"Bajando” películas de Internet: Es muy fácil y todo el mundo lo hace
Domènec Melé
www.almudi.org
Es muy fácil y todo el mundo lo hace
Pepe es un chico de 18 años que frecuenta una asociación juvenil parroquial. Es
muy aficionado a la música y, desde hace años, colecciona música digitalizada
(MP3) que consigue por Internet. En una ocasión comentó en público que tenía más
de 3.000 archivos MP3. (1)
Una de las actividades de la asociación juvenil es proyectar películas
comerciales. Se buscan sobre todo películas de renombre y que, al mismo tiempo,
sean moralmente aceptables. Pepe se ofrece a conseguir películas, a través de
Internet, en plena temporada de exhibición en las salas de cine y antes de estar
a la venta o distribuidas en los videoclubs en formato DVD. Afirma que sabe cómo
hacerlo. Como botón de muestra, presenta a Enrique, el responsable de la
actividad de cine de la asociación, la grabación de una de gran éxito en muchos
cines de la ciudad que todavía no está disponible en DVD. Mientras le enseña un
disco, le dice: "Mira, he tardado quince horas en grabarla pero aquí está. ¿La
pasamos el próximo viernes?"
Enrique le comenta que no le parece bien conseguir películas de esta manera.
Pepe le responde que todo el mundo lo hace porque las técnicas actuales lo
permiten. Y añade: "Las productoras ya hacen su negocio con los cines y cuando
sacan los DVD. Además, esta vez he pagado. No mucho, la verdad, pero he pagado.
Otras veces podré conseguirlas gratis".
Por tener una copia o para ganar dinero
Interrogantes y circunstancias al respecto
¿Tiene razón Pepe? ¿Qué argumentos podría darle Enrique? Vayamos por partes,
empezando por una explicación sucinta de las posibilidades técnicas de grabación
que hoy disponemos.
Los medios informáticos actuales permiten copiar música, vídeos, imágenes,
textos y programas informáticos (software) con mucha facilidad. En ciertas
condiciones es legal y legítimo hacerlo, pero muchas copias se obtienen
incurriendo en una flagrante violación de los derechos de propiedad intelectual.
En este último caso, se suele hablar de "piratería informática o digital"
(digital piracy). La facilidad con que puede realizarse exige tener una firme
convicción de querer actuar bien y tener una conciencia bien formada. A esto
último contribuye conocer lo que se está haciendo y los criterios morales
aplicables.
Las grabaciones de audio, generalmente obras musicales, es lo más copiado, con
diferencia. Un CD fácilmente se puede copiar en el disco duro de un ordenador y,
desde él, reproducir centenares de buena calidad y por un precio que puede ser
diez veces menor al de compra ordinaria. De todos modos, el mayor número de
copias se hace por Internet entre dos particulares, de uno a otro, disponiendo
de un programa adecuado. Hay millones de usuarios con esos programas y el fondo
de archivos musicales compartidos es enorme.
La copia de imágenes es más lenta y la de videos es más difícil aunque también
muy extendida, pero menos que la de audio. Hay videos de películas
convencionales, de competiciones deportivas, musicales y pornográficos. Internet
ofrece también películas a estrenar en los cines comerciales que, generalmente,
han colgado en la red trabajadores de las distribuidoras que furtivamente se las
han apropiado.
Derecho limitado
Las obras musicales, películas, programas informáticos y demás archivos copiados
tienen un autor que ha puesto creatividad, conocimientos, experiencia y trabajo.
Esta autoría crea un título de propiedad intelectual que ha de ser reconocida y
de alguna manera recompensada. Es de justicia respetar la propiedad ajena. Pero
la propiedad, intelectual en este caso, no es un derecho absoluto, sino que
tiene una función social como cualquier propiedad privada. Una vez publicada una
obra creativa, ha de mantenerse siempre el reconocimiento de su autoría pero la
compensación económica no tiene por qué ser ilimitada. De hecho, las
legislaciones tienen normas sobre los derechos de autor. En algunos países, como
España, se reconoce el derecho a la "copia privada" siempre que no tenga
utilización colectiva o lucrativa. Desde que la tecnología permite las "copias
pirata", las legislaciones se están revisando. Las tecnologías para evitar las
copias no son eficaces y la persecución de los delitos de copias tiene muchas
dificultades.
Lo que no está mal: Soluciones flexibles y creativas
Ante este panorama actual, muchas empresas están buscando reducir los precios de
sus productos para facilitar la venta legal y disuadir de la piratería. Algunos
países como España optan por un canon moderado en los aparatos grabadores
destinado a los derechos de autor. De aquí viene el derecho a la "copia privada"
pues con el canon ya se ha pagado lo que en justicia corresponde, pero no se
justifica poner al alcance de todo el mundo sus archivos propios.
Es aceptable hacer copias en el ordenador de un CD comprado. Se pueden descargar
de Internet archivos, ya sea pagando, ya sea gratis, si han caducado los
derechos de autor o se dice explícitamente.
Lo que sí está mal
No está permitido, en cambio, bajar y grabar archivos sin permiso de quien tiene
los derechos de propiedad, salvo en casos esporádicos como los anteriormente
citados. Hay que ser muy cauteloso con las películas de estreno que aún no estén
comercializadas en DVD, independientemente de que sea o no gratuito bajárselas
de la red, ya que suelen proceder de copias furtivas. No sólo sería algo ilegal
sino cooperación en una acción furtiva.
No se pueden hacer copias de lo que uno se haya bajado de la red, sin permiso
legal para ello. Por lo mismo no puede ponerse a disposición de otros, por
Internet, los archivos que uno tenga. Hacer copias ilegalmente y su posterior
comercialización es moralmente ilícito y un delito bien tipificado y perseguido.
También lo es participar, de alguna manera, en este proceso o adquirir los
productos vendidos.
Solución del caso
Vivir las exigencias morales en las copias de materiales digitalizados,
directamente o a través de Internet, suele significar actuar a contracorriente.
Como en otras materias o actividades de la vida, conviene ser ejemplar y ayudar
a los que nos rodean a formarse la conciencia, haciéndoles ver que una práctica
por ser corriente (todo el mundo lo hace) no tiene por qué ser correcta. No dar
importancia a la piratería informática es abrir la puerta a otras acciones fuera
de la ley civil e incluso de la moral natural.
En nuestro caso, se ve que Pepe no tiene la conciencia bien formada en este
asunto de bajar música o películas de la red. Por lo que se ha explicado,
probablemente los vídeos que ha bajado de la red proceden de copias furtivas
hechas por empleados de las distribuidoras. Si fuera así incurriría además en un
robo y en cooperación al mal. Enrique debe asesorarse bien y aprovechar la
amistad que tiene con Pepe para ayudarle en su formación moral.
(1) Cas de Moral: Descarregant pellícules d’Internet. Domènec Melé. Temes
d’avui. Num. 14. 2n semestre 2003, pp. 81-87.