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Doctrina social y Vida
pública
Prioridad para los cristianos
La última sección del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia
explica las dimensiones pastorales y eclesiales del compromiso cristiano
en la vida pública.
Basada en una antropología cristiana, la doctrina social de la Iglesia arroja
luz sobre los valores humanos auténticos, inspirando y sosteniendo así la
tarea de dar testimonio cristiano en el mundo, observa el Compendio. Es
también una ayuda en la tarea de inculturar la fe y ayudar al mundo moderno a
superar la brecha entre Evangelio y cultura.
El Compendio también recomienda que el mensaje social del Evangelio sea la
guía en la misión de la Nueva Evangelización. En su papel pastoral, la
enseñanza social no sólo ayudará a los hombres y mujeres a descubrir la
verdad, sino también animará a los cristianos a dar testimonio «con espíritu
de servicio al Evangelio en el campo de la actividad social» (No. 525).
La enseñanza social también tiene un papel vital en la formación cristiana,
especialmente de aquellos que tienen responsabilidades en la vida social y
pública. Pero para que esto sea una realidad, el Compendio anima a que la
doctrina social reciba una prioridad mayor en la catequesis de manera que los
fieles estén mejor instruidos en este tema.
Esta instrucción no debería ser sólo la mera transmisión de la teoría
abstracta, añade el texto. «En el contexto de la catequesis es importante
sobre todo que la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia se dirija a
motivar la acción de evangelización y humanización de las realidades
temporales» (No. 530).
El Compendio también observa que la doctrina social puede ser un instrumento
útil en el diálogo ecuménico, y en el diálogo entre la Iglesia y el mundo
civil. Defender la dignidad de la persona humana, promover la paz y ayudar a
los pobres a mejorar su posición son campos de acción donde la cooperación con
otros puede aumentar la unidad cristiana.
Actividad pastoral
Todos los cristianos tienen un papel que jugar en el sector social, explica el
texto. Dentro de la Iglesia, los obispos, asistidos por los sacerdotes,
religiosos y laicos, son responsables de promover la enseñanza de la doctrina
social. En este contexto, el Compendio pide que los sacerdotes reciban una
formación adecuada en la doctrina de la Iglesia para que sean capaces de
ayudar en la instrucción de los laicos cristianos.
Los laicos tienen también un papel vital en la divulgación de la doctrina
social, empezando con «un testimonio ejemplar de vida enraizada en Cristo y
vivida en las realidades temporales» (No. 543). Este testimonio tiene su raíz
en el don de la gracia, explica el Compendio, distinguiéndose así de una
acción humanista que se limita a consideraciones temporales. «La perspectiva
escatológica es la clave que permite una comprensión correcta de las
realidades humanas», insiste el Compendio en el No. 544.
Para ayudar a mantener esta perspectiva el texto invita a los fieles a
cultivar una auténtica espiritualidad y a consolidar su vida moral.
Profundizar en la vida interior por medio de una formación constante ayudará a
asegurar una armonía mayor entre vida diaria y fe cristiana.
El Compendio recomienda además a los laicos prudencia en el campo social. Se
necesita prudencia en tres momentos: al estudiar y reflexionar sobre el tema
en cuestión; al evaluar la realidad a la luz del plan de Dios; y al decidir
sobre la acción a tomar. La prudencia, continúa el texto, no es astucia humana
ni timidez al adoptar decisiones, sino una virtud que ayuda a decidir con
sabiduría y coraje el curso de la acción a tomar.
El establecimiento de asociaciones eclesiales, que puedan guiar a los fieles
en este campo, es otro paso recomendado por el Compendio. Los grupos y
asociaciones pueden jugar el valioso papel tanto de ofrecer formación a sus
miembros en esta área, como de coordinar la actividad pastoral.
Una cultura de servicio
Al poner en ejecución la doctrina social, el Compendio sugiere que el punto de
vista adoptado sea el del servicio. La credibilidad de la enseñanza de la
Iglesia en esta área, de hecho, «viene de forma más inmediata del testimonio
de la acción que de su consistencia o lógica internas» (No. 551).
El compromiso de los laicos en el campo social puede ser visto, continúa el
texto, como un servicio a la persona humana. Este servicio comienza con una
conversión interior de nuestros corazones y, a su vez, esta conversión conduce
a la preocupación por el bienestar de los demás.
El Compendio pasa luego a subrayar algunas áreas prioritarias para esta
acción.
--Servicio a la persona humana, afirmando la inviolabilidad de la vida humana,
desde la concepción hasta la muerte natural. La dignidad humana también
requiere libertad de conciencia y de religión, así como defensa del matrimonio
y de la familia.
--Servicio en el área de la cultura, ampliamente entendida. El Compendio
observa los problemas con el estilo de vida consumista y el énfasis puesto en
aspectos superficiales. Necesitamos recuperar el sentido genuino del
crecimiento humano, y desarrollar nuestra capacidad de comunicarnos y
relacionarnos con los demás.
--Animar la participación de los católicos en la vida social y política es
otra prioridad. La implicación en la vida pública es necesaria para presentar
de una forma eficaz las propuestas que dimanan de la visión católica de la
vida social.
--Preservar la dimensión ética de la cultura es otra tarea importante. La
cultura puede llegar a ser estéril y decadente, o puede ser un medio para
enriquecer las vidas de las personas. Asegurar esto último requiere que las
personas estén preparadas para usar sus capacidades «de autocontrol,
sacrificio personal, solidaridad y disposición a promover el bien común» (No.
556).
--Específicamente, el Compendio subraya, dentro de la cultura actual, algunos
campos donde es particularmente necesaria la acción: garantizar los derechos
de cada persona; asegurar un compromiso por la verdad; trabajar por asegurar
que se respete la dimensión religiosa de la cultura; y usar correctamente los
medios de comunicación.
--Servicio en la economía. El Compendio invita a los cristianos a recordar la
centralidad de la persona humana. También les urge a armonizar mejor las
exigencias de la eficiencia económica y los requisitos de la justicia social.
--Servicio en la política. El perseguir el bien común en espíritu de servicio
debería inspirar a los laicos cristianos, recomienda el texto. El texto
también insiste en una adecuada atención a la dimensión moral de la vida
política y a un creciente testimonio cristiano por parte de los políticos.
Una civilización del amor
Las páginas conclusivas del Compendio se dedican al tema de construir una
«Civilización del Amor». La gente está buscando significado a sus vidas,
observa el texto, y la Iglesia responde con la proclamación del Evangelio de
Cristo. A través de la fe en Dios y en Jesucristo, los cristianos pueden
obtener inspiración sobre los principios que deberían ordenar la vida privada
y pública.
Llevar a cabo una renovación de la sociedad para asegurar la justicia y la
solidaridad no es una tarea fácil, y no deberíamos pensar que hay una fórmula
mágica para resolver los problemas. Nuestra salvación no descansa en una
fórmula, sino en la persona de Cristo, que se encuentra en el Evangelio y en
la Tradición de la Iglesia.
E incluso aunque los creyentes saben que nunca habrá un paraíso terrenal, su
esperanza fundada en Cristo les da la confianza en la construcción de un mundo
mejor. En este esfuerzo deberíamos guiarnos por el principio de la primacía
del amor. El amor, añade el Compendio, debería permear toda relación social y
ser la norma superior para toda actividad.
El mandamiento del amor contenido en el Evangelio debería ser para los
cristianos un mensaje que les transforme y les lleve a rechazar el egoísmo y
el individualismo. Este amor, a su vez, requiere la práctica de la justicia y
nos inspira en la donación de nosotros mismos. Palabras apropiadas para cerrar
la síntesis de la doctrina social de la Iglesia.
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