caridad y viceversa
Es muy fácil excusarse o negarse o simplemente desentenderse de lo que debemos hacer. ¿Por qué? Veámoslo, ¿por qué en un principio el hijo dijo que no? Básicamente, por comodidad, o sea, por egoísmo. Pero, luego cambió, es decir se dio en él una conversión, algo que es constantemente requerido de nuestra parte: "la participación de todos en la promoción del bien común implica... una conversión, renovada sin cesar de los miembros de la sociedad" (1916; cf. 1888).

La sociedad, hemos señalado siguiendo al catecismo, "es indispensable para la realización de la vocación humana. Ahora, para alcanzar este objetivo es preciso que sea respetada la justa jerarquía de los valores que subordina las dimensiones 'materiales e instintivas' del ser del hombre 'a las interiores y espirituales'..." (1886). La inversión de los medios y de los fines, que lleva a dar valor de fin último a lo que sólo es medio para alcanzarlo, o a considerar las personas como puros medios para un fin... 'hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana, conforme a los mandamientos del Legislador Divino' dijo Pío XII (cf. 1887). Si esto se dice de la sociedad de orden natural ¿con cuánta mayor razón no será verdad para el orden sobrenatural?

En realidad, la necesidad es incluso mayor. Dada la situación actual del hombre, herido por el pecado original, se hace virtualmente imposible alcanzar una sociedad perfecta prescindiendo de la revelación: "sin la ayuda de la gracia, los hombres no sabrían acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad que cede al mal y la violencia que, creyendo ilusoriamente combatirlo, lo agrava" (1889)

Esta es la situación real y pruebas más que sobradas las tenemos en lo que vemos día a día en todas las naciones del mundo. ¿Cuál es el camino? "Es el camino de la caridad, es decir, del amor de Dios y del prójimo. La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la única que nos hace capaces de ésta. Inspira una vida de entrega de sí mismo: quien intente guardar su vida la perderá, y quien la pierda la conservará" (1889).

4 - Conclusión
En síntesis, queridos hermanos, la parábola de hoy, retomando la imagen de la viña, nos recuerda el misterio del Reino de Dios. Al mismo tiempo, Jesús nos muestra que, sabiendo escuchar qué es lo que el Padre quiere, es necesario que lo hagamos.
La Virgen María, como hemos señalado, nos dio un ejemplo de aceptación de lo que Dios pedía. La segunda lectura también nos recordó el extremo al que Jesús llegó en su obediencia al Padre. Toca ahora a nosotros ponernos a trabajar decididamente en la viña para no ser considerados siervos malos y perezosos, indignos de recibir la paga prometida, que es nada menos que la vida eterna.
(MENGELLE, E., Dios Padre y su Reino, IVE Press, Nueva York, 2007. Todos los derechos reservados)

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Aplicación: Benjamín Oltra - El amor se expresa en obediencia

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña ". Él contestó: "No quiero ". Pero después se arrepintió y fue».

Mejor es cumplir la voluntad de la persona amada, (en este caso Dios), sin reconocerla que reconocerla y no cumplirla.

Reconocer la voluntad de la persona amada es aceptar sus razones, comprender sus motivaciones, conocer sus deseos, darle el sí, llegar a un encuentro a nivel intelectual no admitiendo, ni consintiendo, fisura ni discusión alguna; pero eso no es amor. No discutir no es amar.

El amor es una adhesión personal que se traduce en hacer mía la voluntad del otro. El amor se expresa en la obediencia, pues ésta pone de manifiesto el interés profundo de la persona en ese momento. Quien ama procura una fusión de voluntades sin confusión de libertades ni de personalidades. Obedecer no es acatar y ser uno con la otra persona, no es dejar de ser dos.

Por eso, cuando se dice que dos personas mantienen «relaciones» nunca nos referimos a que están de acuerdo en el plano intelectual, que aceptan el principio de Arquímedes o que se creen, a pies juntillas, el teorema de Pitágoras; sino que nos referimos al plano de la afectividad, que se traduce en una suma de voluntades que es la obediencia.

«Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor ". Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre ? Contestaron: "El primero"».

Educar en la voluntad, educar en la obediencia, es preparar para el amor. Hoy creo que se da una laguna en este campo; maestros y padres están más ocupados y preocupados por instruir que por educar. Para la inmensa mayoría de la gente amar es querer, querer para sí, y cuando no quieren se acaba todo. Creen amar y confunden obediencia por absorción, dependencia o dominio. Amor y libertad son, para ellos, términos antagónicos hasta el punto de que cuando dejan de amar se sienten libres. ¡Qué barbaridad!

La obediencia debida al amor es fruto de la razón y de la conciencia del individuo que caminan juntas: Amo y obedezco cuando pienso y siento al unísono con otra persona. Por eso puedo definir el amor como un compromiso con uno mismo hacia la persona del otro.

Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y aun después de ver esto vosotros no os arrepentisteis ni le creisteis».

Son posibles ciertas formas aparentes de obediencia sin amor, ahí están el acatamiento por temor, interés o negocio, pero es del todo imposible el amor sin obediencia. La pérdida de interés por complacer al otro, haciendo tuya su voluntad con alegría, manifiesta tu desinterés por él como persona. Obedecer pone de manifiesto el deseo de unión personal, corporal y espiritual. Cuando aparece el desinterés por complacer al otro cumpliendo su voluntad es que el amor desapareció y no se lo dijiste por caridad, piedad, miedo o interés. Pone más de manifiesto la ruptura afectivo/amorosa la no obediencia que la no atracción física.

En el amor obedecemos no por caridad, ni por interés, ni por el ejercicio de la paciencia, ni por miedo a perder a la persona amada; obedecemos porque la persona amada encarna nuestras aspiraciones y anhelos.

Éste es el momento en que podemos preguntarnos si Dios, o qué dios, encarna nuestras aspiraciones y anhelos. A qué Dios servimos y obedecemos.

En este asunto se dan muchas aporías, por ejemplo: hace más por la oración la lotería que la predicación de los curas. Mientras existan los juegos de azar habrá gente que rece; los hombres, incluso los creyentes, rezan al Dios Yahvé para apoyar y conseguir el favor del dios/dinero.

Ridículo pero real. Es más, se le dedica más tiempo, atención, obediencia y acatamiento a cuanto el dios/dinero requiere para ser conseguido y alcanzado que al Dios/Amor.

El amor no es amor si no se manifiesta en actos de obediencia, que es donación desinteresada, nunca en actos de dominio o acatamiento. Para ser feliz el hombre necesita expresar en su existencia concreta de cada día la esencia de su ser íntimo y personal. La esencia la expresamos en la existencia. Lo que somos y sentimos en la intimidad personal lo expresamos en la vida cotidiana. La persona madura, sana y equilibrada piensa, siente y actúa al unísono, en cohesión consigo mismo. Si consiente una dicotomía entre su pensar y actuar da pie a un principio de esquizofrenia muy peligroso. Contradecirse es de humanos, hasta setenta veces siete, pero lo grave es vivir en paradoja, en la contradicción por sistema.

Ser y tener la valentía de expresarlo es el fundamento de la felicidad y es a lo que llamamos autenticidad.

Hay muchos, demasiados, que se ocupan y preocupan por «aparecer» al margen de toda verdad y autenticidad. Existen y tienen mucho prestigio los expertos creadores de imagen, es cuestión de política no de ética.

Shekaspeare en «Duque de Kent» presenta un dilema: «Ser lo que pareces o parecer lo que eres. . .»

Somos lo que elegimos ser. Somos la elección de un modo de vivir, de pensar y de obedecer.

Hay aspectos, talentos, que recibimos por nacimiento, otros se van adquiriendo con el pasar del tiempo. Hombre o mujer se nace, persona uno se hace. Nadie es cristiano por nacimiento, sino que se llega a serlo por abrazar el destino/designio/vocación en nombre del cual se acepta sacrificar la propia existencia dando un sí a Dios y cumpliéndolo.

La calidad de vida de un cristiano no depende de los credos o juramentos que realice, ni de la limpieza de sangre de su linaje; sino de sus actos de amor, que son de obediencia a Dios. Uno no ama porque cumple una ley, un derecho, sino porque obedece a una persona.
(BENJAMIN OLTRA COLOMER, SER COMO DIOS MANDA, Una lectura pragmática de San Mateo, EDICEP. VALENCIA-1995. Págs. 111-113)

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Aplicación:  P. Raniero Cantalamessa - Las prostitutas en el Reino

En la parábola, el hijo que dice sí y no obedece representa a aquellos que conocían a Dios y seguían su Ley, pero después en la práctica, cuando se ha tratado de acoger a Cristo que era «el fin de la Ley», se han echado atrás. El hijo que dice no y obedece representa a los que en un tiempo vivían fuera de la Ley y de la voluntad de Dios, pero después, ante Jesús, se han arrepentido y han acogido el Evangelio. Leída hoy, la parábola de los dos hijos dice que para Dios las palabras y las promesas cuentan poco si no se siguen de las obras.

Sin embargo, explicado el contenido central de la parábola, es necesario aclarar la extraña conclusión que Jesús saca de ella: «Los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios». De ninguna expresión de Cristo se ha abusado más que de ésta. Se ha acabado por crear a veces una especie de aura evangélica en torno a la categoría de las prostitutas, idealizándolas y oponiéndolas a los llamados juiciosos, que serían todos, indistintamente, escribas y fariseos hipócritas. La literatura está llena de prostitutas «buenas». ¡Basta con pensar en la Traviata de Verdi, o en la apacible Sonia de Crimen y castigo de Dostojevski! Pero hay un terrible malentendido. Jesús pone un caso límite, como para decir: «Hasta las prostitutas –que lo dice todo-- os precederán en el Reino de Dios». No nos damos cuenta, además, de que idealizando la categoría de las prostitutas se llega a idealizar también a la de los publicanos que siempre la acompaña en el Evangelio, esto es, la de los usureros.

Sería trágico si esa parábola del Evangelio hiciera a los cristianos menos atentos a combatir el fenómeno degradante de la prostitución. Jesús tenía demasiado respeto por la mujer como para no sufrir, él primero, viéndola reducida a prostituta. Si la aprecia no es por su manera de vivir, sino por su capacidad de cambiar y de poner al servicio del bien la propia capacidad de amar. El Evangelio no empuja pues a campañas moralistas contra las prostitutas, pero tampoco a bromear con el fenómeno, como si fuera cosa de nada.

Hoy, entre otras cosas, la prostitución se presenta bajo una forma nueva que logra hacer dinero a manos llenas, sin los riesgos que siempre han corrido las pobres mujeres en la calle. Esta forma consiste en ver el propio cuerpo con la tranquilidad de estar tras una máquina fotográfica o una videocámara. Lo que la mujer hace –o es obligada a hacer— cuando se presta a la pornografía y a ciertos excesos de la publicidad es vender el propio cuerpo. Es una forma de prostitución peor, en cierto sentido, que la tradicional, porque no respeta la libertad y los sentimientos de la gente, imponiéndose a menudo públicamente, sin que nos podamos defender de ello.

Fenómenos así suscitarían hoy en Cristo la misma cólera que mostraba por los hipócritas de su tiempo. Porque se trata precisamente de hipocresía. Fingir que todo está en su sitio, que es inocuo, que no existe trasgresión alguna, ni peligro para nadie, dándose hasta un cierto --estudiado— aire de inocencia e ingenuidad al arrojar el propio cuerpo al pasto de la concupiscencia de otros.

Pero traicionaría el espíritu del Evangelio si no sacara a la luz la esperanza que esa parábola de Cristo ofrece a las mujeres que por las circunstancias más diversas (frecuentemente por desesperación) se han visto en las calles, víctimas la mayoría de las veces de explotadores sin escrúpulos. El Evangelio es «evangelio», esto es, buena noticia, anuncio de rescate, de esperanza, también para las prostitutas. Es más, tal vez primero que nada para ellas. Jesús ha querido que fuera así.
(P. R. Cantalamessa, Comentario al Evangelio del Domingo, Famiglia Cristiana)

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Aplicación: Padre Jesús Marti Ballester - El Señor espera nuestra conversión

1. Viene Jesús de Galilea. Viene con sus discípulos en peregrinación para celebrar la Pascua en la ciudad santa, Jerusalén. En Jericó cura a dos ciegos. Entra en Jerusalén con aclamaciones y cantos de júbilo. El Domingo de Ramos: "Jesús arroja del Templo a los que compraban y vendían y derriba las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas" (Mt 21,12). Al oír los "Hossannas" de los niños, los príncipes de los sacerdotes y los escribas se han puesto furibundos.

Jesús aprueba el gesto de los niños y les recuerda a los que protestan que de ellas brota la verdad: "De la boca de los niños de pecho has hecho salir la alabanza" (Mt 21,16). Deja a las autoridades y se va a Betania, donde pasa la noche. Al día siguiente por la mañana, regresa a la ciudad, tiene hambre y busca higos en la higuera, la maldice porque no tiene, y se seca la higuera. Era un signo profético sobre el judaísmo, y una realidad de la esterilidad de nuestra Iglesia hoy y de nuestra vida en concreto. Llega al Templo y los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo le piden cuentas: "¿Quién te ha dado tal poder? ¿Con qué autoridad haces esto? -¿Por qué no seguisteis a Juan?" (Mt 21,23). Viene la parábola de hoy: El primer hombre que tuvo la idea de escribir, dibujó y pintó árboles, pájaros, animales. Oriente nos ha conservado sus antiguas escrituras ideográficas, con imágenes que en hechizan la imaginación de una humanidad menos cerebral.

2. La parábola está en la línea de la cultura primigenia de la imagen. Los Profetas hablaron en parábolas. Jesús, heredero de los profetas, enseña también en parábolas: "Un hombre tenía dos hijos: Dice al mayor: Ve a trabajar en la viña. -No me da la gana, respondió". Mateo 21,28. Hoy, esto es corriente. Dice el Catecismo (CIC 2216): "El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. "Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre...en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por tí; conversarán contigo al despertar (Prv 6,20)".

-El padre calla. Transige. Hoy, también, pero más, hasta posturas inverosímiles. Pero "El papel de los padres en la educación "tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse"(GE 3). El derecho y el deber de la educación son primordiales e inalienables para los padres (FC 36)".

Volvamos a la parábola: El hijo mayor, que había prometido ir y no había ido: "se arrepintió y fué". Dijo al pequeño. Ve tú a la viña. "Le contestó: -Voy. Pero no fue". La poca palabra hoy, tan generalizada. El "voy, pero no va"; la promesa de ayudar incondicionalmente, pero no hacer nada. Son primero los deberes impuestos por el interés propio los que solicitan la atención que no se presta a los que nos hemos impuesto y no reportan medros o beneficios propios. El egoísmo moderno, incluso marcado de asistencia a los demás, que sólo busca la satisfacción propia de creer haber hecho algo grande, una locura, con el consiguiente reconocimiento de autocomplacencia, afirmación propia y la singularidad. La alusión evidente a los sacerdotes, los cumplidores, los puros, los religiosos, era directa. Jesús sabe que le van a matar. Está viviendo los últimos días de su vida en Jerusalén. Habla con claridad y sin miramientos: "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el reino de Dios, porque al oír a Juan se convirtieron" (Mt 21,32). Les ha pisado todos los callos. Tenían demasiado orgullo aquellos hombres para recibir esta andanada de Jesús, que no alaba a los publicanos ni a las prostitutas porque lo son, sino porque se han reconocido, han pedido perdón y han cambiado de vida.

3. La raza de los fariseos, escribas y sacerdotes, no es sociológica, sino teológica. Por eso no es cronológica ni racial, sino universal. Ni es ucrónica, sino actual. Donde hay soberbia, hay fariseísmo. El mensaje de hoy es que todos necesitamos convertirnos. Que nadie puede tirar la primera piedra (Jn 8,7). Que no podemos mirar con desprecio a nadie. Aquellos hombres no escucharon la palabra de Jesús. El evangelio es para nosotros. ¿Lo escuchamos hoy nosotros? Lo escuchamos con eficacia hacia dentro? O ¿tratamos de aplicarlo mentalmente a los demás? "Si recapacitamos y nos convertimos de los pecados cometidos, ciertamente que viviremos" Ezequiel 18,25.

4. "Señor, enséñame tus caminos. Recuerda que tu ternura y tu misericordia son eternas. No te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud " Salmo 24. Con el salmista pidamos lo mismo: que nos enseñe, no sólo la letra de sus caminos, sino la dulzura que al final comportan. Que nos haga paladear a placer el gozo de seguirlos, aun antes de reemprenderlos. Así lo pedía también Moisés para acomodarse a sus exigencias y para poder corresponder a los proyectos de Dios sobre su propia persona y sobre el pueblo que él tiene que conducir por esos caminos. Juntamente con el conocimiento de los caminos del Señor, hemos de pedir el perdón de los pecados de nuestra juventud inexperta y fogosa, confiándolos a la misericordia y a la bondad eternas del Señor.

5. Y el Señor nos enseñará su camino, si somos así de humildes. Si nos mantenemos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir y consideramos siempre superiores a los demás, si no obramos por envidia ni con jactancia Filipenses 2,1, si no deseamos ser los primeros en todo, sino cortésmente, nos apretamos un poquito en la vida, para dejar un huequecito a los demás. Que lo que hemos prometido en el Bautismo lo cumplamos con generosidad ayudados por la gracia divina, aunque no nos rinda enteros materiales y aun a costa de perderlos. Sin esperar recompensa terrena, ni siquiera de contemplar el fruto de la siembra, que es lo que cosechó el Maestro a quien debemos servir.

6. Jesús, que se hace el último de todos y el servidor de todos para darnos vida en abundancia con su muerte, nos de la fuerza para convertirnos y seguirle por el camino de la cruz a la resurrección. Amén.

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Ejemplos

Amo más a los malos
El R. Jacob Jitzchak de Llublin decía: "Amo más al malo que sabe que es malo que al justo que sabe que es justo. Sin embargo, del malo  que se cree justo se ha dicho la palabra: 'Ni a la entrada del infierno se convierten porque creen que se les lleva allí para que rescaten almas'".

 

Sabiduría
" Ser buenos es muy noble. Sin embargo, enseñar a otros cómo ser buenos, parece más noble aún y no cuesta tanto esfuerzo" (Mark Twain)

(cortesía NBCD y otros)

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