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Domingo 25 del Tiempo Ordinario B - Iglesia del Hogar: Nos preparamos en Familia para que todos puedan acoger con Fruto la Palabra de Dios en la Misa Dominical Parroquial

 

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A su disposición
INTRODUCCIÓN A LAS LECTURAS DEL DOMINGO

REFLEXIONEMOS

REFLEXIONEMOS CON LOS HIJOS

CONEXIÓN CON LA EUCARISTÍA

VIVENCIA FAMILIAR

NOS HABLA LA IGLESIA

ORACIONES

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 


INTRODUCCIÓN A LAS LECTURAS DEL DOMINGO

Primera Lectura: Sb 2, 12. 17 -20
El cristiano necesariamente es distinto y frecuentemente incómodo porque no se pliega a la opinión pública sino busca su orientación en la palabra de Dios. Porque los hijos de Dios no se acomodan a este siglo. Si no hemos sufrido nunca nada de oposición por causa de nuestra fe, será que no la hemos vivido en todas sus consecuencias. Frecuentemente es el resultado de ignorancia porque no conocemos nuestra fe en todas sus dimensiones. Quizás conviene dar un repaso al Catecismo de la Iglesia Católica o, si tenemos poco tiempo, el El Compendio del Catecismo. También es muy didáctico el Youcat: el Catecismo de la Iglesia Católica para Jóvenes. Con todo, pidamos al Señor de ser valientes de ahora en adelante y confesemos nuestra fe.

Segunda Lectura: Stgo 3, 16 -4, 1
Los conflictos en su gran mayoría obedecen a la influencia de intereses creados. No dejamos que la verdad pura tenga lugar. Y esta verdad es el amor, el bienestar de todos. Pidamos al Señor que purifique nuestros ser de estos intereses que se oponen a la caridad.

Evangelio: Mc 9, 30 -37
Condiciones para ser discípulos de Cristo: seguirlo en su pasión, respeto al pequeño, ser siervo de los demás, es decir, la salvación de los demás es la salvación propia nuestra.

 

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REFLEXIONEMOS
Los cristianos no discriminamos, vale decir, conscientemente. Sabemos que todos somos hijos de Dios, que somos hermanos en Cristo, que somos iguales. Revisemos un poco a quienes les tratamos de tú (de dependencia) y a quienes les hablamos de usted (de respeto). ¿ Hay personas adultas a las que les hablamos de tú desde el primer momento aunque no haya ningún lazo que nos une a ellos mientras que ellos nos hablan de usted? ¿Ustedes están seguros que esto no sucede en su familia? Escuchen a sus hijos cómo reaccionan frente a la gente y tienen ustedes un espejo fiel de sus actitudes. Aunque no se dé el caso que de verdad usted no es consciente de discriminar persona alguna, eso no basta. Se necesita de gestos que se graben en el corazón de los niños de manera que sean capaces no sólo de no ofender sino de hacer de este mundo un mundo más fraterno ¿Cómo? No me atrevo a darles un consejo a las personas que saben perfectamente donde y cuando pueden hacer un esfuerzo y hacer un bien profundo a sus hijos. Es que generalmente no nos damos cuenta cuando nos ocupamos de "aquella gente" que son tan antipáticas. ¿Qué podemos aprender de ellos?

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REFLEXIONEMOS CON LOS HIJOS
A veces los hermanitos mayores son un poco celosos de los hermanitos más pequeños porque creen que se les prefiere a ellos cuando en realidad es sólo el hecho que los pequeños necesitan más atención que los grandes. Los padres quieren a todos sus hijos de manera igual y no hay preferencias. En lugar de sentirse menguados los hermanos mayores deberían ayudar a cuidar a los más pequeños.

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CONEXIÓN CON LA EUCARISTÍA
Eucaristía es realmente un sacrificio porque se renueva entre nosotros la entrega de Cristo al Padre en la Cruz por nosotros. Su pasión, muerte y resurrección nos salva o en a todos los miembros de la comunidad de los que celebramos juntos. Somos todos hermanos en Cristo más que en cualquier otro lugar.

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VIVENCIA FAMILIAR
Una vez al año el más pequeño de la familia tiene el mando. Algunas familias realizan este experimento el día de los Inocentes. Aconsejado por los hermanos menores durante este día se hacen las cosas como él quiere. Al final se hace una revisión y se pregunta si todo lo que se ha realizado fue para hacer más felices a los demás.

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NOS HABLA LA IGLESIA
Nota: cuando hay niños menores será mejor de leer estos pasajes que siguen en otro momento junto con los mayores.

La promoción del bien común
26. La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección- se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano.
Todo grupo social debe tener en cuanta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuanta el bien común de toda la familia humana.
Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables.
Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.
El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.
El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad.
El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.

El respeto a la persona humana
27. Descendiendo a consecuencias prácticas de máxima urgencia, el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma de cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no sea que imitemos a aquel rico que se despreocupó por completo del pobre Lázaro.
En nuestra época principalmente urge la obligación de acercarnos a todos y de servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese hijo ilegítimo que debe aguantar sin razón el pecado que él no cometió, o de ese hambriento que recrimina nuestra conciencia recordando la palabra del Señor: Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo hicisteis. (Mt 25,40).
No sólo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador.

Respeto y amor a los adversarios
28. Quienes sientes u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser también objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto más humana y caritativa sea nuestra comprensión íntima de su manera de sentir, mayor será la facilidad para establecer con ellos el diálogo.
Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad saludable.
Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando está desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa. Dios es el único juez y escrutador del corazón humano. Por ello, nos prohíbe juzgar la culpabilidad interna de los demás.
La doctrina de Cristo pide también que perdonemos las injurias. El precepto del amor se extiende a todos los enemigos. Es el mandamiento de la Nueva Ley: Habéis oído que se dijo : Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo : Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian y orad por lo que os persiguen y calumnian (Mt 5,43-44).

La igualdad esencial entre los hombres y la justicia social
29. La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino.
Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino.
En verdad, es lamentable que los derechos fundamentales de la persona no estén todavía protegidos en la forma debida por todas partes. Es lo que sucede cuando se niega a la mujer el derecho de escoger libremente esposo y de abrazar el estado de vida que prefiera o se le impide tener acceso a una educación y a una cultura iguales a las que se conceden al hombres.
Más aún, aunque existen desigualdades justas entre los hombres, sin embargo, la igual dignidad de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y más justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades económicas y sociales que se dan entre los miembros y los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional.
Las instituciones humanas, privadas o públicas, esfuércense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten, bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales del hombre. Más aún, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez más a las realidades espirituales, que son las más profundas de todas, aunque es necesario todavía largo plazo de tiempo para llegar al final deseado.

Hay que superar la ética individualista
30. La profunda y rápida transformación de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una ética meramente individualista.
El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más contribuyendo cada uno al bien común según la propia capacidad y la necesidad ajena, promoviendo y ayudando a las instituciones, así públicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre.
Hay quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales. No sólo esto; en varios países son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales.
No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tienen reparo en soslayar los impuestos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo.
La aceptación de las relaciones sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo. Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extiende poco a poco al universo entero.
Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en sí mismo y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia (Vaticano II, La Iglesia en el mundo).

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ORACIONES
Humildad de Jesús
Ha dicho el apóstol, Señor, que en la eternidad fuiste en Dios, Hijo del Padre, imagen perfecta de su santidad y copartícipe pleno de su gloria. Sin embargo, no has considerado tu naturaleza divina como un bien que debe guardarse celosamente sino generosamente te has anonadado. Has asumido el cuerpo de un esclavo, has aparecido como hombre y has sido hombre en todo menos en el pecado. Te has rebajado, obediente hasta la muerte, la muerte en Cruz.
Has buscado a los hombres en su lejanía de Dios. En tu humildad te has rebajado hasta el abismo de su perdición y los rescataste. Por eso Dios te ha elevado y te ha dado un nombre sobre todos los nombres para que ante el se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y que todos confiesen que tú, Jesucristo, eres el Señor.
Por eso, Señor, doblo mi rodilla ante Ti y confieso: tú eres el Señor, el Salvador que nos ha traído la salvación.
En aquellas horas de soledad cuando cambiaste nuestra suerte, nadie estaba contigo, solo cargaste con nuestra culpa ante la justicia de Dios para que se haga justicia. Nos has aceptado en la redención. Te suplicamos que nos hagas libres ante Ti para seguirte en tu camino (Guardini).

 

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