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Los Mandamientos aproximados por varios autores: Cuarto Mandamiento - Honrar padre y madre

Páginas relacionadas 

Comentario del P. Loring sj

 

EL CUARTO MANDAMIENTO
Honrarás a tu padre y a tu madre


Un mandamiento familiar y social

- Quien honra a sus padres expía sus pecados 

- Inseparables: libertad y autoridad 

- Padres, hijos y el Dios Trinitario

 - No les quedarás mal 

- Decálogo de la familia

 - La familia, rostro del amor 

- Honrarás a tu padre y a tu madre… también (y sobre todo) en la vejez 

- Consejos prácticos 

- No sólo hay que respetar a los progenitores, sino también a los jefes, maestros, gobernantes y a todo aquel que tenga autoridad sobre uno. Y viceversa

 

Éxodo 20, 8-12
Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar

Deuteronomio 5, 16
Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado el Señor tu Dios,
para que se prolonguen
tus días y seas feliz en el
suelo que el Señor tu Dios te da





Un mandamiento familiar y social
Redacción de El Observador

Amanda miraba con ojos llorosos a su madre. «¡No quiero!», le gritó. Karla, la hermana mayor, le dirigió una mirada fría y le dijo: «No le grites a mamá pues así no cumples el cuarto mandamiento».

La observación de Karla era pertinente, pero desconocía que este mandamiento no sólo implica el respeto de los hijos hacia los padres, sino también la responsabilidad de los padres con respecto a los infantes. En cierto sentido podemos decir que es el mandamiento de la familia, pues es una valiosa guía para regular las relaciones entre los miembros de la célula de la sociedad.

Un supermandamiento

El Catecismo de la Iglesia Católica divide este mandamiento en cinco apartados: la familia en el plan de Dios, la familia y la sociedad, los deberes de los miembros de la familia, y el deber de las autoridades con respecto a la sociedad civil.

Como podemos observar es un mandamiento con múltiples aristas; abarca desde la intimidad del hogar hasta el espacio público del Estado.

Este mandamiento debemos tenerlo muy presente en la actualidad, pues existen temas que actualmente se debaten, en donde una lectura atenta de este mandamiento brinda luces para salir de nuestra confusión.

Clarificando la idea de familia

En primer lugar hay serios esfuerzos por destruir la institución de la familia. Debemos hablar claro y fuerte: la unión de personas del mismo sexo no crea las estructuras óptimas para el desarrollo de los infantes. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, en vistas a la ayuda mutua y a la procreación y educación de los hijos. Es la institución concebida por Dios en la que el hombre y la mujer viven una íntima unión indisoluble, se apoyan y ayudan, crecen en el amor y colaboran con Dios para hacer crecer la humanidad con nuevos hijos. Por tanto, es un grave error pretender darle el estatus de matrimonio a otro tipo de uniones.

Es doloroso que, como sociedad, tengamos familias rotas donde la incomprensión de los cónyuges la pagan sus propios hijos. Aquí se abren áreas de oportunidad para prevenir la separación familiar; en otros países existen los llamados «Centros de Orientación Familiar», en los cuales unos expertos se esfuerzan por sanar a las familias lastimadas.

Responsabilidad del Estado para con la familia

Por otro lado este mandamiento pide que la comunidad política honre a la familia, la proteja y cuide. Esto pone en evidencia los intentos de ciertos grupos por acorralar a esta institución. Una de las cuestiones es el derecho de los padres de educar a los hijos en las propias convicciones religiosas. Esto choca con propuestas gubernamentales donde se pretende arrebatar a los padres el derecho a educar a sus hijos en sexualidad.

Como podemos apreciar, es un mandamiento que involucra nuestra vida familiar y social. He aquí la importancia de estudiarlo y revisarlo a fondo.




Quien honra a sus padres expía sus pecados
Fragmentos del libro del Eclesiástico

«Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre.

«Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado.
Quien da gloria al padre vivirá largos días; obedece al Señor quien da sosiego a su madre: como a su Señor sirve a los que le engendraron.
En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición.

«Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor.
Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido,
será para ti restauración en lugar de tus pecados. El día de tu tribulación se acordará Él de ti; como hielo en buen tiempo, se disolverán tus pecados».
(Eclo 3,3-4; 3,6-9; 3,13-15).




Inseparables: libertad y autoridad
Por Antonio Rivero

Uno de los aspectos del cuarto mandamiento es la reflexión que se puede hacer sobre el papel, alcances y retos de la autoridad. En este siglo XXI el tema cobra vital importancia, pues somos presa de un galopante relativismo que todo lo cuestiona, incluso el propio ejercicio de la responsabilidad de los padres. Esto ocasiona que, ante el mínimo ejercicio de la autoridad paterna o materna, los niños reclamen airados: «¿Y mis derechos?». Parece haber un divorcio entre libertad y autoridad, una cuestión que debe zanjarse, pues, contra lo que pudiera parecer, ambos términos van de la mano.

Autoridad….

La palabra autoridad viene del latín auctoritas, que significa garantía, prestigio, influencia. Deriva de auctor, el que da valor, el responsable, modelo, maestro; que a su vez se relaciona con el verbo augeo, acrecentar, desarrollar, robustecer, dar vigor, hacer prosperar. Entonces, autoridad viene de auctor y auctor es el que tiene poder para hacer crecer.

Por lo tanto, los padres son verdadera autoridad para sus hijos no en la medida en que los «mandan», sino en la medida en que son sus autores, por haberles dado la vida y, luego, porque los ayudan a crecer física, moral y espiritualmente. La autoridad está en ayudar a los hijos a desarrollarse como personas, enseñándoles a hacer uso de la libertad, capacitándolos para tomar decisiones por sí mismos y mostrándoles por cuáles valores hay que optar en la vida.

…y su pareja: libertad

La autoridad debe estar al servicio de la libertad, para apoyarla, estimularla y protegerla a lo largo de su proceso de maduración. Apoyar y estimular implica la madurez de los padres que descubren que el hijo es persona, por lo tanto distinto de los padres y que, en la medida en que ejerzan su libertad, irán tejiendo su propia realización personal. Protegerla en el proceso de maduración, significa que el hijo aún no está capacitado para caminar solo por la vida.

Hoy, tal vez, sea una de las mayores fallas de los padres. No existe una verdadera protección de la libertad del hijo. Cada vez se desentienden más de los pasos y opciones de los hijos. Los padres están claudicando muy temprano en la protección de la libertad del hijo. ¿Causas? No saber cómo hacer, el desentenderse porque es más fácil, el querer ser padres «modernos».

No proteger la libertad del hijo es arriesgar el proceso de maduración y, tal vez, conducir a una vida en la cual queden muy comprometidas la felicidad y la realización de aquel que se dice quererlo mucho. ¿Se lo querrá tanto si no se protege el uso de su libertad?

No nos extraviemos en falsos dilemas: autoridad y libertad van unidos, ambos son necesarios para la formación de los seres humanos. Sólo de la conjunción de los dos puede brotar la auténtica felicidad y armonía personal.




VÍGÍA
Padres, hijos y el Dios Trinitario

Por Javier Algara / San Luis Potosí

Confucio estableció en el Sam Kang O Ryun que el primer axioma ético para la humanidad es el respeto de hijos a padres. El gran pensador chino antepone el amor filial a los deberes para con el soberano. Afirma de ese modo que mantener una relación de respeto hacia los padres es la primera forma de cumplir la voluntad del Cielo. Obviamente, el concepto confucianista del Cielo no necesariamente abre una relación entre el hombre y el verdadero Dios, pero sí hace que el hombre vea en el amor filial la necesidad humana de conformarse con una exigencia que está más allá que él mismo. La literatura sapiencial de la Biblia sentencia: «Al que maldice a su padre y a su madre, se le extinguirá su lámpara en medio de tinieblas» (Prov 20,20). El encontrarse el hombre en la oscuridad total es el efecto simbólico del actuar humano en contra de su propia naturaleza. No amar y respetar a los progenitores es portarse inhumanamente. Y la cuarta Palabra del Sinaí le pone el sello mismo de Dios a la sabiduría humana cuando dice: «Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días y seas feliz en esta tierra» (Dt 5,16). Es sentido común que todos somos hijos de alguien. La relación entre mi padre y yo es tal que ni el espacio, ni el tiempo, ni siquiera el Cielo o el Infierno, podrán cambiar el hecho de que él es mi padre y yo soy su hijo.

Juan Pablo II y Benedicto XVI, en sus enseñanzas sobre el amor humano, dicen que los actos a través de lo cuales el hombre manifiesta dicho amor son la mejor forma de realizar en sí mismo, y en la historia, su ser imagen de Dios. Pero añaden algo que nos ayuda a entender también el amor filial.

El amor humano, con su característica de estar orientado a la donación esponsal, para reflejar encarnadamente el ser relacional de Dios en la cotidianeidad de nuestras historias —en la entrega mutua e ilimitada de un yo a un tú— necesariamente también está orientado a la generación de una tercera persona. El amor humano sólo es imago Dei en cuanto que es imago Trinitatis. La tercera persona, el hijo en el caso de la relación esponsal varón-mujer, vista de ese modo, es elemento fundamental de la realización del hombre-imagen-de-Dios. Y la relación entre los padres y los hijos es tan definitiva, aunque no de la misma naturaleza, como la de los esposos entre sí. Debe siempre, eso sí, ser una relación de amor. El amor filial es también una vocación; algo inscrito en el fondo de su ser y que debe manifestarse en actos concretos relativos a su ser hijo de alguien. El respeto a los padres, el obedecerlos, el buscar su felicidad y salud, orar y velar por ellos en sus momentos de dificultad, y sobre todo en el ocaso de la vida, cuando la enfermedad y la senilidad los vuelven indefensos y necesariamente dependientes, serán formas concretas de donarse el hijo a los padres. En esos actos el hijo será también imagen de Dios. Se prolongarán sus días y será feliz en esta tierra.

Es lógico entonces que Dios haya escrito este mandamiento al principio de la serie relativa a los deberes para con los demás.




DILEMAS ÉTICOS
No les quedarás mal

Por Sergio Ibarra

El cuarto Mandamiento, siguiendo el orden en que están enunciados, es el primero que no se refiere a Dios directamente. Marca la prioridad que debe tener en la vida de cada quien la presencia física y espiritual de los papás. Jesús dio testimonio de ello al responder en su primera manifestación a un deseo de su Mamá, cuando ella le pide que convierta el agua en vino. Honrar significa acatar, entre otras cosas. O sea que debemos obedecerles.

El Mandamiento no tiene ningún condicionamiento. Es decir, no establece cuándo sí o cuándo no, o bajo qué circunstancias debe uno hacerlo o no; es directo y definitivo: bajo cualquier situación deberás tenerles en la más alta estima, que también significa honrar.

Una de sus implicaciones es que dura para toda nuestra vida terrenal: no tiene tiempo. O sea que, en vida de ellos o no —como comúnmente ocurre, ellos se van primero—, debemos honrarles. No se trata simplemente de no gritarles o de no hablarles con palabras no apropiadas o de no agredirlos, eso se da por entendido. El Mandamiento va más allá.

Cuántas veces hemos escuchado: «Los abuelos y los padres son o eran unos anticuados». ¿Qué hay detrás de esta aseveración? ¿Un rechazo? ¿Una indisciplina? ¿Una rebeldía? ¿Una descalificación? O quizás una vía rápida para desentendernos del compromiso de seguir sus buenos ejemplos, sus enseñanzas y su moral. Ese es el dilema. Los padres nos guían y nos muestran por dónde debe uno andar y por dónde no. Honrarles no es cosa solamente de cuando estuvieron o están presentes para llamarnos la atención, sino cuando su ausencia nos recuerda cómo hay que andar, como comportarse, tal como muchas de nuestras madres y abuelas nos lo señalaron. Y al hacerlo estaremos quedando bien con su legado.

El Mandamiento dice algo más. Mientras uno crece y uno escucha este mandamiento, parecería que termina ahí, en respetar su guía y, en su momento, su memoria. Mas el ser papás, para quienes tenemos la bendición de serlo, nos pone en una dimensión muy distinta: ahora nos toca ser esa guía. Ser dignos ejemplos para nuestros hijos. Es ésta la mejor manera de honrar a nuestros padres, siendo aunque sea un tantito como ellos fueron.




Decálogo de la familia

AMOR Si los hijos se sienten amados, despejan su mente, se sienten tranquilos y se interesan por complacer a sus padres.

SABIDURÍA Para educar a los hijos en la responsabilidad y en la libertad.

PACIENCIA Para enseñarles sin someterlos.

CONFIANZA Para transmitirles buenos sentimientos y conformar su personalidad.

FE Para alentarlos en las dificultades.

VALOR Para aceptar lo que ellos elijan.

DIÁLOGO Para compartir alegrías y tristezas.

EJEMPLO Porque los padres son modelos que los hijos imitan.

ORACIÓN Dialogar con Dios, da sentido a la vida, aún en los fracasos
PERSEVERANCIA Para cumplir día a día con la difícil misión de ser padres.




La familia, rostro del amor
Por Antonio Rivera

La familia debe ser el rostro de Dios, el rostro viviente de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La familia es una gran maravilla que Dios te regaló. Por eso atacar y destruir la familia es hacer añicos la imagen de Dios en la Tierra. Cada familia está llamada a reflejar el rostro de Dios.

Lo esencial de cada familia es el amor. El amor es el rostro de Dios. La familia, en la vivencia de un profundo clima de amor, transparenta el único y verdadero rostro de Dios. En el amor familiar, te repito, se palpa o se debería palpar el rostro de Dios.

El rostro de Dios, contemplado en una familia, motiva a que otras, que aún no viven esta hermosa realidad, busquen imitar. Familias en las que no falta el pan ni el bienestar familiar, pero sí la concordia, alegría y paz del corazón; familias cargadas de un sufrimiento escondido por mil razones; familias sumergidas en la pobreza extrema. ¡Que en estas familias comience a brillar el rostro de Dios!

La auténtica vida de la familia debe estar presidida por las características del amor: la entrega o donación incondicional, el diálogo, la atención al otro y a sus intereses por encima de los míos. Sólo sobre esta base se podrá construir un matrimonio y una familia. Además, para que el amor familiar sea auténtico, debe ponerse a Dios como centro de esa relación.

Si tú has recibido esa llamada de Dios a formar una familia a través de los signos que Él usa para manifestar su voluntad, puedes considerarte privilegiado, pues Él ha depositado en ti todo su amor y confianza. A ti te toca entonces respetar responsablemente la voluntad de Dios sobre el matrimonio y la familia, tratar de conocer en profundidad los planes de Dios sobre ella, sus designios de amor, y ponerlos en práctica. Un matrimonio y una familia que viven siempre cerca de Dios, porque rezan y se nutren de los sacramentos, no sólo no envejecen en su amor, sino que renuevan cada día la frescura de su amor joven.




Honrarás a tu padre y a tu madre… también (y sobre todo) en la vejez
El maltrato a adultos mayores, una fuerte llamada a la conciencia __ En México, 16 de cada cien ancianos son víctimas de maltrato por sus propios familiares
Por Gilberto Hernández García

Honrar al padre y a la madre, como lo pide el cuarto mandamiento, implica, además del respeto, el reconocimiento, la gratitud y la reciprocidad amorosa, particularmente cuando los progenitores son ancianos.

En México, ya sea por tradición o por necesidad, uno de cada cuatro hogares es considerado como de «familia extensa», es decir, aquella en donde, además de los padres y los hijos, viven otros parientes, generalmente los abuelos. Pero también hay hogares denominados «unidades domésticas unipersonales» -–según el INEGI, por cada 20 hogares «normales» hay uno de este tipo–: se trata de personas ancianas que viven solas, ordinariamente, y que tal vez tienen hijos.

En el caso de los padres ancianos viviendo en casa de alguno de los hijos se esperaría que, después de toda una vida dedicada a la crianza de los hijos o al trabajo, los abuelos disfrutaran de una vida plácida, rodeados de cuidados y cariño. Pero no siempre sucede así.

Abusos que no se denuncian

El año pasado, con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso a las Personas Mayores, que se celebra cada 15 de junio, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición «Salvador Zubirán» (INCMyN), dio a conocer que 16 de cada 100 adultos mayores sufren algún grado de maltrato físico o psicológico.

La Red Internacional para la Prevención del Maltrato al Adulto Mayor, al definir lo que es el maltrato, señala que es «un acto, único o reiterado, u omisión que causa daño o aflicción a una persona mayor, que se produce en el seno de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza».

El maltrato físico incluye desde golpes, bofetadas, puñetazos, patadas y empujones. En tanto que los ataques psicológicos –los más frecuentes, con una relación de 10 a uno con respecto a los maltratos físicos–, implican insultos, intimidación, aislamiento y constantes amenazas de ser echado a la calle o encerrado en un asilo, el robo de sus bienes económicos, y, en menor medida, acosos y abusos sexuales que no son denunciados por vergüenza.

Los datos ofrecidos, con base en la encuesta que realizaron el Colegio de México y la UNAM el año 2006, señalan que en el país el maltrato es muy frecuente y lo preocupante es que, en la mayoría de los casos, son los familiares los principales agresores, sobre todo cuando los ancianos sufren algún problema de salud, como demencia senil, alzheimer, parálisis, o extremo dolor.

El estudio esboza el perfil de la víctima de maltrato: con frecuencia es una mujere de más de 75 años, pasiva, complaciente, impotente, dependiente y vulnerable que está sola o aislada, y tiene un bajo nivel de autoestima, carece de opciones de vivir en otro lado o de escapar de la situación.

En cuanto a los maltratadores, la encuesta señala que el 56% son hombres, 44% son mujeres. En lo que toca al parentesco, el 36% son los hijos, el 12% las parejas, el 11% los nietos, y el 17% algún personal sin vínculo de parentesco.

Llamada a la conciencia

Los datos presentados nos hablan de una realidad que muy poco se conoce y, por tanto, no se atiende; es una fuerte llamada de atención a la sociedad para erradicar estas prácticas denigrantes de maltrato al interior de la familia; y nos presentan el reto de fortalecer el respeto, amor y atención hacia los padres y madres ancianos.




Consejos prácticos
Por Walter Turnbull

Los libros sapienciales de la Biblia se caracterizan por ser el ser fruto de una exitosa combinación: revelan la sabiduría de Dios, que va educando a su pueblo hacia el insondable misterio de sus designios y mandamientos; y comunican la sabiduría del hombre, acumulada y transmitida por los hombres experimentados, de generación en generación, alrededor del fuego o en la charla familiar. Son consejos trascendentes que nos llevan a la salvación, pero también son consejos prácticos de hombres que han aprendido de la vida.

Pensé en enriquecerlos, extractarlos o resumirlos, pero al final me pareció inoperante. Mejor los repasamos tal como vienen en el libro del Eclesiástico 3, 1-16.

«A mí que soy su padre escúchenme, hijos, y obren así para salvarse. Pues el Señor quiso que los hijos respetaran a su padre, y afirmó el derecho de la madre sobre su prole.
«Quien honra a su padre obtiene el perdón de sus pecados; quien da gloria a su madre es como el que junta un tesoro.
«Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado.
«Quien da gloria al padre vivirá largos días; obedece al Señor quien da sosiego a su madre, el que sirve a los que le engendraron igual que a su Señor.
«En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición, pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos.
«No te gloríes en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para ti, pues la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y la madre en desdoro es deshonra de los hijos.
«Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies por estar tú en la plenitud de tu vigor, pues el servicio hecho al padre no quedará en el olvido, sino que será para ti restauración en lugar de tus pecados. El día de tu tribulación se acordará Él de ti; y tus pecados se disolverán como hielo en buen tiempo.
«Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre».

¿Exageraciones, ilusiones falsas, deseos personales tal vez? No lo creo. Además de ser Palabra de Dios, son palabras de hombres sabios y prácticos.




No sólo hay que respetar a los progenitores, sino también a los jefes, maestros, gobernantes y a todo aquel que tenga autoridad sobre uno. Y viceversa. Así se cumple cabalmente el cuarto Mandamiento
Por Diana R. García B.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, si bien «el cuarto Mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus padres», debido a que «esta relación es la más universal», la orden divina «se refiere también a las relaciones de parentesco con los miembros del grupo familiar. Exige que se dé honor, afecto y reconocimiento a los abuelos y antepasados. Finalmente se extiende a los deberes de los alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria, a los que la administran o la gobiernan». Y, a la inversa, implica los deberes «de todos los que ejercen una autoridad sobre otros o sobre una comunidad de personas» (n. 2199).

Entonces, ¿qué se debe hacer para cumplir con el cuarto Mandamiento de la ley de Dios?

Deberes de los hijos

+ Los hijos, sean menores o mayores de edad, deben respetar a su padre y a su madre.
+ Mientras viva en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que éstos dispongan para la vida en el hogar.
+ La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido.
+ Los hijos mayores de edad tienen la obligación de prestar a sus padres ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento.
+ Los hijos han de respetar a sus abuelos. Además hay un deber de respeto filial entre hermanos y hermanas.
+ La obligación se extiende también hacia los pastores, catequistas, maestros, etc.

Deberes de los padres

+ Los padres tiene la obligación de educar espiritual y moralmente a los hijos.
+ Deben respetarlos como a personas humanas.
+ Han de proveerles lo necesario a sus necesidades físicas.
+ Deben corregirlos cuando se equivocan y alejarlos de los peligros.
+ Deben ayudarlos a descubrir su vocación, y respetar el estado de vida elegido.

Deberes de los esposos entre sí

+ Deben conservar, fomentar y aumentar el amor que se tienen, y respetarse en toda circunstancia.
+ Deben cuidar los bienes patrimoniales.
+ Han de respetarse mutuamente en su intimidad psicológica, vida religiosa personal, derechos de conciencia y ámbitos de libertad tales como son los gustos y aficiones personales, los ideales políticos y culturales, etc.

Deberes de los patronos y de sus trabajadores

+ Los patronos han de tratar a sus subordinados con respeto.
+ No han de hacerles realizar trabajos personales o empresariales ajenos al contrato de trabajo.
+ Han de pagarles salarios que les permitan vivir honestamente.
+ Deben permitir que los trabajadores cumplan sus deberes religiosos.
+ Los trabajadores, por su parte, han de trabajar con empeño, diligiencia y fidelidad, repetando y obedeciendo a sus superiores.
+ No malgastarán materiales, energía o tiempo. Deben alejarse de la cultura del hacer lo menos posible.
+ Los trabajadores no se harán cómplices o encubridores de los pecados cometidos por sus jefes.

Deberes de las autoridades civiles

+ Nadie puede ordenar o establecer lo que es contrario a la dignidad humana y a la ley natural.
+ Deben ver por el bien común antes que por el propio.
+ En especial las autoridades deben velar por las familias, repetando el derecho de los matrimonios a tener hijos y a educarlos.
+ Deben hacer posible la libertad de profesar la fe y transmitirla.
+ Han de garantizar el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener trabajo, vivienda y derecho de emigrar.

Deberes de los ciudadanos

+ Deben mirar a sus superiores como a quienes Dios permitió estar encargados de administrar los bienes comunes. Este respeto a veces implica que el ciudadano ha de ejercer una justa crítica de lo que le parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad.
+ Deben rendir amor y servicio a la patria, pues es el espacio elegido por Dios para cada uno.
+ Deben cooperar con la autoridad civil. Esto implica el pago de los impuestos, el ejercio del derecho al voto y la defensa del país.
+ Deben obedecer las leyes establecias,excepto cuando éstas sean contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio.

 

(cortesía: elobservadorenlinea.com)

 


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