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Misioneros
del Sagrado Corazón en el Perú
Renovar la Mentalidad
de los Medios de Comunicación
"No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por
la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo
que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto". (Romanos 12:2)
Declaración para vencer la explotación del sexo y la violencia en las
comunicaciones, de los obispos católicos de EE.UU. United States Catholic
Conference Washington, D.C.

Contenido
Los medios de comunicación
tienen tal capacidad para llevar la verdad y la belleza a las vidas de miles
de millones de personas que no podemos permitir que se conviertan en el
escenario de los que quieren pervertir el don divino del cuerpo y la
sexualidad. Aunque parezca que los grandes conglomerados de medios de
comunicación están fuera del alcance de la influencia de personas
ordinarias, nosotros todavía osamos creer, que por la gracia de Dios (cuyo
poder hizo posible las maravillas de la comunicación) todos aquellos que
trabajan en los medios de comunicación o los usan, se unirán para dar gloria
a Dios y eliminar todo lo que pueda disminuir su imagen en la creación.
Dada su tremenda capacidad para dar forma al destino de la humanidad, los
medios de comunicación social son de considerable interés para la Iglesia.
Ya el Concilio Vaticano II reconoció que los medios de comunicación pueden
dirigir, recta o desgraciadamente, al género humano (cf. Concilio Vaticano
II, Decreto sobre los medios de comunicación social [Inter
Mirifica], no. 11).
Los medios de comunicación contemporáneos han logrado que se intensifique y
acreciente la presentación de la pornografía y la violencia gráfica excesiva
e innecesaria. Otros usos también ofensivos del sexo y la violencia se han
proliferado en algunas formas de los principales medios de comunicación. El
uso frívolo y estimulante del sexo y la violencia penetra de tal manera los
medios de comunicación que ha contribuido a la pérdida del sentido de lo que
de forma objetiva es moralmente bueno y malo en es tos asuntos.
La pornografía, la excesiva violencia, y otros usos irresponsables del sexo
y la violencia en los medios de comunicación hieren seriamente la salud
moral y psicológica de la sociedad en general, como también la de los
individuos –tanto niños como adultos. Aun la gente que no hace gran uso de
los medios de comunicación está consciente de que viven en una sociedad cuyo
ambiente y cuyos valores son afectados por la influencia de los medios de
comunicación para el bien o el mal, y también pueden ser afectados ellos
mismos, aunque indirectamente.
Hoy los medios de comunicación afectan nuestra vida más que nunca. El
Internet, desconocido por la mayoría hasta hace poco, es ahora un
instrumento para negocios, educación y otros tipos de comunicación. La
tecnología del CD-ROM pone al alcance de nuestras manos bibliotecas
completas, y crea avenidas para el aprendizaje que permite a los usuarios
entender materias complejas y desconocidas. Mediante el uso de satélites y
sistemas de tv por cable, los usuarios tienen acceso a muchos más canales
que permiten cualquier diversión o información "que se desee". Nuevos
canales, dedicados a tales temas como la historia, el gobierno, la
educación, la ciencia, niños, idiomas extranjeros y religión, cumplen con
una de las metas originales de la televisión que era ayudar en la educación
de la sociedad, especialmente a los niños, sobre la vida, la cultura y el
mundo. Con la llegada de la televisión de alta definición, esa tecnología
digital proporcionará a la industria de la televisión los medios para ganar
un papel aún más importante en la vida del hogar.
El lado negativo de los medios de comunicación, sin embargo, continúa
obscureciendo el valor de esas contribuciones. Grandes empresas en la
industria de la comunicación y el espectáculo obtienen grandes beneficios al
enfocar a los jóvenes, particularmente, mediante una varie-dad de medios de
comunicación. Cargan con una gran respon-sabilidad por instigar los
instintos y deseos que la mayoría de los jóvenes no han aprendido a
controlar con la madurez.
La televisión y el cine son criticados con más frecuencia, ya que en el
pasado, han ofrecido la mejor oportunidad para que los jóvenes tengan libre
acceso a materiales censurables. Sin embargo, otras formas de medios de
comunicación, nuevas y viejas, también influyen en jóvenes adultos para
causar formas destructivas e inmorales de conducta:
-
La utilidad del Internet ya
ha sufrido algún daño por parte de aquellos que lo usan para vender sexo y
violencia o para trasmitir mensajes de odio. Esta apertura a un vasto
mundo de aprendizaje e información es también el medio para que adultos y
niños tengan acceso a la obscenidad, la violencia y el prejuicio. Páginas
para "adultos" y las que provocan el odio aparecen en Internet, como
también el equivalente a las librerías para adultos. Los padres no quieren
que Internet introduzca en el hogar ese tipo de ambiente del que
normalmente tratarían de proteger a sus hijos, pero los padres se sienten
impotentes para impedir que eso ocurra.
-
Las conversaciones
radiales, con frecuencia inundan a sus oyentes con comentarios hirientes o
indecentes.
-
La industria de la música
ha recibido ataques merecidos por los mensajes obscenos y violentos que
contienen la letra de muchas canciones, y grupos musicales específicos han
sido acusados de comportamiento destructivo tales como el uso de drogas y
hasta el suicidio.
-
Juegos brutales de vídeo
hacen creer a los niños que el mundo de la violencia, el libertinaje y el
sadismo es equivalente a lo que es atractivo y heroico.
-
Revistas que convierten a
las personas en meros objetos sexuales continúan aumentando, y todo parece
ser aceptable ya que la presentación de actos sexuales pierde el poder de
sorprender o hasta avergonzar. Otras revistas exaltan las actividades
agresiva s y violentas.
-
Servicios telefónicos
ofrecen conversaciones de todo tipo para estimular sexualmente.
-
Algunos lugares de
diversión ofrecen nudismo como su principal atracción, aun estando
localizados cerca de escuelas y vecindarios familiares. Esos sitios
ofenden a sus empleados y clientes y los que reciben esa propaganda son
tentados a considerar la persona y la sexualidad de manera degradante.
-
Aunque algunas han
instituido normas para no ofrecerlas, hay tiendas de vídeos que ofrecen
secciones clasificadas X y son, por tanto, grandes contribuidoras a la
propagación de pornografía. La mayoría ofrece una va-riedad de selecciones
con acción y violencia que tienen el potencial de in-citar comportamiento
violento.
-
Compañías publicitarias son
notorias por su amplio uso de imágenes se-xuales para vender productos, y
sus modelos, algunos lo suficientemente jóvenes como para parecer menores
de edad, posan con vestimenta provocativa y aparecen en anuncios,
revistas, carteles, televisión y World Wide Web.
La Iglesia, reconociendo la
belleza de la sexualidad y la triste realidad de la violencia en la vida
humana, distingue entre la proyección irresponsable del sexo y la violencia
y la posibilidad de proyectarlos de manera correcta dentro de un contexto
moral que puede ser apropiado para adultos, aunque no lo sea para niños o
jóvenes, y deba mantenerse fuera de su alcance. Objetamos a la manera en que
se usa el sexo y la violencia, no al mero hecho de su presentación.
Los pornógrafos y los que hacen uso de la violencia gráfica para excitar a
los vulnerables están muy cerca de ser como los narcotraficantes que abusan
de las debilidades humanas para su propio beneficio. Otros que usan
irres-ponsablemente el sexo y la violencia para deslumbrar sus audiencias
también hacen mucho daño.
El gobierno tiene también una gran responsabilidad. La falta de regulación
ha dejado a los consumidores, por lo general, sin la alianza del gobierno en
la promoción de mejores medios de comunicación, precisamente durante este
periodo en que su influencia ha crecido enormemente.
Los consumidores de los medios de comunicación también comparten la
responsabilidad. Aquellos que escogen libremente dar apoyo a las industrias
que ofrecen pornografía y violencia gráfica no sólo son responsables de sí
mismos, sino también de todos aquellos que serán atrapados en lo que el
Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) llama la "ilusión de un mundo
ficticio" (no. 2354) lleno de sexo y violencia. Muchos consumidores no
levantan su voz contra esos materiales explícitamente sexuales, menos
importantes pero también ofensivos, que pasan por sus manos cada día en los
medios de comunicación principales. Estos son los factores que inspiran esta
declaración. La base de nuestra inquietud está en una convicción llena de fe
sobre la dignidad del cuerpo y de la sexualidad.
La perspectiva cristiana
sobre el cuerpo y la sexualidad se basa en los relatos bíblicos de la
creación que tenemos en el libro del Génesis, donde se describe a Dios
creando el cuerpo con amor, y luego infundiéndole el hálito de vida (cf. Gn
2:7). La raza humana que así empieza a existir se revela como creada por
Dios para ser hombre y mujer (cf. Gn 1:27). La Encarnación del Hijo de Dios
reafirma que nuestra existencia corporal es buena, y Cristo eleva el estado
natural de las criaturas con su sexualidad, para participar en la vida
sobrenatural de la gracia me-diante la institución del Sacramento del
Matrimonio.
El acto sexual es parte del plan divino de la creación, como parte del
mandato que Dios dio a la humanidad de "Sean fecundos y multiplíquense" (cf.
Gn 1:28). El texto bíblico resume elocuentemente la intimidad del acto
conyugal para compartir la vida: "Por eso el hombre deja a sus padres para
unirse a una mujer y son los dos una sola carne". (Gn 2:24). Al constituir
el matrimonio como sacramento, Cristo da mayor claridad al propósito de la
sexualidad que es fomentar una unión amorosa entre los cónyuges y para la
procreación y crianza de los niños.
La pornografía es un atentado a la concepción divina del cuerpo y a la
intimidad de la unión sexual. Enfoca ciertas funciones naturales del cuerpo
sin modestia y de manera obsesiva. Es una ofensa contra la castidad en
ge-neral y también de manera que revela males específicos. Siguiendo el
Catecismo de la Iglesia Católica podemos identificar varias maneras en
que la pornografía hace daño a los que la producen y a los que la usan.
Al desplegar funciones naturales del cuerpo que normalmente tienen lugar en
privado, y actos de la intimidad sexual que propiamente son parte del amor
entre esposo y esposa, la pornografía viola el respeto que se le debe al
cuerpo y le roba a la intimidad sexual su significado y propósito
intrínseco. Además de los que producen la pornografía, todos los que la
distribuyen y compran manchan su dignidad humana. No importa las razones que
den, pero cada uno de ellos, en modos diferentes, se convierte en un objeto
atrapado en un sistema para procurar placeres ilícitos y beneficiarse. Todos
los participantes son introducidos a "la ilusión de un mundo ficticio" (cf.
CIC, no. 2354). Son privados de su habilidad de crecer en el compromiso
maduro con otros cuya meta, para la mayoría, es la alianza del matrimonio y
la familia, y para unos cuantos, el sacrificio de la actividad sexual "por
amor al Reino" (cf. Mt 19:12).
El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales describe los males
que causa la pornografía al comportamiento y al carácter, tales como:
-
Puede tener un efecto
entumecedor progresivo, que hace que los indivi-duos se vuelvan moralmente
insensibles.
-
Puede causar adicción,
provocando la necesidad en algunos usuarios de necesitar materiales cada
vez más perversos para alcanzar el mismo grado de estimulación.
-
Puede minar el matrimonio y
la familia ya que rebaja su valor sagrado.
-
En algunos casos, puede
incitar a los usuarios a cometer delitos más abiertamente violentos como
la violación, el acoso sexual de menores y hasta el homicidio (cf.
Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornografía y
Violencia en los Medios de Comunicación: Respuesta Pastoral, nos.
14-17).
Algunos cuestionan si
verdaderamente esos efectos resultan de la pornografía. Basada en su larga
experiencia pastoral, la Iglesia sabe que mucha gente realmente siente una
conexión entre la pornografía y la tendencia hacia esos males personales y
sociales. Las investigaciones modernas apoyan esa experiencia pastoral, en
particular, en lo concerniente a la pornografía que es violenta sexualmente.
Estudios particulares también notan las consecuencias negativas de la
pornografía no violenta que degrada a la mujer como objeto sexual.
Si hemos de comprender plenamente lo que es la pornografía, hay que tomar en
cuenta el misterio de la Caída. Una de sus consecuencias es que los seres
humanos encuentran dificultad en responder al llamado que Dios les hace en
la totalidad de su ser. Dios desea la perfección de la persona. Los seres
humanos, por tanto, deberán ser receptivos a sus más verdaderos y profundos
deseos que surgen del llamado de Dios. La perfección no la logran los
individuos aislados sino el individuo en su naturaleza social. No estamos
creados para "estar solos" (Gn 2:18). Somos lo que somos mediante nuestras
experiencias corporales de ser, hablar y escucharnos mutuamente. Dios desea
que las fuerzas afectivas y agresivas se apoyen mutuamente para lograr la
madurez del amor desinteresado que es fuerte y fiel. Cuando los afectos se
convierten en lujuria y violencia agresiva, se pierden tanto la integridad
de la persona como la comunión entre personas.
La vida en nuestra cultura moderna hace que sea más difícil alcanzar la
perfección a que hemos sido llamados porque hay tantas distracciones que nos
sacan de lo que es indispensable al bienestar humano. Muchas de esas
distracciones pronto revelan su vulgaridad y los hábitos que ellas crean
pueden cambiarse. Asuntos concernientes a la sexualidad, que aunque nos
ofrece la experiencia más íntima del impulso hacia la comunión social, no se
resuelven tan fácilmente. Aun en medio de actos moralmente incorrectos, se
vislumbra el potencial de la sexualidad para satisfacer el poderoso deseo de
intimidad que tiene la humanidad. Esta es la promesa con que la pornografía
muchas veces atrapa a la persona. El placer que ofrece es un substituto para
la intimidad auténtica. El resultado de este placer no es la intimidad sino
sentirse desconectado de uno mismo y de los demás. También puede convertirse
en una adicción. El cuerpo y sus funciones, incluyendo la sexualidad, se
reducen a ser objeto de fantasías cada vez más grotescas que se necesitan en
mayor dosis para duplicar la excitación inicial de la participación en la
pornografía.
Al enfrentarnos a la pornografía, es importante que no se trate sólo el
síntoma. Como respuesta ilegítima a deseos legítimos de intimidad emocional
y física, el remedio a la pornografía se basa en una conversión que permite
ver el cuerpo y la sexualidad desde su sentido intrínseco, así como desde la
perspectiva de la revelación. Esta conversión culmina con un testimonio vivo
a la dignidad de nuestra existencia corporal. Incluye sensibilidad a la
necesidad, dada por Dios a cada persona, de estar relacionada a otros. Tal
testimonio nos permite vencer los engaños de la pornografía que nos separan
del verdadero aprecio de nuestros cuerpos.
Ya que la sexualidad, tanto en su uso correcto como en su mal uso, es un
elemento de la existencia humana, está siempre presente en varias formas
artísticas y en los medios de comunicación. Pero lo que no es necesariamente
objetable para unos, sin embargo, puede ser no apropiado para jóvenes o
personas con sensibilidades particulares. Aislar la sexualidad de su
contexto moral y usarla para impresionar o degradar a otros para beneficio y
placer personal es siempre inmoral.
Mucho de lo que se ha dicho
sobre la pornografía tiene aplicación a la violencia gráfica y excesiva en
los medios de comunicación. En verdad, existe un tipo de pornografía que
explícitamente conecta el material sexualmente estimulante con las
tendencias agresivas de la naturaleza humana. Violación, asesinatos,
tortura, mutilación y la presentación innecesaria de esos actos violentos
están entre las actividades que niegan el significado de nuestra existencia
revelado por Dios, y el respeto debido al cuerpo humano como creación de
Dios.
La presentación de ese tipo de violencia estimula la tendencia destructiva
de nuestra naturaleza. Igual que con la pornografía, en las presentaciones
innecesarias de violencia, las personas se reducen a objetos para el placer
y beneficio de otros. Y la integridad física de las personas se viola de
modo sádico, no con el fin de transmitir un mensaje válido sobre la
naturaleza humana, sino por el placer visual o psicológico que algunos
puedan derivar de ello. Cuando se presentan a individuos o masas siendo
grotescamente aniquilados, para excitar a una audiencia, se engendra falta
de respeto por la vida humana. Así la gente es conducida nuevamente a la
"ilusión de un mundo ficticio" en el que las molestias de la vida diaria,
pequeñas o grandes, pueden ser resueltas con actos de violencia de modo
eficaz y permanente.
Igual que con la sexualidad, es necesario comprender el atractivo de tal
violencia dentro del contexto del pecado original que lleva a los instintos
constructivos a convertirse en caminos destructivos. La fuerza que permite a
la humanidad construir es similar a la agresión que destruye. La Escritura
nos ofrece evidencia de esto, pero también nos muestra que Cristo es
victorioso sobre la insensata violencia humana al rehusar permiso a sus
seguidores para acudir a la violencia en su defensa. La aceptación pacífica
de su muerte en la cruz es el modelo para todos los cristianos.
Como en el caso de la se-xualidad, no es tanto la presentación de la
violencia lo que es malo, sino el mal uso que la convierte en un fin en sí y
no saca ninguna lección de ella, o sólo saca las lecciones erróneas. Una vez
más, lo que no es objetable para algunos puede ser inapropiado para niños y
jóvenes.
Este es un asunto especialmente urgente hoy por la violencia extrema
presente en nuestra sociedad, particularmente el grado con que tantos
jóvenes recurren a la violencia.
Hay informes que muestran que de más de 3000 estudios en los últimos
cuarenta años, la mayoría encuentra una conexión entre la violencia en la
pantalla y en la vida real. El Informe de 1972 del Cirujano General Sobre
la TV y el Comportamiento citó esa evidencia. Una década más tarde, el
Instituto Nacional de Salud Mental presentó un informe que concluyó: "En
magnitud, la violencia en televisión tiene tan fuerte correlación con el
comportamiento agresivo como cualquier otra variable que se ha medido". Un
informe en 1992 para la Asociación Americana de Psicología, confirmó esta
conclusión, notando que "los patrones de conducta establecidos en la niñez y
adolescencia son la base para patrones de toda la vida que se manifiestan en
la edad adulta" (University of Nebraska Press, Big World, Small Screen,
1992, p. 57).
Reconocemos que actitudes y problemas en la familia, la escuela y dentro de
otros grupos sociales influyentes contribuyen a esta atmósfera de violencia.
Pero, los que controlan los medios de comunicación tienen el deber de evitar
que la búsqueda de mejores clasificaciones o mayores ganancias los lleve a
presentar la violencia irresponsablemente y en una manera que inspire a
otros a usarla como la solución a sus problemas personales o sociales. Aun
aquellos que sinceramente desean proporcionar mensajes morales de
importancia –tales como la inutilidad de la violencia o cómo destruye a los
que recurren a ella– necesitan considerar cuidadosamente el uso de la
violencia gráfica. Un buen mensaje puede perderse a causa de la reacción
física excitante que una escena violenta puede producirle a los más
susceptibles.
Los que participan en los nuevos medios de comunicación necesitan
preguntarse si se justifica el énfasis que dan a los reportes de crímenes
violentos y la naturaleza gráfica de esos reportajes. Si no lo es, esas
personas deberán asumir la responsabilidad por la innecesaria ansiedad y
alarma entre los consumidores, y por su contribución a un clima en el que la
violencia se hace algo ordinario.
Deberá notarse que, mientras que la inmoralidad de la pornografía y la
violencia gráfica se relacionan por el daño que causan a los productores y
consumidores, cuando llega el momento de juzgar legalmente lo que es
excesivo e innecesario, nuestra sociedad carece de las más mínimas normas
objetivas para juzgar cuando algo es obsceno.
En cuanto a la presentación
de sexo y violencia en los medios de comunicación, será útil distinguir tres
áreas que nos preocupan.
La primera es la pornografía en sí, que niega la dignidad que Dios ha dado a
cada ser humano. Este tipo de "diversión" degrada a los que la producen y
bloquea el desarrollo moral y emocional de aquellos que son tentados a
usarla. La pornografía priva a la sociedad de su civismo y se convierte en
fuente de crimen, muchas veces en contra de los más desamparados. La
sociedad está justamente alarmada por el peligro que corren los niños al ser
expuestos a la pornografía y por la posibilidad de ser víctimas de crímenes
sexuales o de otro tipo. Las mujeres, más que nunca, denuncian la industria
pornográfica que las degrada y les falta el respeto, a ellas en particular.
En esta área, estamos en el campo que usualmente se llama en términos
legales "obscenidad" e "indecencia." La obscenidad y la pornografía no están
protegidas por la Primera Enmienda y están, de hecho, prohibidas bajo las
leyes federales y estatales. La indecencia, también, puede regularse en
algunas de sus formas, al menos para restringir el acceso de menores.
Además de la pornografía, hay una segunda área de preocupación. Esta es la
llamada pornografía "blanda" (a veces descrita como "erótica" para
distinguirla de la "obscena"), que está fácilmente a nuestro alcance.
Algunas películas clasificadas R son sólo marginalmente menos ofensivas que
las películas clasificadas X. Junto a las películas clasificadas R que se
exhiben con regularidad, la televisión cable también ofrece "horas de
comedia" con comediantes cuyos monólogos están expresamente cargados de
palabras crudas, material sexualmente explícito, y bromas degradantes sobre
las funciones del cuerpo. Algunos productores están desafiando las redes de
televisión para que vayan más allá de sus normas regulares y acepten más
sexualidad explícita y mayor uso
de rudeza y lenguaje profano.
Un tercer nivel de preocupación es material que, aunque normalmente no se
identifica como "hardcore" o "softcore", es preocupante porque las escenas
con relaciones sexuales parecen estar siempre presente de manera frívola y
excitante. Hasta la programación que se presenta para las audiencias
ge-nerales en las redes de transmisión de televisión –muchas veces en las
horas cuando los niños están mirando– contiene mucho material de ese tipo.
En esta última categoría de programación se encuentra mucho material de las
telenovelas, espectáculos de la farándula y programas para
"info-entretenimiento". Motivado por mejorar las clasificaciones, hasta en
los programas de noticias, hay mucho que va más allá del límite de lo que es
aceptable para los televidentes en el hogar e incluye historias ofensivas y
material sexualmente explícito.
Esta perspectiva inmadura e inapropiada del sexo infiltra muchas revistas,
incluyendo algunas dirigidas a los adolescentes o adultos jóvenes en los que
la principal característica de la persona es su "apariencia". El consejo que
ofrecen sobre la conducta sexual no enfoca la moralidad sino cómo maximizar
el "sentirse satisfecho" con uno mismo y cómo minimizar los resultados
negativos de varios grados de intimidad. Muchas películas que se anuncian
para atraer audiencias de jóvenes contienen uso del sexo de manera
igualmente explotadora.
La manera en que se habla del sexo también es preocupante. La libertad con
que se debaten públicamente asuntos sexuales, disminuye la seriedad con que
se trata la sexualidad.
La violencia también se puede categorizar de esta manera. Como se ha notado
ya, hay una categoría en la que el sexo y la violencia se combinan para
producir en las personas la resolución a participar en actos sexuales en una
variedad de escenarios degradantes, algunas veces culminando con la muerte.
Esta categoría de violencia es una forma de pornografía y puede ser
perseguida por la ley.
Además de esta "pornografía de la violencia" hardcore, hay una segunda
categoría que contiene varios grados de violencia softcore. Mutilaciones y
escenas grotescas de confrontaciones violentas –sangre brotando de heridas o
el sonido de huesos al ser quebrados, constituye el valor de
"entretenimiento" de películas de "acción," "slasher," "kickboxer," y
películas similares. Tal violencia se presenta muchas veces como deporte o
entretenimiento. No es un elemento de la trama o caracterización sino el
propósito en sí de la obra. Muchos programas de este tipo están disponibles
en la televisión cable. Como en la presentación del sexo, las redes son
desafiadas a ir más allá de sus normas hacia el tipo de violencia que se ve
en las películas que exhiben los teatros.
La tercera área tiene que ver con la generalización con que la violencia,
aunque no tan extrema como en las otras áreas, se presenta frívolamente. Es
este tipo de violencia que muchas veces causa las quejas que se escuchan
sobre la violencia excesiva de las noticias, en los muñequitos diseñados
para niños muy pequeños, y en los eventos deportivos.
El comportamiento violento muchas veces origina conversaciones airadas y que
faltan el respeto; y demasiados medios de comunicación parecen que no sólo
toleran, sino que se empeñan en alentar las conversaciones hostiles. Una
cosa es identificar puntos de desacuerdo, pero otra es representar
expresiones extremas y agresivas en ambos lados de un tema. Muchos de los
programas radiales y algunos directores de programas de televisión parece
que se especializan en este tipo de violencia.
Aunque la pornografía que cae
dentro de la definición legal de obscenidad incluye a los materiales más
dañinos dentro de las tres áreas que nos preocupan más, es al mismo tiempo,
el área en la que contamos con un recurso legal para una solución. Las
cortes han establecido claramente que la obscenidad y la pornografía
infantil no son expresiones protegidas y puede exigirse el cumplimiento de
las leyes contra ella. Las cortes también han reconocido que las normas de
la comunidad local tienen un papel que jugar en definir la obscenidad.
El paso principal, por tanto, en combatir la industria pornográfica es
requerir obediencia a las leyes existentes. La Iglesia y los grupos cívicos
pueden proporcionar tanto inspiración e información para persuadir a las
autoridades locales de la gravedad intrínseca de esos crímenes y de su
conexión al crimen en general. El uso de la pornografía se considera con
demasiada frecuencia como un crimen "sin víctimas" que, con tantas otras
exigencias ante el sistema legal, se puede ignorar sin consecuencias
adversas. Pero es, sin duda, una de esas categorías del crimen que afectan
el tono general de la sociedad y es campo fértil para otros tipos de crimen.
En cualquier forma que se manifieste la obscenidad, la comunidad local
tienen el derecho a combatirla y las autoridades locales a exigir el
cumplimiento de la ley.
La educación sobre el impacto de la pornografía es tan importante como el
obligar al cumplimiento de la ley. Demasiada gente parece no estar
consciente de lo extensa que es esta industria, del mucho dinero que gana, o
lo denigrante que es el material que produce y distribuye. La Iglesia puede
proporcionar ese tipo de educación desde el púlpito y mediante programas
para la educación de adultos. Los grupos que tienen como propósito combatir
la pornografía son un recurso en esos esfuerzos educativos.
En cuanto al material gráfico extremadamente explícito sexualmente que se
produce, exhibe, compra y se posee legalmente, como también material sexual
y violento descrito en las tres áreas de preocupación, depender solamente
del sistema legal es insuficiente para proteger moralmente a la sociedad.
Varios grupos necesitan dirigirse a estas preocupaciones de manera
apropiada:
El Gobierno
Además de su deber de requerir el cumplimiento de las leyes sobre obscenidad
y pornografía infantil por los diversos medios de comunicación, el gobierno
debe reafirmar su papel regulador de las ondas de difusión. Se ha
establecido claramente que el espectro difusor pertenece al público y sólo
se arriendan a los que reciben licencia del gobierno para usarlo. La
renovación de licencias debe dejar de ser pro forma y requerir una nueva
evalua-ción realista de si las difusiones de una entidad han sido
verdaderamente para beneficio del público, confirmado por los comentarios de
los usuarios. La disminución de la función reguladora –la cual nunca ha sido
demasiado onerosa– ha tenido un enorme impacto en términos de relajar las
normas y abrir las puertas a materiales cada vez más ofensivos.
Además de los difusores de radio y televisión, los difusores de cable y
operadores de satélites también son regulados por el gobierno. El público
debe exigir su regulación para que (1) afecte la concentración del control
de esos medios de comunicación, (2) prohiba la venta rápida de franquicias
de los medios de comunicación con atractivos para dueños irresponsables que
las ven como mercancía con posibilidad de darles una ganancia rápida, y (3)
abrir esas franquicias a una fuente mayor de programas (incluyendo
programación religiosa). Nosotros abogamos por ese tipo de regulación y
junto con otros grupos interesados, continuaremos haciéndolo.
Prestar atención adecuada al Internet y a otros temas importantes tales como
las Normas de TV para Padres y "la plaqueta V" que tienen como fin dar a los
padres más control sobre lo que sus hijos ven, no debe descuidar otros
desarrollos importantes. La llegada de la televisión de alta resolución es
ocasión para una revolución digital en el impacto de la televisión en
nuestras vidas. En esta encrucijada, el público deberá participar en estos
asuntos o vivir con las consecuencias.
Bajo nuestra Constitución, la censura del gobierno sobre una gama de los
medios de comunicación no es factible ni tampoco es deseable. La Iglesia se
ha visto perjudicada por el poder de censores, cuando gobiernos hostiles
hacia toda religión o hacia el cristianismo en particular, han buscado
limitar el alcance del mensaje del Evangelio. El gobierno deberá usar su
poder para actuar como catalizador para la autorregulación de la industria y
para que los consumidores expresen sus derechos.
Se deberá prestar atención especial al problema de estar "en línea". Ahora
que la Corte Suprema ha decidido que mucha de la información del Internet,
incluyendo el World Wide Web y de las redes comerciales de computadoras está
protegida constitucionalmente, el gobierno deberá dirigir sus recursos para
combatir el material disponible en esos recursos pero que no está protegido
por las leyes existentes sobre obscenidad y pornografía infantil. También
deberá buscar persuadir a la industria de los programas para computadoras
que desarrolle productos que sirvan a los consumidores para bloquear
materiales indeseables para ellos o sus familias.
Las
Industrias del Espectáculo y de los Medios de Comunicación
Las industrias del espectáculo y de los medios de comunicación merecen
nuestro aplauso por ofrecer muchas obras que son bien pensadas, hermosas y
que deleitan el espíritu. Su creatividad refleja la creatividad de Dios. El
potencial inherente en ellos para enriquecer la fuente de verdad y belleza
en el mundo hace la manipulación de sus dones para propósitos inmorales, más
grave aún.
El mundo del espectáculo es vasto y complejo, y en él hay muchos que conocen
el pleno valor de los dones que han recibido. Encontramos entre ellos a
artistas creativos, escritores, directores, compositores y músicos,
diseñadores gráficos y programadores de computadoras, productores y
ejecutivos, y muchos más. Ellos conocen su industria mejor que nadie y
también cuál es la mejor manera para que sus recursos dejen de ser
perjudiciales y opten por el bien que pueden ofrecer. Animamos a esos
líderes conscientes, especialmente a nuestros hermanos católicos entre
ellos, para que trabajen dentro de sus propios campos artísticos para lograr
este fin. Una moralidad básica, ligada al sentido común, al buen gusto y a
la discreción puede ser gran ayuda en la eliminación de las inquietudes
expresadas aquí.
Los empresarios de los medios de comunicación merecen ser señalados de
manera especial. Les pedimos que se dejen guiar nuevamente por el sentido de
actuar según el interés del público. Los medios de comunicación, al parecer,
se definen hoy día casi totalmente en términos de negocio. Pero por su
impacto en la formación de la cultura, los medios de comunicación deberán
considerar si es aceptable justificar sus opciones basándose sólo en logros
comerciales y las ganancias para los accionistas, sin cuestionar su
responsa-bilidad por el contenido moral de sus productos.
También pedimos a la industria publicitaria, y a sus dueños, que consideren
qué contribución pueden hacer para responder a los asuntos expresados en
esta declaración. Muchos de los medios de comunicación dependen de las
ganancias que le deja la publicidad, y la influencia de los patrocinadores y
publicitarios, puede ser muy importante.
La difusión, en particular, no sólo responde a las exigencias de su
audiencia sino que también la crea. La difusión de la televisión diseña
muchos de sus programas para satisfacer a las personas menores de 35 años
porque poseen los ingresos disponibles para comprar los productos que
anuncian. Como resultado, otros con poco o nada del poder de esos
consumidores, pueden dejar de ver programas que no les parecen atractivos o
que les ofenden. Esos difusores pueden terminar sirviendo sólo una pequeña
porción del público en general en cuyo interés deberían de actuar.
El desarrollo de etiquetas que orienten al consumidor sobre diversos tipos
de espectáculos, tales como la Guía de TV para Padres, no debe ser
considerado por los dirigentes de la industria, como una intrusión en sus
derechos a hacer buenos negocios. Esas etiquetas les ofrecen la oportunidad
de renovar los deberes hacia sus clientes que son parte intrínseca de las
normas y prácticas existentes y de los procesos editoriales.
No deseamos señalar injustamente a la industria del espectáculo y los medios
de comunicación como dañinos a la sociedad. Estamos bien conscientes de que
otras industrias –algunas de las cuales gozan de mucho apoyo social y
político– son fuente de mucho comportamiento malsano sin contribuir a la
sociedad lo comparable a lo que se atribuye a los medios de comunicación. La
industria del espectáculo y los medios de comunicación, incluyendo la
televisión, no deberán verse como los culpables de todos los males sociales.
Mientras que su influencia es innegable, no está claro que constituyen la
mayor influencia.
Ni tampoco los medios de comunicación, y la televisión en particular,
ofrecen sólo mensajes negativos. Por ejemplo, mientras que las insinuaciones
sexuales presente en programas de comediantes muestran un fracaso moral y
creativo considerable por parte de la televisión, muchos dramas televisados
hoy día son superiores en contenido a las telenovelas nocturnas al estilo de
"Dallas-Dynasty", muy populares en la década pasada, aunque también se vean
en las redes nuevas, algunas que son idénticas.
También queremos enviar un mensaje especial a la comunidad artística. Los
miembros de esa comunidad por lo general son los más interesados en que no
se viole el derecho a la expresión. Compartimos su preocupación porque la
Iglesia también ha sufrido la violación de sus derechos, no sólo por parte
de gobiernos hostiles a la religión, sino también por organizaciones de
medios de comunicación que han actuado como censores. En algunos casos,
agencias de prensa han decidido que el mensaje de la Iglesia no es
"apropiado" para los consumidores o se han valido de "la separación de la
iglesia y el estado" como una excusa para callar los mensajes imbuidos de
ciertos valores.
Sin embargo, igual que muchos padres y dirigentes religiosos, miembros
prominentes de la comunidad artística han mostrado ciertas dudas sobre la
compatibilidad de mucho de lo que ellos ven y escuchan hoy, aún en sus
mismas creaciones, y si son apropiados para sus familias. También están
preocupados por la falta de mensajes que eleven el espíritu humano en mucho
de lo que se produce, y por el impacto que la concentración en las ganancias
tiene en sus aspiraciones creativas. Estas preocupaciones son un punto de
contacto para un diálogo entre la comunidad artística y la Iglesia, la cual
siempre ha tomado muy en serio la influencia de las artes.
Los medios de comunicación necesitan considerar estos asuntos
cuidadosamente. La buena ética, la responsabilidad profesional y las buenas
relaciones públicas se beneficiarían con los mecanismos autoreguladores
dentro de la industria de la comunicación para evitar que el mínimo común
deno-minador de moral y gusto se conviertan en las normas de la industria.
El Público en
General
En nuestra sociedad de consumo, los aplausos y la culpabilidad no son sólo
para la industria de la comunicación sino también para los consumidores.
Aunque los medios de comunicación influyen más en moldear sus audiencias de
lo que admiten, existen numerosas audiencias en busca de materiales
ofensivos que hacen que su producción y distribución sea beneficiosa.
Si las selecciones de los medios de comunicación necesitan ser examinadas,
también lo deben ser las de los usuarios. Algunos se contradicen a sí mismos
cuando ven, escuchan y leen lo mismo que deploran. La cobertura por las
agencias noticieras de delitos sensacionales, es prueba evidente de este
fenómeno. Aunque el público diga que esa cobertura es excesiva, los medios
que la reducen a veces sufren pérdida de audiencia, comparados con los que
continúan la cobertura más amplia.
Aunque es muy fácil para los dirigentes de los medios de comunicación
advertir a los usuarios que cambien de canal u otro medio, nada cambiará si
los usuarios no toman esas opciones. Los medios están apoyados por los que
compran sus productos o los que anuncian en ellos. Si los empresarios de la
comunicación hacen decisiones morales no aceptables en lo que deciden
producir, los usuarios las hacen con lo que deciden consumir.
Con la gran influencia de los medios de comunicación en moldear la manera en
que nuestra sociedad percibe los importantes asuntos del día, es una
irresponsabilidad ser indiferente a su impacto. Aun aquellos que son
indiferentes a los medios de comunicación, tienen el deber de saber lo
suficiente sobre ellos, para reaccionar con inteligencia a la influencia de
los medios de comunicación.
Un grupo de usuarios necesita ser mencionado de manera especial: los adictos
a la pornografía, a otros materiales sexualmente explícitos y a los
materiales con violencia innecesaria. Esas personas son explotadas para
beneficio del inframundo de la industria de la comunicación sin escrúpulos.
Seguro que esos usuarios están conscientes
-
Del tiempo y dinero que
desperdician en búsqueda de la excitación que viene de ese material
-
De que se convierten en
víctimas con sus deseos de materiales cada vez más explícitos
-
De las víctimas que son
explotadas por su placer
-
De las víctimas de la
sociedad que enfrentan la pérdida de las contribuciones beneficiosas que
pudieran hacer los que están obsesionados por este tipo de material o la
posibilidad de comportamiento delincuente por parte de los que lo usan y
lo producen.
Pedimos a esos usuarios que
busquen la ayuda necesaria y urgimos a nuestras parroquias, para que los
ayuden mediante esfuerzos educativos, homilías, orientación y la celebración
del Sacramento de la Reconciliación.
Padres y Jóvenes
En diversas ocasiones, el Señor expresó su compasión hacia los que vio
abrumados por los problemas de la vida. Recordamos su compasión cuando
escuchamos a los padres contar las dificultades que deben vencer para educar
a sus hijos en un ambiente que no siempre conduce a su sano desarrollo. Con
frecuencia los padres se frustran con la influencia de otras fuerzas
supuestamente más allá de su control, incluyendo los medios de comunicación.
Les pedimos que no se apresuren a descontar su influencia. Hay lazos entre
padres e hijos que no pueden ser remplazados por nada, aunque en ciertos
momentos parezca que los hijos parecen buscan orientación y modelos en otros
sitios. Las influencias que los padres temen más, crecen donde ellos no
ofrecen su dirección moral. Las familias deberán usar los medios de
comunicación juntos en vez de, como es común hoy día, hacerlo por separado.
Si se usan apropiadamente, los medios de comunicación pueden ser fuente de
aprendizaje y satisfacción.
Aunque no nos gusta echar cargas adicionales a los padres de hoy en un mundo
tan complejo, les urgimos que como prioridad, conozcan los medios de
comunicación que sus hijos encuentran atractivos y ayúdenlos a entender los
mensajes que transmiten. Los padres deberán ser muy explícitos sobre los
medios que rechazan. Si comparten las razones por qué un juego de vídeo es
muy violento o un programa de televisión carece de valores positivos sobre
la sexualidad, podrán contribuir al crecimiento moral de sus hijos. Padres
también deben apoyar el sentido de la disciplina en relación a los medios de
comunicación. Deberán existir periodos de tiempo cuando cese el ruido casi
continuo de los televisores, radios, computadoras y teléfonos –aun cuando la
familia está reunida para las comidas– para dar cabida a momentos más
callados para el diálogo, la oración y las tareas escolares. Muchos padres,
y por supuesto los niños, deben ser menos apegados a los medios de
comunicación.
Parte de la disciplina relacionada a los medios de comunicación está en el
uso correcto del Internet y otros servicios "on-line" que pueden ser de gran
beneficio pero también son una excusa para perder tiempo y para traer al
hogar materiales moralmente decadentes.
En todos los medios de comunicación, los padres deberán estar cons-cientes
de lo que sus hijos tienen a su disposición y usan, que pueda marcar el
inicio de una atracción hacia lo que es pornográfico y excesivamente
violento. El ejemplo de los padres al rechazar esos materiales porque no
merecen atención, es importantísimo.
Los chicos adolescentes, aún los que son activos en la Iglesia, son los más
susceptibles a la influencia de la pornografía. La tentación a usar vídeos
sexualmente explícitos o líneas telefónicas para sexo hacen que fácilmente
racionalicen su efecto. Sin embargo, usándolos permite a la pornografía
estar presente en el corazón de la sociedad y no sólo al margen. Lo mismo
puede decirse de los materiales gráficamente violentos.
En estos asuntos, como en muchos otros, pedimos a nuestros jóvenes que vivan
según el idealismo que los caracteriza y que es fuente para hacer el bien.
Los padres deberán animar a sus hijos para que jueguen un papel activo en el
desarrollo de la solución a los problemas que consideramos aquí. Al oponerse
a la pornografía y a la excesiva violencia en los medios de comunicación,
los jóvenes disponen de una salida para dar testimonio genuino y entusiasta
de sus convicciones sobre el respeto que cada persona merece. La industria
del espectáculo y los medios de comunicación se concentra tanto en la
juventud que aquellos jóvenes que entienden los medios de comunicación
pueden ejercer su impacto en ellos.
Animamos a nuestra juventud católica a levantar su voz en contra de la
manipulación excesiva a que son sometidos por los medios de comunicación.
Familias y jóvenes, especialmente trabajando juntos en la iglesia y en
grupos comunitarios, son una fuerza indispensable para limitar la influencia
de los que hacen mal uso del poder de la comunicación y animar a aquellos
que lo usan bien.
Dirigentes
Eclesiales
El último grupo a quien queremos dirigirnos es a los dirigentes eclesiales,
incluyéndonos a nosotros mismos. Debemos dar testimonio de la verdad sobre
el cuerpo y la sexualidad de que hemos hablado. Nuestro propio ejemplo de
castidad y un espíritu sereno, nos convertirán en testigos eficaces del
valor y la dignidad de cada persona, de la belleza de la sexualidad que se
usa según el plan de Dios, y de lo inapropiada que es la violencia para
resolver problemas personales o sociales.
Como educadores, estamos en la obligación de ayudar a nuestra gente a
identificar y articular estos asuntos. Como predicadores, debemos llamarlos
a abandonar la indiferencia que permite a los medios de comunicación
disminuir el respeto por la persona. Como dirigentes, debemos llevar a
nuestra gente a unirse y organizarse en estos asuntos para ejercer la
posible influencia de la Iglesia. Como reconciliadores, necesitamos ofrecer
la ayuda apropiada a los que han sido heridos por el mal uso del sexo y la
violencia en los medios de comunicación, sobre todo mediante el Sacramento
de la Reconciliación. Finalmente, pidamos con humildad el apoyo de nuestra
gente para que cuando hablemos con autoridad moral, seamos escuchados por
aquellos que esperamos influenciar.
-
PARA DIÓCESIS:
Establezcan grupos de trabajo, posiblemente con el liderazgo de la oficina
diocesana de comunicación, para desarrollar programas educativos sobre el
problema de la pornografía y –tal vez con la participación ecuménica e
interreligiosa– determinar la extensión del problema de la distribución de
materiales indecentes y obscenos en cada localidad. Compartan los
resultados con las autoridades policiales y exijan acción. Trabajen con
las cámaras de comercio para crear un ambien-te que no dé cabida a
espectáculos que exploten el sexo y la violencia.
-
PARA PARROQUIAS:
Desarrollen grupos de estudio sobre los medios de comunicación que
permitan a los padres hablar sobre lo que sale por televisión o en los
otros medios de comunicación, y animarse y apoyarse mutuamente en orientar
a sus hijos sobre cómo elegir los medios de comunicación. Incluyan, en
ocasiones apropiadas, los problemas de la pornografía y la violencia
gráfica en las homilías.
-
PARA FAMILIAS:
Planifiquen, mensual o semanalmente, un día libre de los medios de
comunicación, ya sea en la casa o fuera de ella, para que la comunicación
sea mayormente entre los miembros de la familia. Usen este tiempo para
hablar sobre los problemas que se presentan en esta declaración como
también otros modos en que los medios de comunicación afectan la vida en
familia, por ejemplo, mediante las propagandas y anuncios.
-
PARA LOS EDUCADORES CATÓLICOS:
Desarrollen grupos de estudio sobre los medios de comunicación para
maestros y estudiantes. Regularmente identifiquen tres o cuatro programas
favoritos de televisión, canciones, vídeos musicales, revistas, y
actividades "on-line". Vean o escuchen algunos de ellos juntos, para
analizarlos y dialogar sobre el mensaje moral que trasmiten.
-
PARA COMUNIDADES ARTÍSTICAS Y
EMPRESARIALES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN:
Establezcan diálogos con otros grupos interesados, tales como padres, para
debatir cómo son afectados por las producciones de los medios de
comunicación.
-
PARA EL GOBIERNO:
Reafirmen la funciones reguladoras que toman en cuenta los deberes de los
medios de comunicación en considerar el interés del público.
-
PARA TODOS:
Desarrollen una lista de direcciones, números de teléfonos/faxes, y
direcciones para correo electrónico de las oficinas locales de los medios
de comunicación. Pregúntense ustedes mismos, qué medios de comunicación
han presentado espectáculos con sexo o violencia de manera ofensiva, y
luego contacten las oficinas de esos medios de comunicación y quéjense.
Otra alternativa, es preguntarse qué es lo mejor que han visto
recientemente por los medios de comunicación y contactar las oficinas para
darles las gracias. Hagan un hábito de esta práctica. Únanse a los grupos
activos en los medios de comunicación establecidos en sus parroquias,
diócesis o los que son interecuménicos.
-
En cuanto a la legislación
y casos legales sobre obscenidad, indecencia y la violencia gráfica
excesiva, la Conferencia Católica de los Estados Unidos está preocupada
por el impacto negativo de este material en la sociedad, tanto en los
adultos y especialmente los jóvenes, quienes inevitablemente carecen de la
perspectiva necesaria para usar esos materiales con madurez y
responsabilidad moral.
-
Los padres son los
primeramente responsables de proteger a sus hijos de materiales inmorales.
Niños y jóvenes no sólo necesitan la protección de sus padres y otros
adultos, sino también educación positiva sobre los valores auténticos. Sin
creer que son la solución a estos problemas, la Conferencia Católica apoya
la plaqueta "V" y la Guía de TV para Padres como pasos que ayudan a los
padres.
-
El derecho constitucional a
la libre expresión es básico para la democracia de nuestro país. Este
derecho no incluye, y no deberá nunca incluir, el detrimento moral y
social que es la obscenidad. Los que ejercitan el derecho a la libre
expresión tienen el deber de resistir a los que exigen otras formas de
expresión dañina, tales como la indecencia y la violencia gráfica
excesiva. El gobierno no viola la libertad de expresión cuando apoya
medidas para la autorregulación de las industrias del espectáculo y de los
medios de comunicación. Tal autorregulación no es sólo apropiada sino
también una obligación, dada la importancia que el público da al impacto,
frecuentemente negativo, de los medios de comunicación.
-
El problema sobre material
censurable se resuelve sólo parcialmente mediante las leyes actuales para
la obscenidad y la indecencia que no incluyen violencia gráfica excesiva.
Hay espacio para revisar las leyes, reglas y decisiones legales que
gobiernan estos asuntos. Se necesita una cuidadosa definición de lo que
constituye violencia excesiva para ayudar a los legisladores y a los
autoreguladores. Aunque en una sociedad pluralista sea preciso vivir con
resultados que no son precisamente los mejores, los grupos dentro de la
sociedad pueden hacer mucho para ayudar a sus miembros, siguiendo el
ejemplo de la Oficina para Cine y Difusión de la USCC con sus críticas y
clasificación de películas, las cuales se han reunido en la Guide for
Viewing, y sus comentarios sobre los programas de televisión.
-
No apoyamos las
restricciones gubernamentales en el proceso de obtener y divulgar las
noticias. Para evitar la presentación de material que pueda ser dañino a
niños y a jóvenes, los medios noticieros deberán ser urgidos a establecer
un código uniforme de normas y prácticas y ver si se cumplen.
-
El Internet, incluyendo el
World Wide Web y las redes comerciales computerizadas de empresas
privadas, presentan nuevos retos. Tienen la posibilidad de llevar a los
hogares material dañino a niños y jóvenes en este momento en que ellos, a
menudo, son más habilidosos con las computadoras que sus padres. Ya que la
Corte Suprema ha extendido la protección de la Primera Enmienda (libertad
de expresión) a la comunicación por computadora, las leyes con aplicación
a la expresión sin protección, tales como la pornografía infantil, deberán
ser cumplidas en el caso "on line". La industria de comunicación
electrónica deberá trabajar con los padres para desarrollar mecanismos que
protejan eficazmente a los niños. El acceso a las computadoras por jóvenes
fuera del hogar, necesita ser resuelto mediante la autorregulación por
parte de los implicados y mediante legislación justa y constitucional.
| Hogares en EE.UU.: |
99.6 millones |
| Radio |
| Hogares con radios: |
98.6 millones |
| Ingresos por publicidad radial: |
$12.4 mil millones |
| TV |
| Hogares con televisores |
98 millones |
| Televisores por hogar: |
2.3 |
| Promedio de horas de uso diario: |
7 horas, 15 minutos |
| . . . para jóvenes: |
3 horas, 2 minutos |
| . . . para niños: |
3 horas, 7 minutos |
| Ingresos por publicidad: |
$28.4 mil millones |
| Usuarios de tv cable: |
64.8 millones |
| Usuarios con satélite directo: |
10.2 millones |
| Ingresos por cable: |
$23 mil millones |
| Vídeos |
| Hogares con VCRs: |
85.26 millones |
| Tiendas de vídeos: |
28,000 |
| Alquiler promedio por vídeo: |
$2.75 |
| Ingresos por vídeos para el hogar: |
$15 mil millones |
| Películas |
| Ingresos por taquillas: |
$6.2 mil millones |
| Entradas semanales: |
25.7 millones |
| Porcentaje de entradas por edad: |
|
12-39 años:
|
67% |
|
40 años o más:
|
32% |
| Precio promedio de taquilla: |
$4.42 |
| Total pantallas de cine: |
29,731 |
| Computadoras |
| Hogares con computadoras: |
36.4 millones |
| Hogares con e-mail: |
16.8 millones |
| Hogares con servicios "on-line": |
18.5 millones |
| Industria de los medios de
comunicación |
| Ingresos de la industria disquera:1 |
$12.2 mil mill. |
| Venta de casetes: |
$2.2 mil mill. |
| Venta de CDs: |
$8.5 mil mill. |
| Diarios: |
1,509 |
| Revistas publicadas:2 |
18,047 |
| Venta de libros de EE.UU.: |
$21.3 mil mill. |
Fuentes de datos: 1998 International Television and Video Almanac;
the National Association of Theatre Owners; Editor and Publisher;
U.S. Department of Commerce/National Telecommunications and Information
Administration, Falling Through the Net II: New Data on the Digital
Divide, July 28, 1998; Recording Industry Association of America,
1997 Consumer Profile; Association of American Publishers
Notas
- Incluye todas las categorías: CDs,
casetes, vídeos musicales, etc.
- Incluye todas las frecuencias: semanales,
quincenales, mensuales, etc.
Los usuarios pueden contactar las siguientes redes y
compañías de cable para expresar sus inquietudes sobre la proyección de la
pornografía y la violencia gráfica innecesaria.
ABC: 77 West 66th St., New York, NY 10023
A&E Network or The History Channel: 235 East 45th St., New York, NY 10017
American Movie Classics (AMC) or Bravo: 150 Crossways Park West, Woodbury,
NY 11797
Black Entertainment Television (BET): 1900 W. Pl., NE, Washington, DC 20018
Cable News Network (CNN), Cartoon Network, CNN Headline News, TBS
SuperStation, Turner Classic Movies, or Turner Network Television: One CNN
Center, P.O. Box 105366, Atlanta, GA 30348
CBS: 51 West 52nd St., New York, NY 10019
Cinemax or HBO: 1100 Ave. of the Americas, New York, NY 10036
CNBC or MSNBC: 2200 Fletcher Ave., Fort Lee, NJ 07024
Comedy Central: 1775 Broadway, New York, NY 10019
Court TV: 600 Third Ave., Second Floor, New York, NY 10016
C-SPAN: 400 North Capitol St., NW, Suite 650, Washington, DC 20001
The Discovery Channel or The Learning Channel: 7700 Wisconsin Ave.,
Bethesda, MD 20814-3522
The Disney Channel: 3800 West Alameda Ave., Burbank, CA 91505
E! Entertainment Television: 5670 Wilshire Blvd., Los Angeles, CA 90036
Encore or Starz!: 5445 DTC Pkwy., Suite 600, Englewood, CO 80111
ESPN: ESPN Plaza, 935 Middle St., Bristol, CT 06010
The Family Channel: 2877 Guardian Ln., P.O. Box 2050, Virginia Beach, VA
23450-2050
Flix, Showtime, or The Movie Channel: 1633 Broadway, New York, NY 10019
Fox Broadcasting Company: P.O. Box 900, Beverly Hills, CA 90213
Fox News Channel: 1211 Ave. of the Americas, New York, NY 10036
fX or fXM: Movies from Fox: P.O. Box 900, Beverly Hills, CA 90213-0900
Galavision or Univision: 9405 NW 41 St., Miami, FL 33178
Lifetime: 309 West 49th St., New York, NY 10019
MTV, Nickelodeon, or VH1: 1515 Broadway, New York, NY 10036
The Nashville Network: 2806 Opryland Dr., Nashville, TN 37214
NBC: 30 Rockefeller Plaza, New York, NY 10112
PBS: 1320 Braddock Pl., Alexandria, VA 22314-1698
Sci-Fi Channel or USA Network: 1230 Ave. of the Americas, New York, NY 10020
Telemundo: 2290 West Eighth Ave., Hialeah, FL 33010
United Paramount Network (UPN): P.O. Box 251735, Los Angeles, CA 90025
WB Television Network: 4000 Warner Blvd., Building 34 R, Burbank, CA 91522
WGN: 2501 W. Bradley Pl., Chicago, IL 60618
Renovar la Mentalidad de los Medios de Comunicación fue preparado por
el Comité para Comunicación y aprobado por la Junta Administrativa de USCC
en marzo de 1998 para ser presentado a la asamblea plenaria de la
Conferencia Católica de los Estados Unidos en junio de 1998. Renovar la
Mentalidad de los Medios de Comunicación fue aprobado allí y su
publicación ha sido autorizada por el signatario.
Monseñor Dennis M. Schnurr
Secretario General, NCCB/USCC
Traducido al español por Marina A. Herrera, Ph.D.
Las citas bíblicas en este trabajo han sido tomadas de la Biblia Pastoral
Latinoamericana © 1989, Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault; y se usan
con permiso. Se reservan todos los derechos.
Copyright © 1998, United States Catholic Conference, Inc., Washington, D.C.
Se reservan todos los derechos. No se permite reproducir ninguna porción de
esta publicación cualquiera que sea el medio empleado, electrónico o
mecánico, fotocopia o grabación, ni por ningún sistema de almacenamiento o
recuperación de la información sin el permiso previo del dueño de los
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metropolitan area or from outside the United States, 202-722-8716). English:
No. 5-286; Spanish: No. 5-805.$3.95 per copy. Also available: English
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3211 4th Street, N.E., Washington, DC 20017-1194 (202) 541-3000
June 03, 2003 Copyright © by United States Conference of
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