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Exhortación para ayudar a bien morir

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DECRETO DEL SANTO CONCILIO PROVINCIAL SOBRE LA EXHORTACION O PREPARACION PARA AYUDAR A BIEN MORIR

Ex Actione II, Cap. XXIX

His, qui de vita decedunt, dent opera parochi ut assistant et maxime periculoso tempore, animas sibi commissas juvent. Quod si per se non possint, cene aliquen idoneum substituant, qui morientem excitet et coliortetur, atque indis praesertim exhortatione ab hac Synodo evulgata opitulentur[1].''

 

EXHORTACIÓN BREVE PARA LOS INDIOS QUE ESTÁN MUY AL CABO DE LA VIDA PARA QUE EL SACERDOTE O ALGÚN OTRO LES AYUDE A BIEN MORIR

Hermano mío, Nuestro Señor Jesucristo sea con tu alma, y la salve en esta hora de tus enemigos. Ahora es tiempo que te acuerdes de Dios, y le llames en tu corazón para que te ayude. Ya ves como tus parientes y amigos no te pueden librar de la muerte, ni te aprovechan ya las cosas de este mundo. Pero mira a tu Dios y llámale con todo tu corazón, que él es el verdadero padre y tu Hacedor, y te quiere salvar, y llevar a aquella vida del cielo, donde tendrás perpetuo descanso y alegría, si tú ahora te encomiendas a Jesucristo y le llamas de todo tu corazón, teniendo grande arrepentimiento de los pecados que has hecha y propósito que si te diese más larga vida le servirías y vivirías bien. Llama a Jesucristo, hermano mío, que es tu Dios y tu Padre, y dile en tu alma (si no puedes con la boca):

"Oh Señor mío Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que moristeis por mí en la cruz por redimir mi alma, no permitáis que esta criatura vuestra se pierda, pues tanto padecisteis por mí, no me dejéis en poder de mis enemigos; mas libradme, Señor, que en vos confío yo y a vos llamo y a vos quiera por Dios y Señor, y ni tengo ni adoro otro Dios. Yo soy cristiano bautizado, y aunque pecador indigno, soy hijo de la Santa Iglesia, y tengo y creo firmemente todo lo que ella tiene y cree. Yo soy vuestra hechura y vuestro siervo. No desechéis ni olvidéis en esta hora a este miserable. ¡Oh, Señor!, yo fui malo y pequé muchos pecados. A mí me pesa en el corazón de haberos enojado y ofendido. Yo he confesado al padre mis pecados, todos los que me he acordado, perdonadme vos, pues sois piadoso y amoroso; acordaos de este pobre que os llama. Si me dais más larga vida, yo enmendaré y os serviré cuanto os pudiere; y si sois servido de me llevar ahora, yo lo tengo por bien, y esto sólo os pido, que no me olvidéis ni me dejéis. Y por vuestra santa Pasión, y por los méritos de la Virgen María, madre nuestra y abogada de los pecadores, y por todos vuestros Santos, salvadme, Dios mío, para que vaya a gozar de la vida eterna. ¡Oh Señor, quién mereciese tanto bien!"

Jesús sea contigo, hermano mío; Jesús te ayude, Jesús te libre de tus enemigas. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, un solo Dios verdadero, en quien tú crees, ése te salve, y sea contigo. El que te hizo y te redimió con su sangre, ese mismo te llevará a su gloria.

 

(Oración]

"No permitáis, Dios nuestro, que se condene esta alma que tú hiciste a tu imagen y semejanza. Defiéndela, Señor, de sus enemigos, y perdónale sus pecados. Llévala al lugar de descanso con tus esco­gidos, que a ti llama y en ti confía. ¡Oh, buen Jesús!, ten piedad de esta alma, y llévala a la vida eterna que nos prometiste, para que te goce y alabe para siempre. Que eres un Dios con el Padre y con el Espíritu Santo. Amén."

 

OTRA EXHORTACIÓN MÁS LARGA PARA LOS QUE NO ESTÁN TAN AL CABO Y TIENEN NECESIDAD DE DISPONER SU ALMA

Hermano mío, nuestro Señor os dé su gracia y sea con vos. Amén. Ya veis que vuestra enfermedad es peligrosa, y que es necesario que os aparejéis para pasar de esta vida, si Dios quiere llevaros de ella: pues hay otra vida que nunca se acaba llena de gozo y de todos bienes, la cual van a gozar aquellos que en la hora postrera de esta vida están en gracia de Dios. Por esa, Hermano, mirad mucho que en el poco tiempo que os queda podéis ganar el cielo para siempre si hacéis lo que yo os diré; y si no, que iréis condenado a penas eternas del infierno. Porque sabed, hermano mío, que en saliendo vuestra alma de ese cuerpo, será presentada ante el juicio de Jesucristo, Dios y Señor nuestro, donde ha de oír sentencia de salvación o de condenación eterna, según lo que mereciere. Y después de esta vida no os queda remedio si os condenáis. Y ahora, aunque hay poco tiempo, si os volvéis a Dios y le llamáis con todo vuestro corazón, haciendo lo que os diré, seréis salvo para siempre jamás. Por eso, hermano mío, holgad mucho que os diga lo que os conviene para vuestra salvación.

 (Confesión.) Primeramente me decid si os habéis confesado de todos vuestros pecados, y si no, pensadlos bien como pudiéredes, y decidlos todos sin callar ninguno. Porque si calláis alguno, no vale nada vuestra confesión, antes ofendéis más a Dios. Y mirad, hijo mío, que Dios, que no puede mentir ni engañar, ha dicho que el que confiesa todos sus pecados al sacerdote, teniendo verdadero arrepentimiento de ellos, será perdonado, aunque sean muchos y muy grandes. Porque Dios es muy piadoso, y muy manso con los que se acusan. Y por la sangre de Jesucristo son perdonados todos nuestros pecados. Y el sacerdote, oyendo vuestras culpas, no las puede decir a nadie, sino sólo rogar a Dios por vos. [Y si calláis algún pecado, el demonio os acusará de todos ante Jesucristo, y seréis condenado para siempre.

 (Restitución.) También os aviso, Hijo mío, que si habéis hurtado o tenéis algo ajeno lo declaréis, y mandéis se le vuelva a cada uno lo que es suyo. Y si hiciste algún daño a vuestro prójimo lo digáis, para que el Padre vea cómo se satisfará, porque no podéis ser salvo sin restituir lo que debéis. (Testamento.) Y si tenéis alguna hacienda, habéisla de dejar a vuestras hijos, o padre, o madre, si lo tenéis; pero bien podéis de una parte de ella hacer bien por vuestra alma, mandando se os digan algunas misas u otros sufragios.

 (Confesión de la fe.) Y, especialmente, creed y confesad que hay un solo Dios Todopoderoso, eterno e infinito, que es Padre e Hijo y Espíritu Santo; y aunque son tres personas, no es más de un solo Dios vivo y verdadero. Y en éste sólo creéis. Y todos los demás que adoraban vuestros pasados eran demonios, y fingidos y falsos dioses. Y, ansí, los despreciáis y tenéis por mentira y engaño. Sólo a este Dios que adoramos los cristianos adoráis y en él creéis. Porque éste solo es el que hizo el ciclo y la tierra y todo cuanto hay; (p. 586) y creó al hombre para que alcance la vida del cielo, la cual da él a los que le sirven, en compañía de los Santos Angeles y de los justos, donde hay, descanso y alegría para siempre jamás.

¡0h, quién se viese allá, hijo mío!  Gozaos mucho que os llama Dios para allá. Y poned vuestra fe y esperanza en Jesucristo vuestro Salvador, que siendo Hijo de Dios verdadero, se hizo hombre, y nació de la Virgen Santa María, Señora nuestra y abogada en esta hora. Y él mismo siendo Dios padeció, en cuanto hombre, crueles dolores y muerte en la cruz para salvar a nosotros pecadores, y fue sepultado su cuerpo, y estuvo allí tres días, y al tercero resucitó glorioso para nunca morir. Y subió a los ciclos, y está a la diestra de Dios Padre con gran gloria. Y al fin del mundo ha de venir a juzgar a todos los hombres, y todos han de resucitar entonces y vos también, en este propio cuerpo, aunque la tierra lo coma [fol. 6v], porque el gran poder de Dios hará esta obra maravillosa. ,

Y aunque seáis pecador y hayáis ofendido mucho a Dios, si os convertís a él, y recibís los sacramentos de la Santa Iglesia, él os perdonará, porque perdona a todos aquellos que reciben como deben los sacramentos de la Santa Iglesia, que son el bautismo y la peni­tencia, y los demás a sus tiempos. Y a los malos, que no se convierten a Dios, les están aparejados tormentos crueles de fuego en el infierno para siempre en compañía de los demonios, que son nuestros enemigos y nos engañan, diciendo que es mentira lo que les enseñan los cristianos. Que lo de los antepasados es lo bueno, y que es bien 264 emborracharse y andar con mujeres y holgarse en esta vida, y que en la enfermedad llaméis a las guacas y a los hechiceros y llagáis lo que ellos os dicen. Esto dice el diablo para engañaras. No le creáis, mas escupid en él y echadle de vos, y llamad a Jesucristo que es vuestro Padre y vuestro Dios, y os quiere salvar. ¿No creéis y confesáis todo lo que he dicho? Así lo confesad y tened firmemente, porque ésta es palabra de Dios, que por su boca la enseñó y no puede engañar.

(Temor.) Y si habéis pecado, temed el juicio (le Dios, que ahora habéis (le parecer ante él y dar cuenta (le toda vuestra vida. ¡Oh, qué espantosa es aquella cuenta y cuán terrible su sentencia, con que a los malos les condena a fuego eterno!

Y pues los justos temen y tiemblan delante de él, ¿qué será de los grandes pecadores? Pero si vos llamáis a Jesucristo de corazón, él será vuestro ayudador y os librará, porque aunque hayáis hecho muchos pecados, es mucho mayor su bondad; [fol. 7v] y murió por vos, y con su sangre os lavará y limpiará.

* (Esperanza.) El os tiene por hijo y os convida con amor, porque vino del cielo a la tierra a salvar a los pecadores, y en cualquier punto que el pecador se convirtiere a él, le abre los brazos de misericordia (p. 587) y le recibe, como al hombre lo pese de haber pecado, y deter­mine firmemente de no pecar más.

 (Contrición.) Por eso, hijo, ahora es tiempo (le volveros n Dios y pedirle perdón de todas vuestras culpas y maldades, y llorarlos diciendo: "¡Oh mi Señor mi Dios! ¿Cómo parecerá ante ti este siervo malo, que te ha enojad y ofendido tantas veces? No merecía tan mala vida como la mía, sino muerte eterna y dolor sin fin. Porque yo he quebrantado tu ley por cosas viles; yo he sido tan ingrato a tus beneficios, que no merecía un punto de vida. ¡Ay de mí que tan malo he sido, y después de cristiano bautizado he ensuciado mi alma con tantas maldades! ¿Qué será de mí, oh gran Señor? ¿Quién remediará tantos males míos? Mas, oh buen Dios y Padre mío y toda mi esperanza Jesucristo, tú moriste por mí, y no quieres que me condene, y dices: vesme aquí en esta cruz para tu remedio. Pues, oh Señor, no desprecies a este pecador pobre y vil que te llama y espera en ti. Perdona mis culpas pasadas, que a mí me pesa en el corazón de Haberlas hecho, y quiero morir antes de ofenderte otra vez. No tengo qué ofrecerte por tantos pecados, mas ofrézcate, Dios mío y Padre mío, esas tus llagas y tus azotes y tus afrentas, esa tu cruz, para recompensa de mis culpas. Sea yo perdonado por esa sangre tuya, y por ese amor que me tuviste. Y, si algo vale, también te ofrezco esta mi enfermedad y los dolores de ella, y la muerte si tú quieres que yo la pase. Sólo quiero que no estés enojado conmigo, y haz de mí lo que quieres, que tú eres todo mi deseo y todo mi amor. ¡Oh si mereciese mi alma ir a esa tu casa de gloria para gozar de tus bienes para siempre! ¡Cuán dichoso sería yo en dejarlo todo y esta vida del cuerpo por alcanzar a ti que eres la vida verdadera de mi alma! Óyeme y no me desprecies, buen Jesús, pues en esta hora no tengo otro arrimo ni otra esperanza sino a Ti".

 (Invocación a los Santos)  ¡Oh cuán de buena gana oye Jesucristo vuestras palabras! Hijo mío, miradle, en esta cruz, abiertos los brazos para recibiros. Adoradla y besadla, y tened firme confianza que habéis de sor perdonado y salvo. La gloriosa Virgen María, Madre de Dios, abogada nuestra, ella también os mira y favorece y defiende a vuestros enemigos. No teméis con su favor. Llamadla y pedidle su ayuda. Llamad a los Santos Ángeles, y al de vuestra guarda, y a los Santos y a vuestro patrono, que todos os ayudarán. Y para vuestro consuelo todos también os ayudaremos llamando a Dios y a sus Santos en vuestra ayuda. Si no pudiéredes con la boca, a lo menos con el corazón, no ceséis (le llamar a Jesucristo juntamente con nosotros. (p. 588)

 

LETANIA

 

Cristo, oye nuestros ruegos.

Cristo, otorga nuestros ruegos.

Padre Celestial, verdadero Dios, ten piedad de él.

Hijo Dios, Redentor del mundo, verdadero Dios, ten piedad de él.

 Espíritu Santo, verdadero Dios, ten piedad de él.

Santa y gloriosa Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de él.

Santa María, ruega por él.

Santa Madre de Dios, ruega...

Santa Virgen de las Vírgenes, ruega...

San Miguel, ruega...

San Gabriel, ruega...

 San Rafael, ruega...

Todos los Santos Angeles de Dios, rogad por él.

Todos los Coros de Espíritus Bienaventurados, rogad...

San Juan Bautista, ruega [por él].

Todos los Santos Patriarcas y Profetas, rogad [por él].

San Pedro, ruega [por él].

San Pablo, ruega...

San Andrés, ruega...

Santiago, ruega...

San Juan, ruega...

Santo Tomás, ruega...

Santiago, ruega...

San Felipe, ruega...

San Bartolomé, ruega...

San Mateo, ruega...

San Simón, ruega...

San Tadeo, ruega...

San Matías, ruega...

San Bernabé, ruega...

 San Lucas, ruega...

San Marcos, ruega...

Todos los Santos Apóstoles y Evangelistas, rogad por él.

Todos los Santos Discípulos del Señor, rogad por…

Todos los Santos Inocentes, rogad por...

San Esteban, ruega [por él].

 San Lorenzo, ruega...

San Vicente, ruega...

San Fabián y San Sebastián, rogad [por él].

San Juan y San Pablo, rogad...

San Gervasio y San Trobasio, rogad...

 Todos los Santos Mártires, rogad por él.

San Silvestre, ruega [por él],

San Gregorio, ruega...

San Ambrosio, ruega...

 San Agustín, ruega...

San Jerónimo, ruega...  (p. 589)

San Martín, ruega...

San Nicolás, ruega...

Todos los Santos Pontífices y Confesores, rogad [por él].

Todos los Santos Doctores, rogad...

San Benito, ruega [por él].

San Antonio, ruega...

San Bernardo, ruega...

Santo Domingo, ruega...

San Francisco, ruega...

Todos los Santos Monjes y Ermitaños, rogad [por él].

Todos los Santos Sacerdotes y Levitas, rogad por él.

Santa María Magdalena, rogad [por él].

Santa Águeda, rogad...

Santa Lucía, rogad...

Santa Inés, rogad...

Santa Cecilia, rogad...

Santa Catalina, rogad...

Santa Anastasia, rogad...

Todas las Santas Vírgenes y Viudas, rogad [por él].

Todos los Santos y Santas de Dios, intercedan [por él].

 Séle piadoso, y perdónale, Señor.

Séle piadoso, y líbrale, Señor.

De tu gran saña, líbrale, Señor.

De la mala muerte, líbranos, Señor.

De peligro de muerte, líbranos...

De las penas del infierno, líbranos...

De todo mal, líbranos...

Del poder del diablo, líbranos...

Por tu Venida y Nacimiento, líbranos...

Por el Bautismo y Santo Ayuno tuyo, líbranos...

Por tu Cruz y Pasión, líbranos...

Por tu Muerte y Sepultura, líbranos...

Por tu Santa Resurrección, líbranos...

 Por tu admirable Ascensión, líbranos...

Por la venida del Espíritu Santo consolador, líbranos...

En el día del Juicio, líbranos...

Los pecadores te rogamos, óyenos...

Que tú le perdones te rogamos, óyenos...

Que tú le ayudes te rogamos, óyenos...

Que tú le defiendas te rogamos, óyenos...

Que tú le salves te rogamos, óyenos...

Padre Nuestro.

Dios te Salve, María.

Creo en Dios Padre. (p. 590)

 

ORACION

"Señor misericordioso, que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta a ti y viva: rogárnosle por tu Sagrada Pasión que te apiades del alma de este tu siervo en esta hora postrimera, y perdónale todos sus pecados. Por la virtud de tu gracia le hagas participante de la vida eterna. Que eres tú misma Jesucristo, que con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas, un Dios para siempre sin fin. Amén."

 



[1] "A Ios que están por morir procuren los curas hallarse presentes, y ayudar a las almas que están a su cargo en aquel tiempo tan peligroso; y si no pudieren asistir por mismos, a lo menos envíen en su lugar a alguna persona cual convenga para que anime y esfuerce el doliente, y particularmente a los indios que se les dé este socorro y ayuda con la Exhortación que para el efecto ha compuesto este Sínodo" (CL, I, 331).

 





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