ALREDEDOR DEL
ESTATUTO DEL CAMINO NEOCATECUMENAL
 

Ante la aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal
El redescubrimiento
del catecumenado

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Para entender el significado de la aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal es necesario tener en cuenta algunas etapas históricas fundamentales que la han precedido:
Nuestro Papa Juan Pablo II, por su experiencia personal de la dictadura nazi, y luego de la comunista, ve la Iglesia circundada por una nueva ola de paganismo expresado en las ideologías totalitarias del siglo XX. En muchos discursos o actos de su pontificado, resuena la memoria histórica de aquel apocalipsis realizado, experimentado en su persona, que fue la tragedia de la segunda guerra mundial, los lager, los gulag, los millones de muertos, las terribles injusticias. Decía Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud en Tor Vergata, en agosto de 2000: «En el curso del siglo que acaba, jóvenes como vosotros eran convocados a reuniones multitudinarias para aprender a odiar, eran enviados a luchar unos contra otros. Los diversos mesianismos secularizados, que han intentado sustituir la esperanza cristiana, han demostrado ser verdaderos y auténticos infiernos».

La Iglesia y los cristianos son llamados a responder al peligro de una nueva barbarie mucho más grave que la antigua. Para el Papa, reevangelizar significa alejar el fantasma de un nuevo apocalipsis que amenaza destruir al hombre y a la sociedad.
Por su formación filosófica, está atento a los fenómenos reales y, por tanto, al hecho de que la fe cristiana debe manifestar una nueva forma de vida, un nuevo modo de amar y de ser libre, no sólo un credo religioso. En el núcleo del pontificado de Juan Pablo II, encontramos la visión de una Iglesia que, liberada de dudas o autocomplacencias y dejando atrás todo triunfalismo, anima un impulso evangelizador, la nueva evangelizacion, para reevangelizar países tradicionalmente cristianos, pero que están volviendo a caer en el paganismo.

En 1952, don Karol, joven sacerdote, escribió un articulo extraordinario por su actualidad: Catecumenado del siglo XX. Reflexionando sobre la Vigilia Pascual, examina los signos que manifestan la resurrección de Cristo: la luz, que brota radiante de la resurrección y permite contemplar la nueva vida, y el agua, el paso del mar Rojo, símbolo del paso de la muerte a la vida. Por esto, en el centro de la noche está el Bautismo, que es la posibilidad de un cambio de naturaleza, preparado por el catecumenado. «Esta noche –escribe– los catecúmenos deben nacer de nuevo. ¿Puede quizá nacer de nuevo quien ya está vivo? ¿Puede quizá existir una vida que no se ha experimentado hasta ese momento? Porque creer en el Dios que Cristo anuncia como su Padre no es sólo creer, sino nacer de nuevo; sabemos que nos adherimos no sólo a una confesión, a una religión, sino que recibimos una vida nueva».
Uno de los padres conciliares que más contribuyó al redescubrimiento de la iniciación cristiana, y por tanto del catecumenado, fue un joven obispo polaco, entonces auxiliar de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla. En su intervención, en el aula conciliar, en 1962, en la discusión sobre el texto de la constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, sostuvo tesis que, en aquella época, eran revolucionarias: «La iniciación cristiana no se hace sólo con el Bautismo, sino a través de un catecumenado durante el que la persona adulta se prepara a vivir su vida como cristiano. Por eso, es evidente que la iniciación es algo más que la mera recepción del Bautismo».
Para monseñor Wojtyla este redescubrimiento del catecumenado, que ampliaba el concepto tradicional de la iniciación cristiana, era de la «máxima importancia, sobre todo en nuestra época, cuando incluso las personas ya bautizadas no han sido suficientemente iniciadas a la completa verdad de la vida cristiana». Incluso siendo testigo de la fe de la Iglesia polaca, él veía, sin embargo, con claridad la fragilidad de la cristiandad frente a la secularización y a la apostasía del hombre moderno. «Ciertamente nosotros hoy –decía el Papa en un Encuentro con las comunidades neocatecumenales de la parroquia de Santa María Goretti–, en los países de la vieja cristiandad, sobre todo en los países de Europa, advertimos el agotamiento interno de nuestro cristianismo, que debería ser el fruto de nuestro Bautismo. Estamos viviendo en un período de descristianización; parece que los creyentes, los bauti-zados hace tiempo, no están suficientemente maduros para oponerse a la secularización, a las ideologías contrarias no solamente a la Iglesia, a la religión católica, sino a la religión en general, ideologías que son ateas, e incluso antiteístas».
Subrayaba, por tanto, dos aspectos profundamente nuevos:
- Que el catecumenado no era una catequesis doctrinal (como en general era vista la preparación al Bautismo en aquel tiempo), sino un proceso existencial de inserción en la nueva naturaleza de Cristo, caracterizada por la capacidad de amar incluso a los enemigos.
- Que el catecumenado, es decir, el proceso que preparaba al Bautismo, era tan esencial para el proceso de iniciación como el sacramento mismo.
Analizando la Iglesia primitiva, Wojtyla descubre, por tanto, que al centro de la evangelización estaba el testimonio personal y el catecumenado. Precisamente porque se encuentra de nuevo en un mundo pagano, la Iglesia debe recuperar el catecumenado que, en la Iglesia primitiva, era el eje de la evangelización.

El catecumenado, incluso para bautizados
Al término del debate conciliar sobre la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, una de las decisiones más importantes del Concilio –quizá poco notada en aquel momento– fue precisamente la de restablecer el catecumenado de los adultos como un proceso de gestación para recibir gradualmente una vida nueva (Sacrosanctum Concilium, 64). Esta decisión condujo algunos años después, en 1972, a la promulgación del Ordo Initiationis Christianae Adultorum (OICA), es decir, del Ordo o esquema que regula el proceso de la iniciación al Bautismo de los adultos. En su capítulo IV propone incluso la utilización de algunos ritos, propios del catecumenado, para la catequesis de adultos bautizados pero no suficientemente catequizados.
En los años sucesivos este punto, todavía marginal, empezó a tomar cada vez mayor importancia en los documentos magisteriales. Pablo VI, en 1975, en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, en el párrafo 44, concluía: «Es ya evidente que las condiciones actuales hacen cada vez más urgente que la instrucción catequética sea dada en forma de un catecumenado». Posteriormente, en 1979, Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Catechesi tradendae, en el párrafo 44, había dicho: «Nuestra preocupación pastoral y misionera se dirige a quienes, a pesar de haber nacido en un país cristiano, e incluso en un contexto sociológicamente cristiano, nunca han sido educados en su fe y, como adultos, son verdaderos catecúmenos».


Finalmente, el Catecismo de la Iglesia católica, publicado en el año 1992, en el número 1231, ha formulado explícitamente la necesidad de un catecumenado post-bautismal para todos los bautizados: «Por su naturaleza misma, el Bautismo de los niños exige un catecumenado postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una instrucción posterior al Bautismo, sino del necesario desarrollo de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona».
En pocos años se ha pasado del capítulo IV del OICA, que sugería sólo la posibilidad de usar algunas partes del catecumenado para los adultos ya bautizados pero no suficientemente catequizados, a una formulación que propone, para todos los que han sido bautizados de niños, la necesidad de un catecumenado post-bautismal.


No sólo el magisterio ha acogido las ideas expresadas por don Karol Wojtyla como joven sacerdote, y después en el aula conciliar, sino que la restauración del catecumenado para los bautizados ha llevado a formular la necesidad de que los cristianos ya bautizados redescubran la fe a través de un itinerario catecumenal, de manera de que sean capaces de responder a los desafíos actuales. Así, un documento que restablecía un proceso olvidado durante siglos para el Bautismo de los paganos, ha acabado por ser central en la vida de los bautizados. Mientras monseñor Wojtyla y el Concilio, y posteriormente el Magisterio, redescubrían la centralidad del catecumenado en el proceso de evangelización de los no bautizados y, gradualmente, también de los bautizados, en un barrio de barracas de la periferia de Madrid estaba teniendo lugar una experiencia concreta de catecumenado post-bautismal, gracias al trabajo conjunto de Kiko Argüello y Carmen Hernández. Kiko Argüello, un pintor español, tras una crisis existencial, descubrió en el sufrimiento de los inocentes el tremendo misterio de Cristo crucificado, presente en los últimos de la tierra. Esta experiencia le llevó a dejarlo todo y, siguiendo las huellas de Charles de Foucauld, se fue a vivir entre los pobres de las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de Madrid. Carmen Hernández, también española, licenciada en química, que había estado en contacto con la renovación del Concilio Vaticano II a través de monseñor Pedro Farnés Scherer (liturgista) y que, llamada por el obispo, estaba tratando de formar un grupo para evangelizar a los mineros de Oruro (Bolivia), conoció a Kiko Argüello.

El Camino, fruto del Vaticano II
El temperamento artístico de Kiko, su experiencia existencial, su formación como catequista en los Cursillos de Cristiandad, el impulso de evangelización de Carmen –formada en el Instituto de las Misioneras de Cristo Jesús–, su preparación teológica (licenciada en Teología) y su conocimiento del Misterio Pascual y de la renovación del Concilio Vaticano II, unido al ambiente de los más pobres de la tierra, constituyeron el humus, el laboratorio, que dio lugar a una síntesis kerigmática, teológico-catequética, que es la columna vertebral de este proceso de evangelización de adultos, en que consiste el Camino Neocatecumenal.
Mediante la colaboración de Kiko y Carmen, empezó a tomar cuerpo un itinerario de formación de tipo catecumenal. Este modo concreto de realizar un catecumenado post-bautismal llegó a conocimiento de la jerarquía, en primer lugar del arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, quien, visitando las barracas, constató la acción del Espíritu Santo y lo bendijo, viendo en él una actuación del Concilio, en el que había participado como uno de sus Secretarios Generales.
Posteriormente, en 1972, el neocatecumenado fue estudiado a fondo por la Congregación para el Culto Divino que estaba a punto de publicar el OICA. El entonces Secretario de la Congregación, monseñor Annibale Bugnini, y el grupo de expertos que estaban con él, quedaron impresionados al ver que lo que estaban elaborando desde hacía algunos años sobre el catecumenado para los adultos, el Espíritu Santo, partiendo de los pobres, lo estaba ya llevando a la práctica. Después de dos años de estudio de la praxis litúrgico-catequética del Camino Neocatecumenal, publicaron en Notitiae, la revista oficial de la Congregación, una nota laudatoria de la obra que estaba desarrollando el Camino Neocatecumenal en las parroquias, reconociendo en éste un don del Espíritu Santo para llevar a la práctica el Concilio. Con la Congregación se acordó el nombre: Neocatecumenado o Camino Neocatecumenal.
En 1974, diez años después del nacimiento del Camino, el Papa Pablo VI recibía en audiencia a Kiko, Carmen y al padre Mario con los párrocos y catequistas, reunidos en Roma, y, frente a algunas acusaciones que insinuaban sospechas de anabaptismo, de querer repetir el Bautismo, el Papa replicaba con gran fuerza y claridad: «Vivir y promover este despertar es lo que vosotros llamáis una forma de después del Bautismo que podrá renovar, en las comunidades cristianas de hoy, aquellos efectos de ma-durez y de profundización que en la Iglesia primitiva se realizaban en el período de preparación al Bautismo. Vosotros lo hacéis después: antes o después, diría, es secundario. El hecho es que vosotros miráis a la autenticidad, a la plenitud, a la coherencia, a la sinceridad de la vida cristiana, y esto es un mérito grandísimo, repito, que nos consuela enormemente».
El 5 de septiembre de 1979, Juan Pablo II, elevado poco antes al pontificado, se encontró personalmente con Kiko, Carmen y el padre Mario, y les invitó a la Misa celebrada por él en Castelgandolfo. Este encuentro representó para el Papa una respuesta concreta a su intuición sobre la centralidad del catecumenado para la nueva evangelización: después de la Misa, dijo que, durante la celebración, pensando en ellos, había visto: ateísmo-bautismo-catecumenado, expresando la convicción de que, frente al ateísmo, el Bautismo tenía necesidad de ser redescubierto a través de un catecumenado.
El 2 de noviembre de 1980, tuvo lugar el primer encuentro público de Juan Pablo II con Kiko, Carmen y el padre Mario en la parroquia romana de los Mártires Canadienses, que había sido la primera en Italia donde, doce años antes, se había abierto el Camino Neocatecumenal. Hablando a las comunidades neocatecumenales, el Papa dijo: «Vivimos en un período de enfrentamiento radical que se impone por todas partes: fe y anti-fe, Evangelio y anti-Evangelio, Iglesia y anti-Iglesia, Dios y anti-Dios; no puede existir un anti-Dios, pero se puede crear en el hombre la negación radical de Dios. En nuestra época tenemos necesidad de redescubrir una fe radical, radicalmente entendida, radicalmente vivida y radicalmente realizada. Yo espero que vuestra experiencia haya nacido en esta perspectiva y pueda llevaros a una sana radicalización de nuestro cristianismo, de nuestra fe, a un auténtico radicalismo evangélico».

Radicalismo evangélico
El 31 de enero de 1988, en el encuentro con las comunidades neocatecumenales de la parroquia romana de Santa Maria Goretti, Juan Pablo II formuló, con mayor precisión aún, la importancia del neocatecumenado para la Iglesia: «A través de vuestro Camino y de vuestras experiencias, se ve qué tesoro ha sido para la Iglesia el catecumenado como método de preparación para el Bautismo. Cuando nosotros estudiamos el Bautismo, vemos más claramente que la práctica en el día de hoy es cada vez más insuficiente, superficial. Sin el catecumenado previo, esta práctica es insuficiente, inadecuada, para el gran misterio de la fe y del amor de Dios que es el sacramento del Bautismo. Yo veo así la génesis del neocatecumenado: uno –no sé si Kiko o algún otro– se ha preguntado: ¿De dónde le venía la fuerza a la Iglesia primitiva? ¿Y de dónde proviene la debilidad de la Iglesia, mucho más numerosa, de hoy? Y yo creo que ha encontrado la respuesta en el catecumenado, en este Camino. Hay una manera, pienso, de reconstruir la parroquia basándose sobre la experiencia neocatecumenal». Aquí nos importa sólo resaltar que la aprobación de los Estatutos es el final de un largo proceso, que ha llevado al magisterio de la Iglesia a ver, cada vez más, la necesidad de reevangelizar a los bautizados, y a reconocer en el Camino Neocatecumenal un instrumento idóneo para este fin. El reconocimiento del Camino Neocatecumenal es, pues, una de las actuaciones concretas de las indicaciones del Magisterio, y el cumplimiento de una de las exigencias más sentidas por Juan Pablo II.

Al servicio de la nueva evangelización

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Kiko Argüello, fue el iniciador del Camino Neocatecumenal, nueva realidad eclesial surgida en 1964, en las barracas de Palomeras Altas de Madrid. Siguen este Camino hoy un millón de personas en 16.700 comunidades esparcidas en 105 países, en 883 diócesis y 4.950 parroquias.

Jesús Colina. Roma

Veinticuatro horas después de que la Santa Sede reconociera oficialmente los Estatutos del Camino Neocatecumenal, la pasión por Cristo que caracteriza a Kiko Argüello parecía más desbordante todavía. «En una sociedad, como la europea, que se encamina hacia la apostasía –explica en esta entrevista concedida a Alfa y Omega–, Juan Pablo II con este gesto, está ofreciendo a los obispos una ayuda para que los cristianos redescubran la gracia del bautismo». Por primera vez en sus más de dos mil años, la Iglesia ha reconocido un «catecumenado post-baustismal».


Kiko, ¿qué significa este reconocimiento?
Es algo muy importante. Significa que la Santa Sede reconoce el trabajo que hemos realizado durante tantos años. Pero lo que me parece más importante es que ha definido el camino como un catecumenado post-bautismal. Siempre he dicho que, durante tres siglos, la Iglesia tuvo un catecumenado serio. Los catecúmenos tenían que demostrar antes de ser bautizados que tenían fe, que Cristo resucitado estaba dentro de ellos. Aquellos cristianos no tenían templos, no tenían iglesias, pero tenían vida, y así convirtieron al Imperio Romano.
Hoy nos encontramos ante retos como los de los primeros cristianos. En el contexto de la globalización, estamos constatando, por ejemplo, la apostasía de Europa. La cuestión consiste, por tanto, en formar al hombre celeste. ¿Lo estamos logrando?

¿Que cambia para el Camino después de la aprobación de sus Estatutos?
No cambia nada. Esperamos que los obispos tengan menos reticencias. El gran reto consiste en la nueva evangelización. Tenemos que reevangelizar España.

¿Qué le dirías a un obispo que es reticente a acoger en su diócesis a las comunidades neocatecumenales?
Que escuche a Pedro. Que no tenga miedo. Estamos reconstruyendo familias. El demonio ataca a la sociedad hoy día atacando a las familias. En nuestras comunidades, las familias viven en unidad.

El Camino es precisamente un camino. Ahora con el reconocimiento oficial de estos Estatutos, ¿no se corre el riesgo de petrificar este caminar?

Este problema se ha evitado, pues los Estatutos son muy sencillos y esenciales. Gracias a Dios la Santa Sede nos ha respetado mucho. No hay juridicismos. A los Estatutos se les añadirá un Directorio que son treinta años de catequesis, que la Santa Sede está revisando. Y por el momento nos han felicitado por la ortodoxia y, sobre todo, por la antropología profunda que reflejan. Obviamente, habrá que hacer también algún retoque. Nosotros hemos respetado y hemos obedecido a todo lo que nos han pedido. Hemos visto en la Iglesia que es una madre. La Santa Sede se da cuenta de la necesidad que hoy tienen los obispos de contar con un instrumento para ayudar a los obispos.

¿Qué es el Camino para Juan Pablo II?
La primera vez que fuimos a ver al Papa, en Castel Gandolfo, el 5 de septiembre de 1979, nos invitó a Misa y, al final, nos dijo que, al pensar en nosotros, había visto ante sí tres palabras: ateísmo, bautismo, catecumenado.
Hoy, después de tantos años, vemos qué significaba esto. El Papa había comprendido qué era el ateísmo europeo, el ateísmo moderno, mientras que los bautizados se contentaban con ir a misa el domingo; hacía falta un refuerzo. «¿Dónde estaba la fuerza de la Iglesia primitiva?», preguntó una vez en una parroquia al encontrarse con algunas comunidades neocatecumenales. «¿Dónde estaba la fuerza de los primeros cristianos ante el paganismo? Y, ¿dónde está la debilidad hoy?» En aquella ocasión, dijo: «Vosotros habéis encontrado la respuesta en el catecumenado». Esto es lo que ahora reconoce la Iglesia, y creo que es la base de estos Estatutos, pues es la primera vez que la Iglesia en sus dos mil años reconoce un catecumenado para después del bautismo (post-bautismal) ofrecido a los obispos. Por eso, no somos una asociación, un movimiento o una congregación, sino un instrumento al servicio de los obispos.

¿Cuál es el auténtico desafío del cristianismo en estos momentos?

Tenemos que demostrar al mundo la Buena Nueva Cristo crucificado, las bienaventuranzas: dar de comer al hambriento, perdonar al enemigo.... La Iglesia primitiva lo logró. Dios puso a los primeros cristianos en el candelero, el candelero de la persecución. Hoy nos encontramos en una situación parecida. Estaremos rodeados de mezquitas y templos budistas. ¿Sabes cuántos miles de italianos se están convirtiendo al budismo? Los cristianos hoy tienen que amar al mundo «como Yo os he amado». Dios sufrió por nuestra propia salvación. En este amor, el mundo creerá, pero para llegar a este amor hace falta un camino de fe, no sólo la misa del domingo. Según los estudios de los sociólogos, la gente ve cuatro horas de televisión al día. Ésta es la catequesis que recibe hoy la gente. Y, en buena parte, son contenidos anticristianos.
Los Estatutos del Camino Neocatecumenal vistos por un canonista
Observaciones del profesor Juan Ignacio Arrieta

CIUDAD DEL VATICANO, 28 junio 2002 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el comentario que ha escrito el profesor Juan Ignacio Arrieta, Profesor de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Juez del Tribunal eclesiástico del Estado Ciudad del Vaticano, Referendario de la Signatura Apostólica, Consultor de varios Dicasterios de la Curia Romana, entre ellos del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, miembro del Directivo de la Asociación internacional de canonistas «Consociatio Internationalis Studio Iuris Canonici Promovendo».


Con Decreto del Pontificio Consejo para los Laicos, el pasado día 29 de junio han sido aprobados los Estatutos del Camino Neocatecumenal. Se cierra así un interesante proceso de reflexión institucional sobre la realidad de la vida del Camino, llevada a cabo con el aliento y la bendición de su Santidad Juan Pablo II, que desde hace años ha venido urgiendo para que se completaran cuanto antes los trabajos y el Camino Neocatecumenal recibiera en el derecho de la Iglesia una expresión jurídica conforme con la realidad apostólica que representa.

Como se recordará, fue el mismo Papa quien el pasado año, con carta del 5 de abril dirigida al Cardenal Stafford, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, confirió a ese dicasterio de la Curia Romana la misión de llevar a término el proceso de aprobación jurídica de los Estatutos del Camino, otorgándole para ello la necesaria competencia en relación con los demás dicasterios de la Curia interesados. La elaboración de los Estatutos del Camino se ha llevado a cabo, por tanto, en estrecho diálogo y colaboración entre ese dicasterio y los responsables del Camino, y por ello también el texto final se aprueba ahora con decreto de ese Pontificio Consejo, que ejercita así el mandato del Santo Padre. En aquella carta del pasado año, el Papa expresaba además su voluntad de que una vez aprobados estos Estatutos, y aunque no se trate en este caso de una asociación internacional de fieles, fuera el Pontificio Consejo para los Laicos el que, entre todos los organismos de la Santa Sede, continuara acompañando la actividad apostólica del Camino Neocatecumenal.

El texto del documento aprobado «ad experimentum» por un periodo de cinco años --elemental prudencia que suele seguir la Curia Romana cuando se trata de dar configuración jurídica de cualquier institución--, muestra con claridad que la principal tarea realizada en estos años de elaboración estatutaria ha consistido en reflejar ordenadamente por escrito, con terminología jurídica y con la fidelidad más plena, la concreta experiencia de vida cristiana que supone el Camino Neocatecumenal, tal como ha venido tomando cuerpo desde los años sesenta en los cinco continentes. Estos Estatutos no son más que la expresión sintética de una realidad que ya es vida en la Iglesia, haciendo una vez más realidad el fenómeno, por demás inevitable en la Iglesia -y hasta necesario en muchas ocasiones-, de que la vida preceda al Derecho. Por eso, la aprobación de estos Estatutos por parte del Pontificio Consejo, que actúa a nombre del Papa, representa ante todo la confirmación de una praxis apostólica viva y ya consolidada a lo largo de estos años.

Un programa de formación: no una asociación
Los Estatutos del Camino Neocatecumenal que acaban de aprobarse son un texto de 35 artículos agrupados en seis títulos, más una disposición final relativa al proceso de revisión estatutaria. El articulado se centra fundamentalmente en señalar los contenidos centrales de la catequesis que se imparte en el Camino, la modalidad y los tiempos de transmitirlo, así como la organización de esa catequesis en los distintos niveles y las relaciones con la autoridad de la Iglesia en cada lugar. El cuerpo normativo está acompañado de más de un centenar de notas con referencias, sobre todo a textos de la Escritura, de los Padres o del Magisterio que en estos años han resultado fundamento donde construir concretos aspectos de esta experiencia de vida cristiana. De ahí que estas notas, en diálogo con el testo, resulten de singular importancia para interpretar adecuadamente el sentido de los artículos que pertenecen al cuerpo del Estatuto.

En estos Estatutos, el Camino Neocatecumenal no viene considerado ni como asociación, ni como movimiento o tipo de agregación de personas que establecen entre ellas algún tipo de vínculo formal para alcanzar objetivos determinados en la Iglesia. Quien conoce el Camino sabe que nada de eso corresponde con la realidad de su experiencia apostólica; es más, quien esté debidamente informado comprende que, en este caso concreto, una opción canónica de tipo asociativo hubiera alterado elementos básicos del Camino, comprometiendo aspectos esenciales de su dinamismo apostólico. De ahí que, más que señalar una u otra figura jurídica ya tipificada en el derecho codificado de la Iglesia, estos Estatutos se imiten a presentar la expresión jurídica de la realidad vivida en el Camino, en el contexto, obviamente, de los postulados y exigencias propias de la estructura de la Iglesia y del ordenamiento canónico.

Si nos preguntamos, por tanto, cuál es la forma jurídica concreta del Camino Neocatecumenal que resulta de estos Estatutos, tras una atenta lectura del documento, habría que responder con toda sencillez, que lo que contiene el texto ahora aprobado no es sino un «Camino Neocatecumenal». Es lo que señala el artículo primero de los Estatutos, usando una expresión, realmente definitoria, empleada por el Papa Juan Pablo II en una carta fechada el 30 de agosto de 1990, que fue también publicada en el «Acta Apostolicae Sedis» (82 [1990] 1515): «Reconozco el Camino Neocatecumenal -decía entonces el Papa, y reproduce ahora el artículo 1º- como un itinerario de formación católica, válido para la sociedad y para los tiempos actuales».

En efecto, los presentes Estatutos constituyen una especie de directorio catequético en el que se describe un programa o, si se quiere, un itinerario de formación integral del cristiano, de naturaleza litúrgico-catequetico -porque hace hincapié, sobre todo, en una experiencia litúrgica personal y en una formación catequética encarnada en la vida del cristiano -, y contiene además todas las indicaciones fundamentales sobre cómo organizar, dirigir e impartir ese concreto programa formativo. Un programa de formación que se pone a disposición de cada obispo diocesano, que es la autoridad a la que, según el derecho canónico (can. 775 § 1 CIC), corresponde coordinar las iniciativas de catequesis en la respectiva diócesis. Al mismo tiempo, en garantía de autenticidad del programa y método de formación, y para mantener los necesarios contactos con la autoridad de la Iglesia en los distintos niveles, la guía y la coordinación de la actividad del Camino viene confiada por la Santa Sede a un Equipo Responsable internacional.

Se comprenderá de lo dicho que el articulado de estos Estatutos no haya perseguido delinear elementos formales --nuevos derechos y deberes, que en realidad no existen-- para quienes siguen ese itinerario formativo, y que se centre, en cambio, en señalar pura y simplemente los contenidos que deben transmitirse y los modos de impartir esa formación. No se trata con ello de negar la evidencia de que también el Camino Neocatecumenal representa de hecho una agregación de personas: baste pensar en la constitución de las pequeñas comunidades a nivel parroquial que se mantienen sustancialmente estables a lo largo del tiempo. Lo que debe advertirse, sin embargo, es que ese fenómeno, en el caso del Camino, no es de tipo asociativo. Es lo mismo que sucede, por ejemplo, en estructuras formativas como una academia de idiomas o en una escuela de cualquier género. En tales realidades, ciertamente, se reproduce un sistema de relación estable entre los alumnos que siguen de año en año los cursos, sin que por eso venga a establecerse relaciones de relevancia jurídica entre ellos, por intensa que sea la relación humana entre los componentes del curso. Y por otro lado, en esa academia de idiomas, por ejemplo, habrá de seguirse un programa de enseñanza determinado, y quienes la impartan, los profesores y los directivos de la escuela, deberán atenerse una metodología claramente establecida, aceptando ciertamente las obligaciones que derivan de la posición de formación o de dirección que ocupan.

De modo semejante, en el itinerario de formación que representa el Camino Neocatecumenal no se constituyen relaciones jurídicas nuevas, distintas de las que todo fiel cristiano tiene por pertenecer a la Iglesia. Por eso, en estos Estatutos no se encontrará un elenco de derechos y deberes de quienes se benefician de su actividad, y en cambio sí hay una indicación bastante precisa de las tareas que deben desempeñar los catequistas o quienes, con toda libertad, forman los equipos responsables a los distintos niveles. Como digo, todo ello es una estricta consecuencia de la naturaleza propia del Camino, que en absoluto responde a las características de una asociación.


La estructura de los Estatutos
Dicho esto, tratemos de describir en extrema síntesis el contenido de esos Estatutos ahora aprobados. El título primero lleva por título «Naturaleza y la actuación del Camino Neocatecumenal», y se compone de cuatro artículos que trazan los aspectos organizativos centrales del Camino, en sintonía con cuanto el Papa Juan Pablo II ha afirmado en todo momento acerca de la identidad de esta experiencia cristiana.

El primer artículo indica que el Camino Neocatecumenal consiste en una serie de instrumentos o bienes espirituales -itinerario catequético, educación permanente, servicio de la catequesis, etc.- puestos al servicio de los Obispos como una modalidad para actuar en la diócesis la iniciación cristiana y la educación permanente en la fe, según las indicaciones del Magisterio de la Iglesia, en espíritu de comunión y servicio al Ordinario del lugar y a toda la Iglesia. Esta formación se actúa en las diócesis bajo la dirección del Obispo diocesano, y obviamente también con la guía del Equipo responsable internacional del Camino, que la Santa Sede ha indicado como garante ante la Iglesia de la identidad de esa formación.

El título segundo, llamado «El Neocatecumenado o catecumenado postbautismal», con sus 16 artículos distribuidos en cuatro capítulos, constituye por así decirlo el eje central sobre el que se vertebra el Estatuto, y representa una sintética y puntual enucleación de los contenidos catequeticos, elementos formativos, y del ritmo temporal en que esa formación se transmite. En este título se describen los elementos fundamentales del neocatecumenado -destinatarios, actuación en las parroquias etc.-, el inicio del itinerario formativo, su desarrollo a través de la Palabra, la Liturgia y la Comunidad, y la descripción general de las tres distintas fases previstas a lo largo del tiempo en el itinerario de formación.

Del grupo de artículos de este segundo título cabe mencionar la referencia a la «Iniciación y formación a la vocación sacerdotal», donde encontramos una alusión puntual a los seminarios diocesanos «Redemptoris Mater», útil para comprender sus rasgos esenciales y su relación con el Camino Neocatecumenal. Inicia el artículo 18 citando un pasaje del «Directorio general para la catequesis» (n. 86) en el que se recuerda que el Camino, como cualquier itinerario de catequesis constituye «un medio para suscitar vocaciones sacerdotales y de particular consagración a Dios en las diversas formas de vida religiosa y apostólica y para encender en el corazón de cada uno la especial vocación misionera». Ese es el preciso contexto apostólico donde surge la relación del Camino con los seminarios «Redemptoris Mater»: seminarios erigidos por voluntad de los respectivos Obispos diocesanos interesados, de acuerdo con los responsables del Camino, y según normas aprobadas por el respectivo Obispo diocesano conforme a la vigente Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis. Se trata, por consiguiente, de seminarios diocesanos para la formación de candidatos al sacerdocio, que se incardinarán luego en servicio de la respectiva diócesis, cuya sola peculiaridad radica en el hecho de que la participación al Camino Neocatecumenal constituye un elemento específico del «iter» formativo que en ellos se imparte. Es obvio entonces que tales seminarios deben quedar al margen de los presentes Estatutos, y que les sean de aplicación, en todo, las normas universales de la Iglesia sobre la formación de los candidatos al sacerdocio y sobre la incardinación de los clérigos seculares.

El tercer título del Estatuto considera la colaboración en la renovación de la vida de la parroquia prestada por las comunidades que han terminado ya el itinerario que propone el Camino, y que entran entonces en un proceso de educación permanente de la fe. El título cuarto se dedica al caso particular del catecumenado bautismal, a la especial atención que requieren los catecúmenos y los neófitos.

Los títulos quinto y sexto de los Estatutos vuelven a centrarse en aspectos organizativos y en el modo de impartir la catequesis. Bajo el nombre de «Modalidad de servicio de la catequesis», el quinto capítulo trata principalmente de los sujetos llamados a intervenir en las diócesis en el seguimiento de la actividad del Camino. Se trata, en primer lugar, del Obispo diocesano, a quien compete autorizar la actuación del Camino en la diócesis, vigilar para que se desarrolle conforme las exigencias del Derecho, presidir los ritos de particular relieve, procurar la continuidad pastoral en las parroquias, etc. El texto se ocupa después del cometido que desempeñan los párrocos y los presbíteros que ejercen la cura pastoral de quienes siguen el itinerario neocatecumenal, que no son, de ordinario, sacerdotes formados en seminarios «Redemptoris Mater». Luego pasa el texto a hablar de los catequistas y de su formación, de los itinerantes -catequistas y presbíteros- que se ofrecen en respuesta a la llamada de diócesis lejanas, y de las familias en misión que, a petición de los Obispos, se establecen en zonas descristianizadas o allí donde sea necesario realizar la «implantatio Ecclesiae».

En fin, el título sexto contiene dos artículos relativos a la composición actual del denominado «Equipo responsable internacional del Camino», y a la sustitución futura de sus componentes mediante elección. Como se sabe, en la actualidad el Equipo responsable está integrado por los iniciadores del camino -Kiko Arguello y Carmen Hernández- y por don Mario Pezzi, sacerdote del clero diocesano de Roma. La norma prevé que, en un futuro, tras la desaparición de los iniciadores, un colegio de varias decenas de personas, procedan a la elección de quienes, tras la confirmación de la Santa Sede, habrán de asumir esas funciones por periodos de siete años.

Hay también una norma -el artículo 4- que contempla la dimensión económica de esta actividad apostólica. En él se sienta el principio general de que el Camino Neocatecumenal no dispone de patrimonio proprio, y que se actúa en las diócesis mediante servicios prestados a título gratuito, haciendo frente a las limitadas necesidades que surjan mediante colectas espontáneas. La sola excepción a esta regla surge ante la eventualidad de sostener iniciativas apostólicas de mayor entidad, para lo cual, el Obispo diocesano más directamente interesado, a petición del Equipo responsable internacional, habrá de valorar la oportunidad de erigir una fundación autónoma diocesana, con personalidad jurídica y propios estatutos, que haga frente a dichas necesidades.

Esta podría ser una síntesis del contenido de los Estatutos que acaban de ser aprobados con decreto del Pontificio Consejo para los laicos. Decreto y Estatutos son, por tanto, los dos documentos ahora publicados.

Resulta evidente que, como predecía el Papa en la carta al cardenal Stafford varias veces mencionada, la conclusión de estos Estatutos establezca una clara y segura regla de vida para el Camino Neocatecumenal, constituyendo para el Camino, y para los fieles cristianos en general, un momento que se vive con gran alegría y vivo agradecimiento a Dios y a la Iglesia. Este texto constituye «nuevo punto de partida -concluía el Papa aludiendo al n. 30 de la exhortación apostólica «Christifidelis laici»-, que es signo visible de una identidad eclesial madura».

 

COMUNICATO DEL PONTIFICIO CONSIGLIO PER I LAICI: APPROVAZIONE DELLO STATUTO DEL CAMMINO NEOCATECUMENALE (VENERDÌ 28 GIUGNO 2002) , 26.06.2002


COMUNICATO DEL PONTIFICIO CONSIGLIO PER I LAICI: APPROVAZIONE DELLO STATUTO DEL CAMMINO NEOCATECUMENALE (VENERDÌ 28 GIUGNO 2002)

Venerdì 28 giugno 2002, alle ore 11.00, nell'aula magna del Pontificio Consiglio per i Laici avrà luogo la consegna del decreto di approvazione dello Statuto del Cammino Neocatecumenale all'équipe responsabile internazionale del medesimo, composta dal Sig. Francisco (Kiko) Argüello, la Sig.na Carmen Hernández e il presbitero don Mario Pezzi. L'atto sarà presieduto da Sua Eminenza il Cardinale James Francis Stafford, Presidente del Pontificio Consiglio per i Laici. Vi prenderanno anche parte S.E. Mons. Stanislaw Rylko e il Prof. Avv. Guzmán Carriquiry, rispettivamente Segretario e Sotto-Segretario del dicastero. Saranno anche presenti a questa cerimonia una quarantina di catechisti del Cammino provenienti da diversi paesi del mondo.

Si tratta certamente di un evento di notevole portata ecclesiale, in quanto il Cammino Neocatecumenale, sorto in Spagna nel 1964, è ormai diffuso in più di cento paesi del mondo, alcuni dei quali in territori di missione. Nel solco del rinnovamento suscitato dal Concilio Vaticano II, il Cammino si pone al servizio dei Vescovi diocesani e dei parroci come una modalità di riscoperta del sacramento del Battesimo e di educazione permanente nella fede, proposta ai fedeli che desiderano ravvivare nella loro vita la ricchezza dell'iniziazione cristiana, percorrendo questo itinerario di catechesi e di conversione. Il Cammino Neocatecumenale è inoltre uno strumento per l'iniziazione cristiana degli adulti che si preparano a ricevere il Battesimo.

Nell'udienza concessa dal Santo Padre il 24 gennaio 1997, agli iniziatori del Cammino, accompagnati da un numeroso gruppo di catechisti, laici e sacerdoti, rientrati da un raduno tenuto sul Monte Sinai, Giovanni Paolo II ebbe a dire che la stesura dello Statuto per il Cammino "è un passo molto importante che apre la strada verso il suo formale riconoscimento giuridico, da parte della Chiesa, dando a voi una ulteriore garanzia dell'autenticità del vostro carisma", incoraggiandoli a portare avanti questo lavoro sotto la guida del Pontificio Consiglio per i Laici.

Il 5 aprile 2001, con lettera indirizzata a Sua Eminenza il Cardinale James Francis Stafford, Presidente dei Pontificio Consiglio per i Laici, il Sommo Pontefice, mentre ribadiva la suddetta esigenza, riconfermava la competenza del dicastero nell'approvazione dello Statuto del Cammino Neocatecumenale e al contempo affidava alla sua sollecitudine l’accompagnamento futuro del medesimo.

Gli iniziatori del Cammino, insieme ai loro collaboratori, si sono instancabilmente impegnati con il Pontificio Consiglio per i Laici, affinché potesse essere conseguito lo scopo indicato dal Santo Padre. Durante questi cinque anni, il Pontificio Consiglio per i Laici ha sempre operato in stretta collaborazione con gli altri dicasteri della Curia Romana direttamente interessati alla questione, in ragione e nell'ambito delle rispettive competenze.

Numerosi sono stati, inoltre, i contatti con singoli Presuli, nonché Conferenze Episcopali di tutto il mondo, per la valutazione dell'esperienza del Cammino a livello parrocchiale, diocesano e nazionale, mentre numerosi Patriarchi, Cardinali e Vescovi del mondo intero hanno scritto al Santo Padre per incoraggiare l'esame e l'approvazione dello Statuto.

Questo processo di stesura e di esame dello Statuto è stato un tempo di discernimento della proposta e dell'esperienza del Cammino Neocatecumenale da parte della Santa Sede. La normativa che viene ora approvata ha l'obiettivo di regolamentare la prassi del Cammino Neocatecumenale e il suo armonico inserimento nel tessuto ecclesiale, offrendo anche un aiuto a tutti i Pastori della Chiesa nel loro paterno e vigile accompagnamento delle comunità neocatecumenali. Con l'approvazione dello Statuto si apre una nuova tappa nella vita del Cammino, in cui il Pontificio Consiglio per i Laici non mancherà di accompagnarlo con altrettanta sollecitudine nel futuro, come si è adoperato fino adesso.

[01060-01.02] [Testo originale: Italiano]


 

Próxima aprobación de los estatutos del Camino Neocatecumenal
Revelaciones de su iniciador, Kiko Argüello

MADRID, 7 diciembre 2001 (zenit).- Los estatutos del Camino Neocatecumenal deberían ser aprobados próximamente por la Santa Sede, revela en su última edición Alfa y Omega

El semanario de la arquidiócesis de Madrid informa que durante el anuncio de Adviento, pronunciado por el iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, explicó: «El Papa Juan Pablo II, durante la reciente visita "ad limina" de los obispos de Nicaragua a Roma les preguntó directamente: "¿Cómo están ustedes con el Camino Neocatecumenal?"».

Después de que los diferentes prelados dieran su impresión, el Papa les dijo, según explicó Argüello: «Los Estatutos del Camino Neocatecumenal están a punto de ser aprobados y firmados; ustedes deben apoyar y ayudar al desarrollo de estas comunidades que son una de las fuerzas más grandes que tiene la Iglesia y que tanto bien están haciendo en todo el mundo».

Con la aprobación de los estatutos, el Camino quedaría enmarcado de manera jurídica en el seno de la Iglesia. Constituye una de las realidades católicas con mayor crecimiento en estos momentos.

El Camino Neocatecumenal surgió a mediados de los años sesenta en uno de los barrios más pobres de Madrid a donde se había ido a vivir el joven pintor Kiko Argüello llevando únicamente consigo una Biblia y una guitarra.

Según explica Argüello, el Camino no es un grupo espontáneo, ni una asociación, no es un movimiento de espiritualidad, ni un grupo selecto dentro de la parroquia. Es un camino vivido en régimen de pequeñas comunidades formado por personas de edad, condición social, mentalidad y cultura diferentes, que dentro de la actual estructura de la parroquia y en comunión con el obispo, reviven en plenitud su bautismo.

Hoy día está difundido en más de 105 naciones en los cinco continentes, con más de 1.500 comunidades esparcidas por 800 diócesis y 5 mil parroquias. Ha abierto unos 40 seminarios diocesanos en todo el mundo. Muchas chicas jóvenes ha descubierto la vocación religiosa gracias al Camino.

 

EL PAPA INDICA LA SENDA PARA LA APROBACIÓN DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

PRESENTA EL RECONOCIMIENTO DE UNOS ESTATUTOS COMO

"requisito indispensable"

Cidudad del vaticano, 23 abril 2001

Juan Pablo II ha tomado papel y pluma para explicar que el reconocimiento oficial y jurídico de la Iglesia católica del Camino Neocatecumenal dependerá de la aprobación de unos estatutos. Esta aprobación, añade, es competencia específica del Consejo Pontificio para los Laicos.

En una carta enviada al presidente de ese organismo vaticano, el cardenal estadounidense James Francis Stafford, con fecha del 5 de abril, el Papa destaca los frutos «preciosos» aportados en treinta años de existencia y subraya la importancia de llevar a cabo «algunos requisitos ineludibles, de los cuales depende la existencia misma del Camino».

En particular, subraya precisamente «la redacción de una precisa normativa estatutaria en vista de su reconocimiento jurídico formal». Los iniciadores del Camino comenzaron en 1997, en el Sinaí, la tarea de la redacción de los estatutos. Constituye una ardua empresa. Kiko Argüello, exponente típico del método socrático, basado en la palabra viva, quiere evitar el peligro de que el papel y las fórmulas jurídicas puedan «congelar» el frescor de espíritu que ha animado el nacimiento y la andadura del Camino.

El Camino Neocatecumenal comenzó cuando un joven español, Kiko Argüello, después de pasar por el ateísmo y sufrir una crisis existencial, decidió cambiar de rumbo, y abrazar con enorme fuerza la experiencia cristiana. En 1964, dejó todo para vivir entre los más pobres, en las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de Madrid. En contacto con los pobres, el Señor le lleva a descubrir una síntesis teológica catequética y formará con ellos, por obra del Espíritu Santo, una comunidad que vive celebrando la Palabra de Dios y la Eucaristía. Descubre así el trípode en el que se basa la vida cristiana: Palabra, Liturgia y Comunidad. Un carisma en el que se reconocen en estos momentos un millón de católicos, repartidos entre cien naciones.

En su carta, Juan Pablo II explica: «Ya en la exhortación apostólica "Christefidelis laici" subrayaba que "ningún carisma dispensa de la relación y sumisión a los pastores de la Iglesia" y citaba cuanto está escrito al respecto en la Constitución dogmática "Lumen gentium": "El juicio acerca de su autenticidad (de los carismas) y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno"».

El Santo Padre insiste en que el reconocimiento y la acogida de los carismas «no es un proceso fácil», que requiere «un discernimiento profundo de la voluntad de Dios y debe ser acompañado constantemente de la oración». El culmen de este proceso es «el acto oficial del reconocimiento y la aprobación de los estatutos, como regla de vida clara y segura», puntualiza.

La carta responde también implícitamente a los obispos que han preguntado a la Santa Sede cuál será la colocación jurídica del Camino Neocatecumenal. En la misiva deja claro que será el Consejo Pontificio para los Laicos el responsable de la aprobación eclesial del Camino y el encargado de darle seguimiento en el futuro.

Juan Pablo II concluye revelando que ha tomado esta decisión no sólo «por la autoridad que le compete» al Consejo de los Laicos, sino también «por la singular experiencia que posee en esta materia». «En esto se basa la esperanza de un feliz resultado del procedimiento, que entra ya en su fase conclusiva»

cortesía:http://www.aceasesores.es/sagradafamilia/estatutos.htm