Los Mandamientos aproximados por varios autores


 

EL QUINTO MANDAMIENTO
No matarás
(cortesía: elobservadorenlinea.com)


El mandamiento de la dignidad humana - El decálogo de la paz - Asesinatos silenciosos: el Quinto Mandamiento en la escuela - «¿Por qué no me preguntas quiénes son estos niños? Son los que mataste con tus abortos» - Bernard Nathanson, «el rey del aborto» - Matar el alma - Hasta sin darnos cuenta Incumplimos el Mandamiento - ¿Por qué somos dignos? - Aborto y eutanasia, dos caras de la misma moneda - «Hay ideologías que han herido profundamente los derechos del hombre y el derecho a la vida» - Combatir los piojos, no el pelo

Éxodo 20, 13
No matarás.

Deuteronomio 5, 17
No matarás.

Mateo 5, 21-22
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo ante el tribunal. Pues Yo os digo: todo aquel que se irrita contra su hermano será reo ante el tribunal. Y si uno llama a su hermano «imbécil», será reo ante el Sanedrín; y si lo llama «renegado», será reo del fuego del infierno.



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El mandamiento de la dignidad humana
El Observador / Redacción

Roberto se consideraba un buen católico: «Nunca he matado a nadie y estoy en contra del aborto», reflexionaba mientras sonreía sintiéndose un poquito mejor que el resto de los mortales. Sin embargo, sus compañeros de trabajo tenían otra percepción: era un hombre hábil para encontrar los defectos de sus prójimos y gritarlos a los cuatro vientos; al momento de corregir errores de sus subordinados lo hacía sobrado de crueldad y falto de caridad.

Lo que Roberto desconocía es que el quinto mandamiento no sólo exige respetar la vida biológica de otros seres humanos, también su vida espiritual y mental.

Al quinto Mandamiento bien se le puede considerar el precepto del respeto a la dignidad del ser humano.

Respeto a la vida biológica

La parte más conocida de este mandamiento es el privar de la vida a otro ser humano. El precepto moral del «no matarás» tiene un sentido negativo inmediato: indica el límite, que nunca puede ser transgredido por nadie, dado el carácter inviolable del derecho a la vida, bien primero de toda persona. Pero tiene también un sentido positivo implícito: expresa la actitud de verdadero respeto a la vida, ayudando a promoverla, a defenderla contra aquellas ideologías que promueven una cultura de la muerte. Esto significa que debemos tener una postura clara e informada sobre el aborto y la eutanasia; en ambos casos es arrebatar la vida a otro ser humano.

Respeto a la vida emocional y espiritual

Hay variadas formas de cumplir o violentar a las personas en su emocionalidad o espiritualidad. En primer lugar no debemos lastimar con la palabra a nuestros semejantes; esto suele pasar cuando corregimos sin caridad, cuando, con el afán de amonestar, descuidamos las formas y las frases; sin querer podemos causar heridas en la autoestima de nuestro corregido, podemos estar colaborando en una muerte más dolorosa: la de la propia confianza.

Otro ámbito a cuidar es el del escándalo. En el Catecismo de la Iglesia Católica escandalizar es «el comportamiento que induce a otro a hacer el mal», y se le considera un pecado tan grave que «puede ocasionar la muerte espiritual». Su magnitud es proporcional al grado de autoridad o «prestigio» de quien lo comete. En otras palabras, si los primeros de los que se espera una conducta recta son los mayores transgresores entonces se impone el «si ellos lo hacen, ¿por qué yo no?»; esto, con el tiempo, crea graves desórdenes personales y sociales.

Respeto a la integridad corporal

Este mandamiento, por ocuparse del primer derecho de todo ser humano, la vida, también alerta contra los atentados que se pueden cometer contra el cuerpo. Recordemos que no tenemos un cuerpo, somos cuerpo; concretamente, espíritu encarnado. Por tanto, aquello que deteriore y perjudique nuestra corporalidad es un pecado. Desde esta perspectiva se puede entender la condena que se hace del terrorismo y el secuestro. En ambos, el respeto a la dignidad de las víctimas sufre menoscabo; por tanto, quienes realizan estas acciones violentan este precepto.

Las mil formas de matar

Como podemos darnos cuenta, hay infinitas maneras de «asesinar». No necesitamos llegar a arrebatar la vida biológica de un ser humano; con nuestras palabras y acciones podemos ir «matando» a nuestros prójimos. Lo más grave es que seamos como Roberto, que nos consideremos buenos, pero seamos insensibles y crueles. Debemos recordar que este mandamiento vela por la dignidad de los seres humanos, una realidad que en el mundo contemporáneo parece va perdiendo peso, y puede ser el principio de la barbarie.


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El decálogo de la paz

Una de las esferas que tutela el quinto mandamiento es la defensa de la paz. Ésta no se reduce a la mera ausencia de guerra; es, ante todo, una actitud de vida mediante la cual realizamos de manera continua y constante el respeto a la dignidad de las personas, la comunicación libre y madura, y practicamos la tolerancia bien entendida. Todo esto nos lleva a vivir como hermanos, es decir, fraternalmente. Para lograr todo ello el obispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, nos propone el decálogo de la paz:

1- Mira a todos con respeto y benevolencia.

2- No hables mal contra nadie, no condenes a ninguna persona, a ningún grupo, a ningún pueblo, a ninguna institución.

3- Perdona las injurias presentes y pasadas, líbrate de las garras del odio, guarda la libertad de tu corazón para amar, para convivir, para comenzar una vida nueva cada día.

4- Desea sinceramente la paz con todos, la colaboración, la convivencia, el gozo de la fraternidad y del servicio.

5- Trata de simplificar los problemas en vez de agrandarlos; no acumules las sombras, busca en todo resquicios de luz y los caminos de la esperanza.

6- Ten valor de negarte a colaborar con cualquier proyecto violento; apártate de los que enseñan y practican el odio, la venganza, el amedrentamiento y la violencia.

7- Crea en torno a ti sentimientos y actitudes de paz, de concordia, de convivencia, de misericordia y de consuelo.

8- Apoya a los que trabajan sinceramente por la paz, en la verdad, en la libertad y en la justicia.

9- Dedica algún tiempo a trabajar tú también por la paz, con serenidad, esperanza y generosidad.

10- Pide a Dios que te dé el espíritu de la sabiduría, de la bondad, de la fortaleza y de la generosidad
para ser instrumento de su bondad y de su amor en un mundo renovado, donde todos podemos vivir en la verdad, el amor, la libertad y la fraternidad.


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Asesinatos silenciosos: el Quinto Mandamiento en la escuela
Por Omar Árcega E.

Luis, de 10 años, llegó llorando a casa. Durante semanas sus compañeros de escuela se habían burlado de su obesidad. Todo inició con comentarios sobre su aspecto, después lo empezaron a relegar de los juegos y los últimos días lo recibìan a «zapes». Ese día los padres de Luis se dieron cuenta que era víctima del bullying.

El bullying es la violencia ejercida entre niños y/o adolescentes en las escuelas. Se refiere a todas las formas de actitudes agresivas intencionadas y repetidas que ocurren sin motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes contra otro u otros. El que ejerce el bullying lo hace para imponer su poder sobre el otro a través de constantes amenazas, insultos, agresiones, vejaciones, etc. y así tenerlo bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años.

El agresor

El niño puede tener actitudes agresivas como una forma de expresar su sentir ante un entorno familiar poco afectivo, donde existen situaciones de ausencia de algún padre, divorcio, violencia, abuso o humillación ejercida por los padres y hermanos mayores; tal vez porque es un niño que posiblemente vive bajo constante presión para que tenga éxito en sus actividades o, por el contrario, es un niño sumamente mimado. Todas estas situaciones pueden generar un comportamiento agresivo en los niños y llevarles a la violencia cuando sean adolescentes.

Tipos de bullying

Puede hablarse de cinco tipos principales de acoso escolar; frecuentemente aparecen varios tipos de forma simultánea.

- Físico: empujones, patadas, agresiones con objetos, etc. Se da con más frecuencia en primaria que en secundaria.

- Verbal (es el más habitual): Insultos y apodos principalmente, también menosprecios en público y/o resaltar defectos físicos.

- Psicológico: mina la autoestima del individuo y fomenta su sensación de temor.

- Social: pretende aislar al joven del resto del grupo y compañeros.

- Virtual: acoso utilizando el internet, tecnologías digitales e interactivas, o teléfonos celulares.

Asesinando silenciosamente

Con este tipo de actitudes se violenta y daña la vida emocional de los niños. Por tanto, es un atentado contra el quinto mandamiento. Debemos estar atentos al comportamiento de los infantes más cercanos pues pueden cumplir la función de acosadores o de acosados. En ambos casos son víctimas, su salud psicosocial esta gravemente comprometida. Las consecuencias impactan en la afectividad: baja autoestima, actitudes pasivas, pérdida de interés por los estudios, lo que puede llevar a una situación de fracaso escolar, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas. Lamentablemente algunos chicos, para no tener que soportar más esa situación, se quitan la vida.


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VÍGÍA
El quinto Mandamiento

Por Javier Algara

En un congreso de docentes se discutía el tema de la asignatura de cívica y ética. Alguien preguntó a la asamblea cuál es el fundamento de la ética. La respuesta no se hizo esperar: la dignidad de la persona humana. Moralmente bueno es aquello que está de acuerdo con esa dignidad; malo, lo que no. A eso, otro preguntó: «¿De dónde le viene al hombre su dignidad?». A esa pregunta la respuesta no fue tan rápida. Muchos quizás nunca se habían planteado esa cuestión. Eventualmente se ofrecieron algunas posibilidades: que la persona tiene dignidad porque es superior a los animales; que si porque tiene uso de razón y libertad, etc. Nadie parecía tener certeza sobre el origen de la dignidad humana. Una voz dijo, tímida: «Porque Dios nos creó». Ya nadie más habló. Se cambió el tema. Sin embargo, creo que algunos sí salieron de la duda. Si reclamamos para nosotros una dignidad es precisamente porque Dios nos creó individualmente, como personas únicas, y nos dotó de todo aquello que nos hace tales.

Las virtudes son virtudes y los pecados, pecados en la medida en que la acción humana se conforma o se distancia de lo que Dios tiene pensado para la persona humana; para cada uno de nosotros. ¿Y en qué otra acción manifiesta más patentemente Dios su voluntad respecto a cada persona si no es en la de darle vida, una por una, poniendo en cada una su sello personal? La vida —concretizada en nuestro nombre y apellido— es la voluntad primaria de Dios sobre cada persona. Obviamente, quitar la vida a un ser humano forma parte de la lista de acciones menos queridas por Dios. Precisamente por ser un acto que se opone a un acto tan personal entre Dios y la creatura. Es un acto de la mayor injusticia hacia Dios. Y hacia la víctima, claro. Y es también una violación flagrante de la dignidad de la persona, fuente del valor de todas las acciones que pueda realizar en el curso de su historia.

El mundo entero reconoce —más o menos conscientemente— esta verdad, sabe que asesinar es malo. Empezando porque a nadie le gustaría que lo mataran. El problema es que cuando la vida humana no está vinculada a su verdadero origen; cuando es únicamente el producto de un proceso biológico, la dignidad humana no sobrepasa la de los demás seres de la naturaleza y tiene el mismo valor que la de ellos: servir al más fuerte, un eslabón más de la cadena alimenticia.

El quinto Mandamiento no es una prohibición. Es el recordatorio de nuestra grandeza.


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«¿Por qué no me preguntas quiénes son estos niños? Son los que mataste con tus abortos»
Después de 48 mil asesinatos, el abortista yugoslavo Stojan Adasevic abrazó el cristianismo. __ Cada noche soñaba lo mismo, y un día preguntó al hombre de su sueño cómo se llamaba; «Tomás de Aquino», le respondió.

El diario español La Razón dio a conocer en noviembre de 2008 el caso de un nuevo «rey del aborto» convertido: Stojan Adasevic, quien llegara a realizar 48 mil abortos en total y hasta 35 en un solo día. Es actualmente el principal líder pro-vida de Serbia, pero durante 26 años fue el ginecólogo abortista más prestigioso de la Belgrado comunista.

El periódico español señala que «los libros de medicina del régimen comunista decían que abortar era, simplemente, extirpar un trozo de tejido. Los ultrasonidos que permitían ver al feto llegaron en los años 80, pero no cambiaron su opinión. Sin embargo, empezó a tener pesadillas».

Al relatar su proceso de conversión, explica el diario, Adasevic «soñaba con un hermoso campo, lleno de niños y jóvenes que jugaban y reían; tenían como de cuatro a 24 años, y huían aterrados de él. Un hombre vestido con un hábito blanco y negro lo miraba intensamente, en silencio. El sueño se repetía cada noche y despertaba con sudores fríos. Una noche preguntó al hombre de negro y blanco por su nombre. ‘Me llamo Tomás de Aquino’, respondió el hombre del sueño. Adasevic, formado en la escuela comunista, nunca había oído hablar del genial santo dominico, no reconoció el nombre».

«‘¿Por qué no me preguntas quiénes son estos niños? Son los que mataste con tus abortos’, le dijo Tomás. Adasevic despertó impresionado y decidió no practicar más intervenciones», prosigue.

«Ese mismo día vino a su hospital un primo con su novia, embarazada de cuatro meses, para hacerse su noveno aborto, algo bastante frecuente en los países del bloque soviético. El doctor accedió. En vez de sacar el feto miembro a miembro, decidió machacarlo y sacarlo como una masa. Sin embargo, el corazón del bebé salió aún latiendo. Adasevic se dio cuenta entonces de que había matado a un ser humano».

Tras ese macabro episodio, Adasevic «informó al hospital de que no haría más abortos. Nunca en la Yugoslavia comunista un médico se había negado. Redujeron su salario a la mitad, echaron a su hija del trabajo, no dejaron entrar a su hijo en la universidad».

Tras dos años de presiones y a punto de rendirse, volvió a soñar con santo Tomás: «‘Eres mi buen amigo, persevera’, dijo el hombre de blanco y negro. Adasevic se comprometió con los grupos provida. Dos veces consiguió que la televisión yugoslava emitiera la película de ultrasonidos El grito silencioso, de otro famoso ex-abortista, el doctor Bernard Nathanson».

Actualmente el doctor Adasevic ha publicado su testimonio en revistas y diarios de Europa del Este, como la rusa Liubitie Drug Druga. Ha vuelto al cristianismo ortodoxo de su infancia y también ha aprendido cosas sobre santo Tomás de Aquino.

«Tomás, influido por Aristóteles, escribió que la vida humana empezaba 40 días después de la fertilización», escribe Adasevic en Liubitie Drug Druga. La Razón comenta que «el doctor sugiere que quizá el Santo buscaba compensar ese error. Adasevic, ‘el Nathanson serbio’, prosigue hoy su lucha por la vida de los más pequeños».

Fuente: Aciprensa Digital


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Bernard Nathanson, «el rey del aborto»

Participó en 75 mil abortos, pero ahora es católico y uno de los más incansables defensores de la vida. El doctor Bernard Nathanson, quien fue conocido en Nueva York como «el rey del aborto», está seguro de que su conversión resultaría inconcebible sin las plegarias que muchas personas elevaron a Dios pidiendo por él.

«He abortado a los hijos no nacidos de amigos, colegas, conocidos e incluso profesores. Llegué incluso a abortar a mi propio hijo», llora amargamente.

Con la llegada de la nueva tecnología del ultrasonido, Nathanson pudo observar el corazón del feto en los monitores electrónicos, y entonces se dio cuenta de que en el feto existía vida humana. Decidió reconocer su error publicando un artículo en la revista médica The New England Journal of Medicine. Y nunca más volvió a practicar abortos.


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Matar el alma
Por Walter Turnbull

Fue Dios mismo, en el Monte Sinaí, hace como tres mil años, quien ordenó por primera vez al hombre: «No matarás». Antes no se le había ocurrido a nadie. Entre los pueblos antiguos —como entre muchos actuales— era un placer y un derecho terminar con la vida de un enemigo, o de alguien que tenía algo que se deseaba. Tuvo que pasar mucho tiempo para que la doctrina judeo-cristiana permeara a la sociedad, y el mundo —al menos en apariencia— fuera reconociendo el matar como algo indebido. Hasta eso, hoy las constituciones de los Estados y las declaraciones de derechos humanos mencionan —aunque sea de dientes para afuera— el derecho a la vida. Podríamos decir que hubo un avance.

Sin embargo, hoy tenemos que constatar con preocupación que el camino se ha revertido. Hoy muchos grupos, precisamente por haber renegado de Dios, regresan a la barbarie y a la primitiva usanza de matar al que ven como amenaza o incomodidad o tiene algo que ellos desean. Pienso en los que organizan guerras de invasión, o guerras santas o guerras preventivas por motivos ideológicos; en los que sacrifican personas o pueblos por perseguir intereses económicos; en los que comercian con gente o practican la esclavitud; en los que matan niños no nacidos o ancianos o enfermos porque atentan contra su confort o su diversión... la lista es enorme.

Pero pienso, más que en nadie, en aquellos que se empeñan en matar a Dios y en impedir a los hombres acercarse a Él. Los ateos militantes, los liberales, los laicistas jacobinos, los marxistas, los falsos científicos... diferentes disfraces de la misma plaga. Por algo dijo Cristo: «No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno» (Mt 10, 28). Porque «este lago de fuego es la muerte segunda, y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego» (Ap 20, 14).

Malo como es matar, no hay comparación entre provocar la muerte del cuerpo y provocar esta muerte segunda, la muerte del alma de la que no hay regreso. Y cuántos hay —ay, nanita— que con pretexto de los pobres, la ciencia, la mujer, la libertad, el progreso... dedican su vida a mandar las almas a la muerte segunda. ¡Qué terrible retroceso!


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DILEMAS ÉTICOS
Hasta sin darnos cuenta Incumplimos el Mandamiento

Por Sergio Ibarra

«¿Por qué el hombre es violento?» (Albert Einstein). «Porque el hombre es lo que es» (Sigmund Freud).

El quinto Mandamiento nos refiere a la vida. «No matarás», en su interpretación más simple, es no quitarás la vida a otro, es decir, no deberás asesinar a tu prójimo. Las guerras han sido una constante de la vida del hombre en la Tierra. La configuración geopolítica del mundo moderno no proviene de actos civilizados, sino de balazos o bombazos. Por codicia, orgullo, soberbia, avaricia o envidia fácilmente nos violentamos con el prójimo. Y ello nos lleva a pagar cuentas. La segunda guerra mundial se estima que costó alrededor de 64 millones de vidas. La guerra contra el narco en nuestra nación ya lleva más de 6 mil en tres años.

El dilema planteado por este mandamiento es que, sin darnos cuenta, es muy probable que lo incumplamos. Por ejemplo, al deteriorar el medio ambiente con la tala de bosques, el uso desordenado de los mantos acuíferos, la contaminación generada por los medios de transporte motorizados y el sacrificio salvaje de animales. También matamos las ideas de los demás, sus iniciativas, sus pensamientos o sus sentimientos.

El modernismo le está dejando a nuestra sociedad una herencia terrible: atentar contra la vida humana. Los valores no admiten posturas intermedias. Y cada uno de los Mandamientos, finalmente, es un valor. Atentamos contra la vida cuando aprobamos y legalizamos las relaciones homosexuales. Y, finalmente, está el más grave, el mayor de todos estos atentados: el aborto.

Defender la vida es nuestra mayor responsabilidad; desde el seno familiar hay que prepararnos para la vida, no para la muerte.


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¿Por qué somos dignos?

Estamos hechos a la imagen y semejanza de Dios. Al ser creados, recibimos una chispa divina, que nadie puede darnos sino Dios. Y, por tanto, nadie debe quitarnos la vida, sino sólo Él. Por eso, el que levanta la mano contra la vida humana ataca la propiedad de Dios. Por otro lado, la vida humana es condición de la vida eterna, a donde estamos llamados por Dios para gozar de Él eternamente. Por eso es tan valiosa la vida terrena, y por esto es también de un precio inestimable, porque es el tiempo de atesorar méritos para la eternidad. San Jerónimo dijo en cierta ocasión que esta vida es un estadio para los mortales: aquí competimos para ser coronados en otro lugar.

Pero la dignidad del ser humano no sólo es cuestión de fe; también se pude comprobar por medio del intelecto. Lo que diferencia al ser humano del resto de los seres de la creación es la capacidad de razonar y de amar; he aquí el fundamento de la dignidad de las personas. Estas capacidades nos dan la posibilidad de la libertad. Los animales no son libres pues están sujetos a sus institntos. Un ser humano puede elegir entre seguir su instinto o controlarlo. Tenemos la capacidad de decidir. Esto nos remite a la responsabilidad.

La dignidad no es algo dado por el Estado o por un consenso social. Está inscrita en la naturaleza del ser humano, y le fue dada por Dios.


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Aborto y eutanasia, dos caras de la misma moneda
Por Daniel Calcaterra / www.Churchforum.org

- Tanto el aborto como la eutanasia están condenados por antiguos códigos médicos, morales y legales.

- Tanto el aborto como la eutanasia introducen en la legislación moderna el principio de matar directamente a un inocente para resolver un problema.

- Tanto el aborto como la eutanasia usan argumentos similares para obtener la autorización legal que permita terminar de reblandecer las conciencias de los pueblos, ya influidos por las campañas de información..

- Tanto el aborto como la eutanasia ponen a nuestros países a la par de la antigua Asiria, a la que la Biblia llama «un pueblo cruel que no tiene respeto por el anciano ni compasión por el niño» (Dt 28, 50)

- Tanto el aborto como la eutanasia están motivados por intereses egoístas de mentes poderosas que consideran a los hombres y mujeres como un valor. Y se mide el mismo de acuerdo con su capacidad de producir o de generar gasto. Así la vida humana concebida carece de rentabilidad para nadie; muy por el contrario, puede generar una carga que perjudique a los otros miembros de esa familia en que han tenido la suerte de nacer. También los estados poderosos, que desean el sojuzgamiento de los países menos ricos, procuran implantar el aborto como un derecho reproductivo de la mujer con el claro objetivo de detener el crecimiento poblacional de estos pueblos. En el otro extremo de la escalera, los ancianos son una carga para su familia y para el Estado.

- Tanto el aborto como la eutanasia son manejados por esa cultura de la muerte que se apodera o es dueña de los medios masivos de comunicación. Divulgando lo que les es favorable, ocultando lo que les perjudicaría y deformando la conciencia de la gente.

- Tanto el aborto como la eutanasia tienen similares devotos. Es difícil que los que están a favor de uno no lo estén a favor de lo otro. Ellos, astutamente, advierten que la aceptación del uno es aceptar tácitamente lo otro. Solo es cuestión de tiempo.

- Tanto el aborto como la eutanasia niegan la existencia de un Dios creador que regala al hombre el Don de vida para administrarlo con amor durante su paso por esta tierra. Se ubica al hombre como centro del universo, con pleno poder para hacer lo que le plazca, sobre su vida y sobre la ajena. Dios no existe o no interesa que exista. El egoísmo se pone por delante de todo con la excusa del «bien común».


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«Hay ideologías que han herido profundamente los derechos del hombre y el derecho a la vida»

¿Cómo asumir la masculinidad y la feminidad de manera integral? Responde Laura Tortorella, del instituto Mulieris Dignitatem para estudios sobre la identidad del hombre y la mujer, de la Pontificia Facultad Teológica San Buenaventura – Seraphicum

Laura Tortorella es directora del máster «Gestión de las crisis personales e interpersonales». Dicho máster busca ofrecer soluciones a las crisis que puede atravesar el ser humano en diferentes etapas de su vida.

Se cumplen 15 años de la conferencia de Pekín sobre salud sexual y reproductiva. ¿Como cree usted que ha cambiado la mentalidad en el mundo hacia el aborto, como «derecho», y hacia la concepción de la mujer?

«Los programas de acción de la Conferencia Mundial de El Cairo y luego de Pekín han contribuido a crear un clima de cultura de muerte.

«Está claro que tales ideologías han marcado y herido profundamente los derechos del hombre y el derecho a la vida. En estos documentos donde se habla de ‘derecho a la salud sexual y reproductiva’ en realidad se solicita no tanto el derecho a la salud sino más bien el ‘derecho’ al aborto.

«Creo que sólo se puede usar un arma para detener esta cultura de muerte: la formación, sobre todo de nuevas generaciones a una cultura de vida. Todas las naciones, y en especial las iberoamericanas, que aún conservan tantos valores, deberían hacer respetar el valor que todavía puede servir como gancho para salvar a la sociedad entera: la familia. Se convierte más que nunca en urgente para defender a la primera célula de la sociedad de los ataques que recibe.

«Es justamente en la familia que las nuevas generaciones pueden aprender a respetar la vida humana. Pensemos en el hecho de que, por ejemplo, en familia se aprende a acoger la muerte y a entender el sentido».

¿Cómo ha herido este documento el significado de hombre y mujer?

«Pretendiendo liberar la sexualidad de cada preocupación y temor se cancelan términos como ‘maternidad, ‘paternidad’, ‘familia’, ‘matrimonio’ y ‘responsabilidad’ en el ámbito de la sexualidad. Dejan de ser dones y se convierten en ‘derechos’; luego se transforman así en necesidades, decisiones, exigencias de los adultos.

«En este clima tanto el hombre como la mujer ven ofuscada la verdad sobre ellos mismos: que tienen igual dignidad y que son queridos por Dios el uno para el otro»

Hay algunos fenómenos aceptados socialmente, como el «derecho a la muerte», la fecundación in vitro, el no reconocimiento de la dignidad del embrión. ¿Cómo estos fenómenos afectan la psicología de la mujer?

«Afectan de manera diversa al hombre y la mujer, porque no tienen en cuenta la salvaguardia de la vida humana. Éstas son tareas comunes para el hombre y la mujer. Las consecuencias, cuando falta uno de esos elementos, son todavía hoy comunes: el riesgo de ser vistos como objetos.

«La maternidad, por ejemplo, debería volver a ser en nuestra sociedad un bien reconocido. El nacimiento de una nueva vida debe ser siempre acogido como un signo de esperanza y de riqueza para los padres en primer lugar y luego para la sociedad entera. La defensa de la vida humana debe necesariamente volver a ser el primer valor de la sociedad.

«Años de batalla y de reivindicación de las feministas y de otras ideologías han hecho colapsar la vida en las arenas movedizas de la indiferencia. Las consecuencias de esto son evidentes: ‘derecho a la muerte’, fecundación in vitro, un no reconocimiento de la dignidad del embrión... son sólo algunas de las problemáticas que surgen de una mentalidad encerrada en la lucha anti vida. Me pregunto de qué manera estos fenómenos repercuten en una psicología de la mujer, porque es la mujer quien tiene la tarea de aceptar y vigilar sobre la vida, y está claro que, cuando esto no ocurre, debido a culpas que no son sólo de la mujer, es ella quien en primer lugar paga las consecuencias».

Zenit-El Observador


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Combatir los piojos, no el pelo
Por Omar Árcega E.

«Hay más de un modo de cometer infanticidios y uno de ellos es asesinar a la infancia sin asesinar al infante», decía Chesterton. Para abordar la gravedad de «asesinar» sin destruir la vida biológica presentamos un texto de este autor. Nos invita a reflexionar sobre la dignidad de los seres humanos y cómo muchas veces se proponen absurdas soluciones que menoscaban la integridad, la vida espiritual y biológica de los seres humanos.

Hace poco algunos doctores, a quienes la ley permite dictar órdenes a sus más andrajosos conciudadanos, expidieron un decreto acerca de que debía cortarse el pelo a todas las niñas pobres. Alegaban que los padres viven amontonados de tal modo que no se puede permitir que las niñas tengan el pelo largo por temor a los piojos. Por consiguiente, los doctores propusieron abolir el pelo; nunca se les ocurrió abolir los piojos (...) Ahora bien, el objeto y propósito de éstas últimas páginas es proclamar que debemos comenzar completamente de nuevo y por el otro extremo. Yo comienzo con el pelo de una niña. Todo lo demás puede ser malo, pero sé que esto, cuando menos, es bueno. Lo que se oponga a ello debe derrumbarse. Si el propietario y la ley y la ciencia están en contra del pelo de la niña, el propietario y la ley y la ciencia deben derrumbarse.

Con el rojo pelo de una chiquilla del arroyo yo incendiaré la civilización moderna (...) nadie mutilará ni tocará a esa rapazuela (...) no, todos los reinos de la tierra serán hendidos y rajados en su bien. Las columnas de la sociedad se estremecerán y los techos seculares vendrán abajo en ruinas y a la niña no se le tocará un cabello de su cabeza.

 

 

 


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