[_Sgdo Corazón de Jesús_] [_Ntra Sra del Sagrado Corazón_] [_Vocaciones_MSC_]
 [_Los MSC_] [_Testigos MSC_
]

MSC en el Perú

Los Misioneros del
Sagrado Corazón
anunciamos desde
hace el 8/12/1854
el Amor de Dios
hecho Corazón
y...
Un Día como Hoy

y haga clic tendrá
Pensamiento MSC
para hoy que no se repite
hasta el próximo año

Los MSC
a su Servicio


Free Sitemap Generator

 

free counters

Los Mandamientos aproximados por varios autores: Noveno Mandamiento No desear la mujer del prójimo

Páginas relacionadas 

Comentario del P. Loring sj

 


EL NOVENO MANDAMIENTO
No desearás la mujer de tu prójimo 
(No consentirás pensamientos ni deseos impuros)


La pureza de corazón es la esencia del noveno Mandamiento

 - Cómo educar a los hijos en la pureza sexual 

- No consentirás pensamientos ni deseos impuros

 - Los dos monjes 

- Cinco buenas ideas para no alimentar los deseos impuros

 - ¿Y la pureza sexual en el matrimonio?

 - ¿Por qué te vistes así? ¿O por qué invitas a la fiesta a esa niña «fácil»?

 - Tips para evitar la infidelidad 

- El naturismo nudista: un ataque frontal al pudor

 - ¿Qué es el pudor?

 - La limpieza del corazón 

- Vea también: Elogio del Pudor

 

Éxodo 20, 17
No codiciarás... la mujer de tu prójimo

Deuteronomio 5, 21
No desearás la mujer de tu prójimo

Mateo 5, 27-28
Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pues Yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón





La pureza de corazón es la esencia del noveno Mandamiento
Por el Arzobispo José H. Gómez
Los fariseos no eran personas malas. En sus orígenes, los fariseos salvaron la pureza del judaísmo frente a los intentos de los griegos de someter a Israel al politeísmo.

La palabra «fariseo» proviene de un vocablo hebreo que significa «separado», porque este grupo de judíos, al separarse de la tendencia dominante politeísta, salvó la integridad de la religión monoteísta. Y muchos de ellos entregaron su vida para mantener la fe del Antiguo Testamento.

¿Por qué Jesús, entonces, criticó tan duramente a los fariseos al punto de convertirlos en un símbolo de todo lo opuesto a lo que él enseñaba?

La respuesta es sencilla: porque con el paso del tiempo, los fariseos se habían convertido en un grupo que había privilegiado las formas, los rituales y las normas externas por encima de la conversión del corazón.

Y Jesús vino a predicar la conversión del corazón, la transformación de «los corazones de piedra en corazones de carne», como dice el capítulo 36 del libro de Ezequiel. Por eso, una de las bienaventuranzas señala: «bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8).

La limpieza del corazón es, pues, la esencia del noveno Mandamiento. Jesús, contra la formalidad externa que practicaban y predicaban los fariseos, insistía en la limpieza del corazón, en el verdadero desapego del corazón de cualquier pecado y su adhesión al bien.

Por eso es que, junto con la bienaventuranzas, predicaba: «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mt 5, 28). Así, el mensaje de Jesús exige no sólo que nos abstengamos de los actos pecaminosos, sino que rechacemos los pensamientos o sentimientos que signifiquen consentir interiormente con el pecado. A Dios, en otras palabras, no le basta con personas que no cometen actos impuros: desea que sus seguidores luchen por no consentir en sus sentidos, en su mente y en su corazón, al pecado.

El Compendio del Catecismo nos explica que «el noveno mandamiento complementa el sexto al señalarnos que no basta con vencer la concupiscencia carnal en los pensamientos y en los deseos. La lucha contra esta concupiscencia supone la purificación del corazón y la práctica de la virtud de la templanza» (n. 527). La vida de un católico en este campo debe implicar un esfuerzo constante por vivir la pureza de corazón.

Con la gracia de Dios, la oración y luchando contra los deseos desordenados, los católicos somos capaces de alcanzar la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación. En consecuencia, el auténtico católico no sólo es alguien que se abstiene de pecar materialmente: es alguien que ama la pureza, y que busca alentarla y difundirla en medio de nuestra sociedad erotizada.

Por ello, es también responsabilidad nuestra, si queremos vivir a plenitud este mandamiento, contribuir a una purificación del ambiente social, mediante la lucha constante contra la permisividad, el erotismo y la sensualización que hoy se difunde en nuestra sociedad, sobre todo a través de los medios masivos de comunicación.

Una preocupación especial está en la formación en la pureza que damos a nuestros niños y jóvenes.

Como nos recordó el Papa Benedicto XVI en su reciente visita a los Estados Unidos, «los niños tienen derecho a crecer con una sana comprensión de la sexualidad y de su justo papel en las relaciones humanas … Ellos tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales basados en la dignidad de la persona humana».

Y para que eso se lleve a cabo, «todos tienen un papel que desarrollar en este cometido, no sólo los padres, los formadores religiosos, los profesores y los catequistas, sino también la información y la industria del ocio». Tomemos ejemplo de María en su pureza.




Cómo educar a los hijos en la pureza sexual
Por Omar Árcega E.
El no consentir deseos impuros es un proceso y aprendizaje. Fundamental es aprenderlo desde la niñez, pues en esa etapa de la vida se ponen los cimientos de nuestra visión y actuar en el mundo. Por tanto, en la formación de católicos con una pureza de corazón respecto al tema sexual, son parte vital las actitudes y valores de los padres. A continuación hablaremos de cuatro estrategias que pueden ayudar a formar seres humanos con una mirada limpia.

1. Muestre afecto. Tener contacto físico con nuestros hijos es necesario, no sólo para ellos sino también para nosotros como padres en la creación de un rechazo a consentir los deseos impuros. Abrace a sus hijos, expréseles cariño, juegue con ellos y haga que sus expresiones corporales formen un vínculo de unidad que les conecte.

2. Sea abierto para hablar temas sexuales. Evite transmitir una sensación de morbo sobre este tema. Rehuir los temas sexuales se convierte en un obstáculo para el conocimiento adecuado de este tema. Sea honesto, abierto y claro al momento de hablar con ellos. No es necesario hablar más de lo que a ellos les pudiera interesar saber. Explore en la curiosidad de su hijo, vuélvase un amigo que logre descubrir las dudas, el nivel de ellas, y sea el primero en estar abierto a responderles.

3. Viva el modelo de pureza. Llega una etapa de la vida en que nuestros hijos difícilmente harán todo lo que nosotros les digamos que hagan, pero regularmente tratarán de hacer todo lo que nosotros hagamos. Nuestra conducta se convierte en un refuerzo en los argumentos que ellos dan a su propio estilo de vida. Si hoy usted está atravesando por problemas en mantener una vida de pureza sexual, la acción a tomar es buscar ayuda en otros para hallar su propio andar en pureza.

4. Comparta los beneficios. La motivación será siempre necesaria para mover a la acción. Es por ello que se hace necesario que usted constantemente haga ver a sus hijos los beneficios que conlleva para la vida mantenerse puro. Tanto su propia experiencia como la de otros que sean ejemplo de pureza pueden ser motivadores para que sus hijos tengan un modelo a seguir.

Por el bien de nosotros y de nuestros hijos, transformarnos en un ejemplo de pureza es un proceso constante en cual debemos estar dispuestos a seguir trabajando. Mantenernos puros no sólo traerá un beneficio personal, sino que con ello estamos logrando dejar sembrada una semilla para un legado generacional que transforme el mundo.




No consentirás pensamientos ni deseos impuros
Por el P. Jorge Loring, S.J. / Resumido de Para salvarte
El noveno mandamiento de la ley de Dios es «No consentirás pensamientos ni deseos impuros», y se refiere a los pecados internos contra la castidad: pensamientos y deseos.

Dice Jesucristo: «El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su corazón».

Nuestra moral cristiana no es una moral hipócrita, que se fija sólo en lo externo; al contrario, exige una congruencia entre el acto interno de la voluntad y la acción externa.

Hoy la televisión propaga las fantasías sexuales. Es un modo de difundir la inmoralidad, pues dicen los psicólogos que la idea lleva al acto. Por eso la moral católica manda rechazar los pensamientos y deseos deshonestos.

Quien sinceramente desea evitar un acto prohibido, debe evitar también el camino que lleva a él. Se trata, naturalmente, de deseos de cosas prohibidas. Para los esposos son lícitos los deseos de todo aquello a lo que tienen derecho. Igualmente los novios pueden desear que llegue el día de su matrimonio.

Es claro que para que haya pecado en este mandamiento, como en cualquier otro, es necesario desear o recrearse voluntariamente en lo que está prohibido hacer. Quien tiene malos pensamientos, imaginaciones o deseos contra su voluntad, no peca. Sentir no es consentir. El sentir no depende muchas veces de nosotros; el consentir, siempre. El pecado está en el consentir, no en el sentir.

No creas que has consentido en un mal pensamiento porque haya durado más o menos. Puede ocurrir que te presente la imaginación toda una película de cosas, que si se piensan sin querer, no son pecado ninguno. Puede un pensamiento molestarte durante mucho tiempo, incluso durante días. Por muchas vueltas que te dé un mosquito, mientras tú no le dejes, no te pica. Si tú no aceptas el mal pensamiento, y haces todo lo posible por rechazarlo, no sólo no pecas, sino que mereces, y mucho, a los ojos de Dios.

Debes también distinguir entre el gusto y el consentimiento. Es muy posible que sientas atracción, que sufras conmoción orgánica; y, sin embargo, mientras tu voluntad no consienta en disfrutar de esa sensación, o en deleitarte en ese mal pensamiento, no hay pecado ninguno. No es lo mismo sentir una atracción que paladear un gusto.

Para vencer los malos pensamientos que importunan, lo mejor es despreciarlos y distraerse con otra cosa. Muchas veces circunstancias exteriores, como las malas conversaciones, las lecturas peligrosas, las diversiones y espectáculos deshonestos y la televisión, suscitan pensamientos o deseos de cosas impuras. En estos casos el primer recurso es huir de aquellas circunstancias. Quien voluntariamente se pone, sin causa justa, en circunstancias que constituyen grave peligro y ocasión de consentir pensamientos o deseos malos, comete pecado grave.




Los dos monjes
La siguiente historia nos ayuda a comprender lo que implica tener un espíritu no dominado por los deseos sexuales
En un día de lluvia, dos monjes se encontraron con una muchacha muy hermosa, con largos vestidos y zapatos de seda, junto a un camino fangoso. Uno de ellos, por caridad, la tomó en brazos para llevarla al otro lado del camino, para que no se manchase. El otro monje no dijo nada hasta la noche, cuando no pudo reprimir por más tiempo su reproche:

— Los monjes no debemos acercarnos a las mujeres, ni tocarlas, y menos si son jóvenes y hermosas, porque es peligroso.

Pero el que había hecho con sencillez este acto de caridad respondió:

— Hermano, a esa chica yo la dejé allí, hace ya muchas horas. ¿Es que tú la estás llevando todavía contigo en tu corazón y en tu deseo?




Cinco buenas ideas para no alimentar los deseos impuros
Por Omar Árcega E.
Consentir deseos impuros es alimentarlos y fortalecerlos. Una forma de hacer esto es a través del consumo de pornografía, pues con esas imágenes se recrean los apetitos sexuales desordenados y se les permite invadir la voluntad de los individuos, hasta que terminan siendo esclavos de los impulsos sexuales.

A continuación presentamos algunos pasos para vencer algunas prácticas que atentan contra el noveno mandamiento.

1. Evita todo tipo de programas de televisión, revistas, periódicos, fotos u otra clase de objetos relacionados con la pornografía o cualquier otra forma de impureza sexual. Recuerda que todo comienza desde la vista; lo que viste te llevará a pensar en concretar el pecado. Es por esa razón que hay que evitar todo contacto visual con imágenes que pueden causarte la tentación.

2. Evita todo tipo de caricias fuera de lugar con tu novio o novia. Hay jóvenes que, después de estar con besos acalorados o manoseos, llegan a casa a ver pornografía debido a que sus instintos carnales se han alborotado. Si se desea vivir una vida que agrade a Dios en lo sexual, es necesario evitar las caricias fuera de lugar en el noviazgo.

3. Pon el televisor y tu computadora en un lugar de la casa donde todos puedan ver qué es lo que estás viendo. Ésta es una clave muy buena para evitar caer en deseos desordenados, puesto que entre más en intimidad estés, mas fácil será que caigas. Si tu computador está en tu cuarto y sólo tú tienes acceso a él y estás atado a la pornografía, te recomiendo que, por tu bien espiritual, saques el computador de ahí y lo pongas en la sala de tu casa.

4. Recurre a Cristo, búscalo en oración, pues no hay mejor forma que vencer estas ataduras que orando; crea un hábito diario de oración. También aliméntate de la Palabra de Dios; pero no sólo la leas por leerla: medítala, pídele a Dios que te haga comprender las verdades que en ella están escritas.

5. Recurre a los sacramentos. La Confesión te dará fuerza para vencer las tentaciones, la Eucaristía será un impulso a tu vida espiritual. Asiste a confesarte con la firme intención de no volver a caer, pero, si esto ocurriera, vuelve una y otra vez; alejarse de los sacramentos en momentos de dificultad espiritual dificulta el recuperarse.

Dios quiere hombres y mujeres libres, plenos y felices; dejarse dominar por los deseos desordenados nos convierte en esclavos de la sensualidad, y, como consecuencia, tenemos en poca estima nuestra naturaleza espiritual y esto nos aparta de Cristo.




¿Y la pureza sexual en el matrimonio?
Por Artemio Omaya
El noveno mandamiento nos enseña que, cuando el encuentro sexual deja de ser vehículo para la unión mas profunda entre los esposos, se transforma en mero instrumento de placer; entonces hablamos de que el deseo sexual se convierte en impuro, pues lo que impulsa no es el encuentro con el otro, sino solamente un goce erótico. Convertimos a la pareja en objeto de nuestro disfrute sexual, nos olvidamos de la dignidad que le acompaña.

Otro riesgo de la pureza en el matrimonio surge cuando alguno de los conyuges empieza a fantasear con otra persona. La imaginación es la «loca de la casa», como decía santa Teresa. La divagación mental, el desorden interior, lleva muchas veces a los pensamientos impuros. Más que reprimir esos pensamientos, tenemos que distraerlos e ignorarlos. El problema no es que consideremos a una persona del sexo opuesto atractiva, sino que empecemos a alimentar este impulso, pues estamos poniendo las condiciones para posibles actos de infidelidad.

Las manifestaciones de afecto demasiado íntimas podrían llevar a faltar a la pureza sexual. En el matrimonio hay una donación de alma y de cuerpo, por lo que el cuerpo ya no pertenece a sí sino a otra persona. Es una donación mutua y es una posesión determinada sólo por el amor y jamás por el dominio, precisamente porque no se trata sólo de un cuerpo, sino de un cuerpo espiritualizado. Por ello, «tocar» el cuerpo de otra persona, sobre todo sus partes eroticas, es hacer un abuso, pues esta posibilidad compete sólo a su «dueño», es decir, al esposo o a la esposa.

Vivir una pureza sexual como esposos garantiza un matrimonio donde se viva el respeto. Esto impacta en la formación de los hijos, es la mejor herencia que se puede legar a la prole.




¿Por qué te vistes así? ¿O por qué invitas a la fiesta a esa niña «fácil»?
Hay dos pilares que nos permiten vivir el noveno mandamiento: la purificación de nuestro corazón y de nuestra intención

Este nuestro mundo, por muchas partes, está saturado de erotismo: los anuncios, la televisión, las películas. Domina una forma de ver el mundo donde sólo importa lo que tú quieres, donde la sexualidad se ve como un mero objeto de consumo, no como regalo de Dios. Si no te cuidas, te contaminarás. ¡Purifica el corazón del egoísmo y deseos impuros, que tanto te esclavizan y te hacen perder la paz! ¡Purifica el corazón para ser dueño de ti mismo!

Revisa cuál es tu intención cuando invitas a la fiesta a esa niña «fácil»; revisa cuál es tu intención al ponerte esa blusa ajustada o esa minifalda para ir a bailar con tu novio, cuando llevas a tu novia al rincón más oscuro del antro, cuando citas a tu novio en tu casa sabiendo que van a estar completamente solos, cuando pides una bebida que tal vez te va a emborrachar, cuando te acercas a los puestos de periódicos y recorres con la mirada todas las revistas que se exhiben, cuando vas al cine, cuando ves la televisión, cuando navegas por internet, cuando chateas con ese chico o chica que te gusta. Debes preguntarte: «¿Por qué lo hago?». Puede ser que el motivo sea el satisfacer un deseo sexual que no surge dentro del matrimonio o que mira exclusivamente el aspecto físico-erótico. En ese caso debes tener mucho cuidado y dar marcha atrás.

P. Antonio Rivero / Catholic.net




Tips para evitar la infidelidad
Por Omar Árcega E.
Un estudio que duró alrededor de un año, realizado por la Facultad de Psicología de la UNAM a 300 parejas de mexicanos entre 25 y 40 años, reveló las causas de la infidelidad de hombres y mujeres. Ellos buscan aventuras por las características físicas de otras mujeres; esa razón se liga con una problemática referente a su seguridad sexual. En el caso de las mujeres, la investigación revela que las causas son: problema de comunicación con el cónyuge, falta de amor o características personales de otros hombres.

Para evitar llegar a esta penosa situación es necesario, principalmente, tener un matrimonio anclado en el amor y en Cristo; como ayuda, los expertos nos proponen una serie de actitudes.

1 Elige sabiamente. Evita pasar tiempo innecesario con alguien del sexo opuesto. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, elige mejor a alguien del mismo sexo que tú.

2 Comparte sabiamente. Si un día te das cuenta de que estás compartiendo con alguien secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio que no has compartido con tu esposo(a) o que no lo harías, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, incluso si no llega a ser sexual, también puede hacer mucho daño a la relación.

3 Procura estar en sitios públicos. Haz el propósito de no citarte a solas con alguien del otro sexo. Si un compañero te invita a comer o a que le acompañes, haz que venga una tercera persona. No titubees en explicarle, si hace falta, que así lo has acordado con tu cónyuge. Puede servir para dar ejemplo.

4 No seas inocente La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.

5 Aumenta tu inversión en el hogar. Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen, y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.

6 Presta atención a lo que piensas. Si todo el día estás pensando en los fallos de tu cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o en ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar, y disminuye las críticas.

7 No juegues a comparar. Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a tu esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las tres de la mañana, cuadrar cuentas, etc.

8 Busca ayuda. Buscar ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad. Busca ayuda quien está dispuesto a presentar batalla; es un primer paso. Un terapeuta familiar cristiano, un buen consejero, etc., te darán una perspectiva serena, valiosa, para establecer nuevas estrategias para proteger o defender o reconstruir tu matrimonio.




El naturismo nudista: un ataque frontal al pudor
Por el P. Antonio Rivero, L.C. / Catholic.net
Algunos sectores de nuestra sociedad son seducidos por una forma de pensar llamada naturismo o desnudismo. Ellos dicen luchar por expresar libremente su derecho a estar desnudos. Consideran que la prohibición moral de la práctica del desnudo público es origen de problemas psico-emocionales, entre los que se encuentran falta de autoestima, pobre autoimagen corporal y morbo sexual.

Como podemos ver, esta ideología va contra el sentido del pudor, es decir, menoscaba la propia intimidad del cuerpo.

Pero analicemos la cuestión más detenidamente.

Lo que consideramos impúdico viene determinado por nuestro contexto cultural; por ejemplo, algunas tribus africanas viven prácticamente desnudos; cuando cuando una mujer quiere llamar la atención del hombre, lo que hace es precisamente cubrirse el pecho.

Las leyes de la percepción hacen que eso llame más la atención, puesto que nunca iba cubierta. Y lo que no se ve, pero se imagina, es más provocativo que lo se ve normalmente, porque las circunstancias hacen que ese modo elemental de vestir sea el único posible, y por tanto, sea púdico. En esas circunstancias, la percepción del conjunto de la sociedad está habituada a expresar el pudor y el impudor siempre de la misma manera.

Una percepción de este estilo sería imposible en un lugar como el nuestro. El simple hecho de ir vestido altera totalmente la percepción de la intimidad corporal. Si estamos acostumbrados a vernos vestidos, la desnudez tiene un significado radicalmente distinto, destaca una disponibilidad sexual que no se presenta en la percepción de quienes por necesidad van habitualmente desnudos.

He aquí una ley natural que ninguna voluntad puede alterar, ni siquiera por el afán de una pretendida naturalidad. Lo natural para el hombre y la mujer depende de su formación cultural, pues esa formación altera unos modos naturales de percepción difícilmente alterables.

La desnudez habitual no pertenece a nuestra sociedad actual

El fenómeno contemporáneo de la pérdida del pudor y el nudismo es algo totalmente distinto de la desnudez habitual y constante e inevitable de esas tribus de las que hemos hablado. Una vez que las condiciones ambientales, técnicas, culturales, establecen unas leyes propias del pudor, se define espontáneamente la frontera entre lo púdico y lo impúdico. Y se establece el límite natural de la intimidad personal.

Cuando la desnudez se da en una sociedad como la nuestra, es un signo de disponibilidad sexual, algo que fuera del matrimonio es un atentado contra el pudor. Si la desnudez no es expresión de una entrega personal, entonces es que esa persona se está presentando ante los demás como simple objeto disponible, con su inevitable valor sexual en primer plano de utilidad.




¿Qué es el pudor?
El pudor es un impulso natural que protege espontáneamente la propia intimidad. Su finalidad es defender la dignidad de nuestro cuerpo, evitando que aparezca como un simple objeto de deseo sexual de los demás.

En otras palabras, es la cualidad exclusivamente propia del hombre que actúa en defensa de la dignidad de la persona humana y del auténtico amor. El pudor es un medio necesario y eficaz a la hora de demostrar que tenemos dominio sobre nuestros instintos.

Sociedad versus pudor

Nuestra sociedad se caracteriza por presentarnos como deseable la falda más corta, el bikini más pequeño, el escote más pronunciado. Hombres y mujeres pasan horas en los gimnasios, no por un deseo de salud, sino para poder exhibir a otros sus cuerpos «perfectos» según ciertas reglas. Frente al exhibicionismo sexual, que tan intencionadamente se propaga y con tanta insistencia lo practica y lo acepta la gente, es útil recordar que son tan necesarios hoy como siempre el pudor y la modestia.

No es cuestión de tela

El pudor no implica exclusivamente vestirse con mayor cantidad de tela. Es mucho más importante el significado de «disponibilidad sexual» que está asociado a un modo de vestir. Unos pantalones pueden ser más cortos que una minifalda, pero aunque la minifalda enseñe menos, destaca más lo sexual, porque provoca la percepción asociada de una mayor disponibilidad.

Cuando una persona no cuida su propia intimidad corporal, significa que no tiene una dignidad personal que salvar. He aquí la importancia del sentido del pudor.

Antonio Rivero / Catholic.net




DILEMAS ÉTICOS

La limpieza del corazón
Por Sergio Ibarra
El noveno mandamiento quizás sea uno de los más complicados de cumplir para el mundo moderno. A diferencia de los demás mandamientos, en donde el asunto tiene que ver con las acciones de uno, éste nos llama a evitar sentir ciertas inclinaciones, a evitar la concupiscencia (del latín concupiscentia; de cupere, desear, reforzado con el prefijo con) que designa toda forma de deseo humano que conduzca a una vida indisciplinada y desordenada y nos aleje de la castidad bien entendida, la integridad y la rectitud.

El noveno mandamiento tiene que ver con la bienaventuranza que proclama: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8). ¿Cómo lograr una vida adulta con el corazón limpio? La limpieza de corazón exige el pudor. «Cada uno tiene su pudor» me dijo siempre mi padre. Es un llamado a la conquista de la templanza y la nobleza.

Es el pudor lo que preserva la intimidad de la persona y, en consecuencia, manifiesta el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Ordena las intenciones y los deseos que conquistan la dignidad de las personas y la relación que existe entre ellas. Cataliza la paciencia, la delicadeza y la moderación en la relación de pareja. Es también un aliado en la conquista de la modestia y la discreción. Nace con el despertar de la conciencia personal.

El desafío que tenemos, pese a todas las tentaciones y tendencias perversas del modernismo, es educar en el pudor a niños y adolescentes para despertar en ellos la conciencia por el respeto de la persona humana, empezando por la de ellos mismos y luego por la dignidad del otro ¿Cómo vivir y educar ignorando al noveno mandamiento?

 

(cortesía: elobservadorenlinea.com)

 


[_Principal_]     [_Aborto_]     [_Adopte_a_un_Seminarista_]     [_La Biblia_]     [_Biblioteca_]    [_Blog siempre actual_]     [_Castidad_]     [_Catequesis_]     [_Consultas_]     [_De Regreso_a_Casa_]     [_Domingos_]      [_Espiritualidad_]     [_Flash videos_]    [_Filosofía_]     [_Gráficos_Fotos_]      [_Canto Gregoriano_]     [_Homosexuales_]     [_Humor_]     [_Intercesión_]     [_Islam_]     [_Jóvenes_]     [_Lecturas _Domingos_Fiestas_]     [_Lecturas_Semanales_Tiempo_Ordinario_]     [_Lecturas_Semanales_Adv_Cuar_Pascua_]     [_Mapa_]     [_Liturgia_]     [_María nuestra Madre_]     [_Matrimonio_y_Familia_]     [_La_Santa_Misa_]     [_La_Misa_en_62_historietas_]     [_Misión_Evangelización_]     [_MSC_Misioneros del Sagrado Corazón_]     [_Neocatecumenado_]     [_Novedades_en_nuestro_Sitio_]     [_Persecuciones_]     [_Pornografía_]     [_Reparos_]    [_Gritos de PowerPoint_]     [_Sacerdocip_]     [_Los Santos de Dios_]     [_Las Sectas_]     [_Teología_]     [_Testimonios_]     [_TV_y_Medios_de_Comunicación_]     [_Textos_]     [_Vida_Religiosa_]     [_Vocación_cristiana_]     [_Videos_]     [_Glaube_deutsch_]      [_Ayúdenos_a_los_MSC_]      [_Faith_English_]     [_Utilidades_]