"Somos MSC" - Testimonios personales


 

Un breve comentario

 

¿Qué te parecen los testimonios que has leído? ¿Qué aspectos podemos descubrir en ellos? ¿Nos dicen algo concreto? Quizás al con­cluir la lectura de los mismos nos suenen con una nueva fuerza las palabras de Julio Chevalier: "nuestros miembros, sin ser ni águilas ni santos, son en general como los miembros de otras Congregaciones... Conozco muchas comunidades de hombres y puedo decir, con todo conocimiento y de corazón, que nuestros religiosos están lejos de ser inferiores a otros". (Carta al P. Jouét, 25 de junio de 1881).

Los miembros de la Administración General, particularmente, nos sentimos admirados y felices ante los testimonios presentados y damos gracias a Dios por lo que Él realiza en medio de nosotros. De una manera sencilla, nuestros hermanos han abierto puertas para entrar en su interior y debemos reconocer la mano de Dios en ellos. No se han entretenido en dar pormenores de sus obras, entrega, sacrificios, luchas por la fidelidad, constancia en el trabajo, persecuciones sufridas por el Reino y otro sin fin de cosas que muchos conocen de ellos. Se han contentado en responder a las preguntas formuladas sin dar vueltas a las cosas. Entre otros muchos aspectos nos han descubierto la cantidad de personas "significantes" que existen entre nosotros, personas que han ayudado, muchas veces sin ser conscientes, al proceso vocacional y de maduración de otros hermanos. Nos han abierto los ojos para ayudarnos a ver los grandes valores que hay en muchos de los nuestros que con frecuencia pasan inadvertidos. Nos hablan así de una realidad que rompe con la tendencia a acrecentar lo negativo y a no tener conciencia de lo positivo.

Ciertamente, a lo largo de nuestros 150 años hemos tenido hermanos que han sido "modelos" para muchos MSC. Hemos tenido valiosos teólogos, confesores, predicadores, grandes hombres de Iglesia y audaces misioneros, antropólogos, sociólogos, literatos, exegetas, hombres sin fronteras... Pero los que han dado sus testimonios se han fijado más en "modelos" que no han sobresalido socialmente y que también son considerados como auténticos testigos del amor de Dios, porque fueron y son hombres dedicados, tenaces, capaces de vivir en situaciones difíciles y peligrosas y que escuchaban y escuchan con el corazón porque tenían y tienen un gran corazón humano lleno de Cris­to. No podemos negar que hay grandes hombres entre nosotros en los que Dios ha hecho y hace maravillas y que nos estimulan en nuestro caminar. Por todos ellos, los que fueron y los que son, damos gracias a Dios en nuestro sesquicentenario.

Hemos iniciado este apartado formulando una serie de preguntas. Sería interesante que cada comunidad trabajara un poco las mismas e intercambiara sus opiniones. Como un aporte más al diálogo comunitario presentamos, brevemente, algunas consideraciones que surgen ante su lectura

 

1.- La llamada

1.1.- Es de notar la naturalidad y sencillez con que se cuenta el momento crucial de la llamada recibida, del inicio de la particular vocación a la vida consagrada y en muchos, además, a la vida sacerdo­tal. Se es consciente de la gratuidad del don, se permanece admirado ante los raros caminos del Señor, aparece la felicidad por haber sido elegido y no se da importancia a la lucha interior que significó el aceptar la llamada. Muchos podrían decir con toda tranquilidad como resumen del inicio de su historia vocacional: "sentí una llamada y respondí: sí".

1.2.- Es curiosa la percepción del tiempo en que Dios llama. La mayoría de los que nos ofrecen sus testimonios sintieron la llamada en la infancia, en la pubertad o en la adolescencia, sólo algunos en plena juventud. La mayoría, pues, fueron llamados a primera hora, como si el Señor tuviera un interés especial en tener hombres orientados hacia Él y los demás desde los inicios de su existencia, con un corazón no dividido. La historia de Samuel no dice relación sólo al pasado, es también actual.

1.3.- "Venid y ved" (Jn 1,39), son las palabras con que Jesús invita a los primeros discípulos. A partir de una experiencia con él se decidieron a seguirle totalmente y para siempre. El hecho evangélico es una constante en los aportes recibidos. Todos señalan que tenían una experiencia de Dios relativamente fuerte. Una experiencia que, en la mayoría, se desarrolló en el propio hogar, en familias cristianas donde se oraba y se recibía una formación religiosa de padres a los que se recuerda por su fe; otros muchos la experimentaron o acrecentaron en grupos juveniles o en la colaboración comprometida en sus parroquias; algunos en una búsqueda personal sobre el sentido de la vida a la luz de la fe. Sin una experiencia de Cristo, vivido y concebido según la propia edad, es difícil sentir la llamada y respon­der a la misma.

1.4.- Es éste un punto a tener en cuenta en nuestra promoción vocacional. El secularismo que nos envuelve en muchas partes donde trabajamos, la ausencia de una formación cristiana en el hogar, son aspectos que influyen en el proceso vocacional. Muchas veces nos admiramos ante ciertos movimientos y grupos que tienen vocaciones, prescindiendo de su ideología y orientaciones, pensemos si uno de sus aciertos no es el de fomentar en sus jóvenes una experiencia de vida con Cristo. En resumidas cuentas, ser consagrado es querer vivir "delante de Dios y delante de los hombres" y sin una experiencia de Dios y su Cristo, sin una inicial 'pasión por Él, es difícil dar una respuesta que se convierta en opción fundamental de vida.

 

2.- Motivaciones

2.1.- Se siente una atracción cuando se perciben impulsos, luces, respuestas o realidades que satisfacen las motivaciones profundas que

se viven. ¿Cuáles son las motivaciones que se descubren en los testimonios leídos?

2.2.- Aparecen una multiplicidad de motivaciones iniciales. Po­demos dividirlas de este modo:

a.-     Unas superficiales: la promoción social, la emoción de experi­mentar horizontes lejanos, el espíritu de aventura, el honor de la familia...

b.-     Otras un poco más profundas: la estima, familiar o personal, por la vida consagrada, la atracción al sacerdocio, la admiración por un MSC concreto, el deseo de ser útil y servir a los otros, la emoción de ser misionero...

c.-     Existen, también, unas visiones más claras: una pasión por la justicia, una búsqueda de Dios, una fuerte atracción por la persona y el modo de actuar de Jesucristo, la búsqueda del sentido de la vida y de la madurez y libertad, el descubrimiento de la espiritualidad del corazón...

A través del proceso vocacional se fueron purificando las motivaciones hasta hacer propias: una intensa relación con Dios en la vida de fe y oración, el seguimiento radical de Cristo, el don "total" de sí mismo para participar en la misión de Jesucristo, el sentido de pertenencia a los MSC

2.3.- Lograda la maduración del proceso inicial, se percibe que la motivación más generalizada es la "missio ad gentes", el espíritu misionero. Son muchos los que optaron por la Congregación por ser misionera, con la esperanza de poder ir a los lugares de frontera y ser ahí testigos del amor de Cristo. Algo que se fomentaba en los Escolasticados y que estaba avivado por las visitas de los misioneros. Así se formó una conciencia colectiva que se enriqueció con la gran diversidad de experiencias misioneras que las Provincias tuvieron en su evolución histórica en los cinco continentes. Con este espíritu y con la vida en los lugares de frontera nos convertimos en una Congregación más bien abierta, aterrizada y comprometida con la realidad.

2.4.- Estos últimos aspectos mencionados configuran otra de las motivaciones generalizadas de esta segunda etapa: vivir "encarna­dos" con el pueblo, estando con ellos, con una pastoral comprometi­da, sirviendo con un corazón humano, en ambientes difíciles y con frecuencia pobres en múltiples facetas. Estas características apostóli­cas aparecen como motivaciones que encontraron eco entre nosotros.

2.5.- ¿Y la devoción al Sagrado Corazón? Ciertamente sólo en algunos, y sobre todo por la influencia del hogar, hubo una motivación en este sentido. La mayoría vivieron los tiempos de tos nuevos estudios teológicos y bíblicos, del cambio del concepto antropológico y cultu­ral donde algunos aspectos de la devoción "tradicional" al Sagrado Corazón no cuajaban mucho. No obstante, sí aparece, quizás con más fuerza en las motivaciones existenciales posteriores al inicio vocacio­nal, la claridad de conceptos sobre el amor de Dios o Dios Amor, mani­festado en Jesucristo, que es lo esencial de la intuición de Chevalier. No es de extrañar la gran aceptación que tuvo en nosotros la presentación que hizo Cuskelly de la espiritualidad del corazón, en el sentido bíblico de la palabra, en cuanto nos abría a una relación espe­cial con Dios y con los seres humanos en el modo de vivir la peculiaridad de nuestro ser y hacer MSC. No sólo llenó un vació, sino que nos motivó a reasumir, con una nueva visión, la intuición de Julio Chevalier. El deseo de ser testigos del amor de Dios está presente, de un modo u otro, en la casi totalidad de los testimonios leídos.

2.6.- El sentido de misión, con la característica de la "missio ad gentes", una pastoral encarnada y el concepto de Dios Amor que estamos llamados a testificar son las motivaciones que aparecen más claramente superada la etapa inicial. Motivaciones que impulsan a estar abiertos a la realidad y que podemos hacer desaparecer con su dinamismo ante la tentación de cerrarnos en nosotros mismos. Nunca podemos olvidar que somos una Congregación apostólica.

 

3.- Mediaciones humanas

3.1.- Si el binomio llamada-respuesta entra de lleno en el misterio de una relación entre Dios y el individuo, el modo de concretarlo en la práctica está inmerso en una serie muy diversa de circunstancias his­tóricas. Los testimonios que hemos leído manifiestan con claridad este aspecto.

3.2.- Hace años un especialista en pastoral vocacional escribió: "la vocación es como la gripe, se transmite por contagio". Es curioso notar la 'atracción que muchos MSC ejercieron en bastantes de los que han dado su testimonio. Una atracción que en ocasiones fue momentánea, en otras permanente; algunas veces consciente, otras inconsciente; en algunas oportunidades de un modo directo, con una pregunta agresiva, en otras con la suavidad del testimonio silencioso de la bondad y la paciencia; el modo de "estar con la gente", el buen humor, el compromiso vivido por muchos de los nuestros, la actitud de oración constante, el martirio de algunos MSC, han sido una auténtica mediación humana para la concreción de la llamada-respuesta.

Más aún, nuestra misma legislación o estructura interna, no cargada ni excesivamente pesante, ha sido también una mediación para algunos.

3.3.- Si en el inicio de la vocación, en el misterio de la relación Dios-individuo, llamada-respuesta, se palpa la gratuidad de Dios y el libre albedrío de la persona, hay que reconocer que en la concreción de la misma existen una serie de circunstancias, imprevisibles algunas, que sólo creyendo que "todo lo que pasa es para el bien de aquellos a quienes Dios ama" y "que nuestros caminos no son los suyos" logran tener una explicación. Dios se ha valido de muchas cosas para conducirnos al "lugar teológico" de nuestra realización como personas, cristianos, consagrados y apóstoles: nuestra pequeña Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón.

 

¿Hasta dónde somos conscientes y valoramos esto?

3.4.- Existe, no obstante, un aspecto que vale la pena considerar. Es la casi nula mención de ciertos personajes del pasado que han mar­cado nuestra historia e incluso aquellos cuya causa de beatificación está en marcha. Ciertamente se habla con frecuencia del Fundador, pero casi nada de otras personas "significantes" en los 150 años que hemos vivido. Sólo dos mencionan a Mons. Verius y a Mons. De Boismenu y tres a algunos de nuestros mártires. ¿Qué significa esto? Puede ser que el modo de formular la pregunta no diera posibilidad a mirar el pasado remoto, pero también puede ser una falta de conocimiento y aprecio por nuestras grandes figuras, por nuestra historia concreta. Desconocer la historia de la Congregación puede impedir amarla realmente.

3.5.- Hay, además, otro aspecto interesante que muestra el cam­bio antropológico, cultural y psicológico entre generaciones. La mayor parte de los mayores sienten reparos en hablar de los vivos al menci­onar las personas que admiran y les han ayudado. Algo que no repre­senta ninguna dificultad con los más jóvenes.

 

4.- La "Pequeña Obra"

4.1.- Son bastantes los que mencionan en sus testimonios su paso por nuestra escuela apostólica, el "seminario de la misión", la "Pequeña Obra del Sagrado Corazón". La fundación de ésta por los PR Vandel y Chevalier cumplió sus objetivos. Muchos que provenían de familias necesitadas y pobres o alejadas de los centros de estudio, especial­mente en los tiempos de posguerra, hallaron en ella el medio para realizar sus estudios, formarse y perseverar en su vocación. Durante muchos años fue, sin duda, un verdadero semillero de grandes misioneros.

4.2.- Al leer la historia de nuestras Provincias y misiones llama la atención el ver cómo casi siempre, en los lugares donde fue posible, se iniciaba pronto la escuela apostólica. Era una garantía de fuente vocacional y una preocupación para crear el futuro de la Congregación.

4.3.- Por lo general se habla con cariño de esos años y una señal que refuerza lo dicho es el éxito que en muchas Provincias se tiene en las reuniones de antiguos alumnos de ella.

4.4.- Pero las circunstancias y los tiempos cambiaron y hoy, con algunas pocas excepciones, hay que decir que es algo del pasado. Quizás hubo dos aspectos no muy acertados:

a.-       Estar tan seguros que teníamos una fuente vocacional garantizada con las escuelas apostólicas que no nos preocupamos en trabajar otros campos de pastoral vocacional. Al cerrar éstas nos en­contramos con las manos vacías, inexpertos y sin capacidad afectiva y efectiva para buscar caminos nuevos en una época muy diferente y más difícil.

b.-       Suprimimos una obra que respondía a su tiempo, pero sin un proyecto serio para sustituirla.

4.5.- Sin duda, éste es un aspecto del que hemos hablado muchas veces. Aún hoy existen algunos religiosos que proponen crear algo pa­recido pero de modo "moderno ya que después que los jóvenes se han metido en los ambientes actuales es muy difícil 'desintoxicarlos"". Pero también existen muchos otros opuestos a esta idea.

4.6.- Lo cierto es que nuestros seminarios menores, casi siempre llamados "Pequeña Obra", cumplieron su misión en un tiempo deter­minado, como lo siguen cumpliendo en unos pocos sectores de la Congregación en la actualidad. Bastantes de los testimonios de este cuaderno así lo afirman.

 

5.- Promoción vocacional y formación

5.1.- En varios de los testimonios dados aparece la figura del "promotor vocacional". Ante los nuevos tiempos que vivimos, deberíamos reflexionar un poco sobre esta labor.

5.2.- No podemos tener vocaciones sin tener un contacto humano con los jóvenes. La sociedad actual es diferente a la de hace años, pero a pesar de las diferencias tendríamos que ver cómo llegar a los ambientes juveniles y cómo conectar con ellos en sus propios lugares y ambientes; cómo ofrecer respuestas, abiertas a la vida cristiana, a sus inquietudes e intereses.

5.3.- En varias Provincias tenemos apostolados que nos ofrecen la oportunidad de estar en contacto con niños y adolescentes.

¿Aprovechamos éstas oportunidades para ayudarles a vivir una experiencia personal con Cristo? La historia nos dice que muchos de los que hoy son MSC egresados de estos lugares pertenecieron a diver­sos grupos de los mismos centros que de un modo u otro les ayudaron a profundizar la fe, a experimentar una vivencia con el Señor y a abrirse a los demás, especialmente en compromisos con los más necesitados.

5.4.- Observando la diversidad de apostolados que tenemos, hay que reconocer que existe una deficiencia generalizada en el contacto humano con jóvenes que han superado sus estudios de secundaria.

5.5.- Es cierto que la edad de los miembros de varias Provincias no facilita este aspecto. Pero creemos que el amor puede superar barreras generacionales.

5.6.- En los testimonios que se nos han presentado hay un reconocimiento de que la formación se realiza compartiendo un "espíritu": el de la familia, seminario menor, grupos juveniles, novicia­do, escolasticado... Los jóvenes se forman compartiendo la vida en una comunidad. Sin esta base, una formación estructurada y disciplinada puede ser contraproducente. Para una formación efectiva es necesaria una "mística grupal" que favorezca el espíritu comunitario con las ca­racterísticas MSC. Es en la comunidad donde se contagian los ideales de la misión encarnada, liberadora e inculturada, el ansia de ser testigos del amor de Dios, el espíritu misionero, el sentido de pertenencia...

5.7.- Aparece, también, en los mismos testimonios, que en ocasi­ones la experiencia de formación en el pasado fue demasiado rígida, dura y represiva. Ciertamente no es el espíritu legalista lo típico MSC. El P. Chevalier insiste en sus cartas en superar esta actitud. La formación de aquella época pudo producir heridas en el corazón de muchos. Hoy nos parece fundamental crear espacios de vida comunitaria que sean expresión de nuestro Carisma, donde se pueda crecer en libertad inte­rior, en madurez emocional, en humanas relaciones fraternas. Como dice uno de los testimonios: "se puede descubrir al mismo Cristo es­condido en nuestra propia humanidad".

 

6.- Nuestras labores

6.1.- Directa o indirectamente se descubre una gran variedad en los trabajos realizados por los Misioneros del Sagrado Corazón. No dudamos en afirmar que donde hay una necesidad humana hay un campo de labor para nosotros. La diversidad de acción y la amplitud de campos de trabajo ha sido una de las grandes intuiciones del Fun­dador que hemos sabido realizar.

6.2.- En los testimonios recibidos aparecen algunos puntos que vale la pena reflexionar y dialogar, sobre todo mirando el futuro.

a.-     Hubo un tiempo en que se creía que con los estudios realiza­dos uno estaba preparado para todo. La "gracia de estado" era una de las doctrinas en que se apoyaban en esta etapa. Varios reconocen que no "estaban preparados", aunque hicieron lo mandado y aprendieron mucho de ello.

b.-     En muchas Provincias se abrían campos de trabajos distintos según las capacidades de las personas, manteniendo algunas obras que se consideraban necesarias y comunes. Esta postura resultó muy positiva según los testimonios leídos.

c.-  Conocemos por la historia que algunas Provincias tenían, por las circunstancias, a excepción de sus misiones, un solo campo de labor en el país. Esto ha significado una pobreza y cierta frustración en algunos. El individuo debía adaptarse a la obra sin otra posibilidad, a no ser el campo de misión ad extra al que no todos se sentían llamados.

6.3.- Con diversas palabras, la mayoría manifiesta una opción clara por los más necesitados, siendo más explícita en los de mediana edad y más jóvenes. El aspecto de encarnación en la labor pastoral parece ser una constante.

6.4.- Ante las nuevas circunstancias que vivimos y los actuales signos de los tiempos, se nos está pidiendo que dejemos obras que han perdido significatividad en el presente y nos lancemos, en fidelidad creativa, a la búsqueda de nuevos campos de acción. La capacidad para enfrentar nuevas situaciones que aparecen en estos testimonios nos estimulan a la esperanza.

 

7.- Aspectos MSC

7.1.- La acción del Espíritu Santo a través del servicio de las últi­mas Administraciones Generales en el campo de la animación y profundización del Carisma, Espiritualidad y Misión, así como de la figura del P. Chevalier, es bien visible en el testimonio de nuestros hermanos.

7.2.- Es interesante darse cuenta del cambio realizado en nuestra vida espiritual a través de los años. Los mayores son más conscientes de este cambio. Se percibe la continuidad en su experiencia del Carisma y la novedad que se inició después del Vaticano II y que se asocia con la labor del P. Cuskelly. Aparece una identificación clara con el gran regalo que el Espíritu nos dio a través de Julio.

7.3- Así como para Chevalier, la devoción al Sagrado Corazón no fue esencialmente una cuestión de prácticas devocionales, sino una relación de fe con el Hijo de Dios hecho hombre, como se revela en las Sagradas Escrituras, comprometido con los más pequeños y con la historia; así vamos creciendo en una espiritualidad bíblica, litúrgica, misionera, liberadora y encarnada en las culturas de nuestro tiempo.

7.4.- El convencimiento del amor de Dios, gratuito, compasivo, misericordioso, fuerte y valiente, constante y fiel, nos impulsa a ser testigos de su amor, y a entregarnos a la misión, fieles a la Palabra de Dios y con un corazón humano, por los más necesitados. La amabilidad, el buen humor, la acogida y la escucha con el corazón son valores que aparecen con frecuencia.

7.5.- Son visibles las ricas posibilidades de acción y de realización humana, cristiana y consagrada cuando el Carisma y la Espiritualidad y misión del Corazón se "viven en profundidad y con fidelidad creativa". "Inspiran lo cotidiano y lo transforman en la perspectiva del Reino".

7.6.- Las frases del Fundador que más aparecen, además de las relacionadas al amor de Dios revelado en el Corazón de Cristo, son:

a.-       "Cuando Dios quiere una obra, las dificultades para Él son medios..."

b.-     "En nuestra Congregación nadie es huésped ni forastero..."

7.7.- Con todo lo anterior es manifiesto el sentido de pertenencia. Algunos afirman sin ninguna duda: "Mi Congregación".

7.8.- Se da un énfasis especial en bastantes a la vida comunitaria. Son los más jóvenes quienes más hablan de ella y con más esperanza para que sean lugares donde cada uno "con relaciones fraternas, aportando sus talentos, se sienta reconocido, aceptado, escuchado, animado e interpelado".

He aquí siete puntos sobre los que se nos invita a reflexionar, dialogar en comunidad y buscar caminos nuevos para que podamos forjar un futuro en el que seamos signos claros, visibles e inteligibles del amor de Cristo en el nuevo milenio en que estamos viviendo. No somos "ni águilas ni santos" pero somos un grupo de hombres disponibles para Dios y los demás. El amor de Dios que hemos conocido se convierte en vida para nosotros y para la Iglesia, una vida cristiana con corazón humano al servicio de la gente del mundo actual, tan necesitado de amor y esperanza. El Misionero del Sagrado Corazón sabe escuchar y ser fiel a la gente, a sus necesidades más profundas; busca el modo de llevarles por el camino del corazón al Corazón de Dios que es Amor.

i i ¡Feliz sesquicentenario!!!

Roma, 25 de febrero de 2004