Entrevista al P. Gerardo Müller msc con ocasión de las Bodas de Oro Sacerdotales (11 de Julio 2009)

 


Celebración de las Bodas de Oro (fotos)
Etapas de Vida  del P. Gerardo (fotos)
Homilía del P. Dietrich Düllberg MSC
 

Gracias a Dios, a mi familia, a mi congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón y a todos ustedes.

 

¿Dónde y cuándo nació?

Nací en Neunkirchen – Sarre (suroeste de Alemania a la frontera con Luxemburgo y Alsacia-Lorena) el 1 de marzo de 1934. Fui bautizado de emergencia en mi casa porque sufría convulsiones y no había mucha esperanza que sobreviviera como me comentó mi padre. Sin embargo, Dios quiso que viviese. Mis primeros catequistas eran mis padres Federico y María Müller, católicos profundamente creyentes y mi primera comunidad de fe fueron mis hermanos Susana, Cecilia, Ana Elizabeth, Federico (Gerardo), Rita y Cristina.

¿Como sintió el llamado a la vida consagrada y a qué edad fue? ¿Como supo que realmente su vida era el servicio al Señor?

A los 5-6 años sabía con seguridad que mi vocación era el sacerdocio. Simplemente sabía que Dios me llamaba a ello. Me daba vergüenza decirlo; por eso, ante las preguntas que suelen hacer a los niños, mentí diciendo que quería ser guardabosque o manejar una locomotora. Tampoco le dije nada a nuestro párroco. Este, al final de una confesión, ya había dado la primera comunión hace unos meses, me dijo de repente: “Y reza todos los días un padrenuestro para que puedas llegar a ser un sacerdote según el Sagrado Corazón”, encargo que trato de cumplir aún hoy. Hasta el día de hoy, por gracia de Dios, nunca he dudado ni tenido una crisis al respecto, ni siquiera una tentación contraria.

Mi sueño era llegar a ser misionero en la China. Este deseo nació al leer la revista misionera a la que estaban abonados mis padres. De ahí, se ofrecía una posibilidad de entrar a la congregación de la Sociedad del Verbo Divino que tenía un convento en una ciudad vecina y editaba  esa revista misionera cuya lectura me había abierto el horizonte misionero. ¿Qué hacer? Me acuerdo que una mañana, revestido de acólito y esperando al sacerdote que estaba recogiéndose en oración antes de iniciar la celebración de la Santa Misa, le pedí fervientemente a mi ángel de la guarda para que me ayudara de alguna manera a decidir si pedir la admisión al seminario menor SVD. De repente el sacerdote se volteó, me miró y me dijo: “Gerardo, mejor esperas todavía”.

En mi ciudad natal existía una familia Petto. Dos hermanos de la familia eran Misioneros del Sagrado Corazón. Por medio de ellos, más adelante, conocí a la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón y me enteré que tenían una misión en la China. Ya no había duda para mí. Por medio de ellos pedí la admisión a la Pequeña Obra (seminario menor) y entré el 9 de setiembre de 1947 para continuar los estudios de media. Recuerdo que mi padre estaba siempre muy preocupado que yo fuera libre en decidir. Cada vez, al terminar las vacaciones que solía pasar con la familia, me preguntaba: “¿Quieres quedarte?”. Mi madre nunca tenía duda al respecto y oraba cada día por todos nosotros. Fue en aquellos tiempos que los maoistas expulsaron a todos los misioneros de la China. Los primeros años los pasé en la Pequeña Obra de Boppard, una ciudad a las orillas del río Rhin. Los padres MSC nos prepararon durante un año de manera que pudimos acceder al colegio de la ciudad saltando un año de estudios. Inolvidables las experiencias de natación en el río, las competencias de remo, los paseos por los viñedos y bosques y las inundaciones que hicieron subir las ratas desde las profundidades de los sótanos. Al cerrarse la casa en Boppard fui trasladado a la Pequeña Obra de Hiltrup en Westfalia para cursar los últimos dos años de la media allí. Al terminar los estudios de media entré en el año 1953 al noviciado e hice mis primeros votos temporales de obediencia, pobreza y castidad consagrada el 15 de mayo de 1954 y los votos perpetuos el 15 de mayo de 1957.

 

¿Dónde realizó sus estudios?

La filosofía la estudié en nuestro escolasticado  MSC (seminario mayor) de Oeventrop - Alemania. Realicé los estudios teológicos en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma donde obtuve la licenciatura en teología. El 11 de julio de 1959 fui ordenado sacerdote en Tréveris – Alemania, mi diócesis donde se conserva la túnica inconsútil del Señor,  y, al terminar los estudios, trabajé un año con los muchachos como formador precisamente en el seminario menor donde había terminado mis estudios secundarios.

 

¿Cuándo llegó al Perú y qué labores ha desempeñado en nuestro país?

Ya en 1960 mis superiores me habían preguntado si quisiera ir al Perú porque se necesitaba apoyo. De esta manera ya sabía con bastante antelación cuál sería mi destino. En mi curso éramos 6 MSC. Dos fuimos al Perú, dos se fueron a Nueva Guinea y dos quedaron para trabajar en Alemania. Dos de ellos ya están en el cielo.

 Llegué al Perú en el 1961. El primer servicio fue de rector del Seminario menor “San Pío X” de la prelatura de Caravelí. En el año 1963 mis superiores me destinaron como vicario parroquial a San Felipe Apóstol, San Isidro – Lima – y, con una breve interrupción, estaría sirviendo en esta parroquia hasta 1991.  También me encargaron la labor de profesor de religión en los colegios suizo y alemán. En aquel entonces surgieron con fuerza los grupos juveniles y la Misa juvenil. Una chica  del grupo compuso en aquel entonces el santo que se canta todavía hoy.

Para ofrecer a los jóvenes del colegio “von Humboldt” una formación más comprometida, se fundó en el 1965 el  Grupo Scout “Miraflores 57” y, al mismo tiempo, en la parroquia de San Felipe Apóstol  el Grupo Scout “San Isidro 51” junto con el recordado Ing. Augusto Chian. Junto con él servimos posteriormente en la Asociación de Scouts Peruanos como comisionados nacionales.

En 1972  fui destinado como párroco de la parroquia de San Lucas, Pueblo Libre – Lima. Luego,  para el período de 1974 a1977 -, los hermanos MSC me eligieron como superior regional. Al mismo tiempo ayudaba como vicario parroquial de San Felipe Apóstol. Y desde 1978 a 1991 serví como párroco. Los feligreses de San Felipe Apóstol me han tenido mucha paciencia durante tantos años.  He tenido el privilegio de bendecir el matrimonio de los hijos  de los matrimonios cuya celebración de bodas presidía en los comienzos de mi servicio en la parroquia. Me queda un cargo de conciencia: Al celebrar mis bodas de plata sacerdotales prometí solicitar la ciudadanía peruana. Pido perdón por no haber llevado adelante esta promesa. Justo, poco tiempo después, fue aprobada una ley que permitía que también extranjeros nacionalizados pudieran ser obispos en el Perú.

 

¿Por qué escogió el camino neocatecumenal?

Junto con los párrocos anteriores habíamos hecho varios censos y se había constatado que en un período de 1965-1978 la asistencia a la Misa dominical había disminuido en un 40%. Pedimos ayuda al Señor y junto con otros movimientos - muchos recuerdan todavía los encuentros de “Eje” y “Escoge, las Ultreyas del Cursillo de Cristiandad y de las reuniones del Movimiento Familiar Cristiana, los servicios de ayuda a la gente de Carabayllo - en el 1978 llegaron a la parroquia tres carismas nuevos, aprobados por la jerarquía: la Renovación Carismática, la Nueva Imagen de la Parroquia y el Camino Neocatecumenal. Los tres carismas tuvieron acogida entre los feligreses y dieron fruto.  Como pude observar,  el carisma que más profundamente suscitaba una renovación de fe y de vida fue el camino neocatecumenal porque realiza una iniciación cristiana seria y prolongada. Dicen los obispos en el documento de Aparecida que si no hay una formación cristiana seria,  no hacemos nada. Al ver los frutos del camino para la Iglesia – por ejemplo, un joven de la parroquia, miembro de una comunidad, es ahora sacerdote y muchos matrimonios se han salvado - pedí al superior el permiso de involucrarme más.

Desde el  1992  formé parte, por tres años, de un equipo de itinerantes evangelizando en la costa norte del Perú, una experiencia inolvidable. Junto con un seminarista y un matrimonio dedicado totalmente al anuncio de la Buena Nueva de Cristo..

Puesto que era licenciado en teología, me pidieron dictar clases de teología en el Seminario “Redemptoris Mater” de la diócesis del Callao,  institución promovida posteriormente a Instituto Superior de Estudios Teológicos y, más tarde, a Facultad de Teología. Desde 1994 soy profesor estable. En 2008 obtuve el doctorado en Sagrada Teología con la tesis “La Pastoral de la Didajé”. También sirvo como confesor ordinario en  el otro seminario  de la diócesis del Callao “Corazón de Cristo”.

 

¿Qué mensaje les daría a los jóvenes que no saben como discernir el llamado a la vida consagrada?

Si el Señor te está hablando en tu corazón, te está llamando, anímate. Siempre hay miedos e incertidumbres ante una decisión radical. El amor de Dios hecho corazón humano es el remedio para los males modernos. ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres hacer felices a muchos, muchísimos? Entrégate  al Señor y ponte totalmente a su servicio y verás que se harán realidad ambas cosas. Yo soy feliz, como no te lo imaginas. Por si acaso, los curas somos normales y con la gracia de Dios ¡se puede vivir feliz y castamente! El Espíritu Santo llena tu corazón de tal manera que serás feliz y que para ello no necesitas mujer igual que los esposos profundamente enamorados no necesitan otra mujer.

 

¿Qué mensaje les daría a los sacerdotes, en estos momentos difíciles y de tantas tentaciones y en este año dedicado al sacerdocio?

Durante una audiencia, un obispo del Perú habló a Juan Pablo II de uno de sus sacerdotes que había dejado el sacerdocio por tener “un problema de cabeza”,  es decir, muchos pensamientos contradictorios. El Papa le dijo: “Esto no ha sido un problema de cabeza, ha sido un problema de rodillas. Seguramente ha dejado de orar”. Mi experiencia es que la oración diaria, la lectio divina y la confesión regular nos hacen descubrir cada  vez más la presencia del amor de Dios en todas las circunstancias de la vida y nos defienden contra las insidias de enemigo. Cada día rezo por ustedes: “Llévalos a la perfección por la caridad”.

 

Un mensaje a toda la feligresía.

En primer lugar quiero dar gracias a Dios por todos ustedes, por lo que, durante estos 50 años, su presencia ha significado en arras de aliento, testimonio, cariño y ayuda. Pero también quiero pedir perdón a todos los que he hecho sufrir, a quienes mi manera de ser ha ofendido y a quienes mi pecado ha alejado de Dios y de su Iglesia. Estoy rezando todos los días por todos aquellos con los que he tenido contacto durante mi vida enviándoles la bendición sacerdotal. Pueden estar seguros que cuánto más cerca están de Dios más felices serán. A los que están en pecado, les aseguro que a Dios le encanta perdonar. Acérquense a la confesión para poder participar plenamente en la eucaristía - que es la fiesta del Padre para sus hijos pródigos -,  comulgar nuevamente y así tener vida eterna. Otra cosa: veo que no basta con ir a Misa los domingos, de alguna manera; hay que descubrir cómo “cargar las baterías” entre semana participando en la parroquia, en algún movimiento, en algún grupo. Finalmente: todos los días pido al Señor: “Y, a los que rezan por mí, dales  el ciento por uno y la vida eterna” (Buen negocio, ¿no les parece?).

 

Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús. Para siempre.