Decálogo de la educación en familia
Un decálogo imprescindible
¿En qué
hemos fallado los padres? La primera pregunta la hacen algunos padres que se
encuentran en la triste situación que se describe. Qué pueden hacer ante los
problemas a los que se enfrentan, se lo plantean no sólo ellos, sino también
quienes no quieren incurrir en esos fallos y desean ayudar en sus proyectos
cristianos a otras personas
Esa pregunta –¿en qué hemos fallado los padres?– se produce, en una familia de
tradición cristiana, cuando los niños abandonan los sacramentos, se distancian
de la Iglesia, su fe y su moralidad se desmoronan, se divorcian, se unen sin
ningún tipo de vínculo o con vínculos falsos, se hunden en la droga y en el
sexismo.
No pocas veces, la responsabilidad no es de los padres, sino de los hijos y de
cuantos favorecieron su deserción espiritual. Aunque, la mayoría de las veces,
la responsabilidad se reparte entre padres, hijos, compañeros y educadores. Es
grande la responsabilidad de aquellos padres que cerraron los ojos ante un mal
sangrante y en auge. Ahora, abrumados por los efectos de la tragedia que ellos
mismos provocaron, preguntan con angustia o sorpresa, y algunos responsabilizan
a Dios.
Quiero hacer llegar a esas personas un mensaje de esperanza cristiana, exigente
y delicado, conciso y práctico:
1- «Si seguís en mi doctrina, conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres».
Esa Verdad no es la mera sinceridad subjetiva, ni la simple verdad objetiva,
sino Cristo. La libertad, al margen de la verdad objetiva y del amor verdadero,
es fuente enfangada de libertinaje y de opresión.
2-Muchas veces, se da en los padres una responsabilidad primera: la mediocridad
de su fe, insuficientemente cultivada. La fe cristiana hay que estudiarla,
rezarla, vivirla, irradiarla.
3-La fe se transmite por contagio. Todo el tejido familiar debe estar impregnado
por la presencia de Dios. Si no, la ruina espiritual se cierne sobre esa
familia. Muchos padres se alarman ante una pequeña enfermedad de sus hijos,
mientras se despreocupan de su salud espiritual. ¿Cuántos pedirían para sus
hijos lo que otros pidieron y piden: Antes muertos que manchados?
4-Muchos padres se desentienden de sus deberes fundamentales para con sus hijos,
en las diversas etapas de su vida: explicarles el Catecismo, introducirlos en
una oración frecuente y sentida, preparar la Liturgia, invitarlos con el ejemplo
y la palabra, a recibir los Sacramentos, visitar a Jesús y a María, elegir unas
imágenes religiosas que presidan la vida de la familia, leer y comentar con
ellos la Palabra de Dios, aficionarlos a los libros buenos y variados, no
envenenarse y envenenarles con periódicos laicistas y apoyando partidos
anticristianos.
5-Los padres han de conquistar el amor de sus hijos no con permisiones, sino con
una entrega sincera, que busca no tanto agradar como hacer el bien;
respetándolos, compartiendo sus intereses y preocupaciones, haciéndoles
atractiva la vida familiar… Sin aislarlos; pero cuidando sus amistades y
diversiones…
6-Deben facilitarles su incorporación progresiva a grupos cristianos de plena
garantía –selectos y abiertos, aunque no exclusivistas–, donde juntos cultiven
su fe, se diviertan, hagan apostolado, ejerciten la caridad, experimenten la
llamada a la santidad y disciernan su vocación personal.
7-Los padres deben educar en y para el diálogo. Han de dedicar tiempo a sus
hijos, darles pruebas de su amor, escucharlos con atención, respetarlos,
comprenderlos… Pero sin hacer dejación de su legítima autoridad. Con palabras de
verdad, aliento y alabanza sincera, pero también de advertencia clara y de
reproche justo y cariñoso.
8-A los hijos hay que prepararlos para que vayan formando criterios verdaderos y
firmes, y puedan librarse de los engaños y seducciones del mundo y rechazar el
consumismo, libertinaje, desapego de la familia, vida nocturna, diversiones
incontroladas, abuso de la televisión…
9-Hay que educar a los hijos desde muy pequeños, para que adquieran hábitos
sanos en todos los aspectos de la vida. Educar no es domesticar, sino ayudar a
buscar y vivir la verdad y el bien, el amor y la belleza integral, la
excelencia.
10-Y cuando los hijos van creciendo, hay que proporcionarles criterios para que
sepan estar y actuar cristianamente ante la vida eclesial, política y social. El
Compendio de la doctrina social de la Iglesia, junto con el Catecismo de la
Iglesia católica, y con su Compendio, deberían ser consultados constantemente
por los cristianos.
(Darío López Tejada,
S.I., A&O 498)