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La brujería adquiere
reconocimientos públicos
El mes anterior, el tribunal de distrito de Leeuwarden confirió el derecho legal a sustraer los costes de la enseñanza --incluyendo la brujería-- de la declaración de la renta. Los costes pueden ser sustanciales, según una bruja entrevistada para el artículo.
Margarita Rongen gestiona la «Granja de las
Brujas» en una provincia del norte. Sus talleres cuestan más de 200 dólares
por fin de semana, y más de 2.600 dólares por un curso completo. Rongen
declara que ha entrenado a más de 160 discípulos en las últimas 4 décadas. En
Inglaterra, la prisión de Kingston en Portsmouth ha empleado un sacerdote
pagano para dar consejo espiritual a tres internos que cumplen sentencias de
por vida, informó el 1 de noviembre el Telegraph. Los presos se han convertido
al paganismo y, según las normas de la prisión, se les permite un capellán de
la misma forma que a los cristianos o a otros credos religiosos. Denegarles un
capellán pagano podría infringir sus derechos humanos, declaró John Robinson,
director de la prisión.
La autora es la periodista Catherine Edwards
Sanders, y el libro fue fruto de un artículo que le encargaron para una
revista. Aunque inicialmente no se tomó en serio la uija, durante sus
investigaciones Sanders llegó a apreciar que un hambre espiritual genuina
llevaba a la gente a las prácticas neopaganas. La Uija se compone de muchos elementos diversos, con todo, Sanders identifica algunas creencias comunes entre sus seguidores. Éstas son: todos los seres vivientes tienen igual valor y los seres humanos no tienen un lugar especial, y no están hechos a imagen de Dios; quienes se adhieren a la uija creen que poseen el poder divino dentro de ellos mismos y que son dioses o diosas; su propio poder persona no se ve limitado por ninguna deidad; y su conciencia puede y debe ser alterada a través de la práctica de un rito y del ritual. Lo que es importante para ellos, explica Sanders, es la experiencia de una realidad espiritual, y no la verdad o un cuerpo de conocimientos. No hay ortodoxia, texto definido o creencias base. Y, aunque tiene raíces antiguas, Sanders observa que se ve atraído por la modernidad puesto que puede ser moldeado para adaptarse a los deseos del consumidor espiritual.
El hacer hechizos es otro elemento clave de la
uija. Pero Sanders observa que de todas las personas adheridas a la uija con
las que habló, ninguna entró para utilizar hechizos para dañar a otras
personas. La mayoría eligen la uija porque no están satisfechos con las
iglesias y las religiones organizadas y están buscando una experiencia
espiritual que no pueden encontrar en otro lugar. El feminismo es otro elemento importante de atracción de las personas por parte de la Uija. Sanders observa que las mujeres pertenecientes a la uija sienten que las iglesias cristianas las tratan como ciudadanas de segunda clase, limitadas a enseñar en la escuela dominical. Sanders estima que cerca de dos tercios de los neopaganos en Estados Unidos son mujeres. Muchas de ellas practican alguna forma de adoración a una diosa, normalmente en forma de una diosa madre, que es una metáfora de la tierra. Los rituales uija también ponen de relieve el concepto de potenciación, y se concede un papel de respeto a las funciones biológicas femeninas.
A esto se añade la creencia de que lo que están
haciendo los actuales creyentes en la diosa es reclamar la herencia de un
mundo primitivo en el que dominaba una sociedad matriarcal pacífica. Este
«mito matriarcal» carece de cualquier evidencia histórica, observa Sanders,
pero es una afirmación que se repite comúnmente. De hecho, Sanders dedica una
sección de su libro a explicar cómo los rituales y los conjuros de la uija no
tienen raíces anteriores al año 1900, y son el resultado de invenciones y
adaptaciones de un grupo de hombres, especialmente de Aleister Crowley y
Gerald Gardner. Lejos de ser un renacimiento de cierto paganismo antiguo o
sociedad matriarcal, la uija es una invención moderna masculina. Pero, en vez de volverse a la religión tradicional para satisfacer esta necesidad, un creciente número experimenta con la uija. Sanders sostiene que en parte esto es culpa de algunas iglesias, que han perdido de vista el mundo espiritual y la realidad de una relación con Cristo y la inhabitación del Espíritu Santo, reduciendo sus actividades sólo a un ejercicio social. Otras iglesias proporcionan poco en cuanto alimento serio para las mentes inquisitivas adolescentes, especialmente para las femeninas. Otro factor que lleva a las adolescentes a la uija, en lugar de al cristianismo es el deseo de rituales y ceremonias. La cultura eclesial moderna, observa Sanders, ha reducido la importancia de los rituales religiosos y las celebraciones solemnes, llevando a la gente a buscar alternativas que ofrezcan experiencias sobrenaturales más tangibles. Para concluir, Sanders afirma que sus investigaciones la han hecho apreciar más el hambre espiritual que lleva a la gente a experimentar con la uija. Al mismo tiempo, sostiene que el cristianismo ofrece todo lo que los neopaganos buscan: un mensaje verdadero hace dos mil años y válido todavía hoy.
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