Oficio de la Solemnidad de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús
-Ultimo
Sábado de Mayo-
Solemnidad
Contenido
NUESTRA SEÑORA DEL
SAGRADO CORAZÓN
Responsorio Apoc 12, 1; Ps 44, 10
Primeras Vísperas
Himno (los
himnos latinos en la pag. 22-24)
Madre Virgen,
Hija feliz de tu Hijo,
sublime y humilde a una
entre todas las criaturas.
Desde la eternidad
por Dios predestinada,
eres tu nuestro orgullo,
gloria de nuestra raza.
Te mostraste tan noble
que, en admirable cambio,
quiso el sumo Hacedor
hacerse en ti creado.
En tu virginal seno
tomo vida el amor inagotable,
con cuyo aliento crecen
en la tierra las flores
celestiales.
Sea dada gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu,
que ya desde el comienzo te
adornaron
con la veste admirable de la
gracia.
Amén.
SALMODIA
Antífona 1. Dichosa eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al
Creador del universo.
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su
ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los
pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios
nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la
casa,
como madre feliz de hijos.
Antífona: Dichosa
eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del universo
Antífona 2:
Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.
Salmo 147
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de
tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro
de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Gloria al Padre...
Antífona:
Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.
Antífona 3: Tú eres
la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.
Cántico Ef 1. 3-10
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona
de Cristo
con toda clase de bienes espirituales
y celestiales.
É1 nos eligió en la persona de
Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el
amor.
É1 nos ha destinado en la persona
de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha
concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
E1 tesoro de su gracia, sabiduría
y prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de
su voluntad.
Este es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento
culminante:
recapitular en Cristo todas las
cosas
del cielo y de la tierra.
Antífona: Tú eres
la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.
Lectura
breve
I Jn 4, 16-17
Y nosotros hemos conocido el amor
que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el
amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza
en el día del juicio, pues, como él es , así somos nosotros en este mundo
Responsorio breve:
R/. Dichosa, tu, María,
que has creído. * Has hallado gracia ante el Señor. Dichosa...
V/. Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones.
*Has hallado gracia ante el Señor.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo.
*Dichosa, tu, María, que has
creído. * Has hallado gracia ante el Señor.
Antífona
al Magníficat:
Dios, por el gran amor con que nos
amó, envió su Hijo al mundo, nacido de una mujer.
Preces
Ensalcemos a Dios Padre todopoderoso,
que ha querido que María, Madre de su Hijo, fuera celebrada por todas las generaciones
y pidámosle con fervor: Interceda por
nosotros la llena de gracia.
Dios de la paz y del amor, que
constituiste a María madre de misericordia,
concede que experimenten su amor
maternal cuantos se encuentren en peligro.
Tu que hiciste que María participara
en la virginidad y pobreza de la vida de Jesús,
haz que, por su intercesión, todos
los religiosos ejerciten en su vida la caridad y santidad a que fueron llamados.
Tu, que fortaleciste a María ante
la cruz de su Hijo y en su resurrección la llenaste de alegría,
levanta el ánimo de los atribulados
y reafírmalos en la esperanza.
Tu que quisiste que María orara
con los discípulos en la espera de la efusión del Espíritu Santo,
haznos, por su intercesión, participar
el amor del Espíritu para que podamos ser verdaderos testigos de Cristo.
Tu, que coronaste a María como
reina del cielo y Señora de los Ángeles,
haz que nuestros hermanos difuntos
gocen por siempre en el cielo, en la compañía de los santos.
Padre nuestro...
Oración
Oh Dios, que has manifestado en
Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de
su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar
también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por
nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Maitines
Invitatorio
Al celebrar la solemnidad de la
Virgen María, alegrémonos en el amor de Cristo Salvador.
El salmo
invitatorio como en el Ordinario.
Oficio de Lectura
Himno (Los
himnos latinos, en la pg. 22-24)
Tu ocupas, Oh María,
de la creación entera la alta
cumbre,
sublime como nadie,
colmada de belleza.
Te elevas sobre todos,
por ser tu la elegida
para engendrar al Hijo
que tu Creador fuera.
Porque al que es proclamado
Rey, en la cruz pendiente, te
asociaste,
en su pasión cruenta,
eres de todos Madre.
Adornada con tal magnificencia,
mira nuestra alabanza, complacida,
y, en tu bondad acepta,
la gratitud que es siempre a ti
debida.
Sea dada gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu,
que ya desde el comienzo te
adornaron
con la veste admirable de la
gracia.
Amén.
SALMODIA
Antífona 1. María ha recibido la bendición del Señor, le ha hecho
justicia el Dios de salvación.
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la
llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
-¿Quién puede subir al monte del
Señor?
¿Quién puede estar en el recinto
sacro?
-E1 hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso
Ése recibirá la bendición del
Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
- Éste es el grupo que busca al
Señor,
que viene a tu presencia, Dios de
Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
- ¿Quién es ese Rey de la gloria?
-E1 Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
- ¿Quién es ese Rey de la gloria?
-E1 Señor, Dios de los ejércitos.
É1 es el Rey de la gloria.
Antífona 1: María ha
recibido la bendición del Señor, le ha hecho justicia el Dios de salvación.
Antífona
2: El Altísimo ha consagrado su morada.
Salmo 45
Dios es nuestro refugio y nuestra
fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble
la tierra,
y los montes se desplomen en el
mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su
furia:
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de
Jacob.
El correr de las acequias alegra
la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no
vacila;
Dios la socorre al despuntar la
aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes
se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se
tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de
Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la
tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo
del orbe,
rompe los arcos, quiebra las
lanzas,
prende fuego a los escudos.
"Rendíos, reconoced que yo
soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto
que la tierra".
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de
Jacob.
Antífona: El
Altísimo ha consagrado su morada.
Antífona
3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!
Salmo 86
Él la ha cimentado sobre el monte
santo;
y el Señor prefiere las puertas de
Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
"Contaré a Egipto y a
Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí".
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha
fundado. »
El Señor escribirá en el registro
de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»
Antífona: ¡Qué
pregón tan glorioso para ti, Virgen María!
V/. María conservaba todas estas
cosas.
R/. Meditándolas en su corazón.
Primera
Lectura
Del libro de Ester 14, 3-19¸15, 1-2.
Oración de
la reina Ester por la salvación del pueblo
En aquellos días, la reina Ester,
rezó así al Señor, Dios de Israel:
"Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro
defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia, oí, en el seno
de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros
padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste
lo que habías prometido.
Nosotros hemos pecado contra ti
dando culto a otros dioses: por eso, nos entregaste a nuestros enemigos. ¡Eres
justo, Señor!
Y no les basta nuestro amargo
cautiverio, sino que se han comprometido con sus ídolos, jurando invalidar el
pacto salido de tus labios, haciendo desaparecer tu heredad y enmudecer a los
que te alaban, extinguiendo tu altar y la gloria de tu templo, y abriendo los
labios de los gentiles para que den gloria a sus ídolos y veneren eternamente a
un rey de carne.
No entregues, Señor, tu cetro a
los que no son nada. Que no se burlen de nuestra caída. Vuelve contra ellos sus
planes, que sirva de escarmiento el que empezó a atacarnos.
Atiende, Señor, muéstrate a nosotros
en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos.
Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que
cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices.
A nosotros, líbranos con tu mano;
y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo
sabes todo, y sabes que odio la gloria de los impíos, que me horroriza el lecho
de los incircuncisos y de cualquier otro extranjero.
Tú conoces mi peligro. Aborrezco
este emblema de grandeza que llevo en mi frente cuando aparezco en público. Lo
aborrezco como un harapo inmundo, y en privado no lo llevo. Tu sierva no ha
comido a la mesa de Amán, ni estimado el banquete del rey, ni bebido vino de
libaciones. Desde el día de mi exaltación hasta hoy, tu sierva sólo se ha
deleitado en ti, Señor, Dios de Abrahán.
¡Oh Dios poderoso sobre todos!
Escucha el clamor de los desesperados, líbranos de las manos de los malhechores
y a mí, quítame el miedo"
Al tercer día, Ester se puso sus
vestidos de reina y llegó hasta el patio interior del palacio, frente al salón
del trono. El rey estaba sentado en su trono real, en el salón, frente a la
entrada. Cuando vio a la reina Ester, de pie en el patio, la miró complacido, extendió
hacia ella el cetro de oro que tenía en la mano, y Ester se acercó a tocar el
extremo del cetro.
Responsorio Apoc
12, 1; Ps 44, 10
R/ Apareció una figura portentosa
en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, * coronada de doce
estrellas.
V/ De pie, a tu derecha está la
reina, enjoyada con oro de ofir, *coronada de doce estrellas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo.
Apareció...
Segunda
Lectura
De la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II,
de Ecclesia (60,61,62 a).
María,
cooperadora y humilde esclava del Señor.
Uno solo es nuestro Mediador según
las palabras del Apóstol: Porque uno es
Dios, y uno también el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús,
que se entregó a si mismo para redención de todos (I Tim 2,5-6). Sin
embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye
en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar
su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los
hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de
la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste,
depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir
la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.
La Santísima Virgen, desde toda la
eternidad, fue predestinada como Madre de Dios, al mismo tiempo que la
encarnación del Verbo, y por disposición de la divina providencia fue en la tierra
la madre excelsa del divino Redentor y, de forma singular, la generosa
colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.
Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en
el templo, padeciendo con su Hijo cuando él moría en la cruz, cooperó de forma
única a la obra del Salvador, por su obediencia, su fe, su esperanza y su
ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por todo
ello es nuestra madre en el orden de la gracia.
Ya desde el consentimiento que
prestó fielmente en la anunciación y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz,
hasta el momento de la consumación final de todos los elegidos, pervive sin
cesar en la economía de la gracia esta maternidad de María
Porque, después de su asunción a
los cielos no ha abandonado esta misión salvadora, sino que con su constante
intercesión continúa consiguiéndonos los dones de la salvación eterna.
Con su amor materno, vela sobre
los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y que se encuentran en peligro y
angustia, hasta que sean conducidos a la patria del cielo. Por todo ello, la
bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada,
auxiliadora, socorro, mediadora. Sin embargo, estos títulos hay que entenderlos
de tal forma que no disminuyan ni añadan nada a la dignidad y eficacia de
Cristo, único mediador.
Ninguna criatura podrá nunca
compararse con el Verbo encarnado, Redentor nuestro. Pero así como el
sacerdocio de Cristo se participa de diversas formas tanto por los ministros
sagrados como por el pueblo fiel, y así como la única bondad divina se difunde
realmente de formas diversas en las criaturas, igualmente la única mediación
del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de
cooperación, participada de la única fuente.
La Iglesia no duda en confesar
esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda
a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se
unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.
Responsorio
R/. Jesús dijo al discípulo, a
quien amaba: Ahí tienes a tu madre. * Uno de los soldados, con la lanza,
traspasó el costado de Jesús, y al punto salió sangre y agua
V/. Desde aquella hora el discípulo
la recibió en su casa.
*Uno de los soldados..
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo
Jesús dijo al discípulo...
Se dice el Te Deum.
Oración
Oh Dios, que has manifestado en
Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de
su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar
también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por
nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Laudes
Himno (Los
himnos latinos, pg. 22-24)
Porque brillas en el cielo
cual luciente astro de amor,
eres para los mortales,
fuente viva de esperanza.
Así ofreces, Señora,
seguridad a quien confiado llega
al Corazón sagrado de tu Hijo,
implorando
con fe misericordia.
Y tu favor alcanza,
no sólo el que algo implora,
sino que se adelanta
incluso a los deseos del que invoca.
Brillan en tí el amor y la misericordia,
en ti la excelsitud de todo bien,
cuanto hay de grande en la creación
se advierte
en la contemplación de tu grandeza.
Sea dada gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu,
que ya desde el comienzo te
adornaron
con la veste admirable de la
gracia. Amén.
SALMODIA
Antífona: Dichosa
eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tu que ahora vives ya en
la gloria del Señor, intercede por nosotros ante tu Hijo.
Salmo 62, 2-9
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti
madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin
agua.
¡Cómo te contemplaba en el
santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de
manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.