Presentación del Plan Pastoral de la Conferencia Espiscopal Española 2006-2010
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La Conferencia Episcopal Española (CEE) presentó el 28 de abril el
nuevo Plan Pastoral que estará vigente los cuatro próximos años, con el que
quiere, bajo el lema «Vivir de la Eucaristía», fortalecer a partir de este
sacramento la fe, la oración y la vida de los católicos en España.
La CEE propone en este Plan numerosas indicaciones que «convergen todas en la
Eucaristía», convencida de que «la vitalidad de nuestras iglesias brota de este
Sacramento Santísimo» y de que «nuestro empeño en los próximos años ha de
orientarse a vivir de la Eucaristía con una mayor interioridad».
Este Plan Pastoral, que se inicia este año 2006 con el Encuentro Internacional
de las Familias en Valencia, concluirá en el 2010 con un Congreso Eucarístico
que «reflejará y potenciará hacia el futuro las iniciativas y las acciones» que
este Plan quiere llevar a cabo.
Aunque «la mirada pastoral a nuestra situación, según el diagnóstico realizado
en el Plan Pastoral precedente, sigue siendo válida en sus líneas
fundamentales», el nuevo Plan señala «algunos cambios acaecidos y nuevos
subrayados, especialmente en el ámbito de la transmisión y vivencia de la fe en
la familia y el de las migraciones».
Tras reconocer la fidelidad y entrega de muchos cristianos y la vitalidad que la
Iglesia manifiesta en numerosas iniciativas, el documento señala algunas
preocupaciones apuntadas ya en el Plan anterior, agrupadas fundamentalmente en
dos ámbitos: el humanismo inmanentista de la cultura pública y la secularización
interna de la Iglesia.
A este respecto, el Plan señala que «el problema de fondo, al que una pastoral
de futuro tiene que prestar la máxima atención, es la secularización interna. La
cuestión principal a la que la Iglesia ha de hacer frente hoy en España no se
encuentra tanto en la sociedad o en la cultura ambiente como en su propio
interior; es un problema de casa y no sólo de fuera».
Las tres partes en las que se divide el Plan Pastoral y que responden -a partir
de la participación en el misterio eucarístico- a la «transmisión de la fe», la
«vivencia de la esperanza» y el «servicio de la caridad», siguen un esquema
común de discernimiento, análisis y acciones pastorales concretas.
En este contexto, y respecto a la fe de los creyentes, se afirma: «Con
preocupación observamos cómo muchos de los que se profesan cristianos carecen de
una fe personal. Conservan prácticas religiosas, viven una fe intermitente, o
reivindican creer al margen de la Iglesia. Ante tal situación dos tareas se
hacen necesarias: acreditar la Iglesia como hogar de la fe y profesar la fe
rectamente. Ambas tareas encuentran en la Eucaristía su punto de verificación
más auténtico».
Sobre la transmisión de la fe se sostiene que a los «ámbitos geográficos» que
han protagonizado hasta ahora la misión, «es necesario unir unos nuevos
horizontes conocidos como los "nuevos areópagos o nuevas fronteras" de carácter
cultural, como el mundo de la comunicación, el compromiso por la paz, el
desarrollo de los pueblos, la investigación científica. O de carácter social,
como son el mundo de la inmigración, las grandes ciudades, el ámbito de los
jóvenes, o las nuevas situaciones de pobreza e injusticia social».
Asimismo, se hace notar la importancia de cultivar una «catequesis que ayude a
los cristianos a fortalecer su identidad. Una fe que no pueda formularse en un
lenguaje para ser compartido hace imposible la unidad de la fe», y se señala a
continuación que «el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio nos
ayudarán en esta tarea».
En este apartado, se señala también la preocupación al observar «el creciente
recorte de la libertad en el ámbito de la enseñanza religiosa y de la educación
en general». Sin embargo, se añade que «lejos de desalentarnos, renovamos
nuestro empeño a favor de la educación integral de la persona humana, la cual
nunca se alcanzará si se prescinde de su dimensión religiosa».
En la segunda parte del Plan Pastoral, en la que se aborda la «lex orandi», el
Plan Pastoral acentúa la centralidad del domingo, llegando a llamar a «la
Iglesia, que vive de la Eucaristía, la comunidad del Domingo».
Con palabras de Benedicto XVI, el Plan sostiene la importancia de «redescubrir
la alegría del domingo cristiano» y exhorta a la participación de los fieles en
la Eucaristía como medio que les capacita «para anunciar por el mundo el
designio salvífico de Dios».
En este contexto, vincula la fortaleza de la familia cristiana con su
participación en la Eucaristía, y afirma que «en el don eucarístico de la
caridad, encuentra la familia cristiana el fundamento y el alma de su comunión y
de su misión, de aquí la importancia de fomentar la asistencia de las familias a
la eucaristía dominical».
Respecto al servicio de la caridad, al que están llamados los católicos por su
participación en la Eucaristía, el Plan de la CEE destaca que «el Año de la
Eucaristía ha sido ocasión preciosa para tomar conciencia del compromiso
especial que han de asumir nuestras comunidades diocesanas y parroquiales a fin
de afrontar alguna de las múltiples pobrezas de nuestro mundo».
«La Eucaristía es la escuela donde también la familia capta que debe vivir de
manera que sus miembros aprendan el cuidado y la atención de los jóvenes y
ancianos, de los enfermos o disminuidos, y de los pobres», puntualiza
En este ámbito de la caridad eucarística, el Plan Pastoral no olvida «la
situación de la inmigración en España reviste las especiales características de
estar constituyendo una realidad marcada por el aumento extraordinario, rápido y
plural de inmigrantes en los últimos años, lo que nos exige reflexionar sobre
los problemas que plantea su integración, la clarificación doctrinal de nuestros
cristianos y el reto nada fácil de ofrecerles a Jesucristo junto con nuestro
testimonio de caridad cristiana».
También en este contexto, y al abordarse el tema del diálogo interreligioso, se
afirma: «En España el diálogo interreligioso está estrechamente vinculado al
fenómeno de la inmigración, de ahí que deba cultivarse desde la apertura, el
respeto, la acogida y las relaciones de buena vecindad con los no cristianos
(diálogo de la vida), buscando la cooperación en la promoción de valores morales
compartidos, como la justicia y la paz (diálogo de la acción), desde la propia
tradición religiosa (diálogo de la experiencia religiosa) 91, sin renunciar a
presentar la mediación única y universal de Jesucristo y de la Iglesia».
«En particular, es importante una correcta relación con el Islam, siendo
conscientes de la notable diferencia entre la cultura europea, con profundas
raíces cristianas, y el pensamiento musulmán, así como de la peculiaridad de la
presencia del Islam en España. A este respecto, hay que preparar adecuadamente a
los cristianos que viven cotidianamente en contacto con musulmanes para que
conozcan el Islam de manera objetiva y sepan situarse bien ante él; dicha
preparación debe propiciarse particularmente en los seminaristas, los
presbíteros y todos los agentes de pastoral», se añade.