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APARECIDA, MISIÓN Y COMUNICACIÓN


 

INTRODUCCIÓN
(Los números entre paréntesis se refieren al Documento de Aparecida).

En primer lugar me permito sugerir un detalle. No considero adecuado hablar sólo de “el documento de Aparecida”. Aparecida es más bien un acontecimiento. No sólo es el documento. Aparecida comenzó cuando el Papa aprobó el tema, añadiendo un detalle teológico pastoral importante al lema y la cita.

El trabajo de enlace con las anteriores conferencias (16). El documento de participación y las fichas de trabajo como cauce de comunicación de experiencias, inquietudes y esperanzas. Y toda la actividad pastoral en los distintos sectores y las distintas vocaciones, en espíritu de Iglesia que, se fue dando: entre examen de conciencia y la consecuente reformulación en orden a la continuidad de trabajos pastorales. La actualización de quienes, por pertenecer a las nuevas generaciones, conocían sólo de oídas la experiencia de la Iglesia que el CELAM había venido animando en cada una de las conferencias.

Algunos se pueden sentir un tanto desilusionados porque no encuentran un esquema preciso de la Misión y la Comunicación, explícitamente formulado, a lo largo del documento. No existe este subtítulo.

SIN EMBARGO ME REFIERO AL DOCUMENTO DE APARECIDA.

Lo hago con mucho cariño porque la Asamblea de la V Conferencia fue una escuela para mí. Bueno, la Iglesia es mi Maestra, pero no me pregunten por el voto obtenido. El documento recoge, y creo que con gran éxito, una panorámica de las experiencias, inquietudes y perspectivas de la vida pastoral de América Latina y del Caribe. El gran tema del Discipulado y la Misión abarca el documento en varios aspectos: su necesidad, su descripción, sus desafíos, el llamado a la conversión pastoral (1. 10). El gran tema de la Vida. El gran tema de los Agentes en su vocación, formación, proyección como discípulos y misioneros. Y, sorprendentemente el gran tema de la Pastoral de la Comunicación en su Teología, en el análisis de la realidad desde ella, en el desafío de encuentro con la cultura, con la convocación, formación discipular y misión de los Agentes, en su urgencia en la Misión.

La etapa de preparación

Para mí fue providencial este proceso anterior. Iniciaba mi ministerio episcopal en la Diócesis de Cuautitlán (noviembre 2005) y tenía la necesidad de un instrumento de trabajo; lo encontré en el Documento de Participación y las fichas de Trabajo. Soy invitado por el Sr. Arzobispo de Morelia don Alberto Suárez Inda para colaborar en el equipo que en la Conferencia Episcopal de México recogiera y procurara integrar las aportaciones de las diócesis. Capté un importante diálogo interdiocesano que propiciaba que en ese momento el enriquecimiento mutuo fuera en avance. Desde luego, de acuerdo a las características de cada diócesis, de cada Provincia, fueron distintos los modos y los puntos de interés. Pero era frecuente encontrar el tema de los medios tanto como una desafío a enfrentar como, aunque en menor escala, la búsqueda del mejor modo de usarlos en la pastoral. Y mirar hacia la identidad de la Iglesia como Comunión y Misión.

El Documento de Participación y la Síntesis de Aportaciones.

Me preocupaba que no se tocara suficientemente la Pastoral de la Comunicación ni en el Documento de Participación, ni en las Fichas de Trabajo, ni en la Síntesis de Aportaciones, ni el Documento Conclusivo que se iba perfilando en esa línea.

Si me presento ante ti, digo mi nombre y te dejo conocer mi interior; si tú haces lo mismo conmigo, no sólo nos comunicamos sino que abrimos caminos de comunión. Si procuramos que el mensaje intercambiado, la realidad tuya y la mía, sea claro, y propicie la comunión, el mensaje mismo y nosotros como sujetos y destinatarios cumplimos nuestro cometido. Aparecida fue suscitando este camino de comunicación para el encuentro, el intercambio, la comunión. Y la experiencia de la Conferencia llegó a nuclear el Acontecimiento.

El Documento Final.

Por fin, que dice Aparecida. Es decir, cómo verbaliza su experiencia este acontecimiento (1-18). Me parece oportuno hacer algunas afirmaciones que pueden parecer exagerados:

El Método es Teológico (19): mirar desde el Padre, juzgar desde el Hijo Palabra de Verdad, y actuar bajo la acción del Espíritu Santo.

Dios es Comunicación y, desde Él, nada se entiende sin la perspectiva del hecho comunicativo en Dios mismo entre las tres Personas (Ad intra), de revelación al hombre y de existencia de este hombre, que es su imagen y semejanza (Ad extra).

·         Por eso, una buena teología es teología desde la Comunicación y de la Comunión y que necesariamente tiene la dimensión de la Misión (129-130) (25).

·         Una buena pastoral misionera es comunicación que lleva a la comunión (132-133) (155). Y, dentro de ella, para que haya un proceso de evangelización debe presuponerse una capacitación para la comunicación en el Agente evangelizador (138-139) sea en la Pastoral profética, como en la litúrgica, como en la social.

·         Para formar discípulos no podemos dar un paso en el proceso, nosotros mismos no podemos imaginar serlo, si no nos encontramos con la Palabra que nos llama, la voz que por escucharla e interiorizarla, la iremos conociendo. Y comenzaremos a ser misioneros en la medida que esa Palabra haya penetrado como vida nueva en nuestro interior y nos convierta en testigos. La formación de los discípulos es un camino de comunicación que lleva a la identificación con la Palabra hecha carne. El misionero no puede ser tal si no comunica la Palabra que ha recibido y acogido. Si comunica su propia palabra nunca será misionero, puede ser gran comunicador de sí mismo, pero no misionero. Asunto de identidad y de fidelidad, de autenticidad y de generosidad (101-103).

·         La Misión, en la perspectiva de Aparecida, no es un evento más dentro de las propuestas pastorales, estrategias o recursos. La Misión es la Identidad de la Iglesia en su perspectiva teológica y pastoral. En este sentido la Misión es la realidad de la Iglesia que es comunicación y llega a la comunión (145-148) (155). El tema de la Misión que meditamos y sobre la que dialogamos en el CELAM es una realidad permanente y tiene la dimensión “ad Gentes” (cfr. 548).

Desafíos y riquezas en diálogo

Aparecida presenta en diversos momentos una serie de Desafíos pero también toma conciencia de la riqueza de la Iglesia. Si bien es cierto que vivimos un cambio de época, fundamentalmente por la globalización y el gran influjo de los medios, constantemente estamos profundizando en elementos teológicos básicos para el diálogo con el mundo. En primer lugar, si bien Aparecida toma conciencia de una visión emergente de la persona humana (47), continúa la reflexión sobre la antropología de base de la Iglesia ¿Qué persona existe y cuál queremos formar?  (42. 52-53). Cuando los niños (439), adolescentes y jóvenes (318. 445) están siendo amaestrados, son discípulos captados inconscientemente –lo cual es grave- por los medios de comunicación, la Iglesia tiene conciencia de la urgencia de la misión, de comenzar desde Cristo (549). Cuando los sacerdotes, agentes vitales de la Iglesia misión, están inmersos en la cultura mediática (194), los obispos queremos formar sólidos hombres de fe que opten por Cristo y acepten dar la respuesta en el ministerio ordenado (314-327). Y lo mismo queremos propiciar con los miembros de la Iglesia para muchas personas: los secretarios y secretarias de oficinas parroquiales, los sacristanes, personas casi siempre olvidadas en su formación en la fe; pero también educadores católicos y muchos otros que tienen contacto con adolescentes y jóvenes, además de los comunicadores (486).

En consecuencia la Parroquia misionera, formadora de discípulos y misioneros (305-306), a través de una red digital puede incorporar proyectos de formación en la fe con el uso de los medios electrónicos (490).

En todo esto, la RIIAL tiene mucho que ofrecer en los distintos ámbitos de Iglesia, como cauce educativo que ofrece los instrumentos a la medida de las necesidades que se van presentando, pero también a la medida del crecimiento de los agentes; esta Red es no sólo impulso sino también compañera del proceso de crecimiento. No puedo decir cosas más concretas, se las dejo a su creatividad, ustedes que como técnicos expertos y creativos y, sobre todo, hombres y mujeres de fe, que caminan como Iglesia, pueden hacer operativas.

La presencia de María, la Madre del Señor (entre María Inmaculada Aparecida de Brasil y María Madre de Guadalupe).

Estando en Aparecida, recorría los distintos salones en donde teníamos las reuniones de grupo y de comisiones. Me di cuenta que en cada uno estaba, sobre un caballete, la imagen de la Virgen venerada en cada uno de los distintos países. Y me preguntaba ¿Por qué Aparecida y por qué Guadalupe especialmente?

De entrada en Aparecida es la Inmaculada, en Guadalupe es la Madre embarazada. Después, viene a mi mente el texto de Jn 20 que relata la aparición de Cristo Resucitado a sus discípulos a orillas del lago. Aparecida recuerda el trabajo inútil de los pescadores, el esfuerzo por lograr una pesca necesaria y María interviene como Jesús, ayudando a encontrar peces e invitando a participar con Él en un almuerzo de vida nueva que había previsto. En el Tepeyac, María de Guadalupe viene para indicar a Juan Diego en dónde están las flores que son signo del Reino, Ella las toca y las deposita en el ayate para que su Mensajero fuera a dar testimonio al Obispo;  de discípulo pasa a ser testigo y como testigo encarna la Misión en todo su sentido. María nuestra Señora Inmaculada de Aparecida cuida a los fieles. María Madre de Guadalupe llama, educa, hace discípulo a Juan Diego y lo envía.

Y San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

El que era ya un indio bueno, permanece fiel como misionero y catequista universal, pues comunica la Buena Noticia a propios y extraños. Está presente en el Acontecimiento de Aparecida. Este Indio Santo está ubicado en el tríptico que el Papa Benedicto regala a la V Conferencia como uno de los enviados por el Señor en su Asunción y, al final, dando catequesis con dos elementos de gran significado; debajo del brazo izquierdo tiene la Biblia y puesta la Tilma con la imagen de nuestra Señora de Guadalupe. Si la Madre habla, los hijos la escuchan. Si ella llama, los hijos van. Si el hijo la entrega a sus nuevos hermanos, ella los acoge (268).

Dando ejercicios espirituales a mis sacerdotes, les hablaba de cómo Jesús en la Última Cena había hecho sacerdotes a sus discípulos compartiéndoles su identidad; pero que en la Cruz llegó al cumplimiento de esta obra, dio al nuevo sacerdote a su propia Madre que estaba ahí, de pie, cercana. Espontáneamente les grité: “¡Somos sacerdotes hasta la Madre!” Que hermosa la maternidad de María para San Juan Diego; como excelente comunicadora no sólo habla el idioma de su interlocutor, sino que se viste como Mensajera, Mensaje y Medio a la vez, del lenguaje que puede entender. Yo compartía ayer una experiencia que me educó para siempre. Dos ancianos indígenas estaban en mi casa, sentados, dialogando en náhuatl; atraído por la musicalidad del idioma me acerqué; el señor se dio cuenta y se dirigió a su esposa diciendo: “señora, vamos a hablar castilla porque el niño está aquí y no nos entiende y es falta de educación”. Seguramente estos hermanos tuvieron presente el encuentro y el diálogo entre María de Guadalupe y San Juan Diego, supieron que la dulce Señora del cielo tuvo el respeto y la delicadeza para dirigirse a hijito. Ella, como lo hemos dicho ya, nos enseña a escuchar al Señor, a ser discípulos, a comunicar la Buena Noticia, a buscar la manera de adaptar el lenguaje a los interlocutores para incorporarlos, desde su vocación, a la Misión, a la vida de la Iglesia (268-269). Ella es nuestra Madre, Maestra, Comunicóloga y Misionera.

María en el Magníficat.

En la Segunda Parte, LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCÍPULOS Y MISIONEROS, capítulo 3: La alegría de ser discípulos misioneros para anunciar el Evangelio de Jesucristo, tenemos como imagen de agua a María que canta el MAGNIFICAT. El anuncio para ella que la confronta (101), su aceptación y la encarnación del Verbo (102), luego todo el bloque de alabanza de María al Padre (104-108), la acción de Dios a favor de los pobres y de los desamparados (109-113) y culmina la bendición por toda la creación que se mantiene en alabanza y nunca termina (114-128).

Muchas gracias queridos hermanos y hermanas, muy respetados señores míos. Les agradezco que hayan puesto atención a mis palabras, a mi dicho, me han dispensado un espacio en su corazón. Que nuestra Señora del Cielo, la Santa María de Guadalupe, la Verdaderísima Madre del Dios por quien se vive, los cuide y los acompañe, sea su compañero nuestro querido Tata, hijito querido de esta Santa Madre, San Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Así sea.

+ Guillermo Ortiz Mondragón