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Para Juan Pablo II
comunicación
es comunión
Propone una espiritualidad a los
comunicadores en «El rápido desarrollo»
El culmen de la comunicación es la comunión, perspectiva que se hace posible
gracias a la redención de Cristo, considera Juan Pablo II en la carta
apostólica dirigida a los responsables de las comunicaciones sociales con el
título «El rápido desarrollo».
Esta espiritualidad de la comunicación constituye una de las aportaciones más
claras de este texto, en el que el pontífice recoge su experiencia de
comunicador, al recordar los más de cuarenta años de la publicación del
decreto del Concilio Vaticano II
Inter Mirifica
(4 de diciembre de 1963).
«También el mundo de los medios de comunicación necesita la redención de
Cristo», comienza constatando el Santo Padre en el pasaje más meditativo de la
misiva, presentada el 21 de febrero en la Sala de Prensa de la Santa Sede por
el arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales..
«Para analizar, con los ojos de la fe, los procesos y el valor de las
comunicaciones sociales --recomienda el obispo de Roma-- resulta de indudable
utilidad la profundización de la Sagrada Escritura, la cual se presenta como
un «gran código» de comunicación de un mensaje no efímero y ocasional, sino
fundamental en razón de su valor salvífico».
«La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el
hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar.
El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para acoger la
revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él», señala.
«A causa del pecado, esta capacidad de diálogo ha sido alterada, sea a escala
personal o social, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga
experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo Dios no los ha
abandonado y les ha enviado a su mismo Hijo. En el Verbo hecho carne el evento
comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: de este modo se entrega al
hombre, en el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de
anunciarla y testimoniarla a sus hermanos», indica.
«La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su
perfección en el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se
revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un diálogo
fecundo», sigue explicando.
«Precisamente por esto al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los
discípulos "enséñanos a orar", podemos pedirle al Señor que nos guíe para
entender cómo comunicarnos con Dios y con los hombres a través de los
maravillosos instrumentos de la comunicación social», indica
Desde esta perspectiva, señala el Papa, «los medios de comunicación social se
revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres en
cualquier latitud, superando las barreras de tiempo, de espacio y de lengua,
formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe y
ofreciendo a quien busca lugares seguros que permitan entrar en diálogo con el
misterio de Dios revelado plenamente en Cristo Jesús».
Pero para el Papa hay «un momento culminante en el cual la comunicación se
hace comunión plena: es el encuentro eucarístico».
«Reconociendo a Jesús en la "fracción del pan", los creyentes se sienten
impulsados a anunciar su muerte y resurrección y a volverse valientes y
gozosos testigos de su Reino», señala.
«Gracias a la Redención, la capacidad comunicativa de los creyentes se ha
sanado y renovado --asegura--. El encuentro con Cristo los transforma en
criaturas nuevas, les permite pasar a formar parte de ese pueblo que Él ha
conquistado con su sangre muriendo sobre la Cruz, y les introduce en la vida
íntima de la Trinidad, que es comunicación continua y circular de amor
perfecto e infinito entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo».
Por eso, concluye, «la comunicación penetra las dimensiones esenciales de la
Iglesia, llamada a anunciar a todos el gozoso mensaje de la salvación. Por
esto, ella asume las oportunidades ofrecidas por los instrumentos de la
comunicación social como caminos ofrecidos providencialmente por Dios en
nuestros días para acrecentar la comunión y hacer más incisivo el anuncio».
(cortesía zenit.org)
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