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Cuarto Mandamiento Contenido Obligaciones
de los Padres para con los Hijos Como hacer
de los Hijos unos Delincuentes Para educar
a los Adolescentes Lo que
educa a un niño es lo que comprende afectivamente. 66,1. Honrar a los padres es obedecer, si se vive bajo su potestad, sus
mandatos; mientras no manden lo que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios
antes que a los hombres»(626). También asistirlos en sus necesidades y
reverenciarlos con amor. «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le
gusta al Señor»(627). En algunas traducciones del
Evangelio hay una frase que puede entenderse mal. Dice Jesucristo : «El que no
odia a sus padres no es digno de Mí»(628). Hay que tener en cuenta que la
palabra «odiar» en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano. En
hebreo significa «tener en menos». Por lo tanto el sentido de la frase es: «El que antepone sus padres a Mí, no es digno de Mí». Obligaciones de los Hijos
66,2. La
desobediencia a los padres es más grave cuando se trata de cosas relacionadas
con el bien de nuestra alma : deberes religiosos, amistades, diversiones, etc. La obediencia a los
padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es
debido, el cual permanece para siempre . Tus padres lo son
todo para ti. Aunque sean viejos y achacosos, debes conservarles el respeto y
el cariño. No seas jamás un hijo desagradecido . Todo lo que tienes, a ellos se
lo debes. Dice la Biblia: «Cómo podrías pagarles lo que han hecho por
ti?»(629). Piensa en los pobres niños abandonados que no conocen a su padre, ni
saben lo que es el cariño de unamadre.A los padres no basta quererlos, hay que
manifestárselo. No hay en el mundo amor más desinteresado que el de los padres:
no es mucho pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de
sus hijos, que tanto agradecen. Hoy se habla poco
de obedecer a los padres. Incluso algunos hijos se creen que desobedeciendo dan
muestras de independencia y personalidad. Es decir, que
consideran la desobediencia como una valor. Esto es una equivocación. Esos
mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que les aman, luego obedecen a los
amigos, a las modas, o a sus caprichos que les tiranizan. Cambian de obediencia
: la buena por la mala. Ser libre no es hacer lo que me da la gana. Ése es
esclavo de sus caprichos. Libre es el que
voluntariamente cumple con su deber. La persona más libre fue Jesucristo , que
era Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre. Hoy día es muy
fácil que los hijos se contagien del espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada
del ambiente. El P. César Vaca, O.S.A. escribió en el periódico Ya de Madrid:
Criticar los falsos maestros, los malos educadores, los padres incomprensivos y
egoístas, está bien; pero rechazar la disciplina familiar en globo,
menospreciar sin compasión a cuantos ejercen la ardua tarea de la educación y
la enseñanza, presentando como la mejor de las escuelas la anarquía de una
libertad incontrolada, es colocarse al borde de la ruina . Los problemas que destacan en las páginas
frontales de los periódicos de todo el mundo, son un reflejo de la falta de
disposición de nuestra juventud para someterse a ningún sistema de valores que
no sea la jerarquía de valores de su propio criterio. (...) Todos somos
testigos de casos de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra
vez por padres experimentados y responsables, pero ellos prefieren
"discurrir por su cuenta", para descubrir demasiado tarde lo que su
padre le predecía certeramente. Por desgracia, son muchos los jóvenes que no quieren
escuchar consejos. Semejante hostilidad de la gente joven hacia la autoridad
paterna supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios de la
experiencia Los hijos deben ayudar en la vida de familia. En todas las familias
se necesita la colaboración de los hijos. Entre todos se puede conseguir una
vida familiar agradable y alegre. En nuestra sociedad el número de personas que
alcanza una edad avanzada es cada vez mayor. Los ancianos se encuentran con
problemas que hacen más dura su ancianidad: ya no pueden trabajar, algunos
están enfermos, otros solos. Todos los miembros de la sociedad deben sentirse
responsables de la atención a los ancianos, especialmente los hijos . Obligaciones de los Padres para con los Hijos
66,3. En este
mandamiento se contienen también las obligaciones de los padres para con sus
hijos, que son, además de amarlos: alimentarlos, vestirlos, instruirlos en
religión y en cultura, vigilarlos, corregirlos, darles buen ejemplo y
procurarles un porvenir humano proporcionado a su estado y condición social .
Es decir, educarlos física, intelectual, humana, espiritual y moralmente ; y
protegerlos de los peligros de alma y cuerpo. «Recuerden los padres que es
deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y
cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas costumbres no entren
en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra parte»(630). Dijo Pío XII en su
discurso del 9-V-57: La sociedad es para la familia, no la familia para la
sociedad. La familia es una institución natural: es el origen de la vida
humana, y el recinto de la educación. La familia es
vínculo de transmisión normativa. Pero es necesario que la normativa moral y
religiosa se dé con convicción, con motivación y con el ejemplo. Debemos colaborar
con nuestros padres al bien espiritual de la familia, manifestándoles aquellas
cosas que ellos deben saber para corregirlas. A no ser que haya otro modo más
eficaz. Pero quien oculta los malos pasos de sus hermanos, por un falso
criterio de compañerismo, puede hacerse responsable ante Dios de las faltas que
queden sin corregir. El padre tiene obligación de corregir; pero para esto
necesita estar informado de lo que pasa. No exagerar las cosas. Pero no quitar
importancia a lo que la tiene. Los padres son los primeros educadores, y son
ellos quienes deben decidir, y no el Estado, el tipo de educación que crean
mejor para sus hijos. El Estado debe ayudar a todos los niños en edad escolar
sin discriminaciones. Sería injusto que
si los padres necesitan ayuda para la enseñanza de sus hijos, y el Estado
quiere cooperar, sólo ayude a los que asisten a las escuelas estatales, y no
ayude a los de las escuelas libres. «Los padres, como
primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir
para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho
es fundamental. En cuanto sea
posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden
en su tarea de educadores cristianos. Los poderes
públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar
las condiciones reales de su ejercicio»(631). La educación es de
una importancia transcendental y de una gran responsabilidad para los padres. Hay en la vida
muchos hombres que lamentan su desgracia por las faltas y descuidos de sus
padres. En educación, como
en todo, se recoge lo que se siembra . A los niños, gradualmente, según ellos
vayan siendo capaces de asimilar, hay que inculcarles la limpieza, el orden, la
obediencia, el sacrificio, la lealtad, la servicialidad, la honradez, el saber
renunciar, etc. etc. Acostumbrarlos a
portarse bien en todas partes, a practicar el bien aunque sea penoso, y a huir
del mal aunque sea seductor, (...) espontáneamente, y por propia iniciativa,
aunque nadie le vigile ni castigue . De mayores será muy difícil que adquieran
virtudes que no se les sembraron de pequeños. Los niños, para su
buen desarrollo, necesitan caricias desde el primer momento. Se han hecho
estudios de niños atendidos perfectamente en sus necesidades vitales, en
centros especializados, pero faltos de cariño, que muestran anormalidades
características. Pero los hijos no
se pueden tener mimados y consentidos . El niño mimado y consentido se hace
caprichoso y poco sociable. Esto le va a traer problemas de aceptación entre
sus compañeros en su edad escolar, y esto le va a dificultar su madurez
psicológica. Está comprobado que el niño que es bien aceptado por sus
compañeros, por sus cualidades personales, tiene un gran porcentaje de
probabilidades de una buena maduración psicológica en el futuro. Educación
Los hijos, ni se
pueden tener mimados y consentidos, ni tampoco castigarlos sin razón. El
castigo es inevitable , pues es moralmente imposible que tus hijos no cometan
alguna falta que lo requiera: «sin castigo no hay educación posible», dice uno
de los más célebres pedagogos de nuestra época, Foerster(632). Pero para que el
castigo sea educativo y eficaz ha de ser siempre : a) oportuno: escogiendo el
momento más propicio para imponerlo pasada la ira en unos y otros; b) justo:
sin exceder los límites de lo razonable; c) prudente: sin dejarse llevar de la
ira; d) cariñoso en la forma, para que el niño comprenda que se le impone por
su bien. «No somos eficazmente castigados sino por aquellos que nos aman y a
quienes nosotros amamos»(633). El castigo corporal
tiene sus dificultades. Puede engendrar terquedad, rencor, debilitamiento del
sentimiento del honor. Los niños nerviosos no debieran ser castigados
corporalmente, pues se corre el peligro de aumentar su nerviosidad. En las
niñas el castigo corporal debilita el sentimiento de su intocabilidad corporal,
tan precioso para el recato de su vida futura. A veces puede ser más eficaz que
un castigo corporal el ponerlo a comer solo en una mesita de cara a la pared,
privarle de una habitual muestra de cariño, o de un dulce que le gusta, o del
dinero que se le suele dar; depende de edades y circunstancias. El castigo debe
facilitar al niño el camino de la honradez, la obediencia, la aplicación, etc.,
para hacer de él un hombre moral. El castigo más que para expiar la culpa
cometida debe servir para la corrección. Para esto es necesario que el niño
reconozca la falta, y lo justo del castigo. El castigo tiene mucho más valor
cuando el niño lo acepta voluntariamente, o se lo impone él mismo. Después de
aplicado el castigo, se deben hacer las paces con el niño lo antes
posible(634). Hay que tener tacto
para corregir con eficacia. Poco se logra con herir y humillar solamente. Hay
que alentar. Despertar el sentimiento de la propia estima. Una corrección
eficaz debe dejar siempre abierto un portillo a la esperanza de la propia
superación . El dejarle hacer lo que él quiera, algún día lo interpretará como
falta de interés por su bien. En cambio el contrariarle manifestando que se
hace por amor e interés por él, terminará por ganarle el corazón. Decir: te
quiero demasiado para permitirte eso , o un trato cariñoso después de un
castigo, restablece la armonía. El amor debe estar por encima de las
travesuras. Una madre después de castigar a un hijo le dijo: «No estoy furiosa
contra ti, sino contra tu travesura». Y el hijo agradeció aquel castigo. Si es importante
saber manejar el castigo en orden a una buena educación, no lo es menos el
saber utilizar el premio; por ejemplo, el elogio. La recompensa pedagógica
puede revestir muchas formas: una mirada de aprobación, un gesto cariñoso, una
palabra, la concesión de un permiso deseado, un regalo, etc. Pero tampoco se
pude ser excesivo en los premios y alabanzas, pues perderían eficacia, y se
correría el peligro de hacer al niño egoísta, obrando bien sólo con miras al
premio y a la recompensa. El estímulo es más
eficaz que la represión. A veces ésta será inevitable, pero su eficacia será
mayor si el hijo está acostumbrado a que se le reconozca la obra bien
realizada, y se le aplauda el esfuerzo realizado, aunque no siempre estos
esfuerzos hayan sido coronados por el éxito. Todo el mundo queda agradecido a
quien sinceramente le anima. Un elogio correcto, justo, oportuno, estimula y educa
para el bien. Todo el arte de la Pedagogía consiste en saber sonreír y en decir
NO a los hijos en el momento preciso y de la manera exacta . Una de las cosas
peores que puede hacer un padre con sus hijos es dejarlos que se hagan
caprichosos y testarudos . Es de la máxima importancia en la educación de los
hijos la formación de la voluntad. La voluntad se
fortalece enseñándola a renunciar. A esto hay que empezar de pequeño. Que
empiece a renunciar a gustos, caprichos, comodidades, etc., en bien del prójimo. Por ejemplo: que
reparta entre hermanos y amigos la caja de bombones que le han regalado, que se
levante de la silla para echar el papel del caramelo en la papelera, que ceda
el sillón a una persona mayor, que deje un juego ruidoso porque a la abuelita
le duele la cabeza, etc., etc. Hay multitud de renuncias y privaciones de alto
poder formativo. La sonrisa de un hijo proporciona a los padres tanto placer
que se hace durísimo contrariar al niño. Por otra parte, hay corazones de
padres que no pueden resistir el oír llorar a sus hijos. Sin embargo, han de
saber que por no querer contrariarlos hoy y darles esos caprichos, los están
preparando para grandes disgustos en la vida, porque las cosas no siempre van a
salir a sus deseos. Es una equivocación decir: Déjale hacer. Pobrecito. Ya
tendrá tiempo de sufrir . Todo lo contrario. El niño mimado sufrirá el doble
que el que se ha acostumbrado a renunciar con naturalidad. En la vida hay que
renunciar por fuerza tantas veces!. Es menester
acostumbrar al niño, desde pequeño, a portarse bien en todas partes,
espontáneamente y por propia iniciativa, aunque nadie lo vigile ni le castigue.
Hay que saber apartarlos del mal y orientarlos al bien, de modo que ellos
mismos estimen la virtud y el deber, y lo abracen voluntariamente. Es muy
importante en la educación de los niños saber proporcionarles placeres lícitos
con alegría, y que sepan renunciar a lo ilícito sin angustia. Es imposible que
los niños tengan siempre lo que desean. Hay que acostumbrar a los niños a que acepten
estas frustraciones con naturalidad, pues la vida está llena de frustraciones. El joven que se
acostumbra desde niño a hacer su voluntad es un inútil para la vida. Porque la
vida es un tejido de deberes desagradables, y el que desde niño no se acostumbra
a cumplirlos severamente, sino que obra a impulsos de sus gustos, caprichos y
pasiones, se hace víctima de su propia voluntad al llegar a la edad madura . Dice el gran
educador Stuart Mill : Quien nunca se ha privado de algo permitido, no sabrá
privarse de lo prohibido . La voluntad es la
facultad de la persona humana por la cual el individuo cumple lo que se ha
propuesto sin dejarse llevar por lo que le gusta o disgusta. Es muy importante
para ser una persona de carácter. Es lo que hace al hombre más hombre . Para
lograr el dominio de la voluntad es necesario entrenarse, como en el deporte.
Hay que adquirir un hábito por la repetición de actos realizados con una
motivación de superación personal. El entrenamiento debe empezar por cosas
relativamente fáciles. Un niño mimado no
es aquel por quien se hace demasiado. Nunca se hace demasiado por un niño. Niño mimado es
aquel a quien nunca se le ha exigido, aquel a quien no se le ha enseñado a
devolver en proporción a lo recibido. Condescender a los caprichos del niño es
hacer de él un pequeño tirano. No hay manera más
segura de labrar la desgracia de un hijo que darle todos los caprichos . Educar, formar a un
niño, es hacerle obedecer, ayudarle a superarse, enseñarle a amar, a querer lo
que no quiere, lo que no ama, lo que no hace espontáneamente, pero que le
servirá... Se ha definido al educador como quien presta voluntad. Dejado a sí
mismo, el niño queda esclavizado a sus instintos y caprichos. La intervención
de la voluntad fuerte del educador le libera... Ese pequeño ser tan encantador
y tan débil, hacia el que nuestro amor y nuestra compasión se desbordan, es
terriblemente egoísta y codicioso. Hay que enderezarlo, moldearlo, humanizarlo.
No hay rectitud moral en la vida si no se obedece a los principios, a pesar de
las tentaciones y los caprichos. «Además, no hay
verdadero placer, incluso para el niño, en las cosas obtenidas sin esfuerzo. En
todos los terrenos hay que pagar con horas de penosa ascensión la alegría de
contemplar un hermoso panorama. La resistencia vencida produce su goce. Hay que
dar al niño la experiencia y el gusto de estas ásperas y profundas alegrías que
brotan de la dificultad vencida»(635). Y desde luego,
jamás permitas una desobediencia. Antes de dar una orden, piensa si es
conveniente. No mandes muchas cosas seguidas; y nunca, contradictorias. El
padre y la madre deben estar siempre de acuerdo en cuanto a órdenes y castigos.
Nunca deben contradecirse. Y las órdenes, que sean claras, que el niño las
entienda. Y bien descritas en sus detalles: plazo de tiempo en que debe
realizarse, resultado que se pretende, etc. Por ejemplo: Recoge el cuarto de
baño después de ducharte . Aclarar que se entiende al terminar de ducharse, no
a media noche; todo limpio, no basta recoger la ropa sucia, etc. No mandarles
demasiadas cosas. Ni prohibirles tonterías. Dijo el doctor psico-pedagogo Luis
Riesgo en una conferencia a la que asistí en el Casino GADITANO DE Cádiz, el 15
de Noviembre de 1995: No hacer montañas de las colinas. Ser transigentes en
pequeñeces. En toda pedagogía familiar vale más ganar una batalla importante
que cien escaramuzas sin importancia . Hay que dejar a los
hijos siempre un campo de autonomía. No olvidar que el niño necesita
autoafirmarse. Procura no mandar
cosas demasiado difíciles. Pero dada la orden, que sea ejecutada por encima de
todo. Si el niño logra imponer su voluntad una vez, no lo olvidará, y siempre
intentará conseguirlo de nuevo. El niño debe saber que hay ocasiones en las que
son inútiles los llantos y los gritos . Y tú, por tu parte, cumple también la
recompensa o los castigos a que te hayas comprometido. Son desorientadores para
los niños y fatales en la educación esos padres que mandan, amenazan y prometen
muchas cosas; pero después nada de eso llega a la realidad, sin razón alguna:
«El castigo anunciado no debe suprimirse sin causa»(636). Pero hay que tener
cuidado de que el castigo no corresponda a nuestro mal humor, sino a la
gravedad de la falta y a la responsabilidad del niño. Reconocida la culpa por
el niño, y aceptado el castigo, es muy pedagógico disminuir éste con la promesa
de enmienda. - Educar es aceptar
que cada hijo tiene su modo de ser, y permitirle ser él mismo . - Educar es
reforzar y alentar todo lo bueno que tenga el educando. - Educar es
procurar el bien del educando con autoridad y firmeza, pero sin violencia y con
ternura. - Educar es
inculcar los valores que pretendemos, por medio del ejemplo(637). La corrección del
niño debe comenzar cuando es pequeño. Las plantas tiernas son más fáciles de
enderezar. No dejes que nadie,
delante de los niños pequeños, alabe lo malo y se ría de lo bueno. Tampoco
toleres que les enseñen a decir picardías. Por lo mismo, pon mucho cuidado en
que los niños pequeños no presencien nada en la casa que pueda enseñarles el
mal. Los niños son grandes imitadores: hay que tener mucho cuidado de todo lo
que se dice y se hace en su presencia. Ten también cuidado de que en tu casa no
haya cuadros o calendarios deshonestos, ni libros ni revistas peligrosos.
Preocúpate de inculcarles desde pequeños el amor a la pureza, a la veracidad,
honradez, servicio del prójimo, respeto a la autoridad, etc. Nada persuade
tanto a practicar el bien como el buen ejemplo. «No se enseña ni lo que se sabe
ni lo que se dice, sino lo que se hace»(Jaurés) . Las palabras mueven, pero los
ejemplos arrastran. Son los hechos los que cuentan, no las palabras. Las
palabras son contraproducentes cuando son desmentidas por los hechos. Los ejemplos educan
más que las palabras. El niño necesita modelos de comportamiento claros,
fuertes y permanentes. Si los modelos son defectuosos, cambiantes y débiles, no
sabrá lo que hay que hacer en cada momento. Pero además de
darles buen ejemplo, hay que hacerles actuar. El secreto de aprender está en el
hacer. «Exigir a los hijos que hagan lo que es necesario hacer, lo que deben y
pueden hacer según su edad; sin permitirles concesiones. (...). Eso es amarles
y educarles para la vida. Tenerlo todo, no haber tenido que esforzarse por
nada,(...) es una tremenda desgracia». Lo que verdaderamente
educa es el ejemplo de una vida coherente, y la autoridad apoyada en razones.
No el autoritarismo violento. La incidencia de la figura paterna ha sido
estudiada por Alinear Glueck comparando quinientos muchachos delincuentes con
otros quinientos que no lo son. La investigación demuestra que la mayoría de
los muchachos delincuentes han dependido en su educación de padres con
actitudes extremas de severidad o de permisividad; mientras que los muchachos
que presentan una conducta normal pertenecen en su mayoría a padres que han
sabido aplicar una disciplina firme pero serena y dialogante . Para los hijos, tan
malo es una autoridad dura y rigurosa, como la falta de autoridad. El dejar que
los niños hagan lo que quieran es muy cómodo para los padres, pero funesto para
ellos. El niño necesita autoridad que le libere de su sentimiento de
inseguridad. El adolescente necesita guía. Incluso se da el caso del muchacho
que adopta una actitud provocativa ante su padre, actitud que en el fondo no
tiene otro objeto que el de forzarle -inconscientemente por supuesto- a que
ocupe su verdadero papel de jefe de familia. Busca la autoridad que tanto
precisa, y que es la base de su sentimiento de seguridad . La disciplina es el
adiestramiento del niño. Los estudios realizados sobre los trastornos de la
conducta de la juventud han demostrado que un niño educado sin disciplina no es
capaz de controlarse cuando sea mayor. Charles Manson , asesino de familias
enteras, cuando era niño hacía siempre su voluntad. Al cabo de los años, ya
hemos visto las consecuencias . Hubo un tiempo que
en la educación se abusó del autoritarismo y de aquello de que la letra con
sangre entra . Pero hoy, con un movimiento pendular, se ha pasado a una
inhibición de los educadores y a dejar a los niños que sean buenos
espontáneamente y encuentren la verdad por sí solos; lo cual es utópico. Antes
se abusó de la enseñanza memorística (recordemos la lista de los reyes godos),
pero hoy se elimina la memoria de la enseñanza, lo cual es funesto, pues la memoria
es una potencia humana necesaria en la vida. El niño necesita que le digan lo
que es bueno y lo que es malo, y que le ayuden a ir por el camino del bien. Tener en cuenta que
el niño pequeño no puede comprender la ironía. Entiende las cosas
literalmente, tal como se dicen. Una broma inocente para un adulto, puede hacer
daño a un niño. Unos padres que se mofan de lo que el niño toma en serio,
pueden, en su equivocación, perder la confianza en su hijo. «Uno de los peores
errores en que pueden incurrir los padres es en el de hacer comparaciones. Sólo
conseguirás que tu hijo aborrezca a aquel con quien lo comparas, y te lo tome a
mal»(638). Según la frase de
María Montessori , la célebre doctora italiana de fama mundial, «el niño debe
ser respetado y no utilizado como un juguete que nos divierte con sus gestos,
balbuceos y gracias, provocándole a repetirlas de modo abusivo, y a veces
intempestivo, pensando sólo en nuestra satisfacción. Al niño hay que tratarle
como él lo necesita. No como a nosotros nos gusta»(639). Es necesario saber
escuchar a los pequeños sus pequeñas preocupaciones. Así se les prepara el
camino de la confianza para cuando tengan que contar confidencias más
importantes. 66,4. Debes
preocuparle de que tus hijos no aprendan de sus amigos de la calle de dónde
vienen los niños. Evidentemente que ellos procurarán enterarse. Si tú les
abandonas en este punto, cuando les entre la curiosidad, irán a sus amigos que
más saben de esto, que, naturalmente, serán los más golfos. Puedes imaginarte
la clase de información que tus hijos recibirán de ellos. Si tus respuestas a
sus preguntas son oscuras o con evasivas, el niño se dará cuenta de que ha
topado con algo misterioso y se callará; pero su curiosidad aumentará e irá a
preguntar donde le ofrezcan confianza. En materia sexual
el niño tiene necesidad de saber, y por lo tanto hay obligación de informarle.
Pero esta información no es conveniente que la reciba de sus amigotes que lo
harán de modo chabacano, deformado, degradando la sexualidad, y envileciendo el
misterio de la vida. Hay que hacerlo de una manera sana, clara, correcta, digna
y adecuada. Es indispensable
que te encargues de hacerlo tú con discreción, prudencia, método y tacto. A los
niños hay que iniciarlos conforme avanza su edad, en una positiva y prudente
educación sexual . Puede ayudarte en
este importante asunto un pequeño libro titulado «Iniciación de los niños en la
vida»(640). Este libro te dará normas acertadísimas, e incluso al discursito ya
hecho para distintas edades y sexos. Hay quien opina que es mejor esperar a que
el niño pregunte. Pero, y si el niño
tiene vergüenza de preguntar a sus padres?. Y si el niño pregunta primero en la
calle? Además en muchos casos la calle se adelanta a informar al niño antes de
que éste pregunte. Una de las edades más peligrosas de los niños es entre nueve
y once años, y hay que orientarlos. No olvides nunca que en esta materia es
preferible llegar con un mes de anticipación que con un día de retraso . Es importante que
los niños se sientan superiores a sus compañeros por la buena información que
sus padres les han proporcionado, y porque saben les tendrán al corriente de
todo lo que quieran preguntar. Conozco un niño que
cuando sus compañeros quisieron hablarle de cosas escabrosas, él les respondió:
Todo esto ya lo sé yo, porque me lo ha explicado mi padre . Y se marchó. Su
padre está orgulloso de haberle preparado bien. En esta materia,
ante las preguntas de los niños hay tres posturas: a) El silencio y
las evasivas: lo cual es hacer que el niño vaya a preguntar a otro sitio, lo
mismo que iría a satisfacer su hambre si nosotros no le diéramos pan. Una madre
a quien su hija le preguntó sobre el origen de los niños, le respondió dándole
un bofetón: una niña educada no preguntas esas cosas . Proceder lamentable. El
silencio de los padres sobre el sexo es causa de que el niño crea que el sexo
es algo malo . b) La segunda
postura es responder con mentiras, lo cual les hará perder la confianza en
vosotros cuando averigüen la verdad; y se formarán una idea equivocada del
problema al ver que se trata de una cosa vergonzosa de la cual no se puede
hablar en casa. Además sentirán una reacción desfavorable hacia sus padres que
les engañaron y les llevaron a hacer el ridículo ante sus amigos por creerse lo
de la cigüeña, niños de París, etc. c) La tercera
actitud es la acertada: responder con lealtad, con respuestas breves, claras,
sencillas y naturales, enteramente verdaderas, aunque no se diga toda la verdad
de una vez, sino escalonadamente, en diversas ocasiones, según las
circunstancias, y grado de comprensión del niño. Esta explicación
debe rodearse de un gran ambiente de elevación, dulzura, delicadeza y
sobrenaturalidad . Hacer la información gradualmente, según el niño vaya
preguntando, satisfaciendo siempre su curiosidad. Si el niño tarda en
preguntar, provocar con tacto la pregunta, para que de esto hable en casa antes
que en la calle. Las primeras preguntas pueden surgir a los cuatro o cinco
años. «Antes de los nueve o diez años debe saber que el niño comienza a crecer
en la madre por amor del padre»(641). Te voy a poner aquí
un ejemplo de un posible diálogo de un niño con su madre, con las respuestas a
las preguntas más comprometidas que los niños pueden hacer. Las he encontrado
en varios libros que he leído sobre este tema. Evidentemente que no es para que
des la respuesta al pie de la letra. Es para que te orientes en las respuestas
que necesites, y las acomodes a la edad, sexo, madurez, etc., del niño que
pregunta. - De dónde ha
venido mi hermanito? - Se lo ha mandado
Dios a papá y a mamá porque se quieren mucho. - Entonces tía
María y tío Pepe no se quieren porque Dios no les manda ningún hijo. - Es que los hijos
son un regalo de Dios, y ese regalo Dios no se lo da a todos. - Y cómo vienen? - Dios ha puesto en
la barriga de las madres un nido muy abrigadito. Y ahí está el niño durante
nueve meses, porque al principio es muy pequeñito y se le podría pisar como a
una hormiguita. También yo te he
llevado a ti nueve meses debajo de mi corazón y te he alimentado con mi sangre. Por eso te quiero
tanto, porque eres hijo de mi sangre. Cuando yo te llevaba dentro de mí,
pensaba mucho en ti, te preparaba la cuna, los pañales, las camisitas y muchas
cosas más; y rezaba mucho a Dios por ti. Cuando ya fuiste un poco mayor entonces
te di a luz. Eso me hizo sufrir fuertes dolores, y tuve que guardar cama. Pero
estos dolores se transformaron en alegría cuando te tuve en mis brazos y pude
abrazarte y besarte. - Y por qué te hice
sufrir? - Porque cuando
saliste de dentro de mi cuerpo eras ya grandecito, y me costó mucho trabajo. - Y por dónde salí? - Por una puerta
que Dios ha puesto en el cuerpo de las mujeres, y que llevamos siempre tapada,
porque las personas mayores nunca enseñan eso. - Dónde está esa
puerta? - Entre las piernas.
Por donde se orina. Esta puerta se estira como si fuera de goma, para que pueda
salir el niño. Primero sale la cabeza, después los hombros, los brazos y por
fin las piernas. Así naciste tú. Puedes imaginarte
la alegría que sentí cuando puede tenerte en mis brazos? - Y por qué soy
también hijo de papá? - Porque el padre
es el que pone las semillas de la vida dentro del cuerpo de la madre. - Y cómo se hace
eso? - Dios ha hecho el
cuerpo del hombre distinto del cuerpo de la mujer para que cuando estén casados
puedan unirse de modo que el padre deje la semilla de la vida dentro del cuerpo
de la madre. La puerta por donde sale el niño al nacer, fue nueve meses antes
la puerta por donde entraron las semillas de la vida que el padre donó a la
madre(642). - Pues yo tengo un
amigo que no tiene padre. - Porque se habrá
muerto o se habrá ido. - Es que su madre
es soltera. - Eso quiere decir
que su padre hizo mal, y no quiso casarse con su madre; pero todos los niños
nacen de la unión de un padre y una madre. - Y por qué tienen
hijos las solteras? - No deben
tenerlos, pues no tienen marido. Pueden tenerlos si ceden su cuerpo a un
hombre. Pero esto es un pecado en una mujer soltera. A veces ocurre sin culpa
de ellas, por violencia o engaño de hombres malvados. - Por eso en el
colegio hablaban de uno que era un sinvergüenza porque había tenido un hijo de
una muchacha soltera. - Claro. Eso es un
pecado enorme. Pero en el colegio no hables de estas cosas. Todo lo que quieras
saber, yo te lo explicaré. Hablaremos de todo esto siempre que quieras. Pero tú
con tus amigos no debes hablar de estas cosas. A lo mejor hay algún niño a
quien sus padres le han contado el cuento de la cigüeña, pensando que no podría
entender esto que yo te he explicado a ti, y no está bien que dejes mal a sus
padres. Y si hay alguno que quiera hablarte de estas cosas, tú le dices que ya
te he explicado yo todo. Y a mí me preguntas todo lo que quieras, que yo te lo
explicaré mejor que nadie, porque soy tu madre . Frecuentemente será
fácil satisfacer la curiosidad del niño respecto al otro sexo mostrándole a un
niño (o niña) de corta edad desnudo. Es preferible evitar las exhibiciones de
adultos desnudos. Nuestra sociedad no
lo admite, y se puede ofender al niño . Es conveniente que
la madre instruya a su hija sobre el significado y normalidad de la
menstruación cuando haya cumplido los diez años , para que si apareciera en
edad prematura no le cause impacto psicológico perjudicial. El modo de hacerlo
puede ser una cosa así: La obra más grande que puede hacer una mujer es tener
un hijo. Esto ocurre cuando la mujer se casa. Pero desde pequeña, Dios va
preparando el cuerpo de la mujer, y todos los meses se forma un nido para el
posible hijo. Al no tener el hijo, el nido se deshace y sale por abajo un poco
de sangre, pero no duele nada . Lo mismo hay que
hacer con los chicos sobre los derrames nocturnos, para que sepan que son
fenómenos perfectamente normales, previstos por Dios para que el cuerpo elimine
las secreciones sobrantes que no necesita para su fortalecimiento. Si los padres
explican a sus hijos adolescentes las emisiones nocturnas de semen y la
menstruación, respectivamente, antes de que esto ocurra, cuando llegue ese
momento, lo aceptarán con toda naturalidad. No es lo mismo
información sexual que educación sexual . La información sexual es más fácil,
pero no basta. Se ha comprobado que a más información sexual , más embarazos de
adolescentes, enfermedades venéreas, etc. La educación sexual debe procurar la
maduración afectiva del niño, hacerlo llegar a ser dueño de sí y a usar
rectamente del sexo . La educación lleva al hombre a practicar el bien. «La
virtud no es cuestión de enseñanza solamente. Muchas veces comprobamos que el
problema no es de desconocimiento de lo que hay que hacer, sino que falta el
necesario esfuerzo para hacerlo. (...). Las virtudes se
logran a costa del propio esfuerzo, pero es fundamental que este esfuerzo esté
acompañado de una convicción intelectual»(643). Al hombre no le
basta saber lo que es verdad y lo que es bueno, necesita además una motivación
que le anime a vivirlo. Y en eso consiste la educación. La experiencia
cotidiana enseña que al hombre no le basta conocer el bien para practicarlo. Ya
lo dijo Ovidio hace dos mil años: «Conozco el bien y lo apruebo, pero practico el
mal»(644). La experiencia ha
demostrado que una información sexual insistente, como la que hoy padecemos, es
de efectos negativos, pues se convierte en excitación sexual. «La enseñanza no es
nunca una educación completa. Ha de ser complementada por el esfuerzo personal,
por la lucha. Esto es especialmente cierto en lo relativo a la educación
sexual. El uso cristiano de la sexualidad no se realiza sin esfuerzo, sin un
esfuerzo que a veces tiene que ser heroico. Esto vale principalmente para la
juventud, en la cual la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de
la personalidad del joven, exigen una lucha mucho más rigurosa. Por otra parte,
la juventud es también la época más adecuada para entender la vida como lucha,
para despreciar la comodidad. Fortalecer en la
juventud la conciencia de que una vida humana sólo se realiza a través de la
lucha, es poner uno de los fundamentos más firmes para la educación en el
aspecto sexual. En esa lucha tienen
que emplearse recursos humanos y sobrenaturales, porque también en este campo
lo natural y lo sobrenatural se influyen mutuamente. La oración y los
sacramentos son como las dos direcciones del camino que une al hombre con Dios. La oración es
fundamentalmente petición, camino del hombre hacia Dios; los sacramentos son
las sendas por donde Dios nos envía su gracia, camino de Dios hacia el hombre.
La oración y los sacramentos están en la base de la educación sexual. En cuanto a la
Virgen, Ella es llena de Gracia, es la protagonista del amor más puro y más
hondo que haya podido tener criatura alguna. Es Madre nuestra y está delante de
Dios para hablar bien de nosotros, para interceder por nosotros»(645). Las caídas en
materia de sexualidad se deben, más que a la falta de información, a la
debilidad de la voluntad, expuesta a toda clase de tentaciones que sólo pueden
superarse con esfuerzo humano auxiliado por la gracia de Dios. El padre Martín
Descalzo en su libro «Razones desde la otra orilla» dice que la campaña
recomendando preservativos a la juventud es un reconocimiento del fracaso de la
educación sexual. Como no se ha
sabido educar a los jóvenes para que controlen el instinto sexual se les da un
preservativo para complacerles. Como el chupete que se da al niño que ha cogido
una rabieta(646). «Una educación sexual
bien hecha -iniciación y educación-, es necesaria, y el hacerla con discreción
y delicadeza corresponde como un derecho y un deber a los padres, que
lógicamente se han de preparar y empeñar en ella. Sería un error dejar esta
educación, por un silencio culpable, a agentes inadecuados que el niño
encontrará, quienes inevitablemente harán su pseudoeducación. Nadie puede
marginar a los padres de esta tarea, y nadie les suplirá como es debido con tal
que ellos lo hagan bien. En todo caso, ha de quedar bien claro siempre, que,
siendo la educación sexual una parte de la educación total de la persona, no
son lícitos los experimentos perjudiciales para la integridad y el equilibrio
personal, ya sea en el aspecto individual, ya sea de cara a la apertura hacia
los otros. Es bueno también recordar que los padres, sobre todo los que dan una
iniciación, acaso prematura, persuadan a sus hijos de que no hablen de ello con
otros. Si se lograse hacer esto, no serían tan frecuentes las conversaciones
sobre temas sexuales, ni los padres tan frecuentemente suplantados por
inoportunas revelaciones. Una progresiva
información de la realidad sexual, a nivel cultural y religiosa, se hace
necesaria tan pronto como el niño va abriendo sus ojos a la vida personal y al
mundo que lo rodea; pero la información sola no es suficiente. Se necesita,
sobre todo, la educación de la persona en la castidad o pureza -virtud que
proporciona dominio sobre la sexualidad- por medios idóneos. He aquí algunos:
clima de ejemplaridad familiar, de diálogo y aprendizaje constante del amor
evangélico y el dominio de sí mismo y, por encima de todo, de vivencia
consciente de la oración y de los sacramentos. Por la misma razón
han de colaborar los gobernantes , gerentes del bien común. Su colaboración no
ha de invadir, sino respetar la competencia de los padres y los derechos de la
comunidad cristiana. Un programa realista de colaboración del Estado en este
asunto habría de tener muy en cuenta problemas como el de la protección a la
familia, la enseñanza, las condiciones de trabajo, alojamiento, la multiforme
pornografía y anarquía del erotismo público, la llamada apertura cultural de
los medios de comunicación social y otros, algunos de los cuales son realidades
muy perniciosas, verdaderos agresores injustos -con bellos nombres- de los
derechos de las personas débiles que, por sí mismas, no se pueden defender. El
poder público es corresponsable, junto con los ciudadanos, de la defensa de sus
valores y, en nuestro caso, no es justo que el pansexualismo posea un nivel tan
alto de monopolio de la educación de la sexualidad. La escuela -y ahora
pensamos en la escuela católica- puede aportar buenos servicios a la recta
educación sexual. Como una realidad subsidiaria ha de actuar con la anuencia y
la cooperación de la familia educando integralmente al alumno y ayudándolo a
integrar debidamente la sexualidad. Además de esta
educación genérica incumbe a la escuela hacerlo también de una manera más
especifica, informando científicamente sobre el tema a nivel biológico y psicológico
sin omitir el moral, de acuerdo siempre con los padres y evitando con extrema
delicadeza que no se susciten problemas nuevos y graves, antes de resolver los
ya existentes. Esto último es muy posible y de alta responsabilidad. Puede presentarse
el caso de que en una escuela, especialmente si no funciona en verdad como
católica, se perturbe esta educación por la imprudencia de algún profesor, por
presiones intencionadas de los alumnos -o por fuerzas de fuera que influyen en
la misma- o por una insistencia morbosa sobre el asunto. Cuando ocurre eso, lo
que tendría que ser verdadero elemento de educación, es posible se convierta en
una clase de juegos preferidos, refugio de erotismo, y, en fin de cuentas, de
pornografía. Por tanto, hay que exigir un clima de delicadeza y de respeto muy
acentuado hacia las personas de los educandos de ambos sexos. Querríamos decir a
los educadores que no se permitan iniciativas caprichosas sin contar con los
padres; no es justo que éstos se encuentren, a veces, sorprendidos por hechos
consumados de conferencias, cursillos y proyecciones de temas sexuales, en
escuelas católicas que no han tenido en cuenta la Doctrina de la Iglesia»(647). La Comisión
Permanente del Episcopado Español ha protestado por la difusión entre los jóvenes
de unos folletos distribuidos por algunas entidades socialistas de la
Administración Pública Española, que pretenden ser de educación sexual y lo que
hacen es incitar al libertinaje sexual, animando al ejercicio de la sexualidad
solamente por la satisfacción egoísta del placer, indiferentemente de que se
haga por medio del vicio solitario o con otra persona de diferente o del mismo
sexo, sin ninguna relación con la moral y la integración de la sexualidad en la
maduración de la persona humana, haciendo de la vida sexual un juego y
pasatiempo, algo trivial y carente de pleno sentido humano. Entre otras cosas
dice: «Estas
orientaciones relativas a la conducta sexual se oponen a los valores y bienes
fundamentales de la sexualidad humana y a las enseñanzas morales de la
Iglesia... Sentimos el deber de denunciar que tales orientaciones degradan y
pervierten las conciencias de los jóvenes... Con frecuencia se une esta
difusión de inmoralidad en el campo sexual con ataque a la fe cristiana»(648). «Cuando autoridades
civiles, de cualquier rango, promueven la difusión de los citados cuadernos en
centros escolares cometen un verdadero abuso de autoridad. Los poderes públicos
vulneran claramente los derechos de los ciudadanos en la medida que, a través
de las indicadas iniciativas pedagógicas o de poderosos medios de comunicación,
tratan de establecer en el conjunto de la sociedad una determinada concepción
de la conducta sexual, que implica una forma definida de entender el hombre y
su destino. No pertenece ni al Estado ni siquiera a los partidos políticos
tratar de implantar en la sociedad una determinada concepción del hombre y de
la moral por medios que supongan de hecho una presión indebida sobre los
ciudadanos contraria a sus convicciones morales y religiosas. A los organismos
estatales compete, en cambio, tutelar a los ciudadanos contra los desórdenes
morales y toda forma de agresión sexual, especialmente el abuso de menores y,
en general, contra la degradación de costumbres y la permisividad sin límites.
Teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y la debida libertad
religiosa, corresponde al Estado ayudar a las familias para que pueda darse a
sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales
y religiosos profesados por sus padres, tal como prescribe la Constitución
Española. La propia Constitución establece las normas de protección de la
moralidad de los niños y jóvenes. Está en juego el
bien común de la sociedad: una comunidad humana que no alcance un grado
suficiente de adhesión a valores morales fundamentales como son, en este caso,
los relativos a la sexualidad y a la familia se autodestruye»(649). El arzobispo de
Valladolid, José Delicado Baeza , en una carta pastoral se lamenta de la
frivolidad con la que en algunos sitios se realiza la educación sexual,
estimulando al sexo más que educándolo, añadiendo: «La castidad no es la única,
ni siquiera la principal virtud cristiana, pero es una virtud necesaria para
vivir en gracia»(650). «La educación
sexual de hace años tuvo sus errores. Pero hoy algunos llaman educación sexual
a lo que es pura pornografía. Algunos han olvidado que el hombre, además de
cuerpo tiene espíritu, y que el comportamiento sexual del hombre no puede ser
lo mismo que el de un animal. El instinto sexual del hombre debe ser dirigido
por la razón y la voluntad. De esta manera se eleva, se dignifica, se
espiritualiza. El libertinaje
sexual tiene peores problemas que la represión. Las aberraciones sexuales se
difunden alarmantemente. Y es que el hombre necesita una ética, una norma
moral. Su conducta no se regula por el instinto, como en los animales que nunca
comen si no lo necesitan, ni engendran fuera de los tiempos de celo»(651). 66,5. Es, sobre
todo, importante que los padres se preocupen de la instrucción religiosa de sus
hijos. Si ellos no saben o no pueden hacerlo, tienen que buscar quien supla
esta obligación; ya en la escuela, ya en la catequesis de la parroquia. Pero
dice el Nuevo Código de Derecho Canónico «a los padres corresponde en primer lugar
la educación cristiana de sus hijos»(652). Al niño pequeño hay que obligarle a
ciertas cosas (urbanidad, higiene, etc.) aunque él no entienda su valor. Poco a
poco irá captando su sentido y cuando sea mayor las realizará por propia
convicción. Lo mismo hay que hacer en la educación religiosa. Los domingos
llévatelos de paseo o al campo; y a la vuelta haz una visita en alguna iglesia
y enséñales desde pequeñitos dónde está el Señor, para que aprendan a pedirle
cosas y a hablar con Él. Desde los primeros años conviene infundirles una vida
de piedad. Esto es insustituible. Deberías tener la costumbre de rezar algo en
común: bendecir la mesa,
rezar en el automóvil en los desplazamientos dominicales, etc. Hogar que reza
unido, hogar que permanece unido . La Bendición de los
Hijos 66,6. Los hijos son
el encanto de los hogares, la alegría y la ternura de los padres, los
perpetuadores de su nombre, el estímulo de sus trabajos, el consuelo de sus
sufrimientos y la esperanza de su vejez. Los niños
fortalecen el amor de sus padres. Las estadísticas internacionales demuestran
que hay menos rompimientos en los matrimonios con hijos. Los hijos enriquecen
el amor conyugal. Hacen superar el egoísmo. El amor del marido a la esposa
puede tener un matiz egoísta por los placeres físicos que le proporciona y por
los servicios que le presta. El hijo va a aumentar sus sacrificios, y sin
embargo lo ama. Igualmente en ella, la maternidad despierta enormemente la
capacidad de amor sacrificado. Hogar donde abundan
los niños es hogar feliz. Los niños arman
ruido; pero, qué triste es el silencio de un hogar sin niños! Qué sola es la
vejez sin hijos! Los hijos son el más fuerte vínculo de unión entre los
esposos. Llenan de ilusión la vida. A veces dan disgustos, pero su amor hace
felices a los padres. El futuro de la
humanidad se fragua en la familia. Por consiguiente, es indispensable y urgente
que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores
y exigencias de la familia . «Son bien conocidos
los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y a la institución
familiar. Por eso es necesario presentar con autenticidad el ideal de la
familia cristiana basado en la unidad y fidelidad del matrimonio abierto a la
fecundidad y guiado por el amor. Y, cómo no expresar vivo apoyo a los
reiterados pronunciamientos del episcopado español en favor de la vida y sobre
la ilicitud del aborto? Exhorto a todos a no desistir en la defensa de la
dignidad de toda vida humana, en la indisolubilidad del matrimonio, en la fidelidad
del amor conyugal, en la educación de los niños y jóvenes siguiendo los
principios cristianos, frente a ideologías ciegas que niegan la trascendencia,
y a las que la historia reciente ha descalificado al mostrar su verdadero
rostro», así hablaba el Papa Juan Pablo II en Junio de 1993 en la homilía de la
misa de la canonización en Madrid de San Enrique de Ossó. La familia es la
base de la sociedad, por eso Pío XII dijo el 9 de mayo de 1957: «La sociedad es
para la familia, y no la familia para la sociedad». La familia es la
institución natural establecida universalmente en el tiempo y en el espacio.
Donde tiene origen la vida humana, el recinto de la educación y el vínculo de
la transmisión normativa. Pero para que esta transmisión sea eficaz la normativa
moral y religiosa debe hacerse con convicción, con motivación y con el ejemplo. No puede haber
contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Se educa más con lo
que se hace que con lo que se dice. En la familia todo educa o deseduca. La
familia es el clima ideal para la educación de un niño. La familia tiene un
valor insustituible para los hijos. Un hijo sin familia queda traumatizado. Las estadísticas de
delincuentes juveniles y de anormalidades psíquicas hablan bien claro. Según
Katherin Kasun, Presidenta de «Family campaign Fundation» de Suecia, en un país
donde el Estado ha sustituido en gran parte a la familia en la educación de los
hijos, de cada cuatro niños, uno necesita un psiquiatra, y el número de
suicidios en menores de 16 años ha sido de 130 al año, y va en aumento(653). Una sociedad que
destruye la familia se suicida . El mayor tesoro de una nación son los niños.
El futuro depende más de los niños que de las carreteras. Los niños necesitan
un hogar. La guardería no puede suplir el hogar. Los psiquiatras hablan de los
traumas psíquicos de los niños que no han conocido el cariño y el calor de un
hogar . La Adoloescencia 66,7. Una de las
edades más difíciles para la educación de los hijos es la adolescencia . El
adolescente empieza a descubrir su propia personalidad, y siente necesidad de
afirmarla. Esto le inclina a la rebeldía en todos los órdenes. La educación, la
virtud, o el buen carácter, pueden dominar este espíritu rebelde. Pero esta
rebeldía de los adolescentes no debe extrañarnos. Lo que debemos hacer es saber
cómo educarla. Es un momento difícil. Las personas mayores tienden a tratarlos
de críos , y esto a ellos les subleva. Ellos se sienten personas, y quieren ser
respetados. El tratarlos de modo despectivo e irónico puede ser
contraproducente. Sin perder la autoridad paterna es bueno lograr la amistad
del hijo, para que se someta de buena gana al verse tratado con consideración.
Las fanfarronadas del adolescente son pura fachada. Por dentro se encuentra
inseguro. Necesita consejo. Pero hay que dárselo sin que él se sienta
disminuido, porque entonces no lo aceptará. El adolescente necesita afirmar su
personalidad, su independencia, quiere ser él, decidir él, ser responsable de
sí mismo. Empieza su camino
hacia la adultez, y sólo si es aceptado así se reincorporará emocionalmente a
la vida del hogar. Los padres deben ayudar a que su hijo vaya madurando en su
adultez. No prohibir con autoritarismo, sino obligado por razones y siempre en
bien del hijo; hacérselo ver así con amor. No se trata de entorpecer su
madurez, sino de ayudarle en su autodesarrollo. El adolescente rechaza todo lo
que sea imposición que pueda poner en peligro su personalidad naciente. No
acepta que se le trate como a un niño. «Los adolescentes
se muestran inseguros, les falta unidad interior, les falta el sentido de la
seguridad, base fundamental de un desarrollo armonioso. El sentimiento de
seguridad lo adquieren cuando encuentran en el hogar amor y autoridad: amor
sobre todo en la madre, y autoridad en el padre. Lo que no significa que la
madre no pueda ejercer autoridad, y que el padre no muestre afecto. El amor materno es
indispensable para la salud física y psíquica del hijo. Las graves faltas en la
personalidad del adulto provienen principalmente de la falta de amor en la
infancia y en la adolescencia.Los criminólogos nos aseguran que los jóvenes
delincuentes tienen la convicción de que nunca encontraron amor en la familia.
La madre debe ser el corazón del hogar y mantener en él vivo el fuego del
cariño. Desgraciadamente,
en nuestros días, muchas mujeres queriendo igualarse a los hombres , procuran
desarrollar actitudes francamente masculinas con detrimento de las maternales,
lo cual luego perjudicará la educación de los hijos que necesitarán de ellas. También hay otro
exceso: el cuidar demasiado del hijo y endiosarlo con mimos. Eso puede causar
una fijación en la infantilidad e impedirle la necesaria emancipación. Los que
fueron tratados como pétalos de rosa, no saben reaccionar más tarde ante las
dificultades de la vida, incapaces de hacer algo sin la ayuda de los demás. Es
preciso educar al niño para su propio bien, para desarrollar su propia
personalidad. El padre es también
indispensable en la educación del niño, que necesita de su dirección y
autoridad. Muchos padres no entienden esto. Llegan cansados por
la noche al hogar, y no prestan ninguna atención a los hijos. Hay que buscar
tiempo para estar con ellos, dialogar, inspirarles confianza, darles ánimo,
oírles con simpatía y comprensión.También el padre debe evitar demasiada
protección y mimos a sus hijos. Pueden engendrar en
ellos la pusilanimidad, el miedo ante la vida, el temor a la responsabilidad. La autoridad
paterna es imprescindible para el desarrollo afectivo del hijo. últimamente se
ha hablado mucho de las consecuencias de la falta de amor materno; la carencia
de la autoridad del padre no es menos funesta... Eduquen a los hijos
con amor, comprensión y firmeza. El amor materno y la autoridad paterna son las
dos grandes columnas en que descansa la educación de niños y
adolescentes»(654). La fuerza de
voluntad es muy importante en la vida. Se consigue con entrenamiento, como en
una competición deportiva. Para conseguirla hace falta una gran dosis de
animación. Es necesario el premio: el estímulo, la atención y la alabanza
frecuente. La vida es dura y sólo a base de coraje se logra la cima de los
fuertes. Hoy se da con
relativa frecuencia lo que Enrique Rojas llama la filosofía de «lo que me
apetece». Hago esto porque me
apetece. No hago esto porque no me apetece. Son esclavos de lo que pide el
cuerpo. Volubles como la veleta que gira según el viento que sopla. Incapaces
de objetivos concretos. Sin embargo, una persona que tiene educada su voluntad
consigue lo que quiere, si es constante. Para tener voluntad hay que empezar
por tener dominio propio. No hacer lo que me apetece, sino lo que es mejor. Puede ser que me
apetezca lo mejor, pero esto no siempre pasa. Para educar la voluntad hace
falta un aprendizaje gradual que se consigue con la repetición de actos donde
uno se vence en los gustos hasta adquirir «el hábito positivo». Esto da paz,
alegría y felicidad. Sería conveniente
enseñarle a hacer pequeños sacrificios: renunciar a una golosina, retrasar el
momento de saciar la sed, dejar de ver la televisión, comer lo que no le gusta,
dejar hablar a los demás, no gastar en cosas superfluas, etc. Esto educa su
voluntad, lo cual le va a ser muy útil el día de mañana. Aristóteles sostenía
que la auténtica manifestación de fuerza de voluntad se mide en el dominio
propio. La vía del menor esfuerzo no conduce nunca a la maduración . Es necesario no
sólo animar a que el niño se esfuerce por conseguir unas metas, sino también ir
alabando con cierta continuidad lo poco o mucho que, de hecho, consiga en cada
momento. El niño, de
pequeño, no tiene criterio. El bien y el mal se aprende fundamentalmente de los
mayores. Antes de que nadie
lo malee, es necesario darle base moral sólida, formarle la conciencia,
inculcarle el sentido del deber, corregir lo defectuoso y dejar bien claro
dónde está la virtud. Conviene indicar
con claridad lo bueno y lo malo. Es importante crear hábitos buenos. Acostumbrarles a
hacer las cosas bien, y más adelante ellos mismos comprobarán que les va bien
con lo que aprendieron. Sólo se aprende lo que
se hace . De manera que, el poner al sujeto en acción, ayudándole a reflexionar
sobre ello, es el único o casi, más importante modo de andar con realismo en el
terreno de los valores . Hay que educar en
valores. Hace falta un sistema de valores que sirvan de referencia en la vida.
Los valores son guías de conducta. La escala de valores marca la conducta de
cada individuo. Lo mismo que los niños aprenden a andar, leer y escribir,
aprenden pautas de conducta y comportamiento moral. Si no les enseñamos a distinguir
el bien del mal, si no les corregimos ni les enseñamos normas para que sepan a
qué atenerse, nunca aprenderán a comportarse como hombres, ni acertarán a dar
sentido a su vida. Pero los valores se viven, se sugieren, se comparten, no se
imponen. El niño tiene una enorme capacidad de imitación. Aprende a ser hombre
haciendo suyas las pautas y valores que ven en los demás. Buscan modelos a los
que imitar. El ejemplo es la mejor manera de educar . La disciplina y el
dominio de sí son indispensables en la formación del ser humano. Algunos
padres, por temor a que los hijos contraigan complejos, les dejan hacer cuanto
quieren y dejan a un lado toda autoridad. Nunca serán hombres: serán un peso
para la familia y la sociedad; unos desajustados. No se entrenaron para las
dificultades inevitables de la vida. Esa fobia de complejos engendra complejos
mucho más funestos. Que las normas de
disciplina sean coherentes y uniformes. Que el padre y la madre estén de
acuerdo con la política a seguir en el hogar. No se desautoricen el uno al
otro. Los padres no deben
discutir nunca delante de los hijos. Si en algo no están de acuerdo, buscar la
armonía cuando estén solos. Pero apoyarse siempre mutuamente delante de los
hijos. En algunos matrimonios, basta que uno diga una cosa para que el otro
diga la contraria, sin razón que porque lo ha dicho el otro. Es una vengancilla
que perjudica al hijo. Los hijos necesitan
estabilidad, un cuadro de referencia fijo, una constancia en la actitud de sus
progenitores. Lo que educa a un
niño es lo que comprende afectivamente. Los hijos
desiguales necesitan trato desigual. A un tímido habrá que tratarle con cariño
para darle confianza. A un irascible, con calma y paciencia; pero con firmeza.
La autoridad y la obediencia no se imponen a gritos, que sólo sirven para
aumentar la rebeldía. Rara será la
familia , por cristiana que sea, y por elevada que sea su educación, en la que
la crisis de la independencia propia de la adolescencia no haya provocado algún
conflicto entre los padres y los hijos(655). |