Pedro está aquí


Una exposición conmemora
el V centenario
de la basílica vaticana
Pedro está aquí
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Pío XII daba la noticia al mundo en su Mensaje de Navidad de 1950: «La tumba del Príncipe de los apóstoles ha sido hallada». Fue la culminación tras diez años de investigaciones arqueológicas bajo el altar de la Basílica Vaticana. Junto a otras muchas pruebas, una inscripción en griego, Petros eni (Pedro está aquí ), demostraba que el primer Papa había sido venerado en aquel lugar desde los mismos inicios del cristianismo. Poco después, entre los escombros, aparecieron por fin unos huesos...


Fragmento con la inscripción en griego hallada junto
a las reliquias de Pedro, en la que puede leerse:
Petros eni
( Pedro está aquí ).

Una antigua necrópolis se extiende bajo la basílica patriarcal, separada por varios metros y por casi 2.000 años de Historia. Descender esos metros es también un modo de viajar en el tiempo para pisar el suelo de la antigua Roma imperial.


Muy cerca de este cementerio se encontraba el Circo de Nerón, el emperador que culpó a los cristianos por el incendio que él mismo había provocado. San Pedro fue uno de los mártires de la sangrienta persecución llevada a cabo por Nerón. Y alguien, sin duda un grupo de aquellos primeros cristianos, llevó su cuerpo a aquella cercana necrópolis para darle sepultura.


Esto es lo que nos cuenta la tradición desde los mismos orígenes del cristianismo, con el apoyo de evidencias históricas que dan verosimilitud al relato. Pero siempre han existido, y existirán, voces discordantes. No hablamos de unas simples reliquias . Recuérdese la profecía evangélica: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Entramos de lleno en la cuestión de la sucesión apostólica, que comienza en los apóstoles elegidos por Cristo y llega hasta nuestros obispos actuales. Pero hay, de la mano de ésta, otra línea sucesoria, que se inicia con el Primado de Pedro y que nos lleva, a través de los siglos y de los sucesivos Papas, hasta Benedicto XVI. Tal vez sea secundario para la legitimidad del Primado que los restos del Príncipe de los Apóstoles estén precisamente unos metros por debajo del altar en el que los Papas han celebrado la Eucaristía. O tal vez estemos ante uno de esos signos que tanto necesitamos a veces los hombres de éste y de todos los tiempos.


El emperador Constantino, poco antes de que Roma convirtiera el cristianismo en religión oficial, reconoció de inmediato la trascendencia del emplazamiento de las reliquias de Pedro. Allí mandó erigir un monumento al Apóstol, sobre el que, más tarde, el Papa Gregorio Magno (590-604) levantó un altar. Más arriba, las investigaciones arqueológicas han descubierto el altar de Calixto II (1123), sobre el que, a su vez, Clemente VII construyó, en 1594, el que hoy conocemos. Ese altar culminaba el proyecto iniciado en 1506 por Julio II: la construcción de una basílica sobre los restos del primer Papa. Pedro está aquí . Éste es, después del Santísimo, el mayor tesoro de la Basílica Vaticana. Lo demás, que no es poco, vino por añadidura ...


Cinco siglos han transcurrido desde aquel 1506. La Fábrica de San Pedro lo conmemora con una exposición que reúne, desde el pasado 12 de octubre y hasta el próximo 8 de marzo, obras maestras procedentes de los museos más renombrados del mundo, con especial atención a los artistas que han dado forma a la basílica: Bramante, que diseñó el plano original del edificio; Miguel Ángel; Rafael; Tiziano; El Greco; Caravaggio; Bernini... En una segunda sección, figuran los momentos más significativos del proyecto arquitectónico. Una tercera se centra en la antigua basílica de Constantino, y de ahí se pasa a otra sobre el Ager Vaticanus , nombre que recibía este lugar, a las afueras de Roma en tiempos de Pedro. La quinta sección está dedicada a las personas y obras de Pedro y Pablo, y la sexta aborda el Primado de Pedro y algunas muestras de la devoción hacia él de varios santos y personajes históricos que peregrinaron a su tumba.


Pero no podría entenderse el significado de esta exposición, en pleno siglo XXI, sin recordar la aventura iniciada por Pío XII en 1939. Su búsqueda de los restos de Pedro aportó una base científica -el lenguaje que entiende el hombre de hoy- a la multisecular creencia popular. Gracias a estas excavaciones, salieron a la luz múltiples epígrafes escritos por los primeros cristianos que apuntaban hacia la presencia del Apóstol. Entre ellas, la más conocida es la que da título a la exposición.


Los aficionados a imaginar el Vaticano como una poderosa maquinaria que custodia los mayores secretos de la historia de la Humanidad, quizá se sientan defraudados... Cuando concluyeron los trabajos arqueológicos, el estado del lugar era lamentable. La arqueóloga católica Margherita Guarducci obtuvo permiso del Papa para visitar las excavaciones, y su primera sorpresa fue que, entre otras cosas, la inscripción Petros eni no estaba, porque alguien se la había llevado a casa. Su trabajo duró 13 años, y el primer objetivo fue tan simple como tratar de poner algo de orden en aquel desvarajuste. Todo cambió cuando, de forma inesperada, apareció un montón de huesos bajo unos escombros sobre un nicho, justo donde había erigido el monumento Constantino. Eran huesos aislados, de varios individuos. Salvo en un caso: varón, de edad avanzada, complexión robusta... Todo concordaba. En 1965, Guarducci dio cuenta de su hallazgo en un libro. Dos años después, Pablo VI anunció que habían vuelto a aparecer los restos de Pedro.


«Nosotros sabemos que Cristo fundó su Iglesia sobre la roca de Pedro y le prometió la victoria sobre las fuerzas del mal -dijo Margherita Guarducci durante una conferencia en el Centro Cultural de Milán en 1990-. Ahora, creo que no es simple casualidad que los huesos del Príncipe de los Apóstoles se hayan conservado milagrosamente y que estén, precisamente, dentro de la basílica vaticana; esto es, en el centro de aquella Iglesia que, por definición, es universal».

Ricardo Benjumea

 


Aspecto actual del sepulcro del
Apóstol en la Basílica Vaticana,
(en torno a él, están enterrados otros Papas)
 

Manuscrito de Miguel Ángel

 


Fragmento del suelo con un mosaico
en la necrópolis vaticana .

 

 


Fresco de la antigua basílica
en el que se representa a Pedro.

 

 


Maqueta realizada en madera a partir del boceto
de Miguel Ángel, quien modificó el proyecto de
Bramante