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La Violencia Familiar en los Estados Unidos
Un estimado de 3 a 4 millones de mujeres en los Estados
Unidos son maltratadas cada año por sus esposos o parejas.* |
"La evidencia recogida
através de los últimos veinte años nos indica que la violencia física y sexual
en contra de la mujer es un problema de enormes dimensiones. El alto predominio
de la violencia en contra de las mujeres las mantiene en contacto permanente
con los médicos; por lo menos una de cada cinco mujeres atendidas en los
departamentos de emergencia han presentado síntomas relacionados con el
abuso." 3 La violencia familiar es la forma más común de
violencia en nuestra sociedad y el crimen menos reportado.
¿Qué es el abuso? El abuso es cualquier clase de comportamiento
utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la
intimidación. Este incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el
ataque sexual. El abuso no está limitado a un simple grupo. Penetrando a través
de orígenes raciales y económicos, puede ocurrir en familias de cualquier
étnia, economía, religión y tipo de educación.4
Por el hecho de ocurrir usualmente en la privacidad de los hogares, la violencia
se encuentra a menudo envuelta en el silencio. Las personas ajenas a la familia
vacilan en interferir, aún cuando suponen que está ocurriendo el abuso.
Tradicionalmente, el abuso de una esposa por su marido ha sido considerado
"no solo un asunto de familia sino virtualmente una prerrogativa del
esposo."5 Aún hoy día, algunas personas - erróneamente -
argumentan que la intervención por parte de fuentes externas pone en peligro el
concepto de la santidad del hogar.
Sin embargo, el abuso, el ataque, o el asesinato no son menos graves por el
hecho de ocurrir dentro de la familia. . . La violencia, ya sea cometida en
contra de miembros de la familia o extraños, es contraria a los mensajes
judeo-cristianos de amor y respeto por la persona."6
Como habíamos dicho, "la dignidad de una mujer es destruida de una manera
particularmente cruel y atroz cuando se le trata violentamente. Nos conmociona
saber que actualmente una de cada cuatro mujeres será atacada sexualmente en
algún momento de su vida."7
Algunas opiniones psiquiátricas
sostienen que en un pequeño porcentaje de casos, un desorden psicofísico puede
desencadenar en conducta violenta. Sin embargo, en la mayoría de los casos,
otras razones pueden explicar el comportamiento abusivo de los hombres. Los
hombres que abusan de las mujeres llegan a convencerse de que tienen el derecho
de hacerlo así. Pueden creer que la violencia es una manera de disipar la
tensión y resolver los problemas - una versión que la sociedad usualmente
apoya. Los golpes y otras formas de abuso ocurren en una sociedad saturada con
la violencia, donde ésta se ve glorificada en los libros, las películas y la
televisión. A menudo, la violencia es representada como la manera apropiada de
responder a situaciones amenazadoras.
Los hombres abusivos tienden a ser extremadamente celosos, posesivos, y se
enojan fácilmente. Por ejemplo, ellos se pueden poner furiosos porque su esposa
llame muy a menudo a su familia o porque no haya dejado un mensaje. Muchos
tratan de aislar a sus esposas limitando su contacto con la familia y amigos.
Frecuentemente, los hombres abusivos tienen una baja auto- estima y se sienten
vulnerables y débiles. Tienen una mayor probabilidad de haber presenciado o
experimentado la violencia en algún momento de su infancia, abusan del alcohol,
son sexualmente agresivos con sus esposas, y constituyen un riesgo para la
violencia contra los niños."8 Usualmente, niegan estar
cometiendo el abuso, o insisten en que ésto sucede raramente. Muchos tratan de
responsabilizar de su comportamiento abusivo a algún factor externo a su
persona - sus esposas, su trabajo, y así sucesivamente. El alcohol puede
constituir una presencia especialmente determinante en muchos de los incidentes
de violencia familiar. El alcohol y las drogas reducen las inhibiciones y
pueden aumentar la cólera, deteriorar la conciencia de la persona,
insensibilizar e incrementar la cantidad de fuerza que utiliza usualmente la
persona.
Muchos hombres abusivos mantienen el criterio de que la mujer es inferior. Su
conversación y lenguaje revelan sus actitudes en cuanto a la posición de la
mujer en la sociedad. Muchos creen que ser hombre significa dominar y controlar
a la mujer.
Ninguna respuesta explica
completamente por qué las mujeres permanecen con sus agresores. Los psiquiatras
reportan que las relaciones abusivas usualmente derivan de otras relaciones; al
principio, ambas partes se aman y recompensan mutuamente. Durante el proceso,
cuando ocurre el primer acto de violencia, la mujer es probable que sea
incrédula aunque esté deseando creerle a su esposo cuando éste se disculpe y le
prometa que nunca más lo repetirá.
Al pasar el tiempo y repetirse el abuso, muchas mujeres llegan a creer que de
alguna manera deben culparse por las actuaciones de su esposo, o pareja;
piensan que si ellas hubieran actuado en forma diferente el abuso no hubiese
ocurrido. En los momentos en que su amor propio caiga, se sentirán atrapadas en
la relación abusiva, especialmente si tienen niños y no cuentan con ningún otro
medio de apoyo.
Muchas mujeres abusadas se encuentran aisladas y a solas con sus penas. Aún
cuando desean buscar ayuda, no saben hacia dónde ir. Además, muchas se sienten
sumamente avergonzadas para admitir lo que está pasando. Pueden llegar a creer
que son las responsables del éxito o el fracaso del matrimonio. En
consecuencia, muchas mujeres se sienten demasiado avergonzadas para admitir que
el hombre con el cual se casaron o con el que tienen niños, a los que aman, es
el mismo que las está aterrorizando. "La violencia en el hogar usualmente
no permite que una mujer pueda asumir una posición que no sea defensiva."9
Finalmente, muchas de las esposas maltratadas son económicamente vulnerables.
Es posible que no se crean capaces de mantenerse por sí mismas, mucho menos a
sus hijos. En consecuencia, no ven cómo se podrían escapar. El resultado es que
se vuelven pasivas, ansiosas y depresivas. La mayoría de ellas son incapaces de
visualizar un futuro diferente para sí mismas.
A través del tiempo el abuso se intensifica, a pesar de que a veces puede que
no incluya la violencia físico. A menudo, la amenaza del abuso físico es
suficiente para aterrorizar a las mujeres. Para algunas víctimas, el resultado
final del abuso es el asesinato.
Las Enseñanzas de
las Escrituras
Un tema que encontramos en las Sagradas Escrituras, comenzando desde el
Génesis, es que la mujer y el hombre han sido creados a imagen y semejanza de
Dios. Como lo ha dicho Juan Pablo II, "Tanto el hombre como la mujer, son
seres humanos en el mismo grado."10 En el Nuevo Testamento,
Jesús se dirigió repetidamente a aquellas personas de los estratos más bajos de
la sociedad, aquellas sin poder o autoridad, aquellas que no tenían alguien que
hablara en su defensa. El enseñó que todas las mujeres y hombres son seres
dignos de respeto y dignidad.
Jesús respetó en todo momento la dignidad humana de la mujer. Juan Pablo II
trae a colación que: "El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus
obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la dignidad
de la mujer."11 Jesús salió de su camino para ayudar a las
mujeres más vulnerables. Piense en la mujer con la hemorragia (ver Marcos
5:25-34), o la mujer sorprendida en un acto de adulterio (ver Juan 8:1-11). Por
sus acciones hacia las mujeres así como en su modo de comportarse, no se
encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer propia del
tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto
y el honor debido a la mujer. Por sus acciones hacia las mujeres necesitadas,
Jesús dió el ejemplo a seguir por nosotros hoy día. Al igual que él, estamos
llamados a buscar las vías de ayudar a aquellas mujeres vulnerables que
encontramos en nuestro camino. También necesitamos encontrar las formas de
ayudar a aquellos hombres que quieren romper con los patrones del abuso.
Como Iglesia que somos, uno de los aspectos más preocupantes del abuso que se
practica contra las mujeres está en el uso de los textos bíblicos, sacados a
colación, para justificar el comportamiento abusivo. Los consejeros reportan
que tanto las mujeres abusadas como sus agresores utilizan los pasajes de las
Escrituras para justificar su comportamiento.
Las mujeres abusadas dicen: "Yo no puedo romper con esta relación. La
Biblia dice que sería algo, malo." Los hombres abusivos dicen: "La
Biblia dice que mi mujer debe estar sumisa a mí." Ellos toman los textos
bíblicos y los distorsionan como un medio de justificar su derecho a la
agresión.
En nuestra capacidad de obispos, condenamos el uso de la Biblia para justificar
el comportamiento abusivo. Una interpretación correcta de las Escrituras
permite a las personas llevar una relación basada en el amor y la mutualidad.
Una vez más, Juan Pablo II lo describe claramente: "En la 'unidad de los
dos' el hombre y la mujer son llamados desde su origen no sólo a existir 'uno
al lado del otro', sino que son llamados también a existir recíprocamente, 'el
uno para el otro'."12
Aún en aquellos pasajes donde la Biblia utiliza el lenguaje tradicional para
sustentar el orden social reinante en la época, la imagen presentada no busca
en ningún momento justificar el uso del abuso para tener control sobre otra
persona. En Efesios 5:21-33, por ejemplo, donde se refiere a las relaciones
interfamiliares, el principio general que prevalece es el de la sumisión mutua
entre el marido y la mujer. El pasaje presenta a los esposos la imagen de que
deben amar a sus esposas como aman a su propio cuerpo, como Cristo ama su
Iglesia. ¿Podría usted imaginar a Jesús agrediendo su Iglesia?
Aquí se presentan algunas
sugerencias prácticas pueden ser implementadas en su parroquia y diócesis.
A las Mujeres Abusadas
·
Comience a creer que usted no está sola. Muchas mujeres han
solicitado ayuda y han encontrado el camino hacia una nueva vida para sí mismas
y para sus hijos.
·
Hable en confianza con alguien en quien confíe: un familiar,
una amistad, un sacerdote de la parroquia, un diácono, una hermana. A pesar de
que puede ser inquietante el hablar de problemas familiares íntimos, confíe en
ellos diciéndoles toda la verdad sobre su problema.
·
Si usted tiene que permanecer en la situación, al menos por
el momento, trace un plan de seguridad que pueda utilizar en caso de
presentarse otro episodio de abuso.
·
Esto incluye: esconder una llave del carro en
un lugar fuera de la casa; mantener una cantidad pequeña de dinero en un lugar
seguro; localizar un lugar a dónde ir en caso de una emergencia. Cuando sienta
que se acerca otro episodio de violencia, salga de la casa inmediatamente y no
regrese hasta que tenga la seguridad de que ha pasado el peligro.
·
Localice las instituciones en su sector que ofrezcan ayuda a
las mujeres agredidas y sus hijos. Su médico o el bibliotecario de la zona
pueden referirla a los grupos apropiados. La Oficina de las Caridades Católicas
de su diócesis o la Oficina de Vida Familiar puede ayudarla. Las oficinas de
las Caridades Católicas tienen frecuentemente consejeros capacitados entre su
personal y pueden ofrecer asistencia en casos de emergencia y otros tipos de
ayuda.
·
Las páginas amarillas de la guía telefónica tienen en su
lista los refugios para mujeres agredidas de su sector. El 911 es el número
universal para llamar a la Policía.
A los Hombres que
Abusan
·
Tenga el coraje de ver honestamente su comportamiento en la
casa y especialmente hacia su mujer. Comience a creer que usted puede cambiar
su conducta si se propone hacerlo.
·
Tenga conciencia de que usted es el causante del abuso; no
es su mujer la culpable. No busque excusas para la agresión.
·
Tenga la disposición de buscar ayuda. Hable con alguien que
usted crea que pueda ayudarlo. Póngase en contacto con las organizaciones de
las Caridades Católicas o refugios de su área para ver el nombre del programa
para agresores que adoptará.
·
Mantenga todo el tiempo en su mente que la Iglesia está ahí
para ayudarle. Parte de la misión que nos encomendó Jesús es la de ofrecer
ayuda cuando se necesite. Contacte su parroquia.
·
Encuentre otras formas alternativas de reaccionar cuando se
sienta enojado o frustrado. Hable con otros hombres que hayan atravesado por
conducta agresiva y la hayan superado. Entérese de lo que hicieron en esos
casos y cómo lo hicieron.
A Los Párrocos y Ministros
de la Pastoral
·
Haga de su parroquia un lugar seguro donde las mujeres
agredidas y los hombres que agraden puedan solicitar ayuda.
·
Aprenda lo más que pueda sobre violencia doméstica.
Manténgase en estado de alerta para detectar cualquier signo de abuso entre las
mujeres de la parroquia.
·
Unase a la observancia nacional del mes de Octubre como
"El Mes de la Concientización Nacional sobre la Violencia Doméstica."
Dedique por lo menos un fin de semana de ese mes a la educación de los
parroquianos en materia de abuso y su eventual presencia en su parroquia.
·
Asegúrese de que los sermones de la parroquia se refieran a
la violencia doméstica. Si las mujeres abusadas no oyen nada sobre el abuso,
pueden creer que a nadie le importa. Describa de lo que se trata el abuso de
modo tal que las mujeres empiecen a reconocerlo y puedan contar lo que les está
pasando.
·
Si usted sospecha de un abuso, haga preguntas directas.
Pregunte a la mujer si ella ha sido golpesada o maltratada en la casa. Evalúe
cuidadosamente su respuesta. Algunas mujeres no tienen conciencia de que están
siendo abusadas o mienten para proteger a sus maridos.
·
Al hablar con una persona abusada, sea cuidadoso en su
lenguaje. No diga nada que pueda sustentar su creencia de que ella tiene la
culpa y que debe cambiar su comportamiento. La víctima no puede ser culpada. El
agresor debe ser el responsable de su conducta.
·
En las sesiones de preparación para el matrimonio evalúe los
métodos de la pareja para lidiar sus diferencias y sus modelos familiares para
la solución de los problemas. Sugiera la posposición del matrimonio en caso de
identificar signos de abuso o de abuso eventual.
·
En los programas de preparación para el bautizo, manténgase
alerta de que la llegada de un hijo y la inquietud de la espera puedan imitar
al comportamiento violento.
·
Mantenga una lista actualizada de las instituciones para
mujeres abusadas de su área.
·
Trace un plan de acción para seguir en caso de que una mujer
agredida llame solicitando ayuda o edifique un esquema de colaboración con la
Policía de agencias de asistencia a la violencia doméstica. Localice un lugar
seguro para las mujeres abusadas.
A los Educadores y
Catequistas
·
Asegúrese de que todos los educadores y catequistas reciban
entrenamiento en la forma de reconocer el abuso.
·
Insista en que las enseñanzas y exámenes estén exentos de
cualquier tipo de estereotipo sexual. La agresión puede desencadenar en acoso
sexual.
·
Trate de incluir a los albergues para mujeres y niños
abusados en las listas de servicio de las clases de confirmación y otros grupos
de servicio.
·
Incluya información sobre la violencia doméstica en las
clases de sexualidad humana y vida familiar.
·
Promueva misiones de la parroquia para ayudar en los casos
de violencia doméstica.
A los Comités de Liturgia
·
En los servicios de reconciliación de la parroquia
identifique a la violencia contra la mujer como un pecado.
·
Incluya intercesores para las víctimas de abuso, para los
hombres que abusan de la mujer, y para aquellos que ayudan tanto a las víctimas
como a los agresores.
·
Haga lo posible por utilizar un lenguaje detallado en las
celebraciones litúrgicas, del modo en que sea autorizado.
A las Comisiones de
Mujeres y Otros Grupos de Mujeres
·
Incluya en los Boletines de la parroquia y en los
directorios una lista de los nombres y números telefónicos de los contactos de
la parroquia de modo que las mujeres abusadas puedan llamar a solicitar ayuda.
·
Busque la forma de que tanto las mujeres como los hombres
estén representados en posiciones de liderazgo de la parroquia (ejemplo: en las
finanzas de la parroquia y los consejos pastorales).
·
Ofrezca tiempo libre para reunirse y formar grupos de
mujeres abusadas y hombres que cometen abusos.
·
Imparta planes de educación en su parroquia o diócesis en
referencia a los crímenes de violencia contra la mujer.
·
Busque ayuda de personas de recursos en su parroquia que
puedan ofrecer asistencia.
En última instancia, la mujer
abusada deberá tomar sus propias decisiones sobre quedarse marcharse del hogar.
Es muy importante el ser honesto con la mujer en cuanto a los riegos envueltos
en este caso. Recuerde: La mujer se encuentra en el punto más peligroso de su
situación cuando trata de abandonar su agresor. Las investigaciones han
demostrado que "las mujeres que dejan a sus agresores tienen un riesgo de
un 75 porciento mayor de ser asesinadas por el agresor que aquellas que se
quedan."13
Esta declaración ha sido dirigida
hacia el problema de la violencia contra las mujeres en sus hogares. Tal
violencia tiene repercusiones directas sobre todos los que allí conviven,
incluso hasta el extremo de sentar las bases para una situación de violencia
reiterada en generaciones posteriores. Por consiguiente, urgimos a todos los
padres y educadores y catequistas a enseñar a los niños desde una edad temprana
que el abuso no es una conducta apropiada.
Como todos los pastores de la Iglesia, debemos dedicarnos a estimular todo
aquello que fomente y fortalezca la vida familiar. Una de las fuentes que
tenemos en nuestra vida de cristianos es la oración.
Los salmos en particular captan la dimensión y el alcance de la angustia humana
y nos dan la esperanza y seguridad de la ayuda de Dios. El Salmo 31 debe haber
sido una oración especialmente dirigida a las mujeres que están atravesando por
situaciones de abuso.
Con todos ustedes oramos:
"Señor, ten compasión de mí,
pues estoy entre angustias;
mis ojos mi alma y mi cuerpo
languidecen de tristeza.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Mis enemigos hacen burla de mi,
mis vecinos se horrorizan
y mis conocidos se espantan de mí.
Si me ven en la calle se alejan de mí (...)
Soy como el objeto gastado y olvidado . . .
Pero yo, Señor, confío en tí,
recuerdo que "tú eres mi Dios."
(Salmo 31:10-15)
1.
Comité,
para Asuntos Sociales, Asamblea de Obispos de Quebec. A Heritage of
Violence: A Pastoral Reflection of Conjugal Violence (Montreal: 1'Assemblee
des eveques du Quebec, 1989).
2.
Líderes de
la Iglesia de Canadá, "Violence Against Women." Testimonio presentado
por una coalición de mujeres al panel canadiense contra la violencia hacia las
mujeres.
3.
Council on Scientific
Affairs, American Medical Association, "Violence Against Women," Journal
of the American Medical Association (JAMA) (June 17, 1991: 3184-3189).
4.
The Women's Commission, A
Pastoral Response to Domestic Violence (Richmond, Va.: Catholic Diocese of
Richmond, n.d.).
5.
Commission on Women in Church
and Society, Pastoral Response to Domestic Violence Against Women
(Buffalo, N.Y: Catholic Diocese of Buffalo, n.d.).
6.
United States Catholic
Conference, Office of Domestic Social Development, Violence in the Family: A
National Concern, a Church Concern. Barbara
Ann Stolz, ed.
7.
Ad Hoc Committee for the
Pastoral on Women in Society and in the Church, National Conference of Catholic
Bishops, Called to Be One in Christ Jesus, tercer borrado (Washington,
D.C.: USCC, 1992), 46.
8.
JAMA, ibid.
9.
Ibid.
10. Juan Pablo
II, Mulieris Dignitatem (Sobre la Dignidad y la Vocación de la Mujer),
Carta Apóstolica en ocasión del Año Mariano, 1989.
11.
Ibid., 15.
12.
Ibid , 7.
13.
National Coalition Against Domestic Violence, 1990.
Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica contra la
Mujer es una declaración con la colaboración del Comité de Obispos sobre el
Matrimonio y la Vida Familiar y el Comité de Obispos sobre la Mujer en la
Sociedad y en la Iglesia, ambos de NCCB. Fue preparada por el Secretariado de
la Familia, los Laicos, las Mujeres y la Juventud bajo la dirección de dichos
comités. Fue aprobada por el Comité Administrativo en septiembre de 1992 y
affirmado por los miembros de la NCCB/USCC en noviembre de 1992. Su publicación
ha sido autorizada por el que firma.
Monseñor Robert N. Lynch, Secretario General, NCCB/USCC
Copyright © 1992 de la United States Catholic Conference, Inc., Washington, D
C. Todos los derechos están reservados. Ninguna porción de este trabajo puede
reproducirse o ser transmitida. en cualquier forma o por cualquier medio, ya
sea electrónico o mecánico, incluyenda fotocopias, grabados, o por cualquier
sistema de recuperación y almacenaje de información, sin el permiso por escrito
del propietario de los derechos.
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United States Conference of Catholic Bishops
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October 03, 2001 Copyright © by United States Conference of Catholic Bishops
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