El lazo se rompió y volamos
Vicios capitales y virtudes
Autor: Horacio
Bojorge
Presentación
Un libro práctico y para
la práctica
Este es un libro nacido
de la práctica y destinado a la práctica. Reúne
en un volumen una serie de fichas para la
predicación de ejercicios espirituales abiertos,
en parroquias, a un público de fieles en
general. No pretende, por lo tanto, tratar
exhaustivamente la materia de los pecados
capitales y de sus virtudes opuestas, sino
solamente dar una introducción suficiente para
orar sobre ellos, reflexionar y examinarse
delante de Jesús expuesto en la Eucaristía,
pidiendo luz para alcanzar un conocimiento
interno de los obstáculos al amor de Dios en el
propio corazón.(1)
Las fichas contienen,
por eso, una cantidad limitada de materia, para
que pueda exponerse en el término aproximado de
media hora. Si alguna ficha contiene más materia
de la que puede exponerse en ese lapso, es para
permitir el uso opcional de algunos números. Se
recurre a menudo a la enseñanza del Catecismo de
la Iglesia Católica, porque trata clara y
brevemente estos asuntos. Al final de cada ficha
temática se ofrece un ejercicio que se
presta a un trabajo personal o grupal. Como
apéndice a algunas fichas hemos agregado, a modo
de ejemplo inspirador, algunos casos o
ejemplos tomados de la prensa. Además de
ilustrar la doctrina refiriéndola a hechos
concretos, pueden servir para animar una
reflexión grupal.
Inspiración
ignaciana
Estas fichas ofrecen a los
fieles, una explicación como la que San Ignacio
de Loyola aconsejaba darles para iniciarlos en
el Primer modo de orar: "al que se quiere
ayudar para instruirse y para alcanzar cierto
grado de contento del alma... Se puede dar por
media hora... el modo de orar sobre los
mandamientos, pecados capitales, etc. Esta forma
(de dar ejercicios) es más propia para personas
menos instruidas, explicándoles cada
mandamiento, los pecados capitales y los
preceptos de la Iglesia." (2)
El
Primer Modo de Orar de San Ignacio es un
sabio itinerario de oración, por el cual el
ejercitante puede iniciarse y avanzar en el
conocimiento de los desórdenes subconscientes
que traban e impiden su avance por el camino del
amor a Dios (3). San Ignacio lo recomienda en la
Anotación 18 como muy apropiado para los
principiantes que quieren instruirse y avanzar
en el camino de la conversión y a los que hay
que ayudar a la práctica, asidua y fructuosa, de
la penitencia y de la comunión eucarística. San
Ignacio prescribe al que da ejercicios
declarar, o sea instruir, explicar, los
mandamientos y los pecados capitales.
No
habiendo encontrado nada adecuado para poner en
manos del ejercitante con el fin de ayudarlo a
orar sobre los Pecados Capitales y la Virtudes
opuestas, emprendimos ya hace años la confección
de unas fichas. Ellas fueron creciendo y
puliéndose en una larga práctica y experiencia
de dar ejercicios. Esas fichas se demostraron
con el tiempo útiles no sólo para el uso
individual, sino para ser empleadas en
ejercicios abiertos a grupos
numerosos.
Hemos comprobado, en la
experiencia, que el Primer Modo de Orar
puede enseñarse con gran provecho en veladas de
ejercicios abiertos multitudinarios, con tal de
que se le reparta a cada participante la ficha
correspondiente al tema de la instrucción. En
una parroquia hicieron ejercicios con este
método 500 fieles, durante toda una semana, a
razón de dos temas por noche, en una sesión de
hora y media por día. Hemos repetido numerosas
veces esta experiencia, aunque no ante un
auditorio tan nutrido como aquella vez, en
parroquias de Argentina, Uruguay y Paraguay. El
recibimiento brindado a estas fichas nos
convence de que son realmente útiles a los
fieles.
¿Negatividad?
Hay
quien piensa que ocuparse de los pecados y
predicar sobre ellos es tarea negativa. No lo
es, si al tratar de ellos se los muestra como lo
que son: obstáculos en el camino del amor a Dios
que hay que remover para poder correr por él,
trampas y lazos para el corazón que le impiden
volar hacia Dios (ver Salmo 124,7). No lo es,
tampoco, si juntamente con ellos se habla de las
virtudes opuestas.
Conocemos esta
objeción desde que escribimos nuestra obra sobre
la acedia (4). Y adelantándonos a la misma
previsible objeción podemos repetir lo que
escribimos allí: No termina de convencerme
que sea negativo hablar extensamente de un mal.
Como dijo el Arcipreste de Talavera: si el mal
no fuere sentido, el bien no sería conocido.
Y agregaba: decir mal del malo, loanza es del
bueno.(5) Si no se conocen los obstáculos al
amor de Dios, es imposible precaverse o
removerlos. Si hubiera que aceptar esa crítica,
se objetaría la tradición centenaria de la
Iglesia y la práctica de los santos, en
particular, la de San Ignacio de
Loyola.
El motivo por el cual San Ignacio
aconseja tratar también de las virtudes opuestas
es el siguiente: para mejor conocer las
faltas hechas en los pecados capitales, mírense
sus contrarios, y así para mejor evitarlos
proponga y procure la persona con santos
ejercicios adquirir y tener las siete virtudes a
ellos contrarias.(6)
Es verdad que
también el elogio de las virtudes contribuye a
hacer aborrecer el pecado y por eso dedicamos
atención a ellas en nuestras fichas. "Alaba las
virtudes y las verás florecer", decía el jesuita
belga Pierre Charles, recomendando a los
sacerdotes que predicaran enamorando a los
fieles de la hermosura del Bien. Pero nadie
podrá ignorar que hay fieles a los cuales, antes
de eso, hay que convencerlos de la fealdad del
mal.
Haciendo el elogio de la palabra
virtud, una de las tantas desgastadas por
la contracultura moderna, recordaba Josef Pieper
lo que ese término significa: capacidad,
poder, poder amar, poder para amar a
Dios.
Lejos de ser negativa, la
presentación de los pecados y virtudes dispone a
la conversión a Dios y libera para correr por el
camino de la caridad.
La
civilización de los pecados
capitales
Señalamos por fin una
característica de estas fichas. Ellas no tratan
de los siete pecados exclusivamente en una clave
individual, privada o intimista. La civilización
moderna está edificada sobre las siete colinas
de los siete pecados capitales. Ella los ha
convertido en cultura, en espectáculo
deleitable, los glorifica en el cine y la
televisión, en las novelas y telenovelas. Sus
espectáculos hacen la apología de la ira y la
violencia, la lujuria, la codicia, la gula (7),
la pereza, la indiferencia religiosa, la envidia
y la acedia, la vanidad y la soberbia... Son una
academia, una universidad popular de todos los
vicios a la vez que desconocen, cuando no
desacreditan o toman a burla, todas las
virtudes; hasta el punto de que la misma palabra
virtud ha de ser recuperada del
descrédito.
En los retiros se suele
aludir a ejemplos tomados de la prensa, que
ilustran las consecuencias del pecado, que esta
civilización organiza y promueve, así como la
actualidad e importancia de esta doctrina sobre
pecados y virtudes. Al final de algunas fichas
hemos agregado, como apéndice y a modo de
ejemplos, recortes de prensa. El predicador de
estos retiros, podrá enriquecer su repertorio
con otros, que ilustren los demás pecados
capitales y sus consecuencias. Pueden servir
para animar la reflexión en
grupos.
Nuestra presentación de los
pecados capitales señala, pues, a la atención de
los ejercitantes la dimensión social, cultural,
de los pecados capitales. La tentación que
aparta del amor a Dios, no sólo surge de dentro
del alma del individuo, herida por el pecado
original, sino que le hace violencia desde
fuera, desde la cultura, desde el mundo que
organiza los siete pecados en forma de
civilización y pone sitio al alma justa o que
pretende serlo.
Cobra así actualidad lo
que San Agustín señalaba a los fieles en La
Ciudad de Dios, acerca la existencia de dos
ciudades a las que no es posible pertenecer por
una doble ciudadanía: La Ciudad de Dios y su
antagonista. A través de estas fichas quedan
señalados rasgos que emparientan nuestra
civilización moderna con la Babel y la Babilonia
bíblica, la gran Prostituta del Apocalipsis,
ciudad de los mercaderes cuya codicia
desenfrenada destruye la tierra.
Nuestro
tratamiento de los pecados capitales y sus
virtudes opuestas, trata de evitar, el peligro,
no imaginario por cierto, inherente a las
presentaciones individualistas, privatistas,
casuísticas y moralísticas, responsables de
arrojar el descrédito y de relegar por fin al
desuso, la parénesis de los pecados y las
virtudes. Los pecados capitales, en efecto, no
son exclusivamente hechos morales, sino radical
y principalmente hechos religiosos. Son
actitudes que impiden el encuentro con Dios, el
amor a Dios, y por lo tanto, son obstáculos para
la salvación. Impiden a los hombres alcanzar la
verdadera identidad de Hijos de Dios, a la que
han sido destinados desde antes de la Creación
del Mundo. Por su lado, las virtudes reciben su
forma y su autenticidad, de la suprema virtud:
la Caridad, el Amor a Dios, forma de todas las
virtudes y a la vez, por eso mismo, remedio de
todos los pecados.
Seminario
Interdiocesano Santa María Madre de Dios,
San Rafael, Mendoza
11 de Enero del 2000,
Solemnidad de Santa María Madre de
Dios
(1) Para quien desease
ampliar el tema ofrecemos una Orientación
Bibliográfica somera.
(2) San Ignacio de
Loyola, Anotación 18, de los Ejercicios
Espirituales. El Primer Modo de Orar de San
Ignacio de Loyola está en sus Ejercicios
Espirituales en los Nos. 238-248.
(3) Véase:
Horacio Bojorge, "Desorden de mis operaciones"
[63] y "Primer Modo de Orar" [238-248] en:
Manresa 68(1996) pp.249-259. Republicado en:
Boletín de Espiritualidad (Prov. Argentina de la
Compañía de Jesús, Bs. As.) N1 169,
Enero-Febrero 1998, pp. 1-18
(4) En mi sed me
dieron vinagre. La civilización de la acedia.
Ensayo de teología pastoral. Ed. Lumen, Bs. As.
19992
(5) O.c. p. 176. El Arcipreste de
Talavera, Enrique Martínez de Toledo decía estas
cosas ya en el siglo XIII en su obra Corbacho
(Latiguillo) en la que fustiga, no sin buen
humor, los pecados capitales, especialmente la
avaricia y la lujuria.
(6) EE 245
(7)
Aunque, contradictoriamente, en forma subliminal
impulsen a la anorexia a la par que a la
bulimia.