Renovar la Mentalidad de los Medios de Comunicación



 

Issued by NCCB/USCC, June 1998
Copyright © 1998,
 United States Catholic Conference,
Copies of This Statement


"No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto". (Romanos 12:2)

Declaración para vencer la explotación del sexo y la violencia en las comunicaciones, de los obispos católicos de EE.UU. United States Catholic Conference Washington, D.C.




Índice del Contenido


Introducción

Los medios de comunicación tienen tal capacidad para llevar la verdad y la belleza a las vidas de miles de millones de personas que no podemos permitir que se conviertan en el escenario de los que quieren pervertir el don divino del cuerpo y la sexualidad. Aunque parezca que los grandes conglomerados de medios de comunicación están fuera del alcance de la influencia de personas ordinarias, nosotros todavía osamos creer, que por la gracia de Dios (cuyo poder hizo posible las maravillas de la comunicación) todos aquellos que trabajan en los medios de comunicación o los usan, se unirán para dar gloria a Dios y eliminar todo lo que pueda disminuir su imagen en la creación.

Dada su tremenda capacidad para dar forma al destino de la humanidad, los medios de comunicación social son de considerable interés para la Iglesia. Ya el Concilio Vaticano II reconoció que los medios de comunicación pueden dirigir, recta o desgraciadamente, al género humano (cf. Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de comunicación social [Inter Mirifica], no. 11).

Los medios de comunicación contemporáneos han logrado que se intensifique y acreciente la presentación de la pornografía y la violencia gráfica excesiva e innecesaria. Otros usos también ofensivos del sexo y la violencia se han proliferado en algunas formas de los principales medios de comunicación. El uso frívolo y estimulante del sexo y la violencia penetra de tal manera los medios de comunicación que ha contribuido a la pérdida del sentido de lo que de forma objetiva es moralmente bueno y malo en es tos asuntos.

La pornografía, la excesiva violencia, y otros usos irresponsables del sexo y la violencia en los medios de comunicación hieren seriamente la salud moral y psicológica de la sociedad en general, como también la de los individuos –tanto niños como adultos. Aun la gente que no hace gran uso de los medios de comunicación está consciente de que viven en una sociedad cuyo ambiente y cuyos valores son afectados por la influencia de los medios de comunicación para el bien o el mal, y también pueden ser afectados ellos mismos, aunque indirectamente.

Hoy los medios de comunicación afectan nuestra vida más que nunca. El Internet, desconocido por la mayoría hasta hace poco, es ahora un instrumento para negocios, educación y otros tipos de comunicación. La tecnología del CD-ROM pone al alcance de nuestras manos bibliotecas completas, y crea avenidas para el aprendizaje que permite a los usuarios entender materias complejas y desconocidas. Mediante el uso de satélites y sistemas de tv por cable, los usuarios tienen acceso a muchos más canales que permiten cualquier diversión o información "que se desee". Nuevos canales, dedicados a tales temas como la historia, el gobierno, la educación, la ciencia, niños, idiomas extranjeros y religión, cumplen con una de las metas originales de la televisión que era ayudar en la educación de la sociedad, especialmente a los niños, sobre la vida, la cultura y el mundo. Con la llegada de la televisión de alta definición, esa tecnología digital proporcionará a la industria de la televisión los medios para ganar un papel aún más importante en la vida del hogar.

El lado negativo de los medios de comunicación, sin embargo, continúa obscureciendo el valor de esas contribuciones. Grandes empresas en la industria de la comunicación y el espectáculo obtienen grandes beneficios al enfocar a los jóvenes, particularmente, mediante una varie-dad de medios de comunicación. Cargan con una gran respon-sabilidad por instigar los instintos y deseos que la mayoría de los jóvenes no han aprendido a controlar con la madurez.

La televisión y el cine son criticados con más frecuencia, ya que en el pasado, han ofrecido la mejor oportunidad para que los jóvenes tengan libre acceso a materiales censurables. Sin embargo, otras formas de medios de comunicación, nuevas y viejas, también influyen en jóvenes adultos para causar formas destructivas e inmorales de conducta:

  • La utilidad del Internet ya ha sufrido algún daño por parte de aquellos que lo usan para vender sexo y violencia o para trasmitir mensajes de odio. Esta apertura a un vasto mundo de aprendizaje e información es también el medio para que adultos y niños tengan acceso a la obscenidad, la violencia y el prejuicio. Páginas para "adultos" y las que provocan el odio aparecen en Internet, como también el equivalente a las librerías para adultos. Los padres no quieren que Internet introduzca en el hogar ese tipo de ambiente del que normalmente tratarían de proteger a sus hijos, pero los padres se sienten impotentes para impedir que eso ocurra.
  • Las conversaciones radiales, con frecuencia inundan a sus oyentes con comentarios hirientes o indecentes.
  • La industria de la música ha recibido ataques merecidos por los mensajes obscenos y violentos que contienen la letra de muchas canciones, y grupos musicales específicos han sido acusados de comportamiento destructivo tales como el uso de drogas y hasta el suicidio.
  • Juegos brutales de vídeo hacen creer a los niños que el mundo de la violencia, el libertinaje y el sadismo es equivalente a lo que es atractivo y heroico.
  • Revistas que convierten a las personas en meros objetos sexuales continúan aumentando, y todo parece ser aceptable ya que la presentación de actos sexuales pierde el poder de sorprender o hasta avergonzar. Otras revistas exaltan las actividades agresiva s y violentas.
  • Servicios telefónicos ofrecen conversaciones de todo tipo para estimular sexualmente.
  • Algunos lugares de diversión ofrecen nudismo como su principal atracción, aun estando localizados cerca de escuelas y vecindarios familiares. Esos sitios ofenden a sus empleados y clientes y los que reciben esa propaganda son tentados a considerar la persona y la sexualidad de manera degradante.
  • Aunque algunas han instituido normas para no ofrecerlas, hay tiendas de vídeos que ofrecen secciones clasificadas X y son, por tanto, grandes contribuidoras a la propagación de pornografía. La mayoría ofrece una va-riedad de selecciones con acción y violencia que tienen el potencial de in-citar comportamiento violento.
  • Compañías publicitarias son notorias por su amplio uso de imágenes se-xuales para vender productos, y sus modelos, algunos lo suficientemente jóvenes como para parecer menores de edad, posan con vestimenta provocativa y aparecen en anuncios, revistas, carteles, televisión y World Wide Web.

La Iglesia, reconociendo la belleza de la sexualidad y la triste realidad de la violencia en la vida humana, distingue entre la proyección irresponsable del sexo y la violencia y la posibilidad de proyectarlos de manera correcta dentro de un contexto moral que puede ser apropiado para adultos, aunque no lo sea para niños o jóvenes, y deba mantenerse fuera de su alcance. Objetamos a la manera en que se usa el sexo y la violencia, no al mero hecho de su presentación.

Los pornógrafos y los que hacen uso de la violencia gráfica para excitar a los vulnerables están muy cerca de ser como los narcotraficantes que abusan de las debilidades humanas para su propio beneficio. Otros que usan irres-ponsablemente el sexo y la violencia para deslumbrar sus audiencias también hacen mucho daño.

El gobierno tiene también una gran responsabilidad. La falta de regulación ha dejado a los consumidores, por lo general, sin la alianza del gobierno en la promoción de mejores medios de comunicación, precisamente durante este periodo en que su influencia ha crecido enormemente.

Los consumidores de los medios de comunicación también comparten la responsabilidad. Aquellos que escogen libremente dar apoyo a las industrias que ofrecen pornografía y violencia gráfica no sólo son responsables de sí mismos, sino también de todos aquellos que serán atrapados en lo que el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) llama la "ilusión de un mundo ficticio" (no. 2354) lleno de sexo y violencia. Muchos consumidores no levantan su voz contra esos materiales explícitamente sexuales, menos importantes pero también ofensivos, que pasan por sus manos cada día en los medios de comunicación principales. Estos son los factores que inspiran esta declaración. La base de nuestra inquietud está en una convicción llena de fe sobre la dignidad del cuerpo y de la sexualidad.


La Pornografía a la Luz de la Teología del Cuerpo y la Sexualidad

La perspectiva cristiana sobre el cuerpo y la sexualidad se basa en los relatos bíblicos de la creación que tenemos en el libro del Génesis, donde se describe a Dios creando el cuerpo con amor, y luego infundiéndole el hálito de vida (cf. Gn 2:7). La raza humana que así empieza a existir se revela como creada por Dios para ser hombre y mujer (cf. Gn 1:27). La Encarnación del Hijo de Dios reafirma que nuestra existencia corporal es buena, y Cristo eleva el estado natural de las criaturas con su sexualidad, para participar en la vida sobrenatural de la gracia me-diante la institución del Sacramento del Matrimonio.

El acto sexual es parte del plan divino de la creación, como parte del mandato que Dios dio a la humanidad de "Sean fecundos y multiplíquense" (cf. Gn 1:28). El texto bíblico resume elocuentemente la intimidad del acto conyugal para compartir la vida: "Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y son los dos una sola carne". (Gn 2:24). Al constituir el matrimonio como sacramento, Cristo da mayor claridad al propósito de la sexualidad que es fomentar una unión amorosa entre los cónyuges y para la procreación y crianza de los niños.

La pornografía es un atentado a la concepción divina del cuerpo y a la intimidad de la unión sexual. Enfoca ciertas funciones naturales del cuerpo sin modestia y de manera obsesiva. Es una ofensa contra la castidad en ge-neral y también de manera que revela males específicos. Siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica podemos identificar varias maneras en que la pornografía hace daño a los que la producen y a los que la usan.

Al desplegar funciones naturales del cuerpo que normalmente tienen lugar en privado, y actos de la intimidad sexual que propiamente son parte del amor entre esposo y esposa, la pornografía viola el respeto que se le debe al cuerpo y le roba a la intimidad sexual su significado y propósito intrínseco. Además de los que producen la pornografía, todos los que la distribuyen y compran manchan su dignidad humana. No importa las razones que den, pero cada uno de ellos, en modos diferentes, se convierte en un objeto atrapado en un sistema para procurar placeres ilícitos y beneficiarse. Todos los participantes son introducidos a "la ilusión de un mundo ficticio" (cf. CIC, no. 2354). Son privados de su habilidad de crecer en el compromiso maduro con otros cuya meta, para la mayoría, es la alianza del matrimonio y la familia, y para unos cuantos, el sacrificio de la actividad sexual "por amor al Reino" (cf. Mt 19:12).

El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales describe los males que causa la pornografía al comportamiento y al carácter, tales como:

  • Puede tener un efecto entumecedor progresivo, que hace que los indivi-duos se vuelvan moralmente insensibles.
  • Puede causar adicción, provocando la necesidad en algunos usuarios de necesitar materiales cada vez más perversos para alcanzar el mismo grado de estimulación.
  • Puede minar el matrimonio y la familia ya que rebaja su valor sagrado.
  • En algunos casos, puede incitar a los usuarios a cometer delitos más abiertamente violentos como la violación, el acoso sexual de menores y hasta el homicidio (cf. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornografía y Violencia en los Medios de Comunicación: Respuesta Pastoral, nos. 14-17).

Algunos cuestionan si verdaderamente esos efectos resultan de la pornografía. Basada en su larga experiencia pastoral, la Iglesia sabe que mucha gente realmente siente una conexión entre la pornografía y la tendencia hacia esos males personales y sociales. Las investigaciones modernas apoyan esa experiencia pastoral, en particular, en lo concerniente a la pornografía que es violenta sexualmente. Estudios particulares también notan las consecuencias negativas de la pornografía no violenta que degrada a la mujer como objeto sexual.

Si hemos de comprender plenamente lo que es la pornografía, hay que tomar en cuenta el misterio de la Caída. Una de sus consecuencias es que los seres humanos encuentran dificultad en responder al llamado que Dios les hace en la totalidad de su ser. Dios desea la perfección de la persona. Los seres humanos, por tanto, deberán ser receptivos a sus más verdaderos y profundos deseos que surgen del llamado de Dios. La perfección no la logran los individuos aislados sino el individuo en su naturaleza social. No estamos creados para "estar solos" (Gn 2:18). Somos lo que somos mediante nuestras experiencias corporales de ser, hablar y escucharnos mutuamente. Dios desea que las fuerzas afectivas y agresivas se apoyen mutuamente para lograr la madurez del amor desinteresado que es fuerte y fiel. Cuando los afectos se convierten en lujuria y violencia agresiva, se pierden tanto la integridad de la persona como la comunión entre personas.

La vida en nuestra cultura moderna hace que sea más difícil alcanzar la perfección a que hemos sido llamados porque hay tantas distracciones que nos sacan de lo que es indispensable al bienestar humano. Muchas de esas distracciones pronto revelan su vulgaridad y los hábitos que ellas crean pueden cambiarse. Asuntos concernientes a la sexualidad, que aunque nos ofrece la experiencia más íntima del impulso hacia la comunión social, no se resuelven tan fácilmente. Aun en medio de actos moralmente incorrectos, se vislumbra el potencial de la sexualidad para satisfacer el poderoso deseo de intimidad que tiene la humanidad. Esta es la promesa con que la pornografía muchas veces atrapa a la persona. El placer que ofrece es un substituto para la intimidad auténtica. El resultado de este placer no es la intimidad sino sentirse desconectado de uno mismo y de los demás. También puede convertirse en una adicción. El cuerpo y sus funciones, incluyendo la sexualidad, se reducen a ser objeto de fantasías cada vez más grotescas que se necesitan en mayor dosis para duplicar la excitación inicial de la participación en la pornografía.

Al enfrentarnos a la pornografía, es importante que no se trate sólo el síntoma. Como respuesta ilegítima a deseos legítimos de intimidad emocional y física, el remedio a la pornografía se basa en una conversión que permite ver el cuerpo y la sexualidad desde su sentido intrínseco, así como desde la perspectiva de la revelación. Esta conversión culmina con un testimonio vivo a la dignidad de nuestra existencia corporal. Incluye sensibilidad a la necesidad, dada por Dios a cada persona, de estar relacionada a otros. Tal testimonio nos permite vencer los engaños de la pornografía que nos separan del verdadero aprecio de nuestros cuerpos.

Ya que la sexualidad, tanto en su uso correcto como en su mal uso, es un elemento de la existencia humana, está siempre presente en varias formas artísticas y en los medios de comunicación. Pero lo que no es necesariamente objetable para unos, sin embargo, puede ser no apropiado para jóvenes o personas con sensibilidades particulares. Aislar la sexualidad de su contexto moral y usarla para impresionar o degradar a otros para beneficio y placer personal es siempre inmoral.


Presentación de la Violencia a la Luz de la Teología del Cuerpo

Mucho de lo que se ha dicho sobre la pornografía tiene aplicación a la violencia gráfica y excesiva en los medios de comunicación. En verdad, existe un tipo de pornografía que explícitamente conecta el material sexualmente estimulante con las tendencias agresivas de la naturaleza humana. Violación, asesinatos, tortura, mutilación y la presentación innecesaria de esos actos violentos están entre las actividades que niegan el significado de nuestra existencia revelado por Dios, y el respeto debido al cuerpo humano como creación de Dios.

La presentación de ese tipo de violencia estimula la tendencia destructiva de nuestra naturaleza. Igual que con la pornografía, en las presentaciones innecesarias de violencia, las personas se reducen a objetos para el placer y beneficio de otros. Y la integridad física de las personas se viola de modo sádico, no con el fin de transmitir un mensaje válido sobre la naturaleza humana, sino por el placer visual o psicológico que algunos puedan derivar de ello. Cuando se presentan a individuos o masas siendo grotescamente aniquilados, para excitar a una audiencia, se engendra falta de respeto por la vida humana. Así la gente es conducida nuevamente a la "ilusión de un mundo ficticio" en el que las molestias de la vida diaria, pequeñas o grandes, pueden ser resueltas con actos de violencia de modo eficaz y permanente.

Igual que con la sexualidad, es necesario comprender el atractivo de tal violencia dentro del contexto del pecado original que lleva a los instintos constructivos a convertirse en caminos destructivos. La fuerza que permite a la humanidad construir es similar a la agresión que destruye. La Escritura nos ofrece evidencia de esto, pero también nos muestra que Cristo es victorioso sobre la insensata violencia humana al rehusar permiso a sus seguidores para acudir a la violencia en su defensa. La aceptación pacífica de su muerte en la cruz es el modelo para todos los cristianos.

Como en el caso de la se-xualidad, no es tanto la presentación de la violencia lo que es malo, sino el mal uso que la convierte en un fin en sí y no saca ninguna lección de ella, o sólo saca las lecciones erróneas. Una vez más, lo que no es objetable para algunos puede ser inapropiado para niños y jóvenes.

Este es un asunto especialmente urgente hoy por la violencia extrema presente en nuestra sociedad, particularmente el grado con que tantos jóvenes recurren a la violencia.

Hay informes que muestran que de más de 3000 estudios en los últimos cuarenta años, la mayoría encuentra una conexión entre la violencia en la pantalla y en la vida real. El Informe de 1972 del Cirujano General Sobre la TV y el Comportamiento citó esa evidencia. Una década más tarde, el Instituto Nacional de Salud Mental presentó un informe que concluyó: "En magnitud, la violencia en televisión tiene tan fuerte correlación con el comportamiento agresivo como cualquier otra variable que se ha medido". Un informe en 1992 para la Asociación Americana de Psicología, confirmó esta conclusión, notando que "los patrones de conducta establecidos en la niñez y adolescencia son la base para patrones de toda la vida que se manifiestan en la edad adulta" (University of Nebraska Press, Big World, Small Screen, 1992, p. 57).

Reconocemos que actitudes y problemas en la familia, la escuela y dentro de otros grupos sociales influyentes contribuyen a esta atmósfera de violencia. Pero, los que controlan los medios de comunicación tienen el deber de evitar que la búsqueda de mejores clasificaciones o mayores ganancias los lleve a presentar la violencia irresponsablemente y en una manera que inspire a otros a usarla como la solución a sus problemas personales o sociales. Aun aquellos que sinceramente desean proporcionar mensajes morales de importancia –tales como la inutilidad de la violencia o cómo destruye a los que recurren a ella– necesitan considerar cuidadosamente el uso de la violencia gráfica. Un buen mensaje puede perderse a causa de la reacción física excitante que una escena violenta puede producirle a los más susceptibles.

Los que participan en los nuevos medios de comunicación necesitan preguntarse si se justifica el énfasis que dan a los reportes de crímenes violentos y la naturaleza gráfica de esos reportajes. Si no lo es, esas personas deberán asumir la responsabilidad por la innecesaria ansiedad y alarma entre los consumidores, y por su contribución a un clima en el que la violencia se hace algo ordinario.

Deberá notarse que, mientras que la inmoralidad de la pornografía y la violencia gráfica se relacionan por el daño que causan a los productores y consumidores, cuando llega el momento de juzgar legalmente lo que es excesivo e innecesario, nuestra sociedad carece de las más mínimas normas objetivas para juzgar cuando algo es obsceno.


Tres Áreas Preocupantes

En cuanto a la presentación de sexo y violencia en los medios de comunicación, será útil distinguir tres áreas que nos preocupan.

La primera es la pornografía en sí, que niega la dignidad que Dios ha dado a cada ser humano. Este tipo de "diversión" degrada a los que la producen y bloquea el desarrollo moral y emocional de aquellos que son tentados a usarla. La pornografía priva a la sociedad de su civismo y se convierte en fuente de crimen, muchas veces en contra de los más desamparados. La sociedad está justamente alarmada por el peligro que corren los niños al ser expuestos a la pornografía y por la posibilidad de ser víctimas de crímenes sexuales o de otro tipo. Las mujeres, más que nunca, denuncian la industria pornográfica que las degrada y les falta el respeto, a ellas en particular.

En esta área, estamos en el campo que usualmente se llama en términos legales "obscenidad" e "indecencia." La obscenidad y la pornografía no están protegidas por la Primera Enmienda y están, de hecho, prohibidas bajo las leyes federales y estatales. La indecencia, también, puede regularse en algunas de sus formas, al menos para restringir el acceso de menores.

Además de la pornografía, hay una segunda área de preocupación. Esta es la llamada pornografía "blanda" (a veces descrita como "erótica" para distinguirla de la "obscena"), que está fácilmente a nuestro alcance. Algunas películas clasificadas R son sólo marginalmente menos ofensivas que las películas clasificadas X. Junto a las películas clasificadas R que se exhiben con regularidad, la televisión cable también ofrece "horas de comedia" con comediantes cuyos monólogos están expresamente cargados de palabras crudas, material sexualmente explícito, y bromas degradantes sobre las funciones del cuerpo. Algunos productores están desafiando las redes de televisión para que vayan más allá de sus normas regulares y acepten más sexualidad explícita y mayor uso
de rudeza y lenguaje profano.

Un tercer nivel de preocupación es material que, aunque normalmente no se identifica como "hardcore" o "softcore", es preocupante porque las escenas con relaciones sexuales parecen estar siempre presente de manera frívola y excitante. Hasta la programación que se presenta para las audiencias ge-nerales en las redes de transmisión de televisión –muchas veces en las horas cuando los niños están mirando– contiene mucho material de ese tipo. En esta última categoría de programación se encuentra mucho material de las telenovelas, espectáculos de la farándula y programas para "info-entretenimiento". Motivado por mejorar las clasificaciones, hasta en los programas de noticias, hay mucho que va más allá del límite de lo que es aceptable para los televidentes en el hogar e incluye historias ofensivas y material sexualmente explícito.

Esta perspectiva inmadura e inapropiada del sexo infiltra muchas revistas, incluyendo algunas dirigidas a los adolescentes o adultos jóvenes en los que la principal característica de la persona es su "apariencia". El consejo que ofrecen sobre la conducta sexual no enfoca la moralidad sino cómo maximizar el "sentirse satisfecho" con uno mismo y cómo minimizar los resultados negativos de varios grados de intimidad. Muchas películas que se anuncian para atraer audiencias de jóvenes contienen uso del sexo de manera igualmente explotadora.

La manera en que se habla del sexo también es preocupante. La libertad con que se debaten públicamente asuntos sexuales, disminuye la seriedad con que se trata la sexualidad.

La violencia también se puede categorizar de esta manera. Como se ha notado ya, hay una categoría en la que el sexo y la violencia se combinan para producir en las personas la resolución a participar en actos sexuales en una variedad de escenarios degradantes, algunas veces culminando con la muerte. Esta categoría de violencia es una forma de pornografía y puede ser perseguida por la ley.

Además de esta "pornografía de la violencia" hardcore, hay una segunda categoría que contiene varios grados de violencia softcore. Mutilaciones y escenas grotescas de confrontaciones violentas –sangre brotando de heridas o el sonido de huesos al ser quebrados, constituye el valor de "entretenimiento" de películas de "acción," "slasher," "kickboxer," y películas similares. Tal violencia se presenta muchas veces como deporte o entretenimiento. No es un elemento de la trama o caracterización sino el propósito en sí de la obra. Muchos programas de este tipo están disponibles en la televisión cable. Como en la presentación del sexo, las redes son desafiadas a ir más allá de sus normas hacia el tipo de violencia que se ve en las películas que exhiben los teatros.

La tercera área tiene que ver con la generalización con que la violencia, aunque no tan extrema como en las otras áreas, se presenta frívolamente. Es este tipo de violencia que muchas veces causa las quejas que se escuchan sobre la violencia excesiva de las noticias, en los muñequitos diseñados para niños muy pequeños, y en los eventos deportivos.

El comportamiento violento muchas veces origina conversaciones airadas y que faltan el respeto; y demasiados medios de comunicación parecen que no sólo toleran, sino que se empeñan en alentar las conversaciones hostiles. Una cosa es identificar puntos de desacuerdo, pero otra es representar expresiones extremas y agresivas en ambos lados de un tema. Muchos de los programas radiales y algunos directores de programas de televisión parece que se especializan en este tipo de violencia.


¿Qué Se Puede Hacer?

Aunque la pornografía que cae dentro de la definición legal de obscenidad incluye a los materiales más dañinos dentro de las tres áreas que nos preocupan más, es al mismo tiempo, el área en la que contamos con un recurso legal para una solución. Las cortes han establecido claramente que la obscenidad y la pornografía infantil no son expresiones protegidas y puede exigirse el cumplimiento de las leyes contra ella. Las cortes también han reconocido que las normas de la comunidad local tienen un papel que jugar en definir la obscenidad.

El paso principal, por tanto, en combatir la industria pornográfica es requerir obediencia a las leyes existentes. La Iglesia y los grupos cívicos pueden proporcionar tanto inspiración e información para persuadir a las autoridades locales de la gravedad intrínseca de esos crímenes y de su conexión al crimen en general. El uso de la pornografía se considera con demasiada frecuencia como un crimen "sin víctimas" que, con tantas otras exigencias ante el sistema legal, se puede ignorar sin consecuencias adversas. Pero es, sin duda, una de esas categorías del crimen que afectan el tono general de la sociedad y es campo fértil para otros tipos de crimen.

En cualquier forma que se manifieste la obscenidad, la comunidad local tienen el derecho a combatirla y las autoridades locales a exigir el cumplimiento de la ley.

La educación sobre el impacto de la pornografía es tan importante como el obligar al cumplimiento de la ley. Demasiada gente parece no estar consciente de lo extensa que es esta industria, del mucho dinero que gana, o lo denigrante que es el material que produce y distribuye. La Iglesia puede proporcionar ese tipo de educación desde el púlpito y mediante programas para la educación de adultos. Los grupos que tienen como propósito combatir la pornografía son un recurso en esos esfuerzos educativos.

En cuanto al material gráfico extremadamente explícito sexualmente que se produce, exhibe, compra y se posee legalmente, como también material sexual y violento descrito en las tres áreas de preocupación, depender solamente del sistema legal es insuficiente para proteger moralmente a la sociedad. Varios grupos necesitan dirigirse a estas preocupaciones de manera apropiada:

El Gobierno
Además de su deber de requerir el cumplimiento de las leyes sobre obscenidad y pornografía infantil por los diversos medios de comunicación, el gobierno debe reafirmar su papel regulador de las ondas de difusión. Se ha establecido claramente que el espectro difusor pertenece al público y sólo se arriendan a los que reciben licencia del gobierno para usarlo. La renovación de licencias debe dejar de ser pro forma y requerir una nueva evalua-ción realista de si las difusiones de una entidad han sido verdaderamente para beneficio del público, confirmado por los comentarios de los usuarios. La disminución de la función reguladora –la cual nunca ha sido demasiado onerosa– ha tenido un enorme impacto en términos de relajar las normas y abrir las puertas a materiales cada vez más ofensivos.

Además de los difusores de radio y televisión, los difusores de cable y operadores de satélites también son regulados por el gobierno. El público debe exigir su regulación para que (1) afecte la concentración del control de esos medios de comunicación, (2) prohiba la venta rápida de franquicias de los medios de comunicación con atractivos para dueños irresponsables que las ven como mercancía con posibilidad de darles una ganancia rápida, y (3) abrir esas franquicias a una fuente mayor de programas (incluyendo programación religiosa). Nosotros abogamos por ese tipo de regulación y junto con otros grupos interesados, continuaremos haciéndolo.

Prestar atención adecuada al Internet y a otros temas importantes tales como las Normas de TV para Padres y "la plaqueta V" que tienen como fin dar a los padres más control sobre lo que sus hijos ven, no debe descuidar otros desarrollos importantes. La llegada de la televisión de alta resolución es ocasión para una revolución digital en el impacto de la televisión en nuestras vidas. En esta encrucijada, el público deberá participar en estos asuntos o vivir con las consecuencias.

Bajo nuestra Constitución, la censura del gobierno sobre una gama de los medios de comunicación no es factible ni tampoco es deseable. La Iglesia se ha visto perjudicada por el poder de censores, cuando gobiernos hostiles hacia toda religión o hacia el cristianismo en particular, han buscado limitar el alcance del mensaje del Evangelio. El gobierno deberá usar su poder para actuar como catalizador para la autorregulación de la industria y para que los consumidores expresen sus derechos.

Se deberá prestar atención especial al problema de estar "en línea". Ahora que la Corte Suprema ha decidido que mucha de la información del Internet, incluyendo el World Wide Web y de las redes comerciales de computadoras está protegida constitucionalmente, el gobierno deberá dirigir sus recursos para combatir el material disponible en esos recursos pero que no está protegido por las leyes existentes sobre obscenidad y pornografía infantil. También deberá buscar persuadir a la industria de los programas para computadoras que desarrolle productos que sirvan a los consumidores para bloquear materiales indeseables para ellos o sus familias.

Las Industrias del Espectáculo y de los Medios de Comunicación
Las industrias del espectáculo y de los medios de comunicación merecen nuestro aplauso por ofrecer muchas obras que son bien pensadas, hermosas y que deleitan el espíritu. Su creatividad refleja la creatividad de Dios. El potencial inherente en ellos para enriquecer la fuente de verdad y belleza en el mundo hace la manipulación de sus dones para propósitos inmorales, más grave aún.

El mundo del espectáculo es vasto y complejo, y en él hay muchos que conocen el pleno valor de los dones que han recibido. Encontramos entre ellos a artistas creativos, escritores, directores, compositores y músicos, diseñadores gráficos y programadores de computadoras, productores y ejecutivos, y muchos más. Ellos conocen su industria mejor que nadie y también cuál es la mejor manera para que sus recursos dejen de ser perjudiciales y opten por el bien que pueden ofrecer. Animamos a esos líderes conscientes, especialmente a nuestros hermanos católicos entre ellos, para que trabajen dentro de sus propios campos artísticos para lograr este fin. Una moralidad básica, ligada al sentido común, al buen gusto y a la discreción puede ser gran ayuda en la eliminación de las inquietudes expresadas aquí.

Los empresarios de los medios de comunicación merecen ser señalados de manera especial. Les pedimos que se dejen guiar nuevamente por el sentido de actuar según el interés del público. Los medios de comunicación, al parecer, se definen hoy día casi totalmente en términos de negocio. Pero por su impacto en la formación de la cultura, los medios de comunicación deberán considerar si es aceptable justificar sus opciones basándose sólo en logros comerciales y las ganancias para los accionistas, sin cuestionar su responsa-bilidad por el contenido moral de sus productos.

También pedimos a la industria publicitaria, y a sus dueños, que consideren qué contribución pueden hacer para responder a los asuntos expresados en esta declaración. Muchos de los medios de comunicación dependen de las ganancias que le deja la publicidad, y la influencia de los patrocinadores y publicitarios, puede ser muy importante.

La difusión, en particular, no sólo responde a las exigencias de su audiencia sino que también la crea. La difusión de la televisión diseña muchos de sus programas para satisfacer a las personas menores de 35 años porque poseen los ingresos disponibles para comprar los productos que anuncian. Como resultado, otros con poco o nada del poder de esos consumidores, pueden dejar de ver programas que no les parecen atractivos o que les ofenden. Esos difusores pueden terminar sirviendo sólo una pequeña porción del público en general en cuyo interés deberían de actuar.

El desarrollo de etiquetas que orienten al consumidor sobre diversos tipos de espectáculos, tales como la Guía de TV para Padres, no debe ser considerado por los dirigentes de la industria, como una intrusión en sus derechos a hacer buenos negocios. Esas etiquetas les ofrecen la oportunidad de renovar los deberes hacia sus clientes que son parte intrínseca de las normas y prácticas existentes y de los procesos editoriales.

No deseamos señalar injustamente a la industria del espectáculo y los medios de comunicación como dañinos a la sociedad. Estamos bien conscientes de que otras industrias –algunas de las cuales gozan de mucho apoyo social y político– son fuente de mucho comportamiento malsano sin contribuir a la sociedad lo comparable a lo que se atribuye a los medios de comunicación. La industria del espectáculo y los medios de comunicación, incluyendo la televisión, no deberán verse como los culpables de todos los males sociales. Mientras que su influencia es innegable, no está claro que constituyen la mayor influencia.

Ni tampoco los medios de comunicación, y la televisión en particular, ofrecen sólo mensajes negativos. Por ejemplo, mientras que las insinuaciones sexuales presente en programas de comediantes muestran un fracaso moral y creativo considerable por parte de la televisión, muchos dramas televisados hoy día son superiores en contenido a las telenovelas nocturnas al estilo de "Dallas-Dynasty", muy populares en la década pasada, aunque también se vean en las redes nuevas, algunas que son idénticas.

También queremos enviar un mensaje especial a la comunidad artística. Los miembros de esa comunidad por lo general son los más interesados en que no se viole el derecho a la expresión. Compartimos su preocupación porque la Iglesia también ha sufrido la violación de sus derechos, no sólo por parte de gobiernos hostiles a la religión, sino también por organizaciones de medios de comunicación que han actuado como censores. En algunos casos, agencias de prensa han decidido que el mensaje de la Iglesia no es "apropiado" para los consumidores o se han valido de "la separación de la iglesia y el estado" como una excusa para callar los mensajes imbuidos de ciertos valores.

Sin embargo, igual que muchos padres y dirigentes religiosos, miembros prominentes de la comunidad artística han mostrado ciertas dudas sobre la compatibilidad de mucho de lo que ellos ven y escuchan hoy, aún en sus mismas creaciones, y si son apropiados para sus familias. También están preocupados por la falta de mensajes que eleven el espíritu humano en mucho de lo que se produce, y por el impacto que la concentración en las ganancias tiene en sus aspiraciones creativas. Estas preocupaciones son un punto de contacto para un diálogo entre la comunidad artística y la Iglesia, la cual siempre ha tomado muy en serio la influencia de las artes.

Los medios de comunicación necesitan considerar estos asuntos cuidadosamente. La buena ética, la responsabilidad profesional y las buenas relaciones públicas se beneficiarían con los mecanismos autoreguladores dentro de la industria de la comunicación para evitar que el mínimo común deno-minador de moral y gusto se conviertan en las normas de la industria.

El Público en General
En nuestra sociedad de consumo, los aplausos y la culpabilidad no son sólo para la industria de la comunicación sino también para los consumidores. Aunque los medios de comunicación influyen más en moldear sus audiencias de lo que admiten, existen numerosas audiencias en busca de materiales ofensivos que hacen que su producción y distribución sea beneficiosa.

Si las selecciones de los medios de comunicación necesitan ser examinadas, también lo deben ser las de los usuarios. Algunos se contradicen a sí mismos cuando ven, escuchan y leen lo mismo que deploran. La cobertura por las agencias noticieras de delitos sensacionales, es prueba evidente de este fenómeno. Aunque el público diga que esa cobertura es excesiva, los medios que la reducen a veces sufren pérdida de audiencia, comparados con los que continúan la cobertura más amplia.

Aunque es muy fácil para los dirigentes de los medios de comunicación advertir a los usuarios que cambien de canal u otro medio, nada cambiará si los usuarios no toman esas opciones. Los medios están apoyados por los que compran sus productos o los que anuncian en ellos. Si los empresarios de la comunicación hacen decisiones morales no aceptables en lo que deciden producir, los usuarios las hacen con lo que deciden consumir.

Con la gran influencia de los medios de comunicación en moldear la manera en que nuestra sociedad percibe los importantes asuntos del día, es una irresponsabilidad ser indiferente a su impacto. Aun aquellos que son indiferentes a los medios de comunicación, tienen el deber de saber lo suficiente sobre ellos, para reaccionar con inteligencia a la influencia de los medios de comunicación.

Un grupo de usuarios necesita ser mencionado de manera especial: los adictos a la pornografía, a otros materiales sexualmente explícitos y a los materiales con violencia innecesaria. Esas personas son explotadas para beneficio del inframundo de la industria de la comunicación sin escrúpulos. Seguro que esos usuarios están conscientes

  • Del tiempo y dinero que desperdician en búsqueda de la excitación que viene de ese material
  • De que se convierten en víctimas con sus deseos de materiales cada vez más explícitos
  • De las víctimas que son explotadas por su placer
  • De las víctimas de la sociedad que enfrentan la pérdida de las contribuciones beneficiosas que pudieran hacer los que están obsesionados por este tipo de material o la posibilidad de comportamiento delincuente por parte de los que lo usan y lo producen.

Pedimos a esos usuarios que busquen la ayuda necesaria y urgimos a nuestras parroquias, para que los ayuden mediante esfuerzos educativos, homilías, orientación y la celebración del Sacramento de la Reconciliación.

Padres y Jóvenes
En diversas ocasiones, el Señor expresó su compasión hacia los que vio abrumados por los problemas de la vida. Recordamos su compasión cuando escuchamos a los padres contar las dificultades que deben vencer para educar a sus hijos en un ambiente que no siempre conduce a su sano desarrollo. Con frecuencia los padres se frustran con la influencia de otras fuerzas supuestamente más allá de su control, incluyendo los medios de comunicación.

Les pedimos que no se apresuren a descontar su influencia. Hay lazos entre padres e hijos que no pueden ser remplazados por nada, aunque en ciertos momentos parezca que los hijos parecen buscan orientación y modelos en otros sitios. Las influencias que los padres temen más, crecen donde ellos no ofrecen su dirección moral. Las familias deberán usar los medios de comunicación juntos en vez de, como es común hoy día, hacerlo por separado. Si se usan apropiadamente, los medios de comunicación pueden ser fuente de aprendizaje y satisfacción.

Aunque no nos gusta echar cargas adicionales a los padres de hoy en un mundo tan complejo, les urgimos que como prioridad, conozcan los medios de comunicación que sus hijos encuentran atractivos y ayúdenlos a entender los mensajes que transmiten. Los padres deberán ser muy explícitos sobre los medios que rechazan. Si comparten las razones por qué un juego de vídeo es muy violento o un programa de televisión carece de valores positivos sobre la sexualidad, podrán contribuir al crecimiento moral de sus hijos. Padres también deben apoyar el sentido de la disciplina en relación a los medios de comunicación. Deberán existir periodos de tiempo cuando cese el ruido casi continuo de los televisores, radios, computadoras y teléfonos –aun cuando la familia está reunida para las comidas– para dar cabida a momentos más callados para el diálogo, la oración y las tareas escolares. Muchos padres, y por supuesto los niños, deben ser menos apegados a los medios de comunicación.

Parte de la disciplina relacionada a los medios de comunicación está en el uso correcto del Internet y otros servicios "on-line" que pueden ser de gran beneficio pero también son una excusa para perder tiempo y para traer al hogar materiales moralmente decadentes.

En todos los medios de comunicación, los padres deberán estar cons-cientes de lo que sus hijos tienen a su disposición y usan, que pueda marcar el inicio de una atracción hacia lo que es pornográfico y excesivamente violento. El ejemplo de los padres al rechazar esos materiales porque no merecen atención, es importantísimo.

Los chicos adolescentes, aún los que son activos en la Iglesia, son los más susceptibles a la influencia de la pornografía. La tentación a usar vídeos sexualmente explícitos o líneas telefónicas para sexo hacen que fácilmente racionalicen su efecto. Sin embargo, usándolos permite a la pornografía estar presente en el corazón de la sociedad y no sólo al margen. Lo mismo puede decirse de los materiales gráficamente violentos.

En estos asuntos, como en muchos otros, pedimos a nuestros jóvenes que vivan según el idealismo que los caracteriza y que es fuente para hacer el bien. Los padres deberán animar a sus hijos para que jueguen un papel activo en el desarrollo de la solución a los problemas que consideramos aquí. Al oponerse a la pornografía y a la excesiva violencia en los medios de comunicación, los jóvenes disponen de una salida para dar testimonio genuino y entusiasta de sus convicciones sobre el respeto que cada persona merece. La industria del espectáculo y los medios de comunicación se concentra tanto en la juventud que aquellos jóvenes que entienden los medios de comunicación pueden ejercer su impacto en ellos.

Animamos a nuestra juventud católica a levantar su voz en contra de la manipulación excesiva a que son sometidos por los medios de comunicación. Familias y jóvenes, especialmente trabajando juntos en la iglesia y en grupos comunitarios, son una fuerza indispensable para limitar la influencia de los que hacen mal uso del poder de la comunicación y animar a aquellos que lo usan bien.

Dirigentes Eclesiales
El último grupo a quien queremos dirigirnos es a los dirigentes eclesiales, incluyéndonos a nosotros mismos. Debemos dar testimonio de la verdad sobre el cuerpo y la sexualidad de que hemos hablado. Nuestro propio ejemplo de castidad y un espíritu sereno, nos convertirán en testigos eficaces del valor y la dignidad de cada persona, de la belleza de la sexualidad que se usa según el plan de Dios, y de lo inapropiada que es la violencia para resolver problemas personales o sociales.

Como educadores, estamos en la obligación de ayudar a nuestra gente a identificar y articular estos asuntos. Como predicadores, debemos llamarlos a abandonar la indiferencia que permite a los medios de comunicación disminuir el respeto por la persona. Como dirigentes, debemos llevar a nuestra gente a unirse y organizarse en estos asuntos para ejercer la posible influencia de la Iglesia. Como reconciliadores, necesitamos ofrecer la ayuda apropiada a los que han sido heridos por el mal uso del sexo y la violencia en los medios de comunicación, sobre todo mediante el Sacramento de la Reconciliación. Finalmente, pidamos con humildad el apoyo de nuestra gente para que cuando hablemos con autoridad moral, seamos escuchados por aquellos que esperamos influenciar.


Apéndice 1
Siete Pasos Prácticos

  1. PARA DIÓCESIS: Establezcan grupos de trabajo, posiblemente con el liderazgo de la oficina diocesana de comunicación, para desarrollar programas educativos sobre el problema de la pornografía y –tal vez con la participación ecuménica e interreligiosa– determinar la extensión del problema de la distribución de materiales indecentes y obscenos en cada localidad. Compartan los resultados con las autoridades policiales y exijan acción. Trabajen con las cámaras de comercio para crear un ambien-te que no dé cabida a espectáculos que exploten el sexo y la violencia.

  2. PARA PARROQUIAS: Desarrollen grupos de estudio sobre los medios de comunicación que permitan a los padres hablar sobre lo que sale por televisión o en los otros medios de comunicación, y animarse y apoyarse mutuamente en orientar a sus hijos sobre cómo elegir los medios de comunicación. Incluyan, en ocasiones apropiadas, los problemas de la pornografía y la violencia gráfica en las homilías.

  3. PARA FAMILIAS: Planifiquen, mensual o semanalmente, un día libre de los medios de comunicación, ya sea en la casa o fuera de ella, para que la comunicación sea mayormente entre los miembros de la familia. Usen este tiempo para hablar sobre los problemas que se presentan en esta declaración como también otros modos en que los medios de comunicación afectan la vida en familia, por ejemplo, mediante las propagandas y anuncios.

  4. PARA LOS EDUCADORES CATÓLICOS: Desarrollen grupos de estudio sobre los medios de comunicación para maestros y estudiantes. Regularmente identifiquen tres o cuatro programas favoritos de televisión, canciones, vídeos musicales, revistas, y actividades "on-line". Vean o escuchen algunos de ellos juntos, para analizarlos y dialogar sobre el mensaje moral que trasmiten.

  5. PARA COMUNIDADES ARTÍSTICAS Y EMPRESARIALES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Establezcan diálogos con otros grupos interesados, tales como padres, para debatir cómo son afectados por las producciones de los medios de comunicación.

  6. PARA EL GOBIERNO: Reafirmen la funciones reguladoras que toman en cuenta los deberes de los medios de comunicación en considerar el interés del público.

  7. PARA TODOS: Desarrollen una lista de direcciones, números de teléfonos/faxes, y direcciones para correo electrónico de las oficinas locales de los medios de comunicación. Pregúntense ustedes mismos, qué medios de comunicación han presentado espectáculos con sexo o violencia de manera ofensiva, y luego contacten las oficinas de esos medios de comunicación y quéjense. Otra alternativa, es preguntarse qué es lo mejor que han visto recientemente por los medios de comunicación y contactar las oficinas para darles las gracias. Hagan un hábito de esta práctica. Únanse a los grupos activos en los medios de comunicación establecidos en sus parroquias, diócesis o los que son interecuménicos.


Apéndice 2
Fundamentos para Entender Legislación y Casos Legales Sobre Obscenidad e Indencia o Violencia Excesiva

  1. En cuanto a la legislación y casos legales sobre obscenidad, indecencia y la violencia gráfica excesiva, la Conferencia Católica de los Estados Unidos está preocupada por el impacto negativo de este material en la sociedad, tanto en los adultos y especialmente los jóvenes, quienes inevitablemente carecen de la perspectiva necesaria para usar esos materiales con madurez y responsabilidad moral.

  2. Los padres son los primeramente responsables de proteger a sus hijos de materiales inmorales. Niños y jóvenes no sólo necesitan la protección de sus padres y otros adultos, sino también educación positiva sobre los valores auténticos. Sin creer que son la solución a estos problemas, la Conferencia Católica apoya la plaqueta "V" y la Guía de TV para Padres como pasos que ayudan a los padres.

  3. El derecho constitucional a la libre expresión es básico para la democracia de nuestro país. Este derecho no incluye, y no deberá nunca incluir, el detrimento moral y social que es la obscenidad. Los que ejercitan el derecho a la libre expresión tienen el deber de resistir a los que exigen otras formas de expresión dañina, tales como la indecencia y la violencia gráfica excesiva. El gobierno no viola la libertad de expresión cuando apoya medidas para la autorregulación de las industrias del espectáculo y de los medios de comunicación. Tal autorregulación no es sólo apropiada sino también una obligación, dada la importancia que el público da al impacto, frecuentemente negativo, de los medios de comunicación.

  4. El problema sobre material censurable se resuelve sólo parcialmente mediante las leyes actuales para la obscenidad y la indecencia que no incluyen violencia gráfica excesiva. Hay espacio para revisar las leyes, reglas y decisiones legales que gobiernan estos asuntos. Se necesita una cuidadosa definición de lo que constituye violencia excesiva para ayudar a los legisladores y a los autoreguladores. Aunque en una sociedad pluralista sea preciso vivir con resultados que no son precisamente los mejores, los grupos dentro de la sociedad pueden hacer mucho para ayudar a sus miembros, siguiendo el ejemplo de la Oficina para Cine y Difusión de la USCC con sus críticas y clasificación de películas, las cuales se han reunido en la Guide for Viewing, y sus comentarios sobre los programas de televisión.

  5. No apoyamos las restricciones gubernamentales en el proceso de obtener y divulgar las noticias. Para evitar la presentación de material que pueda ser dañino a niños y a jóvenes, los medios noticieros deberán ser urgidos a establecer un código uniforme de normas y prácticas y ver si se cumplen.

  6. El Internet, incluyendo el World Wide Web y las redes comerciales computerizadas de empresas privadas, presentan nuevos retos. Tienen la posibilidad de llevar a los hogares material dañino a niños y jóvenes en este momento en que ellos, a menudo, son más habilidosos con las computadoras que sus padres. Ya que la Corte Suprema ha extendido la protección de la Primera Enmienda (libertad de expresión) a la comunicación por computadora, las leyes con aplicación a la expresión sin protección, tales como la pornografía infantil, deberán ser cumplidas en el caso "on line". La industria de comunicación electrónica deberá trabajar con los padres para desarrollar mecanismos que protejan eficazmente a los niños. El acceso a las computadoras por jóvenes fuera del hogar, necesita ser resuelto mediante la autorregulación por parte de los implicados y mediante legislación justa y constitucional.


Apéndice 3
Perfil de los Medios de Comunicación en EE.UU.

Hogares en EE.UU.: 99.6 millones
Radio
Hogares con radios: 98.6 millones
Ingresos por publicidad radial: $12.4 mil millones
TV
Hogares con televisores 98 millones
Televisores por hogar: 2.3
Promedio de horas de uso diario: 7 horas, 15 minutos
. . . para jóvenes: 3 horas, 2 minutos
. . . para niños: 3 horas, 7 minutos
Ingresos por publicidad: $28.4 mil millones
Usuarios de tv cable: 64.8 millones
Usuarios con satélite directo: 10.2 millones
Ingresos por cable: $23 mil millones
Vídeos
Hogares con VCRs: 85.26 millones
Tiendas de vídeos: 28,000
Alquiler promedio por vídeo: $2.75
Ingresos por vídeos para el hogar: $15 mil millones
Películas
Ingresos por taquillas: $6.2 mil millones
Entradas semanales: 25.7 millones
Porcentaje de entradas por edad:
12-39 años:
67%
40 años o más:
32%
Precio promedio de taquilla: $4.42
Total pantallas de cine: 29,731
Computadoras
Hogares con computadoras: 36.4 millones
Hogares con e-mail: 16.8 millones
Hogares con servicios "on-line": 18.5 millones
Industria de los medios de comunicación
Ingresos de la industria disquera:1 $12.2 mil mill.
Venta de casetes: $2.2 mil mill.
Venta de CDs: $8.5 mil mill.
Diarios: 1,509
Revistas publicadas:2 18,047
Venta de libros de EE.UU.: $21.3 mil mill.


Fuentes de datos: 1998 International Television and Video Almanac; the National Association of Theatre Owners; Editor and Publisher; U.S. Department of Commerce/National Telecommunications and Information Administration, Falling Through the Net II: New Data on the Digital Divide, July 28, 1998; Recording Industry Association of America, 1997 Consumer Profile; Association of American Publishers

Notas

  1. Incluye todas las categorías: CDs, casetes, vídeos musicales, etc.
  2. Incluye todas las frecuencias: semanales, quincenales, mensuales, etc.


Apéndice 4
Direcciones de Redes y TV Cable

Los usuarios pueden contactar las siguientes redes y compañías de cable para expresar sus inquietudes sobre la proyección de la pornografía y la violencia gráfica innecesaria.

ABC: 77 West 66th St., New York, NY 10023
A&E Network or The History Channel: 235 East 45th St., New York, NY 10017
American Movie Classics (AMC) or Bravo: 150 Crossways Park West, Woodbury, NY 11797
Black Entertainment Television (BET): 1900 W. Pl., NE, Washington, DC 20018
Cable News Network (CNN), Cartoon Network, CNN Headline News, TBS SuperStation, Turner Classic Movies, or Turner Network Television: One CNN Center, P.O. Box 105366, Atlanta, GA 30348
CBS: 51 West 52nd St., New York, NY 10019
Cinemax or HBO: 1100 Ave. of the Americas, New York, NY 10036
CNBC or MSNBC: 2200 Fletcher Ave., Fort Lee, NJ 07024
Comedy Central: 1775 Broadway, New York, NY 10019
Court TV: 600 Third Ave., Second Floor, New York, NY 10016
C-SPAN: 400 North Capitol St., NW, Suite 650, Washington, DC 20001
The Discovery Channel or The Learning Channel: 7700 Wisconsin Ave., Bethesda, MD 20814-3522
The Disney Channel: 3800 West Alameda Ave., Burbank, CA 91505
E! Entertainment Television: 5670 Wilshire Blvd., Los Angeles, CA 90036
Encore or Starz!: 5445 DTC Pkwy., Suite 600, Englewood, CO 80111
ESPN: ESPN Plaza, 935 Middle St., Bristol, CT 06010
The Family Channel: 2877 Guardian Ln., P.O. Box 2050, Virginia Beach, VA 23450-2050
Flix, Showtime, or The Movie Channel: 1633 Broadway, New York, NY 10019
Fox Broadcasting Company: P.O. Box 900, Beverly Hills, CA 90213
Fox News Channel: 1211 Ave. of the Americas, New York, NY 10036
fX or fXM: Movies from Fox: P.O. Box 900, Beverly Hills, CA 90213-0900
Galavision or Univision: 9405 NW 41 St., Miami, FL 33178
Lifetime: 309 West 49th St., New York, NY 10019
MTV, Nickelodeon, or VH1: 1515 Broadway, New York, NY 10036
The Nashville Network: 2806 Opryland Dr., Nashville, TN 37214
NBC: 30 Rockefeller Plaza, New York, NY 10112
PBS: 1320 Braddock Pl., Alexandria, VA 22314-1698
Sci-Fi Channel or USA Network: 1230 Ave. of the Americas, New York, NY 10020
Telemundo: 2290 West Eighth Ave., Hialeah, FL 33010
United Paramount Network (UPN): P.O. Box 251735, Los Angeles, CA 90025
WB Television Network: 4000 Warner Blvd., Building 34 R, Burbank, CA 91522
WGN: 2501 W. Bradley Pl., Chicago, IL 60618


Renovar la Mentalidad de los Medios de Comunicación fue preparado por el Comité para Comunicación y aprobado por la Junta Administrativa de USCC en marzo de 1998 para ser presentado a la asamblea plenaria de la Conferencia Católica de los Estados Unidos en junio de 1998. Renovar la Mentalidad de los Medios de Comunicación fue aprobado allí y su publicación ha sido autorizada por el signatario.

Monseñor Dennis M. Schnurr
Secretario General, NCCB/USCC



Traducido al español por Marina A. Herrera, Ph.D.

Las citas bíblicas en este trabajo han sido tomadas de la Biblia Pastoral Latinoamericana © 1989, Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault; y se usan con permiso. Se reservan todos los derechos.


Copyright © 1998, United States Catholic Conference, Inc., Washington, D.C. Se reservan todos los derechos. No se permite reproducir ninguna porción de esta publicación cualquiera que sea el medio empleado, electrónico o mecánico, fotocopia o grabación, ni por ningún sistema de almacenamiento o recuperación de la información sin el permiso previo del dueño de los derechos.

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