TESTIMONIO

 

Maritza de Peralta, Madre de 11 Hijos
DIOS TODO LO HACE BIEN

 

Hola, ¿Qué tal?:

 

Me llamo Maritza. Tengo 50 años. Estoy casado con Lalo que también tiene 50 años. Tenemos 11 hijos.

 

Les escribo este testimonio por insistencia del presbítero de nuestra comunidad porque realmente no me apetece y me he resistido durante más de dos años en hacerlo porque me gusta el anonimato y mi privacidad. Sólo lo hago con al esperanza que mi experiencia de vida pueda ayudar a otros a encontrarse con Jesucristo.

Este año hemos celebrado nuestras Bodas de Plata. ¡Cómo no exultar en Jesucristo! Gracias a Él estamos fuertes y felices.

Desde niña tuve necesidad de buscar a Dios. Pero mi relación con Él fue muy distante. No era una relación amorosa. Pues frente a mis sufrimientos sentía que no me escuchaba. Pues no me “respondía” como “yo” quería. Así que Dios era para mí una persona que no me amaba y no quería mi felicidad.

Recuerdo que mi primer contacto con Dios fue en mi primera comunión cuando rezábamos el Salmo 21: “El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace recostar”.  Este salmo me ha acompañado toda mi vida aunque no lo veía cumplida en mi vida. Espero -  y  así lo voy a pedir -  que cuando me muera este salmo sea proclamado y cantado en mi entierro.

Así pasaron los 25 años primeros de mi vida. Me alejé de Dios en mi adolescencia. Caí en la fornicación. Ya no iba a la Iglesia pues no podía comulgar. Per aún en esta lejanía,  producto de mi  pecado, no dejé de pensar en Dios ya sea porque me “sentía mal” ya sea porque  le “reclamaba que se fijara en mí”.  La cosa es que el Señor nunca me abandonó aunque yo estaba en ese  entonces totalmente ciego.

Me casé antes de lo previsto porque salí encinta aunque no estaba obligada a hacerlo. Tampoco obligué a Lalo que se casara por  esto conmigo. Le dejé libre.  Para ser sincera, yo no estaba con las mínimas ganas de casarme puesto que había cosas en Lalo que no me gustaban y me hacían dudar de  querer pasar el resto de mi vida con él. Inclusive pensé en separarme a los dos años de casada. No me pregunten por qué.  Pensé así durante dos años. O sea mi matrimonio era nulo. Me casé porque sentía que él me amaba y yo algo. Entonces  toda esta “crisis profunda”   Dios la permitió. Porque el Señor de lo malo saca bendición.

En la mañana del día que me iba a casar me puse de rodillas y recé desde lo hondo de mi corazón suplicándole a Dios que si al Él no le parecía bien que me casara con Lalo que no lo permitiera. ¡Fíjense Uds.! El día de mi boda). Después de esto, además con mis serias dudas que Dios me escuchara, me arreglé para la boda.

Y aquí empieza lo que dice Job: “Antes te conocía de oídas, ahora te han visto mis ojos”. Ese Dios que durante tantos años le supliqué que se me apareciera en mi vida, que fuera mi amigo, o que me llevara con Él – porque no soportaba los sufrimientos de esta vida – se hizo presente en mi vida.

¿Cómo? Pues sencillamente y a la vez inteligentísimamente. El presbítero que nos casó es un tío carnal mío, hermano de mi madre. Dos años (1976) antes había empezado en su parroquia el camino neocatecumenal. (Más información sobre el camino neocatecumenal preguntar al presbítero de mi comunidad). Y cuando Lalo fue a recogerlo de su parroquia para llevarlo a la parroquia  donde iba a presidir y bendecir nuestro matrimonio, le habló sobre el camino.

El Espíritu Santo actuó sobre Lalo. Le gustó todo lo que mi tío le contaba. (Mi tío no sabía nada de mis sufrimientos, puesto que yo en este sentido era muy reservada y nadie sabía de estos sufrimientos más que Dios). Y en la noche de bodas me dice Lalo: “¿Qué te parece si vamos a unas charlas que se van a dar  en el mes de octubre  – yo me casé en agosto – me ha gustado lo  que tu tío me ha contado?”

O sea, la respuesta de Dios fue inmediata. Jamás antes en mi vida había sentido que Dios  había respondido a  una plegaria mía. Esto no quiere decir que Dios  no me había escuchado. Ahora comprendo que sí, lo que pasa es que yo quería que Dios haga “mi voluntad”, que fuera mi “lámpara de Aladino”. Y Dios es Dios y Él sabe lo que me conviene y cuando conviene.

Bueno la cosa es que Dios tuvo inmensa misericordia conmigo. Yo no lo merecía, pues por mis pecados merecía  ir al infierno.

Bueno, decía que Dios le habló primero a Lalo a través de mi tío y tenía que ser así porque yo sabía que si yo lo invitaba a estas charlas no me hubiese hecho caso. En ese entonces él era muy rebelde frente a todo lo que significaba Iglesia y yo, por mi lado, no me gustaba lo del “camino”. Pues mi prima, que ya estaba en el camino neocatecumenal, dijo que no podía venir a mi despedida de soltera por la simple razón  porque tenía que asistir a su “ Celebración de la Palabra”. ¡Habráse visto! Más importante que este compromiso familiar tan importante era su celebracón… La cosa es que a mí me daba igual cualquier grupo de la Iglesia mientras significaba retornar a la Iglesia.

La cosa es que en octubre fuimos a las charlas y hasta el día de hoy pertenecemos al Camino Neocatecumenal y espero que pueda serlo hasta muerte y decir con Santa  Teresa de Ávila: “Muero como hija de la Iglesia”. En realidad podría decir sin temor a equivocarme que el regalo de bodas del Señor para nosotros fue el Camino Neocatecumenal.

Bueno, aquí empieza entonces otra etapa de mi vida. Entramos al camino pero yo seguía con mis temores, dudas. Fue un camino lento y con mucha paciencia de Dios.  Pues, dándome cuenta que mi matrimonio estaba  bien hecho. Mi Lalo “tenía sus cosas” y  yo “tenía mis cosas”. Dios me amaba y con su confianza podían ir desapareciendo mis angustias. Nada pasa si Dios no lo permite.

Como toda pareja del siglo 20 no pensé tener más de 4 hijos. Tal vez cuatro les parezcan mucho. Lo que pasa es que yo no tuvo una hermana con quien compartir mis sufrimientos y confidencias. Tenía un hermano  dos años menor que yo pero no era mi confidente. Yo quería una hermana.  Tuve una hermana recién cuando tenía 11 años. Así que, como les contaba, no tenía prácticamente a nadie.  Así que yo pensaba tener 2 hijos hombres – para que sean amigos – y luego dos hijas mujeres – para que sean amigas,  y punto final. Pero los pensamientos y los caminos del Señor no son los nuestros.

Para que yo llegase a tener los once hijos  el señor ha tenido que vencer en mí muchísimos temores. El primer temor, tengo que confesarlo, era el temor de que tenga a un hijo enfermo  puesto que un hermano de Lalo sufre de esquizofrenia. Luego tenía pánico a los partos. Soy una mujer débil frente al sufrimiento.  O sea si he tenido a los once hijos puedo decir con toda certeza que  ha sido una victoria de Jesucristo.

¿Quién me ha quitado los miedos? Jesucristo. ¿Cómo me los ha quitado? Mostrándome su amor y  diciéndome que “nada pasa si yo no lo permito. Y si algo de lo que temes te pasa es para tu bien y el de todos. Yo te amo”. TODO ESTÁ BIEN HECHO. Me ha hecho mirar esta vida con los ojos de Jesús, mirar la vida eterna que empieza aquí en la tierra. Porque sufrimientos no me han faltado ni me faltarán. Los once son hijos maravillosos. Y como signo  de que esto es cierto, si se fijan bien en  la … mi hija  número 10, Milagritos, tiene síndrome de Down. Jamás pensé tener una hija con síndrome de Down. No estaba en lista de mis temores ni de mis proyectos. Sin embargo, ha sido una bendición enorme en nuestra vida con su dulzura, alegría.  Todos los hijos bien, cada en con lo suyo, con sus alegrías y sus sufrimientos.

El Señor  siempre ha provisto estupendamente. Siempre hemos tenido al día lo justo y necesario para satisfacer nuestras necesidades. Lalo siempre ha tenido trabajo, trabaja muchísimo pero siempre hay tiempo para estar con los hijos. Aunque sea poco.

Bueno, recen por mí para que Señor me conceda donarme, tener dulzura, paciencia y discernimiento ante los acontecimientos de cada día.

Maritza

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