"Somos MSC" - Testimonios personales


Capítulo 11

"Con un Corazón cada vez más semejante al de Cristo “

Michael Curran. 63 años (Irlanda) Superior General

La primera razón que influye en mi ser un Misionero del Sagrado Corazón tiene mucho que ver con mi familia y el ambiente en el que crecí. Soy el segundo en una familia de 10 hermanos, cinco niños y cinco niñas. No ha habido ningún miembro de mi familia más inmediata tanto de padre como de madre que haya sido religioso o sacerdote pero sí que crecieron con una sólida, cristiana y religiosa educación. Tuvimos una infancia feliz, vivida en su mayoría en nuestro casa fami­liar, una pequeña granja al suroeste de Irlanda, y algunas veces "de vacaciones" en la casa de mis abuelos maternos bien cercana. Yo era más bien introvertido y muy dado a soñar sobre lo que sería la vida más allá de las colinas que rodeaban nuestra casa. Como monaguillo, llegué a conocer a los sacerdotes que atendían nuestra parroquia. Un par de ellos llegaron a ser objeto de una cierta admiración como héroes. No tuvimos contacto con ningún sacerdote religioso, hermano o hermana, aunque sabíamos que existía esa posibilidad e incluso les vimos cuando visitaban a sus familias. El "lejano este", una revista misionera de los misioneros columbanos y "el mensajero del Sagrado Corazón" llegaban regularmente por nuestra casa.

Cuando tenía en torno a los 13, un Hermano Cristiano irlandés vino a visitar nuestra escuela y nos habló sobre la vocación de Hermano. Visitó a un par de jóvenes en sus casas. Yo estaba profundamente interesado. Aún recuerdo el nombre del hermano, la dirección del colegio en Dublín donde él vivía, ¡las fotos que nos enseñó de los jóvenes hermanos jugando a fútbol! A pesar de que no llegó a nada en concreto este contacto me dejó impresionado. La opción por la vocación misionera andaba por mi mente en estos momentos.

A la edad de 14 años comencé a asistir a la escuela vocacional local, donde la mayoría de nosotros permanecería un par de años com­pletando nuestros estudios primarios. Un día, de vuelta a casa de la escuela, me encontré con el R Willie Clarkson, MSC, que vino a visitar a mi familia. El R Willie que fue el instrumento de Dios para que muchos irlandeses MSC descubrieran su vocación, estaba haciendo la ruta de reclutamiento del suroeste para el seminario menor de Cork. El director de la escuela primaria local le había dicho que yo podría estar interesado. El P. Willie me tomó del brazo y me lanzó esa pregunta. No recuerdo cuál fue mi respuesta pero debió de ser bastante positi­va. Un par de meses después, en septiembre de 1955, a la edad de 15 años, di el salto a la ciudad de Cork.

La segunda razón de mi ser MSC tiene que ver con la experiencia de 4 años de formación en la escuela apostólica, la escuela "Sagrado Corazón", Cork y Carraig na bhFear. Los destaco como experiencia positiva, por supuesto sin desestimar los aspectos negativos de aquellos años. Sufrí fuertemente la separación de mi casa y mi familia durante la transición de la adolescencia. Incluso de vacaciones en casa se esperaba que nos vistiéramos de negro los domingos y que nos com­portáramos como religiosos profesos. La experiencia se fue haciendo más dura por momentos con la dureza del régimen de la escuela y por el pellizco de la pobreza. Yo quizás sentí con mayor agudeza todo esto que otros estudiantes. Pero para equilibrarlo, encontré la bondad y la entrega de muchos padres MSC que fueron nuestros maestros y nuestros guías durante esos años. Disfruté de los estudios y del deporte, y respondí bien a la animación de los mejores profesores. Se tuvo cuida­do en nutrir nuestra vocación. Nos encontramos con misioneros de Papua Nueva Guinea y de África que venían a casa de vacaciones. Crecimos dentro de la experiencia MSC, lo que ahora llamamos el carisma y la espiritualidad, y al final de esos 4 años, la llamada a embarcarse en la aventura de la vida religiosa como MSC era clara y sin error. ¿Por qué? ¡Me maravillo del resultado! Un compañero de estudios, que había conocido varios años después recordaba con gran gozo y satisfacción su experiencia en la escuela apostólica. ¡Pero el no fue al noviciado!

Recuerdo el año del noviciado, los estudios de filosofía y teología como un tiempo de crecer en ese compromiso total expresado con los votos perpetuos. ¿Cuándo se da la respuesta total? Supongo que es una constante tendencia hacia esa totalidad, que está expresada en las palabras de Jesús: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

¿Por qué comencé a marchar en esta dirección y, lo que es más impor­tante, por qué permanezco caminando en esa misma dirección? Para mí y para todos nosotros hay muchos porqués, que corresponden a muchos niveles de motivación, necesidades emocionales, unidas a las expectativas de los otros, anhelos espirituales, obediencia en caridad fraterna. Sé que para mí, la motivación básica tiene que ver con "amar con todo mi corazón, toda mi alma, toda mi mente y todas mis fuerzas". Quiero que se haga realidad en mi el hecho de que mi corazón sea cada vez más como el Corazón de Jesús, cuidadoso y humilde, amable y comprensivo, fuerte y lleno de Fe. Tengo el deseo, que seguramente lo tengo desde el comienzo, que pueda llegar a ser un Misionero de su Corazón para los otros en sus necesidades personales y sus búsquedas. Sé muy bien que es sólo Dios el que me puede dar la bondad de corazón, pero también confío y en parte sé que Dios continúa empujándome cuidadosamente en esta dirección. Estoy muy agradecido del hecho de que Dios me haya dado esta gracia de consagrar mi vida al Corazón de Jesús en la familia Chevalier y al servicio misionero del pueblo de Dios. He tenido que tratar con incoherencias y resistencias dentro de mí, aprender a entender y amar a mis hermanos, y comprometerme con el proyecto de ser un MSC en la Provincia Irlandesa y ahora en el Generalato. Esto ha supuesto muchos retos, no siempre fáciles: estudiando, reflexionando, aprendiendo a descubrir la verdad de la vida para mí, enseñando, sirviendo en varias misiones. Me tomé todo en serio y, en comunión con otros, descubrí el camino del corazón. Durante los años de la formación inicial, nosotros, los estudiantes, nuestros profesores y formadores nos ayudamos a crecer en la unión de unos con otros, en amistad y en el despertar misionero. Hubo buenos hombres acompañándonos en la dirección espiritual y en el ministerio de la reconciliación. Hubo momentos de duda, de serio cuestionamiento, en varias etapas a lo largo del camino, todas parte del proceso de ir aprendiendo el significado de la obediencia a la voluntad de Dios, una obediencia que se aprende en el contexto de la comunidad misionera.

¿Qué MSC me impresionaron más en mi vida? ¿Por qué? He hecho amigos con algunos MSC con los que he trabajo y vivido a lo largo de los años. Estas amistades han supuesto una gran bendición para mí. La pregunta, sin embargo, tiene que ver no tanto con esos MSC con los que me he sentido más cercano cuanto con aquellos que me han impresionado por alguna cualidad especial en sus vidas. No mencionarélos nombres de los MSC que aún viven, aunque hay muchos que dan verdaderamente un testimonio impresionante del carisma MSC y del estilo de vida.

El P. Pat Joe Horgan me impresionó con su peculiar manera de extender nuestras mentes en el área de matemáticas.

El P. Morgan Curran fue el gran confesor, guía, mentor, amigo y ejemplo, un hombre con un corazón humano transformado por el Espíritu.

El P. Joseph Klein nos facilitó el espacio para crecer en el amor fraterno. Una vez, enfadado, nos dijo que ¡había ciertos límites en ese espacio! Confió y nos inspiró con su propia bondad y amor.

Entre los obispos MSC que se reunieron en Roma para el Concilio Vaticano, John Durkin me inspiró e impresionó por su amplia visión y por su humanidad.

El P. Tom Hugues fue un ejemplo de alguien que amó con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente. Estaba totalmente implicado con aquello que le tocara hacer, sabore­ando la vida y todas sus riquezas, y estaba preparado para darse del todo, hasta el punto de la total apertura y vulnerabilidad.

El P. Willie Clarkson, mencionado anteriormente, fue un hombre de sencilla dedicación a los MSC, un hombre con iniciativa, firme en su fuerza de voluntad, con recursos para afrontar cualquier crisis, un hombre de corazón, conocedor de la gente, interesado siempre en el progreso de aquellos a los que el mismo había nutrido en su vocación. Fue uno de los grandes personajes de la Provincia Irlandesa.

El R Bill Farrell me impresionó por la serenidad de su edad avanzada, la profundidad de su fe, su devoción a María, su amor por la eucaristía, la duradera felicidad de replegarse tras muchos años bus­cando su camino en el desierto.