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IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

República Dominicana 12-28 de Octubre de 1992

SANTO DOMINGO

NUEVA EVANGELIZACION, PROMOCIÓN HUMANA, CULTURA CRISTIANA

"Jesucristo ayer, hoy y siempre" (Hebreos 13,8)
(vea resumen del documento)

 

CONCLUSIONES

Primera Parte: JESUCRISTO EVANGELIO DEL PADRE

|p1 1. Convocados por el Papa Juan Pablo II e impulsados por el Espíritu de Dios nuestro Padre, los Obispos participantes en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, reunida en Santo Domingo, en continuidad con las precedentes de Río de Janeiro, Medellín y Puebla, proclamamos nuestra fe y nuestro amor a Jesucristo. Él es el mismo "ayer, hoy y siempre" (cf. Hb 13,8).

Reunidos como en un nuevo cenáculo, en torno a María la Madre de Jesús, damos gracias a Dios por el don inestimable de la fe y por los incontables dones de su misericordia. Pedimos perdón por las infidelidades a su bondad. Animados por el Espíritu Santo nos disponemos a impulsar con nuevo ardor una Nueva Evangelización, que se proyecte en un mayor compromiso por la promoción integral del hombre e impregne con la luz del Evangelio las culturas de los pueblos latinoamericanos. Él es quien debe darnos la sabiduría para encontrar los nuevos métodos y las nuevas expresiones que hagan más comprensible el único Evangelio de Jesucristo hoy día a nuestros hermanos. Y así responder a los nuevos interrogantes.

|p2 2. Al contemplar, con una mirada de fe, la implantación de la Cruz de Cristo en este continente, ocurrida hace cinco siglos, comprendemos que fue Él, Señor de la historia, quien extendió el anuncio de la salvación a dimensiones insospechadas. Creció así la familia de Dios y se multiplicó para gloria de Dios el número de los que dan gracias (cf. 2 Co 4,15; cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 3). Dios se escogió un nuevo pueblo entre los habitantes de estas tierras que, aunque desconocidos para el Viejo Mundo, eran bien "conocidos por Dios desde toda la eternidad y por Él siempre abrazados con la paternidad que el Hijo ha revelado en la plenitud de los tiempos" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 3).

|p3 3. Jesucristo es en verdad el centro del designio amoroso de Dios. Por eso repetimos con la epístola a los Efesios:

"Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor, eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo" (Ef 1,3-5).

Celebramos a Jesucristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rm 4,25), que vive entre nosotros y es nuestra "esperanza de la gloria" (Co 1,27). Él es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura en quien fueron creadas todas las cosas. Él sostiene la creación, hacia Él convergen todos los caminos del hombre, es el Señor de los tiempos. En medio de las dificultades y las cruces queremos seguir siendo en nuestro continente testigos del amor de Dios y profetas de aquella esperanza que no falla. Queremos iniciar "una nueva era bajo el signo de la esperanza" (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, V).

1. PROFESION DE FE

|p4 4. Bendecimos a Dios que en su amor misericordioso "envió a su Hijo, nacido de mujer" (Ga 4,4) para salvar a todos los hombres. Así Jesucristo se hizo uno de nosotros (cf. Hb 2,17). Ungido por el Espíritu Santo (cf. Lc 1,15) proclama en la plenitud de los tiempos la Buena Nueva diciendo: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15). Este Reino inaugurado por Jesús nos revela primeramente al propio Dios como "un Padre amoroso y lleno de compasión" (RMi 13), que llama a todos, hombres y mujeres, a ingresar en él.

- Para subrayar este aspecto, Jesús se ha acercado sobre todo a aquéllos que por sus miserias estaban al margen de la sociedad, anunciándoles la "Buena Nueva". Al comienzo de su ministerio proclama que ha sido enviado a "anunciar a los pobres la Buena Nueva" (Lc 4,18). A todas las víctimas del rechazo y del desprecio, conscientes de sus carencias, Jesús les dice: "Bienaventurados los pobres" (Lc 6,20; cf. RMi 14). Así, pues, los necesitados y pecadores pueden sentirse amados por Dios, y objeto de su inmensa ternura (cf. Lc 1 5, 1-32).

|p5 5. La entrada en el Reino de Dios se realiza mediante la fe en la Palabra de Jesús, sellada por el bautismo, atestiguada en el seguimiento, en el compartir su vida, su muerte y resurrección (cf. Rm 6,9). Esto exige una profunda conversión (cf. Mc 1,15; Mt 4,17), una ruptura con toda forma de egoísmo en un mundo marcado por el pecado (cf. Mt 7,21; Jn 14,15 RMi 13); es decir, una adhesión al anuncio de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,1-10).

El misterio del Reino, escondido durante siglos y generaciones en Dios (cf. Co 1,26) y presente en la vida y las palabras de Jesús, identificado con su persona, es don del Padre (cf. Lc 12,32 y Mt 20,23) y consiste en la comunión, gratuitamente ofrecida, del ser humano con Dios (cf. EN 9; Jn 14, 23), comenzando en esta vida y teniendo su realización plena en la eternidad (cf. EN 27).

El amor de Dios se atestigua en el amor fraterno (cf. 1 Jn 4,20), del cual no puede separarse: "Si nos amamos unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud" (1 Jn 4,12). "Por tanto, la naturaleza del Reino es la comunión de todos los seres humanos entre sí y con Dios" (RMi 15).

|p6 6. Para la realización del Reino, "Jesús instituyó Doce para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar" (Mc 3,14), a los cuales reveló los "misterios" del Padre haciéndolos sus amigos (cf. Jn 15,15) y continuadores de la misma misión que Él había recibido de su Padre (cf. Jn 20,21), y estableciendo a Pedro como fundamento de la nueva comunidad (cf. Mt 16,18).

Antes de su ida al Padre, Jesús instituyó el sacramento de su amor, la Eucaristía (cf. Mc 14,24), memorial de su sacrificio. Así permanece el Señor en medio de su pueblo para alimentarlo con su Cuerpo y con su Sangre, fortaleciendo y expresando la comunión y la solidaridad que debe reinar entre los cristianos, mientras peregrinan por los caminos de la tierra con la esperanza del encuentro pleno con Él. Víctima sin mancha ofrecida a Dios (cf. Hb 9,14), Jesús es igualmente el sacerdote que quita el pecado con una única ofrenda (cf. Hb 10,14).

Él, y sólo Él, es nuestra salvación, nuestra justicia, nuestra paz y nuestra reconciliación. En Él fuimos reconciliados con Dios y por Él nos fue confiado el "Ministerio de la Reconciliación" (2 Co 5,19). Él derriba todo muro que separa a los hombres y a los pueblos (cf. Ef 2,14). Por eso hoy, en este tiempo de Nueva Evangelización, queremos repetir con el apóstol San Pablo: "Déjense reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).

|p7 7. Confesamos que Jesús, que verdaderamente resucitó y subió al cielo, es Señor, consubstancial al Padre, "en Él reside toda la plenitud de la divinidad" (Co 2,9); sentado a su derecha, merece el tributo de nuestra adoración. "La resurrección confiere un alcance universal al mensaje de Cristo, a su acción y a toda su misión" (RMi 16). Cristo resucitó para comunicarnos su vida. De su plenitud todos hemos recibido la gracia (cf. Jn 1,16). Jesucristo, que murió para liberarnos del pecado y de la muerte, ha resucitado para hacernos hijos de Dios en Él. Si no hubiera resucitado, "vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe" (1 Co 15,14). Él es nuestra esperanza (cf. 1 Tm 1,1; 3,14-16), ya que puede salvar a los que se acercan a Dios y está siempre vivo para interceder en favor nuestro (cf. Hb 7,25).

Conforme a la promesa de Jesús, el Espíritu Santo fue derramado sobre los apóstoles reunidos con María en el cenáculo (cf. Hch 1,12-14; 2,1). Con la donación del Espíritu en Pentecostés, la Iglesia fue enviada a anunciar el Evangelio. Desde ese día, ella, nuevo pueblo de Dios (cf. 1 P 2,9-10) y cuerpo de Cristo (cf. 1 Co 12,27; Ef 4,12), está ordenada al Reino, del cual es germen, signo e instrumento (cf. RMi 18) hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, desde entonces y hasta nuestros días, engendra por la predicación y el bautismo nuevos hijos de Dios, concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios (cf. LG 64).

|p8 8. En la comunión de la fe apostólica, que por boca de Pedro confesó en Palestina: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo" (Mt 16,16), hoy hacemos nuestras las palabras de Pablo VI que al empezar nuestros trabajos nos recordaba Juan Pablo II: "¡Cristo! Cristo, nuestro principio. Cristo, nuestra vida y nuestro guía. Cristo, nuestra esperanza y nuestro término... Que no se cierna sobre esta asamblea otra luz que no sea la de Cristo, luz del mundo. Que ninguna otra verdad atraiga nuestra mente fuera de las palabras del Señor, único Maestro. Que no tengamos otra aspiración que la de serle absolutamente fieles. Que ninguna otra esperanza nos sostenga, si no es aquélla que, mediante su palabra, conforta nuestra debilidad..." (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 1).

Sí, confesamos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Él es el Hijo único del Padre, hecho hombre en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, que vino al mundo para librarnos de toda esclavitud de pecado, a darnos la gracia de la adopción filial, y a reconciliarnos con Dios y con los hombres. Él es el Evangelio viviente del amor del Padre. En Él la humanidad tiene la medida de su dignidad y el sentido de su desarrollo.

|p9 9. Reconocemos la dramática situación en que el pecado coloca al hombre. Porque el hombre creado bueno, a imagen del mismo Dios, señor responsable de la creación, al pecar ha quedado enemistado con Él, dividido en sí mismo, ha roto la solidaridad con el prójimo y destruido la armonía de la naturaleza. Ahí reconocemos el origen de los males individuales y colectivos que lamentamos en América Latina: las guerras, el terrorismo, la droga, la miseria, las opresiones e injusticias, la mentira institucionalizada, la marginación de grupos étnicos, la corrupción, los ataques a la familia, el abandono de los niños y ancianos, las campañas contra la vida, el aborto, la instrumentalización de la mujer, la depredación del medio ambiente, en fin, todo lo que caracteriza una cultura de muerte.

¿Quién nos librará de estas fuerzas de muerte? (cf. Rm 7, 24). Sólo la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecida una vez más a los hombres y mujeres de América Latina, como llamada a la conversión del corazón. La renovada evangelización que ahora emprendemos debe ser, pues, una invitación a convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 18), para que los cristianos seamos como el alma en todos los ambientes de la vida social (cf. Carta a Diogneto 6).

|p10 10. Identificados con Cristo que vive en cada uno (cf. Ga 2,20) y conducidos por el Espíritu Santo, los hijos de Dios reciben en su corazón la ley del amor. De esta manera pueden responder a la exigencia de ser perfectos como el Padre que está en el cielo (cf. Mt 5,48), siguiendo a Jesucristo y cargando la propia cruz cada día hasta dar la vida por Él (cf. Mc 8,34-36).

 

|p11 11. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica y la amamos. Fundada por Jesucristo "sobre el fundamento de los Apóstoles" (cf. Ef 2,20) cuyos sucesores, los obispos, presiden las distintas Iglesias particulares. En comunión entre ellos y presididos en la caridad por el Obispo de Roma, sirven a sus Iglesias particulares, de modo que en cada una de ellas esté viva y operante la Iglesia de Cristo. Ella es "la primera beneficiaria de la salvación. Cristo la ha adquirido con su sangre (Hch 20,28) y la ha hecho su colaboradora en la obra de la salvación universal" (cf.RMi 9).

Peregrina en este continente, está presente y se realiza como comunidad de hermanos bajo la conducción de los obispos. Fieles y pastores, congregados por el Espíritu Santo (cf. CD 11) en torno a la Palabra de Dios y a la mesa de la Eucaristía, son a su vez enviados a proclamar el Evangelio, anunciando a Jesucristo y dando testimonio de amor fraterno.

|p12 12. "La Iglesia peregrinante es, por naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (AG 2). La evangelización es su razón de ser; existe para evangelizar (cf. EN 15). Para América Latina, providencialmente animada con un nuevo ardor evangélico, ha llegado la hora de llevar su fe a los pueblos que aún no conocen a Cristo, en la certeza confiada de que "la fe se fortalece dándola" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 28).

La Iglesia quiere realizar en estos tiempos una Nueva Evangelización que transmita, consolide y madure en nuestros pueblos la fe en Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Esta evangelización "debe contener siempre -como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo - una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios" (EN 27).

|p13 13. El anuncio cristiano, por su propio vigor, tiende a sanar, afianzar y promover al hombre, a constituir una comunidad fraterna, renovando la misma humanidad y dándole su plena dignidad humana, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio (cf. EN 18). La Evangelización promueve el desarrollo integral, exigiendo de todos y cada uno el pleno respeto de sus derechos y la plena observancia de sus deberes, a fin de crear una sociedad justa y solidaria, en camino a su plenitud en el Reino definitivo. El hombre está llamado a colaborar y ser instrumento con Jesucristo en la Evangelización. En América Latina, continente religioso y sufrido, urge una Nueva Evangelización que proclame sin equívocos el Evangelio de la justicia, del amor y de la misericordia.

Sabemos que, en virtud de la encarnación, Cristo se ha unido en cierto modo a todo hombre (cf. GS 22). Es la perfecta revelación del hombre al propio hombre y él que descubre la sublimidad de su vocación (cf. ib.). Jesucristo se inserta en el corazón de la humanidad e invita a todas las culturas a dejarse llevar por su espíritu hacia la plenitud, elevando en ellas lo que es bueno y purificando lo que se encuentra marcado por el pecado. Toda evangelización ha de ser, por tanto, inculturación del Evangelio. Así toda cultura puede llegar a ser cristiana, es decir, a hacer referencia a Cristo e inspirarse en Él y en su mensaje (cf. Juan Pablo II, Discurso a la II Asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 14.6.91, 4). Jesucristo es, en efecto, la medida de toda cultura y de toda obra humana. La inculturación del Evangelio es un imperativo del seguimiento de Jesús y necesaria para restaurar el rostro desfigurado del mundo (cf. LG 8). Es una labor que se realiza en el proyecto de cada pueblo, fortaleciendo su identidad y liberándolo de los poderes de la muerte. Por eso podemos anunciar con confianza: hombres y mujeres de Latinoamérica, ¡Abrid los corazones a Jesucristo. Él es el camino, la verdad y la vida, quien le sigue no anda en tinieblas! (cf. Jn 14,6; 8,12).

|p14 14. Creemos que Cristo, el Señor, ha de volver para llevar a su plenitud el Reino de Dios y entregarlo al Padre (cf. 1 Co 15,24), transformada ya la creación entera en "los cielos y la tierra nueva en los que habita la justicia" (cf. 2 P 3,13). Allí alcanzaremos la comunión perfecta del cielo, en el gozo de la visión eterna de la Trinidad. Hombres y mujeres, que se hayan mantenido fieles al Señor, vencidos finalmente el pecado, el diablo y la muerte, llegarán a su plenitud humana, participando de la misma naturaleza divina (cf. 2 P 1,4).

Entonces Cristo recapitulará y reconciliará plenamente la creación, todo será suyo y Dios será todo en todos (cf. 1 Co 15,28).

|p15 15. Confirmando la fe de nuestro pueblo queremos proclamar que la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, es la primera redimida y la primera creyente. María, mujer de fe, ha sido plenamente evangelizada, es la más perfecta discípula y evangelizadora (cf. Jn 2,1-12). Es el modelo de todos los discípulos y evangelizadores por su testimonio de oración, de escucha de la Palabra de Dios y de pronta y fiel disponibilidad al servicio del Reino hasta la cruz. Su figura maternal fue decisiva para que los hombres y mujeres de América Latina se reconocieran en su dignidad de hijos de Dios. María es el sello distintivo de la cultura de nuestro continente. Madre y educadora del naciente pueblo latinoamericano, en Santa María de Guadalupe, a través del Beato Juan Diego, se "ofrece un gran ejemplo de Evangelización perfectamente inculturada" Juan Pablo II, Discurso inaugural, 24). Nos ha precedido en la peregrinación de la fe y en el camino a la gloria, y acompaña a nuestros pueblos que la invocan con amor hasta que nos encontremos definitivamente con su Hijo. Con alegría y agradecimiento acogemos el don inmenso de su maternidad, su ternura y protección, y aspiramos a amarla del mismo modo como Jesucristo la amó. Por eso la invocamos como Estrella de la Primera y de la Nueva Evangelización.

2. A LOS 500 AñOS DE LA PRIMERA EVANGELIZACIóN

|p16 16. "En los pueblos de América, Dios se ha escogido un nuevo pueblo, [...] lo ha hecho partícipe de su Espíritu. Mediante la Evangelización y la fe en Cristo, Dios ha renovado su alianza con América Latina" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 3).

El año 1492 fue clave en este proceso de predicación de la Buena Nueva. En efecto, "lo que la Iglesia celebra en esta conmemoración no son acontecimientos históricos más o menos discutibles, sino una realidad espléndida y permanente que no se puede infravalorar: la llegada de la fe, la proclamación y difusión del Mensaje evangélico en el continente [americano]. Y lo celebra en el sentido más profundo y teológico del término: como se celebra a Jesucristo, Señor de la historia y de los destinos de la humanidad" (Juan Pablo II, Alocución dominical, 5.1.92, 2).

|p17 17. La presencia creadora, providente y salvadora de Dios acompañaba ya la vida de estos pueblos. Las "semillas del Verbo", presentes en el hondo sentido religioso de las culturas precolombinas, esperaban el fecundo rocío del Espíritu. Tales culturas ofrecían en su base, junto a otros aspectos necesitados de purificación, aspectos positivos como la apertura a la acción de Dios, el sentido de la gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la creencia en una vida ultraterrena y tantos otros valores que enriquecen el alma latinoamericana (cf. Juan Pablo II, Mensaje a los indígenas, 12.10.92, 1). Esta religiosidad natural predisponía a los indígenas americanos a una más pronta recepción del Evangelio, aunque hubo evangelizadores que no siempre estuvieron en condiciones de reconocer esos valores.

|p18 18. Como consecuencia, el encuentro del catolicismo ibérico y las culturas americanas dio lugar a un proceso peculiar de mestizaje, que si bien tuvo aspectos conflictivos, pone de relieve las raíces católicas así como la singular identidad del Continente. Dicho proceso de mestizaje, también perceptible en múltiples formas de religiosidad popular y de arte mestizo, es conjunción de lo perenne cristiano con lo propio de América, y desde la primera hora se extendió a lo largo y ancho del Continente.

La historia nos muestra "que se llevó a cabo una válida, fecunda y admirable obra evangelizadora y que, mediante ella, se abrió camino de tal modo en América la verdad sobre Dios y sobre el hombre que, de hecho, la Evangelización misma constituye una especie de tribunal de acusación para los responsables de aquellos abusos [de colonizadores a veces sin escrúpulos]" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 4).

|p19 19. La obra evangelizadora, inspirada por el Espíritu Santo, que al comienzo tuvo como generosos protagonistas sobre todo a miembros de órdenes religiosas, fue una obra conjunta de todo el pueblo de Dios, de Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Entre éstos últimos hay que señalar también la colaboración de los propios indígenas bautizados, a los que se sumaron, con el correr del tiempo, catequistas afroamericanos.

Aquella primera evangelización tuvo sus instrumentos privilegiados en hombres y mujeres de vida santa. Los medios pastorales fueron una incansable predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la catequesis, el culto mariano, la práctica de las obras de misericordia, la denuncia de las injusticias, la defensa de los pobres y la especial solicitud por la educación y la promoción humana.

|p20 20. Los grandes evangelizadores defendieron los derechos y la dignidad de los aborígenes, y censuraron "los atropellos cometidos contra los indios en la época de la conquista" (Juan Pablo II, Mensaje a los indígenas, 12.10.92, 2). Los Obispos, por su parte, en sus Concilios y otras reuniones, en cartas a los Reyes de España y Portugal y en los decretos de visita pastoral, revelan también esta actitud profética de denuncia, unida al anuncio del Evangelio.

Así, pues, "la Iglesia, que con sus religiosos, sacerdotes y obispos ha estado siempre al lado de los indígenas, ¿cómo podría olvidar en este V Centenario los enormes sufrimientos infligidos a los pobladores de este Continente durante la época de la conquista y la colonización? Hay que reconocer con toda verdad los abusos cometidos debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver en los indígenas hermanos e hijos del mismo Padre Dios" (Juan Pablo II, Mensaje a los indígenas, 2). Lamentablemente estos dolores se han prolongado, en algunas formas, hasta nuestros días.

Uno de los episodios más tristes de la historia latinoamericana y del Caribe fue el traslado forzoso, como esclavos, de un enorme número de africanos. En la trata de los negros participaron entidades gubernamentales y particulares de casi todos los países de la Europa atlántica y de las Américas. El inhumano tráfico esclavista, la falta de respeto a la vida, a la identidad personal y familiar y a las etnias son un baldón escandaloso para la historia de la humanidad. Queremos con Juan Pablo II pedir perdón a Dios por este "holocausto desconocido" en el que "han tomado parte personas bautizadas que no han vivido según su fe" (Discurso en la Isla de Gorea, Senegal, 21.2.92; Mensaje a los afroamericanos, Santo Domingo, 12.10.92, 2).

|p21 21. Mirando la época histórica más reciente, nos seguimos encontrando con las huellas vivas de una cultura de siglos, en cuyo núcleo está presente el Evangelio. Esta presencia es atestiguada particularmente por la vida de los santos americanos, quienes, al vivir en plenitud el Evangelio, han sido los testigos más auténticos, creíbles y cualificados de Jesucristo. La Iglesia ha proclamado las virtudes heroicas de muchos de ellos desde el Beato indio Juan Diego, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres hasta San Ezequiel Moreno.

En este V Centenario queremos agradecer a los innumerables misioneros, agentes de pastoral y laicos anónimos, muchos de los cuales han actuado en el silencio, y especialmente a quienes han llegado hasta el testimonio de la sangre por amor de Jesús.

Segunda Parte: JESUCRISTO EVANGELIZADOR VIVIENTE EN SU IGLESIA

|p22 22. "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20). "En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 2).

El Santo Padre nos ha convocado para comprometer a la Iglesia de América Latina y el Caribe en una Nueva Evangelización y "trazar ahora, para los próximos años, una nueva estrategia evangelizadora, un plan global de evangelización" (Juan Pablo II, Discurso a la II Asamblea plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 14.6.91, 4).

Queremos presentar algunos elementos que nos servirán de base para concretar estas orientaciones en las Iglesias locales del Continente.

A partir de la Nueva Evangelización, "el elemento englobante" o "idea central" que ha iluminado nuestra Conferencia, entenderemos en su verdadera dimensión la Promoción Humana, respuesta a "la delicada y difícil situación en la que se encuentran los países latinoamericanos" (Carta del Cardenal Bernardin Gantin, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de América Latina y al Presidente del CELAM, 12.12.90) y enfocaremos el desafío del diálogo entre el Evangelio y los distintos elementos que conforman nuestras culturas para purificarlas y perfeccionarlas desde dentro, con la enseñanza y el ejemplo de Jesús, hasta llegar a una Cultura Cristiana.

Capítulo I: LA NUEVA EVANGELIZACION

|p23 23. Toda evangelización parte del mandato de Cristo a sus apóstoles y sucesores, se desarrolla en la comunidad de los bautizados, en el seno de comunidades vivas que comparten su fe, y se orienta a fortalecer la vida de adopción filial en Cristo, que se expresa principalmente en el amor fraterno.

Después de preguntarnos qué es la Nueva Evangelización podremos comprender mejor que ella tiene su punto de partida en la Iglesia, en la fuerza del Espíritu, en continuo proceso de conversión, que busca testimoniar la unidad dentro de la diversidad de ministerios y carismas y que vive intensamente su compromiso misionero. Sólo una Iglesia evangelizada es capaz de evangelizar.

Las situaciones trágicas de injusticia y sufrimiento de nuestra América, que se han agudizado más después de Puebla, piden respuestas que sólo podrá dar una Iglesia, signo de reconciliación y portadora de la vida y la esperanza que brotan del Evangelio.

|p24 24. ¿Qué es la Nueva Evangelización?

La Nueva Evangelización tiene como punto de partida la certeza de que en Cristo hay una ""inescrutable riqueza" (Ef 3,8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna época, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para enriquecernos" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 6). Hablar de Nueva Evangelización es reconocer que existió una antigua o primera. Sería impropio hablar de Nueva Evangelización de tribus o pueblos que nunca recibieron el Evangelio. En América Latina se puede hablar así, porque aquí se ha cumplido una primera evangelización desde hace 500 años.

Hablar de Nueva Evangelización no significa que la anterior haya sido inválida, infructuosa o de poca duración. Significa que hoy hay desafíos nuevos, nuevas interpelaciones que se hacen a los cristianos y a los cuales es urgente responder.

Hablar de Nueva Evangelización, como lo advirtió el Papa en el discurso inaugural de esta IV Conferencia, no significa proponer un nuevo Evangelio diferente del primero: hay un solo y único Evangelio del cual se pueden sacar luces nuevas para los problemas nuevos.

Hablar de Nueva Evangelización no quiere decir reevangelizar. En América Latina no se trata de prescindir de la primera evangelización sino de partir de los ricos y abundantes valores que ella ha dejado para profundizarlos y complementarlos, corrigiendo las deficiencias anteriores. La Nueva Evangelización surge en América Latina como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Implica afrontar la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo de América Latina.

Para Juan Pablo II la Nueva Evangelización es algo operativo, dinámico. Es ante todo una llamada a la conversión (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 1) y a la esperanza, que se apoya en las promesas de Dios y que tiene como certeza inquebrantable la Resurrección de Cristo, primer anuncio y raíz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana, principio de toda auténtica cultura cristiana (cf. ib., 25). Es también un nuevo ámbito vital, un nuevo Pentecostés (cf. ib., 30-31) donde la acogida del Espíritu Santo hará surgir un pueblo renovado constituido por hombres libres conscientes de su dignidad (cf. ib., 19) y capaces de forjar una historia verdaderamente humana. Es el conjunto de medios, acciones y actitudes aptos para colocar el Evangelio en diálogo activo con la modernidad y lo post-moderno, sea para interpelarlos, sea para dejarse interpelar por ellos. También es el esfuerzo por inculturar el Evangelio en la situación actual de las culturas de nuestro continente.

|p25 25. El sujeto de la Nueva Evangelización es toda la comunidad eclesial según su propia naturaleza: nosotros los Obispos, en comunión con el Papa, nuestros presbíteros y diáconos, los religiosos y religiosas, y todos los hombres y mujeres que constituimos el Pueblo de Dios.

|p26 26. La Nueva Evangelización tiene como finalidad formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad. Ha de tener en cuenta la urbanización, la pobreza y la marginación. Nuestra situación está marcada por el materialismo, la cultura de la muerte, la invasión de las sectas y propuestas religiosas de distintos orígenes.

Esta situación nueva trae consigo también nuevos valores, el ansia de solidaridad, de justicia, la búsqueda religiosa y la superación de ideologías totalizantes.

Destinatarios de la Nueva Evangelización son también las clases medias, los grupos, las poblaciones, los ambientes de vida y de trabajo, marcados por la ciencia, la técnica y los medios de comunicación social.

La Nueva Evangelización tiene la tarea de suscitar la adhesión personal a Jesucristo y a la Iglesia de tantos hombres y mujeres bautizados que viven sin energía el cristianismo, "han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio" (RMi 33).

|p27 27. El contenido de la Nueva Evangelización es Jesucristo, Evangelio del Padre, que anunció con gestos y palabras que Dios es misericordioso con todas sus creaturas, que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido entrar en su historia por medio de Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, para liberarnos del pecado y de todas sus consecuencias y para hacernos partícipes de su vida divina. (cf. Juan Pablo II, Homilía en Veracruz, México, 7.5.90). En Cristo todo adquiere sentido. Él rompe el horizonte estrecho en que el secularismo encierra al hombre, le devuelve su verdad y dignidad de Hijo de Dios y no permite que ninguna realidad temporal, ni los estados, ni la economía, ni la técnica se conviertan para los hombres en la realidad ultima a la que deban someterse. Dicho con palabras de Pablo VI, evangelizar es anunciar "el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazareth, Hijo de Dios" (EN 22).

Esta Evangelización tendrá fuerza renovadora en la fidelidad a la Palabra de Dios, su lugar de acogida en la comunidad eclesial, su aliento creador en el Espíritu Santo, que crea en la unidad y en la diversidad, alimenta la riqueza carismática y ministerial y se proyecta al mundo mediante el compromiso misionero.

|p28 28. ¿Cómo debe ser esta Nueva Evangelización? El Papa nos ha respondido: Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión.

Nueva en su ardor. Jesucristo nos llama a renovar nuestro ardor apostólico. Para esto envía su Espíritu, que enciende hoy el corazón de la Iglesia. El ardor apostólico de la Nueva Evangelización brota de una radical conformación con Jesucristo, el primer evangelizador. Así, el mejor evangelizador es el santo, el hombre de las bienaventuranzas (cf. RMi 90-91). Una evangelización nueva en su ardor supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu, genere una mística, un entusiasmo incontenible en la tarea de anunciar el Evangelio y capaz de despertar la credibilidad para acoger la Buena Nueva de la Salvación.

|p29 29. Nueva en sus métodos. Nuevas situaciones exigen nuevos caminos para la evangelización. El testimonio y el encuentro personal, la presencia del cristiano en todo lo humano, así como la confianza. en el anuncio salvador de Jesús (kerigma) y en la actividad del Espíritu Santo, no pueden faltar.

Se ha de emplear, bajo la acción del Espíritu creador, la imaginación y creatividad para que de manera pedagógica y convincente el Evangelio llegue a todos. Ya que vivimos en una cultura de la imagen, debemos ser audaces para utilizar los medios que la técnica y la ciencia nos proporcionan, sin poner jamás en ellos toda nuestra confianza.

Por otra parte es necesario utilizar aquellos medios que hagan llegar el Evangelio al centro de la persona y de la sociedad, a las raíces mismas de la cultura y "no de una manera decorativa, como un barniz superficial" (EN 20).

|p30 30. Nueva en su expresión. Jesucristo nos pide proclamar la Buena Nueva con un lenguaje que haga más cercano el mismo Evangelio de siempre a las nuevas realidades culturales de hoy. Desde la riqueza inagotable de Cristo, se han de buscar las nuevas expresiones que permitan evangelizar los ambientes marcados por la cultura urbana e inculturar el Evangelio en las nuevas formas de la cultura adveniente. La Nueva Evangelización tiene que inculturarse más en el modo de ser y de vivir de nuestras culturas, teniendo en cuenta las particularidades de las diversas culturas, especialmente las indígenas y afroamericanas. (Urge aprender a hablar según la mentalidad y cultura de los oyentes, de acuerdo a sus formas de comunicación y a los medios que están en uso). Así, la Nueva Evangelización continuará en la línea de la encarnación del Verbo. La Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal.

 

1.1. La Iglesia convocada a la santidad

Iluminación Doctrinal

|p31 31. Durante nuestra IV Conferencia hemos estado, como María, escuchando la Palabra, para comunicarla a nuestros pueblos. Hemos sentido que el Señor Jesús repetía el llamamiento a una vida santa (cf. Ef 1,4), fundamento de toda nuestra acción misionera.

La Iglesia, como misterio de unidad, encuentra su fuente en Jesucristo. Sólo en Él puede dar los frutos de santidad que Dios espera de ella. Sólo participando de su Espíritu puede transmitir a los hombres la auténtica palabra de Dios. Solamente la santidad de vida alimenta y orienta una verdadera promoción humana y cultura cristiana. Sólo con Él, por Él y en Él puede dar a Dios, Padre omnipotente, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Llamado a la santidad

|p32 32. La Iglesia es comunidad santa (cf. 1 P 2,9) en primer lugar por la presencia en ella del Cordero que la santifica por su espíritu (cf. Ap 21, 22s.; 22,1-5; Ef 1,18; 1 Co 3,16; 6,19; LG 4). Por eso, sus miembros deben esforzarse cada día por vivir, en el seguimiento de Jesús y en obediencia al Espíritu, "para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor" (Ef 1,4). Éstos son los hombres y mujeres nuevos que América Latina y el Caribe necesitan: los que han escuchado con corazón bueno y recto (cf. Lc 8,15) el llamado a la conversión (cf. Mc 1,15) y han renacido por el Espíritu Santo según la imagen perfecta de Dios (cf. Co 1,15; Rm. 8,29), que llaman a Dios "Padre" y expresan su amor a Él en el reconocimiento de sus hermanos (cf. DP 327), que son bienaventurados porque participan de la alegría del Reino de los cielos, que son libres con la libertad que da la Verdad y solidarios con todos los hombres, especialmente con los que más sufren. La Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga. La santidad "es la clave del ardor renovado de la Nueva Evangelización" (Juan Pablo II, Homilía en Salto, Uruguay, 9.5.88, 4).

Convocada por la Palabra

|p33 33. La Iglesia, comunidad santa convocada por la Palabra, tiene como uno de sus oficios principales predicar el Evangelio (cf. LG 25). Los obispos de las Iglesias particulares que peregrinan en América Latina y el Caribe y todos los participantes reunidos en Santo Domingo, queremos asumir, con el renovado ardor que los tiempos exigen, el llamado que el Papa, sucesor de Pedro, nos ha hecho a emprender una Nueva Evangelización, muy conscientes de que evangelizar es necesariamente anunciar con gozo el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino y el misterio de Jesús de Nazareth, Hijo de Dios (cf. EN 22).

Kerigma y catequesis. Desde la situación generalizada de muchos bautizados en América Latina, que no dieron su adhesión personal a Jesucristo por la conversión primera, se impone, en el ministerio profético de la Iglesia, de modo prioritario y fundamental, la proclamación vigorosa del anuncio de Jesús muerto y resucitado (Kerigma; cf. RMi 44), raíz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana y principio de toda auténtica cultura cristiana (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25).

Este ministerio profético de la Iglesia comprende también la catequesis que, actualizando incesantemente la revelación amorosa de Dios manifestada en Jesucristo, lleva la fe inicial a su madurez y educa al verdadero discípulo de Jesucristo (cf. CT 19). Ella debe nutrirse de la Palabra de Dios leída e interpretada en la Iglesia y celebrada en la comunidad para que al escudriñar el misterio de Cristo ayude a presentarlo como Buena Nueva en las situaciones históricas de nuestros pueblos.

Igualmente pertenece al ministerio profético de la Iglesia el servicio que los teólogos prestan al pueblo de Dios (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 7). Su tarea, enraizada en la Palabra de Dios y cumplida en abierto diálogo con los pastores, en plena fidelidad al magisterio, es noble y necesaria. Su labor así cumplida puede contribuir a la inculturación de la fe y la evangelización de las culturas, como también a nutrir una teología que impulse la pastoral, que promueva la vida cristiana integral, hasta la búsqueda de la santidad. Una labor teológica así comprendida impulsa el trabajo en favor de la justicia social, los derechos humanos y la solidaridad con los más pobres. No olvidamos, sin embargo, que la función profética de Cristo es participada por todo el "pueblo santo de Dios" y que éste la ejerce en primer lugar "difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad" (LG 12). El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de evangelización, como lo hizo presente vigorosamente Jesús en varias ocasiones (cf. Mt 7,21-23; 25,31-46; Lc 10,37; 19,1-10) y lo enseñaron también los Apóstoles (cf. St 2,14-18).

Celebración litúrgica

|p34 34. La Iglesia santa encuentra el sentido último de su convocación en la vida de oración, alabanza y acción de gracias que cielo y tierra dirigen a Dios por "sus obras grandes y maravillosas" (Ap 15,3s; cf. 7,9-17). Ésta es la razón por la cual la liturgia "es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10). Pero la liturgia es acción del Cristo total, Cabeza y miembros, y, como tal, debe expresar el sentido más profundo de su oblación al Padre: obedecer, haciendo de toda su vida la revelación del amor del Padre por los hombres. Así como la celebración de la Ultima Cena está esencialmente unida a la vida y al sacrificio de Cristo en la cruz y lo hace cotidianamente presente por la salvación de todos los hombres, así también, los que alaban a Dios reunidos en torno al Cordero son los que muestran en sus vidas los signos testimoniales de la entrega de Jesús (cf. Ap 7,13s). Por eso, el culto cristiano debe expresar la doble vertiente de la obediencia al Padre (glorificación) y de la caridad con los hermanos (redención), pues la gloria de Dios es que el hombre viva. Con lo cual lejos de alienar a los hombres los libera y los hace hermanos.

|p35 35. El servicio litúrgico así cumplido en la Iglesia tiene por sí mismo un valor evangelizador que la Nueva Evangelización debe situar en un lugar muy destacado. En la liturgia se hace presente hoy Cristo Salvador. La Liturgia es anuncio y realización de los hechos salvíficos (cf. SC 6) que nos llegan a tocar sacramentalmente; por eso, convoca, celebra y envía. Es ejercicio de la fe, útil tanto para el de fe robusta como para el de fe débil, e incluso para el no creyente (cf. 1 Co 14,24-25). Sostiene el compromiso con la Promoción Humana, en cuanto orienta a los creyentes a tomar su responsabilidad en la construcción del Reino, "para que se ponga de manifiesto que los fieles cristianos, sin ser de este mundo, son la luz del mundo" (SC 9). La celebración no puede ser algo separado o paralelo a la vida (cf. 1 P 1,15). Por último, es especialmente por la liturgia como el Evangelio penetra en el corazón mismo de las culturas. Toda la ceremonia litúrgica de cada sacramento tiene también un valor pedagógico; el lenguaje de los signos es el mejor vehículo para que "el mensaje de Cristo penetre en las conciencias de las personas y (desde ahí) se proyecte en el "ethos" de un pueblo, en su actitudes vitales, en sus instituciones y en todas sus estructuras" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 20; cf. Juan Pablo II, Discurso a los intelectuales, Medellín, 5.7.86, 2). Por esto, las formas de la celebración litúrgica deben ser aptas para expresar el misterio que se celebra y a la vez claras e inteligibles para los hombres y mujeres (cf. Juan Pablo II, Discurso a la UNESCO, 2.6.80, 6).

Religiosidad popular

|p36 36. La religiosidad popular es una expresión privilegiada de la inculturación de la fe. No se trata sólo de expresiones religiosas sino también de valores, criterios, conductas y actitudes que nacen del dogma católico y constituyen la sabiduría de nuestro pueblo, formando su matriz cultural. Esta celebración de la fe, tan importante en la vida de la Iglesia de América Latina y el Caribe, está presente en nuestra preocupación pastoral. Las palabras de Pablo VI (cf. EN 48), recibidas y desarrolladas por la Conferencia de Puebla en propuestas claras, son aún hoy válidas (cf. DP 444ss.). Es necesario que reafirmemos nuestro propósito de continuar los esfuerzos por comprender cada vez mejor y acompañar con actitudes pastorales las maneras de sentir y vivir, comprender y expresar el misterio de Dios y de Cristo por parte de nuestros pueblos, para que purificadas de sus posibles limitaciones y desviaciones lleguen a encontrar su lugar propio en nuestras Iglesias locales y en su acción pastoral.

Contemplación y compromiso

|p37 37. Queremos concluir estas palabras acerca de la Iglesia como misterio de comunión que se realiza plenamente en la santidad de sus miembros, recordando y agradeciendo a Dios la vida contemplativa y monástica presente hoy en América Latina. La santidad, que es el desarrollo de la vida de la fe, la esperanza y la caridad recibida desde el bautismo, busca la contemplación del Dios que ama y de Jesucristo su Hijo. La acción profética no se entiende ni es verdadera y auténtica sino a partir de un real y amoroso encuentro con Dios que atrae irresistiblemente (cf. Am 3,8; Jr 20,7-9; Os 2,16s). Sin una capacidad de contemplación, la liturgia, que es acceso a Dios a través de signos, se convierte en acción carente de profundidad. Agradecemos a Dios la presencia de hombres y mujeres consagrados a la contemplación en una vida según los consejos evangélicos; ellos son un signo viviente de la santidad de todo el pueblo de Dios y un llamado poderoso a todos los cristianos a crecer en la oración como expresión de fe ardorosa y comprometida, de amor fiel que contempla a Dios en su vida íntima Trinitaria y en su acción salvífica en la historia, y de esperanza inquebrantable en el que ha de volver para introducirnos en la gloria de su Padre, que es también nuestro Padre (cf. Jn 20,17).

Desafíos pastorales:

|p38 38. Las consideraciones arriba hechas, acerca de la santidad de la Iglesia, de su carácter profético y de su vocación celebrativa, nos llevan a reconocer algunos desafíos que nos parecen fundamentales, a los que es preciso responder para que la Iglesia sea plenamente en América Latina y el Caribe el misterio de la comunión de los hombres con Dios y entre sí.

En la Iglesia se multiplican los grupos de oración, los movimientos apostólicos, formas nuevas de vida y de espiritualidad contemplativa, además de diversas expresiones de la religiosidad popular. Muchos laicos toman conciencia de su responsabilidad pastoral en sus diversas formas. Crece el interés por la Biblia, lo cual exige una pastoral bíblica adecuada que dé a los fieles laicos criterios para responder a las insinuaciones de una interpretación fundamentalista o a un alejamiento de la vida en la Iglesia para refugiarse en las sectas.

|p39 39. Entre nuestros mismos católicos el desconocimiento de la verdad sobre Jesucristo y de las verdades fundamentales de la fe es un hecho muy frecuente y, en algunos casos, esa ignorancia va unida a una pérdida del sentido del pecado. Frecuentemente la religiosidad popular, a pesar de sus inmensos valores, no está purificada de elementos ajenos a la auténtica fe cristiana ni lleva siempre a la adhesión personal a Cristo muerto y resucitado.

|p40 40. Predicamos poco acerca del Espíritu que actúa en los corazones y los convierte, haciendo así posible la santidad, el desarrollo de las virtudes y el valor para tomar cada día la cruz de Cristo (cf. Mt 10,38; 16,24).

|p41 41. Todo esto nos obliga a insistir en la importancia del primer anuncio (kerigma) y en la catequesis. Damos gracias a Dios por los esfuerzos de tantos y tantas catequistas que cumplen su servicio eclesial con sacrificio, sellado a veces con sus vidas. Pero debemos reconocer como pastores que aún queda mucho por hacer. Existe todavía mucha ignorancia religiosa, la catequesis no llega a todos y muchas veces llega en forma superficial, incompleta en cuanto a sus contenidos, o puramente intelectual, sin fuerza para transformar la vida de las personas y de sus ambientes.

|p42 42. Se ha perdido en gran medida la práctica de la "dirección espiritual", que sería muy necesaria para la formación de los laicos más comprometidos, aparte de ser condición para que maduren vocaciones sacerdotales y religiosas.

|p43 43. Respecto a la liturgia queda aún mucho por hacer en cuanto a asimilar en nuestras celebraciones la renovación litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, y en cuanto a ayudar a los fieles a hacer de la celebración eucarística la expresión de su compromiso personal y comunitario con el Señor. No se ha logrado aún plena conciencia de lo que significa la centralidad de la liturgia como fuente y culmen de la vida eclesial, se pierde en muchos el sentido del "día del Señor" y de la exigencia eucarística que conlleva, persiste la poca participación de la comunidad cristiana y aparecen quienes intentan apropiarse de la liturgia sin consideración de su verdadero sentido eclesial. Se ha descuidado la seria y permanente formación litúrgica según las instrucciones y documentos del Magisterio, en todos los niveles (cf. Carta apostólica "Vicesimus quintus annus", 4). No se atiende todavía al proceso de una sana inculturación de la liturgia; esto hace que las celebraciones sean aún, para muchos, algo ritualista y privado que no los hace conscientes de la presencia transformadora de Cristo y de su Espíritu ni se traduce en un compromiso solidario para la transformación del mundo.

|p44 44. La consecuencia de todo esto es una falta de coherencia entre la fe y la vida en muchos católicos, incluidos, a veces, nosotros mismos o algunos de nuestros agentes pastorales. La falta de formación doctrinal y de profundidad en la vida de la fe hace de muchos católicos presa fácil del secularismo, el hedonismo y el consumismo que invaden la cultura moderna y, en todo caso, los hace incapaces de evangelizarla.

Líneas pastorales:

|p45 45. La Nueva Evangelización exige una renovada espiritualidad que, iluminada por la fe que se proclama, anime, con la sabiduría de Dios, la auténtica promoción humana y sea el fermento de una cultura cristiana. Pensamos que es preciso continuar y acentuar la formación doctrinal y espiritual de los fieles cristianos, y en primer lugar del clero, religiosos y religiosas, catequistas y agentes pastorales, destacando claramente la primacía de la gracia de Dios que salva por Jesucristo en la Iglesia, por medio de la caridad vivida y a través de la eficacia de los sacramentos.

|p46 46. Es preciso anunciar de tal manera a Jesús que el encuentro con Él lleve al reconocimiento del pecado en la propia vida y a la conversión, en una experiencia profunda de la gracia del Espíritu recibida en el bautismo y la confirmación. Esto supone una revaloración del sacramento de la penitencia, cuya pastoral debería prolongarse en dirección espiritual de quienes muestran la madurez suficiente para aprovecharla.

|p47 47. Debemos procurar que todos los miembros del pueblo de Dios asuman la dimensión contemplativa de su consagración bautismal y "aprendan a orar" imitando el ejemplo de Jesucristo (cf. Lc 11,1), de manera que la oración esté siempre integrada con la misión apostólica en la comunidad cristiana y en el mundo. Frente a muchos -también cristianos - que buscan en prácticas ajenas al cristianismo respuestas a sus ansias de vida interior, debemos saber ofrecer la rica doctrina y la larga experiencia que tiene la Iglesia.

|p48 48. Una tal evangelización de Cristo y de su vida divina en nosotros debe mostrar la exigencia ineludible de acomodar la conducta al modelo que Él nos ofrece. La coherencia de la vida de los cristianos con su fe es condición de la eficacia de la Nueva Evangelización. Para eso es necesario conocer bien las situaciones concretas vividas por el hombre contemporáneo para ofrecerle la fe como elemento iluminador. Esto supone también una clara predicación de la moral cristiana que abarque tanto la conducta personal y familiar como la social. La práctica de pequeñas comunidades pastoralmente bien asistidas constituye un buen medio para aprender a vivir la fe en estrecha comunión con la vida y con proyección misionera. En este campo es muy significativo también el aporte de los movimientos apostólicos.

|p49 49. La Nueva Evangelización debe acentuar una catequesis Kerigmática y misionera. Se requieren, para la vitalidad de la comunidad eclesial, más catequistas y agentes pastorales, dotados de un sólido conocimiento de la Biblia que los capacite para leerla, a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, y para iluminar desde la Palabra de Dios su propia realidad personal, comunitaria y social. Ellos serán instrumentos especialmente eficaces de la inculturación del Evangelio. Nuestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios más adecuados para cada edad y situación. Los catecismos son subsidios muy importantes para la catequesis; son a la vez camino y fruto de un proceso de inculturación de la fe. El "Catecismo de la Iglesia Católica", ya anunciado por el Papa Juan Pablo II, orientará la elaboración de nuestros futuros catecismos.

|p50 50. La función profética de la Iglesia que anuncia a Jesucristo debe mostrar siempre los signos de la verdadera "valentía" (parresía: cf. Hch 4,13; 1 Tes 2,2) en total libertad frente a cualquier poder de este mundo. Parte necesaria de toda predicación y de toda catequesis debe ser la Doctrina Social de la Iglesia, que constituye la base y el estímulo de la auténtica opción preferencial por los pobres.

|p51 51. Nuestras Iglesias locales, que se expresan plenamente en la liturgia y en primer lugar en la Eucaristía, deben promover una seria y permanente formación litúrgica del pueblo de Dios en todos sus niveles, a fin de que pueda vivir la liturgia espiritual, consciente y activamente. Esta formación deberá tener en cuenta la presencia viva de Cristo en la celebración, su valor pascual y festivo, el papel activo que le cabe a la Asamblea y su dinamismo misionero. Una preocupación especial debe ser la de promover y dar una seria formación a quienes estén encargados de dirigir la oración y la celebración de la Palabra en ausencia del sacerdote. Nos parece, en fin, que es urgente darle al domingo, a los tiempos litúrgicos y a la celebración de la Liturgia de las Horas todo su sentido y su fuerza evangelizadora.

|p52 52. La celebración comunitaria debe ayudar a integrar en Cristo y su misterio los acontecimientos de la propia vida, debe hacer crecer en la fraternidad y la solidaridad, debe atraer a todos.

|p53 53. Hemos de promover una liturgia que en total fidelidad al espíritu que el Concilio Vaticano II quiso recuperar en toda su pureza busque, dentro de las normas dadas por la Iglesia, la adopción de las formas, signos y acciones propias de las culturas de América Latina y el Caribe. En esta tarea se deberá poner una especial atención a la valorización de la piedad popular, que encuentra su expresión especialmente en la devoción a la Santísima Virgen, las peregrinaciones a los santuarios y en las fiestas religiosas iluminadas por la Palabra de Dios. Si los pastores no nos empeñamos a fondo en acompañar las expresiones de nuestra religiosidad popular purificándolas y abriéndolas a nuevas situaciones, el secularismo se impondrá más fuertemente en nuestro pueblo latinoamericano y será más difícil la inculturación del Evangelio.

1.2. Comunidades eclesiales vivas y dinámicas

|p54 54. "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). Ésta es la oración de Jesucristo por su Iglesia. Para ella ha pedido que viva la unidad, según el modelo de la unidad trinitaria (cf. GS 24). Así procuraron vivir los primeros cristianos en Jerusalén.

Conscientes de que el momento histórico que vivimos nos exige "delinear el rostro de una Iglesia viva y dinámica que crece en la fe, se santifica, ama, sufre, se compromete y espera en su Señor" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25), queremos volver a descubrir al Señor Resucitado que hoy vive en su Iglesia, se entrega a ella, la santifica (cf. Ef 5,25-26) y la hace signo de la unión de todos los hombres entre sí y de éstos con Dios. (cf. LG 1).

Queremos reflejar este "rostro" en nuestras Iglesias particulares, parroquias y demás comunidades cristianas. Buscamos dar impulso evangelizador a nuestra Iglesia a partir de una vivencia de comunión y participación, que ya se experimenta en diversas formas de comunidades existentes en nuestro continente.

1.2.1. La Iglesia Particular

|p55 55. Las Iglesias particulares tienen como misión prolongar para las diversas comunidades "la presencia y la acción evangelizadora de Cristo" (DP 224), ya que están "formadas a imagen de la Iglesia Universal, en las cuales y a base de las cuales existe la Iglesia Católica, una y única" (LG 23).

La Iglesia particular está llamada a vivir el dinamismo de comunión-misión, "la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí; se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión. .. siempre es el único e idéntico Espíritu el que convoca y une a la Iglesia y el que la envía a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra" (ChL 32).

La Iglesia particular es igualmente "comunión orgánica... caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas y de las responsabilidades" (ChL 20).

"En la unidad de la Iglesia local, que brota de la Eucaristía, se encuentra todo el Colegio episcopal con el sucesor de Pedro a la cabeza, como perteneciente a la misma esencia de la Iglesia particular. En torno al Obispo y en perfecta comunión con él tienen que florecer las parroquias y comunidades cristianas como células pujantes de vida eclesial" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25).

La Iglesia particular, conforme a su ser y a su misión, por congregar al Pueblo de Dios de un lugar o región, conoce de cerca la vida, la cultura, los problemas de sus integrantes y está llamada a generar allí con todas sus fuerzas, bajo la acción del Espíritu, la Nueva Evangelización, la promoción humana, la inculturación de la fe (cf. RMi 54).

|p56 56. En general nuestras diócesis carecen de suficientes agentes calificados de pastoral. Muchas de ellas aún no poseen una clara y verdadera planificación pastoral. Es urgente avanzar en el camino de la comunión y participación, que muchas veces es obstaculizado por la falta del sentido de Iglesia y del auténtico espíritu misionero.

|p57 57. Por eso es indispensable:

-Promover el aumento y la adecuada formación de los agentes para los diversos campos de la acción pastoral, conforme a la eclesiología del Vaticano II y el magisterio posterior.

-Impulsar procesos globales, orgánicos y planificados quefaciliten y procuren la integración de todos los miembros del pueblo de Dios, de las comunidades y de los diversos carismas, y los oriente a la Nueva Evangelización, incluida la misión

"ad gentes".

1.2.2. La Parroquia

|p58 58. La parroquia, comunidad de comunidades y movimientos, acoge las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta la comunión, participación y misión. "No es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, ella es "la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad"... La parroquia está fundada sobre una realidad teológica porque ella es una comunidad eucarística..."La parroquia es una comunidad de fe y una comunidad orgánica en la que el párroco, que representa al obispo diocesano, es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular" (ChL26).

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades.

La parroquia tiene la misión de evangelizar, de celebrar la liturgia, de impulsar la promoción humana, de adelantar la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs, en los grupos y movimientos apostólicos y, a través de todos ellos, a la sociedad.

La parroquia, comunión orgánica y misionera, es así una red de comunidades.

|p59 59. Sigue todavía lento el proceso de renovación de la parroquia en sus agentes de pastoral y en la participación de los fieles laicos.

Es urgente e indispensable dar solución a los interrogantes que se presentan a las parroquias urbanas para que éstas puedan responder a los desafíos de la Nueva Evangelización. Hay desfase entre el ritmo de la vida moderna y los criterios que animan ordinariamente a la parroquia.

|p60 60. Hemos de poner en práctica estas grandes líneas:

- Renovar las parroquias a partir de estructuras que permitan sectorizar la pastoral mediante pequeñas comunidades eclesiales en las que aparezca la responsabilidad de los fieles laicos.

- Cualificar la formación y participación de los laicos, capacitándolos para encarnar el Evangelio en las situaciones específicas donde viven o actúan.

- En las parroquias urbanas se deben privilegiar planes de conjunto en zonas homogéneas para organizar servicios ágiles que faciliten la Nueva Evangelización.

- Renovar su capacidad de acogida y su dinamismo misionero con los fieles alejados y multiplicar la presencia física de la parroquia mediante la creación de capillas y pequeñas comunidades.

1.2.3. Las Comunidades Eclesiales de Base

|p61 61. La comunidad eclesial de base es célula viva de la parroquia, entendida ésta como comunión orgánica y misionera.

La CEB en sí misma, ordinariamente integrada por pocas familias, está llamada a vivir como comunidad de fe, de culto y de amor; ha de estar animada por laicos, hombres y mujeres adecuadamente preparados en el mismo proceso comunitario; los animadores han de estar en comunión con el párroco respectivo y el obispo.

"Las comunidades eclesiales de base deben caracterizarse siempre por una decidida proyección universalista y misionera que les infunda un renovado dinamismo apostólico" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25). "Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor" (RMi 51).

|p62 62. Cuando no existe una clara fundamentación eclesiológica y una búsqueda sincera de comunión, estas comunidades dejan de ser eclesiales y pueden ser víctimas de manipulación ideológica o política.

|p63 63. Consideramos necesario:

- Ratificar la validez de las comunidades eclesiales de base fomentando en ellas un espíritu misionero y solidario y buscando su integración con la parroquia, con la diócesis y con la Iglesia universal, en conformidad con las enseñanzas de la "Evangelii Nuntiandi" (cf. EN 55).

- Elaborar planes de acción pastoral que aseguren la preparación de los animadores laicos que asistan a estas comunidades en íntima comunión con el párroco y el obispo.

1.2.4. La familia cristiana

|p64 64. La familia cristiana es "Iglesia doméstica", primera comunidad evangelizadora. "No obstante los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y la institución familiar, ésta, como célula primera y vital de la sociedad, puede generar grandes energías que son necesarias para el bien de la humanidad" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 18). Es necesario hacer de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida, real y operante. Básica como frontera de la Nueva Evangelización. Sentida, esto es, acogida y asumida por toda la comunidad diocesana. Real porque será respaldada concreta y decididamente con el acompañamiento del obispo diocesano y sus párrocos. Operante significa que debe estar inserta en una pastoral orgánica. Esta pastoral debe estar al día en instrumentos pastorales y científicos. Necesita ser acogida desde sus propios carismas por las comunidades religiosas y los movimientos en general.

1.3. En la unidad del Espíritu y con diversidad de ministerios y carismas

|p65 65. El bautismo nos constituye pueblo de Dios, miembros vivos de la Iglesia. Por la acción del Espíritu Santo participamos de todas las riquezas de gracia que nos regala el Resucitado.

Es este mismo Espíritu el que nos da la posibilidad de reconocer a Jesús como Señor y nos lleva a construir la unidad de la Iglesia desde distintos carismas que Él nos confía para "provecho común" (cf. 1 Co 12,3-11). He aquí nuestra grandeza y nuestra responsabilidad. Ser portadores del mensaje salvador para los demás.

|p66 66. Así, el ministerio salvífico de Cristo (cf. Mt 20,28; Jn 10,10) se actualiza a través del servicio de cada uno de nosotros. Existimos y servimos en una Iglesia rica en ministerios.

 

1.3.1. Los ministerios ordenados

|p67 67. El ministerio de los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, y el de los presbíteros y diáconos es esencial para que la Iglesia responda al designio salvífico de Dios con el anuncio de la palabra, con la celebración de los sacramentos y en la conducción pastoral. El ministerio ordenado es siempre un servicio a la humanidad en orden al reino. Hemos recibido "la fuerza del Espíritu Santo" (cf. Hch 1,8) para ser testigos de Cristo e instrumentos de vida nueva.

Volvemos a escuchar hoy la voz del Señor quien, con los desafíos de la hora actual, nos llama y envía; queremos permanecer fieles al Señor y a los hombres y mujeres, sobre todo los más pobres, para cuyo servicio hemos sido consagrados.

a) El desafío de la unidad

|p68 68. El Concilio nos recordó la dimensión comunitaria de nuestro ministerio: colegialidad episcopal, comunión presbiteral, unidad entre los diáconos. A nivel continental y en cada una de nuestras Iglesias particulares, existen ya organismos de integración y coordinación. Es notorio el esfuerzo de unidad con los religiosos que comparten los esfuerzos pastorales en cada Diócesis.

Reconocemos, sin embargo, que existen causas de preocupación en nuestras Iglesias particulares: divisiones y conflictos que no siempre reflejan la unidad que ha querido el Señor.

Por otra parte, la escasez de ministros y el recargo de trabajo que impone a algunos el ejercicio de su ministerio hacen que muchos permanezcan aislados.

Por tanto, se hace necesario vivir la reconciliación en la Iglesia, recorrer todavía el camino de unidad y de comunión de nosotros, los pastores, entre nosotros mismos y con las personas y comunidades que se nos han encomendado.

|p69 69. Por eso nos proponemos:

- Mantener las estructuras que están al servicio de la comunión entre los ministros ordenados, prestando especial atención a los respectivos papeles subsidiarios y sin desmedro de las competencias propias, en conformidad al derecho de la Iglesia. Según las necesidades y lo que enseña la experiencia tales estructuras pueden revisarse y redimensionarse, precisando su competencia y naturaleza. Entre estas instancias están las conferencias episcopales, las provincias y regiones eclesiásticas, los consejos presbiterales y, a nivel continental, el CELAM.

- En la formación inicial de los futuros pastores y en la formación permanente de obispos, presbíteros y diáconos queremos impulsar, muy especialmente, el espíritu de unidad y comunión.

b) La exigencia de una profunda vida espiritual

|p70 70. El sacerdocio procede de la profundidad del inefable misterio de Dios. Nuestra existencia sacerdotal nace del amor del Padre, de la gracia de Jesucristo y de la acción santificadora y unificante del Espíritu Santo; esta misma existencia se va realizando para el servicio de una comunidad a fin de que todos se hagan dóciles a la acción salvadora de Cristo (cf. Mt 20,28; PDV 12).

El Sínodo Episcopal de 1990 y la exhortación post-sinodal "Pastores dabo vobis" han delineado de manera clara las notas características de una espiritualidad sacerdotal, con una insistencia honda sobre la caridad pastoral (cf. PDV, cap. 3).

|p71 71. Por estas razones nos proponemos:

- Buscar en nuestra oración litúrgica y privada y en nuestro ministerio una permanente y profunda renovación espiritual para que en los labios, en el corazón y en la vida de cada uno de nosotros, esté siempre presente Jesucristo.

- Crecer en el testimonio de santidad de vida a la que estamos llamados, con la ayuda de los medios que ya tenemos en nuestras manos: "los encuentros de espiritualidad sacerdotal, como los ejercicios espirituales, los días de retiro o de espiritualidad" (PDV 80) y otros recursos que señala el Documento Pontificio Post-sinodal.

c) La urgencia de la formación permanente

 

|p72 72. San Pablo recomienda a su discípulo que reavive el don que ha recibido por la imposición de las manos (cf. 2 Tm 1,6). Juan Pablo II nos ha recordado que la Iglesia necesita presentar modelos creíbles de sacerdotes que sean ministros convencidos y fervorosos de la Nueva Evangelización (cf. PDV n.8 y cap. 6).

Existe una conciencia creciente de la necesidad e integralidad de la formación permanente, entendida y aceptada como camino de conversión y medio para la fidelidad. Las implicaciones concretas que tiene esta formación para el compromiso del sacerdote con la Nueva Evangelización exigen crear y estimular cauces concretos que la puedan asegurar. Cada vez aparece con más fuerza la necesidad de acompañar el proceso de crecimiento, intentando que los desafíos que el secularismo y la injusticia le plantean puedan ser asimilados y respondidos desde la caridad pastoral. Igual atención hemos de prestar a los sacerdotes ancianos o enfermos.

|p73 73. Consideramos importante:

- Elaborar proyectos y programas de formación permanente para obispos, sacerdotes y diáconos, las comisiones nacionales del clero y los consejos presbiterales.

- Motivar y apoyar a todos los ministros ordenados para una formación permanente estructurada conforme a las orientaciones del magisterio pontificio.

d) La indispensable cercanía a nuestras comunidades

|p74 74. El Buen Pastor conoce sus ovejas y es conocido por ellas (cf. Jn 10,14). Servidores de la comunión, queremos velar por nuestras comunidades con entrega generosa, siendo modelos para el rebaño (cf. 1 P 5,1-5). Queremos que nuestro servicio humilde haga sentir a todos que hacemos presente a Cristo Cabeza, Buen Pastor y Esposo de la Iglesia (cf. PDV 10).

La cercanía a cada una de las personas permite a los pastores compartir con ellas las situaciones de dolor e ignorancia, de pobreza y marginación, los anhelos de justicia y liberación. Es todo un programa para vivir mejor nuestra condición de ministros de la reconciliación (cf. 2 Co 5,18), dando a cada uno motivos de esperanza (cf. 1 P 3,15), por el anuncio salvador de Jesucristo (cf. Ga 5,1)

|p75 75. - Nosotros, obispos, nos proponemos organizar mejor una pastoral de acompañamiento de nuestros presbíteros y diáconos, para apoyar a quienes se encuentran en ambientes especialmente difíciles.

- Todos los ministros queremos conservar una presencia humilde y cercana en medio de nuestras comunidades para que todos puedan sentir la misericordia de Dios. Queremos ser testigos de solidaridad con nuestros hermanos.

e) La atención a los diáconos permanentes

|p76 76. Para el servicio de la comunión en América Latina, tiene importancia el ministerio de los diáconos. Ellos son, en forma muy privilegiada, signos del Señor Jesús "que no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20,28). Su servicio será el testimonio evangélico frente a una historia en que se hace presente cada vez más la iniquidad y se ha enfriado la caridad (cf. Mt 24,12).

Para una Nueva Evangelización que, por el servicio de la Palabra y la Doctrina Social de la Iglesia, responda a las necesidades de promoción humana y vaya generando una cultura de solidaridad, el diácono permanente, por su condición de ministro ordenado e inserto en las complejas situaciones humanas, tiene un amplio campo de servicio en nuestro Continente.

|p77 77. - Queremos reconocer nuestros diáconos más por lo que son que por lo que hacen.

- Queremos acompañar a nuestros diáconos en el discernimiento para que logren una formación inicial y permanente, adecuada a su condición.

- Continuaremos nuestra reflexión sobre la espiritualidad propia de los diáconos fundamentada en Cristo siervo, para que vivan con hondo sentido de fe su entrega a la Iglesia y su integración con el presbiterio diocesano.

- Queremos ayudar a los diáconos casados para que sean fieles a su doble sacramentalidad: la del matrimonio y la del orden y para que sus esposas e hijos vivan y participen con ellos en la diaconía. La experiencia de trabajo y su papel de padres y esposos los constituyen en colaboradores muy calificados para abordar diversas realidades urgentes en nuestras Iglesias particulares

- Nos proponemos crear los espacios necesarios para que los diáconos colaboren en la animación de los servicios en la Iglesia, detectando y promoviendo líderes, estimulando la corresponsabilidad de todos para una cultura de la reconciliación y la solidaridad. Hay situaciones y lugares, principalmente en las zonas rurales alejadas y en las grandes áreas urbanas densamente pobladas, donde sólo a través del diácono se hace presente un ministro ordenado.

1.3.2. Las vocaciones al ministerio presbiteral y los seminarios

|p78 78. "Sucedió que por aquellos días se fue Jesús al monte para orar, y se pasó la noche en la oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles" (Lc 6,12-13; Mc 3, 13-14).

"Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor" (Mt, 9,36-38).

En el marco de una Iglesia "comunión para la misión", el Señor, que nos llama a todos a la santidad, llama a algunos para el servicio sacerdotal.

a) La pastoral vocacional: una prioridad

|p79 79. Estamos frente a hechos innegables: hay un aumento de las vocaciones sacerdotales, ha crecido el interés por una pastoral que presente a los jóvenes, con claridad, la posibilidad de un llamado del Señor.

Pero los jóvenes llamados no pueden sustraerse a los cambios familiares, culturales, económicos y sociales del momento. La desintegración familiar puede impedir una experiencia de amor que prepare para la entrega generosa de toda la vida. El contagio de una sociedad "permisiva" y consumista no favorece una vida de austeridad y sacrificio. Puede suceder que la motivación vocacional resulte, sin quererlo el candidato, viciada con razones no evangélicas.

|p80 80. Por eso consideramos muy importante:

- Estructurar una pastoral vocacional inserta en lapastoral orgánica de la diócesis, en estrecha vinculación con la pastoral familiar y la juvenil. Es urgente preparar agentes y encontrar recursos para este campo de la pastoral y apoyar el compromiso de los laicos en la promoción de vocaciones consagradas.

- Fundamentar la pastoral vocacional en la oración, en la frecuencia de los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, la catequesis de la confirmación, la devoción mariana, el acompañamiento con la dirección espiritual y un compromiso misionero concreto; éstos son los principales medios que ayudarán a los jóvenes en su discernimiento.

- Procurar el fomento de las vocaciones que provengan de todas las culturas presentes en nuestras Iglesias particulares. El Papa nos ha invitado a prestar atención a las vocaciones de indígenas (cf. Mensaje a los indígenas, 6; Mensaje a los afroamericanos, 5).

|p81 81. - Mantienen su validez los seminarios menores y centros afines debidamente adaptados a las condiciones de la época actual para los jóvenes de los últimos años de educación media en los que empieza a manifestarse un fuerte deseo por la opción hacia el sacerdocio. En algunos países y en ambientes familiares muy deteriorados son necesarias estas instituciones para que los jóvenes crezcan en su vivencia cristiana y puedan hacer una más madura opción vocacional.

|p82 82. Ante el resurgimiento de vocaciones entre los adolescentes, es tarea nuestra su adecuada promoción, discernimiento y formación.

- En nuestra pastoral vocacional tendremos muy en cuenta las palabras del Santo Padre: "condición indispensable para la Nueva Evangelización es poder contar con evangelizadores numerosos y cualificados. Por ello, la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas... ha de ser una prioridad de los obispos y un compromiso de todo el pueblo de Dios" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 26).

b) Los seminarios

|p83 83. Signo de alegría y de esperanza es el nacimiento de seminarios mayores en nuestro continente y el aumento del número de alumnos en ellos.

En general, se trabaja por un ambiente favorable a la dirección espiritual y se procura "estar al día" en la formación, especialmente pastoral, de los futuros sacerdotes.

Preocupa, sin embargo, la dificultad para encontrar el equipo de formadores adecuado a las necesidades de cada seminario, lo que produce un detrimento en la calidad de la formación.

En muchos casos el medio social del cual provienen los candidatos "los marca" con modos de vida muy secularizados o los hace llegar al seminario con limitaciones en su formación humana o intelectual y aun en los fundamentos de su fe cristiana.

|p84 84. Frente a estas realidades nos proponemos:

- Asumir plenamente las directivas de la exhortación post-sinodal "Pastores dabo vobis" y revisar, desde ella, nuestras "Normas básicas para la formación sacerdotal" en cada país.

- Seleccionar y preparar formadores, aprovechando los cursos que ofrecen el CELAM y otras instituciones. Antes de abrir un seminario es necesario asegurar la presencia del equipo de formadores.

- Revisar la orientación de la formación impartida en cada uno de nuestros seminarios para que corresponda a las exigencias de la Nueva Evangelización, con sus consecuencias para la promoción humana y la inculturación del Evangelio. Sin disminuir las exigencias de una seria formación integral, dar particular interés al desafío que representa la formación sacerdotal de aquellos candidatos que provienen de culturas indígenas y afroamericanas.

- Procurar una formación integral que ya desde el seminario disponga para la formación permanente del sacerdote.

1.3.3. La Vida Consagrada

|p85 85. La vida consagrada, como don del Espíritu Santo a su Iglesia, que pertenece a la vida íntima y santidad de la Iglesia (cf. LG 44; EN 69), es manifestada por el testimonio heroico de muchas religiosas y religiosos que a partir de su singular alianza con Dios hacen presente en todas las situaciones, hasta las más difíciles, la fuerza del Evangelio.

Por la vivencia fiel de los consejos evangélicos participan del misterio y de la misión de Cristo, irradian los valores del Reino, glorifican a Dios, animan la propia comunidad eclesial e interpelan a la sociedad (cf. Lc 4,14-21; 9,1-6). Los consejos evangélicos tienen una profunda dimensión pascual, ya que suponen una identificación con Cristo, en su muerte y resurrección (cf. Juan Pablo II, Los caminos del Evangelio, 17).

Por su experiencia testimonial, la vida religiosa "ha de ser siempre evangelizadora para que los necesitados de la luz de la fe acojan con gozo la Palabra de salvación; para que los pobres y los más olvidados sientan la cercanía de la solidaridad fraterna; para que los marginados y abandonados experimenten el amor de Cristo; para que los sin voz se sientan escuchados; para que los tratados injustamente hallen defensa y ayuda" (Juan Pablo II, Homilía en la Catedral de Santo Domingo, 10.10.92, 8).

La Virgen María, que pertenece tan profundamente a la identidad cristiana de nuestros pueblos latinoamericanos (cf. DP 283), es modelo de vida para los consagrados y apoyo seguro de su fidelidad.

A raíz del Concilio Vaticano II, y bajo el impulso de Medellín y Puebla, ha habido un esfuerzo de renovación de los religiosos, una "vuelta a las fuentes" y la primitiva inspiración de los institutos (cf. Perfectae Caritatis, 2). Las conferencias de Superiores Mayores cumplen un papel importante para la vida consagrada; respetando el fin y el espíritu de cada instituto, tratan asuntos comunes y establecen la conveniente cooperación con los pastores de la Iglesia (cf. CIC 708).

La vida consagrada, siendo don peculiar de Dios a su Iglesia, es necesariamente eclesial y enriquece a las Iglesias particulares. Los religiosos de América Latina renuevan su adhesión al Papa. A partir de las disposiciones de "Mutuae relationes", es preciso un esfuerzo de mayor conocimiento recíproco entre las diversas formas de vida consagrada y las Iglesias particulares.

|p86 86. De singular fecundidad evangelizadora y misionera es la vida contemplativa; ella testimonia con toda su vida la primacía de lo absoluto de Dios. Con alegría constatamos su aumento de vocaciones y el envío a otros países.

|p87 87. La experiencia de los institutos seculares es significativa y ellos están en crecimiento. Por su consagración intentan armonizar los valores auténticos del mundo contemporáneo con el seguimiento de Jesús vivido desde la secularidad; han de ocupar, pues, un puesto importante en la labor de la Nueva Evangelización para la promoción humana y la inculturación del Evangelio.

|p88 88. A esta tarea de evangelización contribuyen también generosamente y están llamadas a proseguir con sus características específicas las sociedades de vida apostólica.

|p89 89. Otra forma de consagración es la de las vírgenes consagradas a Dios por el obispo diocesano, esposas místicas de Jesucristo, que se entregan al servicio de la Iglesia (cf. CIC 604, 1).

|p90 90. La mujer consagrada contribuye a impregnar de Evangelio nuestros procesos de promoción humana integral y da dinamismo a la pastoral de la Iglesia. Ella se encuentra frecuentemente en los lugares de misión que ofrecen mayor dificultad y es especialmente sensible al clamor de los pobres. Por esto es necesario responsabilizarla más en la programación de la acción pastoral y caritativa.

|p91 91. "La obra de evangelización (dice el Papa) en América Latina ha sido, en gran parte, fruto de vuestro servicio misionero... También en nuestros días los religiosos y religiosas representan una fuerza evangelizadora y apostólica primordial en el continente latinoamericano" (Juan Pablo II, "Los Caminos del Evangelio", 29.6.90, 2.3).

En su carta a los religiosos de América Latina ("Los Caminos del Evangelio", 29.6.90) el Santo Padre les plantea los siguientes retos: seguir "en la vanguardia misma de la predicación, dando siempre testimonio del Evangelio de la salvación" (n. 24). "Evangelizar a partir de una profunda experiencia de Dios" (n. 25). "Mantener vivos los carismas de los fundadores" (n. 26). Evangelizar en estrecha colaboración con los obispos, sacerdotes y laicos, dando ejemplo de renovada comunión (cf. n. 27). Estar en la vanguardia de la evangelización de las culturas (cf. n. 28). Responder a la necesidad de evangelizar más allá de nuestras fronteras.

Líneas pastorales:

|p92 92. Esta IV Conferencia señala los siguientes compromisos y líneas de acción pastoral con relación a la vida consagrada:

- Reconocer la vida consagrada como un don para nuestras Iglesias particulares.

- Fomentar la vocación a la santidad en las religiosas y religiosos valorando su vida por su misma existencia y testimonio. Por eso queremos respetar y fomentar la fidelidad a cada carisma fundacional como contribución a la Iglesia.

- Dialogar en las comisiones mixtas y otros organismos previstos en el Documento de la Santa Sede "Mutuae Relationes" para responder a las distintas tensiones y conflictos desde la comunión eclesial. Queremos que en nuestros seminarios se fomente el conocimiento de la teología de la vida religiosa y que, en las casas de formación de los religiosos, se dé especial importancia a la teología de la Iglesia particular presidida por el obispo y, además, un conocimiento de la espiritualidad específica del sacerdote diocesano.

- Queremos alentar las iniciativas de los Superiores Mayores en favor de una formación inicial y permanente y de un acompañamiento espiritual de los religiosos y religiosas para que éstos puedan responder a los retos de la Nueva Evangelización. Trataremos de impulsar un espíritu misionero que despierte en los religiosos el anhelo de servir más allá "de nuestras fronteras".

- Apoyar y asumir el ser y la presencia misionera de los religiosos en la Iglesia particular, sobre todo cuando su opción por los pobres los lleva a puestos de vanguardia de mayor dificultad o de inserción más comprometida.

|p93 93. - Procurar que los religiosos y religiosas que se encuentran trabajando pastoralmente en una Iglesia particular lo hagan siempre en perfecta comunión con el obispo y los presbíteros.

1.3.4. Los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo

|p94 94. El Pueblo de Dios está constituido en su mayoría por fieles cristianos laicos. Ellos son llamados por Cristo como Iglesia, agentes y destinatarios de la Buena Noticia de Salvación, a ejercer en el mundo, viña de Dios, una tarea evangelizadora indispensable. A ellos se dirigen hoy las palabras del Señor: "Id también vosotros a mi viña" (Mt 20,3-4) y estas otras: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda la creación" (Mc 16,15 cf. ChL 33).

Como consecuencia del bautismo los fieles son insertados en Cristo y son llamados a vivir el triple oficio sacerdotal, profético y real. Esta vocación debe ser fomentada constantemente por los pastores en las Iglesias particulares.

a) Los Laicos hoy en nuestras Iglesias

|p95 95. Hoy, como signo de los tiempos, vemos un gran número de laicos comprometidos en la Iglesia: ejercen diversos ministerios, servicios y funciones en las comunidades eclesiales de base o actividades en los movimientos eclesiales. Crece siempre más la conciencia de su responsabilidad en el mundo y en la misión "ad gentes". Aumenta así el sentido evangelizador de los fieles cristianos. Los jóvenes evangelizan a los jóvenes. Los pobres evangelizan a los pobres.

Los fieles laicos comprometidos manifiestan una sentida necesidad de formación y de espiritualidad.

|p96 96. Sin embargo se comprueba que la mayor parte de los bautizados no han tomado aún conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad cultural y por lo tanto no sienten la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador. Como consecuencia, el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la ciencia, del arte, de la literatura y de los medios de comunicación social no son guiados por criterios evangélicos. Así se explica la incoherencia que se da entre la fe que dicen profesar y el compromiso real en la vida (cf. DP 783).

Se comprueba también que los laicos no son siempre adecuadamente acompañados por los Pastores en el descubrimiento y maduración de su propia vocación.

La persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes de pastoral, clérigos e incluso laicos (cf. DP 784), la dedicación de muchos laicos de manera preferente a tareas intra-eclesiales y una deficiente formación les privan de dar respuestas eficaces a los desafíos actuales de la sociedad.

b) Los desafíos para los laicos

|p97 97. Las urgencias de la hora presente en América Latina y el Caribe reclaman:

Que todos los laicos sean protagonistas de la Nueva Evangelización, la Promoción Humana y la Cultura Cristiana. Es necesaria la constante promoción del laicado, libre de todo clericalismo y sin reducción a lo intra-eclesial.

Que los bautizados no evangelizados sean los principales destinatarios de la Nueva Evangelización. Ésta sólo se llevará a cabo efectivamente si los laicos conscientes de su bautismo responden al llamado de Cristo a convertirse en protagonistas de la Nueva Evangelización.

Es urgente un esfuerzo para favorecer, en el marco de la comunión eclesial, la búsqueda de santidad de los laicos y el ejercicio de su misión.

c) Principales líneas pastorales

|p98 98. - Acrecentar la vivencia de la Iglesia-comunión, que nos lleva a la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Fomentar la participación de los laicos en los Consejos Pastorales, a diversos niveles de la estructura eclesial. Evitar que los laicos reduzcan su acción al ámbito intra-eclesial, impulsándolos a penetrar los ambientes socio-culturales y a ser en ellos protagonistas de la transformación de la sociedad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.

- Promover los consejos de laicos, en plena comunión con los pastores y adecuada autonomía, como lugares de encuentro, diálogo y servicio, que contribuyan al fortalecimiento de la unidad, la espiritualidad y la organización del laicado: estos consejos de laicos son también espacios de formación y pueden establecerse en cada diócesis en la Iglesia de cada país y abarcar tanto a los movimientos de apostolado como a los laicos que, estando comprometidos con la Evangelización, no están integrados en grupos apostólicos.

|p99 99. - Incentivar una formación integral, gradual y permanente de los laicos mediante organismos que faciliten "la formación de formadores" y programen cursos y escuelas diocesanas y nacionales, teniendo una particular atención a la formación de los pobres (cf. ChL 63).

- Los pastores procuraremos, como objetivo pastoral inmediato, impulsar la preparación de laicos que sobresalgan en el campo de la educación, de la política, de los medios de comunicación social, de la cultura y del trabajo. Estimularemos una pastoral específica para cada uno de estos campos de tal manera que quienes estén presentes en ellos sientan todo el respaldo de sus pastores. Estarán incluidos también los militares, a quienes corresponde siempre estar al servicio de la libertad, la democracia y la paz de los pueblos (cf. GS 79).

-Teniendo presente que la santidad es un llamado a todos los cristianos, los pastores procurarán los medios adecuados que favorezcan en los laicos una auténtica experiencia de Dios. Incentivarán también publicaciones específicas de espiritualidad laical.

|p100 100. - Favorecer la organización de los fieles laicos a todos los niveles de la estructura pastoral, basada en los criterios de comunión y participación y respetando "la libertad de

asociación de los fieles laicos en la Iglesia" (cf. ChL 29-30).

d) Ministerios conferidos a los laicos

|p101 101. El Documento de Puebla recogió la experiencia del Continente en cuanto a los ministerios conferidos a laicos y dio orientaciones claras para que, de acuerdo con los carismas de cada persona y las necesidades de cada comunidad, se fomentase "una especial creatividad en el establecimiento de ministerios o servicios que pueden ser ejercidos por laicos, de acuerdo con las necesidades de la evangelización" (DP 833; cf. 804-805; 811-817).

El Sínodo de los Obispos en 1987 y la Exhortación Apostólica "Christifideles laici" han insistido en la importancia de mostrar que estos ministerios "tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación" (ChL 23).

Fieles a las orientaciones del Santo Padre, queremos continuar fomentando estas experiencias que dan un amplio margen de participación a los laicos (cf. ChL 21-23), y que responden a necesidades de muchas comunidades que, sin esta valiosa colaboración, carecerían de todo acompañamiento en la catequesis, la oración y la animación de sus compromisos sociales y caritativos.

Consideramos que "nuevas expresiones y nuevos métodos" para nuestra misión evangelizadora encuentran amplios campos de realización en "ministerios, oficios y funciones" que pueden desempeñar algunos laicos (cf. ChL 23) cuidadosamente escogidos y preparados. Una forma adecuada podría ser que a una familia completa se le dé el encargo pastoral de animar a otras familias, preparándose debidamente para este oficio.

e) Los movimientos y asociaciones de Iglesia

|p102 102. Como respuesta a las situaciones de secularismo, ateísmo e indiferencia religiosa y como fruto de la aspiración y necesidad de lo religioso (cf. ChL 4), el Espíritu Santo ha impulsado el nacimiento de movimientos y asociaciones de laicos que han producido ya muchos frutos en nuestras Iglesias.

Los movimientos dan importancia fundamental a la Palabra de Dios, la oración en común y la atención especial a la acción del Espíritu. Hay casos también en que, a la experiencia de una fe compartida, sigue siempre una necesidad de comunicación cristiana de bienes, primer paso para una economía de solidaridad.

Las asociaciones de apostolado son legítimas y necesarias (cf. AA 18); siguiendo la orientación del Concilio, se reconoce un lugar especial a la Acción Católica por su vinculación profunda a la Iglesia particular (cf. AA 20; ChL 31). Ante los riesgos de algunos movimientos y asociaciones que pueden llegar a cerrarse sobre sí mismos, es particularmente urgente tener en cuenta los "criterios de eclesialidad" indicados en la exhortación post-sinodal "Christifideles laici" n. 30. Es necesario acompañar a los movimientos en un proceso de inculturación más definido y alentar la formación de movimientos con una mayor impronta latinoamericana.

"La Iglesia espera mucho de todos aquellos laicos que, con entusiasmo y eficacia evangélica, operan a través de los nuevos movimientos apostólicos, que han de estar coordinados en la pastoral de conjunto y que responden a la necesidad de una mayor presencia de la fe en la vida social" (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 27).

f) Los laicos, línea pastoral prioritaria

|p103 103. La importancia de la presencia de los laicos en la tarea de la Nueva Evangelización, que conduce a la promoción humana y llega a informar todo el ámbito de la cultura con la fuerza del Resucitado, nos permite afirmar que una línea prioritaria de nuestra pastoral, fruto de esta IV Conferencia, ha de ser la de una Iglesia en la que los fieles cristianos laicos sean protagonistas. Un laicado, bien estructurado con una formación permanente, maduro y comprometido, es el signo de Iglesias particulares que han tomado muy en serio el compromiso de Nueva Evangelización.

1.3.5. Las mujeres

|p104 104. En Cristo, plenitud de los tiempos, la igualdad y complementariedad con que el hombre y la mujer fueron creados (cf. Gn 1, 27) se hace posible, "ya que no hay hombre ni mujer, ya que todos somos uno en Cristo" (Ga 3, 26-29). Jesús acogió a las mujeres, les devolvió su dignidad y les confió después de su resurrección la misión de anunciarlo, (cf. MD 16). Cristo, "nacido de mujer" (Ga 4,4) nos da a María, que precede a la Iglesia mostrando en forma eminente y singular el modelo de Virgen y de Madre (cf. LG 63). Ella es protagonista de la historia por su cooperación libre, llevada a la máxima participación con Cristo (cf. DP 293). María ha representado un papel muy importante en la evangelización de las mujeres latinoamericanas y ha hecho de ellas evangelizadoras eficaces, como esposas, madres, religiosas, trabajadoras, campesinas, profesionales. Continuamente les inspira la fortaleza para dar la vida, inclinarse ante el dolor, resistir y dar esperanza cuando la vida está más amenazada, encontrar alternativas cuando los caminos se cierran, como compañera activa, libre y animadora de la sociedad.

Situación

|p105 105. En nuestro tiempo la sociedad y la Iglesia han crecido en la conciencia de la igual dignidad de la mujer y el varón. Aunque teóricamente se reconoce esta igualdad, en la práctica con frecuencia se la desconoce. La Nueva Evangelización debe ser promotora decidida y activa de la dignificación de la mujer; esto supone profundizar en el papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

- Hoy se difunden diversas proposiciones reduccionistas sobre la naturaleza y misión de la mujer se niega su específica dimensión femenina, se la pospone en su dignidad y derechos, se la convierte en objeto de placer, con un papel secundario en la vida social. Ante esto queremos proponer la doctrina evangélica sobre la dignidad y vocación de la mujer, subrayando su papel "como madre, defensora de la vida y educadora del hogar" (DP 846).

 

|p106 106. En la familia y en la construcción del mundo hoy gana terreno una mayor solidaridad entre hombres y mujeres, pero hacen falta pasos más concretos hacia la igualdad real y el descubrimiento de que ambos se realizan en la reciprocidad.

Tanto en la familia como en las comunidades eclesiales y en las diversas organizaciones de un país, las mujeres son quienes más comunican, sostienen y promueven la vida, la fe y los valores. Ellas han sido durante siglos "el ángel custodio del alma cristiana del continente (cf. Juan Pablo II, Homilía en Santo Domingo, 11.10.92, 9). Este reconocimiento choca escandalosamente con la frecuente realidad de su marginación, de los peligros a los que se somete su dignidad, de la violencia de la que es objeto muchas veces. A aquella que da y que defiende la vida, le es negada una vida digna. La Iglesia se siente llamada a estar del lado de la vida y defenderla en la mujer.

Compromisos Pastorales

|p107 107. Consideramos urgentes estas líneas de acción:

- Denunciar valientemente los atropellos a las mujeres latinoamericanas y caribeñas, sobre todo a las campesinas, indígenas, afroamericanas, migrantes y obreras, incluso los que se cometen por los medios de comunicación social contra su dignidad. Promover la formación integral para que se dé una verdadera toma de conciencia de la dignidad común del varón y la mujer. Anunciar proféticamente el ser verdadero de la mujer, sacando del Evangelio la luz y la esperanza de lo que ella es en plenitud, sin reducirla a modalidades culturales transitorias. Crear espacios para que la mujer pueda descubrir sus propios valores, apreciarlos y aportarlos abiertamente a la sociedad y a la Iglesia.

|p108 108. - Desarrollar la conciencia de los sacerdotes y dirigentes laicos para que acepten y valoren a la mujer en la comunidad eclesial y en la sociedad, no sólo por lo que ellas hacen, sino sobre todo por lo que son. Fomentar una actitud de análisis crítico ante los mensajes de los medios de comunicación sobre los estereotipos que éstos presentan sobre la feminidad. Discernir a la luz del Evangelio de Jesús los movimientos que luchan por la mujer desde distintas perspectivas, para potenciar sus valores, iluminar lo que puede parecer confuso y denunciar lo que resulta contrario a la dignidad humana. Al leer las Escrituras, anunciar con fuerza lo que el Evangelio significa para la mujer y desarrollar una lectura de la Palabra de Dios que descubra los rasgos que la vocación femenina aporta al plan de Salvación.

|p109 109. - Crear en la educación nuevos lenguajes y símbolos que no reduzcan a nadie a la categoría de objeto, sino que rescaten el valor de cada uno como persona, y evitar en los programas educativos los contenidos que discriminan a la mujer, reduciendo su dignidad e identidad. Es importante poner en práctica programas de educación para el amor y educación sexual en la perspectiva cristiana, buscar caminos para que se den entre el varón y la mujer relaciones interpersonales basadas en el mutuo respeto y aprecio, el reconocimiento de las diferencias, el diálogo y la reciprocidad. Se ha de incorporar a las mujeres en el proceso de toma de decisiones responsablemente en todos los ámbitos: en la familia y en la sociedad. Urge contar con el liderazgo femenino, y promover la presencia de la mujer en la organización y la animación de la Nueva Evangelización de América Latina y el Caribe. Es necesario impulsar una pastoral que promueva a las mujeres indígenas en lo social, en lo educativo y en lo político.

|p110 110 - Denunciar todo aquello que, atentando contra la vida, afecte la dignidad de la mujer, como el aborto, la esterilización, los programas antinatalistas, la violencia en las relaciones sexuales; favorecer los medios que garanticen una vida digna para las mujeres más expuestas: empleadas domésticas, migrantes, campesinas, indígenas, afroamericanas, trabajadoras humildes y explotadas; intensificar y renovar el acompañamiento pastoral a mujeres en situaciones difíciles: separadas, divorciadas, madres solteras, niñas y mujeres prostituidas a causa del hambre, del engaño y del abandono.

1.3.6. Los adolescentes y los jóvenes

|p111 111. Jesús ha recorrido las etapas de la vida de toda persona humana: niñez, adolescencia, juventud, edad adulta. Él se revela como el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,5). Al nacer asumió la condición de niño pobre y sometido a sus padres, recién nacido fue perseguido (cf. Mt 2,13). El mismo Jesús, revelación del Padre que quiere la vida en abundancia (cf. Jn 10,10), devuelve la vida a su amigo Lázaro (cf. Jn 11), al joven hijo de la viuda de Naim (cf. Lc 7,7-17) y a la joven hija de Jairo (cf. Mc 5,21-43). Él sigue llamando hoy a los jóvenes para dar sentido a sus vidas.

La misión de los adolescentes y jóvenes en América Latina que cami