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Los problemáticos beneficios del juego de azar
El juego de azar, en todas sus formas, goza de
ingresos cada vez mayores. Las apuestas en Internet han aumentado
especialmente en los últimos tiempos. El 27 de junio PartyGaming, la empresa
propietaria de la principal página web de póquer online del mundo, esperaba
salir por primera vez a bolsa, ofreciendo el 23% de sus acciones en la Bolsa
de Londres.
Las estimaciones del valor de la compañía
fluctúan, pero según un reportaje en Reuters el 15 de junio, la venta de
acciones podría alcanzar los 2.100 millones de dólares. Esta cantidad es menos
de lo que originalmente se pensó, debido a los temores sobre la legalidad del
juego online en Estados Unidos.
Reuters contaba que PartyGaming, fundada en 1997,
en las horas de máxima conexión tiene más de 70.000 personas conectadas. La
empresa ha declarado unos ingresos de 222 millones de dólares en el primer
cuatrimestre de este año, con una beneficio operativo de 128 millones de
dólares, un 81% más que el año anterior.
Un editorial del 6 de enero en el Christian
Science Monitor daba algunos datos sobre el aumento del juego online. En 1996,
30 páginas webs ganaron apenas 30 millones de dólares en apuestas. El año
pasado esto había crecido hasta las 1.600 páginas webs, sumando las apuestas
cerca de 7.000 millones de dólares. Se piensa que aumentará hasta los 9.800
millones este año.
La ley que rige tales páginas no está claramente
definida en Estados Unidos, y en cualquier caso las empresas pueden operar en
el extranjero. Hasta ahora, las propuestas planteadas al Comité de Actividades
Bancarias del senado de Estados Unidos de imponer regulaciones más estrictas
se han quedado en nada. Esto quizá se deba en parte, observaba el editorial
del Christian Science Monitor, a los más de 9 millones de dólares en
contribuciones hecha el año pasado a los fondos tanto del partido demócrata
como del republicano.
El juego en general, y no sólo en Internet, está
en auge. En Gran Bretaña, el montante anual de la industria del juego alcanzó
el año pasado los 78.000 millones de libras (141.000 millones de dólares),
según un editorial del 4 de junio del periódico Guardian. También han subido
las pérdidas de los jugadores, hasta los 8.700 millones de libras (15.800
millones de dólares) del año pasado o, de promedio, 400 libras (727 dólares)
por cada persona trabajadora.
Los italianos también son cada vez más dados a
apostar. El diario La Stampa informaba el pasado 3 de diciembre que, a finales
del 2004, se esperaba que los italianos hubieran apostado 23.100 millones de
euros (27.900 millones de dólares) en juegos propiedad del gobierno. Estos
juegos incluyen loterías y apuestas de fútbol y carreras de caballos. La
cantidad equivale al 2% de producto interior bruto del país. La suma ha subido
de forma marcada en los últimos años. En el 2000 la cantidad apostada era de
14.300 millones de euros (17.300 millones de dólares según el cambio actual).
Los gobiernos son los más grandes beneficiarios
del aumento del juego. En Canadá, por ejemplo, un artículo del Globe and Mail
del 6 de enero observaba que las ganancias de los juegos propiedad del
gobierno habían superado los 11.800 millones de dólares canadienses (9.500
millones de dólares) en el año 2003, cuatro veces más que hace una década.
Pero los costes sanitarios y sociales del juego
son también grandes. El periódico afirmaba que algunos estiman que de 200 a
400 suicidios ocurridos en Canadá se han relacionado con problemas de juego. Y
mientras que los ingresos gubernamentales de otras actividades potencialmente
dañinas, como el tabaco o el alcohol, han disminuido por las restricciones en
la publicidad, en Canadá, el estado mismo gasta cantidades considerables en
promover el juego.
En Gran Bretaña, los ingresos por la venta de
billetes de lotería se usan cada vez más para los gastos normales de gobierno,
en lugar de ir a «buenas causas» y proyectos culturales, como se prometió
cuando se implantó la lotería hace 10 años. El año pasado, un tercio de los
ingresos del gobierno por loterías, más de 430 millones de libras (782
millones de dólares), fue a gastos ordinarios de salud, educación y medio
ambiente, informó el 15 de junio el Telegraph de Londres.
En Estados Unidos, algunos gobiernos estatales
dependen cada vez más de los ingresos del juego, observaba el 31 de marzo el
New York Times. En Rhode Island, Dakota del Sur, Louisiana, Oregón y Nevada,
los impuestos sobre las diversas formas de juego suman más del 10% de los
ingresos totales del gobierno. Otros estados, como Delaware, Virginia
Occidental, Indiana, Iowa y Mississippi, están cerca de alcanzar el 10%.
En Dakota del Sur, donde los ingresos del juego
dan actualmente al estado el 13,2% de su renta, los legisladores del estado
han rechazado las propuestas de limitar el juego debido a los problemas
sociales creados como consecuencia del mismo. Los legisladores se mostraron
preocupados sobre dónde encontrar fuentes de ingresos alternativas.
David Knudson, un senador republicano de Sioux
Falls, declaró al New York Times que quienes se oponen al juego suelen hablar
de los peligros de los jugadores problemáticos. «Pero el mayor adicto ha
llegado a ser el gobierno del estado que se ha vuelto dependiente de él»,
indicaba.
Se está prestando más atención a los costes
asociados al juego. El 8 de abril, el Christian Science Monitor informaba de
un estudio llevado a cabo por Edward Morse, un profesor de derecho en la
Escuela Universitaria Creighton de Derecho en Omaha, Nebraska, y su colega,
Ernest Goss.
Descubrieron que la llegada de un casino a una
ciudad puede aumentar los ingresos locales debido a los puestos de trabajo que
crea, llevando a un descenso de las bancarrotas personales. Sin embargo,
después de llevar varios años operando el casino las bancarrotas personales
aumentan un 2% al año, en comparación con las ciudades que no tienen casinos.
El estudio, que examinaba datos de 1990 al 2002, concluía que cuando los
casinos llevan tiempo y se abren en otras ciudades instalaciones competidoras,
el número de turistas cae y, al mismo tiempo, el número de jugadores
problemáticos aumenta.
El año pasado se publicó un detallado análisis del
impacto económico del juego en Estados Unidos, en el libro «Gambling in
America: Costs and Benefits» (El Juego en América: Costes y Beneficios)
(Cambridge University Press). El autor, Earl Grinols, un profesor de economía
de la Universidad de Illinois, ha seguido de cerca la industria del juego
durante muchos años.
Para comenzar, indicaba que el proceso de
aprobación del juego por las comisiones gubernamentales o los comités
legislativos suele tener defectos, con una carencia de análisis detallados
sobre la proyección de costes y beneficios de las nuevas instalaciones. Y
quienes tienen mucho dinero en juego tienen un gran interés, a la hora de
hacer las propuestas, de presentar una visión parcial de los beneficios del
juego.
El proceso de aprobación puede también torcerse
debido a las masivas presiones de la industria del juego. Grinols cita, entre
otros ejemplo, cómo una vez en Texas 74 personas se dedicaron a hacer presión
a los legisladores a favor de una propuesta para extender el juego. Entre 1991
y 1996, la industria del juego pagó más de 100 millones de dólares en
donaciones a los legisladores y gastos de grupos de presión.
En cuanto a la cuestión de los beneficios
económicos creados por los casinos, Grinols observa que no es suficiente con
sólo contar el número de puestos de trabajo creados. Los puestos de trabajo
son sólo un factor en el desarrollo económico, afirma. De hecho, los nuevos
puestos de trabajo en un casino suelen compensarse con las pérdidas de los
negocios cercanos que se ven dañados, como los restaurantes.
Grinols sostiene que es necesario que añadamos los
costes sociales del juego. Éstos incluyen crímenes, como el fraude y la
malversación; las bancarrotas; los suicidios; y los costes familiares como el
descuidar a los hijos. Con frecuencia, las comunidades donde se abren casinos
se ven obligadas a aumentar los impuestos para pagar los costes asociados con
estos factores, mientras que el gobierno del estado es quien recibe los
ingresos. El autor del libro concluye que, a pesar de que es necesario investigar más, los juegos de casino «no superan el examen de coste y beneficio por un amplio margen». Algo que hay que tener presente cuando los gobiernos, hambrientos de dinero en efectivo, se proponen extender el juego.
(cortesía: zenit.org)
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