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SAN BERNARDO DE CLARAVAL: LOS GRADOS DE LA HUMILDAD Y DEL ORGULLO

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San Bernardo de Claraval

 

RETRACTATIO
§ 1 In hoc opusculo, cum illud de Evangelio, quod Dominus ait, diem ultimi iudicii se nescire, ad aliquam sententiam confirmandam atque roborandam proferrem in medium, improvide quiddam apposui quod in Evangelio scriptum non esse postea deprehendi. Nam cum textus habeat tantummodo: Neque filius scit, ego deceptus magis quam fallere volens, litterae quippe inmemor, sed non sensus: “Nec ipse, inquam, filius hominis scit”.

§ 2 Unde etiam totam ordiens sequentem disputationem ex eo quod non veraciter posui, veram conatus sum approbare assertionem. Sed quia talem errorem meum multo post, quam a me idem libellus editus et a pluribus iam transcriptus fuit, deprehendi, cum non potui per tot iam libellos sparsum persequi mendacium, necessarium credidi confugere ad confessionis remedium.

§ 3 Alio quoque in loco quamdam de Seraphim opinionem posui, quam numquam audivi, nusquam legi. Ubi sane lector meus attendat, quod proinde temperanter “puto” dixerim, volens videlicet non aliud quam putari, quod certum reddere de Scripturis non valui.

§ 4 Titulus quoque ipse qui “De gradibus humilitatis”. inscribitur, pro eo forsitan quod non humilitatis, sed superbiae potius hic distingui describique videntur gradus, calumniam patietur, sed hoc a minus vel intelligentibus, vel attendentibus eiusdem tituli rationem, quam tamen in fine opusculi ipse breviter intimare curavi.

PRAEFATIO
§ 1 Rogasti me, frater Godefride, quatenus ea quae de gradibus humilitatis coram fratribus locutus fueram, pleniori tibi tractatu dissererem. Cui tuae petitioni digne, ut dignum erat, et volens satisfacere, et timens non posse, evangelici consilii memor, non prius, fateor, incipere ausus sum, quam sedens computavi, si sufficerent sumptus ad perficiendum.


§ 2 Cum autem caritas foras hunc misisset timorem, quo mihi timebam illudi de opere non consummando, subintravit alius timor de contrario, quo coepi timere gravius periculum de gloria si perfecissem, quam de ignominia si defecissem. Unde inter hunc timorem et caritatem, velut in quodam bivio positus, diu haesitavi, cui viarum tuto me crederem, metuens aut loquendo utiliter de humilitate, ipse humilis non inveniri; aut tacendo humiliter, inutilis fieri.

§ 3 Cumque neutram tutam, alterutram tamen mihi tenendam esse conspicerem, elegi potius tibi, si quem possem, communicare fructum sermonis, quam tutari me solum portu silentii: simul fiduciam habens, si quid forte, quod approbes, dixerim, tuis precibus posse non superbire; sin autem -quod magis puto- nihil tuo studio dignum effecerim, de nihilo superbire non posse.

QUO FRUCTU GRADUS HUMILITATIS ASCENDI DEBEANT
§ 1 Locuturus ergo de gradibus humilitatis, quos beatus Benedictus non numerandos, sed ascendendos proponit, prius ostendo, si possum, quo per illos Perveniendum sit, ut: audito fructu perventionis, minus gravet labor ascensionis.

§ 2 Proponat itaque Dominus nobis viae laborem, laboris mercedem: Ego sum, inquit, via, veritas et vita. Viam dicit, humilitatem, quae ducit ad veritatem : altera labor, altera fructus laboris est. “Unde sciam” inquis, “quod ibi de humilitate locutus sit, cum indeterminate dixerit: “Ego sum via”? Audi apertius : Discite a me, quia mitis sum et humilis corde.

§ 3 Se ergo proponit humilitatis exemplum, mansuetudinis formam. Si imitaris eum, non ambulas in tenebris, sed habebis lumen vitae. Quid est lumen vitae, nisi veritas, quae illuminans omnem hominem venientem in hunc mundum, ostendit ubi sit vera vita? Ideo cum dixisset: Ego sum via et veritas, subdidit: et vita, at si diceret:Ego sum via, quae ad veritatem duco; ego sum veritas, quae vitam promitto; ego sum vita, quam do. Haec est enim, ait, vita aeterna, ut cognoscant te verum deum, et quem misisti Iesum Christum.

§ 4 Vel sic, quasi tu dicas: “Viam considero, id est humilitatem; fructum desidero, veritatem. Se quid si tantus est labor viae, ut ad optatum luctum non possim pervenire?” Respondet: Ego sum vita, id est viaticum, quo sustenteris in via.

§ 5 Clamat igitur errantibus et viam ignorantibus: Ego sum via; dubitantibus et non credentibus: Ego sum veritas; iam ascendentibus, sed lassescentibus: Ego sum vita. Satis, ut reor, ostensum est ex proposito capitulo Evangelii cognitionem veritatis fructum esse humilitatis.

§ 6 Accipe et aliud: confiteor tibi, Pater caeli et terrae, quia abscondisti haec, haud dubium quin veritatis secreta, a sapientibus et prudentibus, id est a superbis, et revelasti ea parvulis, hoc est humilibus. Et in hoc apparet quod veritas, quae superbis absconditur, humilibus revelatur.
RETRACTACIÓN
Ya había redactado casi la mitad de este tratado cuando se me ocurrió confirmar y corroborar una afirmación, citando aquel pasaje el Evangelio en el que el Señor confiesa su ignorancia sobre el día del juicio. Y cometí una imprudencia; pues luego caí en la cuenta de que el Evangelio no se expresa así. El texto dice tan sólo: Ni el Hijo lo sabe. Yo, en cambio, autosugenstionado y sin intención de presionar, no recordaba la expresión exacta, sino sólo el sentido; por eso escribí: Ni el Hijo del hombre lo sabe.

Al comenzar la siguiente discusión, traté de probar su autenticidad, partiendo de una afirmación en contra de la verdad. Pero, como no me dí cuenta de este error hasta mucho después de haber dado el libro a publicidad y de haber sido transcrito por muchas personas, no he encontrado más solución que hacer esta retractación; dado que, por estar esparcido en tantos manuscritos, no me ha sido posible atajar dicho error.

En otra ocasión manifesté una opinión sobre los serafines, que nunca he oído ni leído. Advierta el lector la prudencia del autor, que se expresa diciendo: “pienso”. No quería proponer más que una simple opinión de aquello cuya veracidad no he podido demostrar en la Escritura.

En fin, incluso puede discutirse la oportunidad del título, “Sobre los grados de humildad”, dado que describo más los grados de soberbia. Aquí cargarán las tintas los menos inteligentes o los que hacen caso omiso a los motivos del título. Al final del tratado intento justificarlo muy escuetamente.


PREFACIO
Me pediste, hermano Godofredo, que te pusiese por escrito y con relativa extensión lo que prediqué a los hermanos sobre los grados de humildad. He intentado satisfacer tu ruego como se merece, aunque con temor de no poder realizarlo. Te confieso que nunca se apartaba de mi mente el conseje del Evangelio. no me atrevía a comenzar sin detenerme a pesar si contaba con medios para llevarlo a cabo.

Y cuando la caridad ya había arrojado lejos este temor de no poder rematar la obra, me invadió otro de signo contrario. En caso de terminar, me acecharía el peligro de la vanagloria, peligro mucho más grave que el mismo desprecio de no acabarlo. Por eso, entre el temor y la caridad, como perplejo ante dos caminos, estuve dudando largo tiempo sobre cuál de ellos debería tomar. Me temía que, si hablaba útilmente de humildad, podría dar la sensación de no ser humilde; y que, si callaba por humildad, podría ser tachado de inútil.

No me fiaba de ninguno de estos dos caminos, pero me veía obligado a tomar uno. Me pareció mejor compartir contigo el fruto de mis palabras que permanecer seguro, yo solo, en el puerto de mi silencio. Confío que, si por casualidad digo alogo que te agrade, tu oración conseguirá que no me envnezca de ello. Y si, por el contrario -lo que parece más normal-, no llego a redactar algo digno de tu talento, entonces ya no tendré motivo alguno par ensoberbecerme.

Capítulo 1
VENTAJAS QUE REPORTAN LOS GRADOS ASCENDENTES

Antes de empezar a hablar de los grados de humildad que propone San Benito, no para enumerarlos, sino para subirlos, quiero mostrarte, si puedo, adónde nos llevan. Así, conocido de antemano el fruto que no espera a la llegada, no nos abrumará el trabajo de la subida.

Cuando el Señor dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nos declara el esfuerzo del camino y el premio sl esfuerzo. A la humildad se le llama camino que lleva a la verdad. La humildad es el esfuerzo; la verdad, el premio al esfuerzo. ¿Por qué sabes?, dirás tú, que este pasaje se refiere a la humildad, siendo así que dijo de un modo indefinido: Yo soy el camino? Escúchalo más concretamente: Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón

Se propone como ejemplo de humildad y como modelo de mansedumbre. Si lo imitas, no andas en tinieblas, sino que tendrás la luz de la vida. Y ¿qué es la luz de la vida sino la verdad? La verdad ilumina a todo hombre que viene a este mundo; indica dónde está la vida vedadera. Po eso, al decir: Yo soy el camino y la verdad, añadió: y la vida. Como si dijera: Yo soy el camino, que llevo a la verdad; yo soy la verdad, que prometo la vida; yo soy la vida, y la doy; pues dice él mismo: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo.

Mas si tú dices: “Veo perfectamente el camino, la humildad; deseo el fruto, la verdad; mas, ¿qué haré si el esfuerzo del camino es tan pesado que no puedo llegar al premio deseado?” El te responde: Yo soy la vida, el viático de donde sacarás energías para el camino.

El Señor grita a los extraviados y a quienes ignoran el camino: Yo soy el camino; a los que dudan y a quines no creen: Yo soy la verdad; y a los que ya suben arrastrando su cansancio: Yo soy la vida. Me parece que en el pasaje propuesto queda suficientemente claro que el conocimiento de la verdad es fruto de la humildad.

Fíjate además en estos textos: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas -sin duda haciendo referencia a los secretos de la verdad- a los sabios y prudentes, esto es, a los soberbios, y se ls has revelado a los pequeños, es decir, a los humildes. También aquí se inulca que la verdad se esconde a los soberbios y se revela a los humildes.




San Bernardo de Claraval

 

§ 1 Humilitatis vero talis potest esse definitio: humilitas est virtus, qua homo verissima sui cognitione sibi ipse vilescit Haec autem convenit his, qui ascensionibus in corde suo dispositis, de virtute in virtutem, id est de gradu in gradum proficiunt, donec ad culmen humilitatis perveniant, in quo velut Sion, id est in speculatione, positi, veritatem prospiciant. Etenim, inquit, benedictionem dabit legislator, quia qui dedit legem, dabit et benedictionem, hoc est qui iussit humilitatem, perducet ad veritatem.

§ 2 Quis vero est hic legislator, nisi dulcis et rectus Dominus; qui legem dedit delinquentibus in via? In via quippe delinquunt, qui veritatem derelinquunt. Sed numquid vel sic a dulci Domino derelinquuntur? Ipsis ergo dulcis et rectus Dominus legem dat viam humilitatis, per quam redeant ad cognitionem veritatis. Dat occasionem recuperandae salutis; quia dulcis est; non tamen absque disciplina legis quia rectus est. Dulcis, quia perire non patitur; rectus, qui punire non obliviscitur.


§ 1 Hanc itaque legem, qua reditur ad veritatem, beatus Benedictus per duodecim gradus disponit, ut sicut post decem praecepta legis ac geminam circumcisionem -in quo duodenarius numerus impletur- ad Christum venitur, ita his duodecim gradibus ascensis, veritas apprehendatur.

§ 2 Illud quoque quod in scala illa, quae in typo humilitatis Iacob monstrata est, Dominus desuper innixus apparuit, quid nobis aliud innuit, nisi quod in culmine humilitatis cognitio constituitur veritatis? Dominus quippe de summitate scalae prospiciebat super filios hominum tamquam Veritas, cuius oculi sicut fallere nolunt, ita falli non norunt, ut videret si sit intelligens aut requirens Deum. Annon tibi de alto videtur clamare ac dicere requirentibus se,-novit enim qui sunt eius: Transite ad me omnes qui concupiscitis me, et a generationibus meis implemini? Et illud; Venite ad me qui laboratis et onerati estis et ego vos reficiam.

§ 3 Venite, inquit. Quo? Ad me veritatem. Qua? Per humilitatem. Quo fructu? Ego vos reficiam. Sed quae est refectio quam Veritas ascendentibus promittit, pervenientibus reddit? An forte ipsa est caritas? Ad hac quippe, ut ait beatus Benedictus, ascensis omnibus humilitatis gradibus monachus mox perveniet. Vere dulcis et suavis cibus caritas, quae fessos allevat, debiles roborat, maestos laetificat, iugum denique Veritatis facit suave et onus leve.


§ 1 Bonus cibus caritas, quae media in ferculo Salomonis consistens, diversarum odore virtutum, velut diversi generis fragrantia pigmentorum, esurientes reficit, iucundat reficientes. Ibi siquidem apponitur pax, patientia, benignitas, longanimitas, gaudium in Spiritu Sancto; et si quae sint aliae veritatis seu sapientiae generationes, apparantur in illa.



§ 2 Habet et humilitas in eodem ferculo suas epulas, panem scilicet doloris et vinum compunctionis, quas primo Veritas incipientibus offert, quibus utique dicitur: Surgite postquam sederitis, qui manducatis panem doloris.


§ 3 Habet ibidem contemplatio ex adipe frumenti solidum cibum sapientiae, cum vino quod laetificat cor hominis, ad quem Veritas perfectos invitat, dicens: Comedite, amici mei, et bibite, et inebriamini, carissimi. Media, inquit, caritate constravit propter filias Ierusalem, propter imperfectas videlicet animas, quae dum adhuc solidum illum cibum minus capere possunt, interim caritatis pro pane, oleo pro vino nutriendae sunt.





§ 4 Quae recte media describitur, quia eius suavitas nec incipientibus praesto est, prohibente timore, nec perfectis satis est, pro abundantiori contemplationis dulcedine. Hi adhuc a noxiis carnalium delectationum humoribus, timoris amarissima potione purgandi, nondum lactis dulcedinem experiuntur; illi iam avulsi a lacte, epulari ab introitu gloriae gloriosius delectantur, solis mediis, id est proficientibus, ita iam melleas quasdam sorbitiunculas caritatis expertis, ut illis interim pro sui teneritudine contenti sint.

Capítulo 2
La humildad podría definirse así: es una virtud que incita al hombre a menospreciarse ante la clara luz de su propio conocimiento. Esta definición es muy adecuada para quienes se han decidido a progresar en el fondo del corazón. Avanzan de vrtud en virtud, de grado en grado, hasta llegar a cima de la humildad. Allí, en actitud contemplativa, como en Sión, se embelesan en la verdad; porque se dice que el legislador dará su bendición. El que promulgó la ley, dará también labendición; el que ha exigido la humildad, llevará a la verdad.

¿Quién es este legislador? Es el Señor amable y recto que ha promulgado su ley para los que pierden el camino. Se descaminan todos los que abandonan la verdad. Y ¿van a quedar desamparados por un Señor tan amable? No. Precisamente es a éstos a los que el Señor, amable y recto, ofrece como ley el camino de la humildad. De esta forma podrán volver al conocimiento de la verdad. Les brinda la ocasión de reconquistar al salvación, porue es amable. Pero, ¡Atención!, son menoscabar la disciplina de la ley, porque es recto. Es amable, porque no se resigna a que se pierdan; es recto, porque no se le pasa el castigo merecido.

Capítulo 3
Esta ley, que nos orienta hacia la verdad, la promulgó San Benito en doce grados. Y como mediante los diez mandamientos de la ley y de la doble circuncisión, que en total suman doce, se llega a Cristo, subidos estos doce grados se alcanzan la verdad.

El mismo hecho de la aparición del Señor en lo más alto del aquella rampa que, como tipo de la humildad, se le presentó a Jacob, ¿no indica acaso que el conocimiento de la verdad se stúa en lo alto de humildad? El Señor es la verdad, que no puede engarse ni engañar. Desde lo más alto de la rampa estab mirando a los hijos de los hombres para vers i había alguno sensato que buscase a Dios. Y ¿no te parece a ti que el Señor, conocedor de todos los suyos, desde lo alto está clamoreando a los que le buscan: Venid a mí todos los que me deseáis y saciaos de mis frutos; y también: Venid a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro?

Venid, dice. ¿Adónde? A mí, la verdad. ¿Por dónde? Por la humildad. ¿Provecho? Yo os daré respiro. ¿Qué respiro promete la verdad al que sube, y lo otorga al que llega? ¿La caridad, quizá? Sí, pues, según San Benito, una vez subidos todos los grados de la humildad, se llega en seguida a la caridad. La caridad es un alimento dulce y agradable que reanima a los cansados, robustece a los débiles, alegra a los tristes y hace soportable el yugo y ligera la carga de la verdad.


Capítulo 4

La caridad es un manjar excelente. Es el plato principal en la mesa de rey Salomón. Exhala el aroma de las distintas virtudes, semejante a la fragancia de las especias más sorprendentes. Sacia a los habrientos, alegra alos comensales. Con ella se sirven también la paz, la paciencia, la bondad, la entereza de ánimo, el gozo en el Espíritu Santo y todos los demás frutos y virtudes que tienen por raíz la verdad o la sabiduría.

La humildad tiene también sus complementos en esta misma mesa. El pan del dolor y el vino de la compunción es lo primero que la verdad ofrece a los incipientes, y les dice: Los que coméis el pan del dolor, levantaos después de haberos sentado.

Tampoco a la contemplación le falta el sólido alimento de la sabiduría, amasado con flor de harina, y el vino qu ealegra el corazón del hombre; con él, la verdad obsequia a los perfectos, y les dice: Comed, amigos míos, bebed y embriagaos, crísimos. La caridad, nos dice, es el plato principal de las hijas de Jerusalén; las almas inperfectas, por se todavía incapaces de digerir aquel sólido manjar, tienen que alimentarse de leche en vez de pan, y de aceite en lugar de vino. Y con toda razón se sirve hacie la mitad del banquete, pues su suavidad no aprovecha a los incipientes, que viven en el temor; ni es sufiencete a los perfectos, que gustan la intensa dulzura de la contemplación.

Los incipientes, mientras no se curen de las malas pasiones de los deleites carnales con la purga amarga de temor, no pueden expeirmentar la dulzura de la leche. Los perfectos ya han sido destetados; ahora, eufñoricos, se alegran de comer ese otro manjar, anticipo de la gloria. Sólo aprovecha a los que están en el centro, a los proficientes, quienes ya han experimentado su agradable paladar en algunos sorbos. Y se quedan contentos sin más, por causa de su tierna edad.



Capítulo 5

§ 1 Primus ergo cibus est humilitatis, purgatorius cum amaritudine; secundus caritatis, consolatorius cum dulcedine; tertius contemplationis, solidus cum fortitudine. Ei mihi, Domine Deus virtutum, quousque irasceris super orationem servi tui, cibabis me pane lacrimarum, et potum dabis mihi in lacrimis? Quis me invitabit ad illud vel medium ac dulce caritatis convivium, ubi iusti epulantur in conspectu Dei, et delectantur in laetitia, ut iam non loquens in amaritudine animae meae, dicam Deo: Noli me condemnare, sed epulando in azymis sinceritatis et veritatis, laetus cantem in viis Domini, quoniam magna est gloria Domini?

El primer plato es, pues, el de la humildad, una purga amarga. Luego, el plato de la caridad, todo un consuelo apetitoso. Sigue el de la contemplación, el plato fuerte. ¡Pobre de mí! ¿hasta cuándo, Señor, vas a estar siempre enojado contra tu siervo que te suplica? ¿Hasta cuándo me vas a estar alimentando con el pan del llanto y ofreciéndome como bebida las lágrimas a tragos? ¡Quién me invitará a comer de aquel último plato, o al menos del sabroso manjar de la caridad, que se sirve a mitad del banquete! Los justos los comen en presencia de Dios rebosando de alegría. Entonces ya no debería pedir l Dios con amargura del alma: ¡no me condenes! Todo lo contrario, al celebrar el convite con los ázimos de la pureza y de la verdad, cantaría alegre en los caminos del Señor porque la gloria del Señor es grande.
§ 2 Bona tamen via humilitatis, qua veritas inquiritur, caritas acquiritur, generationes sapientiae participantur. Denique sicut finis legis Christus, sic perfecto humilitatis cognitio veritatis. Christus, cum venit, attulit gratiam. Veritas quibus innotuerit, dat caritatem; innotescit autem humilibus: humilibus ergo dat gratiam.
Bueno es, por tanto, el camino de la humildad; en l se busca la verdad, se encuentra la caridad y se comparten los frutos de la sabiduría. El fin de la ley es Cristo; y la perfección de la humildad, el conocimiento de la verdad. Cristo, cuando vino al mundo, trajo la gracia. La. verdad, cuan se revela ofrece la caridad. Pero siempre se manifiesta a los humildes. Por ello, la gracia se da a los humildes.
Capítulo 6

§ 1 Dixi, ut potui, quo fructu humilitatis gradus ascendi debeant; dicam, ut potero, quo ordine ad propositum bravium veritatis perducant.




En cuanto me ha sido posible, acabo de exponer el fruto que nos aguarda al final de la subida a través de todos los grados de humildad. Ahora, si me es posible, voy a referirme me al orden con que estos grados nos orientan hacia el premio tan apetecible de la verdad.
   
§ 2 QUO ORDINE AD PROPOSITUM BRAVIUM PERDUCANT
Sed quia ipsa quoque veritatis agnitio in tribus gradibus consistit, ipsos breviter, si possum, distinguo quatenus ex hoc clarius innotescat, ad quem trium veritatis, duodecimus humilitatis pertingat. Inquirimus namque veritatem in nobis, in proximis, in sui natura. In nobis, nosmetipsos diiudicando, in proximis, eorum malis compatiendo; in sui natura, mundo corde contemplando.
EN QUÉ ORDEN SE LOGRA EL FIN PROPUESTO
Como el conocimiento de la verdad tiene a su vez tres grados, voy a tratar de explicarlos brevemente. Así se ver con mayor claridad a que grado de verdad corresponde el duodécimo grado de humildad. Buscamos la verdad en nosotros, en el prójimo y en sí misma. En nosotros, por la autocrítica; en el prójimo, por la compasión en sus desgracias; y en sí misma, por la contemplación de un corazón puro.
§ 3 Observa sicut numerum, ita et ordinem. Primo te doceat Veritas ipsa, quos prius in proximis quam in sui debeat inquiri natura. Post haec accipies, cur prius in te quam in proximis inquirere debeas. In numero siquidem beatitudinum, quas suo sermone distinxit, prius misericordes quam mundicordes posuit. Misericordes quippe cito in proximis veritatem deprehendunt, dum suos affectus in illos extendunt, dum sic per caritatem se illis conformant, ut illorum vel bona, vel mala, tamquam propria sentiam. Cum infirmis infirmatur, cum scandalizatis uruntur. Gaudere cum gaudentibus, flere cum flentibus consueverunt. Hac caritatis fraterna cordis acie mundata, veritatem delectantur in sui contemplari natura, pro cuius amore mala tolerant aliena. Te he indicado el número de los grados; ahora observa su orden. En primer lugar quisiera que a misma verdad te enseñara por qué debe buscarse antes en los prójimos que en sí misma. Después entender s por qué de es buscarla en ti antes que en el prójimo. Al predicar las bienaventuranzas, el Señor antepuso los misericordiosos a los limpios de corazón. Y es que los misericordiosos descubren en seguida la verdad en sus prójimos. Proyectan hacia ellos sus afectos y se adaptan de tal manera, que sienten como propios los bienes los males de los demás. Con los enfermos, enferman; se abrasan con los que sufren escándalo; se alegran con los que están alegres, y lloran con los que lloran. Purificados ya en lo íntimo de sus corazones con esta misma caridad fraterna, se deleitan en contemplar la verdad en sí misma; por cuyo amor sufren las desgracias de los demás.
   
§ 4 Qui vero se ita fratribus non consociant, sed e contrario aut flentibus insultant, aut gaudentibus derogant, dum quod in illis est, in se non sentiunt, quia similiter affecti non sunt, veritatem in proximis qualiter deprehendere possunt?
En cambio, los que no sintonizan así con sus hermanos, sino que ofenden a los que lloran, menosprecian a los que se alegran, o no sienten en sí mismos lo que hay en los demás por no sintonizar con sus sentimientos, jamás podrán descubrir en sus prójimos la verdad.
§ 5 Bene namque convenit illis illud vulgare proverbium: Nescit sanus quis sentiat aeger, aut plenus quid patiatur ieiunus. Et aeger aegro, et ieiunus ieiuno quanto propinquius, tanto familiarius compatiuntur. Sicut enim pura veritas non nisi puro corde videtur, sic miseria fratris verius misero corde sentitur. Sed ut ob alienam miseriam cor miserum habeas, oportet tuam prius agnoscas, ut proximi mentem in tua invenias, et ex te noveris qualiter illi subvenias, exemplo scilicet Salvatoris nostri, qui pati voluit ut compati sciret, miser fieri ut misereri disceret, ut quomodo de ipso scriptum est: Et didicit ex his quae passus est oboedientiam, ita disceret, cuius misericordia ab aeterno et usque in aeternum; se quod natura sciebat ab aeterno, temporali didicit experimento.
A todos éstos les viene bien aquel dicho tan conocido: Ni el sano siente lo que siente el enfermo, ni el harto lo que siente el hambriento. El enfermo y el hambriento son los que mejor se compadecen de los enfermos y de los hambrientos, porque lo viven. La verdad pura únicamente la comprende el corazón puro; y nadie siente tan al vivo la miseria del hermano como el corazón que asume su propia miseria. Para que sientas tu propio corazón de miseria en la miseria de tu hermano, necesitas conocer primero tu propia miseria. Así podrás vivir en ti sus problemas, y se te despertaran iniciativas de ayuda fraterna. Este fue el programa de acción de nuestro Salvador quiso sufrir para saber compadecerse; se hizo miserable para aprender a tener misericordia. Por eso se ha escrito de él : Aprendió por sus padecimientos la obediencia. De este modo supo lo que era la misericordia. No quiere decir que Aquel cuya misericordia es eterna ignorara la práctica de la misericordia, sino que aprendió en el tiempo por la experiencia lo que sabía desde la eternidad por su naturaleza.
Capítulo 7
§ 1 Sed forte durum tibi videtur, quos dixi dei sapientiam Christum didicisse misericordiam, quasi is per quem omnia facta sunt, aliquid aliquando ignorasset ex his quae sunt, maxime cum illud quod ex epistola ad Hebraeos ad id comprobandum commemoravi, alio sensu, qui non ita videatur absurdus, possit intelligi, tu hoc quod dictum est; didicit, non ad ipsum caput referatur in sui persona, sed ad corpus eius, quod est Ecclesia, et sit ita sensus: Et didicit ex his quae passus est oboedientiam, hoc est: oboedientiam didicit in suo corpore his quae passus est in capite.
Quizá te parezca exagerado lo que acabo de afirmar que Cristo, Sabiduría de Dios, haya tenido que aprender a ser misericordioso, como si Aquel por quien fueron hechas todas las cosas hubiese ignorado algún tiempo algo de lo que fue hecho; sobre todo teniendo n cuenta que esas citas de la carta a los Hebreos pueden entenderse en otro sentido. No es absurdo que el término aprendió no haga referencia a la Cabeza, la persona de Cristo, sino a su cuerpo, la iglesia. En tal caso, el sentido completo de la frase aprendió por sus padecimientos la obediencia, sería éste: Aprendió en su cuerpo la obediencia por lo que padeció en la cabeza.
§ 2 Nam illa mors, illa crux, opprobria, sputa flagella, quae omnia caput nostrum Christus pertransiit, quis aliud corpori eius,id es nobis, quam praeclara oboedientiae documenta fuerunt? Christus factus est, ait Paulus, oboediens Patri usque ad mortem. Qua necessitate? Respondeat apostolus Petrus: Christus passus est pro nobis, vobis relinquens exemplum, ut sequamini, inquit, vestigia eius, id est tu imitemini oboedientiam eius. Aquella muerte, aquella cruz, aquellos oprobios, salivazos y azotes que soportó nuestra cabeza, Cristo, qué otra cosa fueron para su cuerpo, para nosotros, sino preclaros ejemplos de obediencia? Cristo, dice San Pablo, se !?izo obediente al Padre hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por qué ? Nos lo dice el apóstol Pedro : Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pasos; esto es, para que imitéis suobediencia.
§ 3 Ex his ergo quae passus est, discimus quanta nos, qui puri homines sumus, oporteat pro oboedentia perpeti, pro qua is, qui et Deus erat, non dubitaverit mori. Et hoc modo, inquis, inconveniens non erit si dicitur Christus vel oboedientiam, vel misericordiam, seu aliquid aliud in suo corpore didicisse, dum tamen sibi in sui persona nil, quod se ante latuerit, credatur ex tempore potuisse accedere, sicque ipse sit qui misereri aut oboedire doceat, ipse qui discat, quia caput et corpus unus est Christus. De todo lo que él padeció por nosotros, puros hombres, aprendemos cuánto nos conviene padecer por la obediencia; ya que él, siendo Dios, no dudó en morir. Según esta interpretación, dices tú, ya no hay inconveniente alguno en decir que Cristo aprendió en su cuerpo la obediencia, la misericordia o cualquier otra cosa; con tal que no se crea que el Señor en su persona pudiese aprender en el transcurso de su vida temporal algo que antes ignorase. Y así, él mismo aprende enseña a la vez a misericordia y la obediencia; porque la cabeza y el cuerpo son un mismo Cristo.
   



Capítulo 8

§ 1 Non nego hunc intellectum, quin rectus sit; sed ex alio loco ipsius epistolae, superior interpretatio videtur approbari, ubi dicitur: Nusquam enim angelos apprehendit, sed semen Abrahae apprehendit; unde debuit per omnia fratribus similari, tu misericors fieret. Puto quod haec verba sic ad caput referenda sint, tu corpori penitus aptari non possint. De Verbo utique Dei dictum est quod non angelos apprehendit, hoc est non unam sibi personam assumpsit, sed semen Abrahae. Neque enim legitur: Verbum angelus factum est, se: Verbum caro factum est, et caro de carne Abrahae, iuxta promissionem quae illi primum facta est. Unde, id est ex qua seminis assumptione, debuit per omnia fratribus similari, id est oportuit ac necesse fuit ut similis nobis passibilis, nostrarum omnia, excepto peccato, genera miseriarum percurreret. Si quaeris: Qua necessitate? Ut misericors, inquit. No niego que esta interpretación pueda ser aceptable. Sin embargo, existe otro pasaje de la misma carta que parece apoyar la anterior. No es a los ángeles a quienes tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos ara ser misericordioso. Creo que este debe referirse exclusivamente a la cabeza, no al cuerpo. Se dice de la Palabra de Dios que no tiende la mano a los ángeles, es decir, que no se unió personalmente a ellos, sino a la descendencia de Abrahán. Tampoco hemos leído: la Palabra se hizo ángel; sino la Palabra se hizo carne, y carne de Abrahán, se £n la promesa que se le hizo. De aquí, es decir, por hacerse hijo de Abrahán, tuvo que parecerse en todo a sus hermanos. Esto es, convino y fue necesario que, débil como nosotros Pasara por todas nuestras miserias, excluido el pecado.
§ 2 Et hoc, ais cur non recte ad corpus referri potest? Sed audi quod paulo post sequitur: In eo enim, in quo passus est ipse et tentatus, potens est et eis qui tentantur auxiliari. In quibus verbis quid melius intelligi possit non video, nisi quod ideo pati ac tentari, omnibusque, absque peccato, humanis voluit communicare miseriis -quod est per omnia fratribus similari-, ut similiter passis ac tentatis misereri ac compati ipso disceret experimento.
Preguntas: ¿Por qué fue necesario? Ahí mismo tienes la respuesta: Para ser misericordioso. Y sí insistes: ¿Por qué esto no puede referirse al cuerpo? Escucha lo que sigue: En cuanto que pasó la prueba del dolor, puede auxiliar a los que al ora la están pasando. No veo interpretación mejor de estas palabras que la referencia a una voluntad de sufrir, de ser probado y de pasar por todas las miserias humanas, excluido el pecado. Es la única forma de parecerse en todo a sus hermanos. Así aprendió por propia experiencia a tener misericordia compadecerse de los que sufren y de los que son probados.



Capítulo 9

§ 1 Quo quidem experimento non dico ut sapientior efficeretur, sed propinquior videretur, quatenus infirmi filii Adam, quos suos fieri et appellari fratres non dedignatus est, suas illi infirmitates committere non dubitarent, qui sanare illas et posset ut Deus, et vellet ut proximus, et cognosceret ut eadem passus. Unde Isaias virum eum appellat dolorum, et scientem infirmitatem. Et Apostolus: Non enim habemus, inquit, pontificem, qui non possit compati infirmitatibus nostris. Unde autem possit,indicans adiungit: Tentatum autem per omnia pro similitudine,absque peccato.
No quiero decir que mediante esta experiencia se haya vuelto más sabio. Lo importante es que ahora está mucho más cerca de nosotros, débiles hijos de Adán. Tampoco tuvo reparo en llamarnos y hacernos hermanos suyos; y todo para no dudar más en confiarle las flaquezas que, como Dios, puede curar; y que, como cercano, quiere curar. Ya las conoce, porque sufrió. Con razón lo llama Isaías hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos. El Apóstol añade: Nos tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. E indica a continuación el motivo de su compasión: Probado en todo, igual que nosotros, excluido el pecado.
§ 2 Beatus quippe Deus, beatus Dei Filius,in ea forma, qua non rapinam arbitratus est esse se aequalem Patri, procul dubio impassibilis, priusquam se exinanisset firmam servi accipiens, sicut miseriam vel subiectionem expertus non erat,sic misericordiam vel oboedientiam experimento non noverat. Sciebat quidem per natura, non autem sciebat per experientiam. At ubi minoratus est non solum a seipso, sed etiam paulo minus ab angelis, qui et ipsi impassibiles sint per gratiam, non per natura, usque ad illam formam, in qua pati et subici posset, quod utique, sicut dictum est, in sua non posset, et in passione expertus est misericordiam, et in subiectione oboedientiam Per quam tamen experientiam, non illi, ut dixi, scientia, sed nobis fiducia crevit, dum ex hoc misero genere cognitionis, is a quo longe erraveramus, factus est propior nobis. Dios es dichoso. El Hijo de Dios también es dichoso en aquella condición por la que no se aferró a su categoría de ser igual al Padre. El era impasible antes de despojarse de su rango y de tomar la condición de esclavo. Hasta entonces no entendía de miseria y de sumisión; tampoco conocía por experiencia la misericordia y la obediencia. Sabía por su naturaleza, no por propia experiencia. Pero se achicó a sí mismo, haciéndose poco inferior a los ángeles, que son impasibles por gracia, no por naturaleza; y se rebajó hasta aquella condición en la que podía sufrir y someterse. Esto, como ya se dijo, le era imposible en su categoría divina. Por eso aprendió la misericordia en el sufrimiento, y la obediencia en la sumisión. Sin embargo, como dije antes, por esta experiencia no aumentó su caudal de ciencia, sino que aumentó nuestra confianza, ya que por medio de este triste modo de conocer se acercó m s a nosotros Aquel de quien tan lejos estábamos.
§ 3 Quando enim illi appropinquare auderemus, in sua impassibilitate manenti? Nunc autem, Apostolo suadente, monemur cum fiducia adire thronum gratiae ipsius, quem nimirum, sicut alibi scriptum est, languores nostros tulisse et dolores portasse cognoscimus, et in eo quo passus est ipse, nobis compati posse non dubitamus.
¿Cuándo nos hubiéramos atrevido a acercarnos a él si hubiese permanecido en su imposibilidad Ahora, sin embargo, el Apóstol nos persuade a acercarnos confiadamente ante el tribunal de la gracia de Aquel que, como está escrito en otro lugar, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores Tenemos la absoluta certeza de que puede compadecerse de nosotros porque el mismo ha sufrido.



Capítulo 10

§ 1 Non ergo debet absurdum videri, si dicitur Christum non quidem aliquid scire coepisse, quod aliquando nescierit, scire tamen alio modo misericordiam ab aeterno per divinitatem, et aliter in tempore didicisse per carnem. Vide ne et simili locutionis modo illud dictum sit, quod Domino requirentibus discipulis de die ultimo se nescire respondit. Nam quomodo diem illud ille nesciebat, in quo omnes thesauri sapientiae et scientiae absconditi sunt? Cur ergo se scire negabat, quod certum est quia nescire non poterat? Numquid forte mendaciter eis voluit celare, quod utiliter non valuit innotescere? Absit. Sicut nil ignorare poterat, cum sapientia sit, sic nec mentiri, cum veritas sit. Sed volens discipulos ab inutilis inquisitionis curiositate compescere, quod inquirebant se scire negavit: non omni modo quidem, sed tali quodam modo, quo negare veraciter potuit. Nam etsi suae divinitatis intuitu aeque omnia praeterita scilicet, praesentia atque futura perlustrando, diem quoque illum palam habebat, non tamen ullis carnis suae sensibus experiendo agnoverat. Alioquin iam spiritu oris sui Antichristum interfecerat; iam auribus sui corporis Archagelum vociferantem et tubam sonantem, in quo strepitu mortui suscitandi sunt, audierat; iam oculis suae carnis oves haedosque, qui ab invicem segregandi sunt, perspexerat. No deben parecernos absurdas las expresiones de que Cristo conocía la misericordia desde siempre, por su divinidad, pero de manera distinta de como la conoció en el tiempo por la encarnación. No queremos decir que Cristo hubiese comenzado a saber algo que anteriormente no supiese. Fíjate que el Señor usó una expresión parecida cuando respondió a la pregunta de sus discípulos acerca del último día. Les confesó su ignorancia. ¿Es que él, en quien estân escondidos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, no podía conocer la inminencia del último día?; ¿cómo, pues, negó que lo sabía, siendo clarísimo que no podía inorarlo? ; ¿acaso mintió para ocultarles lo que no era conveniente descubrirles? De ninguna manera. Si por ser la sabiduría no puede ignorar cosa alguna, por ser la verdad tampoco puede mentir. No quiso dar pábulo a la curiosidad inútil; por eso negó saber lo que le preguntaban. No lo negó, sin embargo, de un modo absoluto, sino con una especie de restricción mental. Pues si con la mirada de su divinidad veía todas las cosas, las pasadas, las presentes y las venideras. conocía perfectamente aquel día; pero no por experiencia de los sentidos corporales. De haber sido así, ya habría aniquilado al anticristo con el aliento de su boca; ya habría resonado en sus oídos el alarido del arcángel y el fragor de la trompeta, a cuyo estrépito los muertos van a resucitar; ya habría visto también con los ojos corporales a las ovejas a las cabras, que deberán estar separadas entre sí.


Capítulo 11

§ 1 Denique, ut intelligas quod illa tantum cognitione, quae per carnem fit, se illum diem nescire perhibuerit, vigilanter respondens, non ait: “Nec ego scio”, sed: Nec ipse, inquit, filius hominis scit. Quid est filius hominis, nisi nomen assumptae carnis? Quo siquidem nomine intelligi datur, quia dicens se aliquid nescire, non iuxta quod Deus est, sed secundum hominem loquitur. Alias quippe loquens de se secundum suam deitatem, non filius vel filium hominis, sed: “Ego” vel “me”, saepius ponere consuevit, ut ibi: Amen, amen dico vobis, antequam Abraham fieret, ego sum.Ego sum, ait, non: “Filius hominis est”. Nec dubium, quin de illa essentia diceret, qua ante Abraham et sine initio est, non qua post Abraham et ex Abraham factus est. En fin, vas a comprender mejor ahora que, cuando expresaba su ignorancia sobre el último día, se refería sólo a su conocimiento humano, analizando la fina discreción de su respuesta. No dijo: Yo no lo sé; sino: Ni el Hijo del hombre lo sabe. ¿Qué quiere indicar la expresión Hijo del hombre sino la naturaleza humana que había asumido? Con este nombre se da a entender que cuando dice no saber cosa alguna, no habla como Dios, sino como hombre. En otras ocasiones, hablando de sí mismo en cuanto Dios, no emplea la expresión “Hijo”, o “Hijo del hombre”, sino “yo”, o “a mí”. Ejemplos: En verdad, en verdad os digo; antes que Abrahán naciese, ya existía yo. Dice: Ya existía yo; y no: “ya existía el Hijo del hombre”. Sin duda alguna que habla de aquella esencia por la que existe antes de Abrahán, desde la eternidad; y no de aquella otra por la que nació después de Abrahán, y que procede de Abrahán mismo.
§ 2 Alibi quoque hominum de se opinionem a discipulis inquirens: Quem dicunt, inquit, homines esse, non “me”, sed filium hominibus? Rursus eosdem interrogans, quid de se ipsi quoque sentirent: Vos autem, non “quem filium hominis”, sed quem me, ait, esse dicitis? Carnalis videlicet populi sententiam de carne inquirens, nomen carnis, quos proprie est filius hominis, posuit; spirituales vero discipulos de sua deitate interrogans, non filium hominis, sed signanter me dixit. Quod denique Petrus intelligens, quid per hoc quos dixerat: me, requisiti fuissent, sua responsione aperuit: Tu es, inquiens, non “Iesus filius Virginis”, sed Christus filius Dei. Quod utique si respondisset, nihilominus veritatem dixisset; sed in verbis interrogationis sensum interrogantis prudenter advertens, competenter proprieque ad interrogata respondit, dicens: Tu es Christus filius Dei.
También en aquella ocasión en que deseaba saber por boca de los discípulos a opinión que los hombres tenían de él, les pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y no: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” Pero al preguntarles a continuación su opinión sobre él, les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y no: ¿Quién decís que es el Hijo del hombre? Queriendo saber lo que pensaba el pueblo carnal acerca de su naturaleza humana, se impuso un nombre carnal, que es el significado propiamente dicho de la expresión Hijo del hombre. Pero al preguntar a sus discípulos, que eran espirituales, acerca de su divinidad, no aludió a sí mismo como Hijo del hombre, sino directamente a su mismo “yo”. Pedro comprendió lo que les había querido preguntar al decir: Y acertó bien en su respuesta: Tú eres el Cristo, el Hijo e Dios. No dijo: “Tú eres Jesús, el hijo de la Virgen”. Si hubiese respondido así, sin duda alguna habría dicho la verdad. Pero cayendo en la cuenta, con agudeza, del sentido en que se le proponía la pregunta, respondió acertada y competentemente diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.



Capítulo 12

§ 1 Cum igitur videas Christum in una quidem persona duas habere naturas, unam qua semper fuit, alteram qua esse coepit, et secundum sempiternum quidem suum esse, semper omnia nosse, secundum temporale vero, multa temporaliter expertum fuisse, cur fateri dubitas, ut esse ex tepore coepit in carne, sic carnis quoque miserias scire coepisse, illo dumtaxat modo cognitionis, quem docet defectio carnis? Sabes que Cristo es una sola persona en dos naturalezas; una, por la que siempre existió; la otra, por la que empezó a vivir en el tiempo. Por su ser eterno conoce siempre todas las cosas; por su realidad histórica, aprendió muchas cosas en el tiempo. ¿Por qué dudas en admitir que, así como históricamente empezó a vivir en el cuerpo, del mismo modo empezó a conocer las miserias de los hombres con ese género de conocimiento propio de la debilidad humana?
§ 2 Quod utique genus scientiae Protoplasti sapientius feliciusque nescirent, quando ad attingere nisi stulte misereque non poterant. Sed plasmator eorum Deus requirens quod perierat, opus suum miseratus prosecutus est, descendens et ipse misericorditer, quo illi ceciderant miserabiliter. Voluit experiri in se, quos illi faciendo contra se merito paterentur, non simili quidem curiositate, sed mirabili caritate: non ut miser cum miseris remaneret, sed ut misericors factus miseros liberaret.
¡Cuánto más sabios y felices habrían sido nuestros primeros padres ignorando este género de ciencia, que no podían lograr sin hacerse necios y desdichados! Pero Dios, su Creador, buscando lo que se había perdido, continuó, compasivo su obra; y descendió misericordiosamente adonde ellos se habían abismado en su desgracia. Quiso experimentar en sí lo que nuestros padres sufrían con toda justicia por haber obrado contra él; pero se sintió movido, no por una curiosidad semejante a la de ellos, sino por una admirable caridad; y no para ser un desdichado más entre los desdichados, sino para librar a los miserables haciéndose misericordioso. Se hizo misericordioso, pero no con aquella misericordia que, permaneciendo feliz, tuvo desde siempre; sino con la que encontró, al hacerse uno como nosotros envuelto en la miseria.
§ 3 Factus, inquam, misericors, non illa misericordia, quam felix manens habuit ab aeterno, sed quam mediante miseria reperit in habitu nostro. Porro pietatis opus, quod per illam coepit, in ista perfecit: non quos sola illa non posset perficere, sed quia nobis non potuit absque ista sufficere. Utraque siquidem necessaria, sed nobis haec magis congrua fuit Así, la obra que había comenzado con la misericordia eterna, la culminó por la misericordia temporal; no porque no pudiese llevarla a cabo solamente con la eterna, sino porque, respecto a nosotros, la eterna sin la temporal no nos pudo bastar. Una y otra fueron necesarias, pero para nosotros fue más apropiada la segunda.
§ 4 O ineffabilis pietatis excogitatio! Quando illam adverteremus incognitam nobis compassionem, que non passione praeventa, cum impassibilitate perdurat?
¡Oh invención inefable de la piedad! ¿Podríamos habernos imaginado incluso aquella maravillosa misericordia eterna si antes no la hubiese precedido la miseria, que nos la hace concebir? ¿Cuándo habríamos descubierto aquella compasión, desconocida para nosotros, que sin la existencia de la Pasión habría perdurado en la imposibilidad?
§ 5 Attamen si illa quae miseriam nescit, misericordia non praecessisset, ad hanc, cuius miseria mater est, non accessisset. Si non accessisset, non attraxisset; si non attraxisset, non extraxisset. Unde autem extraxit, nisi de lacu miseriae et de luto faecis? Sin embargo, si esa misericordia, que no conoce la miseria no hubiese existido anteriormente, tampoco se habría seguido esta otra misericordia, cuya madre es la miseria. Si no se hubiese seguido, tampoco nos habría atraído; si no nos hubiese atraído, no nos ha ría extraído. ¿Extraído?, ¿de dónde? De la fosa de la miseria y de la charca fangosa.
§ 6 Nec illam tamen misericordiam deseruit, sed hanc inseruit; non mutavit, sed multiplicavit, sicut scriptum est: Homines et iumenta salvabis, Domine, quemadmodum multiplicasti misericordiam tuam, Deus.
Pero el Señor no se despojó de la misericordia eterna; la añadió a la temporal. No la cambió; la multiplicó, según está escrito: Tú socorres a hombres y animales, ¡cómo has multiplicado tu misericordia, oh Dios!


Capítulo 13

§ 1 Sed iam ad propositum redeamus. Si ergo se miserum fecit, qui miser non erat, ut experiretur quo et ante sciebat, quanto magis tu, non dico ut te facias quod non es, sed ut attendas quod es, quia vere miser es, et sic discas misereri, qui hoc aliter scire non potes?
Volvamos ya a nuestro asunto. Si el que no era miserable se hizo miseria para experimentar lo que ya previamente sabía, ¿cuánto más debes tu, no digo hacerte lo que no eres, sino reflexionar sobre lo que eres, porque eres miserable? Así aprenderás a tener misericordia. Sólo así lo puedes aprender.
§ 2 Ne forte si proximi malum consideres et tuum non attendas, movearis non ad miserationem, sed ad indignationem non ad adiuvandum, sed ad iudicandum, denique non ad instruendum in spiritu lenitatis, sed ad destruendum in spiritu furoris. Vos qui spirituales estis, ait Apostolus, huiusmodi instruite in spiritu lenitatis. Apostoli consilium sive etiam praeceptum est, ut mansueto, id est eo spiritu fratri aegrotanti subvenias, quod tibi vis subveniri cum aegrotas. Et ut scias qualiter erga delinquentem mansuescere possis : Considerans, inquit, te ipsum, ne et tu tenteris. Porque si consideras el mal de tu prójimo y no atiendes al tuyo, te sentirás arrebatado por la indignación, nunca movido por la compasión; tendemos a juzgar, no a ayudar; a destruir con violencia, no a corregir con suavidad. Vosotros los espirituales, dice el Apóstol, corre id con toda suavidad. El consejo o por mejor decir, el mandato del Apóstol consiste en que ayudes a tu hermano enfermo con la misma suavidad con la que tú quieres te ayuden a ti cuando enfermas. También consiste en que comprendas cuánta dulzura de trato debes tener con el pecador; caer en la cuenta, como dice el mismo Apóstol, de que también tú puedes ser tentado.



Capítulo 14

§ 1 Considerare libet, quam bene discipulus Veritatis ordinem sequatur Magistri. In beatitudinibus; quas supra memoravi, sicut prius misericordes quam mundicordes, sic prius mites quam misericordes pronuntiati sunt. Et Apostolus cum spirituales hortaretur ad instruendum carnales, adiunxit: In spiritu lenitatis. Instructio quippe fratrum pertinet ad misericordes, spiritus lenitatis ad mites. Ac si diceret: Inter misericordes, deputari non potest, qui in semetipso mitis non est. Ecce Apostolus aperte ostendit, quod superius me ostensuruum promisi, prius, videlicet veritatem inquirendam esse in nobis quam in proximis: considerans, inquiens, te ipsum, hoc est, quam facilis ad tentandum, quam pronus ad peccandum, quatenus ex tui consideratione mitescas, sicque ad succurrendum aliis in spiritu lenitatis accedas. Alioquin si monentem non audis Discipulum, arguentem time Magistrum: Hypocrita, eice primum trabem de oculo tuo, et sic videbis festucam eicere de oculo fratris tui.
Conviene considerar con qué perfección sigue el discípulo de la verdad el orden establecido por el Maestro. En las bienaventuranzas a que me refería antes, preceden los misericordiosos a los limpios de corazón; y los mansos a los misericordiosos. El Apóstol exhorta a los espirituales que corrijan a los carnales; y añade: con toda suavidad. La corrección de loshermanos corresponde, sin duda, a los misericordiosos; hacerlo con suavidad, a los mansos. Como si dijera: no puede ser contado entre los misericordiosos el que no es manso en sí mismo. Mira cómo indica claramente el Apóstol lo que antes prometí yo demostrar. La verdad hemos de buscarla antes en nosotros que en los prójimos. Cayendo en la cuenta de ti mismo, es decir, siendo consciente de la facilidad con que eres tentado y de lo propenso que eres para pecar; por esta toma de conciencia, te harás manso y podrás acercarte a los demás para socorrerles con toda suavidad. Si no eres capaz de escuchar al Discípulo que te aconseja, teme al Maestro que te acusa. Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar a brizna del ojo de tu hermano.
§ 2 Trabes in oculo grandis et grossa, superbia in mente est, quae quadam corpulentia sui vana, non sana tumida, non solida, oculum mentis obscurat, veritatem obumbrat, ita tu si tuam occupaverit mentem, iam tu te videre, iam te talem, qualis es, vel qualis esse potes, non possis sentire, sed qualem te amas, talem te vel putes esse, vel speres fore. Quid enim aliud est superbia, quam ut quidam sanctus diffinit, amor propriae excellentiae? Unde et nos possumus dicere, per contrarium humilitatem propriae excellentiae esse contemptum. La soberbia de la mente es esa viga enorme y gruesa en el ojo, que por su cariz de enormidad vana e hinchada, no real ni sólida, oscurece el ojo de la mente y oscurece la verdad. Si llega a acaparar tu mente, ya no podrás verte ni sentir de ti tal como eres o puedes ser; sino tal como te quieres, tal como piensas que eres o tal como esperas llegar a ser. ¿Qué otra cosa es la soberbia sino, como la define un santo, el amor del propio prestigio? Moviéndonos en el polo opuesto, podemos afirmar que la humildad es el desprecio del propio prestigio.
§ 3 Amor vero, sicut nec odium, veritatis iudicium nescit. Vis iudicium Veritatis audire? Sicut audio, sic iudico: non sicut odi, non sicut amo, non sicut timeo. Est iudicium odii, ut illud: Nos legem habemus, et secundum legem nostram debet mori. Est et timoris, tu illud: Si dimittimus eum sic, venient Romani et tollent nostrum locum et gentem. Iudicium vero amoris, ut David de filio parricida: Parcite, inquit, puero Absalon. Ni el amor ni el odio conocen el dictamen de la verdad. Quieres oír el dictamen de la verdad? Escucha: Yo Juzgo según oigo; no según odio, ni según amo, ni según temo. Un dictamen del odio sería: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir; el del temor sería: Si le dejamos que siga así, vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo; y un dictamen según el amor podría ser el de David con su hijo parricida: Tratad bien al joven Absalón.
§ 4 Et legibus humanis statutum, et in causis, tam ecclesiasticis quam saecularibus servatum scio, speciales amicos causantium non debere admitti ad iudicium, ne vel fallant vel fallantur amore suorum. Quod si culpam amici tuo iudicio amor illius aut minuit, aut prorsus abscondit, quanto magis amor tuis tuum contra te iudicium fallit?
Hay un convenio definido por las leyes humanas; se observa tanto en las causas eclesiásticas como en las civiles; está legislado que los amigos íntimos de los litigantes nunca deben ser convocados a juicio; no sea que, llevados del amor a sus amigos, engañen o se dejen engañar. Y si el amor que profesas a tu amigo influye en tu criterio como atenuante o inexistencia de culpa, ¿cuánto más el amor que a ti mismo te profesas te engañara cuando vas a emitir un Juicio contra ti?


Capítulo 15

§ 1 Qui ergo plene veritatem in se cognoscere curat, necesse est ut, semota trabe superbiae, quae oculum arcet a luce, ascensiones in corde suo disponat, per qua in seipso seipsum inquirat, et sic post duodecimum humilitatis ad primum veritatis gradum pertingat.
El que sinceramente desee conocer la verdad propia de sí mismo, debe sacarse la viga de su soberbia, porque le impide que sus ojos conecten con la luz. E inmediatamente tendrá que disponerse a ascender dentro de su corazón, observándose a sí mismo en sí mismo, hasta alcanzar con el duodécimo grado de humildad el primero de la verdad.
§ 2 Cum autem veritate inventa in se, immo se invento in veritate, dicere potuerit: Credidi, propter quos locutus sum; ego autem humiliatus sum nimis ascendat homo ad cor altum, ut exaltetur veritas, et ad gradum secundum perveniens dicat in excessu suo: Omnis homo mendax. Putas hunc ordinem David non tenuit? Putas hoc Propheta non sensit, quod Dominus, quod Apostolus, quod et nos post ipsos et per ipsos sentimus? Credidi, inquit, Veritati dicenti: Qui sequitur me, non ambulat in tenebris. Credidi ergo sequendo, propter quod locutus sum confitendo. Quid confitendo? Veritatem quam cognovi credendo. Postquam autem et credidi ad iustitiam, et locutus sum ad salutem, humiliatus sum nimis, hoc est perfecte. Tamquam diceret: Quia veritatem cognitam in me confiteri contra me non erubui, ad perfectionem humilitatis profeci.Nimis enim pro perfecte potest intelligi, tu ibi: In mandatis eius volet nimis. Quod si quis contendat nimis hic pro “valde” positum esse, non pro “perfecte”, quia et expositores idipsum videntur astruere, neque hoc discordat a sensu Prophetae. Cuando haya encontrado la verdad en sí mismo o, mejor dicho, cuando se haya encontrado a sí mismo en la verdad pueda decir: Yo me fiaba, y por eso hablaba; pero ¡qué humillado me encuentro!, entonces penetre el hombre más íntimamente en su corazón, para que la verdad quede enaltecida, llegando así al segundo grado y exclame: Todos los hombres son unos mentirosos. Crees que David no siguió este mismo orden? ¿crees que el profeta no se dio cuenta de lo que el Señor, el Apóstol y yo hemos comprendido siguiendo su ejemplo? Y dice: Yo me fié de la Verdad, que decía en este mundo: El que me sigue no anda en tiniebla. Me fié, siguiéndola, por eso hablé, confesando. ¿Qué confesé? La verdad que conocía en la fe. Después de que me fié para la justicia y hablé para la salvación, ¡qué humillado me encuentro hasta el límite de la impotencia. Como si dijera: ya que no me avergoncé de confesar contra mí mismo la verdad que en mí conocí, he llegado al colmo de la humildad. Ese limite puede entenderse por col,no; como puede verse en el pasaje de este salmo: Se complace hasta ef colmo en sus mandatos; es decir, se complace plenamente. Pero si alguien sostiene que colmo quiere significar aquí “mucho” y no basta el límite, por ser ése el significado que le dan los comentaristas, tal traducción coincidiría con el pensamiento del profeta.
§ 3 Ut si sentiamus eum dixisse: Ego quidem cum adhuc veritatem non nossem, aliquid me putabam esse, cum nihil essem. At postquam in Christum credendo, id est eius humilitatem imitando, veritatem agnovi, ipsa quidem exaltata est in me ex mea confessione; sed ego humiliatus sum nimis, id est: valde vilui mihi ex mei consideratione. Por esto, cuando todavía desconocía la verdad, me tenía por algo, no siendo en realidad nada. Pero desde que me fié de Cristo, esto es, desde que imité su humildad, empecé a conocer la verdad; ella ha sido enaltecida en mí, por causa de mi propia confesión. Pero yo me siento en el colmo de la humillación, es decir, que la propia consideración de mí mismo me ha suscitado mucho desprecio.


Capítulo 16

§ 1 Humiliatus ergo Propheta in hoc primo gradu veritatis, ut ait in alio Psalmo: Et in veritate tua humiliasti me, semetipsum attendat, et ex propria misera generalem perpendat, sicque ad secundum transiens, dicat in excessu suo: Omnis homo mendax. In quo excessu suo? In illo, procul dubio, quo sese excedens ac veritati adhaerens, seipsum diiudicat. In illo ergo excessu suo dicat, non indignando aut insultando, sed miserando et compatiendo: omnis homo infirmus, omnis homo miser et impotens, qui nec se, nec alium possit salvare. Sicut dicitur fallax equus ad salutem, non quod equus aliquem fallat, sed quia is seipsum fallit, qui in fortitudine eius confidit, sic omnis homo dicitur mendax, id est fragilis, mutabilis, a quo salus non possit vel sua, vel aliena sperari, quin potius maledictionem incurrat, qui spem sum in homine ponit. Proficiens itaque humilis Propheta per ducatum veritatis, quodque in se lugebat videns in aliis, dum apponit scientiam, apponat et dolorem ac generaliter, sed veraciter dicat: Omnis homo mendax. Humillado el profeta en este primer grado de la verdad, como dice en otro salmo: Me has humillado en tu verdad, se observa a sí mismo; y, consciente de su propia miseria, considera la de los demás. De este modo pasa al segundo grado y dice en su abatimiento: Todos los hombres son unos mentirosos. ¿En qué abatimiento? En aquel por el que sale de sí mismo y, adhiriéndose a la verdad, se juzga. Proclama en este abatimiento, no irritado ni insultante, sino con toda misericordia y compasión: Todos los hombres son unos mentirosos. ¿Qué quiere decir: Todos los hombres son unos mentirosos? Quiere decir que todo hombre es débil; que todo hombre es miserable e impotente, y que no puede salvarse a sí mismo ni salvar a otro. Lo mismo que se dice: Engañoso es el caballo para la victoria. No porque el caballo engañe a nadie, sino porque se engaña a sí mismo quien confía en su fortaleza. De la misma manera se dice que todos los hombres son unos mentirosos. Es decir, frágiles e inconstantes; de ellos nada se puede esperar, ni su salvación, ni la ajena, sin incurrir en la maldición del que pone sus esperanzas en otro hombre. De esta manera, el profeta, humilde y avezado en el camino de la verdad, cuando descubre en los otros las miserias que ha llorado en sí mismo, a la vez que acumula experiencia, agudiza también su dolor. Y, de un modo muy genérico, pero auténtico, exclama : Todos los hombres son unos mentirosos.


Capítulo 17

§ 1 Vide quam longe aliud senserit de se Pharisaeus ille superbus. Quid deprompsit in excessu suo? Deus, gratias ago tibi, quia non sum sicut ceteri hominum. Dum in se singulariter exsultat, aliis arroganter insultat. David aliter; ait enim: Omnis homo mendax. Neminem excipit, ne quem decipiat, sciens quia omnes peccaverunt, et omnes egent gloria Dei.
Fíjate de qué manera tan distinta sentía de sí mismo aquel fariseo soberbio. ¿Qué fue lo que espontáneamente brotó de su desvarío? Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás. Se complace en sí mismo como si sólo él existiera, al mismo tiempo insulta a los demás con arrogancia. Muy distintos eran los sentimientos de David. Si afirma que todos los hombres son unos mentirosos, no excluye ninguno para no engañar a nadie. Sabe que todos pecaron, y que todos están privados de la gloria de Dios
§ 2 Pharisaeus se solum decipit, quem solum excipit, dum ceteros damnat. Propheta se non excipit a communi miseria, ne excipiatur a misericordia; Pharisaeus exsufflat misericordiam, dum dissimulat miseriam. Propheta affirmat tam de omnibus quam de se: Omnis homo mendax; Pharisaeus confirmat de omnibus praeter se: Non sum, inquiens, sicut ceteri hominum. Et gratias agit, non quia bonus, sed quia solus; non tam de bonis quae habet, quam de malis quae in aliis videt. Nondum de suo trabem eiecerat, et festucas in oculis fratrum enumerat; nam subdit: iniusti, raptores. El fariseo, en cambio, condenando a los demás, sólo a sí mismo se engaña, ya que se excluye a sí solo. El profeta no se excluye de la miseria común para no quedar eliminado de la misericordia. El fariseo, al ocultar su miseria, aleja de sí la misericordia. E1 pro£eta afirma de sí y de los demás : Todos los hombres son unos mentirosos. El fariseo lo afirma también de todos, menos de sí mismo: No soy, dice, como los demás. Y da gracias, no porque es bueno, sino porque se siente único; y no tanto por los bienes que tiene cuanto por los males que ve en los demás. Todavía no ha sacado la viga de su ojo y va cuenta las briznas que hay en los ojos de sus hermanos, pues añade: Injustos, la rones.
§ 3 Non frustra, ut arbitror, excessum a proposito feci, si utriusque excessus differentiam intellexisti.
Me parece útil esta digresión. Te habrá servido para comprender la diferencia que existe entre la humillación del profeta y el desvarío del fariseo.


Capítulo 18

§ 1 Iam ad propositum redeundum est. Quos itaque Veritas sibi iam innotescere, ac per hoc vilescere fecit, necesse est, ut cuncta, quae amare solebant, et ipsi sibi amarescant. Statuentes nimirum se ante se, tales se videre cogunt, quales vel a se videri erubescunt. Dumque sibi displicet quod sunt, et ad id suspirant quod non sunt, quod utique per se fore diffidunt, vehementer sese lugentes, id solum consolationis inveniunt, ut severi iudices sui, qui scilicet amore veri esuriant et sitiant iustitiam, usque ad contemptum sui districtissimam de se ad id sufficere non posse conspiciunt, -cum enim fecerint omnia quae mandata fuerint sibi, servos se inutiles dicunt-, de iustitia ad misericordiam fugiunt. Ut autem illam consequantur, consilium Veritatis sequuntur: Beati misericordes, quoniam ipsi misericordiam consequentur.

Reanudemos nuestra exposición. A todos los que la verdad les ha obligado a conocerse y, por eso mismo, a menospreciarse, necesitan que todo lo que venían amando, incluso el amor a sus propias personas, se les vuelva amargo. El enfrentamiento consigo mismos les obliga a verse tales como son y les provoca vergüenza. Les desagrada lo que son suspiran por lo que no son, conscientes de que nunca lo alcanzarán por sus propias fuerzas, y lloran amargamente su mísera situación ; ya no encuentran otro consuelo que constituirse en Jueces severos de sí mismos; por amor a la verdad, sienten hambre y sed de justicia. Así llegan al desprecio de sí mismos, se exigen una severísima satisfacción y quieren cambiar de vida. Pero ven claramente ve son incapaces de llevar a cabo sus propósitos, porque cuando ya han realizado todo lo que se les ha mandado, se confiesan siervos inútiles. De esta manera, huyen de la justicia y se refugian en la misericordia. Y para alcanzar misericordia, siguen e consejo de la verdad: Dichosos los misericordiosos, porque van a recibir misericordia.
§ 2 Et hic est secundus gradus veritatis, quo eam in proximis inquirunt, dum de suis aliorum necessitates exquirunt, dum ex his quae patiuntur, patientibus compati sciunt.
Este es el segundo grado de la verdad. Los que llegan a él buscan la verdad en sus prójimos; adivinan las indigencias de los demás en las su as propias; y por lo que sufren, aprenden a compadecerse de os que sufren.


Capítulo 19

§ 1 In his ergo tribus quae dicta sunt, id est in luctu paenitentiae, in desiderio iustitiae, in operibus misericordiae si perseverant, a tribus impedimentis, quae aut ignorantia, aut infirmitate, aut studio contraxerunt, cordis aciem mundant, quo per contemplationem ad tertium veritatis gradum pertranseant. Si perseveran en los tres aspectos planteados: en el llanto de la penitencia, en el deseo de la justicia en las obras de misericordia, purificarán la mirada de su corazón de los tres impedimentos que contrajeron por ignorancia, por debilidad y por deseo. Así, mediante la contemplación, pasarán al tercer grado de la verdad.
§ 2 Hae sunt viae, quae videntur hominibus bonae, illis dumtaxat qui laetentur cum male fecerint, et exsultant in rebus pessimi, ac se de infirmitate vel ignorantia tegunt ad excusandas excusationes in peccatis. Sed frustra sibi de infirmitate vel ignorantia blandiuntur, quo ut liberius peccent, libenter ignorant vel infirmantur. Putas primo homini profuit, licet ipse non libenter peccavit, quod se per uxorem, tamquam per carnis infirmitatem, defendit? Aut primi Martyris lapidatores, quoniam aures suas continuerunt, per ignorantiam excusabiles erunt?
Hay caminos que parecen buenos sólo a los hombres que se gozan haciendo el mal y se alegran de sus acciones perversas. Luego recurren a la debilidad o a la ignorancia para excusar sus pecados. Pero en vano se lisonjean de su debilidad o ignorancia los que, para pecar con mayor libertad, se instalan en la ignorancia o impotencia. ¿Crees tú que al primer hombre, aunque no pecase muy a gusto, le sirvió de algo echar la culpa a su mujer, es decir, a la debilidad de la carne? ¿Crees que la ignorancia podrá excusar a los que apedrearon al primer mártir porque se taparon los oídos?
§ 3 Qui igitur studio et amore peccandi a veritate se sentiunt alienatos, infirmate et ignorantia pressos, studium in gemitum, amorem in maerorem convertant, infirmitatem carnis fervore iustitiae, ignorantiam liberalitate repellant, ne si nunc egentem, nudam, infirmam veritatem ignorant, cum potestate magna et virtute venientem, terrentem, arguentem, sero cum rubore cognoscant, frustra cum tremore respondeant; Quando te vidimus egere, et non ministravimus tibi? Cognoscetur certe Dominus iudicia faciens, qui nunc ignoratur misericordiam quaerens. Denique videbunt in quem transfixerunt, similiter et avari quem contempserunt Están en el mismo caso todos los que por el deseo o el amor al pecado se sienten alejados de la ver ad y apresados en la debilidad y en la ignorancia; conviertan éstos su deseo en llanto y su amor en aflicción; rechacen la debilidad de la carne con el fervor de la justicia y la ignorancia con la liberalidad. No vaya a ocurrirles que, por no reconocer ahora a la verdad pobre, sencilla y débil, la conozcan demasiado tarde, cuando venga con gran poder y majestad, aterrando y acusando. Entonces será inútil que le pregunten: ¿Cuándo te vimos necesitado y no te socorrimos? Los que en esta vida no conocieron al Señor cuando deseaba tratarles con misericordia, le reconocerán cuando aparezca para rendirle cuentas. Por eso mirarán al que traspasaron; y los codiciosos, al que despreciaron.
§ 4 Ab omni ergo labe, infirmitate, ignorantia, studiove contracta, flendo iustitiam esuriendo, operibus misericordiae insistendo, mundatur oculus cordis, cui se in sui puritate videndam Veritas promittit: Beati enim mundo corde, quoniam ipsi Deum videbunt. Cum sint itaque tres gradus seu status veritatis, ad primum ascendimus per laborem humilitatis, ad secundum per affectum compassionis, ad tertium per excessum contemplationis. In primo veritas reperitur severe; in secundo pia, in tertio pura. Ad primum ratio ducit, qua nos discutimus; ad secundum affectus perducit, quo aliis miseremur; ad tertium puritas rapit, qua ad invisibilia sublevamur.
El ojo del corazón, al que la Verdad prometió su plena manifestación: dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios, se purifica de toda mancha, debilidad, ignorancia o mal deseo adquirido, por medio del llanto, del hambre y la sed de ser justo, y por la perseverancia en las obras de misericordia. Los grados o estados de la verdad son tres. Al primero se sube por el trabajo de la humildad; al segundo por el afecto de la compasión; y al tercero, por el vuelo de la contemplación. En el primer grado, la verdad se nos muestra severa; en el segundo, piadosa; y en el tercero, pura. Al primero nos lleva la razón con la que nos examinamos a nosotros mismos; al segundo, el afecto con el que nos compadecemos de los demás; al tercero, la pureza que nos arrebata y nos levanta hacia las realidades invisibles.


Capítulo 20

§ 1 Interlucet hic mihi mira quaedam ac divisa individuae Trinitatis operatio, si quo modo tamen ab homine sedente in tenebris ineffabilis illa possit capi cooperantium sibi personarum divisio, In primo siquidem gradu Filius, in secundo Spiritus Sanctus, in tertio Pater operari videtur.
Al llegar a este punto, aparece con toda nitidez ante mis ojos una obra maravillosa de a inseparable Trinidad que se realiza por separado en cada una de las personas. Si es que un hombre que vive en tinieblas, de algún modo puede llegar a comprender aquella separación de las tres personas que obran de común acuerdo. Así, en el primer grado parece ver la obra del Hijo; en el segundo, la del Espíritu Santo; y en el tercero, la del Padre.
§ 2 Vis audire Filii operationem? Si ego, inquit, lavi vos pedes Dominus et magister, quanto magis et vos debetis alter alterius lavare pedes? Tradebat discipulis humilitatis formam veritatis Magister, qua in primo gradu primum eis veritas innotesceret. Attende et opus Spiritum Sancti: Caritas diffusa est in cordibus nostris per Spiritum Sanctum qui datus est nobis. Caritas quippe donum Spiritus Sancti est, qua fit, ut qui sub disciplina Filii per humilitatem ad primum usque gradum veritatis iam profecerunt, ad secundum per compassionem proximi, sub magisterio Spiritus Sancti perveniant. Audi et de Patre: Beatus es, Simon Bariona, quia caro et sanguis non revelavit tibi, se Pater meus qui in caelis est; et illud: Pater filiis notam faciet veritatem tuam; et: Confiteor tibi, Pater, quia abscondisti haec a sapientibus et revelasti ea parvulis. Quieres ver cómo obra el Hijo? Escucha: Si yo soy el Señor y el maestro, y os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Con estas palabras, el maestro de la verdad da a sus discípulos la regla de la humildad; y la verdad se da a conocer en su primer grado. Fíjate ahora en la obra del Espíritu Santo: La caridad inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. La caridad es un don del Espíritu Santo. Por ella, todos los que han seguido las enseñanzas del Hijo y se han iniciado en el primer grado de la verdad mediante la humildad, comienzan a progresar y llegan, aplicándose en la verdad del Espíritu Santo, al segundo grado por medio de la compasión al prójimo. Escucha también lo que hace referencia al Padre: Dichoso tú, Simón, hijo de jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne hueso, sino mi Padre, que está en el cielo. Y aquello otro: El Padre enseña a los hijos tu verdad. Y también: Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla.
§ 3 Vides quia quos verbo et exemplo prius Filius humiliavit, super quos deinde Spiritus caritatem effudit, hos tandem in gloria Pater recepit? Filius facit discipulos, Paraclitus consolatur amicos, Pater exaltat filios. Quia vero non solum Filius, sed et Pater et Spiritus Sanctus veraciter Veritas appellantur, constat quos una eademque Veritas, servata proprietate personarum, tria haec in tribus gradibus operatur. Primo scilicet instruit, ut magister; secundo consolatur, ut amicus vel frater; tertio adstringit, ut filios pater. ¿Te das cuenta de cómo a los que primero hace humildes el Hijo con su palabra y ejemplo, después el Espíritu derrama sobre ellos la caridad, y el Padre los recibe en la gloria? El Hijo forma discípulos. El Paráclito consuela a los amigos. El Padre enaltece a los hijos. Verdad no se llama el Hijo en exclusiva. También lo son el Padre y el Espíritu Santo. Por eso, respetada la propiedad de cada una de as personas, una es la verdad que obra estas tres realidades en los tres grados. En el primero, enseña como maestro; en el segundo, consuela como amigo y hermano; en el tercero, abraza como un padre a sus hijos.


Capítulo 21

§ 1 Dei quippe Filius, Verbum scilicet ac sapientia Patris, primum quidem illam animae nostrae potentiam, quae ratio dicitur, cum reperit carne depressam, peccato captivam, ignorantia caecam, exterioribus deditam, clementer assumens, potenter erigens, prudenter instruens, introrsum trahens, ac mirabiliter utens tamquam pro se vicaria, ipsam sibi iudicem statuit, ita ut pro reverentia Verbi cui coniungitur, ipsa sui accusatrix, testis et iudex, contra se Veritatis fungatur officio.
Primero el Hijo, la Palabra y la sabiduría de Dios Padre, cuando ve esa potencia de nuestra alma llamada razón abatida por la carne, prisionera del pecado, cegada por la ignorancia y entregada a las cosas exteriores, la toma con clemencia, la levanta con fortaleza, la instruye con prudencia y la hace entrar dentro de sí misma. Y revistiéndola con sus mismos poderes de forma maravillosa, la constituye juez de sí misma. La razón es a la vez acusadora, testigo y tribunal; desempeña frente a sí misma la función de la verdad.
§ 2 Ex qua prima coniunctione Verbi et rationis, humilitas nascitur. Aliam deinde partem, quae dicitur voluntas, veneno quidem carnis infectam, sed iam ratione discussam, Spiritus Sanctus dignanter visitans, suaviter purgans, ardenter afficiens, misericordem facit, ita ut more pellis, quae uncta extenditur, ipsa quoque unctione perfusa caelesti, usque ad inimicos per affectum dilatetur. Et sic ex hac secunda coniunctione Spiritus Dei et voluntatis humanae, caritas efficitur. Utramque vero partem, rationem scilicet ac voluntatem, alteram verbo veritatis instructam, alteram spiritu veritatis afflatam, illam hyssopo humilitatis aspersam, hanc igne caritatis succensam, tandem iam perfectam animam, propter humilitatem sine macula, propter caritatem sine ruga, cum nec voluntas rationi repugnat, nec ratio veritatem dissimulat, gloriosam sibi sponsam Pater conglutinat, ita ut nec ratio de se, nec voluntas de proximo cogitare sinatur, sed hoc solum beata illa anima dicere delectetur: Introduxit me Rex in cubiculum suum.
De esta primera unión entre la Palabra y la razón nace la humildad. Luego el Espíritu Santo se digna visitar ia otra potencia llamada voluntad, todavía inficionada por el veneno de la carne, pero a ilustrada por la razón. El Espíritu la purifica con suavidad, a sella con su fuego volviéndola misericordiosa. Lo mismo que una piel, empapada por un líquido, se estira, la voluntad, bañada por la unción celestial, se despliega por el amor hasta sus mismos enemigos. De esta segunda unión del Espíritu Santo con la voluntad humana nace la caridad. Fijémonos todavía en estas dos potencias, la razón y la voluntad. La razón se siente instruida por la palabra de la verdad ; la voluntad, por el Espíritu de la verdad. La razón es rociada por el hisopo de la humildad; la voluntad, abrasada con el fuego de la caridad. Ambas Juntas son el alma perfecta, sin mancha, a causa de la humildad; y sin arruga, por causa de la caridad. Cuando la voluntad ya no resista a la razón ni la razón encubra a la verdad, el Padre se unirá a ellas como a una gloriosa esposa. Entonces la razón ya no podrá pensar de sí misma, ni la voluntad juzgar al prójimo, pues esa alma dichosa sólo encuentra consuelo repitiendo: El rey me ha introducido en su cámara .
§ 3 Digna certe, quae de schola humilitatis, in qua primum sub magistro Filio ad seipsam intrare didicit, iusta comminationem ad se factam: Si ignoras te, egredere et pasce haedos tuos, digna ergo quae de schola illa humilitatis, duce Spiritu Sancto, in cellaria caritatis -quae nimirum proximorum pectora intelligenda sunt- per affectionem introduceretur, unde suffulta floribus ac stipata malis, bonorum scilicet moribus et virtutibus sanctis, ad Regis demum cubiculum, cuius amore languet, admitteretur. Ya ha sido digna de superar la escuela de la humildad. Aquí, enseñada por el Hijo, aprendió a entrar en sí misma, según aquella advertencia que le habían insinuado: Si no te conoces, vete y apacienta tus cabritos. Ha sido digna, repito, de pasar de la escuela de la humildad a las despensas de la caridad, que son los corazones de los prójimos. El Espíritu Santo la ha guiado e introducido a través del sello del amor. Se alimenta con pasas y se robustece con manzanas, las buenas costumbres y las santas virtudes. Por fin, se le abre la cámara del rey, por cuyo amor desfallece.

§ 4 Ibi modicum, hora videlicet quasi dimidia, silentio facto in caelo, inter desideratos amplexus suaviter quiescens ipsa quidem dormit, sed cor eius vigilat, quo utique interim veritatis arcana rimatur, quorum postmodum memoria statim ad se reditura pascatur. Ibi videt invisibilia, audit ineffabilia, quae non licet homini loqui. Excedunt quippe omnem illam, quam nox nocti indicat, scientiam; dies tamen diei eructat verbum, et inter sapientes sapientiam loqui, et spiritualibus spiritualia licet conferri.
Allí, en medio de un gran silencio que reina en el cielo por espacio de media hora, descansa dulcemente entre los deseados abrazos, y se duerme; pero su corazón vigila. Allí ve realidades invisibles, oye cosas inefables que el hombre no puede ni balbucir que excede a toda la ciencia que la noche susurra a la noche. Sin embargo, el día al día le pasa su mensaje; y por eso es lícito comunicarse la sabiduría entre los sabios y compartir lo espiritual con los espirituales.



Capítulo 22

§ 1 Putas hos gradus Paulus non transierat, qui usque ad tertium caelum se raptum fuisse dicebat? Sed quare raptum, et non potius ductum? Ut videlicet si tantus Apostolus raptum se dicit fuisse, quo nec doctus scivit, nec ductus potuit ire, me, qui procul dubio minor sum Paulo, ad tertium caelum nulla mea virtute, nullo meo labore pervenire posse praesumam, ne vel de virtute confidam, vel pro labore diffidam. Qui enim docetur aut ducitur, ex hoc ipso quod docentem vel ducentem sequitur, laborare convincitur, et aliquid de se agit, ut ad destinatum vel locum vel sensum pertrahatur, ita ut dicere possit: Non autem ego, sed gratia Dei mecum.
Pablo confiesa que había sido arrebatado hasta el tercer cielo; ¿piensas que no había superado estos grados? Pero ¿por qué dice arrebatado y no más bien llevado? Para que yo, que soy menos que Pablo, cuando me diga tan gran apóstol que fue arrebatado a donde ni el sabio supo, ni el que fue así levantado pudo llegar, no presuma pensando que con mis fuerzas o mi tesón pueda lograr esa meta. Así no confiaré en mi virtud ni me agotaré en esfuerzos vanos. El que es enseñado o guiado, por el mero hecho de seguir al que le enseña o le guía, se ve obligado a trabajar y a poner algo de su parte para ser llevado hasta el lugar de su destino. Entonces podrá decir: No soy yo, sino el favor de Dios.
§ 2 Qui vero rapitur, non suis viribus, sed alienis innixus, tamquam nescius, quocumque portatur, nec cum alio aliquid operatur. Ad primum itaque sive ad medium caelum ductus vel adiutus Apostolus ascendere potuit; ad tertium autem ut perveniret, rapi oportuit. Nam et Filius ad hoc legitur descendisse, ut iuvaret ascensuros ad primum, et Spiritus Sanctus missus fuisse, qui perduceret ad secundum. Pater vero, licet Filio et Spiritui Sancto semper cooperetur, numquam tamen aut de caelo descendisse, aut ad terras legitur missus fuisse.

Sin embargo, el que es arrebatado se porta como una persona ignorante, y no se apoya en sus fuerzas, sino en las de otro. No puede gloriarse de sí mismo en nada absolutamente, pues lo que se ha realizado en él no ha sido hecho por él ni cooperando con otro. El Apóstol pudo subir al primer cielo o al segundo, guiado y llevado de la mano. Pero para llegar al tercer cielo tuvo que ser arrebatado. Está escrito que el Hijo bajó para ayudar a los que habían de subir al primer cielo. Que el Espíritu Santo fue enviado para llevarnos asta el segundo. Sin embargo, en ninguna parte se dice que el Padre, aunque siempre obra con el Hijo y el Espíritu Santo, haya bajado del cielo o fuese enviado a la tierra.

§ 3 Lego certe, quod misericordia Domini plena est terra, et pleni sunt caeli et terra gloria tua, et multa huiuscemodi. Lego et Filio: Postquam venit plenitudo temporis, misit Deus Filium suum; et ipse Filius loquitur de se: Spiritus Domini misit me. Et per eumdem Prophetam: Et nunc, inquit, Dominus misit me et Spiritus eius. Lego et Spiritu Sancto: Paraclitus autem Spiritus Sanctus, quem mittet Pater in nomine meo, et: Cum assumptus fuero, mittam vobis eum, haud dubium quin Spiritum Sanctum. Patrem autem in sua persona, licet nusquam non sit, nusquam tamen invenio nisi in caelis, ut in Evangelio: Et Pater meus qui in caelis est, et in oratione: Pater noster, qui es in caelis.
Es verdad que leo lo siguiente: La misericordia del Señor llena la tierra. Y también : Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria, y muchas otras cosas por el estilo. Con relación al Hijo leo también: Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo. Y el mismo Hijo dice de sí: El Espíritu del Señor me ha enviado. Y se expresa por el mismo profeta: Y ahora me han enviado el Señor y su Espíritu. Acerca del Espíritu Santo leo: El Espíritu Santo consolador, que enviará mi Padre en mi nombre; y también : Cuando me vaya, os lo enviaré, que sin duda se refiere al Espíritu Santo. En cambio, en ninguna parte leo que el Padre, aun cuando esté en todas partes, se halle personalmente en otro lugar que no sea el cielo. Así lo dice e Evangelio: Y mi Padre, que está en el cielo; y en la oración: Padre nuestro, que estás en los cielos



Capítulo 23

§ 1 Unde nimirum colligo, quod, quia Pater non descendit, Apostolus, ut eum videret, ad tertium caelum ascendere quidem non potuit, quo tamen se raptum memoravit. Denique: Nemo ascendit in caelum, nisi qui descendit de caelo. Et ne putes de primo dictum vel secundo, dicit tibi David: A summo caelo egressio eius. Ad quod iterum non subito raptus, non furtim sublatus, sed: Videntibus, inquit, illis id est Apostolis, elevatus est. Non sicut Elias, qui unum, non sicut Paulus, qui nullum, -vix enim vel seipsum testem aut arbitrum habere potuit, ipso perhibente: Nescio, Deus scit-, sed ut omnipotens, qui quando voluit descendit, quando voluit ascendit, pro suo arbitrio arbitros et spectatores, locum et tempus, diem et horam exspectans, videntibus illis, quos scilicet tanta visione dignatur, elevatus est.
De todo esto deduzco que, si el Padre no descendió, el Apóstol no pudo subir al tercer cielo para verlo; por eso recordó que había sido arrebatado. Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo. Y no pienses que habla del primer o del segundo cielo, ya que te dice David : Su salida es desde lo más alto del cielo. A este mismo lugar volvió Cristo, pero no fue arrebatado súbitamente ni trasladado a escondidas; lo vieron subir los apóstoles. No fue el caso de Elías, quien no tuvo más que un testigo; ni el de Pablo, que no tuvo ninguno; pues apenas él mismo pudo ser testigo o Juez, ya que dice: Yo no lo sé; Dios lo sabe. Cristo, como todopoderoso que era, bajó cuando quiso, subió cuando le plugo tuvo a bien esperar a que hubiese testigos y espectadores; eligió un lugar, un tiempo, un día y una hora concretos : Le vieron subir aquellos a los que quiso honrar con ese espectáculo.

§ 2 Raptus est Paulus, ratus est Elias, translatus est Enoch; Redemptor noster legitur elevatus, hoc est ex seipso levatus, non aliunde adiutus. Denique non currus vehiculo, non angeli adminiculo, sed propria virtute subnixum suscepit eum nubes ab oculis eorum. Cur hoc? An fessum iuvit? An pigrum impulsit? An cadentem sustinuit? Absit. Sed suscepit eum ab oculis carnalibus discipulorum, qui etsi Christum noverant secundum carnem, sed ultra iam non noscerent.Quos ergo ad primum caelum per humilitatem Filius vocat, hos in secundo per caritatem Spiritus aggregat, ad tertium per contemplationem Pater exaltat. Pablo y Elías fueron arrebatados; Enoc fue trasladado. De nuestro Redentor se dice que subió, es decir, que ascendió sin ayuda alguna. Sin ayuda e carros o de ángeles. Una nube lo ocultó a sus ojos. ¿Qué sentido tiene la nube? ¿Estaba cansado y necesitaba su ayuda? ¿Tal vez se sentía apático y la nube lo empujó? ¿Acaso se caía y la nube le sirvió de apoyo? Nada de eso. Lo que ocurrió fue que la nube lo ocultó a los ojos carnales de sus discípulos. Hasta entonces habían conocido a Cristo según la carne; en adelante, no deberán conocerle de esa forma. Por tanto, a los que el Hijo llama por la humildad al primer cielo, el Espíritu los reúne en el segundo por la caridad; y el Padre los exalta al tercer cielo por la contemplación.
§ 3 Primo humiliantur in veritate, et dicunt: In veritate tua humiliasti me. Secundo congaudent veritati, et psallunt: Ecce quam bonum et quam iucundum, habitare fratres in unum, de caritate quippe scriptum est: Congaudet autem veritati. Tertio ad arcana veritatis rapiuntur, et aiunt: Secretum meum mihi, secretum meum mihi.

Primero se humillan en la verdad, y dicen: Me humillaste en tu verdad. Después se alegran de la verdad, y cantan: ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos; pues de la caridad se ha escrito: Simpatiza con la verdad. En tercer lugar son arrebatados hasta los arcanos de la verdad, y dicen: Mi secreto para mí, mi secreto para mí.



Capítulo 24

§ 1 Sed quid ego miser, superflua magis loquacitate quam spiritus vivacitate, duos caelos superiores percurro, qui manibus pedibusque repens adhuc sub inferiore laboro? Ad quod tamen iam, ipso iuvante, quo et vocante, mihi scalam erexi. Illic siquidem iter est, quo ostendat mihi salutare Dei. Iam Dominum desuper innixum suspicio, iam ad vocem Veritatis exsulto. Vocavit me, et ergo respondi illi: Operi manuum tuarum porriges dexteram.
Y ¿cómo yo, miserable, presumo atravesar los dos cielos superiores y decir palabras vanas que ni yo mismo entiendo? Todavía voy arrastrándome por el más inferior de los tres. Para subir a este cielo inferior he levantado una escalera con la ayuda de Dios, que allí me llama. Ese es el camino que me lleva a la salvación eterna. Levanto los ojos hacia el Señor, que está en lo más alto. Exulto al oír la voz de la Verdad. El me ha llamado, y yo le he respondido: Extiendes tu mano derecha hacia la obra de tus manos.
§ 2 Tu quidem, Domine gressus meos dinumeras, sed ego lentus ascensor, fessus viator, diverticula quaero. Vae mihi, si tenebrae me comprehendant, aut si mea fuga fiat in hieme, vel in sabbato, dum nunc ad lucem, cum tempus acceptabile et dies salutis sunt, proficisci dissimulo. Quid moror? Ora pro me, fili, frater, socie, et particeps profectus mei, si quis es, in Domino. Ora Omnipotentem, quatenus sic pigrum roboret pedem, ut tamen non veniat mihi pes superbiae. Etsi enim pes piger, ut ad veritatem ascendat, idoneus non est; tolerabilior est tamen isto, qui in ea stare non potest, ut habes ibi: Expulsi sunt, nec potuerunt stare.
Tú, Señor, cuentas mis pasos. Yo subo lentamente; camino jadeante; busco otro sendero. ¡Desgraciado de mí si me sor prenden las tinieblas, si mi huida es en invierno o en sábado! Ahora es el tiempo favorable y el día de la salvación, y evito caminar hacia la luz. ¿Por qué me retraso? Ruega por mí, hijo, hermano, amigo mío, y suplica al Todopoderoso, para que afiance el pie indolente y no me alcancen los pasos de la soberbia. Si el paso indolente no es apto para subir a la verdad, es, con todo, más soportable que el aso de la soberbia, como está escrito: Derribados, no se pueden levantar.


Capítulo 25

§ 1 Et hoc quidem de superbis. Sed quid de illorum capite? Quid de illo, qui dicitur rex super omnes filios superbiae? Et ipse, inquit, in veritate non stetit. Et alibi: Videbam Satanam cadentem de caelo. Quare hoc, nisi propter superbiam? Vae mihi, si et me viderit, qui alta a longe cognoscit, superbientem: et illam in me terribilem intonet vocem: “Tu quidem filius Excelsi eras, sed sicut homo morieris, et sicut unus de principibus cades”. Quis non ab huius tonitrui voce formidet? O quam salubrius ad tactum. Angeli nervus femoris Iacob emarcuit, quam angeli superbientis intumuit, evanuit, ruit. Utinam et meum nervum Angelus tangat ut marcescat, si forte ex hac infirmitate incipiam proficere, qui ex mea firmitate non possum nisi deficere. Lego profecto: Quod infirmum est Dei, fortius est hominibus.
Esto se ha dicho de los soberbios. Pero ¿qué diremos del jefe de todos ellos, es decir, de aquel que es llamado rey de todos los hijos de la soberbia? El mismo Señor dice: No aguantó en la verdad; y en otro lugar: Yo veía a Satanás caer del cielo. Y ¿por qué, sino por la soberbia? Desgraciado de mí si el Señor, que de lejos conoce al soberbio, advierte que me he ensoberbecido; me lanzará aquellas terribles palabras : Tú eras hijo del Altísimo, pero morirás como uno de tantos, caerás como todos los principies.¿Quién no temblará ante el fragor de este trueno? ¿Cuánto más provechoso fue que el ángel tocase la articulación del muslo de Jacob y se la dejase tiesa, frente a la hinchazón, la perdición y la caída del ángel soberbio! ¡Ojalá que el ángel toque también mi articulación y la ponga rígida! A ver si yo, que con mi fortaleza lo único que puedo hacer es caer, empiezo a aprovecharme de esta debilidad. Leo en efecto: La debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.
§ 2 Sic quoque Apostolus de suo nervo conquestus, quem angelus non Domini, sed Satanae colaphizabat, responsum audivit: Sufficit tibi gratia mea, nam virtus in infirmitate perficitur. Quae virtus? Ipse Apostolus respondeat: Libenter gloriabor in infirmitatibus meis, ut inhabitet in me virtus Christi. Sed nondum forsitan intelligis, de qua specialiter dixerit, quia Christus omnes virtutes habuit. Sed cum omnes habuerit, prae omnibus tamen unam, id est humilitatem, nobis in se commendavit, cum ait: Discite a me, quia mitis sum et humilis corde.
El Apóstol se lamentaba de la rigidez de su articulación. La razón era que el mismo Satanás le abofeteaba, y no un ángel del Señor. Pero Pablo escuchó esta respuesta: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad. ¿Qué tipo de fuerza? Que nos lo diga el mismo Apóstol: Con muchísimo gusto presumiré de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Tal vez aún no entiendes bien de qué fuerza habla en concreto, ya que Cristo las tuvo todas. A pesar de ello, en su expresión aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, nos recomendó una sobre todas: la humildad.



Capítulo 26

§ 1 Libenter igitur et ego, Domine Iesu, gloriabor, si potero, in mea infirmitate, in mei nervi conctractione, ut tua virtus, id est humilitas, perficiatur in me. Nam Sufficit mihi gratia tua, cum defecerit virtus mea. Pedem profecto gratiae fortiter figens, et meum, qui infirmus est, leniter trahens, securus ascendam per scalam humilitatis, donec veritati adhaerens, ad latitudinem transeam caritatis. Tunc psallam cum gratiarum actione, et dicam: Statuisti in loco spatioso pedes meos. Sic arcta via cautius strictim inceditur, sic ardua scala tutius pedetentim ascenditur, sic miro modo ad veritatem, licet pigrius, tamen firmius claudicando acceditur. Sed heu mihi, quia incolatus meus prolongatus est! Quis dabit mihi pennas sicut columbae, quibus celerius volem ad veritatem, ut iam requiescam in caritate? Quae quoniam desunt, deduc me, Domine, in via tua, et ingrediar in veritate tua, et verita liberabit me. Vae mihi quod de illa descendi. Nisi enim prius leviter, inaniter descendissem, in ascendendo tamdiu, tam graviter non laborassem.
Señor Jesús, también yo, con muchísimo gusto, me gloriaré, si lo permite mi debilidad, en la rigidez de mi articulación, para que tu fuerza, la humildad, llegue en mí a su perfección; pues cuando mi fuerza desfallece, me basta tu gracia. Apoyando con fuerza el pie de la gracia y retirando con suavidad el mío, que es débil, subiré seguro por los grados de la humildad; hasta que, adhiriéndome a la verdad, pase a los llanos de la caridad. Entonces cantaré con acción de gracias y diré: Has puesto mis pies en un camino ancho. Así se avanza con mucha precaución; se sube peldaño a peldaño la difícil escalera, hasta que, incluso arrastrándose o cojeando en la misma seguridad, se logra la verdad. Pero ¡desgraciado de mí! Mi destierro se ha prolongado. ¿Quién me diera alas de paloma para volar raudamente hacia la verdad y hallar el reposo en la caridad? Pero como no las tengo, enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; y la verdad me hará libre. ¡Pobre de mi, que he bajado desde esa altura! Si por ligereza y dejadez no hubiese bajado, no tendría ahora que afanarme con tanto tesón para subir, y tan lento.
§ 2 Sed quid dico: “descendi”? Nam fortasse rectius “cecidi” dixerim. Nisi quia forte, sicut nemo repente fit pessimus, sed paulatim descendit. Alioquin quomodo stabit illud: Impius cunctis diebus vitae suae superbit? Denique sunt viae, quae videntur hominibus bonae et tamen ad malum deducunt.
Y ¿por qué digo que he bajado? Sería mucho más acertado decir que caí. Es cierto que, así como nadie sube a lo más alto de re ente, sino que avanza paso a paso, del mismo modo nadie se hace un malvado de la noche al día. Se va bajando poco a poco. Si en la vida se procediera de otra forma, ¿cómo podría afirmarse que el malvado se ensoberbece todos los días de su vida, y que hay caminos que parecen derechos, pero llevan a la perdición?




Capítulo 27

§ 1 Est ergo via descensionis, sicut et ascensionis. Et via est ad bonum, et via est ad malum. Cave malam, elige bonam. Si per te non potes, ora cum Propheta, et dic: Viam iniquitatis amove a me. Quomodo? Et lege tua miserere mei, illa scilicet lege, quam dedisti delinquentibus in via, id est derelinquentibus veritate, de quibus unus ego sum, qui vere a veritate cecidi. Sed numquid qui cadit, non adiciet ut resurgat? Propter hoc viam veritatis elegi, qua humiliatus ascendam, unde superbiendo descendi.

Hay un camino hacia arriba y otro hacia abajo. Un camino que lleva al bien; y otro, al mal. Guárdate del mal camino y elige el bueno. Si te sientes incapaz, suplica con el profeta y di: Apártame del camino falso. ¿De qué manera? Y dame la gracia de tu ley; de aquella ley que diste a los que pecan en el camino, a los que abandonan la verdad. Uno de ellos soy yo, que he caído e la verdad. Entonces, el que cae, ¿no podrá levantarse? Por eso escogí el camino de la verdad para subir hasta la cima desde donde caí por mi soberbia.
§ 2 Ascendam, inquam, et psallam: Bonum nihi, Domine, quos humiliasti me; bonum mihi lex oris tui super millia auri et argenti. Duas tibi vias videtur David proposuisse, sed unam noveris esse; ipsam tamen a se diversam, et diversis nominibus appellatam, aut iniquitatis propter descendentes, aut veritatis propter ascendentes, quia et iidem gradus sunt ascendentium in solum et decendentium, et eadem via accedentium ad civitatem et recedentium, et unum ostium est ingredientium domum et egredientium. Per unam denique scalam ascendentes angeli et descendentes Iacob apparuerunt. Quo spectant haec? Ut videlicet si ad veritatem redire cupis, non necesse sit viam quaerere novam quam non nosti, sed notam qua descendisti: quatenus reciprocis gressibus tua ipse vestigia sequens, per eosdem gradus humiliatus ascendas, per quos superbiendo descenderas, ita ut qui duodecimus superbiae fuit descendenti, primus humilitatis sit ascendenti; undecimus, inveniatur secundus; decimus, tertius, nonus, quartus; octavus; quartus, nonus; tertius, decimus; secundus, undecimus; primus, duodecimus. Subiré y cantaré: Me estuvo bien la humillación. Más prefiero yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Puede parecerte que David propone dos caminos , pero fíjate y verás que es uno sólo con nombres distintos. Se llama iniquidad para los que bajan, y verdad ara los que suben. Los peldaños son idénticos para los que su en al trono y para los que bajan. Uno es él camino para los que se acercan a la ciudad y para los que la abandonan. Y una es la puerta para las que entran en la casa y para los que de ella salen. Jacob vio en sueños que por una misma rampa subían y bajaban ángeles. ¿Qué quiere decir todo esto? Si quieres volver a la verdad, no necesitas buscar un camino nuevo, desconocido. Te basta el mismo por el que has bajado. Ya lo conoces. Desandando el mismo camino, sube, humillado, los mismos peldaños que has bajado ensoberbecido. Así, el que es duodécimo escalón de soberbia para el que baja, debe ser el rimero de humildad ara el que sube; el undécimo, el segundo; e décimo, el tercero; e noveno, el cuarto; el octavo, el quinto; el séptimo, el sexto; el sexto, el séptimo; el quinto, el octavo; el cuarto, el noveno; el tercero, el décimo; el segundo, el undécimo, y el primero, el duodécimo.
§ 3 Quibus superbiae gradibus in te inventis, immo recognitis, iam non laboras in quaerendo viam humilitatis.
Cuando hayas encontrado, aún más, reconocido en ti estos grados de soberbia, ya no tendrás que afanarte por encontrar el camino de la humildad.


PRIMUS SUPERBIAE GRADUS: CURIOSITAS PRIMER GRADO DE SOBERBIA : LA CURIOSIDAD
Capítulo 28
 
§ 1 Primus itaque superbiae gradus est curiositas. Hanc autem talibus indiciis deprehendes: si videris monachum, de quo prius bene confidebas, ubicumque stat, ambulat, sedet, oculis incipientem vagari, caput erectum, aures portare suspensas, e motibus exterioris hominis interiorem inmutatum agnoscas. Vir quippe perversus nuit oculo, terit pede, digito loquitur, et ex insolenti corporis motu, recens animae morbus deprehenditur, quam, dum a sui circumspectione torpescit incuria sui, curiosam in alios facit. Quia enim seipsam ignorat, foras mittitur, ut haedos pascat. Haedos quippe, qui peccatum significant, recte oculos auresque appellaverim, quoniam sicut mors per peccatum in orbem, sic per has fenestras intrat ad mente.

El primer grado de soberbia es la curiosidad. Puedes detectarla a través de una serie de indicios. Si ves a un monje que gozaba ante ti de excelente reputación, pero que ahora, en cualquier lugar donde se encuentra, en pie, andando o sentado, no hace más que mirar a todas partes con la cabeza siempre alzada, aplicando los oídos a cualquier rumor, puedes colegir, por estos gestos del hombre exterior, que interiormente este hombre ha sufrido un cambio. El hombre perverso y malvado guiña el ojo, mueve los pies y señala con el dedo. Por este inhabitual movimiento del cuerpo puedes descubrir la incipiente enfermedad del alma. Y el alma que, por su dejadez, se va entorpeciendo para cuidar de sí misma, se vuelve curiosa en los asuntos de los demás. Se desconoce a sí misma. Por eso es arrojada fuera para que apaciente a los cabritos. Con acierto llámanse cabritos, símbolos del pecado, a los ojos y a los oídos; porque, lo mismo que la muerte entró en el mundo por el pecado, así penetra por estas ventanas en el alma.
§ 2 In his ergo pascendis se occupat curiosus, dum scire non curat qualem se reliquerit intus. Et vere si te vigilanter, homo, attendas, mirum est si ad aliud umquam intendas. Audi, curiose, Salomonem; audi, stulte, Sapiente,: Omni custodia, inquit, custodi cor tuum, ut omnes videlicet sensus tui vigilent ad id, unde vita procedit, custodiendum. Quo enim a te, o curiose, recedis? Cui te interim committis? Ut quid audes oculos levare ad caelum, qui peccasti in caelum? Terram intuere, ut cognoscas te ipsum. Ipsa te tibi repraesentabit, quia terra es et in terram ibis. El curioso se entretiene en apacentar a estos cabritos, mientras que no se preocupa de conocer su estado interior. Si cuidas con suma atención de ti mismo, difícil será que pienses en cualquier otra cosa. ¡Curioso!, escucha a Salomón. Escucha, necio, al sabio: Por encima de todo guarda tu corazón; y todos tus sentidos vigilarán para guardar aquello de donde brota la vida. ¡Curioso!, ¿adónde vas cuando te alejas de ti?; ¿a quién te confías durante ese tiempo?; ¿cómo te atreves a levantar los ojos al cielo, tú que pecaste contra el cielo? Clava tus ojos en tierra para que te conozcas. La tierra te dará tu propia imagen; porque eres tierra y a la tierra has de volver.



Capítulo 29

§ 1 Duabus tamen causis inculpabiliter oculos levas, ut vel petas auxilium, vel impendas. Levavit oculos suos David in montes, ut peteret; levavit et Dominus super turbas, ut impenderet: alter miserabiliter, alter misericorditer, ambo inculpabiliter. Tu quoque si locum, tempus et causam considerans, tua vel fratris necessitate oculos levas, non solum non culpo, sed et plurimum laudo. Hoc enim excusat miseria, illud commendat misericordia. Sin alias, non Prophetae, non Domini, sed Dinae aut Evae, immo ipsius Satanae imitatorem te dixerim.
Sin embargo, por dos motivos se te permite levantar los ojos sin cometer la menor falta: para pedir auxilio y para ofrecerlo. David levantó los ojos a los montes para pedir auxilio. El Señor los levantó sobre las turbas para compadecerte. El uno lo hizo por su miseria; el otro, por su misericordia. En ninguno de los dos se halló rastro de falta. Si tú, considerando el lugar, el tiempo y la causa, levantas los ojos por tu propia necesidad o por la de tu hermano, no sólo no te considero culpable, sino que te alabo sobremanera; pues la miseria excusa o primero, y la misericordia recomienda lo segundo. Si, en cambio, lo haces por otro motivo, pensaré de ti que eres imitador, no del profeta ni del Señor, sino de Dina o de Eva, e incluso del mismo Satanás.
§ 2 Dina namque, dum ad pascendos haedos egreditur, ipsa patri, et sua sibi virginitas rapitur, O Dina, quid necesse est ut videas mulieres alienigenas? Qua necessitate? Qua utilitate? An sola curiositate? Etsi ut otioso videris. Tu curiose spectas, sed curiosius spectaris. Quis crederet tunc illam tuam curiosam otiositatem, vel otiosam curiositate, fore post sic non otiosa, sed tibi, tuis, hostibusque tam perniciosam?
Dina salió a apacentar los cabritos, fue raptada a su padre y perdió su virginidad. Dina, ¿por qué tuviste que ir a curiosear mujeres extranjeras?; ¿qué necesidad, qué utilidad se te imponía?; ¿fue por pura curiosidad? Tú miras con ingenuidad; otros te miran con malicia. Tú contemplas con curiosidad, pero otros te contemplan con otra curiosidad superior. ¿Quién iba a pensar entonces que aquella tu curiosa inocencia, o tu inocente curiosidad, iba a ser no sólo ociosa, sino muy perniciosa para ti, para los tuyos y para los enemigos?


Capítulo 30

§ 1 Tu quoque, o Eva, in paradiso posita es, ut cum viro tuo opereris et custodias illum, si iniunctum perfeceris, quandoque transitura ad melius, ubi nec opus sit te in aliquo opere occupari, nec de custodia sollicitari. Omne lignum paradisi ad vescendum tibi conceditur, praeter illud quod dicitur scientiae boni et mali. Si enim cetera bona sunt et sapiunt bonum, quid opus est edere de ligno, quod sapit etiam malum? Non plus sapere, quam oportet sapere. Sapere enim malum, sapere non est, sed desipere. Serva ergo commissum, exspecta promissum; cave prihibitum, ne perdas concessum.
Eva, tú vas a vivir en el paraíso, para cultivarlo y guardarlo en compañía de tu marido. Si cumples lo ordenado, pasarás a otro lugar mejor, donde ya no tendrás que ocuparte de trabajo al uno ni de preocuparte por cuidarlo. Se te permite comer de todos los árboles del paraíso, excepto del llamado de la ciencia del bien y del mal. Si los frutos de los demás árboles son buenos y saben bien, ¿qué te mueve a comer del árbol que sabe mal? No se debe saber más de lo que conviene. Probar el mal no es saborearlo, sino haber perdido el gusto. Guarda bien lo que se te ha confiado; espera o prometido. Evita lo prohibido, no sea que pierdas lo que ya posees.
§ 2 Quid tuam mortem tam intente intueris? Quid illo tam crebro vagantia lumina iacis? Quid spectare libet, quod manducare non licet? “Oculos”, inquis, “tendo, non manum. Non est interdictum ne videam, sed ne comedam. An non licet oculos quo volo levare, quos deus in mea posuit potestate”?Ad quod Apostolus: Omnia mihi licent, sed non omnia expediunt. Etsi culpa non est, culpae tamen indicium est. Nisi enim mens minus se curiose servaret, tua curiositas tempus vacuum non haberet. Etsi culpa non est, culpae tamen occasio est, et indicium commissae, et causa est committendae.
¿Por qué te obsesionas con tu propia muerte? ¿Por qué diriges con tanta frecuencia tus ojos inquietos hacia ese árbol? ¿Por qué te agrada mirar lo que no se puede comer? Tú me respondes: sólo me acerco con los ojos, no con las manos. No se me ha prohibido mirar, sino comer. ¿Es que no puedo levantar hacia donde quiera estos dos ojos que Dios ha dejado a mi libertad? El Apóstol responde: Todo me está permitido, pero no todo me aprovecha. No es pecado; pero es síntoma de pecado. Si tu alma se mantiene alerta, la curiosidad no encontrará momentos ociosos. Esto tampoco es pecado, pero te hace propenso a faltar. Es indicio del pecado que se ha cometido y causa del que se va a cometer.

§ 3 Te enim intenta ad aliud, latenter interim in cor tuum serpens illabitur, blande alloquitur. Blanditiis rationem, mendaciis timorem compescit: “Nequaquam”, inquiens, “morieris”. Auget curam, dum incitat gulam; acuit curiositate, dum suggerit cupiditatem. Offert tandem prohibitum, et aufert concessum: porrigit pomum, et surripit paradisum. Hauris virus peritura, et perituros paritura. Perit salus, non destitit partus. Nascimur, morimur: ideoque nascimur morituri, quia prius morimur nascituri. Propterea grave iugum super omnes filios tuos usque in hodiernum diem.
Cuando miras con ansiedad hacia el árbol prohibido, la serpiente se introduce a hurtadillas en tu corazón y te habla con lisonjas; ahoga tu corazón con halagos y disipa con mentiras tu temor sugiriéndote este retintín: ¿Morir?, ¡en absoluto! Te excita la gula para que hiervas en ansiedad; agudiza la curiosidad con la sugestión el deseo. Te ofrece lo prohibido y te arrebata lo que ya tienes. Te da una manzana y te roba el paraíso. Por tragarte el veneno, morirás y darás a luz a los que han de morir. Se perdió la salvación, pero los hombre siguen naciendo. Nacemos y morimos. Nacemos para morir, porque morimos antes de nacer Este es el yugo pesado que oprime a tus hijos hasta el día de hoy.



SENTENTIA EIUSDEM DE APOSTATA SERAPHIM, NON A DOCTORIBUS ASSUMPTA, SED AB IPSO SCRIPTORE INVENTA. SENTENCIA SOBRE EL SERAFIN APOSTATA, NO TOMADA DE LOS DOCTORES, SINO INVENTADA POR EL MISMO ESCRITOR.
Capítulo 31
 
§ 1 Sed et tu, signaculum similitudinis, non in paradiso, sed in deliciis paradisi Dei positus es. Quid amplius quaerere debes? Plenus ergo sapientia et perfectus decore, altiora te ne quaesieris et fortiora te ne scrutatus fueris. Sta in te, ne cadas a te, si ambulas in magnis et in mirabilibus super te. Sed quid interim ex obliquo intendis ad aquilonem? Iam te video, iam te perspicio nescio quae supra te curiosius alta rimantem. Ponam, inquis sedem meam ad Aquilonem. Ceteris astantibus caelicolis, dum tu sedere solus affectas, fratrum concordiam, totius caelestis patriae pacem ipsius, quantum in te est, quietem Trinitatis infestas.
Y tú, sello de la divina semejanza, que no has vivido en el paraíso, pero que has poseído las delicias del paraíso de Dios, ¿qué más puedes desear? Estás lleno de sabiduría y es perfecta tu belleza. No pretendas lo que te sobrepasa ni escudriñes lo que se te esconde. Acéptate a ti mismo. No pierdas lo que eres pretendiendo grandezas que superan tu capacidad. ¿Por qué miras de soslayo hacia el Aquilón? Veo que aspiras con demasiado empeño a cosas que te sobrepasan. Pondré mi trono, dice, hacia el Aquilón. Todos los demás habitantes del cielo se mantienen en pie, en sus puestos, mientras que sólo tú pretendes sentarte y perturbas la concordia de los hermanos, la paz de toda la patria celestial y, en cuanto depende de ti, hasta el reposo de la misma Trinidad.

§ 2 Quo te tua, miser curiositas ducit, ut praesumptione singulari non dubites civibus scandalum, iniuriam facere Regi? Millia millium ministrant ei, et decies centena millia assistunt ei, ubi nemo sedere perhibetur, nisi solus is qui sedet super Cherubim, cui a ceteris ministratur; et tu nescio quae prae ceteris differentius prospiciendo, curiosius inquirendo, irreverentius, pervadendo, sedem tibi collocas in caelo, ut sis similis Altissimo? Quo fine? Qua fiducia? Metire, insipiens, vires pensa finem, excogita modum Sciente hoc Altissimo praesumis, an nesciente? Volente, an nolente? Sed quomodo malum quodcumque machinaris, aut velle, aut ignorare potest, cuius optima voluntas, cuius perfecta scientia est? Numquid autem et scire, et nolle non dubitas, sed non posse resistere putas? At vero nisi te conditum esse dubitaveris, dubitare te non crediderim de omnipotentia, sive de omnimoda scientia ac bonitate Conditoris, qui te de nihilo potuit, talem scivit, tantum condere voluit. Quomodo ergo Deum consentire aestimas, quod fieri nolit, ac refellere possit?
¿Adónde te lleva, miserable, tu ambición? Movido por una presunción sin igual, no tienes reparo en escandalizar a los ciudadanos y en injuriar al Rey. Miles y miles le sirven; millones están a sus órdenes; allí nadie aparece sentado, sino sólo el que se sienta sobre querubines y a quien todos le sirven. Pero tú, no sé qué ves que no ven los demás; lo examinas sin reparos, lo escudriñas sin la menor reverencia te levantas un trono en el cielo pretendiendo ser igual al Altísimo. Y ¿para qué lo haces?; ¿en quién confías? ¡Insensato!, mide tus fuerzas; sopesa el desenlace; piensa el modo de llevarlo a cabo. ¿Presumes tramar todo esto a sabiendas o a espaldas del Altísimo ?; ¿con su beneplácito o sin él? Aquel cuya voluntad es insuperable y cuya ciencia es perfecta, ¿cómo va a ignorar todo e mal que estás maquinando? ¿Acaso estás convencido de que sabe, pero no quiere y que es incapaz de oponerse? Si todavía te aceptas como criatura, no te atrevas a dudar de la omnipotencia o de la ciencia y bondad infinita del Creador, que quiso, supo y pudo crearte de la nada, tal cual eres. ¿Cómo se te ocurre pensar que Dios va a consentir lo que no quiere y puede impedir?
§ 3 An forte in te video compleri, immo a te initiari, quod post te ac per te a tui similibus in terris frequentatum solet vulgariter dici: Privatus dominus temerarios nutrit? An oculus tuus nequam est, quia ille bonus? De cuius bonitate dum fiduciam nefariam sumis, factus es et contra scientiam impudens, et contra potentiam audax.
Me parece que se está cumpliendo en ti, más aún, me parece que eres el pionero de lo que después de ti suelen decir quienes siguen tu ejemplo: ¿Acaso un señor cría pérfidos en su propia casa? ¿O es que tú ves con malos ojos el que él sea bueno? Al abusar temerariamente de su bondad te vuelves descarado contra su ciencia y osado contra su poder.



Capítulo 32

§ 1 Hoc est enim, o impie, hoc est quod cogitas; haec est iniquitas, quam meditaris in cubili tuo, et dicis: “Putas Creator opus suum destruat”? Scio quidem quia non latet Deum qualiscumque cogitatio mea: Deus enim est. Nec placet ei talis cogitatio mea, quia bonus est. Sed nec si velit, ego effugiam manus eius, quia potens est. Numquid tamen mihi timendum est? Si enim cum bonus sit, non potest illi placere malum meum, quanto minus suum? Meum quippe dixerim contra eius voluntatem aliquid velle; suum autem, si vindicet sese. Tam ergo quodcumque scelus non valet velle ulcisci, quam nec vult, nec valet sua bonitate privari. Fallis te, miser, fallis te, non Deum. Te, inquam, fallis, et mentitur iniquitas sibi, non Deo. Dolose quidem agis, sed in conspectu eius. Te ergo fallis, non Deum. Et quia de magno eius bono in te, tu magnum in eum excogitas malum, merito iniquitas tua invenitur ad odium.
Esto es, miserable, esto es lo que piensas. Este es el crimen que planeas en tu lecho, y dices: ¿Es que el Creador va a destruir la obra de sus manos? Sé muy bien que a Dios no se le oculta ninguno de mis pensamientos, porque es Dios. Sé que no le agrada este pensamiento mío, porque Dios es bueno. Sé también que, si El quiere, yo no puedo escapar de sus manos, porque es poderoso. Pero ¿tendré que temerlo? Si por ser bueno no puede agradarle mi mal, ¿cuánto menos el suyo? Mi mal consiste en querer algo contra su voluntad. Su mal, en vengarse. Por la misma razón de que ni quiere ni puede ser privado de su bondad, tampoco puede querer vengarse del mal. Te engañas, miserable, te engañas a ti mismo, no a Dios. Te engañas, repito; y la iniquidad miente contra sí misma, no contra Dios. Actúas dolosamente, y en su presencia. Por eso te engañas a ti mismo, no a Dios. Como correspondencia a un bien tan inmenso, maquinas un mal tan enorme contra El. Con razón tu iniquidad te atrae el odio de Dios.
§ 2 Quae namque maior iniquitas, quam ut inde Creator a te contemnatur, unde plus amari merebatur? Quae maior iniquitas, quam cum de potentia Dei non dubites, quin te scilicet destruere possit, qui condere potuit, confisus tamen de multa eius dulcedine, qua speras eum nolle vindicare cum possit, mala pro nobis, odium retribuas pro dilectione? ¿Se puede dar mayor perversidad que despreciar a Dios en aquello en lo que merece ser más amado? No dudas del poder de Dios, siempre capaz de crearte y destruirte; y, sin embargo qué actitud tan reprobable la tuya cuando abusas de su inmensa bondad, pensando que no se alzará en venganza si le devuelves mal por bien y odio por amor.




San Bernardo de Claraval






Capítulo 33

§ 1 Haec, in quam, iniquitas, non ira momentanea, sed odio digna est sempiterno, qua tuo dulcissimo et altissimo Domino, licet invito, desideras tamen ac speras aequari, quatenus semper videat quod doleat, dum te socium habeat cum nolit, nec deiciat cum possit; quin potius eligat ipse dolere, quam te patiatur perire; possit quidem deicere si velit, sed prae dulcedine, ut aestimas, velle non possit. Certe si talis est qualem putas, tanto nequius agis, si non amas. Et si ille aliquid fieri patitur contra se, potius quam ipse aliquid faciat contra te, quanta malitia est, ut vel tu non parcas illi, qui sibi non parcit, parcendo tibi?
Tal perversidad merece no una ira momentánea, sino un odio eterno, porque deseas y pretendes equipararte a tu dulcísimo y altísimo Señor. El tiene que aguantarte y no te despide de su vista, pudiendo hacerlo. Prefiere soportar lo que le desagrada a sufrir tu ruina. No le cuesta nada hundirte; pero tú piensas que su condescendencia no puede permitirlo. Si Dios es tal y como tú piensas, tu perversión y tu falta de amor son enormes. Y si El prefiere sufrir algo contra sí mismo antes de ocasionarte algún mal, ¡qué malicia tan enorme la tuya v qué insensible eres con ese Señor que, al perdonarte, no se perdona a sí mismo!
§ 2 Absit tamen ab eius perfectione, ut qua dulcis est, iustus non sit, quasi simul dulcis et iustus esse non possit, cum melior sit iusta dulcedo quam remissa, immo virtus non sit dulcedo sine iustitia. Quia igitur gratuitae Dei bonitati, qua gratis factus es, ingratus exsistis, iustitiam vero quam expertus non es, non metuis; ideoque audacter committis culpam, de qua tibi falso promittis impunitatem. Iam ecce iustum senties, quem bonum nosti, cadens in foveam, quam paras auctori, ut dum scilicet talem in eum poenam machinaris, qua tamen valeat carere, si velit, sed, ut putas, non valeat velle, et ideo nec carere ea utique bonitate, qua neminem expertus es illum punisse: A pesar de todo, su perfección no le impide ser bueno y justo a la vez; como si no pudiera ser al mismo tiempo bueno justo. La bondad auténtica se apoya en la justicia, no en la debilidad. Aún más, la dulzura sin la Justicia no es virtud. Eres un ingrato, porque existes gracias a la bondad gratuita de Dios; en ella has sido creado gratuitamente. No temes la justicia que todavía no has experimentado; y te entregas apasionado a la maldad, de la que falsamente pretendes quedar impune. Ya llegará el momento en que experimentarás cuán justo es Aquel que has conocido como bueno. Entonces caerás en la fosa que preparaste para tu Creador. Tramas una ofensa. El la podría esquivar si quisiera. Mas, según tus criterios, es incapaz de quererlo. Y su bondad le impide castigar.
§ 3 talem iustus Deus iustissime in te retorqueat poenam, qui nec valet, nec debet pati suam impune bonitatem offendi, sic utique temperans in vindicta sententiam, ut, si velis resipiscere, non neget veniam, secundum tamen duritiam tuam et cor impaenitens, non possis velle, et ideo nec poena carere.
El Dios justo, que ni puede ni debe permitir que su bondad sea impunemente ofendida, hará caer, con toda justicia, todo el peso e tu maldad contra ti. Pero moderará de tal modo la sentencia dada en su propia defensa, que, si quieres enmendarte, no te negará el perdón. Sin embargo, dada tu obstinación y tu corazón impenitente, no podrás querer. Cargarás siempre con el castigo.

Capítulo 34

§ 1 Se iam audi calumniam: Caelum, inquit mihi sedes est, terra autem scabellum pedum meorum. Non dixit “Oriens” aut “Occidens” aut una aliqua caeli plaga, sed “totum caelum mihi sedes est”. Non potes ergo in parte sedere caeli, cum ille totum elegerit sibi. In terra non potes, quia pedum eius scabellum est. Terra etenim locus solidus est, ubi sedet Ecclesia, fundata supra firmam petram Quid facies? E caelo pulsus, in terris remanere non potes. Elige ergo tibi in aere locum, non ad sedendum, sed ad volandum, ut qui tentasti concutere statum aeternitatis, poenam sentias propriae fluctuationis. Te ergo fluctante inter caelum et terram sedet Dominus super solium excelsum et elevatum, et plena est omnis terra maiestate eius, ut nusquam nisi in aere invenias locum. Escucha ahora este enorme embuste: El cielo es mi trono; la tierra, el estrado de mis pies. No dijo “el Oriente” o “el Occidente” o cualquiera otra parte del cielo, sino “mi trono es todo el cielo”. No puedes sentarte en parte alguna del cielo. El lo eligió todo para sí. Tampoco puedes hacerlo en la tierra; es el estrado de sus pies. La tierra es un lugar sólido, donde se asienta la Iglesia fundada sobre la roca firme. ¿Qué vas a hacer? Has sido expulsado del cielo y no te puedes quedar en la tierra. Búscate un lugar en el aire, no para sentarte, sino para volar. Entonces sentirás el castigo de una incesante inestabilidad, tú, que has intentado turbar la quietud de la eternidad. Mientras andas fluctuando entre cielo y tierra, el Señor se sienta sobre un trono elevado y excelso; y toda la tierra está llena de su majestad. No encontrarás lugar más que en el aire.


Capítulo 35

§ 1 Seraphim namque aliis quidem alis suae contemplationis de throno ad scabellum, de scabello ad thronum volantia, aliis caput Domini pedesque velantia, ad hoc ibi posita puto, ut sicut peccanti homini paradisi per Cherubim prohibetur ingressus, ita et per Seraphim suae curiositate modus imponatur, quatenus nec caeli iam magis impudenter quam prudenter arcana rimeris, nec Ecclesiae mysteria cognoscas in terris, sed solis contentus sis cordibus superborum, qui nec in terra esse dignantur sicut ceteri hominum, nec sicut angeli volant ad caelum. Los serafines, con las alas de su contemplación, vuelan desde el trono al estrado desde el estrado al trono; con las alas restantes, cubren la cabeza y los pies del Señor. Pienso que se les ha asignado este lugar con un fin concreto. Como un querubín impedía al hombre entrar en el paraíso, un serafín cercena tu curiosidad. A partir de ahora no volverás a escudriñar, con tanto descaro y con tan poco recato, los secretos del cielo; ni tampoco podrás conocer los misterios de la Iglesia en la tierra. Tan sólo vas a sentirte satisfecho entre los corazones soberbios, que no se acomodan en la tierra como los demás ni vuelan hacia el cielo como los ángeles
§ 2 Licet vero et caput in caelo, et pedes in terra a te abscondantur, quiddam tamen tibi medium videndum ad invidendum dumtaxat permittitur, dum suspensus in aere, descendentes quidem per te et ascendentes angelos intueris, sed quid vel audiant in caelis, vel nuntient terris, penitus nescis. Aunque en el cielo se te oculte a cabeza, y en la tierra los pies, se te permite ver algo de ese mundo medio para excitar tu envidia. Mientras te encuentras suspendido en el aire, ves a los ángeles bajar y subir por ti, pero nada sabes de lo que ellos oyen en el cielo y de lo que anuncian en la tierra.


Capítulo 36

§ 1 O Lucifer, qui mane oriebaris, immo non iam lucifer, sed noctifer, aut etiam mortifer, rectus cursus tuus erat ab Oriente ad Meridiem, et tu praepostero ordine tendis ad Aquilonem? Quanto magis ad alta festinas, tanto celerius ad occasum declinas. ¡Oh Lucifer!, que despuntabas como el alba. Ahora ya no eres lucífero; eres noctífero y mortífero. Tu órbita fijada se extendía del Oriente al Mediodía. Pero tú, cambiando de dirección, ¿te diriges al Aquilón? Te apresuras en subir a las alturas; pero, vertiginoso, te hundes en las tinieblas del ocaso.
§ 2 Velim tamen curiosius, o curiose, intentionem tuae curiositatis inquirere. Ponam, inquis, sede meam ad Aquilonem. Nec Aquilonem hunc corporalem, nec sedem hanc, cum sis spiritus, intelligo materialem. Puto autem per Aquilonem, reprobandos homines fuisse designatos, per sedem potestatem in illos. Quos utique in praescientia Dei, quanto ei vicinior, tanto ceteris perspicacior praevidens nullo quidem sapientiae radio coruscantes, nullo spiritus amore ferventes, velut vacuum repereris locum, affectasti super illos dominium, quos quadam tuae astutiae claritate perfunderes, tuae malitiae aestibus inflammares, ut quomodo Altissimus sua sapientia ac bonitate omnibus filiis oboedientiae praeerat, ita et tu super omnes filios superbiae rex constitutus, tua eos astuta malitia ac ac malitiosa astutia regeres, per quod Altissimo similis esses. Sed miror, cum in praescientia Dei tuum praevideris principatum, cur non in eadem praevidisti et praecipitium? Nam si praevidisti, quae insania fuit, ut cum tanta miseria cuperes principari, ut malle misere praeesse, quam feliciter subesse? Aut non expediebat participem esse plagarum illarum luminosarum, quam principem tenebrarum harum? Sed credibilius est, quod non praevidisti: aut propter quod, o impie, Deum irritasti; aut quia, viso pricipatu, in oculo statim superbiae trabes excrevit, qua interposita casum videre non potuit.
Curioso, yo quisiera con todo detalle sondear los motivos de tu curiosidad. Pondré, dices, mi trono hacia el Aquilón. Y como tú eres espíritu, no se me ocurre pensar que ese Aquilón y ese trono sean algo material. Pienso más bien que en el Aquilón están representados todos los hombres que han de ser condenados; y en el trono, el dominio sobre ellos. Si la cercanía de Dios te ocasionaba una perspicacia sin igual, y veías en la presciencia divina que los réprobos no resplandecían con rayo alguno de sabiduría ni ardían en el amor del Espíritu, encontraste una especie de lugar vacío. Te propusiste dominar sobre ellos, cubrirlos con la claridad de tu astucia e inflamarlos en los ardores de tu maldad. Serías semejante al Altísima, que, con su sabiduría y bondad, estaba al frente de todos los hijos de obediencia. Pero tú, proclamado rey de todos los hijos de la soberbia, pensabas gobernarlos con tu astuta malicia y con tu maliciosa astucia. No concibo cómo, habiendo adivinado tu principado en la presciencia de Dios, no intuiste tu caída. Y si la intuiste, ¡qué locura la tuya!, ¿cómo se puede ambicionar un reino de tanta miseria y preferir una miserable realeza a una dichosa sumisión? ¿No es mejor participar en el esplendor de las galaxias que reinar en las tinieblas? Tal vez no calculaste bien, y probablemente por aquello a que acabo de referirme. Fijándote en la bondad de Dios, dijiste en tu corazón: No se entera. E irritaste a Dios,¡impío! O es posible que, al ver el Reino, se dilatara en tu ojo la viga de la soberbia y te impidió ver la ruina.


Capítulo 37

§ 1 Sic Ioseph, cum suam praevidisset exaltationem, non tamen praescivit sui venditionem, quamvis propior esset venditio quam exaltatio. Non quod tantum Patriarcham in superbiam crediderim incidisse, sed ut eius exemplo pateat, quod hi qui futura praevident per spiritum prophetiae, etsi non omnia, non ideo tamen putandi sunt nulla vidisse. Quod si quis contendat, in eo quod sua somnia adhuc adolescentulus narrabat, quorum tunc mysterium ignorabat, vanitatem posse notari, ego tamen mysterio magis sive simplicitati pueri de putandum arbitror, quam vanitati; quae tamen, si qua fuit, per ea quae passus legitur, potuit expiari.
También José adivinó su exaltación. No supo de antemano que iba ser vendido; e incluso era más inminente su traición que su exaltación. No quiero decir con esto que este gran patriarca hubiese caído en la soberbia. Pero su ejemplo nos enseña que quienes gozan del espíritu de profecía y adivinan los acontecimientos futuros pueden ver algo, aunque no en totalidad. Tal vez alguien se empeñe en sostener que la vanidad se manifiesta en el hecho de que, aun siendo adolescente, se entretenía en contar unos sueños cuyo misterio desconocía. Yo creo que tal actitud se centra en el ámbito del misterio, o de la ingenuidad infantil, más que en el de la vanidad. Y si acaso se deslizó algún destello de vanidad, bien pudo expiarla con todo lo que sufrió.
§ 2 Nonnullis enim aliqua aliquando de se per revelationem iucunda monstratur, quae etsi humanus animus absque ulla vanitate scire non potest, non minus ideo eveniet quod monstratum est, sic tamen ut illa vanitas impunita non sit, qua de magnitudine aut revelationis aut promissionis in se vel leviter exsultavit. Sicut enim medicus, non solum unguento, sed et igne utitur et ferro, quo omne quod in vulnere sanando superfluum excreverit, secet et urat, ne sanitatem, quae ex unguento procedit, impediat, sic medicus animarum Deus huiusmodi animae procurat tentationes, immittit tribulationes, quibus afflicta et humiliata, gaudium vertat in luctum, revelationem putet illusionem. Unde fit ut et vanitate careat, et veritas revelationis non pereat. Hay circunstancias en que reciben manifestaciones agradables y que el espíritu humano no puede acogerlas sin dejar de cumplirse el mensaje revelado. Cualquier tipo de vanidad que se apoya en la sublimidad de la revelación o de la promesa no quedará impune. Fijémonos en el médico. No se sirve sólo del ungüento; usa también el fuego y el bisturí. Con ellos quema y corta las excrecencias de la herida que va a curar para no impedir la terapia que produce el ungüento. Dios es el médico de las almas. Envía pruebas y tribulaciones al alma, que la afligen y humillan; convierte el gozo en llanto, y la verdad parece mera ilusión. Así se verá libre de la vanidad, y la verdad de la revelación no sufrirá menoscabo.
§ 3 Sic Pauli extollentia per stimulos carnis reprimitur, et ipse revelationibus crebris attollitur. Sic Zachariae infidelitas linguae obligatione mulctatur, et Angeli veritas suo in tempore manifestanda non mutatur. Sic, sic per gloriam et ignobilitatem sancti proficiunt, dum inter singularia dona quae recipiunt, gratiam supra se aliquid cernunt, non obliviscantur quod sunt. De esta forma, la vanagloria de Pablo se refrena con el aguijón de la carne; mientras que su persona es agraciada con frecuentes revelaciones. Lo mismo ocurre con la incredulidad de Zacarías. Fue castigado con la mudez; pero no por eso dejó de cumplirse la verdad del mensaje, que había de manifestarse a su tiempo. Así, así es como a través del honor y de la afrenta progresan los santos. Se sienten atraídos por la vanidad humana, y al mismo tiempo reciben gracias extraordinarias. No pueden olvidar lo que son cuando por el favor de Dios perciben algo que les sobrepasa.


Capítulo 38

§ 1 Sed quid de revelationibus ad curiositatem? De quibus, ut haec per excessum intermiscerem, inde sumpta occasio est, cum ostendere vellem, reprobum Angelum ante casum suum sic potuisse praevidere illam quam post accepit, in reprobos homines dominationem, ut tamen suam non praesciret damnationem. De quo etiam nonnullis quaestiunculis motis magis quam solutis, totius disputatiunculae haec summa sit: quod per curiositatem a veritate ceciderit, quia prius spectavit curiose, quod affectavit illicite, speravit paesumptuose. Iure igitur in gradibus superbiae primum curiositas vindicat sibi, quae etiam inventa est initium omnis esse peccati. Sed nisi haec citius cohibeatur, in levitatem animi, quae secundus gradus est, cito delabitur.
Pero ¿qué tienen que ver las revelaciones con la curiosidad? El motivo de intercalar aquí este asunto surgió cuando quise demostrar que el ángel réprobo, antes de su caída, pudo haber adivinado aquel señorío que luego recibió sobre los hombres reprobados; sin que por eso hubiese sabido con antelación su propia condena. Sobre este ángel hemos planteado algunas cuestiones sin importancia. No se han buscado tampoco soluciones. Sea ésta la conclusión de las últimas ideas: por la curiosidad salimos de la órbita de la verdad. Primero se mira con curiosidad lo que después se desea ilícitamente y se ansía con presunción. Con toda evidencia, la curiosidad reivindica para si el primero de los grados de soberbia, que, según el parecer de la gran mayoría, es fuente de todo pecado. Si no se reprime rápidamente, pronto se deslizará hacia la ligereza de espíritu, que es el segundo grado.


SECUNDUS GRADUS: DE LEVITATE ANIMI
SEGUNDO GRADO: LA LIGEREZA DE ESPIRITU

Capítulo 39

 
§ 1 Monachus enim, qui sui negligens, alios curiose circumspicit, dum quosdam suspicit superiores, quosdam despicit inferiores, et in aliis quidem videt quod invidet, in aliis quod irridet. Inde fit ut pro mobilitate oculorum levigatus animus, nulla utique sui cura aggravatus, modo per superbiam ad alta se erigat, modo per invidiam in ima demergat: nunc per invidiam nequiter tabescit, nunc pro excellentia pueriliter hilarescit. In altero nequam, in altero vanus, in utroque superbus exsistit, quia et quod superari se dolet, et quod superare se gaudet, amor propriae excellentiae facit.
El monje que no cuida de sí mismo, controla curiosamente a los demás. A los que ve superiores a él, los estima un poco; pero a los que considera inferiores, los desprecia. En los primeros ve cosas por las que se come de envidia; en los segundos, actitudes que le provocan irrisión. De aquí se sigue que el espíritu, zarandeado por esa incesante movilidad de los ojos, y totalmente ajeno al cuidado de sí mismo unas veces quiere encumbrarse por la soberbia y otras queda abatido hasta lo más profundo por la envidia. Tan pronto está lleno de maldad y se consume de envidia, para después reírse como un niño ante su propia gloria. La primera actitud respira maldad; la segunda, vanidad ; y ambas, soberbia. Porque el amor de la propia gloria es lo que le hace sentir dolor por lo que le supera y alegría de sentirse superior.
§ 2 Has autem animi vicissitudines nunc pauca et mordacia, nunc multa et inania, nunc risu, nunc luctu plena, semper vero irrationabilia indicant verba. Compara, si vis, hos duos primos superbiae gradus supremis duobus humilitatis, et vide si non in ultimo curiositas, in penultimo levitas cohibetur: idipsum in ceteris reperies, si alterutrum comparentur. Sed iam ad tertium docendo, non descendendo veniamus. Estos cambios de espíritu los manifiesta en el modo de hablar: unas veces es lacónico y mordaz; otras, locuaz y vano. Ahora revienta de risa, luego estalla en llanto, y siempre es un irreflexivo. Si quieres, compara estos dos grados de soberbia con los últimos de humildad fíjate cómo en el último se cercena la curiosidad; y en el penúltimo, la ligereza. Lo mismo observarás en los restantes grados si los comparas entre sí. Pero pasemos ya a explicar e tercer grado sin caer en él.


TERTIUS GRADUS: DE INEPTA LAETITIA
TERCER GRADO: LA ALEGRIA TONTA
Capítulo 40
 
§ 1 Proprium est superborum, laeta semper appetere et tristia devitare, iuxta illud: Cor stultorum, ubi laetitia. Unde et monachus, qui duos iam superbiae gradus descendit, dum per curiositatem ad animi levitatem devenit, cum gaudium, quod semper appetit, frequenti videt interpolari tristitia, quam de bonis alterius contrahit, impatiens suae humiliationis, fugit ad consilium falsae consolationis. Ex illa denique parte, qua sua sibi vilitas et aliena excellentia monstratur, retringit curiositatem, ut totum se transferat in contrariam partem, quatenus in quo ipse videtur praecellere, curiosius notet, in quo alter praecellit, semper dissimulet, ut dum devitat quod triste putatur, laetitia continuetur. Sicque fit, ut quem sibi vicissim vindicabant gaudium et tristitia, sola possidere incipiat inepta laetitia. In hac autem tertium tibi gradum constituo:
Es característico de los soberbios suspirar siempre por los acontecimientos bullangueros y ahuyentar los tristes, según aquello de que el corazón del tonto está donde hay jolgorio. El monje, una vez bajados los dos primeros grados de soberbia, llega, por la curiosidad, a la ligereza de espíritu. Se siente incapaz de soportar la humillante experiencia de un gozo que tanto anhela, pero siempre bañado en tristeza, cuando constata el bien de los demás. Busca entonces el subterfugio de un falso consuelo. Reprime la curiosidad para rehusar la evidencia de su bajeza y la nobleza de los otros. Se inclina hacia el lado opuesto. Pone de relieve aquello en que cree sobresalir y atenúa con disimulo las excelentes cualidades de los demás. Así pretende cegar lo que considera fuente de su tristeza y vivir en una incesante alegría fingida. Fluctuando entre el gozo la tristeza, cae al fin en el cebo de la alegría tonta. Aquí planto yo el tercer grado de soberbia.
§ 2 accipe quibus eam signis vel in te deprehendas vel in altero. Illum qui eiusmodi est, aut raro, aut numquam gementem audies, lacrimantem videbis. Putes, si attendas, aut sui oblitum, aut ablutum a culpis. In signis scurrilitas, in fronte hilaritas, vanitas apparet in incessu. Pronus ad iocum, facilis ac promptus in risu. Cunctis quippe quae in se contemptibilia, et ideo tristia noverat, a memoria rasis, bonisque, si qua sentit in se, adunatis vel simulatis ante oculos mentis, dum nil cogitat nisi quod libet, nec attendit si licet, iam risum tenere, iam ineptam laetitiam dissimulare non valet. Con esto tienes ya suficientes indicios para saber si este grado se da en ti o en otros. A estos tales nunca les verás gimiendo o llorando. Si te fijas un momento, pensarás que se han olvidado de sí mismos, o que se han lavado de sus pecados. Pero sus gestos reflejan ligereza; su semblante, esta alegría tonta; y su forma de andar, vanidad. Son propensos alas chanzas; fáciles e inclinados a la risa. Como han borrado de su memoria todo cuanto les puede humillar y entristecer, sueñan y se representan todos los valores que se imaginan tener. No piensan más que en lo que les agrada, y son incapaces de contener la risa y de disimular la alegría tonta.

§ 3 Ut enim vesica collecto turgida vento punctoque forata exiguo, si stringitur, crepitat dum detumescit, ac ventus egrediens non passim effusus, sed strictim emissus crebros quosdam sonitus reddit, sic monachus, ubi vanis scurrilibusque cor suum cogitationibus impleverit, propter disciplinam silentii non inveniens ventus vanitatis qua plenius egrediatur inter angustias faucium per cachinnos excutitur. Saepe vultum pudibundus abscondit, claudit labia, dentes stringit; ridet tamen nolens, cachinnat invitus. Cumque os pugnis obstruxerit suis, per nares adhuc sternutare auditur.
Se parecen a una vejiga llena de aire; si la pinchas con un alfiler y la aprietas, hace ruido mientras se desinfla. El aire, a su paso por ese invisible agujero, produce frecuentes y originales sonidos. Esto mismo ocurre al monje que ha inflado su corazón de pensamientos vanos jactanciosos. La disciplina del silencio no les deja expulsar libremente el aire de la vanidad. Por eso lo arroja forzado y entre carcajadas por su boca. Muchas veces, avergonzado, esconde el rostro, comprime los labios, aprieta los dientes, ríe constreñido y suelta risotadas como a la fuerza. Aunque cierra la boca con sus puños, todavía deja escapar algunos estallidos de nariz.


QUARTUS GRADUS: DE IACTANTIA
CUARTO GRADO: LA JACTANCIA
Capítulo 41  
§ 1 At postquam vanitas crescere et vesica grossescere coeperit necesse est ut ampliori foramine, laxato sinu, ventositas eructuetur; aliquin rumpetur. Sic monachus, inepta redundante laetitia, dum risu vel signis eam aperire non sufficit, in Heliu verba prorumpit: En venter meus quasi mustum absque spiraculo, quod lagunculas novas dirumpit. Aut loquetur ergo, aut rumpetur. Plenus est enim sermonibus, et coarctat eum spiritus uteri sui. Esurit et sitit auditores, quibus suas iactitet vanitates, quibus omne quod sentit effundat, quibus qualis et quantus sit innotescat. Inventa autem occasione loquendi, si de litteris sermo exoritur, vetera proferuntur et nova; volant sententiae, verba resonant ampullosa. Praevenit interrogantem, non quaerenti respondet. Ipse quaerit, ipse solvit, et verba collocutoris imperfecta praecidit. Cum autem, pulsato signo, necesse est interrumpi colloquium, horam longam, breve queritur intervallum; quaerit licentiam ut ad fabulas revertatur post horam, non ut quempiam aedificet, sed ut scientiam iactet. Aedificare potest, sed non aedificare intendit. Non curat te docere vel a te docere ipse quod nescit, sed ut scire sciatur quod scit.
Si a la vanidad le da por tomar cuerpo y sigue inflándose la vejiga, se llega a un grado de dilatación tal que se precisa un orificio mayor. De lo contrario, podría reventar. Esto ocurre en el monje que rebasa la vana alegría. Ya no le basta el simple agujero de la risa o de los gestos; y prorrumpe con la exclamación de Eliú: Mi seno es como vino sin escape que hace reventar los odres nuevos. Si no habla, revienta. Está cargado de verborrea, y el aire de su vientre le constriñe. Anda hambriento y sediento de un auditorio al que pueda lanzar sus vanidades, arrojar todo lo que siente y darse a conocer en lo que es y vale. A la primera ocasión, si la temática versa sobre ciencias, saca a colación sentencias antiguas y nuevas ensarta una perorata con el eco de palabras ampulosas. Se adelanta a las preguntas; responde incluso a quien no le pregunta. Propone cuestiones; las resuelve él mismo, y corta a su interlocutor, sin dejarle terminar lo que había empezado a decir. Cuando suena la señal y se precisa interrumpir la conversación, la hora larga transcurrida le parece un instante. Pide permiso para volver a sus historias fuera del tiempo señalado. Claro que no lo hace para edificar a nadie, sino para cantar su ciencia. Podría edificar, pero eso ni lo pretende. No trata de enseñarte o aprovecharse de tus conocimientos, sino de demostrarte que sabe algo.
§ 2 Quod si de religione agitur, statim visiones et somnia proferuntur. Deinde laudat ieiunia, commendat vigilias, super omnia orationes exaltat; de patientia, de humilitate, aut de singulis virtutibus plenissime, sed vanissime disputat, ut tu scilicet, si audieris, dicas quod ex abundantia cordis os loquitur, et quia bonus homo de bono thesauro suo profert bona.
Si la conversación versa sobre religión, en seguida saca a relucir visiones y sueños. Luego elogia el ayuno, recomienda las vigilias y se hace lenguas de la oración. Diserta ampliamente sobre la paciencia, la humildad y sobre cada una de las virtudes con una ligereza pasmosa. Si tú le escuchas, dirías que de lo, rebosa del corazón lo habla por la boca; y que el hombre bueno saca cosas buenas de su almacén de bondad.
§ 3 Si ad ludicra sermo convertitur, in his quanto assuetior, tanto loquacior invenitur. Dicas, si audias, rivum vanitatis, fluvium esse scurrilitatis os eius, ita ut severos quoque et graves animos in levitatem concitet risus. Et ut totum in brevi colligam in multiloquio nota iactantiam. In hoc habes quartum gradum et descriptum et nominatum. Fuge rem, et tene nomen. Hac eadem cautela iam accede ad quintum, quem nomino singularitatem.

Si la conversación declina en mera diversión, entonces se muestra como un fenómeno de locuacidad que domina la materia a las mil maravillas. Si le oyes, dirás que su boca es todo un torrente de vanidad, un alud de chocarrerías, hasta el punto de provocar la ligereza incluso en las personas más sensatas v recatadas. Resumiendo en breve todo lo dicho: En el mucho hablar se descubre la jactancia. A lo largo de estas líneas tienes descrito y enumerado el cuarto grado. Huye de él, pero recuerda su contenido. Con esta advertencia pasemos ya al quinto; lo titulo “la singularidad”.



QUINTUS GRADUS: DE SINGULARITATE
QUINTO GRADO: LA SINGULARIDAD
Capítulo 42  
§ 1 Turpe est ei, quo se supra ceteros iactat, si non plus ceteris aliquid agat, per quod ultra ceteros appareat. Proinde non sufficit ei quod communis monasterii regula vel maiorum cohortantur exempla. Nec tamen melior esse studet, sed videri. Non melius vivere, sed videri vincere gestit, quatenus dicere possit: Non sum sicut ceteri hominum. Plus sibi blanditur de uno ieiunio, quod ceteris prandentibus facit, quam si cum ceteris septem dies ieiunaverit. Commodior sibi videtur una oratiuncula peculiaris, quam tota psalmodia unius noctis. Inter prandendum crebro solet oculos iactare per mensas, ut si quem minus comedere viderit, victum se doleat, et incipiat idipsum sibi crudeliter subtrahere, quod necessarium victui indulgendum praeviderat, plus gloriae metuens detrimentum quam famis cruciatum. Si que macriorem, si quem pallidiorem perspexerit, vilem se aestimat, numquam requiescit. Et quoniam vultum ipse suum videre non potest, qualem scilicet se intuentibus offert, manus, quas potest, et brachia spectans, palpat costas, humeros attrectat et lumbos, ut secundum quod corporis sui membra, vel minus, vel satis exilia probat, pallorem ac colorem oris discerant. Sería bochornoso, para los que presumen ser superiores a los demás, no sobresalir en algo por encima de lo ordinario y no llamar la atención con su propia superioridad. Ya no les basta la regla común del monasterio ni los ejemplos de los mayores. No procuran ser mejores, sino parecerlo. No desean vivir mejor, sino aparentar el triunfo para poder decir: No soy como los demás. Se lisonjea más de ayunar un solo día en que los demás comen que si hubiese ayunado siete días con toda la comunidad. Le parece más provechosa una breve oración particular que toda la salmodia de una noche. Durante la comida, rastrea su mirada por las otras mesas. Si ve que alguien come menos, se duele de haber sufrido una derrota. Entonces empieza a privarse sin miramiento alguno de lo que creía antes que debía comer, temiendo más el detrimento de la propia estima que el tormento del hambre. Si encuentra a alguien más demacrado y pálido, se condena a sí mismo por vil, ya no vive tranquilo. Como no puede verse el rostro ni conocer el impacto de su semblante ante los demás, mira sus manos y sus brazos, se tienta las costillas, palpa las clavículas y las paletillas. De esta manera pretende comprobar lo que puede delatar su rostro según el estado de sus miembros, más o menos descarnados.
§ 2 Ad omnia denique sua strenuus, ad communia piger. Vigilat in lecto, dormit in choro; cumque aliis psallentibus ad vigilias tota nocte dormitet, post vigilias, aliis in claustro quiescentibus, solus in oratorio remanet: excreat et tussit, gemitibus ac suspiriis aures foris sedentium de angulo implet. Cum autem ex his quae singulariter, sed inaniter agit, apud simpliciores eius opinio excreverit, qui profecto opera probant quae cernunt, sed unde prodeant non discernunt, dum miserum beatificant, in errorem inductunt. En fin, vive siempre al acecho de sus propios intereses v es indolente en los asuntos comunes. Vela en cama y duerme en el coro. Se pasa adormilado toda la noche durante el canto de las vigilias. Después, mientras los demás respiran el sosiego del claustro, él se queda solo en el oratorio; carraspea y tose; y desde el rincón donde se encuentra aturde con sus gemidos y suspiros a los que están fuera sentados. Con todas estas rarezas carentes de mérito, se acredita un excelente prestigio ante los más ingenuos, que tienen por cierto lo que ven y no se paran a pensar de dónde procede tal rumor santo, aplicado a ese individuo; e incurren en engaño.


SEXTUS GRADUS: DE ARROGANTIA
SEXTO GRADO: LA ARROGANCIA
Capítulo 43  
§ 1 Credit quod audit, laudat quod agit, et quid intendat non attendit. Obliviscitur intentionem, dum amplectitur opinionem. Quique de omni alia re plus sibi credit quam aliis, de se solo plus aliis credit quam sibi, ut iam non verbotenus aut sola operum ostentatione suam praeferat religionem, sed intimo cordis credat affectu se omnibus sanctiorem; et quidquid de se laudatum agnoverit, non ignorantiae aut benevolentiae laudatoris, se suis meritis arroganter ascribit. Unde post singularitatem, sextum sibi gradum iure arrogantia vindicavit. Post hanc praesumptio invenitur, in qua septimus gradus constituitur.
El arrogante cree cuanto de positivo se dice de él. Elogia todo lo que hace y no le preocupa lo que pretende. Se olvida de las motivaciones de su obrar. Se deja arrastrar por la opinión de los demás. En cualquier otra cosa se fía más de sí mismo que de los demás; sólo cuando se trata de su persona cree más a los otros que a sí mismo. Aunque su vida es pura palabrería y ostentación, se considera como la encarnación misma de la vida monástica, y en lo íntimo de su corazón se tiene por el más santo de todos. Cuando alaban algún aspecto de su persona, no lo atribuye a la ignorancia o benevolencia del que le encomia, sino arrogantemente a sus propios méritos. Así, después de la singularidad, la arrogancia reclama para sí el sexto grado. Sigue la presunción, que es el séptimo.


SEPTIMUS GRADUS: DE PRAESUMPTIONE
SÉPTIMO GRADO: LA PRESUNCION
Capítulo 44
 
§ 1 Qui enim alios se praecellere putat, quomodo plus de se quam de aliis non praesumat? Primus in conventibus residet, in consiliis primus respondet; non vocatus accedit, non iussus se intromittit; reordinat ordinata, reficit facta. Quidquid ipse non fecerit aut ordinaverit, nec recte factum, nec pulchre aestimat ordinatum. Iudicat iudicantes, praeiudicat iudicaturis. Si, cum tempus advenerit, non promoveatur ad prioratum, suum abbatem aut invidum iudicat, aut deceptum. Quod si mediocris ei aliqua oboedientia iniuncta fuerit, indignatur, aspernatur, arbitrans se non esse minoribus occupandum, qui se ad maiora sentit idoneum.
El que está convencido de aventajar a los demás, ¿cómo no va a presumir más de sí mismo que de los otros? En las reuniones se sienta el primero. En las deliberaciones se adelanta a dar su opinión y parecer. Se presenta donde no le llaman. Se mete en o que no le importa. Reordena lo que ya está ordenado y rehace lo que ya está hecho. Lo que sus manos no han tocado, no está bien ni en su sitio. Juzga a los tribunales y prejuzga a los que van a ser juzgados. Si al reestructurar los cargos no le nombran prior, piensa que su abad es un envidioso o un iluso. Si le confían algún cargo insignificante, monta en cólera, hace ascos de todo, pensando que uno tan capaz para grandes empresas no debe ocuparse de asuntos tan triviales.
§ 2 Sed qui sic promptulus possibile est eum aliquando non errare. Ad praelatum autem pertinet errantem arguere. Sed quodmodo culpam sum confitebitur, qui nec esse putat, nec putari culpabilis patitur? Propter ea cum ei culpa imputatur, crescit, non amputatur. Si ergo, cum argutus fuerit, declinare cor eius videris in verba malitiae, in octavum gradum, qui dicitur defensio peccatorum, noveris corruisse.
Es imposible acertar siempre, especialmente el que con tanta temeridad mete sus narices en todo, más por temeridad que por espontaneidad. Compete al superior corregir al que falta; pero ¿cómo va a confesar su culpa uno que ni piensa que es culpable ni tolera que le tengan por tal? Por eso, cuando se le culpa de algo, no se libera de ello, lo agrava. Si al ser corregido ves que su corazón reacciona ron expresiones zahirientes, caerás en la cuenta de que ha incurrido en el octavo grado, denominado “la excusa de los pecados”.


OCTAVUS GRADUS: DE DEFENSIONE PECCATORUM
OCTAVO GRADO: LA EXCUSA DE LOS PECADOS
Capítulo 45
 
§ 1 Multis vero modis fiunt excusationes in peccatis. Aut enim dicit qui se excusat: “Non feci”, aut: “Feci quidem, sed bene feci”, aut si male “Non multum male”; aut si multum male; “Non mala intentione”. Si autem et de illa, sicut Adam vel Eva, convincitur, aliena suasione, excusare se nititur. Sed qui procaciter etiam aperta defendit, quando occultas et malas cogitationes, cordi suo advenientes, humiliter revelaret abbati?
De muchas maneras se buscan paliativos para los pecados. El que se excusa dice: “Yo no lo hice”; o “sí lo hice, pero lo hice como es debido”. Si ha hecho algo mal, dice: “No lo hice mal del todo”. Si lo ha hecho muy mal, entonces dice: “No hubo mala intención”. Si le convences de su mala intención, como a Adán y a Eva, se esfuerza por excusarse diciendo que otros le persuadieron. El que excusa con descaro las cosas evidentes, ¿cómo podrá descubrir con humildad a su abad los pensamientos ocultos y malos que llegan, hasta su corazón?


NONUS GRADUS: DE SIMULATA CONFESSIONE
NOVENO GRADO: LA CONFESION FINGIDA
Capítulo 46
 
§ 1 Licet vero genera haec excusationis eatenus mala iudicentur, quatenus ore prophetico verba malitiae appellentut, multo tamen periculosior est fallax ac superba confessio, quam pervicax et obstinata defensio. Nonnulli enim, cum de apertioribus arguuntur, scientes, si se defenderent, quod sibi non crederetur, subtilius inveniunt argumentum defensionis, verba respondentes dolosae confessionis. Est quippe, ut scriptum est, qui nequiter humiliat se, et interiora eius plena sunt dolo. Vultus demittitur, prosternitur corpus; aliquas sibi lacrimulas extorquent, si possunt; vocem suspiriis, verba gemitibus interrumpunt. Nec solum qui eiusmodi est obiecta non excusat, sed ipse quoque culpam exaggerat, ut dum impossibile aliquid aut incredibile culpae suae ore ipsius additum audis, etiam illud, quod ratum putabas, discredere possis, et ex eo quod falsum esse non dubitas, dum confitetur, in dubium veniat quod quasi certum tenebatur. Dumque affirmant quod credit nolunt, confitendo culpam defendunt, et aperiendo tegunt, quando et confessio laudabiliter sonat in re, et adhuc iniquitas occultatur corde,quatenus magis ex humilitate quam ex veritate confiteri putet qui audit aptans eis illud Scripturae: Iustus in principio sermonis accusator est sui.
Aunque todos estos tipos de excusa son malos y el profeta los llama palabras malévolas, sin embargo la engañosa y soberbia confesión es mucho más peligrosa que la atrevida y porfiada excusa. Hay algunos que, al ser reprendidos de faltas evidentes, saben que, si se defienden, no se les cree. Y encuentran, los muy ladinos, un argumento en defensa propia. Responden palabras que simulan una verdadera confesión. Como está escrito, hay quien se humilla con malicia, mientras dentro está lleno de engaños. El rostro se abate, el cuerpo se inclina. Se esfuerzan por derramar algunas lagrimillas. Suspiran y sollozan. Van más allá de la simple excusa. Se confiesan culpables hasta la exageración. Al oír tú de sus mismos labios datos imposibles e increíbles que agravan su falta, comienzas a dudar de los que tenías por ciertos. Aflora en sus labios una confesión por la que merecía alabanza, mas la iniquidad anida oculta en el corazón. Quien lo oye, piensa que se acusa más por humildad que por veracidad; y le aplica aquello de la Escritura: El justo, al empezar a habla, se acusa a sí mismo.
§ 2 Malunt enim apud homines veritate periclitari quam humilitate, cum apud Deum periclitentur utrimque. Aut si adeo culpa manifesta sit, quod nulla penitus tegi versutia possit, nihilominus tamen vocem, non cor paenitentis assumunt, qua notam, non culpam deleant, dum ignorantiam manifestae transgressionis decore recompensant publicae confessionis Ante la reputación de los hombres prefiere naufragar en la verdad antes que en la humildad; pero ante Dios naufraga en las dos. Si la culpa es tan clara que no puede taparse con estratagema alguna, entonces hace suya la voz del penitente, pero no el corazón; con esta voz borra la mancha, pero no la culpa. Así, la ignorancia de una clarísima transgresión queda contrarrestada con el noble gesto de una confesión pública.



Capítulo 47

§ 1 Gloriosa res humilitas, qua ipsa quoque superbia palliare se appetit, ne vilescat! Sed haec cito tergiversatio a praelato deprehenditur, si ad hanc superbam humilitatem non leviter flectitur, quo magis dissimulet culpam vel differat poenam. Vasa figuli probat fornax, et tribulatio vere paenitentes discernit. Qui enim veraciter paenitet, laborem paenitentiae non abhorret, sed quidquid sibi pro culpa quam odit iniungitur, tacita conscientia patienter amplectitur. In ipsa quoque oboedentia duris ac contrariis rebus obortis, quibuslibet irrogatis iniuriis, sustinens non lassescit, ut in quarto gradu stare se indicet humilitatis.
¡Qué preciosa es la humildad! La misma soberbia procura revestirse de ella para no envilecerse. Pero ese subterfugio es descubierto muy pronto por el superior si no se ablanda fácilmente ante esa soberbia humildad, disimulando la culpa o difiriendo el castigo. El horno prueba los vasos del alfarero; la tribulación selecciona a los auténticos penitentes. El que hace penitencia de verdad, no aborrece el trabajo de la penitencia; acepta con paciencia y sin la menor queja cualquier orden que le impongan para reparar una culpa que detesta. Y si en la misma obediencia surgen conflictos duros y contrarios, si tropieza con cualquier clase de injurias, aguanta sin desmayo. Así manifiesta que vive en el cuarto grado de humildad.
§ 2 Cuius vero simulata confessio est, una vel levi contumelia aut exigua poena interrogatus, iam humilitatem simulare, iam simulationem dissimulare non potest. Murmurat, frendet, irascitur, nec in quarto stare humilitatis, sed in nonum superbiae gradum corruisse probatur, qui, secundum quod descriptus est, recte simulata confessio appellari potest. Quanta putas tunc confusio sit in corde superbi, cum fraus decipitur, pax amittitur, laus minuitur, nec culpa diluitur? Tandem notatur ab omnibus, iudicatur ab omnibus, eoque vehementius omnes indignatur, quo falsum conspiciunt quidquid de eo prius opinabantur. Tunc opus est praelato, ut eo minus illi parcendum putet, quo magis omnes offenderet, si uni parceret.

En cambio, el que se acusa con fingimiento, puesto a prueba por una injuria incluso insignificante, o por un minúsculo castigo, se siente incapaz de aparentar humildad y disimular el fingimiento. Murmura, brama de furor, le invade la ira y no da señal alguna de encontrarse en el cuarto grado de humildad. Más bien pone de manifiesto su situación en el noveno grado de soberbia, que, según lo descrito, puede ser llamado, en sentido pleno, confesión fingida. ¡Qué confusión tan enorme bulle en el corazón del soberbio! Cuando se descubre el fraude pierde la paz, se va marchitando la reputación y, mientras, queda intacta la culpa. En fin, todos le señalan con el dedo; todos le condenan, y la indignación sube de tono cuanto más descubren el engaño del que hasta ahora eran víctimas. El superior debe mantenerse firme; y piense que, si le perdona, ofendería a todos los demás.

DECIMUS GRADUS: DE REBELLIONE
DÉCIMO GRADO: LA REBELION
Capítulo 48
 
§ 1 Hic, nisi eum miseratio superna respiciat, ut -quod valde talibus difficile est- universorum iudiciis tacitus acquiescat, frontosus mox et impudens factus, tanto deterius quanto desperatius in decimum gradum per rebellionem corruit, quique prius latenter arrogans fratres contempserat, iam patenter inoboediens etiam magistrum contemnit.
El farsante ya no tiene remedio, a menos que la misericordia divina le tienda su mano compasiva. Es casi imposible que acepte las acusaciones de los demás. Lo normal es que se vuelva más recalcitrante cuando constata que su situación llega a ser desesperadamente agobiante. Así incurre en el décimo grado, y se alza en rebelión: De ahora en adelante ya no habrá más arrogancias personales ni desprecios fraternos solapados. Las desobediencias y vilipendios al maestro mismo son tan claros como la luz del día.


Capítulo 49

§ 1 Sciendum namque, quod omnes gradus, quos in duodecim partitus sum, in tres tantummodo colligi possunt, ut in sex superioribus contemptus fratrum, in quatuor sequentibus contemptus magistri, in duobus, qui restant, consummetur contemptus Dei. Notandum quoque, quod hi duo ultimi superbiae gradus, qui et humilitatis ascendendo primi inveniuntur, sicut extra congregationem ascendendi sunt, ita in congregatione descendi non possunt.
Tengamos en cuenta que todos estos grados, doce en total, pueden reducirse a tres. Los seis primeros se refieren al desprecio a los hermanos; los cuatro siguientes, al desprecio del maestro; los dos restantes, al desprecio de Dios. No olvidemos tampoco que estos dos últimos grados de soberbia corresponden inversamente a los dos primeros de humildad y que deben subirse antes de comprometerse en la vida comunitaria.
§ 2 Quod autem ante ascendi debeant, ex hoc aperte intelligi datur, quod de tertio gradu in Regula legitur: Tertius, inquit, gradus est, ut quis pro Dei amore omni oboedentia se subdat maiori. Si ergo in tertio gradu subiectio collocatur, quae procul dubio fit, quando primum novitius conventui sociatur, consequens est quod duo iam anteriores transcensi intelligantur. Denique ubi fratrum concordiam ac magistri sententiam monachus spernit, quid ultra in monasterio, nisi scandalum facit?
Por esta misma razón son dos grados a los que nunca debe llegar hermano alguno. La Regla misma presupone que deben subirse previamente, según leemos en el tercer grado de humildad: EI tercer grado, dice, consiste en someterse por amor de Dios al superior con una obediencia sin límite. Si se coloca la sumisión en el tercer grado, el novicio la adquiere cuando se asocia a la comunidad. Se supone, por tanto, que ya ha subido los dos grados anteriores. En fin, cuando el monje desprecia la concordia de los hermanos y las órdenes del maestro, ¿qué está haciendo en el monasterio sino fomentar el escándalo?




UNDECIMUS GRADUS: DE LIBERTATE PECCANDI
UNDÉCIMO GRADO: LA LIBERTAD DE PECAR
Capítulo 50
 
§ 1 Post decimus itaque gradum, qui rebellio dictus est, expulsus vel egressus de monasterio statim excipitur ab undecimo. Et tunc ingreditur vias, quae videntur hominibus bonae, quarum finis -nisi forte Deus eas sibi saepierit- demerget eum in profundum inferni, id est in contemptum Dei. Impius, siquidem, cum venerit in profundum malorum, contemnit. Potest autem undecimus gradus appellari libertas peccandi, per quam monachus, cum iam nec magistrum videt quem timeat, nec fratres quos revereatur, tanto securius quanto liberius sua desideria implere delectatur, a quibus in monasterio tam pudore quam timore prohibebatur.
Después del décimo grado, que llamamos rebelión, el monje es expulsado del monasterio o se marcha él mismo. Inmediatamente cae en el undécimo, y entonces entra por unos caminos que a los hombres !es parecen rectos, pero cuyo fin, a no ser que Dios lo impida, sumerge en lo profundo del infierno, es decir, en el desprecio de Dios. El impío, cuando cae en lo profundo de los pecados, cae también en el desprecio. Por eso el undécimo grado puede encabezarse con el título de libertad de pecar. Aquí el monje no ve ya a un maestro a quien teme ni a unos hermanos a quienes respeta; se goza en realizar sus deseos con tanta mayor tranquilidad cuanto más libre se ve de quienes, en cierto modo, le cohibían por el pudor o por el temor.
§ 2 Sed etsi iam vel fratres vel abbatem non timet, nondum tamen Dei penitus formidine caret. Hanc ratio, tenuiter adhuc submurmurans, voluntati proponit, nec sine aliqua dubitatione quaeque primum illicita perfecit; sed, sicut is qui vadum tentat, pedetentim, non cursim, vitiorum gurgitem intrat.
Si ya no teme a los hermanos ni al abad, aún le queda un cierto rescoldo de temor a Dios. Y su razón, que todavía insinúa algo, antepone ese temor al deseo y ejecuta cosas ilícitas no sin una cierta pesadumbre. Imita al que vadea un río; no se precipita, entra más bien paulatinamente en la corriente de los vicios.


DUODECIMUS GRADUS: DE CONSUETUDINE PECCANDI
DUODÉCIMO GRADO: LA COSTUMBRE DE PECAR
Capítulo 51  
§ 1 Et postquam terribili Dei iudicio prima flagitia impunitas sequitur, experta voluptas libenter repetitur, repetita blanditur. Concupiscentia reviviscente, sopitur ratio, ligat consuetudo. Trahitur miser in profundum malorum, traditur captivus tyrannidi vitiorum, ita ut carnalium voragine desideriorum absorptus, suae rationis divinique timoris oblitus, dicat insipiens in corde suo: Non est Deus. Iam indifferenter libitis pro licitis utitur, iam ab illicitis cogitandis, patrandis, investigandis animus, manus vel pedes non prohibentur; sed quidquid in cor, in buccam, ad manum venerit, machinatur, garrit, et operatur, malevolus, vaniloquus, facinorosus.
Después de que en el terrible juicio de Dios han quedado los primeros pecados impunes, se repite con agrado el placer ya experimentado; y con la repetición se torna halagador. Con el ardor de la concupiscencia, la razón se adormece y la costumbre le esclaviza. El miserable se siente arrastrado hacia el abismo de las maldades. El cautivo es un esclavo de la tiranía de los vicios, hasta el extremo de que, aturdido en la vorágine de los deseos carnales y olvidado de su razón y del temor de Dios, dice como el necio para sí: No hay Dios. Desde ahora su norma moral es el placer; y no impide que su espíritu, sus manos y sus pies piensen, ejecuten e investiguen cosas ilícitas. Malévolo, fanfarrón y delincuente, maquina, parlotea y lleva a cabo cuanto le viene al corazón, a la boca o a las manos.
§ 2 Quemadmodum denique ascensis his omnibus gradibus, corde iam alacri et absque labore pro bona consuetudine iustus currit ad vitam, sic descensis impius eisdem, pro malo usu non se ratione gubernans, non timoris freno retentans, intrepidus festinat ad mortem. Medii sunt quo fatigantur, angustiantur, quo nunc metu cruciati gehennae, nunc pristina retardati consuetudine, descendendo vel ascendendo laborant.
En fin, lo mismo que el justo, después de haber subido todos estos grados, corre hacia la vida con un corazón gozoso y sin trabajo, en alas de la buena costumbre, así el impío, cuando ha bajado todos los grados correspondientes, ya no se rige por la razón ni se domina con el freno del temor; los malos hábitos se lo impiden, y se lanza temerariamente hacia la muerte. Entre estos dos extremos están los que se esfuerzan y angustian ; aquellos que, atormentados por el miedo del infierno o embarazados por sus antiguas malas costumbres, se debaten sufriendo continuos altibajos.
§ 3 Supremus tantum et infirmus currunt absque impedimento et absque labore. Ad mortem hic, ad vitam ille festinat; alter alacrior, alter proclivior. Illum alacrem caritas, hunc proclivem cupiditas facit. In altero amor, in altero stupor laborem non sentit. In illo denique perfecta caritas, in isto consummata iniquitas foras mittit timorem. Illi veritas, huic caecitas dat securitatem. Potest ergo duodecimus gradus appellari consuetudo peccandi, qua Dei metus amittitur, contemptus incurritur.
Solamente corren sin tropiezos y sin fatiga los que están en el grado supremo o en el ínfimo. Unos van veloces hacia la muerte, y otros hacia la vida. Estos caminan con alegría; aquéllos se abocan vertiginosamente. A los primeros, la caridad les estimula. A los segundos, la pasión les arrastra. Unos y otros no sienten el peso de la vida; pues tanto el amor perfecto como la iniquidad consumada echan fuera todo temor. La verdad da seguridad a unos; la ceguera, a otros. En consecuencia, el duodécimo grado puede ser denominado costumbre de pecar; costumbre en la que se pierde el temor de Dios y se incurre en desprecio.


Capítulo 52

§ 1 Pro tali iam, inquit Ioannes apostolus, non dico ut quis oret. Sed numquid dicis, o Apostole, ut quis desperet? Immo gemat qui illum amat. Non praesumat orate, nec desistat plorare. Quid est quod dico? An forte ullum remanet spei refugium, ubi oratio non invenit locum? Audi credentem, sperantem, nec tamen orantem: Domine, inquit, si fuisses hic, frater meus non fuisset mortuus. Magna fides, qua credit sua praesentia Dominum mortem prohibere potuisse, si adfuisset. Modo autem quid? Absit ut quem credidit vivum potuisse servare, mortuum dubitet posse resuscitare: Sed et nunc, inquit, scio, quia quaecumque poposceris a Deo, dabit tibi Deus. Deinde quaerenti ubi posuissent eum, respondet: Veni et vide. Quamobrem? O Martha, magna nobis fidei tuae insignia tribuis; sed quomodo cum tanta fide diffidis? Veni, inquis, et vide. Cur, si non desperas, non sequeris, et dicis: “Et resuscita”? Si autem desperas, cur magistrum sine causa fatigas? An forte fides aliquando recipit, quod oratio non praesumit? Denique appropinquantem cadaveri prohibes, et dicis: Domine iam foetet: quatriduanus enim est. Desperando dicis hoc, an dissimulando? Sic quippe ipse Dominus post resurrectionem finxit se longius ire, cum mallet cum discipulis remanere.
Dice el apóstol Juan: No digo que se ore por uno como éste. Entonces tú, apóstol, ¿quieres que se desespere? Todo lo contrario; que el que le ama, ore. No piense en orar, pero tampoco deje de llorar. ¿Qué estoy diciendo? ¿Quedará algún resquicio de esperanza allí donde la oración ya no tiene sentido? Escucha a alguien que cree y espera, pero que ya no ora: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. ¡Qué fe tan enorme! Cree que el Señor, de haber estado allí, habría podido impedir la muerte con su presencia. Y ahora, ¿qué? Lejos de nosotros pensar que quien creyó al Señor capaz de conservar vivo a Lázaro dude de que pueda resucitarlo una vez muerto. Pero así y todo, dice, sé que Dios te dará lo que le pidas. Luego responde al Señor que le pregunta dónde le pusieron: Ven a verlo. ¿Para qué? Marta, nos das un maravilloso testimonio de fe. Pero ¿cómo desconfías con tanta fe? Ven a verlo, le dices. Si no desconfías, ¿por qué no continúas y dices: “y resucítalo”? Si desconfías, ¿por qué cansas inútilmente al Maestro? ¿Es que la fe consigue algunas veces lo que la oración no se atreve a pedir? Por último, cuando se acerca al cadáver, le paras y le dices: Señor, ya huele mal; lleva cuatro días. ¿Dices esto por desconfianza o con disimulo? También el Señor resucita o fingió ir más lejos, cuando lo quequería era quedarse con los discípulos.
§ 2 O sanctae mulieres Christi familiares, si fratres vestrum amatis, cur eius misericordiam non flagitatis, de cuius potentia dubitare, pietate diffidere non potestis? Respondent: “Sic melius tamquam non orantes oramus, sic efficacius quasi diffidentes confidimus. Exhibemus fidem, perhibemus affectum: scit ipse, cui non est opus ut aliquid dicatur, quid desideremus. Scimus quidem quod omnia potest; sed hoc tam grande miraculum, tam novum, tam inauditum, etsi eius subest potentiae, multum tamen excedit universa merita humilitatis nostrae. Sufficit nobis potentiae locum, pietati dedisse occasionem, malentes patienter exspectare quid velit, quam impudenter quaerere quod forsitan nolit. Denique quod nostris meritis deest, verecundia fortasse supplebit”. Petri quoque post gravem lapsum lacrimam quidem video, sed precem non audio; nec tamen de indulgentia dubito.
¡Oh santas mujeres, amigas de Cristo! Si amáis a vuestro hermano, ¿por qué no pedís con repetidas instancias la misericordia del Señor, si no podéis dudar de su omnipotencia ni de su clemencia? Y responden: Aunque parece que no oramos, de esta forma oramos mejor. Si a primera vista desconfiamos, de hecho confiamos con mayor intensidad. Testimoniamos la fe, ofrecemos el amor. El no necesita que se le diga cosa alguna; sabe lo que deseamos. Sabemos que todo lo puede, pero este milagro tan grande, único e inaudito, aunque está en sus manos, excede en mucho los méritos de nuestra humildad. A nosotras nos basta con abrir el paso a su poder y prestarle una ocasión a la piedad, prefiriendo la esperanza paciente en lo que El quiera al intento temerario de conseguir lo que tal vez no quiere. En fin, pensamos que la modestia debe suplir la laguna de nuestros méritos. Después de la grave caída de Pedro, percibo sus sollozos, no su oración; y, sin embargo, no dudo del perdón.


Capítulo 53

§ 1 Disce et in Matre Domini magnam in mirabilibus fidem habere, in magna fide verecundiam retinere. Disce verecundia decorare fidem, reprimere praesumptionem. Vinum, inquit, non habent. Quam breviter, quam reverenter suggessit, unde pie sollicita fuit! Et ut discas in huiusmodi magis pie gemere quam petere praesumptuose, pietatis aestum pudoris temperans umbra, conceptam precis fiduciam verecunde suppressit. Non frontose accessit, non palam locuta est, ut audacter coram omnibus diceret: “Obsecro, fili, deficit vinum, contristantus convivae, confunditur sponsus; ostende quid possis”. Sed licet haec aut multo plura pectus aestuans, fervens loqueretur affectus, privatim tamen potentem pia Filium mater adivit, non potentiam tentans, sed voluntatem explorans: Vinum, inquit, non habent. Quid modestius? Quid fidelius? Non defuit pietati fides, voci gravitas, efficacia voto. Si ergo illa, cum mater sit, matrem se oblita non audet petere miraculum vini, ego vile mancipium, cui permagnum est Filii simul ad Matris esse vernaculum, qua fronte praesumo pro vita petere quatriduani?

Aprende también de la Madre del Señor a tener una gran fe en los milagros y a conservar una cierta timidez respecto a esta enorme fe. Aprende a revestir la fe de modestia y a sofocar la presunción. No tienen vino, dice. ¡Qué lacónica y reverente sugerencia! Es expresión de su tierna solicitud. Una buena lección que aprender en situaciones parecidas, donde siempre es mejor llorar con piedad que pedir con presunción. María moderó el ardor de la piedad con la sombra de la modestia; atemperó humildemente la plena confianza que su oración le inspiraba. No se acercó con petulancia, no habló públicamente para decir arrogancias delante de todos: Se ha acabado el vino, los convidados están disgustados, el esposo confundido; anda, Hijo, actúa. Aunque su ardiente corazón y su fervoroso afecto le sugiriesen tales expresiones y otras muchas, sin embargo, la piadosa madre se acerca en privado al Hijo poderoso y no incita su poder; simplemente tantea su voluntad: No tienen vino, dice. ¿Es posible mayor modestia, una fe más profunda? A su piedad no le faltó la fe; tampoco gravedad a las palabras ni eficacia al deseo. Si ella, siendo madre, al olvidándose de lo que era, no se atreve a pedir el milagro del vino, yo, esclavo despreciable, que tengo como timbre de gloria el ser siervo del Hijo y de la Madre, ¿voy a tener la osadía de pedir la vida para uno que lleva cuatro días muerto?



Capítulo 54

§ 1 Duo etiam in Evangelio caeci visum, alter accepisse, alter recepisse leguntur: alter quem amiserat, alter quem numquam habuerat; unus scilicet excaecatus, alter vero caecus natus. Sed quo excaecatus, miserabilibus mirisque clamoribus miram misericordiam meruit; qui vero caecus natus, tanto misericordius quanto mirabilius nullis suis precibus praeventum, sui illuminatoris beneficium nihilominus sensit. Illi denique dictum est: Fides tua te salvum fecit; huic autem non. Duos quoque recens mortuos, tertium iam quatriduanum, lego resuscitatos; solam tamen, in domo adhuc positam , precibus patris; duos autem ex insperata magnitudine pietatis.
También se habla en el Evangelio de dos ciegos. Uno de ellos recibió la vista; y el otro la recuperó; es decir, uno la había perdido, y el otro había nacido ciego. El que había perdido la vista se atrajo la gran misericordia por su clamor lastimero e intenso; en cambio, el que había nacido ciego, sin pedir nada, recibió la iluminación del que era su luz. Don totalmente gratuito en el que la miseria brilla a la par con el portenro. En fin, a uno le dijo: tu fe te ha salvado; al otro, en cambio, no. Leo también tres resurrecciones: dos al poco de morir, y una después de cuatro días de enterrado. De los tres casos sólo aquella niña que estaba aún én casa de cuerpo presente fue resucitada por causa de las oraciones de su padre; ios otros dos casos fueron un asombroso derroche de bondad.


Capítulo 55

§ 1 Simili etiam forma si contigerit, quod Deus avertat, aliquem de nostris fratribus, non in corpore, sed in anima mori, quamdiu adhuc inter nos erit, pulsabo et ego meis qualiscumque peccator, pulsabo et fratrum precibus Salvatorem. Si revixerit, lucrati erimus fratrem, sin vero non mereamur exaudiri, ubi iam vel tolerare vivos, vel tolerari a vivis non poterit, sed incipiet efferri, semper quidem fideliter gemo, sed iam non ita fiducialiter oro. Non aperte audeo dicere: “veni, Domine, suscita mortuum nostrum”; corde tamen suspenso tremulus intus clamare non cesso: “Si forte, si forte, si forte desiderium pauperum exaudiet Dominus, praeparationem cordis eorum audiet auris eius”, et illud: Numquid mortuis facies mirabilia, aut medici suscitabunt, et confitebuntur tibi? Et de quatriduano: Numquid narrabit aliquis in sepulcro misericordiam tuam, et veritatem tuam in perditione? Potest interim Salvator, si vult, improvise et insperate occurrere nobis, lacrimisque portantium motus, non precibus, mortui vitam reddere vivis, aut certe iam sepultum revocare mortuis.
Del mismo modo, si aconteciera, lo que Dios no permita, que alguno de nuestros hermanos muriese, no en el cuerpo, sino en el alma, mientras todavía está entre nosotros, yo pecador, con mis oraciones y las de todos los hermanos, importunaría una y otra vez al Salvador. Si reviviera, habríamos ganado al hermano. Pero si no merecemos ser escuchados, al no poder soportarnos mutuamente los vivos y los muertos, enterraremos al difunto. Pero yo le seguiré llorando entrañablemente, aunque ya no rezaré con plena confianza. No me atreveré a decir en alta voz: “Ven, Señor, y resucita a nuestro muerto”. Temblando, con el corazón en vilo, no cesaré de exclamar interiormente: “Tal vez el Señor atienda el deseo de los humildes y su oído escuche los anhelos del corazón”. Y aquello otro: ¿Harás tú maravillas con los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias? Y sobre el que lleva cuatro días encerrado: ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia o tu fidelidad en el reino de la muerte? Mientras tanto, el Salvador, si quiere, puede repentina e inesperadamente hacérsenos encontradizo y conmoverse, no por las oraciones, sino por las lágrimas de los que llevan al difunto; y, por fin, devolverle la vida; o si ya está sepultado, llamarle de entre los muertos.
§ 2 Mortuum autem dixerim illum, qui sua peccata defendens, in octavum iam corruit gradum. A mortuo enim, tamquam qui non est, perit confessio. Post decimum vero, quo tertius est ab octavo, iam effertur in libertatem peccandi, quando expellitur a consortio monasterii. At postquam quartum transierit, iam recte quatriduanus dicitur, dum in quintum decidens per consuetudinem sepelitur.
He llamado muerto a aquel que, excusando sus pecados, ha incurrido ya en el octavo grado. En efecto, un muerto, puesto que no existe, es incapaz de confesar sus pecados. Quien traspasa el umbral del décimo grado de soberbia, que es el tercero comenzando a contar por el octavo, se le expulsa dr la fraternidad del monasterio y se le saca a enterrar en el sepulcro de la libertad de pecar. Después de pasar el cuarto, contando siempre a partir del octavo, se es ya cadáver de cuatro días; y al incurrir en el quinto por la costumbre de pecar, se le entierra.


Capítulo 56

§ 1 Absit autem a nobis, ut etiam pro talibus, etsi palam non praesumimus, vel in cordibus nostris orare cessemus, cum Paulus eos quoque lugeret, quos sine paenitentia mortuos sciret. Etsi enim a communibus orationibus ipsi se excludunt, sed ab affectibus omnino non possunt. Viderint tamen in quanto periculo sint, pro quibus Ecclesia palam orare non audeat, quae fidenter etiam pro Iudaeis, pro haereticis, pro gentilibus orat. Cum enim in Parasceve nominatim oretur pro quibuslibet malis, nulla tamen mentio fit de excommunicatis.

Nunca ha de cesar en nuestros corazones la oración por esos tales, aun cuando no nos atrevamos a hacerlo públicamente. Pablo también lloraba por los que habían muerto impenitentes. Y aunque ellos mismos se excluyen de las oraciones comunitarias, no les podemos marginar de nuestra compasión como hermanos. Consideren ellos mismos el gran peligro en que se encuentran; porque la Iglesia, que ora confiadamente por los judíos, los herejes y los gentiles, no se atreve a orar públicamente por ellos. Y el día de Viernies Santo, que ora expresamente por toda clase de pecadores, no hace mención alguna de los excomulgados.


CONVERSIO AD EUM AD QUEM SCRIBIT
ULTIMO CONTACTO CON EL DESTINATARIO
Capítulo 57
 
§ 1 Dicis forsitan, fratres Godefride, me aliud quam tu quaesisti, quam ipse promisi, tandem exhibuisse, cum pro gradibus humilitatis, superbiae gradus videar descripsisse. Ad quod ego: non potui docere nisi quod didici. Non putavi congruum me describere ascensiones, qui plus descendere quam ascendere novi. Proponat tibi beatus Benedictus gradus humilitatis, quos ipse prius in corde suo disposuit,; ego quid proponam non habeo, nisi ordinem meae descensionis. In quo tamen, si diligenter inspicitur, via forsitan ascensionis reperitur. Si enim tibi Romam tendenti homo inde veniens obviaret, quaesitus viam, quid melius quam illam, qua venit, ostenderet? Dum castella, villas et urbes, fluvios ac montes, per quos transierit, nominat, suum denuntians iter, tuum tibi praenuntiat, ita ut eadem loca recognosca eundo, quae ille pertransiit veniendo. Tal vez digas, hermano Godofredo, que he redactado un tema muy distinto del que tú me habías pedido y que yo te prometí. Te puede dar la impresión de que, en lugar de los grados de humildad, he descrito los grados de soberbia. Considera mis razones: no he podido enseñar cosa distinta de lo que aprendí. No me ha parecido conveniente describir las subidas, pues tengo más experiencia de las bajadas. Que San Benito te exponga los grados de humildad, grados que él dispuso, primero, en su corazón. En cuanto a mí, sólo puedo proponerte el orden que he seguido en mi bajada. Si reflexionas seriamente sobre esto, tal vez encuentres aquí tu propio camino de subida. Si tú, en camino hacia Roma, te encuentras con un hombre que viene de allí, y le preguntas la dirección que lleva a la Urbe, ¿qué mejor contestación puede darte que indicar su camino ya recorrido? Cuando te nombra castillos, villas y ciudades, ríos y montes por los que ha pasado, te está indicando su camino y al mismo tiempo trazándote el tuyo. Al reemprender la marcha, irás reconociendo esos mismos lugares por os que ese hombre acaba de pasar.
§ 2 In hac similiter nostra descensione gradus ascensorios fortasse reperies, quos ascendendo melius tu in tuo corde quam in nostro codice leges.

Valga este símil. En mi descenso probablemente encontrarás los grados ascendentes; y al subirlos, los reconocerás muchísimo mejor en tu corazón que en este opúsculo mío.



cortesía: omesbc.wordpress.com


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