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  Domingo 19 del Tiempo Ordinario Ciclo B - Iglesia del Hogar: en Familia, como Iglesia doméstica, nos preparamos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical parroquial

 

 

 

 

¿Cómo acoger la Palabra de Dios?
La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

 

Introducción a las lecturas del domingo

 

Primera lectura: 1 Re 19, 1-8

Los profetas, mensajeros de Dios, al tener que anunciar mensajes divinos que no son del agrado de los oyentes, experimentan el rechazo y la persecución. A veces tienen que pasar momentos de profunda amargura y, humanos frágiles como son, prefieren dejar su misión aunque signifique el término de su vida. Esto nos puede pasar también a nosotros cuando queremos ser testigos del Señor y dar testimonio de la verdad divina. ¡No tengamos miedo! Dios mismo nos fortalecerá.

 

Segunda lectura: Ef 4, 30-5, 2

Siempre nos apetece reaccionar según nuestra manera acostumbrada de pensar y de actuar. ¡Cuántas veces sentimos la ira y queremos agredir al otro aunque sea sólo de palabra y de gestos. Se supone que recemos todos los días la oración que nos ha enseñado Jesús, el padrenuestro. ¿Sabemos perdonar las ofensas del otro? San Pablo hasta nos invita a invitar a Dios mismo. Escuchemos la lectura y dejemos que nos enseñe cómo reacciona el que quiere imitar a Dios. El hace clic en guardar Espíritu Santo obrará en medio de nuestra debilidad

Evangelio: Jn 6, 41-54

Para los judíos las palabras de Jesús, como nos las relata el Evangelio, son un grave escándalo mientras que nosotros a lo mejor nos hemos acostumbrado demasiado al misterio de la eucaristía. Necesitamos siempre de nuevo recuperar el “asombro eucarístico” del que habla San Juan Pablo II.

 

Reflexionemos los padres

Cada vez cuando acudimos para participar en la celebración eucarística el Señor siempre nos espera y nos recibe con los brazos abiertos. El es el pan bajado del cielo que nos da la vida eterna. Y muchas veces tenemos la mente llena de preocupaciones germinadas por los acontecimientos de la semana que ha pasado. Hacemos un esfuerzo de recoger nuestros pensamientos y de prestar atención lo que estamos escuchando y viviendo. Si tenemos la dicha de recibir a Jesús en la santa comunión el rito de la misa nos invita a decir antes: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa. Pero di sólo una palabra y mi alma será sana”. Necesitamos preguntarnos: ¿Sentimos verdaderamente que somos indignos de recibir la santa comunión o estamos repitiendo palabras de memoria y realmente no se mueve nada en nuestro corazón? Es un poco lo que sucede, por ejemplo, en el matrimonio. Los tiempos del noviazgo y los primeros años del matrimonio eran una delicia porque disfrutamos que el otro me ama y está ahí. ¿Qué pasó? La maldita rutina: el centro de atención ya no es el otro sino sólo yo con mis pensamientos, sufrimientos y preocupaciones. ¿Cómo recuperar aquella felicidad que iluminaba los días de nuestra vida? ¡Que el otro nuevamente ocupe el centro de mi atención y preocupación! Existe una terapia sencilla y no costosa: Los cónyuges se levantan media hora antes de lo acostumbrado. Se arreglan, se visten y se sientan uno frente al otro. Durante 20 minutos solamente se miran el uno al otro. No se habla, no se hacen gestos, solamente mirar. Es increíble como este ejercicio durante seis días coloca nuevamente al otro en el centro de la vida. Y es fácil de hacer el mismo ejercicio en relación con la eucaristía: la adoración eucarística, es decir, sentarse en el templo de cara al Sagrario y mirar y contemplar.

El santo cura de Ars, San Juan María Vianney, cuenta una anécdota. Observaba como un campesino en la mañana yendo a su campo a trabajar y en la noche al regresar entró siempre a la Iglesia y se sentaba en la primera banca. No movía los labios ni rezaba en voz alta. El santo cura de Ars un día le preguntó qué hacía sentado así en la banca, que no se le veía mover los labios ni se le oía rezar. El campesino le contestó: “El me mira y yo lo miro”.

 

Reflexionemos con los hijos

Repasemos la segunda lectura. Queremos preocuparnos juntos para que en esta casa haya este espíritu del que está hablando san Pablo. Nosotros sus padres queremos pedirles perdón si hemos tenido arrebatos, ira, gritos, etc. Es que no queremos entristecer el Espíritu Santo quien, desde nuestro bautismo, mora en el corazón de cada uno, intercede por nosotros con gemidos inefables (cf. Rom 8, 26) y nos da permanentemente testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rom 8, 16). Sabemos que no está en nuestras fuerzas el poder imitar a Dios. Sin embargo, la fuerza y la gracia del Espíritu Santo nos quieren ayudar todos los días. Vamos a conversar un poco como ayudarnos mutuamente a hacer buenos y compasivos, dispuestos a perdonar.

 

Conexión eucarística

Es una maravilla que en cada misa Jesús nos espera y nos recibe siempre de nuevo con los brazos abiertos. Su amor se expresa en la donación total de la santa comunión. Tratemos de recuperar el “asombro eucarístico”.

 

Vivencia familiar

Apliquemos lo que se sugiere en el acápite “Reflexionemos con los hijos”.

 

Nos habla la Iglesia

Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas (Vaticano II, constitución sobre la sagrada liturgia (Vaticano II, constitución sobre la sagrada liturgia, 7).

La casa de oración en que se celebra y se guarda la santísima eucaristía y se consagra los fieles y en que se adora para auxilio y consuelo de los fieles, la presencia del Hijo de Dios, Salvador nuestro, ofrecido por nosotros en el ara del sacrificio, debe estar nítida, dispuesta para la oración y sagradas solemnidades (Vaticano II, decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 5).

Enséñeseles a buscar a Cristo… Sobre todo en la eucaristía y el oficio divino. (Vaticano II, decreto sobre la formación sacerdotal). 

Nota: esto vale también para todos los bautizados porque su cuerpo es templo del Espíritu Santo y recibe la santa comunión.

 

Leamos la Biblia con la Iglesia

 

Año impar

Año par

 

L.  

 Deut 10,12.-22  

S.22  

Ez 1,2-5.24 -2,1a  

S. 148  

 Mt 17 21—26

M.  

Deut 31,1—8  

Dt 32,3-4a.7-9.12  

 Ez 2,8 -3,4  

S. 118  

Mt 18,1-5.10.12-144

M.  

Dt 34, 1-12  

S.65  

Ez 9,1-7;10.18—22  

 S. 112  

 Mt 18,15—20

J.  

Jos 3, 7-10a.11.13—17  

S.113 A  

Ez 12,1—12  

 S.77  

Mt 18, 21-19, 1

V.  

Jos 24,1—13  

S. 135  

Ez 16,1-15.60.63  

!s 12, 2—6  

Mt 19 3-12

S.  

Jos 24,14-29  

S.15  

Ez 18,1-10.13b.30  

S. 77  

Mt 19,13-15   

 

Oraciones

Consejos de santos:
. "¡Cuan consoladores y suaves son los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estás dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus plantas, y quedaras consolado. ¿Eres despreciado del mundo? Ven aquí, y hallaras un amigo que jamás quebrantara la fidelidad. ¿Te sientes tentado? aquí es donde vas a hallar las armas más seguras y terribles para vencer a tu enemigo. ¿Temes el juicio formidable que a tantos santos ha hecho temblar? Aprovéchate del tiempo en que tu Dios es Dios de misericordia y en que tan fácil es conseguir el perdón. ¿Estas oprimido por la pobreza? Ven aquí, donde hallaras a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos, no en este mundo sino en el otro". Santo Cura de ArsSermón sobre el Corpus Christi. 

. "Así como Jesucristo está vivo en el cielo rogando siempre por nosotros, así también en el Santísimo Sacramento del altar, continuamente de día y de noche esta haciendo este piadoso oficio de abogado nuestro, ofreciéndose al Eterno Padre como víctima, para alcanzarnos innumerables gracias y misericordias". San Alfonso Mª. de LigorioVisitas al Stmo. Sacramento, 31

 

 ORACIÓN DE SAN ALFONSO Mª LIGORIO 

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado tu mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en este iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.

 

ORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO 
DE SANTO TOMAS DE AQUINO

¡Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido; concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza, y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada. Ordenad, ¡oh Dios mío!, el estado de mi vida; concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla corno es menester y conviene a mi alma. Dadme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a Vos o aparta de Vos. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Vos. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin Vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de Vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por Vos, y enojoso el descanso sin Vos. Dadme, oh Dios mío, levantar a Vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a Vos con devoción. Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dadme, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de Vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine. Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace. Dadme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia, y en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por gracia, y en la patria goce de vuestras alegrías por gloria. Señor que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

AL AMOR DE LOS AMORES JESÚS SACRAMENTADO
ORACIÓN DE SANTA TERESA DE LISIEUX

Sagrario del Altar el nido de tus más tiernos y regalados amores. Amor me pides, Dios mío, y amor me das; tu amor es amor de cielo, y el mío, amor mezclado de tierra y cielo; el tuyo es infinito y purísimo; el mío, imperfecto y limitado. Sea yo, Jesús mío, desde hoy, todo para Ti, como Tú los eres para mi. Que te ame yo siempre, como te amaron los Apóstoles; y mis labios besen tus benditos pies, como los besó la Magdalena convertida. Mira y escucha los extravíos de mi corazón arrepentido, como escuchaste a Zaqueo y a la Samaritana. Déjame reclinar mi cabeza en tu sagrado pecho como a tu discípulo amado San Juan. Deseo vivir contigo, porque eres vida y amor.

Por sólo tus amores, Jesús, mi bien amado, en Ti mi vida puse, mi gloria y porvenir. Y ya que para el mundo soy una flor marchita, no tengo más anhelo que, amándote, morir.

 

 




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