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1º
Juan Pablo II
ha alentado las iniciativas que en armonía con la enseñanza de la Iglesia
buscan prevenir la difusión del sida o atender a las personas afectadas por
este virus. Así lo explicó este sábado Juan Pablo II al encontrarse con los
obispos de Uganda, uno de los países más afectados por el látigo del virus
VIH, quienes han cumplido con su quinquenal visita «ad limina» a Roma.
El pontífice
alentó los esfuerzos de la Iglesia en el país africano «en el ámbito de la
atención sanitaria, de la educación y del desarrollo», pues «sirven para
mostrar claramente el compromiso de la Iglesia con el bienestar integral de
sus hijos e hijas y de todos los ugandeses, sin distinción de credo
religioso».
«Dignas de particular atención son las diferentes iniciativas de lucha contra
el sida que, en completa armonía con la enseñanza de la Iglesia, buscan
asistir quienes están afectados por la enfermedad y mantener debidamente
informado al público», subrayó.
Como apoyo de fondo a esta labor, el Papa pidió en primer lugar a los
obispos reforzar la unión de las familias, «gran antídoto» ante el «sentido de
aislamiento que hoy prevalece».
En segundo
lugar pidió a los católicos «trabajar para asegurar que las generaciones más
jóvenes sean adecuadamente formadas y preparadas para desempeñar las
responsabilidades que tendrán que asumir, y que en cierto sentido ya han
asumido».
En tercer
lugar, pidió que las escuelas católicas sean «comunidades en las que se
alimenta la fe y en las que los alumnos son preparados para su misión en la
Iglesia y en la sociedad».
Al mismo
tiempo, señaló, «es importante seguir buscando caminos para ofrecer una
profunda enseñanza moral y religiosa en las escuelas públicas, y promover en
la opinión pública el consenso sobre su importancia».
2º
Señor Presidente:
En primer
lugar, en nombre de mi delegación, permítame expresarle nuestra sincera
gratitud por conducir esta Reunión Plenaria de Alto Nivel sobre VIH/SIDA, una
más que oportuna iniciativa que expresa la resolución de la comunidad
internacional de crear estrategias más efectivas para abordar los desafíos que
acarrea esta epidemia y otras enfermedades que pueden prevenirse, como la
malaria, el cólera y la tuberculosis. Mi delegación desea rendir homenaje al
compromiso personal del Secretario General en la lucha contra el VIH/ SIDA, y
agradecerle por el amplio informe sobre el progreso en la implementación de la
Declaración de Compromiso sobre VIH/SIDA de la Vigesimosexta Sesión Especial
de esta Asamblea General.
El VIH/SIDA ha sido y continúa siendo una de las mayores tragedias de nuestro
tiempo. No es sólo un problema sanitario de enorme magnitud, sino que también
es una cuestión social, económica y política; y, como mi delegación ya ha
subrayado muchas veces aquí en las Naciones Unidas y en foros similares en
otros lugares, también es una cuestión moral, debido a que las causas de la
epidemia claramente reflejan una crisis de valores grave. Su rápida difusión y
trágicas consecuencias no han dejado escapar a ningún segmento geográfico de
la familia humana. Se estima que más de 70 millones de personas morirán a
causa del SIDA en los próximos 20 años. En el año 2001, en ocasión de la
Décima Asamblea General del Sínodo de Obispos de la Iglesia Católica, los
Obispos de África del Sub-Sahara realizaron un llamamiento a la comunidad
internacional para obtener una ayuda inmediata en su batalla contra esta plaga
que "está produciendo una espantosa cosecha de muerte" en dicha región
(L’Osservatore Romano, 11 de octubre de 2001). De hecho, una amplia mayoría de
los que han muerto y de los que se calculan que morirán a causa del SIDA, como
así también de los que están infectados con el virus, se encuentran en el
África del Sub-Sahara.
Permítame llamar su atención sobre uno de los grupos más vulnerables de las
víctimas del VIH/SIDA, es decir, nuestros niños. Tantos de ellos han sido y
continúan siendo víctimas de esta epidemia, ya sea porque han sido infectados
por el virus, el cual les ha sido transmitido al nacer, o porque han quedado
huérfanos debido a la muerte prematura de sus padres causada por el SIDA. El
VIH/SIDA está causando un fuerte aumento de la mortalidad infantil: 3,8
millones de los 19 millones de personas que murieron a causa del SIDA el año
pasado eran niños menores de 15 años. Durante las últimas dos décadas, ha
dejado huérfanos a más de 14 millones, más de 11 millones de los cuales se
encuentran en África del Sub-Sahara. Y, de acuerdo con un cálculo, para el año
2010 en África sola habrá 40 millones de huérfanos a causa del SIDA, el 95% de
los cuales será portador del virus.
La necesidad imperiosa de tratamiento para estos enfermos jóvenes puede
satisfacerse con los avances de la ciencia médica. Desafortunadamente, el
costo del tratamiento médico es elevado y a menudo está más allá del alcance
no sólo de los pobres sino que también del de la clase media. Este problema
económico se agrava por cuestiones legales, tales como interpretaciones
contenciosas del derecho a la propiedad intelectual. Mi delegación se siente
alentada por el acuerdo de la OMC (Organización Mundial del Comercio) que se
logró el 30 de agosto de 2003, y que hará que sea más fácil para los Estados
más pobres importar medicamentos genéricos más económicos fabricados según
licencia obligatoria. Este acuerdo debería dar a estos jóvenes pacientes un
mayor acceso a los medicamentos. Nos atrevemos a esperar que pronto aparezcan
expresiones más concretas de voluntad política y valentía moral como ésta.
Pero, los que padecen el VIH/ SIDA no sólo recurren a compañías farmacéuticas
en busca de ayuda; su llamamiento a la voluntad política y valentía moral está
dirigido sobre todo a la comunidad internacional entera. En efecto, mientras
que hay sólo unos pocos inversores en las firmas farmacéuticas que pueden
proveer los medicamentos que estos jóvenes pacientes desesperadamente
necesitan, todos nosotros, como individuos y como comunidad, debemos ser
inversores en la noble causa de proteger a los niños y a los jóvenes de la
infección del VIH/SIDA y de rescatar a quienes ya son portadores del virus,
porque son el futuro de la raza humana.
Señor Presidente:
La Santa Sede y
las instituciones católicas no han retrocedido en la lucha global contra el
VIH/SIDA. Mi delegación se complace en notar que 12% de quienes atienden a
pacientes del VIH/SIDA son organismos de la Iglesia católica, y 13% de la
ayuda global a los afectados por la epidemia proviene de organizaciones no
gubernamentales católicas. La Santa Sede, gracias a sus instituciones en el
mundo entero, provee 25% de la atención total que se da a las víctimas de
VIH/SIDA, y así se ubica entre los principales actores en la materia,
particularmente entre los más ubicuos y mejores proveedores de atención a las
víctimas.
De hecho, para el final de este año, por medio del Pontificio Consejo para la
Pastoral de los Agentes Sanitarios y diversas organizaciones católicas, la
Santa Sede habrá logrado su objetivo de tener instituciones y programas en
funcionamiento en todos los países del África del Sub-Sahara, y de comenzar
nuevos en Brasil, Argentina, México, Tailandia y Lituania, y así se suman a
los que ya existen en otros países en todo el mundo. Ofrecen una amplia gama
de servicios, desde campañas de concienciación hasta educación para un
comportamiento responsable, desde asistencia psicológica hasta apoyo moral,
desde centros de nutrición hasta orfanatos, desde tratamiento hospitalario
hasta atención a domicilio y en prisiones para enfermos de VIH/SIDA.
Asimismo, con el fin de coordinar mejor sus actividades, la Santa Sede ha
creado una Comisión Ad Hoc sobre la lucha contra el VIH/SIDA. La Comisión
intenta expresar su preocupación especial por África del Sub-Sahara, donde el
sufrimiento es más intenso, y prestar especial atención a los problemas de
estigma y discriminación que acompañan a esta enfermedad, al acceso a
tratamiento y atención, a la educación sobre un comportamiento sexual
responsable, incluidas la abstinencia y la fidelidad matrimonial, y a la
atención de los huérfanos a causa del VIH/SIDA. Por medio de estas nuevas
iniciativas, la Santa Sede intenta fortalecer más su compromiso y aumentar su
colaboración en la lucha global contra el VIH/SIDA, mientras reafirma su
creencia en el valor y el carácter sagrado de toda vida humana.
Para concluir, permítame reiterar la buena disposición de la Santa Sede de
cooperar con el resto de la comunidad internacional en la lucha contra este
flagelo del siglo, en la mitigación del actual impacto devastador, en la
detención de su espectro amenazante que acecha al mundo entero y así evitar
que cobre las vidas de las generaciones futuras. No podemos dejar de responder
a este reto abrumador.
Muchas gracias, Señor Presidente.