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El Ciego Bartimeo: Evangelio del Domingo 30 B (Charla-reflexión sobre Mc 10,46-52

 

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El pasado 27 de Mayo, fiesta de pentecostés, se celebró en Don Alvaro la Asamblea regional de la Reonovación Carismática Católica (RCC). Me pidieron que les diera una enseñanza sobre el texto "Ánimo, levántate, que te llama", incluido en Mc 10, 46-52, que narra la curación del Ciego de Jericó. Para la preparación usé de notas tomadas de la Web Mercabá ( http://www.mercaba.org/) , donde se comenta ampliamente este evangelio del trigésimo domingo del ciclo B. Asimismo me sirvieron de ayuda el comentario y la canción de Martín Valverde:

http://www.youtube.com/watch?v=GuSbKepuvR4

y

http://www.youtube.com/watch?v=9cBdAXKiqAY,

audición que recomiendo por la vivacidad que tiene. Partiendo de esos apoyos y con el bagaje que uno ha ido adquiriendo con los años construí esta charla-meditación que ahora pongo en esta página. Es un poco extensa, pero espero que eso no sea obstáculo para meditar.


* * * * * *


CHARLA SOBRE LA CURACION DEL CIEGO BARTIMEO.
EVANGELIO
Como siempre, es la fe la que únicamente puede captar el sentido de un signo milagroso: el ciego Bartimeo no creyó porque fue curado, sino, al contrario, fue curado porque tenía fe.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 10,46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
- Hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
- Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo:
- Llamadlo.
Llamaron al ciego diciéndole:
- Ánimo, levántate que te llama.
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo:
- ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
- Maestro, que pueda ver.
Jesús le dijo
- Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.



UNA REFLEXIÓN INICIAL SOBRE RAZÓN Y FE

Razón y fe; hay creyentes convencidos de que lo principal es la fe y la razón es subsidiaria (incluso quienes llegan a decir que para creer hay que prescindir de la razón), y hay quienes lo subsidiario es la fe y lo importante la razón (escamados del dogmatismo intransigente).

Cuando un creyente prescinde de la razón su fe es ciega; mejor dicho, su fe no es fe, sino ceguera, ofuscación, fanatismo… Tal actitud suele nacer del miedo (¿miedo a que los incrédulos le arrebaten la fe?) o de la comodidad (mejor con complicarse con planteamientos complicados) . Por otro lado, cuando el hombre prescinde de la fe para ser más racional, se convierte en racionalista, que es otro modo de fanatismo en lo que tiene de fe ilimitada en la razón y rechazo frontal de toda creencia.

No hay nada más hermoso que poder ver: el rostro de la madre, la sonrisa del niño, los ojos de la persona amada, la belleza de la creación, las obras de los hombres … y para ver nos ha llamado Jesucristo … sentados al borde del camino de la historia estamos aquí, para decirle a Jesús: “Señor, queremos ver” … Porque vivimos en la oscuridad…
· Hay una oscuridad exterior que requiere de visita al oculista; ¡qué bueno cuando nos gradúa la vista y volvemos a ver como antes! ¡Que alegría de paisajes, de colores, de formas…!
· Hay otra oscuridad: la del espíritu; también con los años el espíritu se va empañando; perdemos la inocencia y nuestra mirada se vuelve espesa y turbia.: Desconfianza, lujuria, envidias, ambiciones, desengaños, … van haciendo mella en cada uno de nosotros, que seguimos viendo, pero con el enfoque difuso y tergiversado.
· A los fariseos: “Ay de vosotros “guías ciegos”, que coláis el mosquito y os tragáis el camello” (Mt 23,24; cf. 16-38). A los fariseos, a los que obran equivocadamente, Jesús los llama “ciegos”, incapaces de ver, … tanto que Jesús, el mesías estaba ante ellos, pero ellos no fueron capaces de reconocerlo. …
· «Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor. La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad. Si, pues, tu cuerpo está enteramente luminoso, no teniendo parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor. (Lucas 11,33-36). Hay una oscuridad interior que es peor que la exterior.




VAYAMOS POR PARTES

domingo 30 b curación del ciego bartimeoEn aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente.
Jericó, a 37 Kms de Jerusalén, lugar de prosperidad y riqueza, un oasis fertilísimo cuya visión gozó Moisés desde el monte Nebo. En vísperas de Pascua el panorama es fabuloso, paradisíaco… tanto más cuanto que el entorno es desértico y pobre. Un lugar para el descanso; la tentación de quedarse es fuerte. Pero Jesús toma la decisión de salir y ponerse en camino hacia Jerusalén.
Jesús inicia ahí su camino hacia Jerusalén donde será crucificado, y lo hace seguido de una multitud; cura enfermos, abre los ojos a los ciegos, hecho que recuerda la profecía: “Entre ellos hay ciegos y cojos… una gran multitud retorna" (Jr 7,8) a Jerusalén después del destierro”. Se va a hacer la luz sobre Jesús; ya no exige el secreto mesiánico a quienes cura ("no se lo digáis a nadie").
Mucha gente acompaña a Jesús, que triunfaba entonces como predicador y taumaturgo (multiplica panes, cura enfermos,…) Tenía partidarios; unos de su doctrina, otros eran forofos de sus panes, de sus milagros… ¡Qué distintos unos de otros; los que buscan “servir a Dios” y los que buscan “servirse de Dios”… y Él a todos los acoge.


El ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoEl ciego es figura del cristiano, tu tipo y el mío, como lo es el sordomudo del “éffeta", aquel a quien Jesús le abrió los oídos y le desató la lengua (Mc 7,34). El ciego adelanta y contiene a la multitud de creyentes que hemos pasado de la oscuridad a la luz, y que ahora vamos anunciando por el mundo que Jesús es el Mesías (Salvador)
· El camino por el que pasa Jesús y junto al que está sentado el ciego, mendigando, es también todo un símbolo: ese camino es el camino de mi vida, y el camino que es el mismo Jesús: “Yo soy el camino” (Jn 14,6)…
· Allí, en su camino, sentado como cada día, este ciego pedigüeño y chinchorrero (se debía de enterar de todo lo que pasaba en el pueblo; y había oído hablar de un tal Jesús, famoso predicador y milagrero). Curioso este ciego que pide limosna, tumbado al borde del camino, sentado sobre su manto, o con el manto extendido… manto que tal vez luego le servía de cobijo en el frío del día o de la noche.

· El ciego, tú y yo; ciegos, y –permitidme- cómodamente sentados junto al camino, esperando que alguien se compadezca de nosotros. … Pidiendo limosna… mendigando amor, suplicando que se acuerden de nosotros, piltrafas humanas marginales y marginadas por el común de los hombres, orgullosos de su visión.

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí”
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoBartimeo, que ha oído hablar del nazareno, no va a dejar pasar la oportunidad que se le ofrece de salir de su postración: y GRITA.
Ha aprendido a gritar, a orar con el mismo grito de Job, el grito de Jesús en la cruz; ese grito es un impulso interior, se llama fe, esperanza… y ya son fruto del Espíritu Santo. Tal vez antes fue mudo en su oración, o desconfiado, o ya no esperaba mucho de la vida, pero al oír hablar de Jesús la fuerza del Espíritu lo mueve, se le despiertan los sentidos espirituales y grita; antes de recuperar la vista Bartimeo ha recuperado el grito; antes de alcanzar a Jesús ha logrado el espíritu de oración; con ello ha vuelto a la infancia; el que no llora no mama; el grito y el llanto muestra sin tapujos la indigencia, la debilidad, la necesidad. El grito-llanto del ciego es un gesto de humildad, de necesidad, también de rebeldía, como el grito de Job, como el de Jesús en la cruz

Muchos le regañaban para que se callara.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoEl grito molesta. Que se lo digan a los padres que oyen llorar y gritar a sus bebés en la noche… El grupo de los satisfechos quieren callar el grito del ciego. Se enfurecen contra el ciego que grita su desgracia; le dicen que se calle. Esos satisfechos (tal vez seamos nosotros) son mucho más ciegos que el ciego, porque no quieren ver que hay ciegos: les molesta ver y pensar en las desgracias del prójimo. Muchos más pobres que el mendigo, porque la pobreza de esos no está en sus ropas o calzado sino en su corazón…. ¡Que se calle ese estúpido!, dicen los bien comidos y vestidos de Jericó … Hay que ocultar la pobreza que nos agua la fiesta.
Los listos, los seguros de sí mismos, que sabían por donde ir (en este momento van por el camino de Jesús no sabemos por qué) enmudeciendo a quien no sabe por dónde tirar ni como vivir, que grita su desorientación. Los que tienen de sobra haciendo callar a los que no tienen. Cállate, escóndete, no me molestes, no molestes a nuestro Maestro…
Parábola de nosotros mismos:
-que vamos satisfechos por la vida,
-que nos juntamos con el grupo en que va Cristo
-que no queremos que se escuche el grito de los necesitados.
¡Que se callen! ¡Que nos dejen tranquilos! … Que nos dejen ir detrás de Cristo, pero sin mirar ni oír al indigente que grita, porque entonces perderemos nuestra tranquilidad de conciencia.

Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoDicen que San Francisco dictó su cántico al sol cuando ya estaba ciego y San Juan de la Cruz su cántico espiritual, hablando de “montes y riberas”, de “bosques y espesuras” de “flores y verduras”, en meses de prisión y oscuridad. El anhelo de vivir puede romper la ceguera habitual, del egoísmo que nos corroe. Todos somos ciegos, pero todos podemos hallar luz para caminar. Es preciso anhelar la luz, desearla, gritarla, para acogerla. gritar aunque los que nos rodean nos conminen a que callemos, gritar como israelitas tocando trompetas frente a Jericó para derribar las murallas que nos rodean. El evangelio no será acogido nunca por los que creen ver sino por los que se saben ciegos, paralíticos, leprosos, y gritan su limitación en espera de socorro.
Hay situaciones familiares, matrimoniales, sociales, mundiales, que parecen cerradas a caminos de mejora. Basta decir “¡como a mi no me afecta...!", ¡cállate, que me quitas la paz con tus problemas! ¿No sería mejor gritar juntos, ponernos a trabajar abiertos a la esperanza? Necesitamos superar la ceguera para hallar el camino. Para ello no basta permanecer sentado al borde del camino, instalados en la dinámica de la queja y la limosna, hay que levantarse y caminar. No estamos solos, si gritas eres escuchado: “Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá…” (Mt 7,7)
¡Dichoso el que no se cansa de gritar, … porque será escuchado!

Jesús se detuvo y dijo: ¡Llamadlo!
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoParece que Dios no escucha, que tendrá cosas más importantes que atender, y no tiene tiempo de ocuparse de un pobre ciego marginal que le suplica. Pero no. Jesús se detuvo. Tendría muchas cosas para ese día, pero lo primero es lo primero: pararse ante quien le necesita. ¿Recordáis la parábola del buen samaritano y cuál fue el pecado del levita y el sacerdote cuando se cruzaron con el que estaba tirado en el camino de Jericó? Su pecado fue pasar de largo. Jesús se para.
La oración del ciego provoca la respuesta de Dios. A la Iglesia que le acompaña jactanciosa, Jesús le dice (a ti y a mi): “¡Llamadlos!” Dirigíos a los que gritan y traedlos a mi presencia, acercádmelos.… no impidáis que se acerquen a mí; al contrario, facilitadle el que vengan y desahoguen conmigo sus problemas, porque para esto he venido "para que los que no ven vean y los que ven se queden ciegos" (Jn 9,9) He venido para sanar a los enfermos; quienes se reconocen como tal y gritan están en camino de curación, pero los que no quieren dar pábulo a su ceguera, los que ya lo tienen todo asegurado y estipulado, los de aquel grupo que no quería dar cabida al ciego en el grupo de Jesús y le mandaban callarse, esos, que creen ver y no ven, que se niegan a cambiar su vida y las estructuras de su comunidad, esos seguirán presos de su ceguera.
¿Por qué nos empeñamos en hacer una Iglesia de privilegiados? ¿Por qué nos gusta que entren en nuestras iglesias la gente bien y nos molesta que se acerquen los más marginales? ¿Por qué la misericordia no ocupa el primer lugar en nuestras iglesias? Jesús nos dice: “¡Llamadlos!

Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate que te llama.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoNo todos los que le acompañaban eran insidiosos e interesados. También había entre ellos gente obediente que evangeliza y acerca a los hombres a Dios… Han sentido la llamada de Dios (Id por todo el mundo y anunciad el evangelio…) y la hacen extensiva: Ánimo, levántate que te llama. Casi tres frases en muy pocas palabras: ¡Ánimo! (Ten animo), tú que estás hundido por el peso de la vida, cansado de tu trabajo, de tu espiritualidad rutinaria; tú que vives paralizado por tu miedo a la enfermedad, a perder el trabajo, a que te abandonen, a quedarte sin nada… ¡Animo!, ¡Levántate! Ponte en pie. Hermoso el gesto de tomar de la mano y sentir que alguien te empuja hacia arriba; Jesús levantó de su muerte a la Hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naím, a su amigo Lázaro, a los cojos y paralíticos… “Levántate, y toma tu camilla” (Lc 5,24). Hoy también Jesús te envía su espíritu y te dice “Ánimo, levántate” … que Jesús te llama. ¿Para qué te vas a levantar? ¿para desperezarte y volverte a dormir? No. Levántate porque Jesús te llama y quiere cambiar a mejor tu modo de vida como primer paso para el cambio de tu comunidad y del mundo.
La Iglesia (los buenos hijos de la Iglesia) anuncian al ciego que Jesús le llama. El eco de su grito ha llegado al corazón de Dios. Jesús ama a los hombres; a todos, pero especialmente a los que sufren; tiene una opción preferencial por los pobres; no ama a la multitud anónima, sino a estos hombres concretos que como Bartimeo no dudan en gritar a pleno pulmón lo que otros no se atreven siquiera a susurrar: “Tú eres el Mesías, tú puedes curarme. Hijo de David, ten compasión de mi” (Mc 10,48). La multitud se agita, pero no se mueve, está en efervescencia, pero no se decide. Son actitudes estériles que no producen frutos, como la higuera que será por eso maldecida: muchas hojas, pocos higos (cf Mc 11,12-14). Bartimeo sale al descubierto, se mueve, actúa…

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoLos técnicos discuten sobre para qué usaba el manto: ¿para abrigarse? ¿Para dormir sobre él? ¿Para recoger la limosna? En todo caso, el ciego deja atrás el manto, su vieja forma de vida. Es un gesto de grandeza; lo deja y que lo recoja cualquiera. Aquel manto representa el espacio que le ha asignado el mundo (ciego que no debe estorbar mucho, que no debe molestar más de lo debido, quietecito al borde del camino. Pero él rompe ese destino y se pone en mitad del camino cuando pasa Jesús. Es la insurrección, la libertad recobrada. Decide correr hacia Jesús; este es el milagro: romper las barreras de la gente, ir contra corriente de un mundo que le da la espalda a Jesús y su Iglesia, cortar los cordones de las costumbres, erradicar las espiritualidades acartonadas y formalistas de procesiones y golpes de pecho, derribar las líneas de las convenciones sociales hipócritas;, de los protocolos vacíos, rechazar los papeles impuestos .
Toca no ser creyente según la ideología socialmente establecida, pero yo me atrevo a serlo, y entro en escena en el momento no señalado. Me abro paso hasta Jesús y me acerco a Él sin miedo, con decisión, delante de los que tal vez también le siguen, pero con otros intereses y unas miras más bastardas.
Saltar hacia Jesús. Es el momento de la gracia, del encuentro, que el ciego Bartimeo inicia cuando lanza el manto abandonando, antes incluso de ser curado, las muletas, los bienes, que le sostenían hasta entonces. Otros dejaron la barca, su familia, su tierra. ¿Qué has dejado tú para salir al camino (encuentro) con Jesús?
El paso del ciego es el primer paso de toda conversión: dejar atrás el hombre viejo dando cabida así al hombre nuevo. Es el salto de la fe que se arriesga a lanzarse al vacío en la esperanza de que Dios le recoge. No es fácil: ¿cómo y de qué voy a vivir ahora? ¿Me abandonarán mis antiguos amigos? ¿Soportaré las risas de los otros porque me confieso creyente y seguidor de Jesús? ¿No seré rechazado por mi nuevo modo de vida?

Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti?
Domingo 30 b curación del ciego Bar Timeo¿Te crees esta Palabra? Cierra los ojos, sitúate ante Jesús y escucha lo que te dice: ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI? Dios hecho hombre, ha venido a servir… “Para servirle a Dios y a Vd.” …¿Qué quieres de mí?, te dice Jesús. Es demasiado hermoso para creerlo; el mismo Dios que se interesa por ti; el amo que se pone a disposición del criado. "¿Qué quieres de mi?".
Jesús no es Papa Noel. No le pidas caprichos, porque no ha venido a dar caprichos al hombre, pero sí a cumplir las promesas de Dios. Y Dios a prometido que los ciegos verán, los cojos podrán andar, los pobres se gozarán con la Buena Noticia, (cf Lc 7,22), los arados se transformarán en podaderas (Is 2,4), las colinas se allanarán (Is 49,10). Párate un momento y encara la propuesta de Jesús con detenimiento, concretando: ¿Qué quieres que haga por ti? No le pidas nimiedades, ve a lo profundo, ahonda en ti y pide lo que realmente te pueda devolver la vida. ¿Cuáles son tus cegueras? ¿Dónde están tus sufrimientos? ¿Qué es lo que te impide ver y andar? ¿Cuáles son esos miedos que te paralizan? ¿Qué cadenas te impiden moverte como tú quieres? … Tras considerar tus enfermedades corporales y espirituales: ¿Qué quieres que Jesús haga por ti? Él ha dicho: Yo para esto he venido al mundo: para que los ciegos vean, los cojos anden, los paralíticos se levanten, los esclavos alcancen la libertad…

El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoEl ciego Bartimeo era dolorosamente consciente de que privado de la luz de los ojos no podía captar el mundo visible. Su percepción de la realidad material era deficiente, y por eso necesitaba ser guiado; necesitaba que le ayudasen a andar por el mundo de las cosas.
Nuestra ceguera no es material. Pero, como los fariseos a los que critica Jesús, a menudo “somos ciegos” y lo que es peor “guías de ciegos” (Mt 6,16); y dice la parábola más corta del evangelio: los fariseos "son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo" (Mt 15,14). Una parábola que nos invita a tomarnos en serio nuestra visión de Dios, nuestra fe. ¿Somos conscientes de que también hay una ceguera que nos impide captar la realidad (vida, mundo, relaciones, etc…) desde el horizonte de Dios? Si así es, grita: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi! ... Maestro, que pueda ver".
Decía Saint Exuperio, en su obra El principito, que “lo esencial es invisible a los ojos”. A los ojos del cuerpo, pero no a los del corazón. ¡Maestro, que pueda ver! Ábreme, Señor, los ojos de mi corazón y mi conciencia… para verte. “Dame espíritu de sabiduría para conocerte. Ilumina los ojos de mi corazón para que comprenda cuál es la esperanza a la que me llamas, cuál la riqueza de gloria que me tienes preparada en herencia” (cf. Ef 1,17-19).


Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado.
Domingo 30 b curación del ciego Bar TimeoDice san Pablo que “el justo vivirá por su fe” (Rm 1,17), es decir, alcanzará la salvación no por los méritos de sus obras sino por la sinceridad de su fe. ¡Qué importante es la fe para la vida cristiana! Es verdad que el mandamiento principal es el del amor, pero no se puede separar es mandamiento de aquel otro que Jesús nos da; “Creed en Dios (mi Padre) y creed también e mí” (Jn 14,1), nos dice. Y también: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a esa higuera. Arráncate y plántate en el mar, y lo haría” (Lc 17,6). La curación del ciego es obra de Jesús. Y también es obra de Bartimeo. Fijaos en él: tuvo fe (creyó que Jesús era el Salvador, e hizo su profesión, rezó su credo: “Tú eres el Hijo de David”, el Mesías…. Y realizó su obra: a pesar de los que se oponían a que se levantase y se acercase a Jesús, escuchó por encima de ellos a quienes le animaban, dejó su manto y se puso en manos de Jesús. Cuando la fe mueve el corazón y los pies para ir al encuentro con Dios se produce el milagro. Por eso Jesús dice: Tu fe te ha salvado. Sin ella Dios, que respeta profundamente la libertad del hombre, no hubiera actuado. ¡Qué importante es la fe!

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Termina el relato de la curación del ciego Bartimeo con un detalle que indica que no todo se quedó en anécdota. La fe incipiente del Domingo 30 b curación del ciego Bar Timeociego y su posterior curación maduraron en el seguimiento de Jesús.
El ciego es el tipo del hombre que desde lo profundo de su ser, desde sus oscuridades y contradicciones, reconoce en Jesús al Mesías y al Maestro. La Palabra de Jesús le devuelve la vista como respuesta divina a la fe que ha puesto en Él. Luego este hombre sigue a Jesús hasta Jerusalén, lugar de la muerte, lugar de la resurrección; es decir, el ciego convertido camina en el mismo sentido que Jesús, une su destino al de Jesús. ¿Qué hicieron los otros? Posiblemente aquellos ciudadanos amigos del descanso y el ocio acompañaron a Jesús un tramo del camino (hasta que empieza la dura subida a Jerusalén) y luego quedan pocos, entre ellos el ciego curado (recién convertido). Una lección final : la tierra prometida se puede conseguir abandonando pronto Jericó (consumo, instalación, comodidad…) y embarcándose con Jesús en la tarea del Reino.

CONCLUSION: Ánimo, levántate que te llama.
Domingo 30 b Curación del ciego Bar Timeo
La historia del ciego Bartimeo es tu propia historia. Tú eres el ciego. Tú eres la multitud que quiere acallar la voz del ciego. Y tú eres quienes le dan ánimo diciéndole: “Levántate, que te llama”.
Como personas, cada uno debe abrir a Dios el corazón en el día de hoy gritándole por la propia sanación. También por la sanación de los hermanos: "Hijo de David, ten compasión de mi … ten compasión de mi comunidad..., ten compasión de N...." . Hermosa oración, de inspiración evangélica para ser practicada.
Como Iglesia (RCC) somos llamados a seguir los pasos de Jesús, pendientes de los ciegos que andan al borde del camino mendigando sentido para sus vidas. A esos hemos de hablarles de Jesús, para que lo conozcan, para que sientan hambre de Él y para que ellos mismos griten sin miedo llamando a Jesús; nosotros les diremos entonces: “Animo, no tengas miedo, que Jesús te llama”.



Cortesía: Casto Acedo Gómez. Mayo 2012. http://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com

 

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