Padeciendo una enfermedad incurable (de su diario)


 

 

"No es de probada virtud el que a sí mismo recomienda, sin aquel a quien el Señor recomienda" (2 Cor 10, 17)

"Se complace el Señor en los que le temen" (Salmo 147, 11)

 

En esta semana he experimentado que no tengo confianza en la misericordia de Dios. Será porque tengo mucho tiempo libre y no puede hacer muchas cosas

Me pongo a pensar  en lo que hice y que ahora me parece me equivoqué en mochas cosas.  Me cuesta aceptar estos errores y sobre todo saberme amada por Dios como soy, algo que al principio del camino lo experimenté claramente, y ahora no.

Veo que me falta fe, sobre todo cuando me encuentro débil físicamente.  Me cuesta abandonarme a la voluntad de Dios  - a la impotencia  de sentirme limitada y saber que eso es lo que quiere Dios para mí hoy y centrar en eso  mi voluntad.

Escuchando “Radio María” hablar sobre la infancia espiritual me he dado cuenta del orgullo espiritual que tengo y que es doloroso y difícil bajar.

He descubierto que no tengo humildad y que no acepto mis errores porque no soy lo que yo pensaba era y quería ser.

El Señor me invita a pedirle me abandone en Él y le pida misericordia.

Por otro lado si experimento materialmente que Dios me da de comer, vestir, a pesar de mis pecados, que es bueno y misericordioso.

 

 

24-11-2002

La lectura de lo que escribí el mes pasado, me hace ver que mi situación es casi la misma.

Ahora estoy más tranquila. No tengo la angustia de antes; y lo que me ayuda bastante es el rezo del rosario.

Veo que cada día tengo el don de la vida y que el Señor siempre me muestra su misericordia. Me ayuda a ir al hospital  y a tener paciencia en la espera a que me atiendan.

Todos los días se me presenta la cruz. Algunas veces puedo entrar en ella y otra nos, porque el demonio me engaña: ¿por qué me tienen que doler la garganta, los huesos, la tos?…soportar la bulla de mis sobrinos, soportar a mis hermanos.

Señor, no tenga paciencia. A veces me acuerdo de ofrecer mis dolores y unirlos a la pasión de Jesucristo, otras no.

No tengo ganas de rezar, pero igual rezo: laudes, intermedia y vísperas (estas con “Radio María”). Escribo un poco también.

Bendigo al Señor porque mi madre tiene mucha paciencia conmigo, porque hay días que amanezco de muy mal humor. Y en esos días no tengo ganas de nada. Sólo puede rezar la oración de Jesús.

 



 

 


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