El valor de comunicar la verdad


Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal
de Medios de Comunicación Social (CEMCS)

28 de mayo de 2006

1. La celebración de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales fue instituida por el Concilio Vaticano II (cf. Inter mirifica, 18) para concienciar a los fieles sobre la importancia que los medios de comunicación tienen para la misión de la Iglesia y su destacada influencia en las personas y comunidades.

Constituye también una oportunidad para agradecer a los medios y a sus profesionales el servicio que prestan al libre y democrático ejercicio de la vida ciudadana, la cual no se puede construir al margen de Dios y de los valores trascendentes, por lo que a la vez les pedimos tengan en cuenta, a la hora de reflejar la realidad, estas dimensiones sin las cuales no sería completo y veraz su tratamiento informativo.

2. A eso se añade la necesidad que la propia Iglesia tiene de una adecuada información religiosa y de medios de comunicación en los que, además de mostrar de forma coherente la doctrina del Evangelio, se refleje la variada vida de la comunidad cristiana. Vaya pues por delante, igualmente nuestra gratitud y reconocimiento a cuantos hacen posible que los medios encuentren un adecuado lugar en la Iglesia, ya sea trabajando directamente en el campo de la información religiosa en prensa, radio, televisión e Internet, o bien en la pastoral de las comunicaciones sociales, especialmente en las delegaciones diocesanas de medios. Con ellos se sirve notablemente a la comunión y a la participación eclesial.

Medios para la cohesión social

3. Precisamente para fomentar el papel y la responsabilidad de los medios de comunicación como instrumentos de cohesión social, el Papa Benedicto XVI ha elegido como lema para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de este año el de “Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación”.

Este compromiso operativo se nos muestra más urgente cuando la fragmentación y hasta la fractura van ganando terreno en la vida personal y en el marco social, dificultando la necesaria serenidad y la convivencia armónica. Por esto mismo resulta muy oportuna y provechosa la llamada del Papa cuando afirma que “los medios de comunicación deben aprovechar y ejercer las grandes oportunidades que les brinda la promoción del diálogo, el intercambio de conocimientos, la expresión de solidaridad y los vínculos de la paz. De esta manera ellos se transforman en recursos incisivos y apreciados para la construcción de la civilización del amor que toda persona anhela” (n.4).

4. Especialmente útil es esta contribución de los medios en nuestro país donde hemos de seguir trabajando por una mayor cohesión social y unidad de los ciudadanos, sabiendo que ello exige necesariamente tanto la opción por la verdad, mostrada con caridad (cf. 1Cor 13,1-3; Col. 4,6; Ef 4, 25.29), como por los valores que sustentan la dignidad de la naturaleza humana, y que tienen en Jesucristo, el Verbo Encarnado, el verdadero modelo de referencia y plenitud (cf. Concilio Vaticano II. Gaudium et spes, 22). A conseguir esto han de ayudar los medios y los comunicadores que, en virtud de su adhesión a la verdad, ejerciten serena y pacificadoramente el quehacer informativo.

La verdad del hombre

5. Los avances tecnológicos facilitan una comunicación instantánea y directa que puede favorecer el bien común de la sociedad. Sin embargo, esta inmediatez de la comunicación moderna no se traduce, en muchas ocasiones, en una mayor cooperación entre los pueblos y en una más profunda comunión entre las personas. Así lo confirman la persistencia entre nosotros de grandes diferencias sociales e incluso la ausencia en la conciencia de la opinión pública de los problemas de las zonas más pobres y deprimidas del planeta. ¿Cuándo aparece, por ejemplo, África en los medios?, o ¿cuál de estos medios nos habla con profundidad y extensión de las causas que obligan a tantas personas a salir de sus países y buscar mejores condiciones de vida en Europa arriesgando sus vidas?, ¿por qué se debilita este sentido social de la comunicación, inherente a su verdadera naturaleza y en cambio se prima el puro interés económico y consumista o el entretenimiento superficial? Sencillamente porque iluminar las conciencias, formar opinión y crear pensamiento nunca es una tarea neutral.

Para que haya una comunicación verdadera en las actuales circunstancias de pensamiento único, de manipulación del lenguaje y de relativismo gnoseológico y moral, se requieren principios, valentía y decisión (cf. Benedicto XVI. Discurso a la plenaria del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Roma 17/3/2006). En este nuevo siglo, el periodismo se enfrenta a desafíos nunca imaginados, porque los comunicadores sociales se han convertido “en oscuro objeto del deseo” de los grupos de presión, especialmente de los gobernantes. De ahí que el periodismo necesita hoy volver a razonar sobre los principios y fundamentos del oficio, ya que una comunicación sin trampas requiere superar las cortapisas ideológicas, económicas y políticas que a veces dificultan la auténtica información. Es ineludible, por tanto, fomentar entre los periodistas y demás comunicadores la conciencia responsable de que son servidores de la verdad y promotores de la paz.

Apostar por lo valores éticos

 6. Para lograrlo, animamos, con respeto y humildad, a cuantos trabajan en los medios, ya sean de titularidad eclesial o civil, a un verdadero rearme ético, tomando pie de las palabras del recordado Juan Pablo II cuando invitaba a los periodistas a que concibiesen su trabajo como una tarea en cierto sentido «sagrada», ejercida con la conciencia de que “se les confían los poderosos medios de comunicación para el bien de todos, en particular para el de las capas más débiles de la sociedad... No se puede escribir o emitir sólo en función del índice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos. Ni tampoco se puede recurrir al derecho indiscriminado de información, sin tener en cuenta los demás derechos de la persona” (Discurso en el Jubileo de los Periodistas. 5/6/2000).

Una verdadera comunicación humana sólo es posible mediante el diálogo y el intercambio de conocimientos, a fin de construir entre todos una sociedad más justa y solidaria (cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica El rápido desarrollo, Roma 2005, nº 11), donde la comunicación esté basada en la objetividad de las noticias, se faciliten los máximos datos de los hechos de interés público, sean respetados los diversos puntos de vista, se apoye a la familia y se defiendan los grandes valores de la dignidad de la persona humana.

7. Todo esto no es sólo obra de los periodistas, sino también del público en general. Las exigencias éticas en el campo de la comunicación no son únicamente para las entidades públicas, sino también para las empresas privadas. La conquista de una información veraz ha de ser empeño común de creyentes y no creyentes, aunque los medios confesionales ciertamente tendrían que estar en la delantera del compromiso por la verdad y en la denuncia de la falsedad, en especial, como dice Benedicto XVI, “de aquellas tendencias perniciosas que corroen el tejido de una sociedad civil y de la persona” (cf. Discurso a la plenaria del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Roma 17/3/2006).

8. En ese horizonte de esperanza, ofrecemos a los que trabajan en los medios nuestro apoyo y disponibilidad, a fin de que juntos podamos comunicar con valentía la verdad y construir en nuestro país una comunicación verdaderamente humana en la que, ciertamente, hay muchas más cosas que nos unen que las que nos separan.

Y como prueba de afecto y señal de amistad, os aseguramos nuestra oración y bendición,

 

+ Juan del Río, Obispo de Asidonia-Jerez y Presidente
+ Antonio Montero, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz
+ José H. Gómez, Obispo de Lugo
 + Joan Piris, Obispo de Menorca
+ Joan Carrera, Obispo auxiliar de Barcelona
+ Raúl Berzosa, Obispo auxiliar de Oviedo