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Ha proseguido el debate sobre los beneficios de
los programas de educación sexual que promueven la abstinencia. Mientras
aumenta el debate, los defensores de la abstinencia han logrado un éxito al
conseguir el asentimiento del gobierno federal a su financiación.
El 9 de junio el subcomité de aprobaciones de
servicios laborales, sanitarios y humanos, educación y agencias relacionadas,
de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aprobó un aumento de 11
millones de dólares en la financiación de la abstinencia para el año fiscal
2006, que podría alcanzar la suma total de 115 millones de dólares. Una nota
de prensa del mismo día del Abstinence Clearinghouse, una organización
educativa sin ánimo de lucro con sede en Sioux Falls, Dakota del Sur,
celebraba la decisión, aunque el aumento se queda por debajo de los 39
millones más que buscaba el presidente George Bush.
Leslee Unruh, presidenta de Abstinence
Clearinghouse, afirmaba que 10 informes autónomos, publicados en el 2004 y en
el 2005 por Centers for Disease Control and Prevention, por National
Institutes for Health y por la Food and Drug Administration, muestran que el
sexo premarital no es precisamente sano.
«Los defensores de la promiscuidad, como SIECUS y
Advocates for Youth, pueden hacer creer a la gente que el sexo adolescente es
normal, seguro y sano», explicaba Unruh, «pero la ciencia no apoya estas
afirmaciones».
Según un artículo del 15 de junio en el Dallas
Morning News, un estudio reciente que examinaba la eficiencia de la educación
basada sólo en la abstinencia muestra resultados positivos. Un informe
preliminar publicado por Matemática Policy Research Incorporated sugiere que
la juventud a la que se asigna programas de educación basados sólo en la
abstinencia es más probable que adquiera el compromiso de abstenerse del sexo
hasta el matrimonio. Se sabe que tales adolescentes están más enterados de las
consecuencias negativas del sexo en edad adolescente.
Sin embargo, su intención de abstenerse de sexo
difería sólo un poco de la de aquellos jóvenes que no están en programas de
abstinencia, indicaba el estudio. No obstante, el estudio no publicaba
suficientes datos para hacerse una idea de las diferencias en el
comportamiento sexual. El estudio, financiado con 7 millones de dólares por el
gobierno federal, deberá publicar su informe final el año próximo. Otros estudios recientes muestran que desciende la actividad sexual en edad adolescente. Según un reportaje de Associated Press el pasado 10 de diciembre, el National Center for Health Statistics afirmaba que el porcentaje de chicas entre 15 y 17 años que habían tenido relaciones sexuales había bajado desde el 38% en 1995 hasta el 30% en el 2002. Para los chicos el descenso ha sido desde el 43% hasta el 31%.
En la etapa de edad de los 18 a los 19 años ha
habido un ligero aumento en la actividad sexual para las chicas, hasta un 69%
en el 2002, comparado con el 68% de 1995. Pero en los chicos el porcentaje ha
caído del 75% en 1995 hasta el 64% en el 2002. Datos adicionales sobre el estudio, publicados el día siguiente en el Washington Times, mostraban que la razón más común entre los adolescentes para retrasar el sexo fue porque estaba «contra (su) religión y valores morales». Éste es el caso del 37,8% de las chicas y del 31,4% de los chicos. La encuesta del 2002 también encontró que el 13% de las chicas y casi el 11% de los chicos se han comprometido a permanecer virgen hasta el matrimonio.
Pero los críticos de la educación en la
abstinencia han comenzado a protestar. Un ejemplo típico es un editorial del
28 de enero en el Los Angeles Times. Describía los programas centrados en la
abstinencia como «un montón de tonterías» y acusaban a los programas de «dar a
los adolescentes una información falsa y engañosa».
Un día después el Dallas Morning News publicaba
los resultados de un estudio en Texas que parece apoyar a los críticos de la
educación en la abstinencia. La investigación llevada a cabo por Buzz Pruitt
de la Universidad de Texas A&M encontró que los estudiantes de casi todos los
cursos de instituto eran sexualmente más activos tras la educación en la
abstinencia. El estudio no concluía que los programas animaran a los
adolescentes a tener sexo, sólo que los mensajes de abstinencia no afectaban
en las tendencias «normales» de los adolescentes que están creciendo.
Pruitt, sin embargo, reconocía las limitaciones de
su estudio. Observaba, por ejemplo, que no existía un grupo de comparación
compuesto por adolescentes, similar en características, pero que no hubiera
tenido educación en la abstinencia.
El artículo del Dallas Morning News también
admitía que otros programas de abstinencia han mostrado resultados positivos.
Citaba la experiencia de Mike Young, de la Universidad de Arkansas, que junto
a sus colegas ha desarrollado un currículo llamado Sex Can Wait (El sexo puede
esperar). El programa acentúa la abstinencia en la juventud como un componente
integral de una vida acertada. Los estudiantes que pueden tener una visión a
largo plazo, según Young, es menos probable que se jueguen su futuro
enganchándose al sexo. Hasta ahora se ha documentado que el programa tiene
influencia al menos a corto plazo en el comportamiento adolescente.
El Washington Post alimentó el debate sobre la
abstinencia en un artículo del 19 de marzo. Informaba de un estudio encabezado
por Peter Bearman, profesor del Instituto para la Investigación y Política
Social y Económica de la Universidad de Columbia. El estudio se publicó en el
Journal of Adolescent Health.
Concluía que los adolescentes que han hecho
compromiso de virginidad pueden infectarse con una enfermedad de transmisión
sexual casi en la misma proporción que aquellos que nunca adoptaron este
compromiso. Los descubrimientos se basan en el Estudio Nacional Longitudinal
de Salud Adolescente financiado con fondos federales.
Sin embargo, indicaba el artículo, algunos
académicos han manifestado que los resultados pasaban por alto otra
investigación publicada, que documentaba que los adolescentes que han hecho
promesa de virginidad tienen menos embarazos y menos nacimientos fuera del
matrimonio.
El Washington Times informaba el 28 de abril de un
estudio que contrastaba con el anterior. El periódico informaba que las chicas
que participan en el programa de abstinencia Best Friends son sustancialmente
menos proclives a consumir drogas y a tener sexo premarital que las chicas que
no están en el programa.
Los resultados se publicaron en el Institute for
Youth Developments Adolescent and Family Health. Las participantes, conocidas
como Diamond Girls, tienen un índice 100 veces inferior, en relaciones
sexuales, que las chicas de instituto que no participan en el programa, según
el autor del estudio Robert Lerner.
El programa Best Friends ha cumplido ya 18 años y
utiliza planes de estudios de instituto, clases sanitarias, tutoras, modelos y
servicio a la comunidad para ayudar a las chicas desde 6º a 8º de instituto a
que hagan elecciones responsables durante su adolescencia.
El estudio de Bearman recibió críticas por sus
características. Una nota publicada el 14 de junio por la Heritage Foundation,
titulada «Promesas Adolescentes de Virginidad y Comportamientos Sexuales de
Riesgo», criticaba el estudio por sacar conclusiones de «subgrupos diminutos
de comprometidos». Los autores de la Heritage, Robert Rector y Kirk Jonson,
observaban que una de las afirmaciones que concluía que es más probable que
quienes se comprometen con la virginidad tengan comportamientos de riesgo se
basa sólo en 21 personas de una muestra total de 14.116.
Rector y Kirk presentaban otra lectura de los
datos examinados en el estudio de Bearman y concluían: «En general, los
adolescentes que han hecho promesa de virginidad son menos proclives a
cualquier forma de actividad sexual». Y, continuaban: «Si se vuelven
sexualmente activos, el abanico de posibilidades de su comportamiento sexual
suele ser más restringido que el de quienes no hacen dicha promesa».
Otra nota de la Heritage Foundation, «Promesa
Adolescente de Virginidad, Uso del Condón, y Enfermedades de Transmisión
Sexual entre Adultos Jóvenes», también publicado por Rector y Kirk, observaba
que cerca del 90% de padres quieren colegios que enseñen a los jóvenes a
abstenerse del sexo hasta que estén casados o hasta una relación adulta
próxima al matrimonio.
No obstante, los programas gubernamentales siguen
centrándose en el «sexo seguro» expresión que oculta la promoción del uso de
anticonceptivos. Actualmente, afirmaban, el gobierno federal gasta al menos 12
dólares en promover y distribuir anticonceptivos por cada dólar que gasta en
animar la abstinencia. Estas cifras, añadían Rector y Kirk, minimizan el desequilibrio puesto que no incluyen la mayor parte del gasto estatal y local sobre educación sexual, que prácticamente todo sigue teniendo un fuerte, sino exclusivo, énfasis en la anticoncepción. WASHINGTON, sábado, 9 julio 2005 (ZENIT.org).
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