"Somos MSC" - Testimonios personales


Capitulo 27

"Llamado, retado e interpelado"

Raúl Ruiz Mena, 33 años (Centroamérica)

1. En primer lugar porque desde muy joven me sentí llamado por el Señor a SEGUIRLE, en un principio, sin saber dónde Él me quería. Lo cierto es que esta idea fue creciendo cada vez más en mi corazón y, sobre todo, en la relación que yo mantenía con mi trabajo pastoral en mi parroquia de Santa María Ostuma, La Paz, El Salvador. Para descubrir esta inquietud dialogué con un sacerdote diocesano, el cual me invitó a terminar mis estudios y profundizar más mi inquietud vocacional.

La pregunta me parece muy profunda y realista. Soy MSC por pura Gracia de Dios, todo es un misterio: viviendo en la capital de San Salvador me incorporé a un grupo juvenil en la populosa ciudad de Soyapango. En una de las reuniones de dicho grupo en el año 1990, un amigo (José Hernández) me invitó a conocer la congregación de Misioneros del Sagrado Corazón, que hacía dos años habían fundado en El Salvador. Cuando escuché la palabra: Misioneros, me llamó la atención la misma y de inmediato fui a conocerles. La primera impresión fue el encontrarme con dos sacerdotes MSC, uno brasileño (Valentín) y otro español (Tino) y el Hermano. Paulino. Ese primer encuentro me marcó tanto que decidí iniciar el proceso vocacional; ya que me impresionaba la manera sencilla de vivir, el trabajo de acompañamiento en las co­munidades, la cercanía con el pueblo y la alegría de compartir la misión de Jesucristo.

El proceso me ayudó para conocer más a fondo al P. Chevalier, el carisma, la espiritualidad, la misión... El ser llamados y convocados a la Vida Religiosa y Misionera. Al mismo tiempo, el estar dispuesto a salir de nuestra propia tierra y ser testigo del amor de Dios en otros países. Aprendí en este proceso que el Corazón de Jesús tenía que ser amado en todas partes; así como, el nuevo título que nuestro fun­dador le dio a María: Nuestra Sra. del Sagrado. Corazón.

Actualmente, y después del largo y hermoso camino de la formación inicial, soy un joven Sacerdote MSC, que, viviendo bajo este carisma me sigo sintiendo llamado, retado e interpelado a conti­nuar siendo signo de esa presencia de la Congregación MSC en la misión en la que, por ahora, Dios me ha enviado: en Nicaragua. He dejado "casa, familia y tierra" lo que era una ilusión en mis tiempos de formación: la misión ad Gentes, hoy es una realidad para mí. Trato, en mi apostolado, de ser cercano a las personas y de compartir con ellos un Dios que es compasivo y misericordioso, que ama la verdad y la justicia. Esta cercanía es la que cada día me mantiene con mucha alegría en esta opción que hice y que trato de vivirla, asumiendo el reto de la autenticidad y el profetismo que la vida religiosa tanto necesita hoy.

La vivencia comunitaria, la oración, la pastoral en medio de los excluidos, es lo que me mantiene con fidelidad en esta llamada que, siento en mi corazón, que el Señor sigue haciéndome cada día. Expe­rimento su llamada en cada rostro sufriente, en cada corazón traspasado, en cada víctima de la injusticia y de la opresión que viven nuestros pueblos de nuestra "Patria Grande": América Latina. Mi vocación poco a poco empieza a dejar de ser sólo "mía", va "siendo" del Pueblo de Dios. A quienes me debo y me entrego con alegría como MSC. Siento que Dios ha continuado haciendo su Alianza, a través de mi humilde persona, que en medio de las debilidades o dificultades, respondo a Dios con un corazón alegre y generoso. Trato de asumir la preciosa y profética herencia de nuestro Padre Fundador: Encontrar en el Corazón traspasado de Cristo el remedio para tantos males que el mundo sufre hoy.

·                                                  P. Martín Luzón (mi maestro de novicios). Por su profundidad en la comunión con Dios y con el Pueblo, su fidelidad a la comunidad y su opción clara por los pobres, su manera sencilla de vivir y servir al Pueblo de Dios. Es un MSC cercano y que empuja para saberse encontrar consigo mismo, con Dios y con el pueblo. Sobre todo su amor por la justicia y a la Congregación MSC.

·                                                  El P. Jesús Lada. Hombre sensible a toda injusticia me ha enseñado a  mantener la esperanza viva frente a las dificultades. Es un profeta que le ha llevado a ser fiel al evangelio siendo consecuente con la Opción fundamental de Jesús: los pobres. Su alegría y amor por la vida. Su esfuerzo por la defensa de los derechos humanos y por ser un hombre que ha trabajado por la verdad y para que florezca la justicia en medio de las tinieblas del pecado. Es un MSC de corazón sincero.

·                                                  MSC asesinados en Centroamérica: José María Gran, Faustino Villanueva, Juan Alonso, Gaspar García Laviana, Andrés Lanz, han sido y siguen siendo inspiración en mi "Caminar MSC". Son para mí una interpelación fuerte y constante de fidelidad al Evangelio y al Pueblo, al que sirvieron con una fidelidad que les llevó a ofrendar sus vidas violentamente como la de Jesucristo. Ellos son motivo de inspiración y de entrega para mí. Generan en mí el deseo de fidelidad y profetismo a lo que tenemos que ser como MSC, viviendo el carisma y la espiritualidad del Corazón de Jesús, como preciosa herencia de nuestro P. Fundador, Julio Chevalier.

2. Los MSC que más me han impresionado son:

R Valentín Fagundes primer MSC que conocí. Su manera de ser MSC. Su autenticidad en la vivencia del ser y hacer misionero me han y siguen impresionando y motivando mucho. Su seriedad, en el buen sentido de la palabra, al animar y orientar hacia la vida religiosa. Y la alegría con la que debemos vivir nuestra consagración religiosa y misionera. Su espíritu de servicio y de comunión con la caminada del pueblo.