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   DIÁLOGOS Y ORACIONES

AL ESPIRITU SANTO

 

 

Señor: Enséñanos a orar...

La actitud orante del Maestro, indujo a sus discípulos a imitarlo.

¿quién podría desentrañar el maravilloso y profundo diálogo de Jesús con el Padre?

En un mundo tan cambiante y rápido como el de hoy ¿dedicamos los cristianos durante el día algunos momentos a la súplica y a la plegaria, como nos lo pide permanentemente Su Santidad, Juan Pablo II?

¿anteponemos, como nos enseñó Jesus, la oración confiada al Padre a todas nuestras actividades y proyectos, para que ellos tengan con la bendición de lo alto, su plena realización?

¿creemos verdaderamente en estas palabras de Jesús?

(Lucas 11 9-13)

"Pues bien, Yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llame a una puerta se le abrirá.

¿qué padre de entre ustedes, si su hijo le pide pescado, en vez de pescado le da una serpiente, o si le pide un huevo le pasa un escorpión? Por lo tanto, si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuanto más el Padre del Cielo, dará el ESPIRITU SANTO a los que se lo pidan"

La oración es un DON, un regalo misericordioso que nos hace el Señor. Pero requiere nuestra colaboración: pedirlo, suplicarlo y esperarlo.

Los Padres de la Iglesia Católica aseveraron en sus enseñanzas que se aprende a orar...ORANDO. No hay técnica de oración que pueda sustituir un estado interno de vaciamiento y disponibilidad para dejarnos inundar por el misterio de la gracia.

No es simplemente un acto de orar, sino que el aprendizaje diario y continuo nos debería llevar a lograr un estado permanente de oración, que gobierne y santifique nuestros vínculos y actividades cotidianas.

El secreto de la oración es la perseverancia. No desanimarse jamás y orar noche y día. La respuesta del Señor no se hace esperar: Nos da su ESPIRITU.!!!

Las oraciones presentadas en este sitio son una invitación para empezar a recorrer junto al Señor un camino de diálogo íntimo para que El sople en nuestro corazón los dones del Espíritu Santo, convirtiéndonos en nuevas personas y dejando atrás al hombre viejo, que limita y desestabiliza el desarrollo de nuestra dimensión espiritual.

"Felices los sirvientes a los cuales el patrón encuentre velando cuando llegue. Yo les digo que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentarse a su mesa y los servirá uno por uno. Felices si los encuentra así, aunque se presente a la medianoche o a la madrugada"

(Lucas 12 37-38)

 

 

¿CÓMO NOS ENCONTRARÁ EL SEÑOR?

 

Señor: Necesitamos convertirnos. Danos entonces tu Gracia.

Sabes los momentos que estamos atravesando. Siempre nos escuchas.

Al iniciar las oraciones, te pedimos que nos acompañes y con el corazón

abierto y sincero, suplicamos a tu Misericordia

nos regales los dones de tu Espíritu:

Señor, hoy quiero hablar contigo. Concédeme la luz y la paz interior para ir hablándote paso a paso y sentirme escuchado.

Hoy es tiempo de una gran prueba interior, tu purificación para conmigo. Te siento como el Podador, estás arrancando de cuajo lo que no sirve y preparas el terreno para que ello suceda: una prueba aquí, una cruz allá, un disgusto aquí, una resistencia acá. Estás transparentando la toma de conciencia de mis propias respuestas interiores para convertirme.

Recuerdo a San Juan de la Cruz cuando dice que al investir esa llama de amor y de fuego en que consiste la purificación, el Espíritu Santo nos da la luz a nuestro ojo espiritual, para poder ver con toda claridad nuestra naturaleza humana: miseria.

Sé que tu forma de amarme es purificarme. ¿pero cual es hoy mi respuesta?

En la alternativa, sabes que muchas veces elijo mi propio parecer y evado la respuesta evangélica que me haría vivir en paz y hasta soportar con alegría la cruz.

Me doy cuenta que aspiro a pensar y a actuar sobrenaturalmente con medios y actitudes exclusivamente humanos, apareciendo entonces por doquier, las contradicciones que frustran, desconsuelan y angustian.

Te estoy escuchando: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos... Sin mí no podéis hacer nada". En estos momentos quiero comenzar algo distinto: AYUDAME, ven con tu hierro candente, cámbiame, transfórmame y que aprenda a orar incesantemente noche y día contigo.

No quiero contar más conmigo, deseo vencer mi orgullo y dar un paso de humildad: Sin ti, no puedo hacer nada y nada soy. Espero verte cara a cara en el misterio, charlar juntos con confianza y fe, sin miedos y sin culpas.

Tú resucitaste, estás en espíritu y verdad, aquí, ahora, junto a mí. Acepta mis miserias, te las entrego como lo único que puedo ofrecerte y háblame al oído con tu delicada dulzura.

¿porqué golpeas tan insistentemente?

¿qué buscas en mí?

Espíritu Santo, eres la delicia nutriente de nuestras necesidades espirituales. Solo tú, con tu venida nos induces continuamente al ejercicio de la oración. A veces, como hoy, el deseo de orar se va diluyendo porque nos vamos como deprimiendo al sumergirnos implacablemente en la oscuridad de la fe a la vez que aumenta compulsivamente el deseo de tocar y ver algo que nos de firmeza y confianza. Y más nos amargamos cuando nada sucede y el silencio se amplifica y se eterniza.

En esos momentos, sopla con fuerza y levántanos, no nos dejes caer, por favor.

Ven espíritu santo, que tu lluvia límpida nos empape de deseos eternos y en nuestro corazón no haya más que un solo querer: sentir TU MISERICORDIA INFINITA.

Ven. Ayúdanos a caminar y sana nuestro corazón. Fortifícanos, anímanos, rompe la dureza de nuestros sentimientos de orgullo y suficiencia para que podamos renunciar a lo de cada día, cumplir tu voluntad, saber discernir y fundamentalmente lograr lo que más nos cuesta: la actitud espontánea y sincera de estar abierto a las dulzuras y cruces del Reino.

Espíritu que todo lo puedes porque supiste escuchar al Padre y al Hijo, danos energía y fuerza diaria para enfrentar los acontecimientos y leerlos todos como mensajes educativos y transformadores de Aquel que nos ama incansablemente. Espíritu mensajero y mediador, no permitas que nuestra naturaleza humana egoísta y caprichosa determine nuestra personalidad. Al contrario, combátela en donde ella se hace fuerte y aprovecha nuestros puntos débiles para generar esos comportamientos que en definitiva nos alejan del reino e impiden que gocemos de las maravillas derivadas de la gracia y la santidad.

Que tu gracia nos permita dedicar el tiempo máximo a la actitud orante y perseverante. Que no nos desanimemos por el aparente silencio de Dios, porque El nos dice siempre que ninguna oración se pierde. Por favor, que creamos esto en toda oportunidad. Nada se pierde, absolutamente nada.

Espíritu de claridad y sabiduría, convive con nosotros y regálanos la gracia de tener la certeza de que siempre respondes y más que nada que nos asistes aunque nosotros no nos demos cuenta.

""No te escandalices por los malvados, ni envidies a los que proceden mal. Porque se marchitarán tan pronto como la hierba, se secarán como el pasto de los prados. Confía en el Señor y haz el bien, vive en tu tierra y come tranquilo. Pon tu alegría en el Señor, él hará lo que desea tu corazón. Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en él y déjalo actuar. Sacará a luz tus méritos y tus derechos se impondrán como el mediodía. Cállate junto al Señor y espéralo y no te indignes por el aprovechador, por el que vive intrigando, para dañar al pobre y al débil. Cesa en tu cólera, acalla el rencor, no te irrites, eso es sólo daño"".

Cómo me cuesta agradecer ! Entonces gracias Señor por la gracia que nos permite realizar en gozo lo que tenemos que hacer. Realmente ¿ si tu no estuvieras, que sería de nosotros ? Que podríamos hablar, decir, sentir sin Tí, sino estuviera la fuerza, la claridad, la coherencia de ese espíritu que todo lo hace bien.

Señor, quiero manifestarte mi alegría porque estuviste y estás siempre que te necesito. Creo que el espíritu santo es tu mano derecha, es el soplo gratificante que da luz y verdad a nuestras palabras y hechos. Nada sin tí, Señor, nunca, absolutamente nada sin tí. No puedo expresar en palabras certeras lo que es la acción de tu espíritu en mí, cuando lo llamo y le pido con esfuerzo y a veces con perseverancia, su asistencia. El viene, él está, él hace acto de presencia, dulcifica la mirada, nos hace sentir canales e instrumentos y sentimos que solo fluyen palabras que no surgen de nosotros y ahí comprobamos la gracia. Pero Señor, soy desagradecido y lo sé y a veces no hago nada por superarlo y me quedo y exijo y espero y cuando él no llega para que aprenda la paciencia y la virtud, me pongo ansioso y parece que no tiene sentido mi vida y después me siento mal. Por favor, Señor, entiéndeme, ayúdame, dame fuerzas para creer y confiar y seguir a pesar de todos los obstáculos y situaciones que se me presenten.

De mañana, parece que tengo que empezar a levantar una carga pesada y nunca lo hago con alegría por el solo hecho de ofrecértelo a Tí. Juego siempre a dos aguas, un paso aquí y otro que queda estancado y no desarrollo ese SI grandote que hace tiempo quisiera sentirlo en mi corazón. Estoy atado Señor, oprimido a veces, con esperas que se hacen interminables, esperas decisivas para cualquier persona y tu silencio me paraliza, me petrifica y me angustia. Guardo mucho como lo ves, sí, guardo egoístamente y siento que me es imposible cambiar en este sentido y a veces me aburro y quedo solo, esperando...

Tengo momentos que no entiendo ni adonde estoy parado por más que sé con profundidad que Tu estás y me lo haces ver continuamente, en el signo, en la palabra y en hecho más banal de la vida cotidiana. Pero lamentablemente no puedo expresar lo que realmente soy y siento y hacia donde voy, si es que voy a algún lugar porque no lo puedo avizorar en lo más mínimo. Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Cuál es tu voluntad en mí?

Sabes que hace tiempo que no puedo más y todavía, tengo temor ante tí y me falta en verdad la confianza y la fe ciega que solo las puede dar el AMOR, el amor que no tengo y que es renunciar y y dejarme llevar y CONFIAR.

Hoy más que nunca, ya que hace mucho tiempo que no escribo con ganas y con lágrimas, te pido con todo el deseo la delicadeza y la compañía del espíritu santo. Solo él me podrá acompañar y hacerme sentir que estoy vivo, ahí, donde se presente y me espere. Derrama un poco de tu misericordia y más que nada tu ternura, la estoy necesitando. Escúchame y ten presente mi súplica. Que tu luz me siga fortificando y acompañándome en la búsqueda y en el deseo de saber y poder cumplir tu Voluntad.

Gracias.

Cuando menos nos imaginamos su presencia, nos asalta a la vuelta de la esquina y nos dice: aquí estoy !

Ahora, ¿ que nos dice? ¿ como podemos darnos cuenta del mensaje que nos trae ? ¿ que busca con tanta insistencia?

Creo que debe existir de base la súplica del discernimiento, entendido como la capacidad de elegir lo bueno y desechar lo malo, o quizás tomar la decisión adecuada en la suerte de una inspiración. Los dones más preciados del espíritu santo son todos en su mayoría, pero no podemos hacer nada bien sin la sabiduría y el entendimiento. Al darnos Dios estos dones nuestra inteligencia, voluntad y los afectos se enriquecen considerablemente. Imprevisiblemente surgen dejándonos atónitos esa palabra, ese hecho, esa decisión que ocupan justamente el lugar vacío dejado por nuestras carencias.

Pero ¿suplicamos de verdad? Realmente somos muy orgullosos como para que Otro nos diga lo que tenemos que hacer. También estamos muy desatentos por estar muy concentrados en nuestro propio parecer.

Que hermosura resultaría si continuamente invocáramos los dones del espíritu santo!

Su soplo es energía transparente y creadora, capaz de derribar montañas y al mismo tiempo bajarnos a la humildad.

Señor, es poco el tiempo que te gritamos para que oigas nuestras plegarias. Nuestro corazón está muy cargado de necedades y de muchas riquezas innecesarias. Nuestra voz está opacada y es poco el esfuerzo que realizamos para estar siempre en tu presencia y compañía.

Señor te necesitamos, queremos que seas nuestro amparo y que nos hagas ver que tu espíritu está orando sin cesar con gemidos que todavía no podemos percibirlos suficientemente.

Envíanos tu espíritu que es MISTERIO, pero un misterio clarificador y guía que jamás nos defrauda.

Ven espíritu santo, ven, infunde tu gracia y haznos conocer la voluntad de Dios. No sabemos lo que El quiere de nosotros, pero sí sabemos, que debemos cumplir una misión. Señor, ¿cual es tu voluntad? Te pedimos a su vez la fuerza para llevarla a cabo, poder cumplirla sin más trámite, sin dilación. Esa es la gracia más importante, no dejarnos vencer por la desidia y dejar todo y abandonar todo para simplemente hacer con ganas lo que quieres que hagamos.

No hay proyecto que se pueda realizar sin tu asistencia, no hay día tranquilo y feliz cuando tú no estás. Ven, ven y pacifícanos, límpianos de nuestras faltas más ocultas y enciende siempre esa chispa misteriosa que jamás debería de desaparecer, sino estaría todo perdido... la chispa de TU PRESENCIA, todos los días y a cada hora. Señor a pesar de mis faltas, no dejes nunca de regalarme esa gracia del deseo de tu presencia, porque en cualquier situación que estemos siempre nos salvará y nos levantará.

Señor que tu espíritu rompa de una buena vez nuestro corazón de piedra para que volvamos a renacer a lo sobrenatural, al agua de caridad y al pan de la ternura.

Ven espíritu santo, te llamo sin más para que me ayudes a ser distinto y a realizar en la vida concreta lo que a mi naturaleza me parece imposible.

Ven espíritu santo, regálanos la gracia de la oración continua y despeja esa sensación tan humana de preguntarnos para que debemos rezar siempre y porqué.

Limpia la mancha del pecado original que nos impide volvernos a Tí, creador nuestro y santificador de nuestros pasos.

Otórganos el don de la alegría intensa, la capacidad de la sonrisa y la despreocupación de nuestros problemas para abandonarnos plenamente en Tí y en tu asistencia.

Espíritu Santo, don misterioso y regalo más preciado de las misericordias del Señor.

Confiamos en Tí, esperamos en Tí y sufrimos en Tí.

Despiértanos por la mañana y cúbrenos con tu Sombra.

Despliega tus alas silenciosas y posa en nuestra ventana.

Y si somos dignos susúrranos al oído tus delicadas sugerencias.

No estamos limpios, Tú lo sabes, pero que importa !

Tu gracia MISERICORDIOSA es capaz de olvidar el color opaco de nuestro corazón y dejarlo celeste y dilatado.

Te esperamos, ven, acércate un poco... sin Tí nada podemos y nada somos.

Te acuerdas Señor, de aquel momento sublime cuando decidí decirte: SI.

Vivía enamorado de Ti, rezaba diariamente, oraba sin cesar, estaba continuamente en diálogo contigo y vivía contento y muy feliz.

Atendía a todos los que me requerían, siempre tenía una palabra de aliento y esperanza para los pobres de espíritu, hacía tal novena, ofrecía muchos Rosarios a la Virgen, miraba permanentemente hacia el cielo para trabajar bien en la tierra. Que momentos ...

Durante algunas semanas misionaba en aquel pueblo, volvía y preparaba la Fiesta de Nuestra Señora, la Iglesia estaba adornada de multicolores flores y el cansancio no se hacía ver.

Confesaba con gusto y me preparaba varias horas para que la Misa fuera el momento más sublime de encuentro con tu santísimo cuerpo y tu santísima sangre.

Pero, el tiempo ha pasado.

Hoy, ya no es así.

No está aquella chispa que inundaba mi vida y me estimulaba con audacia a buscarte.

No tengo el espíritu de oración profunda que bendecia y gobernaba mis comportamientos y proyectos.

Hoy casi no tengo tiempo.

Estoy sumido en un mar de actividades, ando de aquí para allá y a veces ni me acuerdo de Ti.

La rutina se ha instalado en mí y me siento desmotivado. Me vienen a la cabeza dudas, cosas que no hice y me pregunto porqué no las hice y la carne se ha despertado y afila punzante cuando estoy desprevenido.

Hoy estoy solo, sentado a la sombra de una tenue luz. Me siento cansado, desvitalizado, sin ideas y hasta preguntándome: ¿para qué?

¿qué me ha pasado Señor?

No temas!!! Te entiendo y te comprendo. No dejé de estar un segundo a tu lado. Es más, dejé pasar esos momentos y no intervine, para que hoy, me contaras tu preocupación y volvieras a desearme con más intensidad.

Estoy aquí, sentado contigo en la otra silla, escuhándote y amándote.

Pregúntame!!! Si no hay palabras recogeré con ternura tus lágrimas. Ya me dicen mucho.

No estás viejo, ni cansado, simplemente estás dormido, pero la semillita, aquella que te regalé, en -tu gran día- está en lo más íntimo de tu corazón, prendida y fulgurante.

Siempre hay tiempo para volver a comenzar, siempre hay un momento especial para recobrar la gracia perdida, siempre habrá necesidades y almas sedientas de mi AMOR.

Todavía te queda mucho por delante. Dime: ¿qué quieres que haga por tí? En un día puedes hacer todavía mucho más de lo que no hiciste en años.

¿quieres volver a empezar?

Ora, ora y ora.

Estoy en tí. Déjame tomar tu mano y elevemos juntos lo que el Padre está esperando:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal, amén.

¿cuento contigo?

Los caminos de Dios son únicos e imprevisibles. Tienen la característica de que se hacen esperar y están marcados por el silencio más profundo. Ya están delineados pero que misterioso que es Dios al darnos pocas pistas para saber por donde están. Pero están y solamente hay que saber esperar.

En este misterio de la Fe, Dios nos va regalando dos preciosas virtudes: la paciencia y la fidelidad. Paciencia para seguir caminando a pesar que no se sabe donde se pisa y hacia donde vamos. Y fidelidad por esperarlo y por la certeza que en el momento menos pensado se abre un surco de claridad y con el sello de su "respuesta".

Mientras, si no estamos lo suficiente fortificados nos invade la incertidumbre y la ansiedad y en la medida que éstas aumentan más Dios hace silencio porque le estamos diciendo que no! que no creemos en su camino, que no sabermos esperar pacientemente, que no confiamos en su divina providencia, que somos débiles por carecer de los ojos fijos en Aquel que todo lo puede.

Señor, danos la gracia para que nuestros ojos miren hacia al cielo y te invoquemos, pidiéndote lo único que nos falta: el espíritu santo.

Cuando las fuerzas se debilitan y la voluntad comienza a marchitarse, Tú deseas fervientemente que gritemos tu asistencia para venir nuestra ayuda y desplegar tu santificadora Sombra. La misma que cubrió a María en Nazaret, tu Madre, para engrendrarte con júbilo y gozo.

Señor, sé que estás atento a nuestros más mínimos deseos; entonces atiende esta súplica y esta gracia que te pedimos: Envía tu espíritu. Que El con su energía y su fuerza arrolladora penetre la piel de nuestro cuerpo para llegar al corazón y bombee torrentes divinos de adrenalina y así saber que tu presencia nos transforma en la medida que recibimos tu AMOR. Señor, envíalo cuanto antes, ahora. Sabés que lo estamos esperando porque El viene sin tardanza. Ven espíritu santo, ven, santifícanos y gozaremos de unos instantes de alegría que no tienen comparación.

Ven, esperamos todo de Tí. Ven.

Nada sin tu asistencia.

A veces nuestras preocupaciones nos desorganizan internamente

y no vemos más allá de lo que pensamos y sentimos subjetivamente

en ese momento.

Somos egoístas y orgullosos porque confiamos en nuestras soluciones

y puntos de vista personales.

Es un error.

EL está presente y solo espera un grito y una súplica sincera para correr

en nuestro socorro.

Gran drama del hombre, tener que dejar momentáneamente la solución y esperar...

Todo se dilucidaría si en ese instante decisivo decidimos detenernos y...

gritar.

El nos respondería: Aquí, estoy. ¿qué necesitas? Yo obraré por ti, abandónate, renuncia y deja. Yo puedo ver lo que tú no eres capaz, hacer lo que a ti te parece prácticamente imposible y cambiar en un soplo cualquier situación.

Escucha, atiende, siéntate un poco, respira y mira hacia lo alto.

Yo estoy contigo siempre para ayudarte y ampararte.

Déjame a mí, córrete a un lado, ten plena confianza en lo que puedo

hacer por tí. No te defraudaré.

Ven entonces Espíritu Santo, envía tu poder y tu fuerza y seremos salvos.

Ven y hazte entender. Envía a nuestros oídos suaves y delicadas

sugerencias. Deja una marca indeleble en tu paso.

Ven y santifícanos.

Ven.

Gratitud. Palabra que a veces la hacemos esperar. La dejamos olvidada. Está muy guardada. y nos cuesta expresarla sinceramente. La gratitud es volverse humilde para dar gracias a Dios que nos ha ayudado y ha hecho posible lo que nosotros no hubiéramos podido.

Es la consideración en un momento del día que debería plasmar un estado afectivo de gozo y alegría por haber sido retribuidos por el misterio de la gracia.

Gratitud es el silencio y la mirada fuerte fija en Aquel que la está esperando. Es una actitud reverente de hacer presencia al Invisible, al que todo lo puede, al que nos asiste en los pequeños y decisivos detalles de la vida cotidiana.

La gratitud se ausenta cuando huele amor propio y orgullo. La vanidad la esfuma por completo y la arrogancia la destruye para no volver a renacer.

La descortesía provoca el olvido y nos enceguece para percibir las maravillas que el Señor nos regala durante el día. ¿Y si no vemos por esa tela de niebla que oscurece nuestra visión, que vamos a agradecer, entonces?

Señor, perdóname por los años de ingratitud y por el silencio egoísta que de alguna forma marca el atribuirme lo logrado.

Que vivencia triste siento hoy por desconocerte y no haberte dado las gracias en la cantidad grande de veces que interviniste sin que yo lo pudiera reconocer. Que ciego estaba !

Quisiera pedirte la gracia para que me despiertes y mañana me levante con otros ojos y un nuevo corazón. Que mi espíritu alabe y cante las maravillas de las cosas más insignificantes que se nos presenten.

Hoy, ahora me doy cuenta que estuviste siempre, en la palabra acertada, en la mirada suave y tierna que transmitió sin palabras tu parecer, en la decisión adecuada que estimulaste para que otro la tomara en el momento justo, en muchos momentos y en varias circunstancias... ¡Permanentemente estuvo tu silenciosa pero firme presencia, aunque no nos dimos cuenta.!

 

Perdona nuesto olvido y acepta nuestra gratitud.

Señor, hazme humilde, que no me olvide que todo viene de Tí. A veces siento que no puedo responder a las necesidades de las personas y me parece que me veo desbordado y que es poco lo que yo puedo dar. Y creo que es así, porque por sí solo no puedo dar nada de nada. Sin embargo, si hay algún éxito, increíblemente me lo adjudico en forma socarrona, lo gozo y me creo algo sin serlo. Que no me olvide... Hoy reconozco la importancia de la oración continua, siempre, a cada minuto porque solo Tu con tus dones nos permites dar respuesta adecuada a lo que tenemos que resolver.

Señor, dame la gracia del convencimiento que debo rezar con perseverancia y confiar en tu poder y en tu asistencia. Que no decaiga nunca, que cada día me estimules más a aspirar a un segundo de tu gracia inigualable.

Envía al Paráclito, al Defensor y al que asiste, al que ve en lo secreto, al que descubre lo más recóndito, al que construye la Paz, al que interviene en el momento menos pensado, al que ve todo y no se le escapa nada. Envíalo, Señor.

¿ Que podemos saber de los demás y lo que le debemos decir? ¿Cómo puede tener fuerza y eficacia nuestra palabra ? ¿ Que es lo que necesita esa persona ? ¿ Cómo podemos ayudar a que alguien pueda cambiar su forma de ser y de pensar cuando nos parece que eso resultaría prácticamente imposible por los hechos...?

¿ Que es nuestra palabra, sino mediadora de contenidos egoístas, caprichosos y muchas veces hasta inadecuados e impertinentes ?

Señor mira nuestra limitación por todas partes. Nos impide redimensionar y enriquecer lo estrictamente humano y el vínculo y el encuentro con los demás, a veces, se va empobreciendo y se vuelve infructuoso.

Hoy, ante cada experiencia que me pueda venir te pido: Que me vuelvas humilde y que me recuerdes que debo gritarte para pedir siempre tu auxilio divino, y esperar con paciencia y confianza el desarrollo y solución de cualquier obstáculo.

No dejes que mi orgullo y vanidad me hagan creer que algo viene de mí. Señor, que sea solo sarmiento que dependa en todo de Ti, la verdadera Vid.

Y que me vengan al corazón tus palabras para no envanecerme: Y cuando hayan hecho todo lo que tenían que hacer, digan: somos siervos inútiles que no hacíamos falta.

Necesito de tu Mirada misericordiosa para que cada día compruebe que con cada persona con quien me encuentro Tu estás siempre interviniendo y estás obrando entre los dos para que la Verdad salga a luz. Te pido que esto lo pueda ver en carne propia esperando ese milagro cotidiano, esa intervención divina que da certeza, que convence, que nos maravilla y que nos hace creer y cambiar.

Entonces, solo El, Señor, el espíritu de la verdad puede acompañarnos en esta aventura. El viene con sus dones valiosos y yo creo que más que nada viene con Tu Palabra, ahí con la palabra justa en el momento preciso.

No lo sentimos, no sabemos donde está, no lo podemos ver con los ojos, pero sabemos que está, tú, lo prometiste. Necesitamos la gracia de depender del espíritu santo si queremos vivir en armonía y en lágrimas de gozo. Señor, que tu mano poderosa y tierna, de un golpe, derrame en respuesta a nuestro grito diario, la santidad y la verdad del espíritu santo.

Ven, no te escondas. Golpea suavemente nuestra angustia. Pasa y hazla desaparecer. Instálate Tú, con tu alegría y con tu fuerza, ¿ sabes porqué ? Porque a veces si tú estás podemos derramar las lágrimas de alegría más hermosas que un ser humano pueda gozar y disfrutar. Que no lo olvide: no se puede comparar ese segundo con ninguna otra experiencia humana por más gratificante que parezca.

Ven espíritu santo, ven y larga la lluvia de tus dones para que pueda sentir lo que el Señor dice de Tí. Es terrible lo que aguanta la roca y rudeza de mi corazón. A veces es inexpugnable ya que estoy fortificado terriblemente y no permito que Tu entres para experimentar la gracia y la alegría misteriosa que regalas a aquellos que se encuentran disponibles. Pero, yo no estoy así, me cierro, te evito y resisto cual si fueres un enemigo enorme. ¿Que tengo que hacer para salir de esta situación anímica? ¿Cómo puedo sentirme disponible de verdad? Estoy en una confusión como nunca me había pasado antes, en no entender nada de nada, en no tener el más mínimo norte de lo que debo hacer, en como salir de acá. Estoy cubierto de desesperanza, de incredulidad y todo decae y todo se vuelve oscuro y relucen todos mis sentimientos más negativos y atroces. Auxilio, auxilio... lo pido por todas partes. No puedo más. Tengo tu palabra y los caminos pero no los recibo y los tiro a cualquier parte y quedo vacio totalmente. No creo, no confío, no espero, no aguanto más, no se lo que hacer, estoy desesperado y triste y sin ninguna ilusión. Dudo de tu palabra, de tu verdad y esto es muy peligroso y estoy pecando y cometiendo el más nefasto pecado: no creer en el espíritu santo. Entonces: ¿ QUE ES LO QUE ME PASA ? ¿QUE DEBO HACER? ¿COMO PUEDO CAMBIAR Y EMPEZAR A VER ALGO MAS CLARO?

Me pongo mal porque Tu respondes pero es igual: no lo acepto, quiero seguir mis caprichos y no admito de ninguna forma la prueba y el camino que me estás indicando para que logre la transformación de mi corazón.Parece que quiero ver, pero estoy seguro que si viera igualmente sería lo mismo. Quedo encerrado en un círculo, siento que estoy en una prisión y no hay la más mínima esperanza. Veo todo negro, no creo en nada y me aniquila anímicamente.

Señor, Tú eres misericordioso. Me lo has demostrado. Hoy te suplico que me regales los dones del espíritu santo. Tu prometiste que después de tu partida vendría El para santificarnos y decirnos TODO. Despójame de sensaciones que me impiden recibirlo y sentirlo. Que El venga y me calme, que venga y me pacifique, que venga y me haga creer, que venga y se apodere de mi ser en toda su dimensión, que venga y me ayude a soportar la prueba, que venga y me señale el futuro, que venga y ore conmigo, que venga y me haga ver... que venga y me regale la CONFIANZA, que venga y me oriente, que venga y me estimule a perserverar, que venga, que venga, que venga...

Señor tu sabes que no hay verdad en mis labios ni transparencia en mi corazón. Conoces todos mis pensamientos y siempre te anticipas para corregir mis defectos. Pero lamentablemente no te oigo, no quiero escucharte y rechazo tu palabra y tu verdad.

Sé que siempre estás a mi lado a pesar de mi indiferencia, sé que siempre me cuidas y me proteges aunque yo no lo perciba. Tu amparo está permanentemente todas las horas del día. Pero mi duro corazón se entretiene en cosas vacías y efímeras y te dejo a un costado. Tu igual me esperas, me miras y me sigues hablando. No te respondo, estoy totalmente dormido. Y cuando despierto me domina el desamor.

Sin embargo, tú insistes, amas mi miseria aunque yo no te la entrego. La guardo y quedo ensimismado en ella y me empobrezco hasta perder el sentido de mi vida. Me detengo, no quiero avanzar y la tristeza gobierna mis actos y mis pensamientos.

Oh Dios de las misericordias, Padre de todos los tiempos, estoy aquí ante ti y no sé que hacer ni que decirte. Abre mi corazón, purifícalo, no permitas que la tentación sea mi compañera. Regálame el deseo de la oración continua y cuando aparezca el cansancio, aléjalo y vuélvete tú y llévame de tu mano. Mírame, pon tu amor en mi persona. Que tenga la valentía de empequeñecerme, de arrodillarme para dejarme llevar por Tí. Pon toda la fuerza de tu espíritu, la gracia sobrenatural para acercarme un poquito más a ti y conocerte y ver tu rostro. Has que tú seas el centro de mi vida en toda circunstancia, que viva en ti y por ti. No tengo nada para darte, nada que ofrecerte. Ni siquiera lágrimas de arrepentimiento, al contrario, vestigios de orgullo y dureza.

Pero tú estás igualmente ahí, aquí, ahora. Por favor: derrama tu misericordia, que sienta tu amor, tu mano cálida y protectora que me haga regresar a la vida. No tengo nada para darte. Me queda solo mirarte, sé que tu me lo pides y me dices que todo está en calma.

Señor, te doy gracias, infinitas gracias por ser como eres, por esperarme, por atenderme, por amarme aunque estoy convencido que no soy digno de ti: no me lo merezco.

Pero tu vuelves cada día: estás ahí, te veo con ojos de corazón enternecido diciéndome: Mírame. Te amo...Continúa y sígueme.

El señor ama a aquellos que se dedican a buscar y encontrar la sabiduría. ¿como ser sabio, Señor? Uno necesita eso que no se puede definir y que solo viene de Tí en el misterio más total. Señor, mi armadura humana me impide ir a Tí, con deseos y con ganas. Un día bien y otro que quedo estancado y me domina la ansiedad que no logro neutralizarla nunca.

Como desembarazarme de ella, es algo que me perturba y ojalá pueda darme cuenta que igualmente con ella, debo pedir tu sabiduría. Rezar y orar para que venga y contar con Ella para resolver lo que el día nos presente.

Sin sabiduría todo es necedad y dificultad; no tenemos armas para resolver con éxito aquello imprevisible. En cambio si pedimos y adquirimos la sabiduría, Ella viene y se hace presente y actúa sin que nos demos cuenta.

Hay como una protección especial cuando Ella está y se hace sentir. ¿que sucederá en esta reunión, que debo decir, que palabras, que juicios debo emitir sin quizás causar daño o alguna dificultad? Cada día compruebo más que debo rezar y rezar para buscar la sabiduría y esperarla sin desconfianza. La deseo y la necesito para que Ella gobierne mis actos y mis actitudes y pueda con Ella mostrar algo a los demás que les de confianza y tranquilidad. Es decir emitir palabras con vida que convenzan, motiven y ayuden a cambiar los comportamientos y a vivir un poco más en armonía.

Ahora: ¿cuándo viene? "El espíritu santo les hará conocer los hechos futuros y los acompañará con protección y firmeza para que se enfrenten a las dificultades." Pero... hay que pedirla siempre y con perseverancia, sin cansancio, sin desanimarse a pesar de los vaivenes afectivos del día de ocasión. ¿donde estás? ¿cuando vienes? ¿que nos dirás? pero en definitiva ¿que debemos hacer?

Creo que la sabiduría es darse cuenta que sin Ella nada somos y nada podemos. Creerlo en la certeza y en consecuencia mantener una actitud permanente de escucha y disponibilidad.

Señor: Gracias por este momento que sé que es tuyo y de la Virgen. No obstante: ¿cumpliré...? Apelo a tu misericordia porque a pesar de nuestros olvidos, Tú, por tu amor infinito nos la regalas cuando menos la deseamos y casi siempre cuando más la necesitamos. Gracias.

Si clamamos al espíritu santo para pedirle el don de la oración continua, tal deseo se instala en nuestro corazón de tal forma, que los minutos desperdiciados conscientemente en hechos que no son de oración, se transforman en un estado de angustia que nos hace pensar el alejamiento del Señor.

Es buen índice, porque refleja lo bueno que es estar misteriosamente en la presencia de Aquel que nos ama.

Pero deseo de corazón que el espíritu santo no me deje ni un momento y con sus soplos active permanentemente esa necesidad que es una gracia y que solo cuando nos damos cuenta de que no la tenemos, recién ahí le damos la importancia debida.

Señor pérdoname por estar ausente ese tiempo que verdaderamente no lo dediqué a nada y que más bien lo perdí. Disculpa, pero recibe con sinceridad esta angustia que de alguna forma me deja contento porque es una angustia de no estar en Tí y ojalá que nunca desaparezca entonces.

Señor, vuelve tu rostro de ternura y de piedad para disipar esa sensación de soledad y de tensión que nos invade y de la que a veces no podemos salir. Haznos experimentar tu Misericordia y saber que te alegras ante este comportamiento porque entonces confirmas que si te extrañamos es porque alguna vez vivimos intensamente tu presencia, ahí, en cada momento de nuestra existencia.

Envía tu espíritu, el que ora con gemidos indescriptibles pero en silencio y en lo profundo del corazón. Que estemos abiertos a su soplo y muy agradecidos por su insistencia y su tierno desinterés. Nos hace bien sentir que nos ama y que nos cuida mucho más allá de lo que podemos imaginar.

Que tu espíritu no se desprenda de nuestro caminar y nos allane los pasos para crecer en madurez e integridad hacia una auténtica vida de oración continua.

Gracias.

Señor, antes de escribir, te pido que tu Espíritu me envíe el don de sabiduría para que tus palabras se plasmen en estas líneas. Solo tu verdad es capaz de escribir lo que nosotros no podemos, justamente porque nos falta este don y sobremanera hay que pedírtelo con insistencia.

Señor, algo que leí decía que el principio de la sabiduría es tener necesidad de Ti. Si nos creemos sabios, no te necesitamos y te dejamos a un costado.

Nuestro orgullo, que es muy engañoso y dominante nos hace creer que nuestros logros surgen de nuestra inteligencia, de nuestra capacidad, cuando la verdadera humildad es más que nada reconocer que todo lo bueno viene de Tí.

El misterio de tu espíritu a veces, cuando estamos disponibles y abiertos a tu soplo, se instala y gobierna nuestras palabras y las decisiones que debemos tomar en cualquier circunstancia. Yo me pregunto y trato de pensar como salen nuestras palabras... tengo que hablarle a alguien, a una persona que está necesitando de una palabra adecuada... Que increible proceso debe sucederse para que salgan tal o cuales palabras y no otras. Si está la sabiduría, Ella se encarga en el misterio más total de unirlas y seleccionarlas para que se verbalicen de la forma más clara y convincente y así ayudar a quien las está esperando.

Regálanos entonces, la necesidad de la súplica, del pedido, de la oración con fuerza para que Ella venga en nuestro auxilio. Reconozco que no lo hago todos los días y no me abandono al despertar a la súplica fervorosa para que yo sea digno de recibir la fuente sabia y transparente que el Espíritu regala en la gratuidad de su don.

Si todavía no siento necesidad es porque sigo siendo orgulloso y verdaderamente ignorante. Pero sé que tampoco pido porque no tengo resuelto el gran problema: LA CONFIANZA Y EL ABANDONO.

Siento que no está desarrolada en mi ser la confianza y la fe en Tí que todo lo puedes. A veces, como no puedo ver ni tocar, me digo que todo esto es una locura, que no existe nada y parece que estoy viviendo un gran vacío. ¿señor, como entonces adquirir la confianza, base de la sabiduría?

Mi corazón pareciera que no registra esa sensación de seguridad y confianza en tu poder. Dudo, vacilo, pregunto, miro indirectamente y estoy anclado en la depresión y en la desesperanza.

Señor ¿cuando tendré esa certeza maravillosa en mi corazón de lo que significa abandonarme en tus brazos ? Sé que no lo lograré por mi mismo, sino solamente a través de la súplica y de la gracia. Que tu espíritu, en su sabia ternura, penetre la roca de mi corazón y de a poquito me haga sentir que estoy viviendo la tranquilidad de estar permanentemente en tus manos y en tu cuidado.

Señor, mano de misericordia y de bondad, escúchame: Hoy dirijo esta súplica ferviente para pedirte que me regales la confianza, que no decaiga nunca para que cada día cuando lo empiezo recurra a Ti y la sabiduría sea mi compañera en cada acto y palabra que pueda decir. Regálame la confianza, ya que confiar solamente en Tí es la verdadera sabiduría, que nos hará audaces y nada temerosos para enfrentar los acontecimientos de cada día, que son muchos y difíciles.

Sensibilízame en el deseo de aprender a ser sabio para tener algo que podré volcar a los demás y enderezar correctamente mi propia vida. Adviérteme a través de pequeños signos la senda de tu Voluntad, para que desarrolle un espíritu sobrenatural y continúe pidiendo, suplicando y gritando:Señor, envía cada mañana al levantarnos el don de la sabiduría. Renueva nuestro corazón con la gracia de la confianza.

Estando sin Tí, hay un vacío y nuestra alma está inquieta.

¿ Quién eres y que tienes para que te necesitemos tanto?

Vuelve tu soplo hacia nuestras heridas y grietas

Cicatriza con tu brisa los bordes negros y las manchas que deja

al pasar nuestro pecado.

Da vuelta la esquina y espéranos ahí para marcarnos el camino

insospechable.

Nadie te ha visto, nadie te ha podido tocar pero creo que sí,