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Domingo 16 Tiempo Ordinario B: Comentarios de Sabios y Santos - Preparemos con ellos la Acogida de la Palabra de Dios

 

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COMENTARIOS A SU DISPOSICIÓN
Exégesis: SOLÉ ROMA, J. M - Sobre las tres Lecturas

Santos Padres: San Juan Crisóstomo  - La extrema misericordia del Señor

Santos Padres: San Clemente de Alejandría "Sintió piedad de ellos, porque estaban como ovejas sin pastor"

Comentario Teológico: R.P. José Marcone, I.V.E. “Tuvo compasión de ellos” (Mc.6,30-34; Mt.9,36-10,8)

Aplicación R. P. Raniero Cantalamessa - Venid aparte para descansar un poco - un tiempo para Dios un tiempo para el hermano

Aplicación: P. Ervens Mengelle, I.V.E. - El pastor y los pastores

Aplicación: P. Gustavo Pascual, I.V.E. - LA COMPASIÓN DE CRISTO POR SUS OVEJAS  Mt 9, 36

 Aplicación: P. Alfredo Sáenz, S.J. - Como ovejas sin pastor

Aplicación: S. Juan Pablo II - El buen pastor

Aplicación: P. Gustavo Pascual, I.V.E. II - Dar gloria a Dios con el descanso

Aplicación: P. Jorge Loring, S.J. - Domingo Décimo Sexto del Tiempo Ordinario - Año B Mc. 6:30-34


Ejemplos

 

 

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 




Exégesis: SOLÉ ROMA, J. M. sobre las tres Lecturas

Sobre la Primera Lectura (Jr. 23, 1-6)
Los Profetas siempre traen mensajes salvíficos. Jeremías, el que más ha insistido en el inexorable castigo, nos deja también su mensaje de Consolación.
- Jeremías lamenta la triste suerte de su pueblo. Hace ya más de un siglo que carece de pastores. Los Reyes de la Casa de David hacen alianzas con Egipto y con Asiria y con ello dan entrada a los cultos idolátricos. Y siempre tienen un coro de falsos profetas que adulan y aplauden esta diplomacia antiyahvista. Los que debían ser pastores se truecan en mercenarios y aun en lobos. Jeremías anuncia los castigos más severos a estos sucesores de David (22, 13-19) y a estos profetas que desvían a su pueblo (23, 9-38).

- Los castigos de Dios no son de exterminio, sino de purificación. De ahí que después del castigo Dios hará misericordia con el 'resto'. Tras el Destierro los retornará a la Patria, les enviará pastores dignos de tal nombre.

- Pero lo más interesante en el presente oráculo es la Promesa del Mesías-Pastor: 'He aquí que vendrán días, oráculo de Yahvé, en los que Yo suscitaré a David un vástago justo, el cual reinará como Rey y obrará como Sabio y establecerá la justicia y el derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y es éste el nombre con que le llamarán: Yahvé-Nuestra-Justicia' (23, 6). Se nos promete, pues, al Mesías como vástago de David. Este Pastor Davídico es: Rey sabio, Rey prudente, Rey Salvador. El nombre del Mesías Davídico, que era 'Emmanuel' en boca de Isaías, ahora es: 'Yahvé-Nuestra-Justicia'. Y dado que 'justicia' es en los Profetas equivalente a 'Salvación', el nombre de nuestro Pastor será: 'Yahvé-Nuestra-Salvación'. Con esto coincide el nombre de 'Jesús': 'Le pondrás por nombre Jesús, pues El 'sa1vará' a su pueblo de sus pecados' (Mt. 1, 21). A esta profecía mira Jesús cuando se define a Sí mismo: Yo soy el Buen Pastor' (Jn. 10, 11).


Sobre la Segunda Lectura(Efesios 2, 13-18)

Cuanto los Profetas preanunciaron del Mesías Pastor Davídico nos lo ha traído sobreabundantemente Cristo Jesús:

- Nosotros todos, pecadores y merecedores de la ira de Dios, quedamos ya por siempre en Cristo reconciliados con el Padre: 'Nos reconcilio con Dios por la Cruz. Por Cristo tenemos todos acceso en un solo Espíritu al Padre' (16. 18).

- Los hombres, fieramente enemistados en guerras de orgullo, egoísmos y ambiciones, separados por muros infranqueables de raza, de lengua, de cultura, de religión, ahora por Cristo somos todos hermanos e hijos de Dios. Concretamente nos dice el Apóstol: el muro simbólico que en el Templo dividía el atrio de los judíos del de los gentiles y el óbice insuperable -la Ley- han caído. 'Cristo es nuestra paz; el que de ambos pueblos hizo uno y destruyó el muro infranqueable interpuesto: la enemistad. Y en su carne (con su muerte) abolió la Ley' (14. 15). Traicionamos a Cristo cuando reavivamos enemistades de orgullo o disgregaciones raciales: ¡Cristo es nuestra Paz!

- Esta unión por ser en Cristo es tan íntima, que El y nosotros formamos un único Cristo. 'Y así, hechas las paces (entre judíos y gentiles), unió a los dos en Sí mismo en un solo hombre nuevo. Los unió a ambos en un solo cuerpo. (15. 16).

- Somos todos un Cuerpo del que Cristo es la Cabeza. Somos todos una Iglesia de la que Cristo es Esposo. Todos vivimos la misma vida en Cristo y en la Iglesia Y dado que nobleza obliga, la oración de hoy es: 'Concédenos, Señor, a los que nos honramos con la dignidad cristiana que rechacemos lo incompatible con este nombre y aceptemos rodas sus exigencias' (Colecta).


Sobre el Evangelio (Mc. 6, 30-34)

Es una página bellísima de la pedagogía con que Jesús educa a sus Apóstoles:

- Convivencia y diálogo: 'Vuelven a reunirse los Apóstoles con Jesús y le cuentan lo que han hecho y lo que han predicado' (30). Vemos cómo la autoridad de Jesús no es en forma de imposición. Ni la obediencia de los Apóstoles es meramente pasiva. Jesús y sus enviados, en diálogo pastoral. Esta sencillez de Jesús es una norma para el ejercicio de la autoridad. Y este comportamiento de los Apóstoles es ejemplo de sinceridad, lealtad y responsabilidad.

- Retiro y Soledad: Jesús sabe que su tarea principal es formar al grupo de los Doce. Los toma consigo y van en busca de paz. Jesús buscaba reiteradamente estos retiros para darse más plenamente a sus Apóstoles. La tarea más urgente y de influjo más eficaz es siempre la formación del Apóstol. Paulo VI les recuerda a los Obispos: 'Sabéis que lo mejor de vuestro corazón, de vuestras atenciones se lo debéis a los sacerdotes y a los jóvenes que se preparan para serlo' (24-VI-67).

- Cuantos pastorean el rebaño de Cristo deben tener las entrañas de compasión del Sumo Pastor: 'Sintió compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a adoctrinarles sosegadamente'(34). Pastoreemos con amor y celo las ovejas de Cristo: 'A ejemplo de Cristo, el sacerdote vaya al encuentro de los pobres, de los trabajadores, de todos aquellos que se encuentran en angustia y miseria. Pero no olviden tampoco a aquellos que siendo ricos de bienes de fortuna son con frecuencia los más pobres de alma' (Pío XII: Menti Nostrae). Y con la humildad del Crisóstomo examinemos nuestros deberes pastorales: 'Temo irritar al Pastor Cristo si por culpa mía, por mi negligencia, enflaquece el rebaño que El me confió' (De Sac).
(SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo B, Herder, Barcelona, 1979)


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Comentario Tológico: P. José A. Marcone, I.V.E. “Tuvo compasión de ellos” (Mc.6,30-34; Mt.9,36-10,8)

Introducción
El evangelio de hoy está todo él orientado a presentarnos el modelo de Pastor, que es Jesús. La primera lectura, tomada del profeta Jeremías, nos confirma la orientación del evangelio. En ella, además de presentarnos los malos ejemplos de los malos pastores, nos presenta al futuro Mesías, que será el Buen Pastor, Jesucristo, hijo de David: “Llegarán los días —oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; Él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro” (Jer.23,5-6).

1. La compasión de Jesús
¿Y cuál es la característica más saliente de este Buen Pastor según el texto de San Marcos? La compasión: “Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc.6,34). Sería mejor traducir “sintió compasión” de la gente o, mejor, “se movió a compasión”. El verbo griego que aquí se usa (splagjnídsomai) viene de un sustantivo (splágjnon) que significa lo más íntimo del ser, el corazón; y también: cariño, amor entrañable [1]. Esta es la palabra que usa Zacarías en el Benedictus cuando quiere expresar “la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lc.1,78; dià splágjna eléous Theoû), aunque en realidad habría que traducir “la misericordiosa ternura de Dios”, como traduce el Diccionario Conciso recién citado. “Sintió compasión”, quiere decir, entonces, que Jesús se conmovió en lo más íntimo de su corazón, con gran amor y ternura, y con entrañable cariño. Todos esos movimientos del alma implica el verbo griego usado aquí.

En el evangelio de San Mateo se usa esta misma expresión para expresar el mismo sentimiento de Cristo, usando el mismo verbo, pero agregando algunas precisiones más respecto a las ovejas, es decir, al alma de la gente que conformaba la muchedumbre: “Al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mt.9,36). Precisa, entonces, el texto de San Mateo que Jesús percibió que sus ‘ovejas’ estaban ‘vejadas y oprimidas’.

¿Cuál es, entonces, la razón de este sentimiento tan hondo de Jesús? Porque veía a las personas que estaban delante de Él, que conformaban una muchedumbre, “vejadas y abatidas”, dice el Evangelio de San Mateo. Es decir que Jesús las veía mortificadas, ultrajadas, injuriadas, heridas (que es lo que significa ‘vejadas’). También las veía desanimadas, desalentadas, apesadumbradas (que es lo que significa ‘abatidas’).

¿Y porqué estaban así las personas que estaban ante Jesús? “Porque estaban como ovejas sin pastor”, dicen Marcos y Mateo. ¿Y qué significa para una oveja estar sin pastor? Fundamentalmente dos cosas: 1. No tener nadie que las guíe por el sendero correcto para ir a pastear y tomar agua. 2. No tener nadie que las encierre en el redil para guardarlas de noche, nadie que las cure de sus heridas y de sus enfermedades. Es decir, que las personas estaban como ovejas sin pastor porque no tenían quién guíe su espíritu, es decir, no tenían a nadie que les enseñe y las guíe por el camino del bien. Y al mismo tiempo estaban con grandes necesidades corporales: eran pobres, muchas estaban enfermas e incluso con hambre.

Es decir que Jesús sintió en lo más profundo de su corazón una compasión y una pena llena de ternura porque veía a una gran cantidad de personas que no tenían a nadie que les enseñe las verdades fundamentales para llegar a la vida eterna, veía que no tenían a nadie que los guíe por el camino que lleva al cielo, a la salvación eterna. Y además los veía llenos de necesidades corporales, con hambre, enfermos, abatidos.…

En efecto, “mientras los saduceos y sumos sacerdotes se entregaban al negocio o a la política, y los fariseos se daban a sus meticulosas observancias, y los escribas se ocupaban en su ratera casuística, el pobre ‘pueblo de la tierra’ se hallaba en el deplorable estado que tan hondamente conmovió el Corazón del divino Maestro. Si “las turbas... andaban... como ovejas que no tenían pastor”, señal era que o no había pastores o los pastores no cuidaban de las ovejas”.[2]

¿Y qué hace Jesús para solucionarle estas dos grandes causas de su desánimo y abatimiento? Para responder correctamente a esta pregunta tenemos que tener en cuenta los distintos contextos en que esta frase es dicha en San Mateo y en San Marcos.


2. Los frutos de la compasión en el evangelio de San Mateo
En San Mateo la frase es dicha previamente a la exhortación a pedir misioneros al Padre y al envío de los apóstoles a la misión. En efecto, al v. 9,36, recién citado, sigue el trozo de 9,37 – 10,1: “Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A estos doce envió Jesús”.

Por lo tanto, lo primero que hace Jesús ante esta situación de los fieles, que se encuentran vejados y abatidos porque no tienen quien las proteja y las guíe es darles sacerdotes. Los Doce que nombra San Mateo son los que serán ordenados presbíteros y obispos la noche de la Última Cena. La intención de Jesucristo al dar sacerdotes a la gente es la de darles personas que puedan consolar a todos los que están cansados, ultrajados y abatidos. ¡Qué hermosa visión del sacerdocio, si lo vemos como aquel que consuela al Pueblo de Dios! ¡Y qué hermosa la misión la del sacerdote, la misión de consolar a su pueblo!

Pero…¿cómo consuela el sacerdote a su pueblo? El texto de San Mateo nos narra lo que Jesús hizo y dijo para que el sacerdote pueda cumplir su misión de ser buen pastor, es decir, de consolar a los cansados, ultrajados y abatidos: “Les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. (…) Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “ (…) Por el camino, proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios” (Mt.10,1.5.7-8).

El primer modo con el que el sacerdote consuela el alma del pueblo afligido es actuando sobre sus heridas y dolores psíquicos, dolores del alma: “Les dio poder para curar cualquier enfermedad o dolencia”. ¡Cuántas almas han recobrado la paz y la alegría luego de una conversación con un sacerdote! El sacerdote, con sus palabras de aliento y sus consejos, arroja aceite sobre las heridas del alma y ese aceite calma el dolor de las heridas y las hace cicatrizar, le da la paz al alma.

También consuela el alma de los fieles a través de su asistencia corporal: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos”. ¡Cuántas personas han recobrado el ánimo y se han visto restauradas por la acción que los sacerdotes han hecho sobre sus cuerpos heridos o enfermos! Pensemos en San José Benito Cottolengo, con su inmensa obra caritativa en Turín; o en San Luis Orione, que multiplicó los hogares de discapacitados en todo el mundo; o en San Alberto Hurtado, con su vasta obra de caridad en Chile. Y esto por nombrar sólo a tres de la inmensa pléyade de sacerdotes católicos que han consagrado sus vidas a curar el cuerpo de sus hermanos.

Pero la misión de consolar del sacerdote se ejerce de una manera plena cuando da Dios al alma vejada y abatida: “Les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos”, para que Dios pueda habitar en sus almas, una vez exorcizados. “Al sacerdote confió Cristo la administración de sus sacramentos, que son en su Iglesia el medio por excelencia, y el camino ordinario de la efusión de la Gracia. El bautismo que lo incorpora al Cuerpo Místico, y que sólo en caso de grave necesidad puede ser conferido por laicos; la celebración de la Santa Misa, que es la renovación en nuestros altares del sacrificio de la Cruz, el acto más excelente que se realiza bajo los cielos, el acto que mayor gloria da al Padre, más que todos los trabajos apostólicos, los sacrificios, las oraciones... y este acto, el centro de la vida cristiana, sólo puede ser realizado por los sacerdotes; la Eucaristía, participación del santo Sacrificio, sólo las manos sacerdotales pueden distribuirla; la purificación de las almas manchadas por el pecado ha sido confiada al sacerdote; y no menos sólo él puede ungir los cuerpos con el óleo del perdón; bendecir el matrimonio; predicar con autoridad la palabra de Cristo.”

3. Los frutos de la compasión en el evangelio de San Marcos
En el evangelio de San Marcos, que hemos leído hoy, la frase está puesta en otro contexto. En efecto, la frase está dicha al finalizar la misión a la que habían sido enviados los Doce (mientras que en Mateo, como vimos, está puesta al iniciar dicha misión). También al finalizar la misión lo más profundo del corazón de Jesús se conmueve ante la realidad de abandono espiritual y corporal en que se encuentra el pueblo de Dios. El contexto en San Marcos le agrega a la compasión de Jesús algunos matices importantes. En primer lugar, la compasión de Jesús nace en un momento en el que Él mismo y sus apóstoles están muy cansados: “Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer”, dice textualmente Mc.6,31. Ni siquiera el intensísimo trabajo pastoral impide que el corazón de Jesús se conmueva por sus almas. Además, en ese momento se están disponiendo a tomarse un tiempo de descanso corporal y refección espiritual, ampliamente merecido después de tanto trabajo. No prevaleció en el alma de Jesús la decepción de ver esfumarse el poco tiempo de descanso que tenían, sino la compasión, porque los veía desorientados y afligidos ‘como ovejas sin pastor’. La generosidad de Jesús no tiene límites.

¿Y qué hizo Jesús, según San Marcos, para solucionar la situación de abandono y aflicción de su pueblo? “Se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc.6,34). Otros traducen: “Se puso a enseñarles largamente”, o “…por largo rato”. Una cosa implica a la otra: si les enseñó muchas cosas no pudo haber sido en poco tiempo; y si les enseñó por largo rato, les tuvo que haber enseñado hartas cosas. Jesús estuvo enseñándoles muchas cosas hermosas y útiles para la salvación eterna durante un largo rato, a pesar del cansancio, a pesar del descanso que estaba ya al alcance de la mano y desapareció. Jesús, entonces, ejerce su labor de buen pastor consolando a las almas a través de la enseñanza de las verdades de Dios que las guiarán al consuelo definitivo, que es el cielo.

Sin embargo, la reacción de Jesús ante la realidad de esas ovejas cansadas y abatidas no se acaba en enseñarles verdades divinas sino que se extiende a saciarles el hambre corporal. En efecto, inmediatamente después del texto de San Marcos que hemos leído hoy, el evangelista narra la multiplicación de cinco panes y dos peces que sació a cinco mil hombres (cf. Mc.6,35-44). Jesús es buen pastor consolando también con la preocupación corporal por su pueblo.

Conclusión

1. La primera reacción de Nuestro Señor Jesucristo ante masas de hombres que están devastadas y abatidas a causa de su falta de conocimiento de las cosas de Dios fue la de conmoverse en lo más íntimo de su corazón, con gran amor y ternura, y con entrañable cariño (verbo splagjnídsomai). El cristiano de hoy debe tener la misma reacción ante la devastada situación espiritual de la sociedad de hoy. Jesucristo no tuvo una reacción de amargura, o de pesimismo, o de desesperanza. Tampoco el cristiano debe tener esas reacciones ante la situación de descristianización del mundo.

2. Esa compasión de Jesús fue muy fecunda. En primer lugar lo llevó a rogar a Dios que enviara sacerdotes y a organizar la primera pastoral vocacional de la oración (Mt.9,37-38). En segundo lugar lo llevó, podríamos decir, a fundar un Seminario, donde se formaran pastores que pudieran salir al encuentro de las necesidades espirituales y corporales de la gente; todo el capítulo 10 de San Mateo es una instrucción para su nóveles misioneros. En tercer lugar, lo llevó a enseñar Él mismo a la gente, a pesar del cansancio (Mc.6,34). Y en cuarto lugar, lo llevó a darles de comer por sus propias manos (Mc.6,35-44).

El cristiano de hoy debe reaccionar de la misma manera. De nada sirven las quejas o los llantos amargos por la situación del mundo de hoy. Es necesario que haya una compasión teológica, llena de amor y ternura, que lo empuje a buscar soluciones, como lo hizo Cristo. En primer lugar, planteándose seriamente la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa en el caso de aquel cuyo estado de vida se lo permita. En segundo lugar, trabajando por las vocaciones sacerdotales, ya sea a través de la oración de súplica al Dueño de la mies, ya sea a través de la colaboración material con los seminarios. En tercer lugar, estudiando y difundiendo la doctrina evangélica de Cristo. Y en cuarto lugar, buscando modos para consolar tantas psiquis y tantos cuerpos desquiciados que vemos en nuestro tiempo.




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Santos Padres: San Juan Crisóstomo - La extrema misericordia del Señor

Mirad cómo en todo momento se retira el Señor: cuando Juan fue prendido, cuando se le mató, cuando los judíos oyeron decir que hacía muchos discípulos. Es que a la mayor parte de sus acciones les daba Él un sesgo más bien humano, pues toda­vía no era llegado el momento de revelar a plena luz su divini­dad. De ahí que soliera mandar a sus discípulos que a nadie dijeran ser Él el Cristo o Mesías, pues esto lo quería revelar señaladamente después de su resurrección. De ahí también que no se mostrara muy duro con los judíos que, por de pronto, no creían en Él, sino que fácilmente los excusaba y perdonaba.

Al retirarse, empero, no se dirige a una ciudad, sino al desierto, y monta en una barca, con el fin de que no le siguiera nadie. Mas considerad, os ruego, cómo los discípulos de Juan se ad­hieren ahora más estrechamente a Jesús, pues ellos fueron los que le vinieron a dar la noticia de lo sucedido y, dejándolo todo, en Él buscaron un refugio para adelante. Así, no era poco lo que habían logrado tanto la desgracia del maestro como la res­puesta que antes les diera Jesús mismo. —Mas ¿por qué razón no se retiró antes de que ellos le dijeran la noticia, cuando Él lo sabía todo antes de que vinieran a decirle nada? —Porque quería mostrar por todos los medios la verdad de su encarnación, y no quería que quedara probada sólo por la vista, sino también por sus obras. Sabía Él muy bien la astucia del diablo y cómo no había de dejar piedra por mover para destruir esa fe en la ver­dad de su encarnación.

Ahora bien, si Él se retira por esa razón que decimos, las muchedumbres ni aun así quisieron apar­tarse de su lado, sino que obstinadamente le fueron siguiendo, sin que el mismo drama de Juan los amedrentara. Tanto pue­de el amor, tanto puede la caridad, que lo vence todo y rompe por todos los obstáculos. Por eso, inmediatamente re­cibieron su recompensa. Porque, en saliendo—dice el evange­lista—Jesús de la barca, vio una inmensa muchedumbre y hubo lástima de ellos y curó a sus enfermos. Cierto, pues, que era grande la adhesión de la muchedumbre; pero lo que Jesús hace sobrepasa la paga del más ardiente fervor. De ahí que el evan­gelista ponga por causa de estas curaciones la misericordia del Señor una extrema misericordia: Y los curó a todos. Aquí no exige el Señor fe a los enfermos. A la verdad, el acercarse a él, el abandonar sus ciudades, el irle buscando con tanta dili­gencia, el perseverar, no obstante el apremio del hambre, bas­tantemente ponía de manifiesto la fe que todos tenían en Él. También les ha de dar de comer; pero no quiere hacerlo por propio impulso, sino que espera a que se lo supliquen; pues, como alguna vez he dicho, guarda siempre el Señor la norma de no adelantarse a los milagros, sino esperar a que se los pidan.

—Y ¿por qué no se le acercó nadie de la muchedumbre a hablarle en favor de los demás? —Porque le tenían extraordi­nario respeto y, por otra parte, el deseo de estar a su lado no les dejaba sentir el hambre. Es más, ni los mismos discípulos, que se le acercaron, le dijeron: "Dales de comer", pues sus dis­posiciones eran aún demasiado imperfectas. ¿Qué le dicen, pues? Venida la tarde—prosigue el evangelista—, acercáronsele sus discípulos para decirle: El lugar es desierto y la hora de comer ha pasado ya. Despacha a la muchedumbre, a fin de que vayan a comprarse qué comer. Porque, si aun después de cumpli­do el milagro, si aun después de los doce canastos de sobras, se olvidaron de él y cuando el Señor llamó levadura a la doc­trina de los fariseos pensaron que les hablaba del pan ordinario, mucho menos podían esperar prodigio semejante antes de tener experiencia de lo que podía el Señor. Cierto que antes había curado a muchos enfermos; sin embargo, ni aun así pudieron barruntar el milagro de la multiplicación de los panes. Tan imperfectos eran por entonces.
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo (II), homilía 49, 1, BAC Madrid 1956, 52-54)



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Santos Padres: San Clemente de Alejandría "Sintió piedad de ellos, porque estaban como ovejas sin pastor"

Salvar es propio de quien es bueno. “La misericordia del Señor se extiende a toda carne; acusa, corrige y enseña, como hace el pastor con su rebaño. Se apiada de quienes aceptan su corrección, y de los que se esfuerzan por unirse con él” (Si 18,13-14)... Los sanos no necesitan los cuidados del médico, porque están bien, pero sí necesitan de su arte los enfermos (cf. Lc 5,31; Mt 9,12; Mc 2,17). De la misma manera, nosotros, que en esta vida somos enfermos, aquejados por nuestros vergonzosos deseos, por nuestras intemperancias... nuestras pasiones, necesitamos del Salvador... Nosotros, por tanto, enfermos, necesitamos del Salvador; extraviados, necesitamos quien nos guíe; ciegos, necesitamos quien nos ilumine; sedientos, necesitamos de la fuente de la vida: esa de la que quienes beben, nunca más tendrán sed (cf. Jn 4,14); muertos, necesitamos de la vida; rebaño, necesitamos pastor; niños, necesitamos pedagogo; y toda la humanidad necesita a Jesús...

“Curaré lo que está herido, cuidaré lo que está débil, convertiré lo extraviado, y los apacentaré yo mismo en mi monte santo” (Ez 34,16. 14). Ésta es la promesa propia de un buen pastor. ¡Apacienta a tus criaturas como a un rebaño!
¡Sí, Señor, sácianos; danos abundante el pasto de tu justicia; sí, Pedagogo, condúcenos hasta tu monte santo, hasta tu Iglesia, la que está colocada en lo alto, por encima de las nubes, que toca los cielos! (cf. Sal 14 [15], 1; 47 [48], 2-3). “Y Yo seré —dice— su pastor, y estaré cerca de ellos” (Ez 34,23)...

Así es nuestro Pedagogo: justamente bueno. “No vine —ha dicho— para ser servido, sino para servir” (Mt 20,28; Mc 10,45). Por eso el Evangelio nos lo muestra fatigado (cf. Jn 4,6): se fatiga por nosotros y ha prometido “dar su alma [su vida] como rescate por muchos” (Mt 20,28; Mc 10,45).
(San Clemente de Alejandría (150-v. 215), teólogo, El Pedagogo, I, 9; SC 70 )

 

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Aplicación R. P. Raniero Cantalamessa - Venid aparte para descansar un poco - un tiempo para Dios un tiempo para el hermano


Un sencillo medio de santificar las vacaciones podría ser entrar en la iglesia en una hora en que esté desierta y pasar allí un poco de tiempo aparte.

En el pasaje del Evangelio Jesús invita a sus discípulos a separarse de la multitud, de su trabajo, y retirarse con Él a un «lugar solitario». Les enseña a hacer lo que Él hacía: equilibrar acción y contemplación, pasar del contacto con la gente al diálogo secreto y regenerador con uno mismo y con Dios.

El tema es de gran importancia y actualidad. El ritmo de vida ha adquirido una velocidad que supera nuestra capacidad de adaptación. La escena de Charlot enfrascado en la cadena de montaje en Tiempos modernos es la imagen exacta de esta situación. Se pierde, de esta forma, la capacidad de separación crítica que permite ejercer un dominio sobre el fluir, a menudo caótico y desordenado, de las circunstancias y de las experiencias diarias.

Jesús, en el Evangelio, jamás da la impresión de estar agitado por la prisa. A veces hasta pierde el tiempo: todos le buscan y Él no se deja encontrar, absorto como está en oración. A veces, como en nuestro pasaje evangélico, incluso invita a sus discípulos a perder tiempo con Él: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Recomienda a menudo no afanarse. También nuestro físico, cuánto beneficio recibe de tales «respiros».

Entre estas «pausas» están precisamente las vacaciones de verano que estamos viviendo. Son para la mayoría de las personas la única ocasión para descansar un poco, para dialogar de manera distendida con el propio cónyuge, jugar con los hijos, leer algún buen libro o contemplar en silencio la naturaleza; en resumen, para relajarse. Hacer de las vacaciones un tiempo más frenético que el resto del año significa arruinarlas.

Al mandamiento: «Acordaos de santificar las fiestas», habría que añadir: «Acordaos de santificar las vacaciones». «Deteneos (literalmente: vacate, ¡tomaos vacaciones!), sabed que yo soy Dios», dice Dios en un salmo (Sal 46). Un sencillo medio de hacerlo podría ser entrar en la iglesia o en una capilla de montaña, en una hora en que esté desierta, y pasar allí un poco de tiempo «aparte», solos con nosotros mismos, ante Dios.

Esta exigencia de tiempos de soledad y de escucha se plantea de forma especial a los que anuncian el Evangelio y a los animadores de la comunidad cristiana, quienes deben permanecer constantemente en contacto con la fuente de la Palabra que deben transmitir a sus hermanos. Los laicos deberían alegrarse, no sentirse descuidados, cada vez que el propio sacerdote se ausenta para un tiempo de recarga intelectual y espiritual.

Hay que decir que la vacación de Jesús con los apóstoles fue de breve duración, porque la gente, viéndole partir, le precedió a pie al lugar del desembarco. Pero Jesús no se irrita con la gente que no le da tregua, sino que «se conmueve», viéndoles abandonados a sí mismos, «como ovejas sin pastor», y se pone a «enseñarles muchas cosas».

Esto nos muestra que hay que estar dispuestos a interrumpir hasta el merecido descanso frente a una situación de grave necesidad del prójimo. No se puede, por ejemplo, abandonar a su suerte, o aparcar en un hospital, a un anciano que se tiene al propio cargo, para disfrutar sin molestias de las vacaciones. No podemos olvidar a las muchas personas cuya soledad no han elegido, sino que la sufren, y no por alguna semana o mes, sino por años, tal vez durante toda la vida. También aquí cabe una pequeña sugerencia práctica: mirar alrededor y ver si hay alguien a quien ayudar a sentirse menos solo en la vida, con una visita, una llamada, una invitación a verle un día en el lugar de vacaciones: aquello que el corazón y las circunstancias sugieran.


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Aplicación: P. Ervens Mengelle, I.V.E. - El pastor y los pastores

En el evangelio del domingo pasado vimos cómo Jesús envió a sus discípulos, dándoles facultad para predicar, curar enfermos y expulsar demonios. El texto que acabamos de leer se entronca con aquel episodio; refiere lo que tuvo lugar al retornar los apóstoles de su misión, le contaron lo que habían hecho y enseñado. Cristo se los lleva aparte para descansar un poco, pero la “estratagema” no resultó. Al desembarcar, Jesús fue tan impresionado por el espectáculo de esa muchedumbre que se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. El relato continúa refiriendo lo que hizo Cristo para alimentarlos que fue el milagro de la multiplicación de los panes, que se leerá el próximo domingo.


1 – El Pastor
Jesús, entonces, al ver la situación de la gente, eran como ovejas sin pastor, se constituye en Pastor de ellos. Él mismo se dirá Yo soy el Buen Pastor (Jn 10). Esta figura del Pastor es muy querida desde tiempos muy antiguos. Entre las primeras representaciones pictóricas de los antiguos cristianos, está la de Pastor. Más aún, escuchamos en la primera lectura, la profecía de Jeremías: Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán... Llegarán los días –oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; el reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. Y no es la única que existe: también el profeta Ezequiel (c. 34) y el salmo que acabamos de escuchar hablan del Pastor.

¿Por qué se empleó esta imagen del Pastor? Porque era una imagen muy familiar en el ambiente del pueblo elegido. Era muy común ver ese hombre pobremente vestido, que se valía del cayado para ahuyentar a los lobos, que al atardecer encerraba sus ovejas en el corral y que muchas veces pasaba la noche junto a su majada para defenderla de los ladrones nocturnos y que cuando amanecía llevaba sus ovejas a los pastos y al agua. Hombre fuerte, acostumbrado a la dureza de esa vida, capaz de defender las ovejas; pero también hombre delicado, capaz de cargar las ovejas débiles sobre sus hombros para llevarlas. Esta figura, por lo tanto, estaba profundamente enraizada en la cultura del pueblo judío. Sus propios antepasados, Abraham, Isaac, etc. habían sido pastores. Muchos personajes importantes del pueblo judío habían sido pastores: Moisés, el rey David, etc. Y además, esta imagen del Pastor era la más apta para representar y caracterizar el estilo de las relaciones de Dios con el pueblo que había elegido. Porque con ella se indicaban los dos aspectos que comprende la personalidad de un caudillo: la jefatura y la paternidad.

¿Cómo desempeñaba Jesús su función de pastor? En el evangelio podemos leer cómo lo hacía:

- en primer lugar, Cristo envía a los apóstoles, les da poderes... a Él los apóstoles le rinden cuenta de lo que hicieron, etc. Cristo es entonces como un jefe. La primer lectura refiere que el Pastor que Dios había de suscitar, un descendiente de David, actuaría como rey, tendría la tarea de regir. Rey que se preocupa de establecer el derecho y la justicia y que se caracteriza por poseer la condición propia de todo auténtico gobernante que es la prudencia. Este es el primer modo: cumple una función de gobierno, una misión real.

- hemos visto, además, cuál fue el modo concreto con que Jesucristo, apiadado de la muchedumbre, comenzó a atenderla: se compadeció de ella... y estuvo enseñándoles largo rato. La manera concreta de pastorear fue por la enseñanza de la verdad. Este es el segundo modo: por la enseñanza o magisterio.

- y, en tercer lugar, ya dijimos que en realidad el relato evangélico continúa indicando cómo Jesús se preocupó de alimentar a toda esa gente que había pasado todo el día junto a Él: es el relato de la multiplicación de los panes que, como tendremos ocasión de ver en los próximos domingos, es un signo de la Eucaristía. Pero el salmo de este domingo tiene esa connotación. En el salmo hemos proclamado el Señor es mi Pastor y hemos referido de qué modo preciso ejercita su pastoreo: en verdes praderas me hace descansar, me lleva a las aguas tranquilas. Se trata sobre todo aquí de la restauración del vigor: repara mis fuerzas. Es claro que se refiere sobre todo al orden espiritual, es decir a la santificación del alma. Más precisamente, los Padres referían este salmo a los sacramentos que es como Jesús alimenta el alma: me conduce a las aguas de quietud y repara mis fuerzas: son las aguas del bautismo que restauran el alma; perfumas con óleo mi cabeza: es el óleo de la Confirmación que vigoriza nuestra alma para la lucha; Tú, Señor, me preparas una mesa: es la mesa de la Eucaristía.

En síntesis, tenemos señalados aquí los tres ámbitos en que el Pastor ejercita su pastoreo: enseñar, santificar y regir o gobernar.

2 – Los pastores
Pero ¿de qué modo concreto el Supremo Pastor, Cristo, ejercita su pastoreo? Aquí se comprende la intención de Cristo al elegir a sus apóstoles. Ellos, en nombre de Cristo deberán ejercer esta triple tarea.

En realidad, esta manera de obrar ya había sido empleada por Dios en el AT, con el pueblo judío. Y es así que en el AT se llama pastores a los que gobernaban el pueblo en representación de Dios, por ejemplo, Moisés que guió el pueblo judío por el desierto; o el rey David. Como asimismo, según lo hemos escuchado en la primer lectura, se queja Dios de que muchas veces, los propios pastores no cumplen con su misión.

Por lo tanto, a los apóstoles confiaría Jesucristo la tarea de pastorear su rebaño, es decir, de enseñar, santificar y gobernar. ¿Y qué pasaría cuando desapareciesen los apóstoles? Ellos mismos se encargaron de ir designando sucesores: son los obispos, quienes cuentan como colaboradores a los presbíteros. De toda esta tarea llevada a cabo por los apóstoles se encuentran evidencias en las cartas dirigidas por san Pablo a Timoteo y a Tito, entre otras. 1Pe 5,1-2. “El oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia, se continúa por los obispos bajo el primado del Papa” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 881).[3] Se trata por tanto de una triple tarea o misión, que tiene a su cargo el Papa en primer lugar, Pastor de toda la Iglesia (cf. 882) y, en unión con él, cada obispo sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada (cf. 886):

- misión de enseñar: “los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios, según la orden del Señor... son también los maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo” (888). A raíz de esta tarea que tienen, delegada por Cristo, de guiar a los hombres en la verdad, se entiende la prerrogativa de la Iglesia de ser infalible en aquello que es absolutamente necesario para la salvación eterna de los hombres: “La misión del Magisterio está ligado al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad en materia de fe y costumbres” (890; cf. 889).

- Misión de santificar: “el obispo es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio, en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular” (893).

- Misión de gobernar: “los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las Iglesias particulares que se les han confiado no sólo con sus exhortaciones, con sus consejos y con ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada, que deben, no obstante, ejercer para edificar con espíritu de servicio que es el de su Maestro” (894). “El Buen Pastor será el modelo y la forma de la misión pastoral del obispo... No debe negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a los que cuida como verdaderos hijos... Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre” (896).

3 – La participación de todo bautizado en el poder sacerdotal, profético y real de Cristo

Recordemos, por último, que todo bautizado participa de esta triple misión o tarea de Cristo:

- misión sacerdotal: “todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía” (901). Santificar especialmente la vida conyugal y familiar (902). Participar de algunos ministerios (903)

- misión profética: “Cristo... realiza su función profética... no sólo a través de la jerarquía... sino también por medio de los laicos. El los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra” (904). Testimonio de la vida y la palabra en las condiciones generales del mundo (905). Enseñanza catequética y de las ciencias sagradas (906).

- misión real: por el gobierno de la propia persona (908) e impregnando de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas (909). Participación en el ejercicio de la potestad de gobierno en la Iglesia (911)

“Así, todo laico, por los mismos dones que ha recibido, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma ‘según la medida del don de Cristo’ (Ef 4,7)” (913).

4 – Conclusión
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ser fieles ovejas del rebaño de su Hijo, a buscar siempre los pastos que Él nos ofrece: la doble comida que nos ofrece en cada misa, su Palabra y su Cuerpo.
(MENGELLE, E., Jesucristo, Misterio y Mysteria , IVE Press, Nueva York, 2008. Todos los derechos reservados)



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Aplicación: P. Gustavo Pascual, I.V.E. - LA COMPASIÓN DE CRISTO POR SUS OVEJAS  Mt 9, 36

“Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor”.

Cristo es nuestro modelo de pastor: “Yo soy el buen pastor”[4]. Es pastor por excelencia: “el gran Pastor”[5], “el soberano Pastor”[6].

+ Es pastor por naturaleza. Nació para Pastor. Dejó las noventa y nueve ovejas en el cielo para buscar a la humanidad perdida. Se manifestó en primer lugar a los pastores[7]. Eligió hombres para pastores.

+ Él hace sus ovejas. Nos hace ganado suyo, nos busca hasta que nos convertimos. Crea en nosotros su espíritu: simplicidad, mansedumbre, humildad.

+ Muere por sus ovejas. Por cada una “me amó y se entregó a sí mismo por mí”[8].

Los profetas habían hablado de este pastor: “como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas”[9]. “Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él”[10]. Pero ningún profeta habla de “dar la vida” como lo hace Cristo, sólo dicen que apacientan.

+ Cristo es Pastor y pasto al mismo tiempo. Alimenta con el pasto temporal porque Él creó todo al principio. Alimenta con su doctrina e inspiraciones. Alimenta con la Eucaristía, prenda de gloria, y luego con la gloria.

+ Pastor eterno. Creó al principio, adoctrinó en su vida y apacienta en el cielo por la visión beatífica[11].

Cristo se compadece de las ovejas, dice el Evangelio.

Compadecerse es propio del que ama. Cristo se compadece de las ovejas porque las ama. Las veía como ovejas sin pastor. Es que la mies es mucha y los pastores pocos[12]. Parece que el problema de la falta de vocaciones es antiguo. Es que son muchos los requerimientos pastorales y siempre faltan manos para la obra.

“Como ovejas sin pastor” ¿Acaso no había pastores en Israel? No había buenos pastores.

Hay tres tipos de pastores: los malos, que se apacientan a sí mismos aprovechándose de las ovejas y que cuando viene el lobo huyen porque piensan en salvar su propia vida, son egoístas. De estos decía Cristo: “Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen”[13]. Otros son los mercenarios que predican y apacientan por interés. Sirven al Evangelio, porque al menos Cristo es predicado por ellos, pero cuando falta la compensación a sus esfuerzos abandonan el rebaño. Finalmente los buenos pastores que imitan a Cristo. Estos dan la vida por las ovejas. Se entregan al servicio del Evangelio sin interés. Sólo buscan imitar al Buen Pastor.

Debemos rezar a Dios pidiéndole pastores según su corazón y, por otra parte, crear ambientes propicios para que germinen las vocaciones.
Cristo quiere que conozcamos este sentimiento de su corazón, la compasión por las ovejas por falta de pastores, para que reflexionemos. Los pastores para que nos planteemos que clase de pastores somos y las ovejas para que se pongan frente al Señor y se pregunten que quiere Cristo de ellas, pues, muchas quizá no lo siguen porque nunca se preguntaron sobre su voluntad.

Todos tenemos que orar por el aumento y santidad de los pastores. “Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”[14].

Jesús tiene compasión[15] que es tristeza del mal ajeno, pero en cuanto se estima como propio[16]. Se da esta tristeza cuando sufre una persona íntimamente unida a nosotros[17].

Sentimos compasión de los males ajenos por la unión afectiva producida por el amor. Quien ama considera al amigo como a sí mismo y hace suyo el mal que padece[18].

Jesús se compadece porque las almas están sin pastores.
¿Cuáles eran los pastores de Israel? Los sacerdotes, los escribas, los fariseos. Pero ellos no se preocupaban de las ovejas por falta de amor a ellas. No le importaban las ovejas porque eran asalariados[19], solo se aprovechaban de las ovejas.

Cuando el pastor es egoísta se ocupa de sus cosas y no tiene compasión de las ovejas. Las esquila, les toma la leche, come su carne, no las defiende, huye cuando ve venir al lobo[20].

Y Jesús compadecido de las ovejas, Él mismo las apacienta.
Tenemos que compadecernos como Jesús de las ovejas. Sufrir con ellas en nosotros mismos, sus miserias, sus extravíos, sus errores, sus vagabundeos, sus tristezas… por medio de la penitencia.
Tenemos que rezar por ellas. Este es el que ama a sus hermanos. Rezar pidiendo por las ovejas y pidiendo obreros para la mies.

Ofrecer la vida por las ovejas como Jesús[21].
Debemos conocer por propia experiencia el lugar de las aguas donde deben abrevarse las ovejas y los pastos abundantes, es decir, conocer y vivir en Jesús.

Finalmente, ejercer la caridad pastoral rezando bien y dando testimonio

[1] TAMEZ, E., Diccionario Conciso Griego – Español del Nuevo Testamento, Sociedades Bíblicas Unidas, Stuttgart, 1985, p. 164.
[2] BOVER, J. M., El Evangelio de San Mateo, Ed. Balmes, Barcelona, 1946, p. 219.
[3] A partir de ahora todos los números que están entre paréntesis remiten al Catecismo de la Iglesia Católica.
[4] Jn 10, 11
[5] Hb 13, 20
[6] 1 P 5, 4. Jsalén. traduce Mayoral.
[7] Cf. Lc 2, 8-18
[8] Ga 2, 20
[9] Is 40, 11
[10] Ez 34, 11
[11] Cf. Herrera, La Palabra de Cristo, Guiones homiléticos 6, t. IV…, 500-2
[12]Cf. Mt 8, 37
[13] Mt 23, 3
[14] Mt 9, 38
[15] Miseror.
[16] Cf. I-II, 35, 8
[17] Cf II-II, 30, 1 ad 2
[18] Cf. II-II, 30, 2
[19] Cf. Jn 10, 13
[20] Cf. Jn 10, 12
[21] Cf. Jn 10, 11



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5. APLICACIÓN: P. Alfredo Sáenz, S.J. - Como ovejas sin pastor


En el evangelio del domingo pasado consideramos cómo Jesús envió a sus apóstoles para que predicaran y exhortasen a la conversión, para que sanaran los enfermos y expulsasen los demonios. El texto que acabamos de leer se entronca con aquel episodio: según allí se nos dice, los apóstoles, al retornar de su misión, se reunieron con Jesús "y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado". Luego el Señor, para eludir las multitudes que lo acosaban, los invitó a acompañarlo hacia un sitio recoleto. Así lo hicieron, dirigiéndose en barca a un lugar desierto. Pero la gente, advertida de la treta divina, bordeando rápidamente el lago, llegó antes que el Señor. Al desembarcar éste, nos dice el evangelio, impresionado por el espectáculo de una multitud tan grande, "se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato".

El recuerdo de este sentimiento que conmovió al Señor nos introduce en un tema muy importante en la Escritura: el del Buen Pastor. Ya hemos hablado de ello, en uno de los domingos que siguieron a la Pascua. Pero séanos lícito ahora retomarlo para acrecentamiento de nuestra piedad y para consolidación de nuestra confianza.

1. EL TEMA DEL PASTOR EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Ya desde los tiempos del Antiguo Testamento, la imagen del pastor era muy familiar en el ambiente del pueblo elegido. El pastor: ese hombre pobremente vestido, que se valía del cayado y de frágiles armas para ahuyentar a los lobos. Ese hombre que cuando atardecía encerraba sus ovejas junto con las de otros pastores en un cerco hecho de espinillos y con una puertita para poder contarlas a su paso. Ese hombre que pasaba la noche junto a su majada para defenderla de los ladrones nocturnos. Y que se despertaba temprano, al alba, para llevar su rebaño al pastizal. El conocía a sus ovejas, las silbaba para que lo siguiesen, y las ovejas lo conocían a él. E iba delante de su rebaño, siempre en busca de agua y de pastos mejores. Esta imagen estaba profundamente enraizada en la experiencia de esos "arameos nómades" que fueron los patriarcas de Israel, en el seno de una civilización eminentemente pastoril, y expresaba de manera admirable los dos aspectos que integraban la personalidad de un caudillo: la jefatura y la paternidad. Hombre fuerte, apto para defender eficazmente su rebaño contra las bestias salvajes; pero también hombre delicado, capaz de llevar las ovejas débiles sobre sus hombros, y de acariciarlas con ternura.
No es, pues, ilógico que en el Antiguo Testamento, Dios se valiese de la imagen del pastor para caracterizar el estilo de sus relaciones con el pueblo que había elegido. Así, en uno de los salmos, se parangona el obrar del Señor en el Éxodo con el de un pastor, como éste conduce a su rebaño, de manera análoga Dios llevó a su pueblo hacia el desierto. Isaías, por su parte, en un texto transido de ternura, compara al Señor con un pastor que apacienta su rebaño, que sostiene en sus brazos la oveja vacilante y la reclina sobre el pecho. Asimismo el Antiguo Testamento llamó "pastores" a los que gobernaban al pueblo en representación de Dios. Se nos dice, por ejemplo, que Dios eligió a Moisés como jefe del pueblo para que la comunidad del Señor no quedase sin pastor; y que liberó a David del cuidado de un rebaño para hacerle apacentar a su pueblo como rey.

Con esto que acabamos de decir entronca la primera lectura de hoy, donde se nos relata que el Señor, por boca de Jeremías, luego de maldecir a los malos pastores que dejaban perecer a sus ovejas de Israel, a los que no cuidaban de ellas y hasta incluso las descarriaban, anunció que recogería los restos de su rebaño de todos los países y suscitaría sobre ellos pastores que los apacentasen como se debe. "Llegarán los días -dice allí el Señor- en que suscitaré a David un germen justo; él reinará como rey". Anunciaba de este modo la llegada de un nuevo Pastor, el cual no sería como los falsos pastores del pueblo judío -más lobos que pastores- sino fiel, verdadero. Un pastor que apacentaría de veras su rebaño, sin preocuparse tan sólo del lucro; un pastor que trataría con cariño a sus ovejas, como si fuesen propias, a diferencia del asalariado que se desinteresa de ellas; un pastor que llegaría a dar la vida por sus ovejas, en lugar de huir como el mercenario a la vista del lobo voraz.

2. EL TEMA DEL PASTOR EN EL NUEVO TESTAMENTO

Tal pastor sería Jesucristo, el Hijo de Dios que se haría carne para buscar a la oveja perdida y reintegrarla al redil de su Padre. A ello alude la segunda lectura de hoy, donde San Pablo señala que Cristo es nuestra paz; al unir los dos pueblos, el judío y el gentil, creando con ellos un solo hombre nuevo en su propia persona, estableció la verdadera paz, y reconciliándonos con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, destruyó la enemistad en su misma persona. Así se hizo un solo rebaño y un solo Pastor. Para simbolizar, quizás, su oficio pastoril, determinó, ya desde su ingreso en la tierra, que sus primeros huéspedes fuesen precisamente los humildes pastores de Belén, y su primera morada un establo. Por eso llamaría "pequeño rebaño" al conjunto de sus discípulos, rebaño que un día -el día de la Pasión- sería dispersado por el lobo, pero que después El congregaría de nuevo en tomo a su victoria pascual. Y también por eso un día, en la tarde de los tiempos, el Pastor del rebaño separará a las ovejas buenas de las malas, poniendo a las primeras a su derecha, y a las otras a su izquierda.

Tales son las resonancias que nos trae el relato evangélico de hoy, al mostrarnos a Jesús conmovido frente a la multitud que lo seguía, como si se tratase de "ovejas sin pastor". Agrega el texto que "estuvo enseñándoles largo rato". Porque uno de los oficios de Cristo, Pastor supremo de la Iglesia, es la enseñanza. Oficio que continúa a través del magisterio auténtico del Papa y de los Obispos, a quienes El mismo llamó "pastores' de su pueblo, de su Iglesia. "Apacienta a mis ovejas", le dijo a Pedro.

3. EL SALMO 22

En concordancia con esta visión lineal del tema del Pastor, que partiendo del Antiguo Testamento desemboca en Cristo y se prolonga en la Iglesia, viene al caso traer a la memoria uno de los salmos más hermosos del salterio, el salmo 22, compuesto por un judío piadoso en honor del mismo Dios, a quien los oráculos de los profetas habían enseñado a considerar como al verdadero y supremo Pastor. Y que nosotros, legítimamente, podemos ahora entonar en homenaje a Cristo, el vástago de David, el nuevo y definitivo Pastor. Durante los primeros siglos de la Iglesia, este salmo era el canto gozoso de los recién bautizados.

El Señor es mi pastor, ¿qué me puede faltar? El me hace descansar en verdes prados. Esos prados sedantes fueron las catequesis previas al bautismo. Me conduce a las aguas de quietud, y repara mis fuerzas. Son las aguas del reposo, las aguas del bautismo, que restauran el alma. Aunque cruce por oscuras quebradas ningún mal temeré; me siento seguro, Señor, porque tú estás conmigo. El día de nuestro bautismo entramos en el agua, como quien entra en un sepulcro oscuro, el sepulcro del hombre viejo, del pecado original. Pero lo hicimos sin temor: el Señor estaba con nosotros, su cayado nos servía para que nuestro pie no tropezase. Perfumas con óleo mi cabeza: es el óleo de la Confirmación, que vigorizó nuestros miembros para esa lucha de atleta que es la vida cristiana. Tú, Señor, me preparas una mesa, frente al enemigo. Es la mesa de la Eucaristía, cuyos manteles el Señor mismo se encarga siempre de tender. También los demonios -el enemigo- preparan sus mesas para otros comensales. Pero el Pastor propone un alimento sin par, su propio Cuerpo, su propia Sangre, su Cuerpo que da vigor, su Sangre, cáliz exuberante, que embriaga el alma, porque en el orden sobrenatural suscita efectos análogos a los que produce el vino: gozo del espíritu, olvido de las penas de la tierra, éxtasis, "alegría sacramental", como dice San Atanasio.

Así explicaban los Padres de la Iglesia este espléndido salmo, aplicándolo particularmente a los tres primeros sacramentos, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

Pronto nos acercaremos a recibir el Cuerpo de Jesús. Nunca como en la misa el Señor se comporta en tan alto grado cual Pastor nuestro, entregando la vida por sus ovejas, dándonos su Cuerpo para robustecernos, dándonos su Sangre para embriagarnos. El Pastor se hace pasto. Comprometámonos entonces a ser ovejas fieles de su rebaño, a no rehuir más su cayado, a no hacernos sordos a sus silbos, a no aspirar jamás a la presunta independencia de la oveja que abandona el rebaño en busca de los pastos ilusorios de este mundo. Porque el Señor es mi pastor nada me puede faltar.
(SAENZ, A., Palabra y Vida, Ciclo B, Ediciones Gladius, Buenos Aires, 1993, p. 210-214)


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Aplicación: S. Juan Pablo II - El buen Pastor

La figura del Buen Pastor ocupa el centro de la liturgia de este domingo. Es una figura particularmente simpática en el Evangelio; por ello la Iglesia habla frecuentemente de ella.

Hoy lo hace, recurriendo a la parábola evangélica, pero citando antes las palabras del Salmo:

"Es Yavé mi pastor; nada me falta" (Sal 22 [23], 1).

En la liturgia renovada estas palabras las sentimos muy cercanas. Nos gusta cantarlas, comprendiendo bien el significado de la metáfora que aparece en las palabras del Salmo:

"Me hace recostar en verdes pastos / y me lleva a frescas aguas. / Recrea mi alma, / me guía por las rectas sendas / por amor de su nombre" (Sal 22 [23], 2-3).

Cantamos frecuentemente estas palabras para abrir ante el Señor toda nuestra alma y todo lo que la atormenta:

"Aunque haya de pasar por un valle tenebroso, / no temo mal alguno, / porque tú estás conmigo..." (Sal 22 [23], 4).

Nuestra peregrinación terrena no es un andar errantes por caminos intransitables. Hay un Pastor que nos conduce, que quiere nuestro bien y nuestra salvación, no sólo en esta vida, sino también en la eternidad:

"Sólo bondad y benevolencia me acompañan / todos los días de mi vida; / y moraré en la casa de Yavé / por dilatados días" (Sal 22 [23], 6).

La liturgia de este domingo dirige al mismo tiempo nuestra atención hacia los que el Señor llama a una especial participación en su solicitud pastoral por el hombre.

El Profeta Jeremías habla con palabras fuertes de la gran responsabilidad que tienen los Pastores de cada una de las naciones.

He aquí por qué nace en nosotros, reunidos para el "Ángelus" dominical, la necesidad de rezar por los Pastores de la Iglesia en el mundo.

Que el "báculo pastoral" sea un "consuelo" para todo el rebaño confiado a los Pastores.

Que se realicen esas palabras proféticas que tan frecuentemente sentimos y cantamos:

"Tú dispones ante mí una mesa / enfrente de mis enemigos. / Derramas el óleo sobre mi cabeza, / y mi cáliz rebosa" (Sal 22 [23], 5).

Que se cumplan estas palabras.

Que los Pastores ?dignos discípulos del Buen Pastor? puedan preparar en todo el mundo " un banquete de la Palabra Divina" y un "banquete eucarístico".

Que en los sacramentos, mediante la unción con los santos óleos, transmitan las "riquezas de su gracia" (cf. Ef 1, 7) a cuantos están en camino hacia la patria eterna.

Jesús, en el Evangelio de hoy, dice a los Apóstoles: "Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco" (Mc 6, 31). Encomendemos a la solicitud del Buen Pastor a todos aquellos que descansan estos días, aprovechando las vacaciones del trabajo.

Recemos sobre todo al Señor por aquellos que buscan los lugares solitarios para renovarse espiritualmente. Por aquellos que ?precisamente durante las vacaciones? buscan el recogimiento y hacen los ejercicios espirituales.

Que se realicen sobre ellos las promesas de la liturgia de hoy ligada a la figura del Buen Pastor.

Recemos al Señor, por intercesión de María, para que alivie tantos dolores y consuele a los que se encuentran en la angustia y en el peligro.
(Ángelus del Domingo 18 de julio de 1982)



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Aplicación: P. Gustavo Pascual, I.V.E. II - Dar gloria a Dios con el descanso

En mi computadora hay un programa para dictarle a la máquina que se llama 'Dragon Naturally Speaking' que para comenzar a trabajar hay que ordenarle 'a trabajar' y para dejar de trabajar 'a dormir'. Muchas veces le digo 'a descansar' y no responde. Me ha parecido, quizá sea un poco subjetivo, que esta máquina esta programada de acuerdo con la vida del hombre moderno. El hombre moderno tiene dos actividades 'trabajar y dormir'. Pocas veces tiene tiempo para descansar, entendiéndose descansar como el ocio contemplativo o como descanso recreativo.

En el Evangelio de hoy Jesús se retira con sus discípulos para descansar. Algunas veces se ha retirado solo para rezar, para el ocio contemplativo. Esta vez lo hace para descansar.

Los apóstoles venían de trabajar mucho y Jesús también porque los que iban y venían eran muchos. Algunos buscando sus enseñanzas y la mayoría buscando curarse. Tan grande era la actividad que el evangelista dice que no tenían tiempo ni para comer.

Se van a buscar un sitio solitario. La vida fraterna comprende descansos en común en donde todos aportan de lo suyo para el enriquecimiento común. El cambio de actividad aumenta las energías para reemprender el trabajo ordinario.

El hombre moderno se esclaviza por el trabajo. En esto se tocan las ideologías: el liberalismo y el comunismo. Uno es el trabajo para un mayor consumo y el otro es el trabajo para el Estado. Y es curioso como el hombre moderno acelera el obrar humano para aprovechar el tiempo y tener más tiempo para trabajar. Es un círculo vicioso que responde al miedo del hombre a enfrentarse consigo mismo.

Jesús y sus apóstoles al llegar a la otra orilla del lago en busca de la soledad y el descanso se encuentran con una multitud que los esperaba. Jesús se compadece y los atiende. La caridad prima sobre el descanso. El bien común sobre el bien personal. 'Es admirable la bondad de Jesús, que no da vuelta, buscando la soledad, sino que, compadecido de aquellas ovejas sin pastor, empieza enseguida y muy largamente a instruirlos' .

Jesús se ha proclamado ante los fariseos 'Señor del sábado' pero no sólo es Señor del sábado sino que es Señor del tiempo. Es ayer, hoy y siempre. Suyo es el tiempo y la eternidad . Por eso descansa o trabaja cuando quiere porque es Señor del tiempo. ¿Pero por qué dejó el descanso por atender a sus ovejas? Porque así era la voluntad de Dios. Jesús enseña que la norma que debe regir el uso de nuestro tiempo es la voluntad de Dios. Usaremos bien el tiempo si nuestro obrar es conforme al querer de Dios. Pero para esto hay que ser indiferente al uso del tiempo. Hay que ser señor del tiempo y no dejarse enseñorear por el tiempo. Debemos reflexionar sobre la voluntad de Dios al emprender tal o cual actividad. En los Ejercicios Espirituales anuales preparados por medio de las meditaciones podemos ver en general cuales sean las actividades que Dios quiere que realicemos pero hay que discernir cuando se presentan circunstancias especiales como les ocurrió a Jesús y los suyos. No podrá seguir la voluntad de Dios aquel que esté condicionado por el tiempo, el que tenga afecto desordenado al tiempo.

No todo el tiempo usado en trabajo es tiempo redimido. Quizá el descanso es tiempo redimido y nosotros trabajando nos esclavizamos al tiempo. El mundo moderno sólo ve en el trabajo la manera de aprovechar el tiempo y finalmente se hace esclavo del tiempo porque el tiempo lo condiciona y de tal manera que aunque tenga descanso por día festivo o vacaciones lo aprovecha para trabajar.

En la parroquia rural donde trabajaba la gente no era puntual, llegaban a las ceremonias o citas con mucho retraso. Algunos aún se movían por el reloj solar. Pero el tiempo no los condicionaba, ni perdían la paz o la tranquilidad por llegar con retraso. En el caso concreto creo que no era muy virtuosa la impuntualidad que procedía de pereza aunque valga 'en cierta manera' como ejemplo por su señorío respecto del tiempo.

Jesús y sus apóstoles no tendrían un reloj que los condicionara para hacer tal o cual cosa con exactitud. Seguramente había un plan, un orden dirigido por la Sabiduría encarnada pero siempre subordinado a la voluntad del Padre eterno.

Jesús nos enseña la necesidad del descanso para vivir una parte importante de la vida fraterna en común. Para ello tenemos que discernir los tiempos en que Dios nos pide el descanso y ser señores del tiempo renunciando a nuestra propia voluntad en el obrar y conformar nuestro obrar al querer de Dios para que el tiempo sea redimido.

También el descanso y la recreación es un testimonio para el mundo moderno esclavizado por el tiempo. No sólo por la vida fraterna en común que vivamos en la recreación sino como ejemplo de señorío del tiempo, porque no hay tiempo mejor aprovechado que el que vivimos haciendo lo que Dios quiere que hagamos.


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Aplicación: P. Jorge Loring, S.J. - Domingo Décimo Sexto del Tiempo Ordinario - Año B Mc. 6:30-34

1.- En este Evangelio Cristo invita a los Apóstoles que volvían de su viaje apostólico, a descansar.

2.- Es una delicadeza del Señor, premiando a los Apóstoles por su trabajo.

3.- Dios premia siempre las buenas obras. Dice el Evangelio que hasta un vaso de agua que demos al prójimo recibirá su recompensa.

4.- Pero también hay que saber descansar. Por eso el precepto dominical.

5.-Descansar no significa no hacer nada o perder tristemente el tiempo viendo durante horas programas de televisión que no dejan ningún provecho. Tampoco se trata de tomar vacaciones de Dios. Descansar es ocuparse de otras actividades útiles para nosotros y nuestro prójimo. Hacer algo de provecho para nuestra casa, nuestra familia o quienes nos rodean.

6.- Pero Jesús interrumpió el descanso para enseñar al pueblo que había ido a escucharle.

7.- Saber renunciar a lo nuestro si el prójimo nos necesita. La servicialidad es fundamental para un cristiano.

8.- En la servicialidad está la mayor felicidad de este mundo.



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Ejemplos

Cuantas más almas salvéis
¿Teméis mis hermanos, que perderéis vuestra virtud por dedicaros todos los momentos a la salvación de los demás?
¿No os habéis fijado en los pozos? Mientras más agua sacan de ellos la dan mejor y mas clara. Cuando no la sacan es cuando se corrompe.
¿No os habéis fijado en los cuchillos? Cuando cortan mucho es cuando tienen brillo; cuando no cortan se llenan de moho y de herrumbre.
¿No os habéis fijado en el fuego? Por quemar y encender otras cosas no pierde; al contrario, crece y aumenta.
¿No os habéis fijado en los maestros? Cuanto más enseñan, más saben; si dejan de enseñar, se olvidan de todo.
No tengáis miedo. Cuanta más agua repartáis de gracia, será la vuestra más clara. Cuanto más trabajéis por los demás, será mayor vuestro brillo. Cuanto más hagáis arder a los otros en el amor de Dios, más arderá vuestro propio corazón. Cuanto más enseñéis a vuestros hermanos la verdad de Dios, tanto mejor la conoceréis. Cuantas más almas salvéis, más seguridad tendréis de salvar la vuestra.
(ROMERO, F., Recursos Oratorios, Editorial Sal Terrae, Santander, 1959, p. 96)

(cortesia: iveargentina.org et alii)

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Charlie Chaplin y la cadena de producción (Vengan a descansar un poco)



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