"Somos MSC" - Testimonios personales


Capítulo 4

"Con una misión por todo el mundo"

Kees Braun. 77 años. Exsuperior General. Países Bajos

Me pidieron hace algún tiempo que contara algo sobre mi vocación como MSC. Prometí hacerlo, pero, después, descubrí que no es tan sencillo poner en palabras la experiencia personal de mi vocación. "Sunt quaedam ineffabilia", hay cosas demasiado personales para ser expresadas con palabras, pero voy a intentarlo.

Nací en los Países Bajos en 1926, en un pueblo muy protestante, Katwijk, en la vecindad de Leiden. Hice mis estudios secundarios en Leiden, en un gran colegio dirigido por los Franciscanos. Fue durante los años de la Segunda Guerra Mundial, 1939-1945. Nuestro País fue ocupado por el ejército alemán. Después de haber aprobado los exámenes finales del colegio en 1944, era mi intención hacer la carrera de matemáticas.

Por muchas razones, el último año de la guerra (1944n45) fue un año muy difícil y malo. Una mitad del país ya estaba liberada, pero la liberación se estancó. El episodio de "un puente demasiado lejano" es muy conocido. La parte del país donde vivía permanecía ocupado. El invierno de 1944-45 aún se conoce como "de hongerwinter", el invierno del hambre. Los colegios y las universidades estaban cerrados. Tuve que esconderme porque me negué a cumplir el servicio obligatorio en el ejército ocupante. Escondido, continué mis estudios de matemáticas con la ayuda de un profesor. Durante ese invierno cumplí los 18 años. El absurdo de la guerra y el enorme sufrimiento causado por ella me hicieron ver claramente que el estudio de las matemáticas, por muy fascinante que pueda ser, no podría llenar mi vida. Tenía confianza con nuestro párroco; hablé con él, y decidí empezar mis estudios para ser sacerdote.

Pero los Seminarios estaban cerrados. Con la ayuda de dos Sacerdotes diocesanos empecé a estudiar latín y griego. En mayo de 1945, nuestro país fue liberado. Entré en el Seminario Menor de nuestra Diócesis (Hageveld, Heemstede) y, transcurrido un año, entré en el Seminario Mayor de Warmond, donde estudié filosofía durante dos años. El Rector del Seminario Mayor era Johannes Willebrands (nombrado más tarde Cardenal y Prefecto del Secretariado para la Unión de los Cristianos)

Durante estos años creció en mí la convicción de que no era mi vocación ser Sacerdote diocesano. La vida religiosa, la comunidad religiosa me atraían muy profundamente. San Francisco de Asís siempre ha sido - y sigue siendo -  mi Santo favorito, en realidad un modelo, una fuente de inspiración, un ejemplo de frescura y sencillez religiosas, más de lo que yo puedo decir...Después de un tiempo difícil de discernimiento, decidí dejar el Seminario diocesano, al final de los años de filosofía, y entrar en el Noviciado de los Capuchinos. Era agosto de 1948. Mi nuevo nombre capuchino era Alfeus. Mi barba creció rápidamente, pero, después de algún tiempo, mi salud no pudo soportar la vida tan rigurosa -en aquel tiempo- de los capuchinos: descalzos, coro nocturno, etc. Caí enfermo, y tuve que ingresar en el hospital e interrumpir el Noviciado.

Al año siguiente pedí ser admitido nuevamente en el Noviciado, pero los Capuchinos me pidieron que consultara con su médico. Éste me aconsejó que buscara una comunidad religiosa menos severa y exingente. Fui a nuestro párroco, y le pedí que me ayudara de nuevo a buscar una Congregación menos exigente. Me dio un libro con el nombre de todas las Congregaciones religiosas de nuestro país. Hice una elección provisional: los Agustinos y los MSC. Los Agustinos no aceptaban un candidato que ya había dejado el Seminario Diocesano y una Orden Religiosa; así que me dirigí a los MSC.

¿Porqué hice esta elección? No conocía a ninguno de ellos personalmente, pero algunos MSC eran bien conocidos en nuestro país, algunos buenos escritores: Jacques Schreurs, Maurits Molenaar, Nico van Doornik. Un joven MSC, Simon Jelsma, dirigía un nuevo movimiento juvenil, un movimiento bueno y atractivo, con el título " "Dit es leven" (Esto es Vida), un movimiento que invitaba a los jóvenes a vivir y trabajar por un mundo mejor.

Aún más, los MSC eran conocidos en nuestro País por tos Centros Una Sancta, (Centros Ecuménicos). Para mí, que venía de una región muy protestante, era un ideal fascinante: buscar más comprensión mutua, buscar más unidad.

Por último, y no lo menos importante: los MSC también eran atractivos para mí porque eran misioneros, con una misión por todo el mundo. Esta dimensión universal siempre me ha atraído. Ya durante mi Noviciado, y después en los años del Escolasticado, siempre mantuve correspondencia con el P. Piet van Bilsen, misionero en Java, Indonesia

Solicité hacer el Noviciado con los MSC. Todavía sigo agradecido por la aceptación de la Congregación a pesar de que ya había abando­nado el Seminario diocesano y el Noviciado Capuchino.

El Noviciado fue para mí una experiencia positiva. Nuestro Maes­tro de Novicios, el P. Dirk Kow, tenía una rica experiencia en Indonesia. Y fue muy positivo que el P. Henri Vermin viniera regularmente a nuestro Noviciado a dar conferencias sobre el P Fundador. El P. Vermin es el autor del libro "El Padre Julio Chevalier, Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón. Estudios sobre su vida y sus obras (1824-1869)". Nos dio una introducción muy cualificada a la vida y a los ideales de nuestro Fundador.

Hice mis estudios teológicos en nuestro Escolasticado de Stein, donde tuvimos algunos buenos profesores, que eran realmente magní­ficos MSC, y que nos enseñaban a la luz de nuestra vocación y misión como MSC. En Stein elegí al P. Willem Geerts como Confesor y Director espiritual. El P. Geert hizo su Noviciado en 1893-94 en Chezal-Benoit, con el P. Charles Piperon como Maestro de Novicios. Él me dio una visión verdaderamente importante sobre puntos centrales de nuestra tradición MSC.

Me ordené Sacerdote el 6 de septiembre de 1953, y terminé mis estudios teológicos en 1954. Mi primer destino no fue Indonesia como había pedido, sino enseñar filosofía a nuestros jóvenes MSC que venían del Noviciado. Durante más de 12 años ésta fue mi tarea principal. No sólo era profesor de filosofía, sino también Director Espiritual de un buen número de jóvenes MSC . Era un reto para mí ayudarles en el discernimiento de su vocación y profundizar junto con ellos en las exigencias de nuestra común vocación y misión MSC. También era para mí un estimulo personal continuar mis estudios sobre el Fundador, su vida, su motivación.

Después de los años de enseñar Filosofía, me destinaron a nuestro centro Una Sancta, en Rótterdam. Después de algunos meses, el Obispo de Rótterdam, Mons. M. Jansen, que me conocía de mis años en el Seminario diocesano, me pidió que fuera su Delegado para Ecumenismo. Mi trabajo ecuménico ha significado mucho para mí como MSC. He descubierto cuán a menudo somos víctimas de prejuicios, incomprensiones y falta de apertura. Ahí está el origen de tantas luchas y divisiones, y resulta muy difícil el conocerse unos a otros de verdad en un plano humano profundo. Descubrí cuánto necesitamos una cul­tura del diálogo, y cuán importante puede ser una espiritualidad del corazón para desarrollar realmente una cultura del diálogo. En el diá­logo no se necesitan sólo unos oídos que escuchen , sino, aún más, un corazón que escuche.

En 1969 Mons. M Jansen me pidió que fuera su Vicario General. Seguí con esta tarea bajo su sucesor Mons. A. Simonis. La Diócesis de Rótterdam no es una Diócesis fácil en absoluto. En nuestro país, la Diócesis de Rótterdam es la más secularizada e industrializada. Rótterdam es la ciudad con el mayor puerto del mundo.

En estos años, la situación de la Iglesia en nuestro país era muy crítica; con mucha división, oposición y falta de confianza mutua. La tarea que tenía que llevar a cabo como Vicario General era muy exi­gente. He intentado hacerlo como mejor he podido, como Misionero del Corazón del Señor, también en esta situación...

En 1974 la KRO ( La Organización Católica de Radio y Televisión) me invitó a encargarme de los programas religiosos de Radio y Televisión, y también del Apostolado Radiofónico. Una vez más descubrí la importancia de nuestro carisma también para este importante trabajo en el campo de la comunicación y los Mass Media. Vi claro lo importante que es, en este campo, el lenguaje del corazón, y cuántas posibilidades en el campo de los medios de comunicación a menudo pasan desapercibidas en la Iglesia. El Padre Fundador no sólo se dirigió a los males de su época, sino que también estuvo abierto a nuevas posibilidades de apostolado, y quería que se pusieran por obra. Estoy convencido de que Julio Chevalier, si viviera hoy, insistiría en que nosotros, como Misioneros y como Comuni­dades Misioneras, deberíamos estar presentes de modo relevante en el campo de la comunicación y Mass Media.

El año 1981 fue un año importante en mi vida. En abril fui elegido Provincial de nuestra Provincia Holandesa, pero, a causa de obligaciones contractuales, tuve que continuar mis tareas para la radio y la televisión hasta agosto. Habiendo empezado mi tarea como Provincial en Tilburg, en septiembre tuve que ir a Roma para nuestro Capítulo General, don­de fui elegido Superior General el 18 de septiembre.

La elección fue una sorpresa total. Pero la llamada de nuestro Capítulo General era clara y, por tanto, acepté. Durante ocho o nueve meses, cada año, nuestra casa General era el centro de mi ausencia. Yo estaba viajando, visitando los muchos países donde nuestros hermanos están viviendo y trabajando. Estoy muy agradecido porque, de una manera personal, pude conocer lo que significa realmente la diversidad, pero también pude experimentar la profunda unidad en esta diversidad. Era una alegría constatar también las ricas posibilidades de nuestro carisma, cuando se vive en profundidad y con fidelidad creativa.

Sigo estando agradecido por haber podido conocer también en mucho países a las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y a las Hnas. MSC. Para los miembros de nuestras tres Congregaciones tuve el privilegio de impartir retiros en diferentes idiomas: Una tarea muy exigente, pero muy satisfactoria. Fue una alegría poder empezar en Roma nuestras reuniones regulares de los tres Generalatos. Estas reuniones han demostrado ser muy fructíferas.

Comprenderéis que no es posible en este breve testimonio dar un informe completo de mis experiencias en estos años (1981-1993), de mi tarea en la Administración General y en los años siguientes (1995­99) en Issoudun, donde pude tomar parte en el principio y desarrollo de nuestro Centro "Cor Novum", un prometedor Centro al servicio de nuestra familia mundial Julio Chevalier.

Pero me han pedido que diga algo sobre los MSC que me han impresionado más profundamente. Ya he mencionado algunos MSC que trabajaron para nosotros en los años de formación. Y nunca olvidaré lo que algunos buenos provinciales de nuestra Provincia Holandesa han hecho por mí, especialmente el P. Willem Jaspers y el P. Michiel Joosten.

De una manera especial estoy agradecido por todo lo que he recibido de tantos MSC en muchos países, que, a menudo, viven y trabajan en situaciones difíciles y peligrosas; que continúan nuestra misión con coraje; que mantienen una fidelidad creativa a nuestra preciosa vocación al servicio de la gente, especialmente de los que sufren y pasan necesidad.

Por dar sólo un ejemplo: Nunca olvidaré el día en que pude visitar en El Salvador, con unos jóvenes MSC, el lugar donde Mons. Oscar Romero fue asesinado. Fue inolvidable meditar juntos en este lugar sobre unas palabras de Oscar Romero, que permanecen escritas en mi corazón: "No podemos hacerlo todo, y hay una sensación de liberación al darse cuenta de eso. Esto nos capacita para hacer algo, y para hacerlo muy bien. Puede estar incompleto, pero es un principio, un paso a lo largo del camino, una oportunidad para que la gracia del Señor entre y haga el resto".