La Vocación


 

La palabra vocación, del latín "vocatio", significa "acción de llamar". Expresa de un modo muy general, un encuentro de dos libertades:

-    La absoluta libertad de Dios que llama y

-    La libertad humana que responde a esta llamada.

La vocación es el estado o situación resultante de un diálogo interpersonal, en una palabra "que se dice" o "escribe", entre Dios y el hombre.

Es un término de interés tanto para la Teología como para las ciencias humanas.

En teología, la vocación es una inspiración o moción interior, por la que Dios llama, a una persona, para un determinado estado o forma de vida. Sin negar las motivaciones humanas, en toda auténtica vocación la iniciativa siempre es de Dios.

Las ciencias humanas se preocupan de las disposiciones naturales y de las influencias socio-culturales, que determinan o condicionan la mayor o menor aptitud, de una persona, para determinado estado, profesión o actividad humana.

La teología y las ciencias humanas, en sus perspectivas y metodologías propias se complementan mutuamente para el conocimiento de la vocación.

La tendencia actual es identificar los conceptos de profesión

y vocación; sin embargo, hay que tener presente que la profesión se refiere al quehacer, o trabajo especializado, mientras que la vocación es algo que brota de lo más profundo del ser, donde resuena la voz de Dios.

Para las ciencias humanas, los compromisos familiares, profesi~ nales y sociales, aunque están respaldados por una auténtica vocación, participan de la inestabilidad de todo lo humano.

La teología afirma que la vocación, en cuanto llamado de Dios siempre fiel, tiende a ser definitivo e irrevocable.

Para un Cristiano Dios es el que llama. Sólo Dios puede entrar en la vida del hombre con una voz imperiosa; sólo él puede arrogarse el proponer al hombre un destino que afecta toda su vida.

En esta llamada gratuita, Dios utiliza los medios normales, y está presente en ellos como instigador y conductor de los hombres.

Modalidad de esta llamada. La llamada es una relación en la que se acentúa la presencia directa y expresa de Dios.

 

Hay dos puntos mediante los cuales se canaliza la llamada:

1.  La primera se refiere a las mediaciones: Dios llama a través de múltiples mediaciones. Ellas despiertan, concretizan y sitúan la vocación. Entre estas mediaciones pueden distinguirse las internas y las externas o ambientales. Ambas se dan en la misma mediación.

a.  Mediaciones internas: Aquí predomina la realidad creatural del ser humano y la conciencia moral. Es necesario discernir.

Es la tendencia instintiva, el deseo íntimo y profundo que empuja hacia un modo de ser y de estar y que rechaza otro. Normalmente aquí está la base de toda vocación, por que es una grave equivocación abrazar una vocación que rechaza la naturaleza en su más honda y decisiva tendencia.

Suele haber en el fondo de la persona una pulsión esencial hacia formas de ser y de vivir fundamentales, encarnadas en variables no muy distintas pero tampoco rígidamente superadas. Este es el camino en que se oye la primera palabra vocacional. Cualquier llamada que choque frontalmente con los deseos más ínfimos de una persona sana es falsa alarma, en lugar de voz amiga e invitante. En la determinación de la naturaleza de la vocación y en el descubrimiento de las vocaciones, este camino debe ser explorado.

b.  Mediaciones externas: Aquí prevalece la historia; cada tiempo siente necesidad de unas mediaciones.

 

-    El ambiente: Todos nos sentimos impulsados a vivir en una dirección, pero de manera vaga e imprecisa. Inicialmente gozamos de diversas posibilidades indefinidas que esperan del tiempo una precisión concreta.

El ambiente es una de las mediaciones mas concretas y a la orden del día. La persona es un ser social, por ello no puede realizarse al margen de la realidad humana.

¿Qué entendemos por ambiente? Vienen a ser las relaciones personales que frecuenta el sujeto.

-    La familia y la escuela son las primeras que configuran a la persona, y van despertando y potenciando aspectos concretos de la llamada.

La persona no suele tener el suficiente grado de madurez como para que pueda por sí misma tomar una decisión, que con frecuencia resulta ser de por vida. La orientación profesional ejerce aquí un servicio de gran valor. Ella no es imposición de un camino concreto sino presentación de varios caminos posibles, con la ayuda necesaria según los casos, para que la persona descubra al que le es más connatural y ayuda también para que la persona asocie su vida a la política, economía, agricultura, filosofía, religión, etc., de acuerdo con lo que desde dentro está mas conforme a su inclinación natural.

-    La historia: Nos referimos a los gozos y esperanzas de los hombres de un tiempo determinado. Las necesidades y posibilidades de un tiempo determinado pueden concretizar la tendencia-compromiso-vocación de una persona. La historia se convierte así en importante mediación. Es la historia quizá la voz que más cerca llama.

Las mejores vocaciones han funcionado desde la historia, o teniendo en la historia un lugar de revelación y llamada.

2.  La segunda se refiere a la base anhelante. Dios tiene el primado en la vocación del hombre y su autorrealización, la situación de necesidad de salvación, el gemido explicito e implícito de un pueblo que pide, a veces sin saberlo, un salvador es lo básico de la vocacion.

 

Respuesta del hombre:

La vida del hombre es respuesta a la llamada. El Concilio Vaticano II recuerda que al Dios que se revela, el hombre le debe la obediencia de la fe.

La acogida consiste en abrir la puerta a la llamada para que disponga y empuje a la persona hacia donde dicha fuerza impulsa.

Esta es la actitud correcta ante la llamada de Dios y sin la cual no puede hablarse propiamente de vocación.

 

Hay que señalar dos cosas dentro de la respuesta.

A.  Obligatoriedad: El hombre es libre pero no independiente, y menos aún desolidarizado, por ello la vocación es obligatoria. Los titubeos y dudas deben moverse en el tramo del discernimiento.

B.  Dificultades de la respuesta vocacional: A veces se siente la impresión de que la respuesta a ciertas vocaciones es relativamente fácil, como también se piensa que hay vocaciones difíciles que atemorizan. La distinción no debe hacerse (al hablar de facilidad o dificultad) entre vocación profana y vocación sagrada, sino entre vocación falsa y vocación auténtica.

La dificultad de la vocación no debe convertirse en un fantasma maligno y trágico. Toda vocación cuenta con una facilidad importante. Hay en toda persona "vocacionada" una serenidad interior que viene de lo profundo, no siempre bien identificado y distinguido, pero real, que empuja desde dentro a realizar una tarea en la que se cree y en cuya entrega y realización va cobrando conciencia de plenitud o al menos de vida importante.

Toda opción (esto es la respuesta vocacional) exige muchas renuncias a posibilidades que se veían cercanas, y que basta que sean verdaderas renuncias como para que estén constantemente ilusionando, a quien las ha hecho, con el señuelo de una nostalgia.

Siempre es mayor la renuncia que la opción. Y todas las demás vocaciones, como no han dado ningún disgusto, pueden ocasionar que se las mire desde lejos y sean eternos espejismos para quien eligió una vocación determinada. Esta es una dificultad que se encuentra en el principio del camino y a lo largo del caminar. Es la dificultad de la limitación humana y una de las peores y tercas tentaciones que sufre la persona.

Dominio del ambiente:

Quien se preocupa de la respuesta a dar a quien llama, no puede quedarse o limitarse a las filosofías reinantes. La sociología reconoce algunas calas negativas, especialmente peligrosas en la juventud que se deja llevar: pasotismo, abandonismo, apatía, hedonismo insolidario, síndrome babélico y sisifismo. Todo ello dificulta, cuando no anula, la respuesta.

Frente a ello es preciso despertar una militancia activa e ilusionada (no ilusa), trabajadora y altruista. Es una actitud que prepara a la donación comprometida.

 

Formas de respuesta: La obligatoriedad no exige un esquema único de respuesta.

En la respuesta al Dios que llama, unos acuden raudos, otros intentan aclarar la nueva situación que se les viene encima con algunas preguntas elementales o múltiples preguntas (el caso de María, de Moisés), otros se resisten fuertemente y maldecirán todo lo mal-decible (Jeremías, etc).

 

Acompañar la respuesta: A lo largo de la vivencia de la vocación es preciso que ésta sea acompañada. Discernir la vocación no se agota en los comienzos de la misma. Es algo que continúa a lo largo de toda la vida aunque en dimensiones distintas. También, en acto de discernimiento, es bueno precisar si un paso a dar va en el camino de la vocación asumida o se sale de él.

El discernimiento resulta prácticamente imposible para una sola persona. La mayor parte de las personas necesitan de los demás para que, en un mecanismo relativamente complicado y sobre todo prolongado, cada uno pueda responder con visos de acierto.

 

Misión:

Llamada y misión van unidas. La respuesta a la llamada es la aceptación de una misión. Las formas de misión pueden ser muy variadas, pero en el fondo de la

misma siempre está la comunidad.

Apertura a los demás: Para hacer posible una respuesta que redondea la vocación, es preciso abrir radicalmente el corazón y los sentimientos a los demás. Sin apertura no es posible ningún tipo de vocación o carisma, ya que ellos son los dones que se reciben para común utilidad. Desde una perspectiva Cristiana ello es indispensable para cualquier vocación.

'No existe realización vocacional donde no se dé una apertura a los demás'.