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El padre Iván/Juan de Kronstadt por el Obispo Alejandro (Mileant)

Páginas relacionadas

 

Obispo Alejandro (Mileant).
Traducido por Vladimiro Deriba / 
Catalina Mitachi / Yulia Korotkova
 



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Contenido: La vida, los milagros y enseñanzas del justo padre Juan de Kronstadt, orador milagroso de toda Rusia. Los pensamientos selectos del diario "Mi vida en Cristo."



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San Juan de Kronstadt

San Juan de Kronstadt
San Juan (Ivan Iliich Sergiev), llamado de Kronstadt, nació el 19 de octubre de 1829 en una familia pobre, en la aldea Sura, provincia de Arcangelsk (Rusia). Pensando, que el niño no sobreviviría, lo bautizaron enseguida con el nombre de Juan, en memoria del beato Juan de Rilsk. Pero el niño se hizo fuerte y creció. Su niñez transcurría en suma pobreza y privaciones, pero sus padres devotos le inculcaron un sólido fundamento de la fe. El niño era tranquilo, concentrado, amaba a la naturaleza y los servicios religiosos.

Cuando Juan cumplió 9 anos, su padre, reuniendo lo que pudo, lo llevó a la escuela parroquial de Arcangelsk. Juan tenia dificultades en el aprendizaje y por esto se afligía mucho, lloraba y pedía ayuda a Dios. Una vez, en uno de estos momentos penosos, a medianoche, cuando todos dormían, el se levantó y comenzó a rezar con mucha devoción. El Señor escucho su oración: la Gracia Divina lo iluminó, y, según su expresión: "en un instante sintió caer como una cortina de sus ojos." Recordó todo lo dicho en el aula y todo se hizo claro en su mente. Desde entonces empezó a hacer grandes progresos en el estudio. En el ano 1851 Juan Sergiev termino con honores el seminario e ingresó en la academia religiosa de San Petersburgo. La vida en la capital no afectó al joven y el permanecía serio y religioso como en casa. Poco tiempo después falleció su padre y para ayudar a la madre empezó a trabajar en la oficina de la academia con el sueldo de 9 rublos por mes, y este dinero enviaba a casa.

En el ano1855 termino la academia con excelentes notas y el mismo ano fue ordenado sacerdote y designado a la catedral de San Andrés en Kronstadt (puerto, cercano a San Petersburgo).

Desde el primer día de su nombramiento, el padre Juan se dedico a servir a Dios y diariamente celebraba la Santa Misa. Rezaba con fervor, enseñaba a la gente como hay que vivir y ayudaba a los necesitados. Su fervor era admirable. Al principio algunos se burlaban de él, considerando su celo no del todo normal.

Una época el padre Juan era profesor de religión. Su influencia sobre los alumnos era indiscutible y los chicos lo querían mucho. Él no era un simple maestro, sino un cautivante interlocutor, trataba a sus alumnos con amor, a menudo los defendía, nunca reprobaba en los exámenes y sus alumnos después recordaban durante toda la vida sus conversaciones simples. Sin duda, el padre Juan tenia un don de encender la fe en la gente.

Él sentía lastima por todos los desdichados y sufridos. Sin excepción acudía a todos los llamados de los pordioseros y gente caída. Ahí rezaba y después ayudaba, entregando muchas veces lo ultimo que tenia. Viendo la pobreza y enfermedades de la familia visitada, él mismo iba al almacén o a la farmacia, o a buscar al medico.

Nunca se negaba a rezar, ni por los ricos, ni por los pobres, ni por los nobles, ni por la gente común y el Señor aceptaba sus oraciones. Durante la Liturgia el padre Juan rezaba con fervor y suplicas. El sacerdote Basilio Shustin así describe una de las Liturgias de padre Juan, que él había presenciado, cuando fue joven: "En la cuaresma mi padre y yo fuimos a Kronstadt para confesarnos con él. Como fue imposible una confesión individual, fuimos, como todos, a una confesión colectiva. Venimos temprano, a las 4am, era de noche y la catedral estaba todavía serrada, pero había ya bastante gente alrededor. El encargado de la catedral nos dejó entrar en el altar, que era grande, como para 100 personas. Dentro de media hora llegó el Padre y comenzó a celebrar el oficio matutino. La catedral se llenó y ahí cabían mas de 5000 personas. El canon lo leía el mismo padre Juan.

Al terminar la matiné empezó la confesión colectiva. Primero el Padre leyó las oraciones. Después dijo unas palabras, refiriéndose al arrepentimiento y la confesión, y en voz alta gritó a los presentes: "Arrepentios!" Y aquí ocurrió algo increíble. Sonaron los gritos, clamores, confesiones de pecados, algunos trataban de que el padre les oyera y rezara por ellos. Él, mientras tanto, arrodillado, apoyando la cabeza en la santa mesa, fervorosamente rezaba. Los gritos se trasformaron en llanto y sollozos. Así pasaron 15 minutos. El Padre se paro y salió al púlpito; por su cara corría el sudor. Cuando se estableció el silencio el Padre levanto en alto la estola y leyó la absolución de los pecados. Entró después en el altar y la Liturgia comenzó.

La misa fue celebrada por 12 sacerdotes, y sobre la santa mesa había 12 grandes cálices y diskosos. El padre Juan oficiaba con tensión, algunas palabras gritaba, como teniendo audacia ante Dios, porque tomaba muchas almas arrepentidas sobre si mismo. Se leyeron muchas oraciones para tener tiempo de preparar tantas porciones para la comunión. Para el Cáliz colocaron una masa especial adelante, entre dos rejas. A las 9 salió el Padre y empezó a dar la comunión a la gente.

Cerca de las rejas había una cadena de vigilantes para mantener el orden y dejar pasar a la gente. A pesar que otros dos sacerdotes también comulgaban a ambos lados, pero la comunión terminó después de las 14 horas y varias veces se tomo el cáliz nuevo. Al terminar la Misa, como aun quedaban los Santos Dones, el Padre les distribuyó entre los que todavía no habían comido ni bebido nada, les comulgo otra vez. Muy conmovedor fue esta escena de la Cena de Amor. El Padre no parecía cansado y felicitaba a todos con alegría. Después de pedir la bendición, nosotros con las fuerzas nuevas viajamos a casa."

Alguna gente era hostil al padre Juan, o por envidia, o por la incomprensión. Paso una vez, que un grupo de curas y parroquianos escribieron quejas contra el Padre al metropolitano Isidoro de Petersburgo. Metropolitano Isidoro abrió la carta y vio una hoja de papel en blanco, entonces llamo a los querellantes y exigió explicación. Ellos dijeron que él tiene la carta en sus manos. Fue llamado el padre Juan, y después que el padre rezo a Dios, aparecieron las acusaciones sobre el papel. Isidoro comprendió, que era un milagro y que el mismo Dios defendía al padre Juan de las calumnias, rompió la carta, y indignado, echo a los querellantes. Dijo cariñosamente al padre Juan: "Sirve a Dios y no te preocupes."

La oración del padre Juan tenia mucha fuerza. Con ella él curaba miles de personas presentes o ausentes. Pedían su ayuda no solo los habitantes de Kronstadt, sino de toda la Rusia y extranjero. El correo separo para él una sección aparte para la cantidad de cartas que llegaban. Después de la Misa se leían con ayuda de secretarios las cartas y telegramas y el padre en el acto rezaba por los rogantes. Entre los curados por el padre Juan hubo gente de todas las edades y clases sociales, de todas las religiones, ortodoxos, católicos, musulmanes y judíos. He aquí algunos relatos acerca de las curaciones milagrosas, hechas por el padre.

Una mujer tártara trajo en un carro a su marido enfermo debilitado y pidió al padre, que rezara por él. El padre pregunto si ella creía en Dios. Confirmando ella, que si, el le dijo: "Rezaremos juntos, tu, como puedas, y yo a mi manera." Al terminar, el padre bendijo a la tártara. Al regresar a su carro, ella vio a su marido, que iba a su encuentro ya sano.

En la ciudad de Jarkov había un abogado judío. Su única hija se enfermo de escarlatina. Los mejores médicos no llegaron a curarla y avisaron a los padres, que su estado era desesperante. Entonces el abogado se acordó, de que el padre Juan se encontraba de paso por Jarkov. Se fue a encuentro con el padre Juan y se abrió el paso entre la gente. Llorando se tiro a sus pies, diciendo: "Santo padre, yo soy hebreo, pero te ruego — ayúdame, mi única hija se esta muriendo, pero tu ora a Dios y sálvala."

Padre Juan, poniendo su mano sobre la cabeza del padre judío, levanto la vista hacia el cielo y empezó a rezar. Un minuto mas tarde, él dijo: "Levántate, y ve a casa con paz." Llegando a casa, encontró su mujer, que le grito, que la nena estaba viva y sana. Vio a su hija, que conversaba con los médicos, que la habían ya condenado y ahora no comprendían lo sucedido. Esta niña después tomo la religión ortodoxa con el nombre de Valentina.

Una mujer endemoniada no soportaba la presencia del padre Juan, y al pasar él de cerca, la agarraban convulsiones y varios hombres no llegaban a sujetarla. En una ocasión el padre Juan se le pudo acercar, se arrodillo delante las imágenes santas y se concentro en los rezos. A la endemoniada la agarraron las convulsiones, se puso a maldecir al padre y blasfemar; pero de repente se calmo. Cuando el padre se levanto, su rostro estaba bañado de sudor, acercándose a la enferma, la bendijo. La mujer abrió los ojos, se puso a llorar y abrazar los pies del padrecito. Esta súbita curación impresiono mucho a los presentes.

Sin embargo, hubo casos, que el padre se negaba a rezar por alguna persona, previendo, tal vez, la voluntad Divina. Así, una vez, él fue invitado al instituto Smolny para la enferma princesa de Montenegro. No llegando 10 pasos a la enfermería, se dio vuelta y dijo : No puedo rezar. Unos días mas tarde la princesa murió. A veces él se ponía muy insistente en sus rezos, como el mismo contó un caso: nueve veces recurrí yo a Dios y al final Él me escucho y curo al enfermo.

El padre Juan no tenia mucha habilidad en predicar. Su palabra era simple y clara, pero sincera, y con esto conquistaba los oyentes y les daba animo. Sus sermones se imprimían y se propagaban en cantidades enormes por toda Rusia. También se publico en varios tomos la colección de sus obras. Entre ellos se destaca su diario "Mi vida en Cristo." A pesar de estar siempre muy ocupado, él diariamente anotaba los pensamientos, que tenia durante sus oraciones y meditaciones. Estos pensamientos formaron el diario de padre Juan. En el final de este folleto están puestos los selectos pensamientos de este diario.

Hay que imaginarse come transcurría el día del padre Juan para comprender como él estaba sobrecargado. Se levantaba a las 3 de la madrugada y se preparaba para la celebración de la Misa. Cerca de las cuatro se dirigía a la catedral para el servicio matinal. Aquí lo esperaban los peregrinos, ansiosos de verlo y recibir su bendición. También lo esperaba una multitud de mendigos para recibir limosna, que el distribuía. Después de la matiné se hacia la confesión colectiva, por la enorme cantidad de la gente. La catedral de san Andrés siempre estaba llana. Seguía la Liturgia y la comunión, que duraba mucho tiempo. Después de la santa Misa le traían al padre Juan directamente en el altar las cartas y telegramas: él las leía y rezaba por los que pedían ayuda. Después, acompañado de miles de fieles, viajaba a Petersburgo para atender múltiples llamados de los enfermos y rara vez regresaba antes de medianoche. Algunas noches pasaba sin dormir y así durante días y años enteros sin parar. Así vivir y trabajar se podía solamente con la ayuda de Dios excepcional. Su fama era para él una carga pesada. Adonde él aparecía, lo rodeaba enseguida una muchedumbre, ansiosa de verlo al menos.

Por las manos del padre Juan pasaban centenares de miles de rublos. Él no les contaba — con una mano recibía, y con la otra enseguida daba. Además de esta simple beneficencia, él ha creado una oficina especial de ayuda a los necesitados. El año 1882 en Kronstadt fue abierta la casa de "Protección laboral" con una iglesia, escuela para los niños, asilo para los huérfanos, clínica, albergue, biblioteca gratuita, la casa para el pueblo, donde se podían alojar hasta 40 mil necesitados por ano, varios talleres, donde los pobres trabajaban, ganándose el sueldo, un comedor barato para el pueblo, donde en las fiestas servían hasta 800 comidas gratuitas, y una casa de huéspedes.

Por la iniciativa del Padre y con su ayuda material se hizo una estación de salvamento en la orilla del golfo. En su aldea natal edificó un hermoso templo. Es imposible nombrar a todos los lugares y provincias adonde llegaban sus cuidados y ayudas.

Se conocen muchos casos, que demuestran su clarividencia. Por ejemplo, una vez, él celebraba un oficio especial (moleben). Ahí se encontraba un profesor, que no quería al padre. Al terminar el oficio, el profesor no quiso acercarse para besar la cruz. Pero el padre Juan se le dirigió a través de la muchedumbre y le dijo: "Porque, profesor, tiene miedo de la cruz? Si pronto usted mismo dará a besar la cruz a la gente." El científico, confundido, se acerco entre la gente, que lo observaba y beso la cruz. Dentro de poco tiempo la mujer del profesor lo abandonó y él se hizo monje, y mas tarde fue hecho obispo y rector de la academia de Kazan.

El padre Juan falleció el 20 de diciembre de 1908, teniendo 79 anos. Inmensa muchedumbre acompañaba su cuerpo de Kronstadt hasta Petersburgo, donde fue sepultado en el monasterio de san Juan, que él mismo fundó. De toda Rusia llegaban fieles al lugar de su sepultura y había servicio sin interrupción. Fuerte en su fe, ardiente en la oración y en su amor a Dios y a la gente, el padre Juan va a disfrutar el amor del pueblo ruso, mientras existen los fieles. Y después de su virtuosa muerte él responde enseguida a los que le piden ayuda.

El padre Juan era de estatura mediana, delgado. Tenia el cabello rubio y la cara sonrojada y fresca. Lo mas destacado de su cara eran su ojos claros y celestes. Había personas que temían su mirada penetrante, les parecía que el ve el fondo de sus almas. Así un hombre se negó a encontrarse con el padre, temiendo que lo acusara de los pecados cometidos. Pero, siendo penetrantes, los ojos del padre irradiaban un gran amor y compasión. Los retratos de padre Juan no pueden expresar el calor de su mirada.

San Juan de Kronstadt se conmemora el 1 de noviembre y el 2 de enero según el calendario actual.

 

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Los pensamientos selectos del diario

"Mi vida en Cristo"



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Contenido: Dios, su benevolencia y preocupación por la gente. La fe en Dios. La oración. La vida cristiana, paciencia, celo y valentía. La lucha con las pasiones. La purificación de la conciencia. La confesión. La moderación, la obediencia. La humildad y mansedumbre. La unión con Cristo. El amor a Dios y al prójimo. La Iglesia. Las maquinaciones de los demonios.



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Dios, Su benevolencia y preocupación por la gente.

Como una madre enseña al niño a caminar, así nuestro Señor nos enseña a tener fe en Él. Una madre para el niño, se aleja y lo llama. El niño llora, quiere acercarse, pero tiene miedo hacer un paso, o empieza caminar y se cae. Así nuestro Señor nos enseña a creer en Él. Nuestra fe es débil, como un niño, que recién aprende a caminar. Dios por un tiempo deja al cristiano en situaciones penosas, pero cuando hace falta, lo salva. Dios ordena dirigir la mirada hacia Él y tratar de acercarse. Los cristianos intentan de ver al Señor con los ojos del corazón, pero el corazón, no acostumbrado a esto, se asusta de su coraje, tropieza y cae. Pero el Señor esta cerca y tiende la mano de ayuda al cristiano disgustado. Por eso en distintas aflicciones o maquinaciones del demonio, hay que aprender a ver al Salvador con la mirada de corazón. Míralo valientemente como a una fuente inagotable de misericordia y suplícalo con fervor de ayudarte. Recibirás sin demora Su ayuda. Lo principal aquí es de ver al Salvador con los ojos del corazón y tener una firme esperanza en Su ayuda todopoderosa. Es mi experiencia propia. En esta forma Dios nos enseña de ver nuestra debilidad y de confiar en Él. 

Cuantas veces, Señor Jesús, Tu renovaste mi ser, que yo fácilmente corrompía con mis pecados. Muchas veces! Cuantas veces me sacabas de mis pasiones, que ardían adentro de mi, del precipicio de la desesperación. Con fe llamado Tu nombre renovaba mi corazón caído en pecados. Me ayudabas con Tu santa Comunión. No se puede calcular, mi Señor, tu misericordia Divina hacia mi, pecador. Como Te voy a agradecer por Tu benevolencia sin fin, Jesucristo, mi Vida y alegría. Ayúdame vivir con caución.

Dios tiene una gran estima para las criaturas, a las cuales el obsequió la razón y la libre voluntad, sobre todo los Ángeles y los santos. Por medio de ellos Él santifica y salva a la gente. Por eso no hay que decir: "Yo me dirijo siempre directamente a Dios con mis necesidades." En muchas ocasiones es bueno dirigirse a Sus santos, que son Sus mensajeros y instrumentos de ayuda. El mismo Dios no quiere, que las personas con el nivel espiritual muy alto permanezcan ociosas, pero que participen el la salvación de personas todavía no fuertes en la fe. Por ejemplo, la madre cananea logro por medio de Jesucristo la curación de su hija, y los 4 amigos del paralítico obtuvieron su salud, llevándolo a los pies de Cristo.

Dios respeta la naturaleza y sus leyes, como obras de Su infinita sabiduría. Por eso Él manifiesta Su voluntad a través de las leyes de la naturaleza, nos bendice o nos castiga por diferentes objetos y circunstancias vitales. Sin extrema necesidad, no hay que exigir los milagros.

Sin la ayuda de la Gracia Divina no podemos vencer ni una de nuestras pasiones. Hay que pedir ayuda a Cristo, nuestro Salvador. Él vino al mundo, sufrió, murió, resucito, para salvarte de la violencia de las pasiones y purificarte de los pecados, para ayudarte en todo y por el medio del Espíritu Santo darte la fuerza de hacer el bien, para iluminarte y dar la paz interna. Tu preguntas: "Como salvarse, si a cada paso hay tentación y cada minuto un pecado?" La respuesta es simple: "A cada paso y cada minuto invocar al Salvador. Así te salvaras tu y los demás.

Como la respiración es necesaria para el cuerpo, así el alma no puede vivir una verdadera vida sin respirar al Espíritu Divino. Como el aire es indispensable para el cuerpo, así el Espíritu Santo — para el alma. El aire es algo semejante al Espíritu Divino para la vida.

El Consolador Espíritu Santo, penetrando en todo el universo, pasa por todas las almas fieles, humildes, buenas y gentiles, animándolas y dándoles la fortaleza. Se hace el mismo espíritu con ellas y es todo para ellas — luz, fuerza, paz, alegría y el éxito en los quehaceres, sobre todo en la vida piadosa.

Que fácil y al instante el Señor puede salvarnos! Muchas veces de día me sentía un gran pecador, pero al anochecer, después de la oración, iba a dormir absuelto y limpio por la Gracia Divina, consolado y con la paz en el corazón. Es fácil para Dios de salvarnos también en el anochecer y fin de nuestra vida. O, sálvame, sálvame Señor complaciente, recíbeme en Tu Reino Celestial, porque todo es posible para Ti! Cuanto caemos en los pecados, es adelante de nuestro poderoso Señor, El puede volvernos a estar firmes (Rom. 14:4).

Cuando el Salvador vivía en la tierra, los que tocaban con fe Su vestimenta, se sanaban. Por la misma razón, en nuestro tiempo, la gente que toma con la fe el agua bendita, se curan. Pues la Cruz, sumergida en el agua con la fe y oración, tiene en si la fuerza vivificadora del Señor, como antes tenia Su vestimenta.

Castigándonos con una enfermedad, el Señor destruye nuestro viejo y pecaminoso hombre, para dar la fuerza al hombre nuevo, que hemos debilitado con nuestros hechos carnales: la gula, la ociosidad, las diversiones y distintas pasiones. Las enfermedades hay que aceptar con agradecimiento: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Cor. 12:10).

La fe en Dios

Que remarcable es la propiedad de la fe: un vivo pensamiento en Dios, la fe del corazón — y Él esta ya conmigo; el arrepentimiento sincero en los pecados — y Él esta conmigo; un pensamiento bueno y sentimiento piadoso — y Él esta conmigo. Pero el demonio puede entrar en mi por la falta de fe, dudas, pensamientos orgullosos, pecaminosos y viciosos. Resulta, que su poder sobre mi es limitado y depende de mi mismo. Prestando yo mas atención a mi estado, rezando mas a nuestro Señor Jesucristo, el demonio no tiene poder hacerme algún daño.

La falta de fe demuestra su misma falsedad, llenando el alma en la oscuridad, con intranquilidad, confusión y miedo. Al contrario la fe es siempre tranquila, segura, bienaventurada y fuerte.

Cuantos beneficios me trajo hasta ahora la fe en Cristo! Cuantas indignaciones y pasiones alejaba, trayéndome una paz interior. Cuantas veces corregía las aspiraciones de mi corazón, purificaba mis pecados, salvando de la muerte espiritual. Y que cerca de nosotros esta Señor! Él es nuestro aire y nuestra respiración. Hay que calentar nuestra fe adentro del corazón, porque siendo neglijida, puede apagarse, y la religión cristiana con todos sus Sacramentos vivificadores puede quedar muerta en nosotros. El enemigo siempre intenta de apagar la fe en el hombre y hacerle olvidar la enseñanza de Jesucristo. Por eso encontramos personas, que llevan nombre de cristianos, pero se conducen como paganos.

La oración

La oración es una unión de la mente y del corazón con Dios, conversación viva con Él, un estado de veneración ante la fuente vivificadora. Por eso durante la oración hay que olvidar todo lo circundante, sintiendo su propia indignidad y pobreza espiritual. Una oración sincera ilumina y da vida al alma y le hace sentir la futura felicidad. Ella da fuerza al alma y al cuerpo e ilumina la cara. Es un hilo dorado, que une la criatura con el Creador. Levanta el animo en las circunstancias difíciles, ayuda al éxito y progreso, fortifica la fe y otras virtudes, ayuda a corregir la vida, hace llorar a los pecados y enseña hacer el bien.

Para vivir como un cristiano y no tener el espíritu apagado, nos hace falta la oración individual y colectiva en la iglesia, y rezar ahí con mucha fe, juicio y fervor. Para que la oración sea sincera y ardiente es necesario tener la vida moderada y ayunar. Nada apaga tanto nuestro espirito como la falta de abstención, saciedad y vida distraída. Toda clase de espectáculos apagan la vida espiritual y la hacen artificial, traen distracción y frívolas risas. Ellos son enemigos de la vida cristiana y atraen el espíritu del mundo pecaminoso.

La gente se vuelve incrédula por la falta de oración. Con esto dan lugar al príncipe de este mundo en sus corazones. Ellos no piden a Dios de vivificarlos con Su Gracia Divina y por eso sus corazones ya dañados por naturaleza, se abren para todas las pasiones y incredulidad. El demonio celebra su victoria, viendo la perdición de las almas humanas, que Cristo vino a rescatar.

Para pasar el día bien, en paz y sin pecar, el único remedio es una oración sincera y ardiente en la mañana al levantarse. Ella introduce a Cristo en tu corazón y da la fuerza para oponerse al mal. Las palabras de la oración hay que decir con firmeza interior. A la noche hay que decir a Dios con arrepentimiento los pecados del día. Estos momentos de confesión te estarán purificando de todo el mal y te van a unir con Cristo junto con el Padre y el Espíritu Santo.

Sucede, que en una oración prolongada, solo unos momentos de ella agradan a Dios, porque lo principal en ella es estar cerca de Dios con el corazón. Entonces se siente una dulzura interior. Nosotros, por ejemplo, a veces somos sinceros con la gente, les demostramos amor y comprensión. Y otras veces, al contrario, solo por decencia les agradecemos, les tratamos con frialdad interna y nuestra amistad es solo aparente. Lo mismo pasa con nuestras relaciones con Dios y esto no esta bien. Hay que tener el corazón siempre abierto para Dios, sinceramente glorificarlo, agradecerlo o pedirle lo necesario.

A veces llaman en conversación una oración, lo que en realidad no lo es. Por ejemplo, un hombre entro en una iglesia, miro alrededor, escucho los cantos y después dijo: "Yo he rezado a Dios." O en su casa, quedo mirando las imágenes santas, automáticamente pronuncio las palabras aprendidas, con la mente ausente y piensa que ha rezado. En realidad en ambos casos él no rezaba ni con la mente, ni con el corazón, solamente cumplía con las formalidades.

Dentro del templo de Dios, la gente simple, fiel y buena se sienten como en la casa de su Padre Celestial; ahí se sienten libres y livianos, gozan de antemano del Reino venidero con su ausencia de pecados y muerte, la futura paz y bienaventuranza.

El rezo es la elevación de la mente y corazón hacia Dios y por eso no puede rezar una persona que tiene su mente atada a las cosas de este mundo, como la riqueza, los honores, o que odia al prójimo y le tiene envidia. Esto pasa porque las pasiones atan el corazón, mientras Dios nos da la verdadera libertad.

Hay que tratar de ser simples, como los niños, en nuestras relaciones con la gente y cuando nos dirigimos a Dios. La simpleza es una virtud y un bien para el hombre. Dios es perfectamente simple, porque es un Espíritu perfecto y benévolo. Que tu alma no se divide entre el bien y el mal.

Rezando, recuerdan, que la Verdad es simple. Decid: "todo es simple, yo creo simplemente y ruego todo lo simple, las falsedades y incertitudes del enemigo les rechazo." La base de todos tus pensamientos, palabras y hechos que sea reconocer humildemente tu propia inferioridad delante de Dios, que lo creó todo y todo dirige. El orgulloso se inclina a despreciar todo. La particularidad del orgullo es de profanar cualquier pensamiento, palabra y obra buena. Es la respiración mortífera del demonio.

En la oración hay que tomar en su poder el corazón y dirigirlo hacia Dios. Que no sea el corazón frío y dudoso, que tal oración no dará fruto. Que feo es de escuchar de nuestro Señor las palabras: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón esta lejos de Mi" (Mt. 15:8). Dios quiere una oración ardiente, de todo corazón: "Dame, hijo mío, tu corazón" (Prov. 23:26). Porque el corazón es lo principal en el hombre. El que no reza del todo corazón, es igual, que no reza. La oración debe ser toda espíritu, toda mente.

Pidiendo a Dios distintas cosas buenas, hay que saber que Dios es todo para todos. Si pides buena salud, piensa que Él es tu salud, si pides fe — Él es tu fe, si pides amor — Él es tu amor, paz y felicidad — Él es tu paz y felicidad, pides ayuda y protección — Él es tu ayuda y protección. Cualquier bien, que pides — Él es este bien y te lo dará, si lo considera conveniente para ti.

Prepárate ya antes del pedido de tener fe completa, que Dios te puede dar lo que vas a pedir. Si rezando, vas a tener dudas, no pienses recibir lo pedido, porque ofendiste a Dios con tu incertidumbre. El Señor dijo: "Todo lo que pediréis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mt. 21:22). Entonces si pides con la duda, no recibirás. Si tendrán fe y no van a dudar, dijo Jesús, podrán mover las montañas. El apóstol Santiago dice: "el que duda, no piense, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble animo es inconstante en todos sus caminos" (Sant. 1:6-8). El corazón, que duda es castigado por esto: esta deprimido y dolorido. La duda viene del espirito mentiroso, radicado en el corazón. Recuerda, que durante tu pedido, Dios espera la respuesta a Su pregunta: "Crees, que yo puedo hacer esto?" Entonces debes contestar del fondo de tu corazón: "Si, Señor" (Mt. 9:28). Y tendrás por tu fe. Para alejar las dudas, hay que tener en mente: 1) Pido una cosa que existe, no una visión fantástica, "y todas las cosas por Él fueran hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Jn. 1:3). Además "llama las cosas que no son, como si fuesen" (Rom. 4:17) si pediría algo que no existe, Él lo puede crear para mi. 2) Yo pido lo que es posible, y para Dios, lo que es imposible para nosotros, para Él es posible. Así que de este lado tampoco hay obstáculo. Lo que es mal para nosotros, que nuestra mente limitada se mezcla con la fe, y con distintas opiniones y analogías pone en dudas a la Verdad. Es como una araña, que tiende sus redes. La fe de repente todo lo ve y lo abarca, pero la mente por caminos indirectos llega a la verdad. La fe es un medio de unión de espíritu con el Espíritu, pero la mente — de lo sensual con sensual. Aquello es espíritu, y esto — es el cuerpo.

Nuestra esperanza para recibir lo pedido en la oración se basa en nuestra fe en la bondad de Dios, de la cual tenemos muchos ejemplos en la historia Sagrada, vida de los santos y, también, nuestra propia experiencia. En la oración tenemos esperanza, porque ya habremos recibido antes lo que habremos pedido. Nuestro pedido es bien recibido siempre cuando se refiere a la salvación de nuestra alma. Todo lo bueno proviene de Dios y no por casualidad. Algunos no rezan, pensando, que Dios no escucha nuestras oraciones. Otros consideran la oración innecesaria, diciendo que Dios ya de antemano sabe lo que necesitamos. Ellos se olvidan lo dicho: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá" (Mt. 7:7). La oración es necesaria para fortalecer nuestra fe, y solo ella nos salva. Esta dicho: "Porque por Gracia sois salvos por medio de la fe" (Ef. 2:8); "Oh mujer! Grande es tu fe" (Mt. 15:28). El Salvador obligo a la mujer cananea rogar tanto, para alentar su fe.

Rezando a la Virgen María, a los Ángeles y a los santos, nosotros les consideramos como el único cuerpo de la Iglesia, al cual permanecemos, y creemos, que ellos rezan con amor por la salvación nuestra. Rezando por los difuntos, les consideramos como el mismo cuerpo espiritual con nosotros y les deseamos la paz y reposo en el país de la inmortalidad, profesando que sus almas están vivas.

La vida cristiana, celo, paciencia y valentía

A la mañana el hombre interior ve todo con mas claridad, porque su vista espiritual aun no esta nublada por la agitación mundana y las tentaciones diabólicas. Es como un pez, salido del fondo del mar hacia la superficie. El resto del tiempo el hombre anda como en tinieblas, no viendo el verdadero orden de las cosas. Por eso hay que buscar las horas matutinas, que son las horas como de nueva vida. Nos hacen presentir nuestro estado, que nos espera en la resurrección general.

Probamos por lo menos un día vivir según los mandamientos de Dios, y veremos que agradable es cumplir Su voluntad. Tratemos de amar a Dios al menos como amamos nuestros padres y benefactores, y apreciemos Su amor y la abundancia de Sus benefacciones hacia nosotros. Pensemos como Él nos dio la vida con todos sus bienes, como aguanta nuestros pecados y les perdona por los sufrimientos y muerte en la cruz de Su Hijo. Acordémonos la bienaventuranza, prometida en la eternidad a los fieles. Luego, amemos al prójimo y no le deseemos cosas, que no queremos para nosotros mismos, vamos a sentir y pensar para él, como para nosotros, no vemos en él lo que no deseamos ver en nosotros. Que nuestra memoria no guarde el mal, recibido por otros, olvidemos igual como deseamos que ellos olviden el mal, hecho por nosotros, no sospechemos nada criminal y impuro en el prójimo, imaginémonos que son bienintencionados como nosotros. Al menos no vamos hacer nada a la gente, que no deseamos para nosotros, y entonces veremos que tranquilidad reinara en nuestro corazón, que paz y felicidad. "El Reino de Dios esta entre vosotros," dijo el Salvador (Lc. 17:21). El Apóstol enseña: "Aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él" (1 Jn. 4:16, el que permanece en el amor — permanece en Dios).

Comienza a cumplir los mandamientos pequeños, y cumplirás los mandamientos grandes: lo pequeño siempre conduce a lo grande. Comienza a cumplir los ayunos los miércoles y viernes, o el décimo mandamiento que se refiere a los pensamientos y deseos malos, y al final cumplirás todos los mandamientos. El que es infiel en lo pequeño, es también infiel en lo grande.

Nuestro cuerpo si se enferma, protesta y se aflige, y cuando es sano y goza placeres carnales, entonces salta de alegría. No hay que hacer caso en los sentimientos engañosos de la carne, hay que despreciarlos. Es necesario soportar apaciblemente los dolores y enfermedades, cobrar animo y confiar en Dios.

La vida — es una ciencia, difícil de estudiar. Es el camino angosto y puerta estrecha. El que desde la infancia no fue instruido en el Evangelio, no conoce la fe en Dios, no sabe venéralo, no distingue claramente el bien del mal — tendrá dificultad de aprender estas cosas indispensables de la vida. Una persona puede ser inteligente, instruida, sabia, tener muchas capacidades, pero en la ciencia de la vida quedar un ignorante total. Puede ser incapaz para la vida conyugal, también para la vida social por la causa de un mal carácter o malas costumbres. Puede hundirse en la vida como un barco en mar abierto, sobrecargado, sin volante ni equipo necesario.

La verdadera ciencia es saber vencer la actividad de nuestras pasiones. Es una sabiduría grande, por ejemplo, dominar su enojo contra alguien, no pensar mal de las personas que lo han hecho a nosotros, despreciar lo mercantil y amar con desinterés, despreciar las golosinas y estar satisfecho con la comida simple y moderada. No adular a nadie y decir siempre la verdad sin tener miedo, no seducirse por las caras hermosas, pero estimar en cada hombre la belleza de la imagen Divina. Es sabiduría no vengarse en ninguna forma de los enemigos y tratar de amarlos sinceramente. Es sabio de no juntar riquezas, pero dar limosnas a los pobres para acumular riqueza en el Cielo. Conociendo diversas ciencias, no hemos aprendido evitar a los pecados y somos profanes en la moralidad elemental. Se hace evidente, que los verdaderos sabios fueron los santos, los alumnos del verdadero Maestro-Cristo, y nosotros somos unos ignorantes, y lo mas instruidos — lo mas ignorantes, por no conocer lo principal y dejarse arrastrar por las pasiones.

Las personas que tratan de llevar una vida espiritual tienen una lucha difícil y continua con sus pensamientos. Hay que vigilar siempre sus reflexiones y rechazar los que vienen del malicioso y depravado. Hay que tener en el corazón siempre la humildad, fe y amor. En caso contrario, en el corazón desocupado fácil penetra la astucia diabólica, incredulidad y todo clase de mal, para lavar los cuales se van a necesitar muchas lagrimas. Por eso no hay que permitir, que el corazón permanezca frío, sobre todo durante la oración. Rezando, se fuerte, y tenga el corazón firme.

Tenemos un barómetro seguro, que nos enseña las altas y bajas de nuestra vida espiritual — es el corazón. También es un compás que hace ver la dirección correcta: si vamos al éste espiritual — Cristo, o al oeste — al reino oscuro del diablo, de la poderosa muerte. Por esto hay que vigilar atentamente el compás interno, que te llevara a la senda derecha.

La conciencia de cada hombre es un rayo de luz que viene de la única luz espiritual — Dios-Sol. A través de la conciencia el Señor Dios gobierna todo, como un Rey Justo y Omnipotente. Y que potente es Su Reino, gracias a la conciencia. Nadie la puede hacer callar del todo, ella habla como la misma voz de Dios, sin fijarse en las personas que acusa. Gracias a ella estamos adelante de Dios, como un hombre. Y los 10 mandamientos están dirigidos como a un solo hombre: "Yo soy Jehová tu Dios... no tendrás dioses ajenos delante de mi, no tendrás imagen...acuérdate del día del reposo, para santificarlo... honra tu padre y madre... No mataras, no cometerás adulterio... etc." (Éxodo 20:1-17). O: "Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón...amaras a tu prójimo como a ti mismo" (Mr. 12:30-31), porque él es lo mismo que yo.

Toda tu vida observa tu corazón y examina lo que se opone a su unión con Dios. Esto se va a convertir en una verdadera ciencia, y con la ayuda de Dios, te vas a dar cuenta de lo que te acerca a Dios, y lo que te aleja. El malvado se esfuerza de meterse entre nuestro corazón y el Señor, es él, que nos aleja con diferentes pasiones: la lujuria, deseos de los ojos y orgullo.

Distinguí en ti el Espíritu Vivificante y el espíritu mortal. Cuando sientes la tranquilidad y la alegría — es que tienes adentro el Espíritu Santo, pero cuando tienes pensamientos malos, el corazón pesado y ansiedad, es que tienes el espíritu malicioso. El espíritu malo es espíritu de dudas, de pasiones, irreligioso, con él te sientes apretado, afligido, confundido. El espíritu bueno, en cambio, es el espíritu de la fe indudable, espíritu virtuoso, de la libertad espiritual, paz y alegría. Por estos señales podrás distinguir, que clase de espíritu actúa en ti.

"El que no es conmigo, contra mi es; y el conmigo no recoge, desparrama" (Lc. 11:23) — dice nuestro Señor. Toda la vida hay que aspirar de ir adelante en la vida espiritual, subir siempre mas y mas alto, aumentar la riqueza de obras buenas. Si no hacemos nada para la perfección moral — retrocedemos. No ganar, es lo mismo, que perder.

Se moderado en las acciones religiosas, porque también la generosidad debe ser discreta, de acuerdo con las fuerzas y circunstancias. Es bueno rezar con el corazón puro, pero si las circunstancias no favorecen, ya no es bueno. Por eso el Apóstol dice: "Añadid a vuestra virtud conocimiento, al conocimiento, dominio propio, paciencia" (2 Ped. 1:5-6).

El día simboliza la brevedad de la vida terrenal: primero viene la mañana, después el mediodía, después la tarde y, llegando la noche, paso el día. Así pasara la vida. Primero la niñez, como el amanecer, después la adolescencia y la edad madura como el mediodía y al final la vejez como el anochecer, si Dios lo permitirá, y después la inevitable muerte.

La lucha con las pasiones

Desde que el hombre se alejo de Dios, se volvió como un animal, que era antes domestico y después se volvió salvaje. Prefiere la oscuridad del bosque, o sea de este mundo, que el lugar luminoso anterior — el Reino Divino. Se le hizo difícil unirse con Dios, le cuesta de creer en Dios y lo que Él le ha revelado.

Observando el universo, veo por doquier una extraordinaria amplitud y alegría de la vida en el mundo animal, entre los cuadrúpedos, aves, reptiles y peces. Surge una pregunta: porque entre la gente, que tratan de vivir piadosamente, existen opresión y aflicciones? Si Dios en todas partes difundió vida, abundancia y mucho espacio. Todas las criaturas, al excepción del hombre, glorifican al Creador con satisfacción y alegría. No somos acaso, también criaturas de Dios? La respuesta es fácil; nuestra vida esta envenenada por nuestros pecados y por el enemigo invisible. Sobre todo ataca a la gente que lleva la vida piadosa. Por eso la verdadera vida la vamos a tener mas adelante, en el futuro siglo. Ahí se abrirá toda la felicidad y bienaventuranza. En esta tierra el hombre es expatriado, exilado y castigado. A veces parece que toda la naturaleza se arma contra él por sus pecados. Entonces no hay que estar confundido, que por todas partes hay alegría, y dentro del hombre muchas veces — aflicción. Tenemos un verdugo, que nos castiga siempre por nuestros pecados. La alegría vendrá, pero no acá, sino en el mundo venidero.

Acordase, que tenéis personalidad doble: una es corporal, enferma con pasiones, vieja. Hay que ignorar sus exigencias pecaminosas, extraerlas. Otra — es espiritual, nueva, la que busca a Cristo, y en El encuentra la vida y paz. Como hay que despreciar los pedidos de la carne pecadora, porque su satisfacción es la muerte para el alma; así los pedidos espirituales hay que practicarlos porque llevan a la vida eterna.

El hombre debe percibir la desventura de su alma y suplicar con celo al Salvador, que salve a el también. No digas: "Estoy seguro y no hay razón para preocuparse." He aquí la desgracia, que tu no vez el peligro. Tu desgracia — son tus pecados. El pecado penetro profundamente en mi ser. Algo malo e impuro fácilmente viene en la mente y recibe respuesta en el corazón, y lo bueno y santo solamente se piensa, pero no se siente. Lo que es malo, es mas cerca al corazón, y si no se hace, es por temor a Dios o por las circunstancias contrarias. "Yo se que en mi, no mora el bien; porque el querer el bien esta en mi, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien, que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago" (Rom. 7:18-19). Pasa, que el bien planeado se tarda mucho en cumplir.

La mayoría de la gente voluntariamente lleva en su corazón la pesadez satánica, pero tanto se acostumbro a ella, que no lo siente. Sucede además, que el enemigo malvado multiplica esta pesadez, entonces ellos se sienten abatidos, protestan y hasta blasfeman el nombre de Dios. La gente moderna tiene un medio para disipar esa pesadez interna: recurre a los espectáculos, fiestas, cartas, bailes, pero el aburrimiento y la angustia vuelven después con fuerza mayor. "Me dejaron a mi, fuente de agua viva, y cavaron para si cisternas rotas, que no retienen agua" (Jerem. 2:13). Solamente, cuando la gente se vuelve a Dios, de sus corazones se cae la pesadez del pecado y ellos comienzan a comprender las causas de su insatisfacción y como luchar contra ella.

Que nadie piensa, que el pecado es algo de poca importancia. No, el pecado es un terrible mal, que mata el alma! El Salvador dijo: "Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mt. 22:13), es lo que va a suceder al pecador en el futuro siglo. De ahí se ve, que los pecadores van a perder totalmente la libertad de fuerzas espirituales. Sintiendo la posesión de capacidades espirituales, ellos van a sentirse atados por fuertes cadenas y incapaces para cualquier bien. Serán prisioneros de sus propios pecados (Prov. 5:22). A esto hay que añadir los sufrimientos por entender tarde, como fueron irrazonables para enojar al Creador, pues todavía en la vida terrenal el pecado ata y mata el alma. El verdadero fiel conoce el dolor que oprime su alma después de haber cometido cualquier pecado, y como su conciencia lo atormenta hasta que no se arrepienta sinceramente de lo cometido. De mi propia experiencia puedo testimoniar que si una persona va a dormir sin haberse arrepentido de algo malo hecho durante el día, su conciencia lo va a molestar en el sueno, hasta que no se levanta y no lava el pecado con sus lagrimas. Ahora suponemos, que esta persona, atormentada en el sueno por su pecado, morirá inesperadamente. Es claro, que el alma ira atormentada en el otro mundo. Y como después de la muerte no hay arrepentimiento, su alma va a sufrir eternamente, conforme a sus hechos. De esto testifica la Sagrada Escritura (Mat.25:46; Rom. 2:6, 9; 2 Cor. 5:10 y otros).

Las preocupaciones de nuestra vida, como una neblina cubren el horizonte para la visualizad del alma. Por eso hay que aprender no preocuparse de las cosas, depositando todas las esperanzas en las manos de Dios. Con alegría hay que ayudar a los necesitados, sabiendo que nuestro Señor va a ser todavía mas generoso con los misericordiosos.

Pureza de la conciencia. La confesión.

La realidad terrible es que los pecadores no arrepentidos después de la muerte pierden la posibilidad de reformarse y mejorar, y por eso deberán sufrir eternamente. Esto es evidente en el estado actual de algunos pecadores y por la naturaleza misma del pecado — tener el hombre como prisionero, cerrándole todas las salidas. Quien no sabe como es difícil a un pecador corregirse sin la Gracia especial de Dios, dejar el camino de los acostumbrados pecados para la senda de la virtualidad. Por eso observamos que los pecadores no ven su caída y no se le ocurre dirigirse a Dios con arrepentimiento: amor propio y orgullo cegaron sus ojos. Y cuando empiezan a sentirse pecadores, se entregan a la desesperación, que oscurece su mente y hace cruel el corazón. Si no fuera por la Gracia Divina quien de los pecadores se volvería a Dios? Pero el lugar y el tiempo para esta obra se encuentran acá, en la tierra. Después de la muerte solamente los rezos de la Iglesia pueden influir sobre el alma que es capaz recibir la luz espiritual, gracias a sus buenas acciones anteriores. Los pecadores no arrepentidos son, sin ninguna duda, los hijos de la perdición.

Si has pecado y tu conciencia te atormenta y no te deja en paz, entonces, sin tardar, recurre a la Única Oferta por los pecados, eterna y vivificadora, y precipita ante ella todos tus pecados. No hay otra forma de salvación. No es posible salvarse uno mismo.

Porque el alma pecaminosa no recibe el perdón de los pecados, que antes de sentir profundamente su locura y desastre? Es porque, pecando ella les encontraba agradables y convenientes; pues arrepintiéndose, debe reconocerlos peligrosos y falsos. Como el deseo del pecado nace en el corazón, así la liberación de él se acompaña con el dolor, también en el corazón.

Al arrepentimiento sincero ayudan la razón, el sentido, la memoria, imaginación y voluntad. Hay que arrepentirse con todas las fuerzas del alma. El arrepentimiento solamente con palabras, sin el deseo de corregirse, sin sentido de culpabilidad, se llama hipocresía. De la vida despreocupada el sentimiento de culpa queda nublado — hay que aclararlo; el sentimiento se pone obtuso — hay que afilarlo; la voluntad se debilita — hay que obligarla. Esta dicho: "El Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan" (Mt. 11:12). Por eso la confesión debe ser del todo corazón, profunda y completa.

El ayuno y la confesión nos llevan a la purificación de los pecados y a la unión con Dios. Hay porque ponerse a ayunar y arrepentirse de todo el corazón. La recompensa es inapreciable por el trabajo concienzudo. Pero habrá mucha gente que tiene el amor filial hacia Dios? Que con el sentido cálido dicen Padre nuestro? No será que esta voz filial es sumergida en el amor a los placeres? Si, merecemos su castigo correcto y hay que sorprenderse que tanto tiempo nos tiene piedad. Por eso examinemos con atención el fondo de nuestro corazón y veremos cuanta suciedad en el impide de penetrar a la Gracia Divina, apurémonos de implorarlo con nuestras lagrimas.

Se puede comparar la confesión con una difícil y dolorosa operación, de la cual salimos curados. Esto significa que en la confesión hay que abrir al confesor todas nuestras acciones indecentes, aunque vamos a sentirnos humillados y avergonzados. De lo contrario la herida queda sin curar y la infección se va a desparramar. El sacerdote es un medico y padre espiritual. Haga ver tus heridas sin esconder nada, porque él debe responder por ti ante Dios. Porque nuestra vida se volvió tan impura, llena de pasiones y hábitos pecaminosos? Porque mucha gente ocultan sus ulceras espirituales, las cuales duelen cada vez mas.

Quien se acostumbra dar cuenta de sus acciones en la confesión, no tendrá miedo de responder en el Juicio Final. Para eso tenemos acá este pequeño juicio de conciencia en la confesión, para poder después, ya purificados, responder en el Juicio de Cristo. Sabiendo este hecho, debemos confesarnos sinceramente al menos una vez por ano. Es mal para nosotros postergar nuestra confesión, los pecados se volverán confusos y será mas difícil de exponerlos a la vista del confesor. Y al contrario, cuanto mas sincera es la confesión, tanto mas tranquila es el alma. Los pecados son unos serpientes ocultas, que pican nuestro corazón y no le dan descanso. Son espinas clavadas al alma. Son una oscuridad espiritual.

Hay que confesar los pecados con frecuencia para dominar el orgullo y sentir la repugnancia hacia los pecados. Piensa a donde te llevan los pecados y acordase de lo que hizo Jesucristo para tu salvación. Acordase Su encarnación, como trataba a los hombres, Sus sermones y milagros, como aguantaba las falsedades, insultos, burlas, golpes y al final la crucifixión y muerte humillante, su sepultura; y después la resurrección en la Gloria de Dios. Todo esto lo hizo para salvarte de la muerte eterna. Por eso entrégate todo a Él, tu Benefactor, cumple Sus mandamientos y vive por Él. Aléjate de todo lo que te lleva al pecado: la lujuria, orgullo, pasiones, con la paciencia salva tu alma, ama a Dios y a tu prójimo como a ti mismo.

La moderación, la abstinencia.

Tenemos muchas tentaciones por causa de nuestros ojos, oído y gusto. Cuantos hombres sufren, porque siendo débiles miraron sin cuidado con ojos impuros, escucharon sin distinción de lo que es bueno y lo que es malo, comieron con avidez... Los gustos de la carne pecaminosa, no reprimida por la razón y los mandamientos de Dios, los arrastraron a las pasiones, oscurecieron la mente y corazón, los dominaron, quitando la paz. Con mucho cuidado hay que mirar, escuchar, comer, olfatear y tocar, porque a causa de los sentidos exteriores, como por una ventana abierta, pueden penetrar en nosotros algunos pecados, o peor aun, el causador de los pecados — el demonio con su veneno mortal.

El que come y bebe con avidez — es carne, pero él que come con moderación, ayuna y reza a Dios es espiritual. "No os embriaguéis con vino,... antes bien sed llenos de Espíritu" (Ef. 5:18). Ayuna y reza y realizaras grandes obras. El hombre saciado no es apto para la hazaña del sacrificio.

Como una criatura, recién nacida, no se importa como lo visten, así un cristiano -- niño en Cristo, — debe ser indiferente a la elegancia y diversidad del vestido; considerando que su mejor revestimiento es Señor Jesucristo, como esta escrito: "Todos lo que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gal. 3:27). La afición a los vestidos caros y elegantes es propia a la gente de nuestros siglos, — "Porque los gentiles buscan todas estas cosas" (Mat. 6:32). Un vestido refinado es el ídolo de la gente moderna. Que irrazonables somos cuando damos importancia a las cosas insignificantes, y no apreciamos los valores indestructibles: la paz del alma y alegría, la cercanía a Dios, el tesoro de la virtuosidad, santidad, felicidad eterna mas allá. Entonces, hay que aprender a apreciar los bienes espirituales, pero los materiales, como perecederos y insignificantes — despreciar.

La humildad y la mansedumbre

De lo posible sé humilde y sencillo en relaciones con todos, sin hipocresía considerándote peor de todos, mas pecador y débil. Di: "Entre los pecadores, soy yo el primero." El orgullo conduce al énfasis, al trato frío y falso con los prójimos. Vigila con atención las manifestaciones del orgullo: el se infiltra imperceptible, mas por causas insignificantes, siendo afligido a veces por alguien.

Si quieres ser humilde, considera que mereces cualquier daño y maledicencia de otros. No te irrites, cuanto te censuran o hablan mal de ti. Di: "Que sea, Padre Santo, Tu voluntad!" Acordase de lo dicho por el Salvador: "El siervo no es mayor, que su señor...si el mundo os aborrece, sabed, que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros...si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán" (Jn. 13:16; 15:18, 20).

Recuerda la sentencia de la Escritura: "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal" (Rom. 12:21). Cuando son groseros contigo, te están irritando, te demuestran desprecio y maldad, no rindes con la misma moneda, seas calmo, manso, cariñoso, respetuoso y afectuoso con la gente, que se esta portando indecentemente contigo. Pero si te vas a confundir y empezaras contestar con agitación, hablar con desprecio y grosería, entonces estarás vencido por lo malo y se te podrá decir: "Medico, cúrate a ti mismo," o "Por que miras la paja que esta en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo? ... Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces veras bien para sacar la paja del ojo de tu hermano" (Lc.4:23; Mt. 7:3,5). Al notar tu debilidad, tus enemigos van a presionarte mas aun, entonces "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal" (Rom.12:21). Al que te ofendió, explica, que él ofendió mas a si mismo, sentí lastima por él y cuando mas grosero y irritado será, mas amable y complaciente se con él. Así lo vencerás con seguridad. El bien siempre es mas fuerte, que el mal, y por eso siempre es vencedor. Nosotros somos todavía muy débiles y fácilmente nos dejamos vencer por los vicios. Por eso tengas mucha paciencia con el ofensor, porque tu también tienes la misma enfermedad. Perdona las deudas a tus deudores, para que tu Padre Celestial perdone tus deudas con Él.

El hombre, que nos odia, es una persona enferma. Hay que aplicar vendaje a su corazón — el amor. Hay que hablarle con cariño, y si su maldad no es muy arriegada, si fue solo una explosión, veras como su corazón se ablandara con tu amor. Un cristiano debe ser muy sabio para vencer el mal con el bien.

Si no tienes ganas de rezar por el hombre, que desprecias, por eso mismo — reza, hay que recurrir al Medico, porque tu mismo estas enfermo de odio y orgullo, igual como el despreciado por ti. Reza para que el Señor te enseñe a ser benigno y paciente, para que te fortalezca a amar a los enemigos y rezar por ellos como por tus benefactores con toda sinceridad.

La unión con Cristo

La finalidad de nuestra vida es unirnos a Dios. En esta vida nosotros nos unimos con Él con la fe, con la esperanza y con amor, y en la futura — en forma perfecta. Pero, presten atención, como nosotros alteramos esta finalidad. A nuestro corazón le atraen diversas cosas y nuestro afecto se dirige hacia el dinero, comida, bebida, vestidos, decoración de casa o personas que nos gustan — hasta olvidarnos de Dios. Por el amor a las comodidades de la vida nos ponemos orgullosos, envidiosos, odiosos, mentirosos — y entonces nos atamos directamente al diablo, este portador de todo mal. Con esto ofendemos a nuestro Creador y alteramos la imagen y semejanza a Dios. En realidad pensamos poco y nada a lo que tendría que ser lo principal — nuestra unión con Dios!

Si, por tomar frecuentemente la Comunión, tienes a Jesucristo dentro de ti, entonces se como Cristo: manso, humilde, paciente, lleno de amor, imparcial a las cosas de este mundo, pensando a lo celestial, obediente, razonable; llevando siempre en ti el espíritu de Él.

Teniendo a Cristo en el corazón, teme de no perderlo, y con Él la paz del corazón. Es difícil empezar de nuevo. Serán duras las tentativas para unirse de nuevo. Agárrate con todas las fuerzas de tu alma a Cristo y no pierdas la santa audacia ante Él.

El amor a Dios y a los prójimos

La vida del corazón es el amor, y su muerte — la maldad y rencor. Para esto el Señor nos deja estar en esta tierra — para que el amor penetre totalmente en nuestro corazón: es la razón por la cual existe el mundo.

El amor a Dios se manifiesta en nosotros y actúa, cuando empezamos a querer a nuestro prójimo, como a uno mismo. Cuando hacemos todo para su salvación, esta imagen de Dios, cuando renunciamos, por amor a Dios, a complacer a nuestro vientre, cuando sometemos nuestro razonamiento a la razón Divina. La Sagrada Escritura enseña: "El que aborrece a su hermano a quien ha visto, como puede amar a Dios a Quien no ha visto?" y "Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (1 Jn. 4:20; Gal. 5:24).

Recuerda, que el Señor se encuentra en cada cristiano, y cuando viene tu prójimo, ten por él un gran respeto, porque él tiene la imagen de Dios. A menudo el Señor por el medio de la gente manifiesta Su voluntad. "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2;13). No mezquinas nada para tu hermano, como para el mismo Dios. Se para todos sincero, bueno y cordial. Recuerda que, a veces, el Señor atrae también los corazones de los infieles hacia nosotros, como sucedió con el carcelero de Egipto, que se puso benévolo con José (Gen. 39:21).

Para Dios el hombre es una criatura grande y querida. Pero, después de la caída, esta criatura se volvió débil y pecaminosa. Hay que amarla y respetar como la imagen de Dios, soportar sus debilidades — distintas pasiones y comportamiento desaprobante — como cosas de un enfermo. Esta dicho: "Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos... Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Rom. 15:1; Gal. 6:2).

Ama a cada hombre a pesar de sus pecados. Los pecados son pecados, pero cada hombre lleva en si la imagen de Dios. A veces los defectos de una persona son muy visibles, por ejemplo ellos son malos, orgullosos, avaros, voraces, envidiosos. Pero hay que recordar, que tu también tienes cosas malas en ti, y puede ser mas que otros. Lo que se refiere a los pecados, todos son iguales, como esta dicho: "Por cuanto todos pecaron, y están destruidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23); todos son culpables ante Dios y necesitan Su misericordia. Por eso hay que soportar y perdonar unos a otros, "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonara también a vosotros vuestro Padre Celestial" (Mat.6:14). Ve, como Dios nos quiere, cuanto hace para nosotros, castiga levemente y perdona generosamente.

Si quieres corregir a alguien, no pienses llegar por tus propios medios. Nosotros mas dañamos, que corregimos, con nuestro orgullo y irritación. "Echa tu carga sobre Jehová, y Él te sostendrá... yo en ti confiare" (Sal. 55:22-23) y del todo corazón reza, para que Él mismo alumbre la mente y el corazón del hombre. Si Dios ve, que tu oración esta llena de amor, sin falta cumplirá tu pedido y veras el cambio en aquel por quien estas pidiendo. "Enfermedad mía es esta; traeré a la memoria los anos de la diestra del Altísimo" (Sal. 77:10).

Como un verdadero cristiano, que quiere acumular muchas obras de bien, aprovecha con alegría la oportunidad de ser afectuoso con el prójimo. No busques que te presten atención y amor, considera que eres indigno de ellos. Toma con alegría la posibilidad de ayudar a otros, hágalo sencillamente, sin cálculos materiales, acordando, que Dios es el amor, es un Ser sencillo. Él ve cada pensamiento tuyo y cada movimiento del corazón.

Se audaz y decisivo para hacer el bien, especialmente para las acciones de misericordia y ayuda. Di: Soy el primer pecador, pero "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece... Al que cree todo es posible" (Fil. 4:13; Mc. 9:23).

Acerca de la Iglesia

La Iglesia es una familia Divina, donde Dios es el Padre, la Virgen María — nuestra Madre, los Ángeles y los Santos son nuestros hermanos mayores, y todos nosotros somos hermanos, nacidos por la Iglesia en la misma fuente del bautismo y vivificados por el mismo Espíritu Santo.... Los protestantes, rechazando la oración a los santos, que nos une con la Iglesia Celestial, rompieron también la unión con la Iglesia Universal.

Vivir en la Iglesia significa sentir la cercanía de Dios y al mismo tiempo la cercanía de la Iglesia Celestial. La cercanía esta no solo en el recuerdo histórico y herencia religiosa, pero una unión real en las oraciones y contacto con los Apóstoles, Mártires, Beatos y todos los Justos de la Iglesia. La Comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo, los Sacramentos de la Iglesia y oración común — son los medios que nos dio Dios para la ascensión de lo terrenal al cielo.

Las intrigas de los demonios

El enemigo del genero humano combate con nosotros por medio de la gente dominada por él. Los orgullosos — humillando y despreciándonos, los fanáticos — con su incredulidad, latitud y sacrilegio, los gobernantes crueles con su tiranía y opresiones, los comelones — atrayendo la gente a las golosinas, borracheras, sobrealimentación, los libertinos — a la perdida de castidad y a la corrupción, los ladrones — secuestrando nuestra propiedad...apenándonos por medio de los envidiosos y odiosos, por gente codiciosa nos priva de alimentos indispensables, vestimenta, domicilio etc. Por la tolerancia de Dios, siendo el príncipe poderoso de este mundo y las tinieblas (Jn. 16:11; Ef. 6:12), con todos los medios de su alcance, usando seducciones y opresiones, exaspera a la gente y trata de inclinarlos a su lado. Y si el padre Celestial, Sabio y Omnipotente, no se hubiera preocupado por nosotros, volviendo la astucia del tentador a buenas consecuencias, entonces el demonio hace mucho hubiera conquistado todo el mundo en la tierra, no quedaría ni una semiente santa (Is. 6:13).

Cuando el demonio penetra en el corazón, el alma se confunde y se ensombrece, todo la irrita y ella sienta repugnancia hacia cualquiera buena acción. Ella ve en la palabras y actos de los demás un mal propósito y por eso siente por ellos un odio mortal y busca la venganza. "Por sus frutos los conoceréis" (Mt. 7:20).

No se hagan jueces de la personas que trabajan para Dios, y a veces, por error, se contradicen, haciendo lo contrario de sus principios. Es el demonio, enemigo de ellos, clava sus dientes en el corazón de ellos, y les obliga hacer lo que no se debe.

Cuando tu corazón esta herido por el enemigo invisible, que te provoca un malestar y la caída del animo, es mejor guardar silencio, pues tus reprimendas solo molestaran a la gente. En estos momentos no estamos dignos de usar la palabra, que es un don de Dios. Echa al enemigo, restablece la paz en el corazón y después podrás hablar.
 

Cortesía: http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/juan_kronstadt_s.htm





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