Juan Pablo II
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINODAL

CHRISTIFIDELES LAICI

 "Sobre Vocación y Misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo."
Resumen: Roger Leiva Alfaro

 

 La Encíclica sobre Los fieles laicos (Christi Fideles Laici), cuya «Vocación y misión en la Iglesia y en el mundo a los veinte años del Concilio Vaticano II» trata el Tema del Sínodo de los Obispos de 1987.

Tomando como punto de referencia la Parábola de la Viña de Mateo.

El Sínodo ha tenido lugar en Roma entre el 10 y el 30 de octubre de 1987.

 

 

 ESQUEMA

INTRODUCCIÓN

       I. YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS

La dignidad de los fieles laicos en la Iglesia - Misterio.

       - El Misterio de la Viña.

       - Quienes son los fieles laicos.

       - El Bautismo y la novedad cristiana.

       - Partícipes del oficio sacerdotal profético y real de Jesucristo.

       - Los fieles laicos y la índole secular.

       - Llamados a la Santidad.

       II. SARMIENTOS TODOS DE LA ÚNICA VID.

La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia-Comunión.

 

- El Misterio de la Iglesia - Comunión.

       - Los ministerios y los carismas, dones del Espíritu a la Iglesia.

       - La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia.

       - Formas de participación en la vida de la Iglesia.

      

III.     OS HE DESTINADO PARA QUE VAYÁIS Y DEIS FRUTO.

        La correspondencia de los fieles laicos en la Iglesia - Misión.

       - Comunión Misionera.

       - Anunciar el Evangelio.

       - Vivir el evangelio sirviendo a la Persona y a la sociedad.

      

IV. LOS OBREROS DE LA VIÑA DEL SEÑOR

       Buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

       - La Variedad de los Vocaciones.

       - Jóvenes, niños, ancianos.

       - Mujeres y hombres.

       - Los enfermos y los que sufren.

       - Estados de vida y vocaciones.

V.     PARA QUE DEIS MAS FRUTO.

        La formación de los fieles laicos.

       - Madurar continuamente.

       - Descubrir y vivir la propia vocación y misión.

       - Una formación integral para vivir en la unidad.

       - Colaboradores de Dios educador.

       - La formación recibida y dada recíprocamente por todos.

       - Llamamiento y la oración.

 

 RESUMEN

 

CAPITULO I:

 

YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS.

 

La dignidad de los fieles laicos en la Iglesia - Misterio.

 

Los fieles laicos no son tan solo operarios de la viña; sino la misma viña, porque sólo dentro de la Iglesia como misterio de comunión se revela la «Identidad» de los fieles laicos.

 

El Concilio Vaticano II, y ya Pío XII exhortaba a que los fieles tomaran conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser Iglesia.

 

Por el Bautismo el fiel laico, podrá llegar a conocer la radical novedad cristiana, ya que el Bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios; nos une a Jesucristo y a su Cuerpo que es la Iglesia; nos unge en el Espíritu Santo constituyéndonos en templos espirituales.

 

Hijos en el Hijo: Por el Santo Bautismo somos hechos hijos de Dios en su Unigénito Hijo, Cristo Jesús.

El Espíritu Santo es quien constituye a los bautizados en hijos de Dios y, al mismo tiempo, en miembros del cuerpo de Cristo.

 

La unión con Cristo nos une más estrechamente con los hermanos.

Por la Unción Crismal, el bautizado participa en la misma misión de Jesús el Cristo, Mesías Salvador.

 

Los  fieles  laicos participan,  según el modo que le es propio, en el triple oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo.

La participación de los fieles laicos en el triple oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey tiene su raíz primera en la unción del Bautismo, su desarrollo en la confirmación, y su cumplimiento y dinámica sustentación en la Eucaristía.

 

"El carácter secular es propio y peculiar de los laicos" Ya decía Pablo VI.

La  Iglesia  «tiene  una  auténtica  dimensión  secular, inherente a su íntima naturaleza y a su misión, que hunde su raíz en el misterio del Verbo Encarnado, y se realiza de formas diversas en todos sus miembros».

La  índole  secular  del  fiel  laico  no  debe  se  definida solamente  en  sentido  sociológico,  sino  sobre  todo  en sentido teológico .

 

El Concilio Vaticano II llama a todos los hombres a la Vocación Universal a la Santidad.

 

No  es  simplemente  una  exhortación  moral,  sino  una insuprimible exigencia del misterio  de la Iglesia.

 

Puesto que la Iglesia es en Cristo un misterio, debe ser considerada como signo e instrumento de Santidad. . .

La Vocación a la Santidad está ligada íntimamente a la misión y a las responsabilidades confiadas a los fieles laicos en la Iglesia y el mundo.

Vivir la Comunión de los Santos.

Todo esto siempre unido a la Vid (Cristo) de donde viene la Vida.

 

(Juan Pablo II, Exh. Ap. Post-Sinodal Christifideles laici; Nos. 8 al 17. 1989>

 

CAPÍTULO II

SARMIENTOS TODOS DE LA ÚNICA VID.

 

La participación de los fieles laicos en la Vida de la Iglesia - Comunión.

 

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador (...). Permaneced en mi, y yo en vosotros» (Jn 15,1-4>.

Con estas palabras se muestra la misteriosa comunión, que vincula en unidad a los discípulos y al Señor, igualmente con los bautizados que ya no se pertenecen.

Los cristianos se unen al Padre al unirse al Hijo en el vínculo amoroso del Espíritu.

Comunión: Comunión con Dios por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo.

La Comunión de los Santos; la comunión con Cristo siempre nos llevará a la Comunión con los hermanos.

LG.: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento,  es decir, signo e instrumento de la íntima unión del hombre con Dios y de la unidad de todo el género humano».

 

La Comunión eclesial es un don; un gran don del Espíritu Santo, que los fieles laicos están llamados a acoger con gratitud y al mismo tiempo, a vivir con gran sentido de responsabilidad.

 

La  diversidad  y  complementariedad  de  las  Vocaciones  y

Condiciones de Vida, de los misterios, de los carismas y de las responsabilidades.

 

Dentro de la Iglesia hay distintos ministerios y oficios y funciones para la edificación de la misma Iglesia.  1Co. «A algunos Dios los ha puesto en la Iglesia, primer lugar como apóstoles, en segundo lugar como profetas (...) (l Co 12,18).

 

Los  ministros  ordenados,  participan  del  sacramento  del orden, que Jesús mismo instituyó al llamar a los apóstoles, por medio  de  la  sucesión  ininterrumpida,  sirven  a  la Iglesia personificando a Cristo cabeza y ejerciendo  la diaconía,  ministerio.   Congregan al pueblo de Dios por medio del evangelio y los sacramentos.

 

La renovación  litúrgica promovida por el Concilio,  los mismos fieles laicos han tomado una más viva conciencia de las tareas que les corresponden en la asamblea litúrgica y en  su  preparación,  y  se  han  manifestado  ampliamente dispuestos a desempeñarla.

 

Se habló también en el Sínodo de la confusión del término "ministerio"; el término "suplencia" y "clericalización" de los fieles laicos.

 

Conceptos más  precisos,  distinguiendo bien entre  las funciones propias del fiel laico y el que tiene el orden en cuanto a su participación activa en la liturgia

 

Anuncio de la Palabra de Dios. Lectorado y Acolitado

 

"Evangelii  Nuntiandi"   Evangelización  en  el mundo y familia.

Los carismas son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.

 

Pueden  ser  expresiones  del  Espíritu  que  los  dona,  o respuestas a las múltiples exigencias de la historia de la Iglesia.

 

Los carismas han de ser acogidos con gratitud, tanto por parte de quien los recibe, como por parte de todos en la Iglesia.

 

Es necesario el discernimiento de los carismas.

 

Para poder participar adecuadamente en la vida eclesial es del todo urgente que los fieles laicos posean una visión clara y precisa de la Iglesia particular en su relación originaria con la Iglesia Universal.

 

El Sínodo ha solicitado que se creen Consejos Pastorales

Diocesanos.   También lo que está previsto en el Derecho

Canónico;  la participación de los  fieles  laicos en los

Sínodos  Diocesanos  y  en  los  Concilios  Particulares,

Provinciales o Plenarios.

 

 

La parroquia es en cierto sentido,  la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas.   Está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una realidad eucarística; es por tanto una Comunidad de fe y una Comunidad orgánica.

 

Los Padres Sinodales han visto la necesidad de renovación de las parroquias; debido a la falta de clero y por la posición geográfica de algunas; o por parroquias formada por inmigrantes, etc.

 

a) Participación más activa de los laicos.

b) Fomentar las pequeñas comunidades eclesiales de base.

 

En el Decreto sobre el apostolado de los laicos se dice:

Dentro de las Comunidades de la Iglesia, su acción es tan necesaria,  que  sin  ella,  el  mismo  apostolado  de  los pastores no podría alcanzar la mayor parte de las veces, su plena eficacia.

 

Entendido esto a la luz de la "Eclesiología de Comunión".

 

La   participación del laico en el apostolado personal, irradiación del Evangelio, llevarlo a tantos lugares donde no los conocen.  Y es constante, pues es inseparable de la continua coherencia de la vida personal con la fe y también incisiva ya que el laico comparte los distintos ámbitos de la sociedad (vecinos, amigos, etc.).

 

También el actuar asociadamente.  Dentro de las múltiples formas  agregativas: asociaciones,  grupos,  comunidades, movimientos,  se presentan a menudo muy diferenciadas en diversos aspectos, como su configuración externa, en los caminos y métodos operativos.  Sin embargo, todas confluyen en un mismo objetivo: participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar a todos el Evangelio de Cristo.

 

En  orden  teológico  de  estas  asociaciones  es  la  razón eclesiológica: "Ser signo de comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo".

 

Criterios eclesiales: claros y precisos de discernimiento y reconocimiento.

 

a) El primado que se da a la vocación de cada cristiano a la SANTIDAD.

b) La responsabilidad de confesar la fe católica.

c) El testimonio de una comunión firme y convencida.

 

d) La conformidad y la participación en el "fin apostólico de la Iglesia".

e) El comprometerse en una presencia en la sociedad humana.

 

La Autoridad debe discernir si son de Dios o no.

 

Es oportuno que algunas nuevas asociaciones y movimientos, por su difusión nacional e incluso internacional tengan a bien  recibir  un  reconocimiento  oficial,  una  aprobación explícita de la autoridad eclesiástica competente.

 

(Juan Pablo II, Exh. Ap. Post-Sinodal Christifideles laici; Nos. 18 al 31. 1989)

 

 

 

CAPÍTULO III

OS HE DESTINADO PARA QUE VAYÁIS Y DEIS FRUTO.

 

La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia -Misión.

 

La Comunión con Jesús, de la cual deriva la comunión de los cristianos   entre   sí,   es   condición   absolutamente indispensable para dar fruto.  La comunión genera comunión, y esencialmente se configura como comunión misionera.

 

Los  fieles  laicos,  precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del evangelio.

 

Pablo VI decía: Evangelizar - Es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda.

 

Solo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda,  capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad.

 

Esta nueva evangelización,  destinada a  la  formación de comunidades eclesiales maduras.

 

No solo formando parte de las comunidades sino también en su empuje misionero llegando a aquellos que todavía no conocen a Jesucristo o no tienen fe.

 

Es importante la labor catequética que ejercen los laicos, los padres cristianos por el sacramento del matrimonio son los primeros e insustituibles catequistas de sus hijos.

 

Todo bautizado tiene el «derecho» de ser instruido, educado y acompañado en la fe y en la vida cristiana.

 

«La Iglesia particular, debiendo representar en el modo más perfecto  la  Iglesia  universal,  ha  de  tener  la  plena conciencia de haber sido también enviada a los que no creen en Cristo».

 

Laicos  y  Matrimonios.-  presencia  activa  en  tierras  de Misión.

 

«La mies es mucha y los obreros pocos.   Pues,  ¡rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies!» (Mt 9,37-38).

 

Fomentar las vocaciones.

 

La Iglesia como comunidad evangelizada y evangelizadora, se hace sierva de los hombres.

 

La Iglesia revela el hombre al hombre, le hace conocer el sentido de su existencia, le abre a la  entera verdad sobre él y sobre su destino.

 

Redescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana constituye una tarea esencial, es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana.

 

El efectivo reconocimiento de la dignidad personal de todo ser humano exige el respeto, la defensa y la promoción de los derechos de la persona humana.

 

El derecho a la vida, la Iglesia no se ha dado nunca por vencida frente a todas las violaciones que el derecho a la vida, propio de todo ser humano, ha recibido y continúa recibiendo por parte tanto de los individuos como de las mismas autoridades.   El titular de tal derecho es el ser humano, en cada fase de su desarrollo, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural; y cualquiera que sea su  condición,  ya  sea  de  salud  que  de  enfermedad,  de integridad  física  o  de  minusvalidez,  de  riqueza  o  de miseria .

 

*Si bien la misión y la responsabilidad de reconocer la dignidad personal de todo ser humano   y de defender el derecho a la vida es tarea de todos, algunos fieles laicos son llamados a ello por un motivo particular.  Se trata de los padres, los educadores, los que trabajan en el campo de la medicina y de la salud, y los que detentan el poder económico y político.

 

Predomina una «Cultura de Muerte»

 

Corresponde a los fieles laicos que mas directamente o por vocación o profesión están implicados en acoger la vida, el hacer concreto y eficaz el "si" de la Iglesia a la vida humana.

 

Los fieles laicos, comprometidos por motivos varios y a diverso nivel en el campo de la ciencia y de la técnica, como también en el ámbito médico,  social,  legislativo y económico  deben  aceptar  valientemente  los  «desafíos» planteados por los nuevos problemas de la bioética.

 

Esto tiene una repercusión mundial, ya que abarca no solo a individuos,   sino  a  grupos  y  países   enteros:   hay desigualdades  -han  sido  denunciadas  por  la  Encíclica. Sollicitudo rei socialis.

 

Desde el principio "los hizo hombre y mujer" (Gn 1,27), y esta sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión entre personas humanas.

 

El matrimonio y la familia constituyen el primer campo para el compromiso social de los fieles laicos.

 

El futuro de la humanidad pasa por la familia.

 

(Exhortación.  "Familiaris Consortio" Sínodo de Obispos de 1980 "Carta de los derechos de la familia").

 

Para animar cristianamente el orden temporal  -para servir a la persona humana y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo  pueden  abdicar  de  la  participación  en  la «política»;  es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común .

 

La Iglesia es plenamente consciente de la urgencia pastoral de reservar a la cultura una espacialísima atención.

 

Que los fieles laicos estén presentes con la insignia de la valentía y de la creatividad intelectual, en los puestos privilegiados  de  la cultura,  como  son el mundo de  la escuela y de la universidad; los ambientes de investigación científica y técnica, los lugares de creación artística y de reflexión humanística.

 

(Juan Pablo II, Exh. Ap. Post-Sinodal Christifideles laici; Nos. 32 al 44. 1989)

 

CAPÍTULO IV

 

LOS OBREROS DE LA VIÑA DEL SEÑOR

 

Buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

 

Edades: niños, jóvenes, ancianos.  Las distintas horas del día. San Gregorio Magno.

 

Jóvenes.- son un desafío para el futuro de la Iglesia.  "La esperanza de la Iglesia".

 

Incitados   a  ser  sujetos   activos  de   la  pastoral, protagonistas  de  la  evangelización  y  artífices  de  la renovación social .

 

La   juventud   es   el ' tiempo   de   un   descubrimiento particularmente  intenso  del  propio  «yo»  y  del  propio «proyecto de vida»; es el tiempo de un crecimiento que ha de realizarse «en sabiduría, en edad y en gracia ante Dios y ante los hombres.» (Lc  2,52).

 

Reino de los cielos, volver a ser como niños.

 

Niñez.  Recuerda la fecundidad misionera de la Iglesia.-don absolutamente gratuito de Dios.

 

Los hijos en la familia «Iglesia doméstica»: «Los hijos como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera, a la santificación de los padres».

 

Los ancianos son consideradas a veces como:

- inútiles

- carga insoportable

 

El don del anciano podría calificarse como el de ser, en la Iglesia y en la sociedad, el testigo de la tradición y de fe, el maestro de vida, el que obra con caridad.

 

Frente a la discriminación y marginación de la mujer en variadas  formas,  los padres  sinodales  han afirmado,  la urgencia de defender y promover la dignidad personal de la mujer, y, por tanto, su igualdad con el varón.

 

Misión dentro de la Iglesia.  Muchas veces escondida.

 

Recomendación.- para su vida y misión es necesario que la Iglesia reconozca todos los dones de las mujeres y de los hombres, y los traduzca en vida concreta.

 

Los   fundamentos   antropológicos   y   teológicos   tienen necesidad de profundos estudios para resolver los problemas relativos al verdadero significado y a la dignidad de los dos sexos.

 

No existe ninguna discriminación en el plano de la relación con Cristo, en quien «no existe más varón y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo. (Ga 3,28).

 

Tareas principales de la mujer.  Sobresalen:

 

-  Responsabilidad  de  dar  plena  dignidad  a  la  vida, matrimonial y a la maternidad.

-  Asegurar la dimensión moral de la cultura, esto es, de una cultura digna del hombre, de su vida personal y social.

 

Se ha de urgir pastoralmente la presencia coordinada de los hijos y de la Madre para hacer más completa, armoniosa y rica la participación de los fieles laicos en la misión salvífica de la Iglesia.

 

 

 

SALVIFICI DOLORIS

 

Vosotros, los abandonados y marginados por nuestra sociedad consumista;   vosotros   enfermos,   minusválidos,   pobres, hambrientos, etc.

 

La Iglesia participa de vuestro sufrimiento que conduce al Señor, el cual os asocia a su pasión redentora y os hace vivir a la luz de su resurrección.  Contamos con vosotros para enseñar al mundo entero qué es el amor.

 

"Civilización del Amor”.-

 

Obreros de la viña son todos los miembros del pueblo de

Dios:  los  sacerdotes,  los religiosos y religiosas,  los fieles  laicos,  todos  a  la vez  objeto y  sujeto  de  la comunión de la Iglesia y de la participación en su misión de salvación.  Todos y cada uno trabajamos en la única y común viña del Señor con carismas y ministerios diversos y complementarios.

 

 

Las diversas vocaciones laicales.

Dentro  del  estado  de  vida  laical  se  dan  diversas «vocaciones»,  o  sea,  diversos  caminos  espirituales  y apostólicos que afectan a cada uno de los fieles laicos.

(Juan Pablo II, Exh. Ap. Post-Sinodal christifideles laici; Nos. 45 al 56. 1989)

 

 

CAPÍTULO V

 PARA QUE DEIS MAS FRUTO

 

La formación de los fieles laicos.

 

Madurar continuamente.

La Imagen evangélica de la vid y los sarmientos nos revela otro aspecto fundamental de la vida y de la misión de los fieles   laicos:   la   llamada   a   crecer,   a   madurar continuamente, a dar siempre más fruto.

 

El laico es interpelado por Dios; es llamado y este tiene que responder.

 

Se ha hablado de una formación integral y permanente de los fieles laicos.

 

La formación de los fieles laicos se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas  de  acción  pastoral  de  modo  que  todos  los esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, laicos y religiosos) concurran a este fin.

 

Descubrir  y  vivir  la  propia  vocación  y  misión.    La formación  de  los  fieles  laicos  tiene  como  objetivo fundamental el descubrimiento cada vez más claro de la propia vocación y la disponibilidad siempre mayor para vivirla en el cumplimiento de la propia voluntad.

 

Dios llama y envía.

 

En  la  vida  de  cada  fiel  laico  hay  además  momentos significativos y decisivos para discernir la llamada.

 

Momentos.- adolescencia y juventud pero a toda hora del día.

 

No se trata sólo de saber lo que Dios quiere de nosotros. Es necesario hacer lo que Dios quiere: (Bodas de Caná).

 

Una formación integral para vivir en la unidad.

En el descubrir y vivir la propia vocación y misión, los fieles laicos han de ser formados para vivir aquella unidad con la que está marcado su mismo ser de miembros de la Iglesia y de ciudadanos de la sociedad humana.

En su existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida «espiritual», con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida «secular»m es decir, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura.

 

El Concilio Vaticano II ha invitado a todos los fieles laicos a esta unidad de vida, denunciando con fuerza la gravedad de la fractura entre fe y vida, entre Evangelio y cultura.

.Aspectos de la formación.

 

Dentro de esta síntesis de vida se sitúan los múltiples y coordinados  aspectos  de  la  formación  integral  de  los fieles.

 

Formación  espiritual  que  ocupa  un  lugar  privilegiado. También la urgente formación doctrinal,  para poder «dar razón de la esperanza» que hay en ellos frente al mundo y sus graves y complejos problemas.

 

Con una sistemática acción de catequesis adaptada a la situación y edad de cada persona.

 

Una promoción humana de la cultura.

 

Que los fieles laicos tengan un conocimiento más exacto de

 

La doctrina social de la Iglesia.

 

Colaborar con los educadores

 

El primer educador de su pueblo es Dios.

 

La obra creadora de Dios se revela y cumple en Jesús, el Maestro, y toca desde dentro el corazón de cada hombre gracias a la presencia dinámica del Espíritu.

 

La Iglesia madre también es educadora; los fieles laicos son  formados  por  la  Iglesia y en  la  Iglesia,  en  una recíproca comunión y colaboración de todos sus miembros:

sacerdotes, religiosos y fieles laicos.

 

Educadora es sobre todo, la Iglesia Universal en la que el Papa desempeña el papel del primer formador de los laicos.

 

En  las  Iglesias  particulares,   el  obispo  tiene  la responsabilidad de formar a los fieles laicos dentro de esta - Iglesia particular - actúa la parroquia.

 

Puede servir de ayuda también como han dicho los padres sinodales,  una  catequesis  post-bautismal  a  modo  de catecumenado, que vuelva a proponer algunos elementos de «Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos», destinadas a hacer captar y vivir las inmensas riquezas del Bautismo ya recibido.

 

Otros ambientes educativos.

 

También la familia cristiana en cuanto «Iglesia doméstica», constituye  la escuela primigenia y fundamental para  la formación de la fe.

 

En las escuelas y universidades católicas.

 

También los grupos de asociaciones y movimientos.

 

La formación recibida y dada recíprocamente por todos.

 

La  formación no es el  privilegio  de  algunos,  sino un derecho y un deber de todos.  Sobre todo a los pobres.

 

Formar a los formadores.

 

Cada uno por decirlo así, deberá también «auto-formarse»; dejarse llevar por la acción de Dios.

 

El llamamiento y Oración

 

Id también vosotros a mi viña.   Se puede decir que el significado del Sínodo sobre la vocación y misión de los laicos está precisamente en este llamamiento de nuestro Señor Jesucristo dirigido a todos, y en particular, a los fieles laicos, hombres y mujeres.

 

Exhorta  a  todos  y cada  uno,  Pastores  y  fieles,  a  no cansarse nunca y a mantener vigilante -en la mente,  el corazón y en la vida- la conciencia eclesial.

 

La Conciencia Eclesial, comporta, junto con el sentido de la común dignidad cristiana, el misterio de pertenecer a la Iglesia comunión.

 

También  la  necesidad  del  mundo  actual  de  una  nueva evangelización.

 

Este documento se termina, pidiendo la intercesión de María

Santísima, Madre del Redentor.

La llamada se hace oración.

 

(Juan Pablo II, Exh. Ap. Post-Sinodal Christifideles laici; Nos. 57 al 64. 1989)

 

 
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