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Sexto Mandamiento 68.- EL SEXTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: NO COMETERAS ACTOS IMPUROS. Contenido Conversaciones, Chistes y Lecturas Todo es Preparación a la Vida Conyugal 68,1. Hay dos actitudes erróneas
hacia el sexo. Las dos bastante comunes. Una es la del moderno hedonista, de
aquel cuya máxima aspiración es la vida del placer. El hedonista ve la
capacidad sexual como una posesión personal, de la que no hay que rendir
cuentas nadie. Para él (o ella), el propósito
de los órganos genitales es su personal satisfacción y su gratificación física,
y nada más. Esta actitud es la del soltero calavera o de la soltera de fácil «ligue» que tienen amoríos, pero jamás amor. Es también una actitud que se encuentra con facilidad entre las parejas separadas o divorciadas, siempre en busca de nuevos mundos de placer que conquistar. La otra actitud errónea es la
del pacato, que piensa que todo lo sexual es bajo y feo, un mal necesario con
que la raza humana está manchada. La postura intermedia es la
acertada: el sexo no es malo, pues lo ha hecho Dios; pero hay que usarlo según
la ley de Dios. En el sexto mandamiento se nos
pide que seamos puros y castos en palabras y obras; y tratemos con respeto todo
lo relacionado con la sexualidad. Usamos la palabra sexualidad en su sentido
corriente, aunque de suyo es más extensa que «genitalidad». Conversaciones,
Chistes y Lecturas
68,2. Las conversaciones y
chistes verdes (deshonestos, inmorales, obscenos) pueden llegar a ser pecado,
si se dicen con mala intención (impura, deshonesta), si contienen una
aprobación del mal o una inclinación a él, o encierran un peligro de
consentimiento impuro o de escándalo y daño para las almas de los otros. Las conversaciones obscenas y
prolongadas -sobre todo entre los jóvenes- fácilmente son pecado. Cuando sea necesario hablar
sobre asuntos relacionados con la sexualidad, hay que hacerlo con respeto y
seriedad. En las conversaciones
deshonestas peca: a) el que empieza; b) el que no empieza, pero que sigue la
corriente con alguna intervención; c) el que no participa, pero está escuchando
con gusto y buena gana. Pero el que oye de mala gana, el que quisiera que se
hablara de otra cosa, el que procura desentenderse del asunto, éste no peca. Cuando en un grupo se empieza
una conversación indecente, si puedes buenamente, procura cambiar la
conversación. Si no eres el de más categoría, o no tienes cierto influjo en los
demás, el pretender cortar radicalmente puede ser contraproducente. Pero si es
posible, retírate, de forma que los demás comprendan que no te gustan esas
conversaciones. Si te resulta muy violento marcharte, y no es para ti ocasión
próxima de pecado, puedes quedarte, con tal de que no participes y, si puedes,
des a entender de alguna manera que no te gustan esas conversaciones. Pero,
desde luego, que nadie pueda suponer que las apruebas. En último caso, puedes
desinteresarte de lo que se dice, dirigirte a otra persona del grupo para
hacerle una pregunta cualquiera, etc. El definir claramente tu
postura en este punto te evitará muchos peligros, pues los demás sabrán que
para eso no se puede contar contigo. Lo mismo te digo sobre los
grabados inmorales y novelas indecentes . Leer revistas pornográficas
difícilmente dejará de ser pecado, pues no tiene justificación y puede ser un
peligro de aceptación de la lujuria. Por supuesto que es pecado leer
escritos impuros y deshonestos con el fin de despertar la sexualidad. Pero
aunque no tengas esta mala intención al comenzar la lectura, interrumpe ésta,
si no es necesaria, al advertir que despierta la voluptuosidad y provoca
tentaciones. Si el libro es de estudio o formativo,entonces no es necesario
dejarlo; pero conviene levantar el corazón a Dios, purificar la intención y
rechazar todo consentimiento. Leer novelas obscenas y
pornográficas, por el peligro de pecar que supone, casi nunca dejará de ser
pecado. Hay también una nube de novelas que, sin ser descaradamente inmorales,
fomentan la morbosidad y halagan la concupiscencia. Su lectura siempre hace
daño. Si te gusta leer, escoge
algunos libros que te interesen de la numerosa colección de libros formativos.
Y si no conoces, pregunta a alguna persona competente que pueda orientarte. Al
final del libro te pongo, en el Apéndice, una lista de libros recomendables por
su valor formativo. Pon también mucho cuidado en no
tararear las musiquillas de ciertas canciones, que pudiera hacer creer a tus
compañeros que apruebas la letra escabrosa que tienen. También debes tener cuidado con
las miradas. A veces los ojos se van sin querer. Cuando caigas en la cuenta de
que estás mirando lo que no debes, los retiras a otra cosa y en paz. No te
preocupes. Para que una mirada sea pecado
es necesario ponerse a mirar detenida y voluntariamente cosas deshonestas; pues
hay obligación de evitar todo peligro de excitación carnal, a no ser que haya
razón proporcionada que lo justifique. En general, te recomiendo que
cuando veas cosas inmorales sepas hacer la vista gorda, y cuando las oigas,
muestra indiferencia. Saber
distinguir
68,3. Pero si es cierto que
esas miradas involuntarias no deben preocuparte, aunque te causen
perturbaciones orgánicas (que debes despreciar), sin embargo, otra cosa muy
distinta son las excitaciones producidas por esos abrazos ..., por esos besos
... Pero, es pecado abrazarse? Es
pecado besarse? Depende. El beso puede ser expresión de un cariño sano y
limpio. Pero también puede ser un desahogo de pasión y lujuria. Los interesados
son los que han de distinguir, sabiendo que no se puede buscar ni admitir la
satisfacción sexual fuera del matrimonio(779). No es lo mismo un ligero besín
que un besazo lascivo que desboca la lujuria y lleva fácilmente a cosas peores. En qué consiste la diferencia
entre un beso que no es pecaminoso y un beso que se vuelve pecado u ocasión de
pecado? Sencillamente, en la pasión. Y la pasión es un elemento muy fácil de
conocer. Uno la siente enseguida, y
también se percibe claramente en la otra persona. Un beso puede ser un peligro.
Un beso puede ser una ocasión de pecado. Y a veces, una ocasión inmediata. La juventud es muy inflamable
por naturaleza. Sea tu temperamento el que sea, te recomiendo que no te
entregues a esos besos lascivos, pues con esto das entrada a la pasión. Y
Jesucristo dice que es pecado desear lo que está prohibido hacer. Y es pecado
provocar voluntariamente una excitación sexual. El beso en la boca prolongado y
ardiente es especialmente excitante, pues va unido al apetito sexual. Los labios son una zona
erógena. La misma policía norteamericana informa de la facilidad con que la
práctica del beso pasional puede convertirse en unión genital(780). Una cosa muy distinta es un
beso breve, suave y delicado, expresión de un cariño sano y limpio. Pero ese
otro beso voluptuoso y lascivo que enciende la concupiscencia es inadmisible.
Ese sensual modo de besar que ha difundido el cine, no se puede permitir nada
más que entre quienes han contraído matrimonio. Esos modos de besar suponen
cosas que son derecho exclusivo de casados. Por otra parte el beso en la
boca, «mojado», es antihigiénico. Dice Ramón y Cajal: «El beso es para el
científico un simple intercambio de microbios»(781). Por lo visto en la boca de cada
persona hay unas trescientas especies de microorganismos, y con el «beso
mojado» éstos pueden pasar de una persona a otra. «A través de un beso se puede
infectar a la pareja de mononucleosis infecciosa, conocida como la enfermedad
del beso, hepatitis A y salmonelosis»(782). El doctor San Martín, sexólogo,
dijo por Tele-5, el 21 de Enero de 1997, que la sífilis puede contagiarse a
través de un beso. Vencer
las Tentaciones
68,4. Para vencer las
tentaciones, ten en cuenta estos seis consejos: 1) No perder la calma: estar
seguros de que todas las tentaciones pueden vencerse con la gracia de Dios. 2) Acuérdate de que sólo la
voluntad puede pecar y, por lo tanto, mantenla inflexible. 3) Encomiéndate a Dios y a la
Virgen Inmaculada, que jamás abandonan a los que acuden a ellos. 4) Desembarázate de la ocasión,
en cuanto puedas. Si hubo victoria, da gracias a Dios. Si caída, arrepiéntete y
aprovecha la lección para otra vez. 5) Después de cada caída, haz
un acto de contrición, confiésate enseguida y además ofrece en reparación una
mortificación que cueste. 6) No vuelvas a pensar más en
la tentación; ocúpate de algo. Para tu tranquilidad has de
saber que dice San Pablo que Dios jamás permitirá que seamos tentados por
encima de nuestras fuerzas(783). Y que el Concilio de Trento
afirma que Dios no pide a nadie cosas imposibles, sino que hagas lo que puedas,
y pidas lo que no puedas; que Él te ayudará para que puedas. Después de una tentación pueden
ocurrir tres cosas: 1) Victoria clara, porque la rechazaste totalmente en
cuanto caíste en la cuenta de la tentación: dale gracias a Dios que te ha
ayudado a vencer. 2) Derrota clara, porque te
dejaste llevar conscientemente: arrepiéntete, humíllate ante Dios, y pídele que
te ayude a vencer en otra ocasión; haz un acto de contrición y propón
confesarte pronto. 3) Duda de si consentiste o no
consentiste. No estás seguro si resististe completamente a la tentación. En
este caso expón al confesor sencillamente tu duda, por ejemplo, diciéndole: «he
tenido malos pensamientos y malos deseos contra la pureza, y no sé si los he
rechazado suficientemente». No te contentes con dejar la
confesión para después de la caída. La confesión también tiene un valor
preventivo, porque aumenta la gracia en virtud del sacramento y fortalece la
voluntad. Cuando presientas una posible
caída, confiésate aunque no tengas pecados graves. Y si, además, puedes
comulgar, todavía mucho mejor. Para dominar el cuerpo es muy
conveniente la mortificación. Es una práctica común de todos los santos. Un
cuerpo mortificado es mucho más dócil. Es necesario luchar mucho para
permanecer puros. A las malas inclinaciones de nuestra pasión, se une la
inmoralidad que se ve en la calle y en el cine. Cine TV
68,5. El cine, en sí mismo, no
es malo. Es un vehículo de cultura, un transmisor de ideas. Es un arte que, si
se utiliza rectamente, puede servir para dar gloria a Dios. Pero desgraciadamente, hasta
ahora, se ha empleado más para hacer el mal que para hacer el bien. El Episcopado italiano publicó
una Declaración sobre la situación moral del cine en la que decía: «Salvo
laudables excepciones, que merecen nuestra consideración y aliento, la mayor
parte de la producción cinematográfica italiana ha ido constantemente hacia un
progresivo y desenfrenado deterioro moral». Por eso te aconsejo que no te
aficiones demasiado al cine. El cine tiene una tremenda
fuerza persuasiva. Anula la personalidad, arrastra, emboba, hipnotiza. Nos
identifica con el protagonista y nos proyecta su psicología, su modo de ser, su
ejemplo. Es un arma psicológica fenomenal. Y cuanto más potente es un arma
tanto más peligroso es su mal uso. El cine tiene serios peligros.
El primero, aunque menos grave que el segundo, es su exhibicionismo sexual. El
daño depende, naturalmente, de las circunstancias. No es lo mismo en los fríos
espectadores nórdicos que en los ardientes meridionales. No es lo mismo el
dominio de una persona culta que la reacción gamberra del populacho. No es lo
mismo la serenidad de la madurez que la excitabilidad de la juventud. Pero no seamos ingenuos
cerrando los ojos ante este peligro real. Peligro que no sólo existe
mientras dura la proyección de la cinta. La imaginación seguirá después
trabajando con las imágenes que se le quedaron grabadas, y es muy fácil que se
produzcan después tentaciones desagradables. Pensemos, por ejemplo, lo
frecuente que son las películas que proyectan escenas de amor en la cama (y no
precisamente entre esposos). Pero el peor daño del cine es
por la fuerza con que transmite las ideas. El lenguaje de la imagen tiene un
gran valor emotivo que conquista de modo casi invencible y cambia poco a poco
el fondo del psiquismo, aun contra la propia voluntad, que no advierte lo que
sucede dentro de sí. Por ejemplo: una película me
presenta un marido que no se entiende con su mujer, por incompatibilidad de
caracteres. En cambio se ha enamorado locamente de su secretaria que es de
enormes cualidades, y le corresponde en su amor. Pero no pueden casarse porque
son católicos. Instintivamente nos apena que
la Iglesia se oponga a ese matrimonio. En ese momento no se advierten
los males que se seguirían a la familia, en general, de permitir el divorcio.
Instintivamente aprobamos el adulterio de dos personas que nos han ganado el
corazón. De esta manera se nos va cambiando la mentalidad sin casi advertirlo. El cine enfoca y resuelve
muchos problemas humanos al margen de Dios, como si no existiera una Ley Divina
y un destino sobrenatural del hombre. Son películas que están hechas con un
criterio que no tiene, generalmente, nada de cristiano, y a fuerza de verlas,
va uno cambiando, sin darse cuenta, su modo de pensar cristiano para pensar
como los del cine. Son una lima para un espíritu cristiano. Tú no lo notas,
pero siempre se llevan algo. Una conducta inmoral interpretada por una artista
agradable nos inclina a la justificación. Con esto empieza a evolucionar
nuestro criterio cristiano, y al fin, arrastrado por el ejemplo del cine, se
termina poniendo por obra lo que tantas veces se vio en la pantalla con fuerza
seductora. Como estas ideas están
expuestas de un modo agradable y simpático, las admitimos con facilidad. Tenemos que filtrar estas ideas
y rechazar todo lo que no esté de acuerdo con nuestras ideas cristianas. Los pueblos no mueren porque se
les combata o conquiste, sino porque se les corrompe. Pues el cine está
teniendo la virtud trágica de corromper hasta la conciencia de nuestro pueblo.
Muchos españoles de hoy ya no piensan en español, ni en cristiano, sobre
problemas tan capitales como son la familia y el amor. A fuerza de ver en el
cine, cosas que están mal, aunque al principio nos repelen y las censuramos,
poco a poco nos vamos acostumbrando, y es posible que, si se nos presenta la
ocasión, hagamos también nosotros lo que antes nos hubiera horrorizado. Conozco a un matrimonio que a
los cuatro años de casados vivían inmensamente felices con un auténtico cariño
mutuo y gozando de la alegría de dos hijos como dos soles. Un día la mujer,
influenciada por la ligereza y frivolidad con que se ven en el cine escenas de
adulterio, aprovechando un viaje de su marido, no le importó correr una
aventurilla ( qué tiene de particular!: es la frase con la que queremos
justificarlo todo), y se acostó con otro hombre. Y como todo lo que se hace
termina por saberse, un día su marido se enteró. Fue tal la tragedia que se
armó que nunca, en su vida, aquellas dos personas pasaron días peores. El
marido me decía: «Si es verdad que me quería, cómo ha podido hacerme eso? Es
que no me quería. Todo lo que me decía era mentira. No puedo volver a hacer el
amor con ella. Se me pone delante que me está engañando. No puedo seguir con
ella!» Y lloraba de desesperación, de rabia y de pena. Y ella también lloraba
de arrepentimiento, al ver que por un capricho frívolo había hundido la
felicidad de su hogar. En materia de amor, el cine
hace daño tanto a las personas casadas como a las solteras. El cine hace daño a los casados
porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más natural, y casi
inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de casados. Y esto no
puede ser! Toda expansión amorosa extramatrimonial de un casado, es adúltera.
Con la gracia de Dios se pueden superar todos los conflictos amorosos que se
presenten al corazón. El daño que el cine hace a las
personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una enorme facilidad para
llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados. Además, porque muchísimas veces
presenta como motivo suficiente para el matrimonio el atractivo corporal, y eso
es mentira! Este atractivo es un factor,
pero él sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben precisamente
a que se basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron
otros valores de mayor importancia. Aparte del daño que el cine
hace, con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le hace otro daño también
grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a imitar los modales, las
actitudes y conducta de las artistas que se presentan como mujeres
deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo de resultar
ellas mismas también atractivas. Al principio, las cosas que chocan con la
moral se rechazan, pero a fuerza de verlas en la pantalla se les va quitando
importancia y acaban por asimilarse. El cine ha hecho muchísimo daño
a las chicas enseñándolas modales insinuantes y provocativos, a mirar con
descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser condescendientes en aventuras
amorosas. Cuántas chicas adoptan en público y en privado, posturas y actitudes
atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el cine, dándose cuenta o sin
darse cuenta del todo! Cuántas chicas se han hecho unas frescas por lo que
vieron en el cine! Cuántas chicas cayeron más hondo de lo que jamás sospecharon
por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el cine! Algunas chicas, influenciadas
por el ambiente erotizado, son fáciles en llegar a todo, sin pensar en las
consecuencias, pues en las películas lo ven continuamente y nunca pasa nada.
Pero en la vida real, sí. La vida real no es el cine. Cuántas solteras
embarazadas, después se lamentan de lo que hicieron! Pero ya es tarde! «Hay
películas que, de hecho, son para muchos una verdadera escuela de vicio. Al
exhibir ante la juventud escenas de besos prolongados y lascivos se les incita
a hacer otro tanto, haciéndoles creer que tales acciones son la señal necesaria
del amor, y afianzándoles en la convicción de que eso se puede hacer, pues
tantos otros lo hacen. Así se mata poco a poco en las almas el sentido del
pudor y de la pureza»(784). Muchas películas tratan de una
chica que se lía con un casado, una prostituta que seduce a un jovenzuelo, una
mujer que engaña a su marido, etc., etc. Siempre a base de pecados sexuales. Cuándo veremos películas que
exalten las virtudes de un buen padre de familia, de una madre honrada y de una
chica decente? Hacer esto es mucho más difícil. Aquello es mucho más fácil. Por
eso abundan las películas a base de los bajos fondos de la vida. Hay que combatir las películas
que inculcan ideas contrarias a la moral católica. El público es el que manda en
el cine. Si una película deja la sala vacía, no se repetirá . Pero si una
película resulta «de taquilla» se multiplicarán las películas de este tipo. Si queremos moralizar el cine,
hay que hacer el vacío a las películas indeseables. Con este método «La Legión
de la Decencia» en Estados Unidos, logró imponerse a los directores de
Hollywood. En cuestión de espectáculos
inaceptables para la conciencia cristiana, conviene adoptar con energía la
consigna de no asistir a ninguno por tres fines simultáneos: evitar el peligro
propio, dar buen ejemplo y exigir que no se den espectáculos indecentes por el
medio humano más eficaz, tratándose de empresarios poco delicados de
conciencia, que consiste en negar la cooperación económica. Pío XII en su «Encíclica
Miranda Prorsus», sobre el cine, la radio y la televisión, dice: «Los juicios
morales, al indicar claramente qué películas se permiten a todos y cuáles son
nocivas o positivamente malas, darán a cada uno las posibilidades de escoger
los espectáculos..., harán que eviten los que podrían ser dañosos para su alma,
daño que será más grave aún por hacerse responsable de favorecer las
producciones malas y por el escándalo que da con su presencia». El Concilio
Vaticano II nos exhorta a «seguir las indicaciones de la censura moral y a
evitar los espectáculos peligrosos, entre otras cosas, para no contribuir
económicamente a espectáculos que puedan hacer daño espiritual». El punto de vista estético no
basta para justificar cualquier espectáculo. La curiosidad no es motivo
suficiente cuando se trata de espectáculos degradantes Oigamos de nuevo a Pío
XII P O XII: Encíclica «Miranda Prorsus»: «Culpable sería, por tanto, toda
suerte de indulgencia para con cintas que, aunque ostenten méritos técnicos,
ofenden, sin embargo, el orden moral; o que, respetando aparentemente las
buenas costumbres, contienen elementos contrarios a la fe católica»(785). Es notable que muchos
cristianos difíciles para dar su dinero a obras de caridad y apostolado, lo den
sin escrúpulos a espectáculos que descristianizan las costumbres. Regatean su
dinero para lo bueno, y lo dan alegremente para lo malo. Pero no te contentes con no ir tú
a esas películas. Procura además convencer a otras personas para que tampoco
vayan. Si los católicos quisiéramos colaborar a la acción moralizadora de la
Iglesia, Cristo reinaría mucho más en el mundo. Pero hay católicos que
consideran a la Iglesia como una aguafiestas a quien hay que dar de lado para
poder pasar la vida más divertida; y así están haciendo el juego a Satanás para
que sea él quien domine en el mundo. Es inconcebible, y da pena decirlo, pero
la realidad es que, a veces, los primeros en obstaculizar la obra moralizadora
de la Iglesia, son los mismos cristianos. El cine es un estupefaciente, y
si se adormece tu sensibilidad espiritual, qué conciencia moral podrá
protegerte? Cuando el timbre de alarma de la conciencia y del remordimiento
está estropeado, el alma corre peligro. Cuántas veces la voz de la conciencia
ha hecho dar un frenazo ante el abismo del pecado! Y también, cuántas veces la
voz de Dios resonando en el alma ha levantado a una vida de perfección! 68,6. Hay almas a quienes Dios da
el deseo de renunciar al matrimonio y consagrarse totalmente a Él. Si eres de éstas te felicito. Y
te aseguro que no hay en la vida mayor felicidad que la de estar consagrado a
Dios y sentirse colaborador con Él en su obra redentora, haciendo que fructifique
en las almas la sangre que por ellas derramó. El hombre necesita vivir por
algo que merezca la pena. Necesita darle sentido a su vida. Necesita un ideal.
El vivir sin ideal es señal de inmadurez humana. Vivir consagrado a Dios es el
supremo de los ideales. La Vida
Consagrada
La vida consagrada a Dios, con
vocación, es una felicidad. Se vive con ilusión, con ideal. Pero sin vocación
de Dios no hay quien la aguante. Y por supuesto hay que vivirla
en comunidades donde haya buen espíritu, que también puede haber conventos
relajados. El estado religioso es el
camino de la perfección. Hoy hay en la Iglesia Católica un millón quinientas
mil personas consagradas a Dios. Las obligaciones se concretan
principalmente en los tres santos votos de pobreza voluntaria, castidad
perfecta y obediencia completa. Renunciar, por lo tanto, a las
bodas terrenas y obligarse a vivir para Dios tendiendo a la perfección. Hago mías estas palabras: «Soy
sacerdote. Nunca me he arrepentido de esta vocación que Dios me dio. Y mil veces
que naciera, mil veces la seguiría de nuevo. No creas que todo me ha ido bien.
No creas que todo me ha resultado fácil. Pero todo lo ha superado su llamada.
Un pensamiento tengo siempre clavado, y él decidió mi vocación: hacer algo aquí
abajo que valiera la pena de veras. Sé que se pueden hacer muchas cosas que
valgan la pena. Pero pensé que ésta valía más que ninguna. Y no me he
arrepentido»(786). Los Santos Padres llamaron al
estado religioso: la flor más bella, la perla más preciosa, el más rico ornamento
de la lglesia. Santa María Magdalena de Pazzis dice que es la gracia más grande
que Dios puede hacer a un alma. El estado de virginidad
perpetua y voluntaria, hace que las personas religiosas vivan en la Tierra como
los ángeles del cielo. Ellas serán las que llevarán escrito sobre la frente el
nombre de Dios, cantarán un cántico nuevo y seguirán al Cordero por donde
quiera que vaya, como dice el Apocalipsis. Hay muchas Ordenes y
Congregaciones entre las que puedes elegir aquella que más se acomode a tus
inclinaciones e ideales. El campo en el que puedes desarrollar tu vocación
puede abarcar: Misiones, Hospitales, Asilos, Colegios, Obras sociales en favor
de jóvenes, Casas de Ejercicios, reeducación de juventud, apostolado entre
oficinistas, obreros...Si te entusiasma la vida de oración y penitencia,
tienes, por ejemplo, las órdenes de Carmelitas, Franciscanos, Capuchinos,
Salesianos, Claretianos, etc., en las dos ramas femenina y masculina. También puedes consagrarte en
alguno de los Institutos Seculares con que hoy cuenta la Iglesia con sus
múltiples formas de apostolado. Si estás indeciso y no sabes
qué escoger, quizás pueda ayudarte el libro «Orientación Vocacional» del
P.Carrascal, S.I., donde se dan a conocer los elementos de la vocación y las
características de ciento setenta Institutos Religiosos de hombres y
mujeres(787). Si sientes la voz de Dios para
consagrarle a Él tu vida, no lo comentes a la ligera con cualquiera. Consúltalo con un sacerdote
piadoso y prudente que te aconsejará lo que sea mejor para ti. Cuestionario para estudiar la
vocación: 1.- Se te ha ocurrido alguna vez consagrar tu vida por completo a
Dios? 2.- Este deseo, ha sido por
motivos sobrenaturales, como el amor y el servicio de Cristo, el bien de las
almas y tu propia santificación? 3.- Aunque la realización de este ideal
suponga renuncias y sacrificios, crees que, con la ayuda de Dios, serías capaz
de ello? 4.- Te ilusiona consagrar tu vida al mayor ideal que se puede vivir en
este mundo? 5.- En la hora de la muerte,
cómo te gustaría haber vivido? Hablando de la vocación Juan Pablo II dice: «El
deseo loable de acercarse a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, creyentes
y no creyentes, pobres y ricos, puede llevar a la adopción de un estilo de vida
secularizado o a una promoción de los valores humanos en sentido puramente
horizontal. Hoy hay quien habla de
«vocación temporal» como si Dios retirara la llamada que hizo anteriormente. La pretendida vocación temporal
no es más que una coartada inventada para querer justificar lo injustificable.
El que pone la mano en el arado y luego la retira no es digno de Dios. Otra
cosa es que no hubiera habido llamada, que se hubiera padecido una
equivocación. La castidad hay que vivirla con
elegancia espiritual, sin concesiones rateras y siempre peligrosas, sin
compensaciones larvadas, sino con ilusión gozosa, con entrega, con amor..., sin
crearse tontamente problemas. Pero sin olvidar que somos de barro y que el
ambiente está cargado de erotismo y sensualidad, y nos puede inconscientemente
intoxicar. Jesucristo ha hecho de su
Evangelio el elogio a la pobreza. Ésta debe ser afectiva y efectiva. Afectiva: si hay ambición, no
hay espíritu de pobreza. Efectiva: ésta depende de las circunstancias concretas
en que Dios sitúe a cada cual. El amor a la pobreza no está
reñido con el sentido común. Sería ridículo, por pobreza,
querer prescindir hoy de la electricidad, porque Cristo no la usó. El sentido de la obediencia es
la imitación de Jesucristo que «se hizo obediente hasta morir en la cruz»(788). Pero la obediencia debe ser
responsable: Informando al superior y después aceptando su decisión como
manifestación de la voluntad de Dios. Todo es
Preparación a la Vida Conyugal
68,7. Las cosas grandes no se
hacen en un día . Necesitan tiempo, preparación, etapas. La vida conyugal es
una de esas cosas muy grandes. Hay que llegar a ella por sus pasos. Esta preparación comienza ya
desde la adolescencia. El adolescente ha hecho el descubrimiento, aunque
todavía elemental, del otro sexo. Se trata de todo un nuevo mundo, físico y
espiritual, que tiene que explorar, pero sin precipitarse. Los dos extremos
serían funestos: tanto el lanzarse demasiado aprisa, como el retirarse por
miedo a posibles peligros. Antes del noviazgo, conviene
que los adolescentes y los jóvenes hayan tratado frecuentemente con jóvenes del
otro sexo. Esto es imprescindible, no sólo para conocer al otro sexo, sino para
conocerse a sí mismo, para estudiar sus propias reacciones y actitudes ante el
otro sexo. Uno de los deseos más arraigados en el corazón del hombre es
encontrarse con los otros, formar grupo, colaborar juntos. La amistad es un
gran valor. La soledad es una triste experiencia. La amistad es un afecto puro,
desinteresado y recíproco que nace y se fortalece con el trato. Se basa en la
sinceridad y en la generosidad. La simulación, el engaño, la
traición, son la muerte de la amistad. La amistad es dar más que recibir. En la
amistad te aceptan como eres y te valoran por lo que eres, comprendiendo y
perdonando tus fallos y limitaciones. La amistad favorece la amabilidad, la
jovialidad, la alegría, la bondad, la sinceridad, la generosidad, la
cordialidad, el deseo de hacer el bien y la preocupación por los demás. El
amigo no es acaparador y posesivo. Respeta tu libertad y no tiene celos de que
compartas tu amistad con otras personas. En esto se diferencia la amistad del
amor. El amor tiene celos si una tercera persona se interpone entre los dos. La
amistad, como el amor, dura toda la vida. La amistad que es pasajera, no
es verdadera amistad. Lo mismo que el amor: o es eterno, o no es amor. Quien tiene un verdadero amigo,
tiene un tesoro. Una evolución normal humana
exige, por tanto, este trato entre muchachos y muchachas desde los diecisiete
años más o menos. Normalmente, y sobre todo al
principio, este contacto debe efectuarse en grupos o pandillas. Es mucho más
efectivo cuando estos contactos en lugar de estar meramente motivados por el
encuentro y el entendimiento mutuo, tiene algún otro fin intermedio, por
ejemplo: cultural, benéfico, deportivo. En estas circunstancias, los jóvenes
muestran muchas facetas de su personalidad y se dan mutuamente muchos más
motivos para conocerse. Si son contactos «para ser conocido» son más
superficiales, pueden estar tratando únicamente de «causar buena impresión», y,
por lo mismo, camuflando elementos muy importantes de su manera de ser. En cambio en las pandillas en
las que los chicos y las chicas realizan algo juntos, inevitablemente darán a
conocer innumerables aspectos de su forma de ser. El otro sexo no está
meramente en un escaparate, en una postura estudiada y para ser visto; está más
en la vida real con sus pequeñas colaboraciones, responsabilidades,
circunstancias y conflictos; tiene que hacer algo más que ser visto. Y es que
no hay peor manera de conocer a una persona que cuando ésta se ha puesto allí
sólo para que la conozcan. Más tarde un chico y una chica
comienzan a salir juntos. Salir juntos no es el noviazgo, pero puede ser el
preludio. De todas maneras, los que
empiezan a salir juntos deben estar convencidos de que ya no se trata de una
diversión o de un juego, sino de algo más serio. Decimos que esta etapa puede
ser muy formativa, pues presenta una magnífica ocasión para ejercitar
mutuamente la nobleza, la sinceridad, la generosidad y la delicadeza. Dadas sus
especiales circunstancias y ocasiones puede servir también de prueba de
moralidad y de fuerza de voluntad. Es también una buena ocasión de
conocimiento mutuo con vistas a una futura relación más duradera. Es muy
importante en este sentido que no se pase demasiado pronto a un estado de
noviazgo formal. Y así como habéis empezado a salir juntos con nobleza, para
conoceros, así también tenéis que tener sinceridad, lealtad y valor, para
separaros, si veis que la cosa no debe seguir adelante. No sólo el seguir, sino
también el romper, puede ser un verdadero acto de lealtad. Por lo mismo, debéis hacerlo
antes de que la herida sea importante. Es algo que se lo debéis a la otra
parte. Y también a vosotros mismos. Caso de no haber seguido
adelante en una de estas relaciones, no es preciso encarecer que la delicadeza
os obliga a una especial discreción y secreto sobre mutuas posibles
confidencias. Los daños del enamoramiento
prematuro suelen ser graves. El chico tiene su hombría prendida con alfileres,
y ella, lo mismo, su feminidad. Si antes de fijarlas bien, se aficionan
excesivamente al otro sexo, si tratan excesivamente con el otro sexo, temo que
se les peguen costumbres, maneras, amaneramientos. Y ella debe ser semejante,
no igual: ya lo dijo el Génesis. Y él lo mismo. Pero censuro el exceso, no el
trato. Es éste muy beneficioso con tal que no perdamos la cabeza. No todos los chicos que se
acercan a las chicas van con buenas intenciones. Algunos, por puro pasatiempo;
otros, para aprovecharse de la chica. También habrá quienes lleguen con la sana
intención de entablar relaciones formales. No es difícil ver el fin que
pretende un chico cuando quiere salir con una chica. Hay chicas que se hacen
invitar por chicos al cine, a merendar, etc., a cambio de ciertas concesiones,
lo cual no deja de ser un modo de prostitución. La chica que anhela ser una
buena esposa, debe huir del flirteo . Muchos inseguros en los
estudios y en los deportes se refugian en la parejita donde es tan fácil
triunfar. 68,8. Flirtear es jugar al
amor. Un ceder al atractivo sensible y sentimental, cultivar un trato
superficial, sin hondura, sin intención alguna de casarse. Y la vida no puede
quemarse en el juego de un amor por pasatiempo. El flirteo es uno de los
nombres que se le da a la falsa maniobra de jugar al amor sin comprometerse y
sin aceptar sus consecuencias. Es el comportamiento de una pareja que se
entrega a maniobras sexuales de mayor o menor alcance, con el agravante de que
excluyen toda intención de comprometerse definitivamente. Enamoramientos
y Flirteos
Los compromisos definitivos son
propios de la madurez. Los que cambian continuamente
de capricho son los niños. Por su misma naturaleza, el
flirteo es una mentira. Amar para un rato no es amor. Nadie dice: «Te voy a querer
una semana, pero la semana que viene querré a otra persona». Esto se llama
capricho, y no amor. El amor verdadero dice que es
para siempre: «te querré siempre , te querré hasta la muerte». El flirteo es la
negación misma del amor, y una de sus caricaturas más tristes. Y son profundos
los males que acarrea a sus protagonistas. Además del mal moral que lleva
consigo, el flirteo suele dejar una profunda huella psicológica de frustración,
desengaño, amargura. No produce experimentados sino, más bien, decrépitos. No
enseña, sino agosta. Es una mutilación del amor, y con el amor no se juega sin
quedar profundamente marcado. Por algo el amor es lo más íntimo y lo más
delicado del ser humano. El flirteo les destroza mucho más a ellas que a ellos.
Porque para ellas el amor es algo más profundo, más total, y más definitivo.
Cuando dos se quieren, no flirtean, se respetan y se cuidan mutuamente para
estar enteros para la empresa de toda su vida. Cuando dos flirtean, piensan que
van a pasarlo bien, pero, en realidad, se engañan mutuamente y se dañan en las
fibras más delicadas del espíritu. Antes de enamorarte piensa si esta persona
te conviene o no. Si te enamoras, no serás capaz de juzgar objetivamente. No
empieces a salir con la persona que no te conviene. Si empiezas a salir,
acabarás enamorándote; y si te enamoras, te casarás aunque esa boda sea un
disparate. El flirteo puede llevar al
matrimonio, pero esto es raro. A lo que lleva es a desvalorizar el sentimiento
y a embotar notablemente la potencia de amar. De ahí el desengaño de muchos
que, al poco tiempo de casados, se sienten defraudados, fríos, insensibles con
su joven pareja.Y es que abusaron de esa potencia de amar durante su juventud;
y ahora el matrimonio no les dice nada. .Además, quien se acostumbra al
flirteo, después se cansa de sujetarse a una sola persona Qué va a ser de ese
matrimonio? Por eso el noviazgo no es una diversión, ni un placer, sino una
escuela preparatoria para el matrimonio, que es una de las misiones más grandes
y más serias que Dios ha confiado al hombre y a la mujer. Un compromiso personal,
responsable, maduro y libre necesita preparación. Por eso el flirteo es un
juego peligroso que muchas veces termina con resbalones deshonestos, y siempre
estropea el corazón dejándolo triste, desilusionado y decepcionado, quizás para
siempre; o ligero, superficial y frívolo, incapacitado para amar en serio a
nadie. Dios ha puesto en el corazón
humano el amor para que sea en el matrimonio el aliento de las penas, trabajos
y sufrimientos. Pero la juventud se ha lanzado a jugar al amor, ha hecho del
amor un placer, y como consecuencia tenemos esos matrimonios de corazones
cansados, incapaces de amar, precisamente cuando más necesitan el amor para
endulzar los sacrificios del hogar. El corazón necesita un rodaje.
Si un motor lo fuerzas antes de tiempo, tendrás un «cacharro» para toda la
vida. El rodaje es la vida del motor, y también del corazón. A los aprendices
de una pastelería les dejan hartarse de pasteles todo lo que quieran al
principio. Al dueño le sale más barato, porque el mal recuerdo de la primera
indigestión, los inmuniza para después. Si te indigestas de amor prematuro,
luego aborrecerás el amor. El amor entre adolescente es
una imprudencia. Los adolescentes no están todavía maduros, y los amores
prematuros pueden ser funestos. Es como hacer pasar camiones sobre un puente de
cemento antes de que éste haya acabado de fraguar. El resultado sería un montón
de ruinas. Para muchos, el matrimonio es como tirar una moneda al aire y
esperar a ver si sale cara o cruz. Eso es una barbaridad. El matrimonio es una
cosa muy seria, y como todo lo serio debe pensarse y debe prepararse para que
todo salga bien. Los que lo contraen a la ligera es lógico que después
fracasen. Hoy suele decirse que el
matrimonio está en crisis. Yo creo que lo que está en crisis es el noviazgo.
Muchos jóvenes toman el noviazgo como un juego, con ligereza y frivolidad, no
se preocupan de formarse, sólo buscan disfrutar el uno del otro. Así se hacen
unos egoístas. No tienen ni idea de lo que es el verdadero amor. Una vez
casados, se encuentran egoístas e incapaces de amar. Es lógico que estos
matrimonios sean un fracaso. En una reunión de chicos
dijeron que aunque a ellos les gusta flirtear, cuando encuentran una chica
enérgica que rehusa, aunque los fastidie al momento, la aprecian mucho más. A
su vez las chicas dijeron: los chicos se aprovechan de las chicas que flirtean,
pero no por eso las quieren más. A pesar de lo que digan, las desprecian. Al
contrario, rabian con la que no se deja tocar, pero de hecho la admiran. Muchas chicas, por vanidad,
procuran despertar el apetito de los chicos. En éstos brota el instinto y
procuran sacar de ellas lo que ellas no habían pensado dar. La chica cree que
en el chico hay amor; pero lo que hay es instinto pasajero. Cuando el chico,
satisfecho, la deja, ella queda con el corazón destrozado. La mujer es muy impresionable,
y las huellas de un fracaso amoroso la atormentan después durante mucho tiempo.
El hombre cambia más fácilmente de amor; porque en su amor hay más pasión que
sentimiento, y la pasión es más voluble. Pero la mujer, cuando ama, pone todo
su corazón; y si fracasa en su amor, su corazón queda destrozado. Generalmente, el flirteo
termina para la chica con muchos sufrimientos. Ella se adhiere más, es más
emotiva. Y después de haber tratado de ese modo a un chico, si éste la deja o
no hace caso de ella, la muchacha experimenta el abatimiento, el desengaño, el
amor defraudado y no correspondido...Se creyó interesante, se creyó amada, soñó
ilusiones..., y todo vino a parar en juego. Por eso el flirteo hace tanto
daño a la mujer: por su sensibilidad. Lo que empieza siendo un juego, llega a
interesar su corazón. Cuando termina el juego, el hombre se va tan fresco, pero
ella, fácilmente, queda destrozada. A veces incluso incapacitada para otros
amores muy superiores a lo que sólo había sido una aventura. Esto es lo que se
deduce de la experiencia de la vida. Y si una chica ha tenido en la
vida varias desilusiones de éstas, no correspondidas, ve agriarse su carácter,
su humor se modifica y se hace triste y recelosa. Las chicas deben saber que hay
cosas que tienen en ellas una resonancia mucho más profunda, psicológica y
espiritualmente, que en ellos. Lo que para un chico puede ser un episodio sin importancia,
un pasatiempo o una broma, para una chica es algo que le puede afectar
profundamente. El flirteo no es aconsejable
por esos motivos, pero sobre todo porque también puede manchar la pureza. Es
muy difícil que una chica que admite el flirteo logre mantener su pureza
intachable. No te dejes llevar enseguida de
los impulsos de tu corazón. Lo que caracteriza a la joven es la viveza de su
sensibilidad y de su sentimentalismo, es la riqueza de su corazón. Las chicas
experimentan en su corazón una gran necesidad de amar, de extender a otros el
afecto, y por otra parte sienten lo frágiles que son ante la vida; ávidas de
ser amadas y correspondidas con cariño. Y arrastradas por ese sentimiento no se
atreven a negar, a veces, lo que su conciencia no les permite conceder. Es muy
raro que una joven llegue a la entrega total de su cuerpo por deseo pasional.
Es mucho más frecuente que lo haga invadida por una ternura que le impulse a
dar lo que se le pide, aunque su conciencia se lo reproche. Si Dios dio ese corazón a las
mujeres, es porque las destinaba a una misión espléndida en el hogar y fuera de
él. Se trata de conservar lozano e intacto el corazón. Tu corazón es un gran tesoro;
pero puede ser también, si no se le vigila, la gran ruina. Se acercarán
tentadores que querrán gustar de su lozanía, que harán, tal vez, el
ofrecimiento de una ternura aparente, y que pueden arrastrarte poco a poco a un
amor peligroso e ilegítimo, lejos del camino del deber...Debes guardar el
corazón , defender ese tesoro contra los ladrones. Unas veces será el jefe de
oficina que se interesa por la joven mecanógrafa, o un industrial o abogado por
su secretaria, o uno de los compañeros de trabajo. No te creas, que porque ese
hombre que se interesa por ti, ya esté casado, ofrece una garantía. Al
contrario. El trabajo actual de la joven
en fábricas, establecimientos, oficinas, secretarías, etc., la pone en
constante contacto con hombres. La mutua atracción puede surgir en cualquier
momento; y también una palabra de aprecio, más o menos significativa. A veces
ellos saben hacerse compadecer de ellas, haciéndoles confidentes de su
desgraciada vida matrimonial, de su soledad...Las palabras bonitas y la llamada
a la compasión femenina son armas terribles que pueden hacer vacilar el corazón
ingenuo y generoso de una muchacha; si a esto se une, además, la proximidad
diaria, y cierta admiración que ella pueda sentir por las cualidades y
actividades que él desarrolla, la situación puede terminar en un lío, y,
después, en un desastre para la pobre muchacha ingenua que será la más
perjudicada. Muchacha te doy un consejo para
tu seguridad: Nada de conversaciones
sentimentales, nada de intimidades y confidencias, nada de cariño con un hombre
con quien más tarde no puedas casarte. Cuando en una chica empieza a brotar el
cariño hacia un hombre con el cual no puede casarse, debe romper cuanto antes
con él, aun a costa de lo que sea: perder el empleo, aparecer como una rara,
etc. Cuanto más tarde, peor. Es un engaño decirse: Qué tiene de particular? No
llegaremos a nada malo. Por qué voy a renunciar a su amistad y al gusto de su
presencia? . Con este engaño empezaron muchas chicas que más tarde no pudieron
romper sus lazos amorosos y tuvieron que apartarse de la Iglesia. Muchas chicas, en su
espontaneidad o ingenuidad se han dejado robar el corazón, o algo más. Un hombre la hace un
cumplido..., y su vanidad siente un cosquilleo; multiplica él sus delicadezas y
atenciones..., y, naturalmente, siente ella despertarse el interés y la
gratitud. Le confía que su esposa no le entiende, que no es feliz en su hogar:
«Me equivoqué al casarme con ella. Si te hubiera conocido antes a ti...». Si
ella cede a su natural deseo de complacerle, está perdida. Siente vibrar su
compasión al mismo tiempo que su sentimentalismo y su vanidad. Él le hace un
favor, un regalito, cualquier cosa. La chica no se atreve a rechazarlo, pues en
ello no ve mal ninguno. Después una caricia furtiva para ver cómo reacciona
ella. Quizás un aparente retroceso para despertar el deseo de ella. Ya está atada.
Atada por un sentimiento femenino, respetable por otra parte, de la delicadeza
y del agradecimiento. Ya está atada..., y dócil. Y no se atreve a molestar y
contrariar a quien se ha mostrado tan delicado. Además, es tan amable y
correcto!... Y la historia continúa sin la
menor variante. Pronto vendrá el primer beso, desde luego discreto y
respetuoso, la caricia en el cabello, en las mejillas...Al principio la chica
se sorprende, no se atreve a oponerse, después acepta, y termina por
simpatizar..., y dejarse llevar por la ternura. El amor desarrolla así su ley
psicológica: pasa de lo sentimental a lo sensible, de lo sensible a lo sensual,
de lo sensual a lo sexual. La joven imprudente no suele
ceder al primer golpe. Por lo demás, ella no desea los elementos físicos del
amor. Siempre había soñado permanecer en el plan sentimental y sensible.
Pero..., ante la insistencia, por no contrariarle, termina con la entrega
total. Si no rompe a tiempo, valiente y dolorosamente, la actitud de un día se
convertirá en un hábito y muy pronto en esclavitud. El 9 de febrero de 1979 oí en
el programa radiofónico «Protagonistas» una carta de una madre soltera de
catorce años, que lanzaba un grito de alerta a tantas chicas que juegan con una
cosa tan seria como es el sexo. Ella, arrepentida de lo hecho, se lamentaba de
lo ocurrido por irreflexión juvenil. En Nueva York, uno de cada tres
nacidos es hijo de madre soltera. Te lo repito: no te encariñes
sino con aquel chico con el cual te puedas casar. A algunas chicas les gusta coquetear
y jugar a despertar el apetito sexual de los chicos. Pero ellos después no se
contentan con pequeñeces. Lo quieren todo. Y cuando llega el momento en que
ellos se disponen a conseguirlo, ellas se asustan y quieren frenar (con
frecuencia sin resultado) lo que ellas mismas desencadenaron tontamente. Una
mujer puede sentirse atraída por una aventura más o menos arriesgada. Puede ser
vanidad, curiosidad o tontería. Pero difícilmente en el momento de la tentación
cae en la cuenta del peligro que corre y de lo mucho que arriesga. Después,
cuando sea tarde, derramará lágrimas de arrepentimiento, pero la pérdida puede
ser irreparable. El
Noviazgo
68,9. Sobre el noviazgo puede
ser interesante mi vídeo: «El éxito en el noviazgo». La elección de tu pareja es cosa
tuya. Pero debes hacerla con mucha cautela. No te fíes de los flechazos, que
son muy bonitos para novelas y películas, pero en la vida real poco útiles para
hacer ellos solos, felices a los hogares. Tampoco te fíes sólo de tu vista, que
ya sabemos que el amor ciega. Tu madre podría hacerte en esto un excelente
servicio. Ella te conoce mejor que nadie; y ella, como nadie, desea tu
felicidad; y su espíritu intuitivo verá si la pareja que le presentas podrá
hacerte feliz. Si dudas del acierto de tu madre, consulta con una persona
seria, competente y desinteresada. Pero no esperes para consultar
al embrujo del amor, pues correrás el peligro de no hacer caso a nadie. Cuando
notes que tu corazón se interesa, examina con serenidad antes de que pierdas la
lucidez. Además de buscar consejo, debes pedirle mucho a Dios en la oración que
te dé acierto en la elección, pues es muy importante no equivocarse en una cosa
tan transcendental. No olvides el proverbio ruso:
«Antes de viajar por tierra, ora; si es por mar, ora dos veces; y si te vas a
casar, ora tres». Porque en el matrimonio las tempestades y los naufragios son
muy frecuentes. No se construye un hogar sobre
la gracia de una sonrisa, sobre el atractivo de un rostro, sobre la ternura de
un instante. Se construye un hogar sobre todo lo que es esencia misma del yo:
los pensamientos, los deseos, los sueños, las decepciones, las penas, las
esperanzas, las alegrías, las tristezas. El amor implica la puesta en común de
todo eso; por ello las relaciones enderezadas a consolidar el amor y a preparar
la unión indefectible, deben desarrollarse en ese plan, y exhibir ante el otro
ese fondo secreto de sí mismo, cada uno de cuyos elementos favorecerá o
perjudicará la futura unión. Durante el estado de
enamoramiento quedan notablemente alteradas las facultades perceptivas y
deductivas en todo lo que se refiere a la persona amada. Los defectos que
existan en dichas personas no se perciben, las cualidades se subliman... La
mente ya no está equilibrada sino profundamente inclinada hacia el objeto del
amor. El enamorado idealiza a la persona amada y la convierte en el centro de
sus aspiraciones. La fascinación que ejerce en ti la persona idealizada puede
ofuscarte y ocultarte la realidad. Podéis quedar totalmente ciegos para ver datos
y circunstancias que desaconsejan totalmente seguir adelante. La fascinación puede ser
engañosa. El amor de un hombre y una mujer es algo muy serio y tiene que
construirse sobre cimientos muy sólidos. La fascinación es hermosa, pero
pasará pronto. Lo que quedará es la vida. Y esa vida, si la construís con el
corazón y con la razón, puede ser todavía mucho más hermosa. Para casarse , es indispensable
amarse; para amarse, es preciso conocerse; para conocerse, tratarse; para
tratarse, primero hay que encontrarse. Las reuniones familiares en las
que intervienen amigas de las hermanas y amigos de los hermanos, pueden ser una
buena ocasión para conocerse mutuamente. Te aconsejo no dejarte seducir
por el cumplimentador hábil, que te fijes a ti misma las condiciones que debe
poseer aquél que debe hacerte su esposa. Condiciones sin las cuales tú no
aceptarás el compromiso matrimonial. Por orientarte te pongo
algunas: Lo que debes valorar ante todo
es el valor personal del pretendiente. Después vienen las demás consideraciones:
facha, rango, fortuna. Estos dones no son despreciables, pero no son
esenciales. Lo esencial reside en el valor humano y cristiano del chico, es
decir, su personalidad. Primero que sea cristiano;
cristiano convencido, práctico. Y si es piadoso, mejor. El matrimonio con un
incrédulo suscitará conflictos de conciencia. Porque después planteará a los
hijos el problema de la fe y las prácticas de piedad. No basta, pues, que esté
bautizado. Bautizados, no practicantes,
llenan las cárceles, y atormentan a sus esposas. Algunas chicas se han engañado
en este aspecto esencial de su prometido y más tarde su esposo...Conscientes
éstas de la irreligiosidad de su novio, han ido al matrimonio, con la ingenua
idea de convertirlo. En la mayoría de los casos, el resultado ha sido nulo;
cuando no, fuente de disgustos profundos para esa joven esposa. Porque después,
cuando esa chica pertenece como esposa al marido frío en materia religiosa,
éste quiere imponer su criterio a la mujer, y vienen los impedimentos, las dificultades
para que esa joven esposa cumpla sus deberes para con Dios. En ese terreno, y
durante las relaciones, se puede mostrar tolerante y no agresivo; pero después
se manifestará tal cual es, con sus intolerancias, sus prohibiciones, sus
repulsas... Puede suceder que ese
pretendiente que tú sabes un tanto irreligioso, no sea violento en sus
manifestaciones anticristianas. Pero adoptará un tono insinuante, convincente y
persuasivo. Y éste, no es menos peligroso: te acabará por conquistar en ese
terreno. La triste experiencia nos lo está diciendo. Jóvenes piadosas y buenas,
que se unieron en matrimonio con hombres poco religiosos, o nada practicantes,
han terminado por ser ellas igual. Después de esta faceta
importante y esencial en el joven que admitas como futuro marido, debes tener
testimonio claro de la seriedad y sobriedad del muchacho. Ten cuidado con los
calaveras; lo seguirán siendo, porque no te creo tan ingenua, que pienses, que
así por las buenas, y por ti, va a dejar ese hombre ciertos hábitos que ha
adquirido tal vez con larga experiencia: mujeriego, trasnochador, dado a la
bebida, etc. El uso de las bebidas alcohólicas es uno de los factores más
influyentes en los hogares desgraciados. A la chica le halaga el verse
deseada sexualmente. Esto puede inclinarla a ser provocativa, pero debe
dominarse. La chica provocativa hace daño a los hombres, pero también a sí
misma. La belleza física es,
ciertamente, un factor importante y, por eso, debes cuidarla y realzarla con
esmero y naturalidad, aunque sin exageraciones, extravagancias y descaros. El
atractivo sexual atrae a una parte del hombre, pero vosotras queréis como
esposo al hombre entero. No olvidéis que los hombres podrán buscar cierto tipo
de mujer para divertirse; pero buscan otro muy distinto para casarse. |